Capítulo 51.- "Lágrimas"

Con cada paso que daba pensé en dónde estaría ahora si no hubiera tomado el valor en intentar unirme al escuadrón de Konoha.

Luego de horas de trayecto, el teniente hizo una parada en un pueblo. El lugar era demasiado solitario, de hecho no vi a nadie en la calle.

—Este pueblo fue atacado hace un año aproximadamente, desde entonces no pudo reponerse. Todas sus mujeres fueron raptadas y muchos hombres perdieron la vida al querer defenderlas.

—Este país está hundido, odio vivir aquí —dijo Inojin—. Quisiera haber tenido una vida normal, ir a la escuela y hacer amigos. A veces veo el mapa del mundo para ver esos países al otro lado del océano y me pregunto si son sitios pacíficos, si la gente allí puede vivir tranquila. Imagino que sí, seguro que allí todo es diferente.

La amargura en el corazón de Inojin yo también podía compartirla. Recordaba las palabras que me dijo cuando hicimos un escenario hipotético donde derrotábamos a dragón de koshi. Él quería tener una casa con un amplio jardín y su propio consultorio médico.

—A veces me arrepiento de haber tenido hijos —inesperadamente, el teniente abrió su corazón—. No digo que no ame a mis hijos, Boruto y Himawari son mi adoración y fui muy feliz el día que nacieron; sin embargo, también creo que ha sido egoísta de mi parte traerlos a este mundo si no pueden crecer como niños normales.

Sacudió su cabeza y dio un sorbo a su cantimplora.

—No nos pongamos negativos, ya estamos aquí y tenemos que salvar a nuestro país. Por las personas que amamos.

—Señor teniente ¿a dónde nos dirigiremos?

—Ir a Konoha por el momento es demasiado arriesgado, vamos a rodear el área con la esperanza de que Inojin pueda detectar el chakra de Sasuke o de Kakashi.

—¿Aún no sientes nada?

Inojin negó.

—Avanzaremos un buen trayecto a pie, después voy a necesitar que hagas un ave de tinta ¿de acuerdo?

—Sí, cuente con ello.

—Perfecto. Entonces, sigamos.

Nos adentramos al pueblo solitario. La hierba creció lo suficiente como para cubrir el camino de ciertos tramos, y el polvo se acumuló en los rincones. Era triste ver eso.

También noté calzado abandonado: zapatos gastados con la luz del sol y algunas prendas de vestir rotas y atoradas en las cercas de alambre.

No se escuchaba nada más que nuestras pisadas.

Continuamos así un buen rato; caminando por las calles vacías de un pueblo sin habitantes. Me recordaba mucho al Valle de las Lágrimas.

Cuando la tarde empezó a caer, el teniente nos indicó que descansaríamos en una de las viviendas solitarias que quedaban a la orilla de la aldea y que estaban muy cercanas al bosque.

Entonces así fue como nos metimos a la cabaña. No había nadie en su interior y todo estaba bañado en polvo y telarañas.

Empecé a toser cuando el polvo se levantó al dejar caer mi mochila; Inojin me ofreció agua.

—No es la mansión del señor Feudal, pero algo es algo ¿no? —dijo y yo le di la razón mientras bebía de la cantimplora.

—Chicos, voy a explicar bien el plan que habremos de seguir —expresó el teniente quitándose la mochila—. Descansaremos lo que resta del día porque en plena madrugada nos iremos en una de tus aves de tinta —señaló a mi amigo—. Por ahora el bosque es un área que debemos evitar si queremos llegar pronto a nuestro objetivo.

—¿Y cuál es? —pregunté.

—Encontrar a Sasuke o a Kakashi... O mejor aún, a ambos.

Todos asentimos.

—Lo que voy a pedirles es algo que probablemente ustedes han tenido en sus cabezas desde hace mucho tiempo, pero es necesario que lo repita.

Nos miró a cada uno con un gesto serio en su rostro, sus ojos azules eran más profundos de lo que recordaba.

—Pase lo que pase allá afuera si nos enfrentamos con dragón de koshi, que es lo más seguro... Tienen que mantener la cabeza fría. Puede que tengamos bajas...

—Con bajas usted se refiere a que...

—Morir —completó la frase de Inojin—. Sí. Cualquiera de nosotros puede morir.

Tragué saliva y me resultó difícil.

—Pero haremos todo lo posible para que eso no suceda, ¿de acuerdo?

Volvimos a asentir con la cabeza.

—Bien.

El teniente se movió por toda la cabaña como si buscara algo en especial. Inojin por su parte sacó un libro grueso de su mochila, cuando vi la portada lo reconocí de inmediato.

—¿Piensas estudiar ahora?

No me miró, siguió hojeando.

—Tengo que aprender algo importante, sé que no tendré el tiempo suficiente como para leer apuntes si alguno de nosotros sale herido.

Se detuvo en una sección del libro.

—Aquí está.

—Bueno, en ese caso creo que buscaré un baño o algo. —dije.

Caminé por toda la casa mirando y alumbrando con mi linterna. Afuera todavía no oscurecía, mas la luz ya casi no entraba por las ventanas terrosas.

Por ir viendo los cuadros de la pared pisé un objeto que se rompió con mi bota. El sonido llamó la atención del teniente quien me habló desde otra habitación asomando su cara.

—¿Está todo en orden?

—Parece que he roto —me agaché a recoger el objeto y pequeños cristales se esparcieron al suelo—... un portarretrato.

—Ten cuidado, no vayas a lastimarte con el vidrio. —Indicó para después volver a sus asuntos.

—Sí...

Miré la fotografía, en ella estaba grabada la imagen de una pareja de ancianos.

—Lo siento por romper su portrarretrato.

Coloqué la fotografía sobre una repisa. Al momento de quitar mis dedos de ella, noté que estaba vibrando; luego los objetos aledaños; los cuadros de la pared y bajo mis pies.

—¿Es un temblor? —pregunté, el teniente salió al pasillo e Inojin corrió hacia nosotros.

—Esta no es zona de sismos —explicó el señor Naruto cuando las vibraciones se volvieron más violentas—. Vamos, todos afuera ¡pronto!

Corrimos al exterior, aunque resultaba difícil con el movimiento de la tierra. Al final nos quedamos a mitad de la calle esperando que pasara, pero parecía que no se detendría nunca.

Sentí la mano de Inojin sujetar la mía, su piel se volvió fría y estaba sudando, luego le escuché hablar.

—Saki... Esa cosa...

—¿Qué?

No me miró, sus ojos estaban perdidos y pasaba saliva constantemente.

—Inojin, ¿qué ocurre?

La vibración del suelo continuaba, una sacudida violenta casi me hizo caer sino hubiera sido porque el teniente me agarró fuerte del brazo.

—Parece que se está deteniendo. —dijo.

—Inojin. —Volví a poner mis ojos en él, lo vi asustado.

—Eso que sentimos... estoy convencido de que es el dragón. Su chakra ya no puede ser ignorado, esa cosa es enorme.

—¿El dragón? —Me quedé sin aliento.

El teniente miró al cielo unos momentos, en su rostro percibí preocupación. Traté de tranquilizar a Inojin, pero él se sumergió en sus propios pensamientos. Cuando todo volvió a su normalidad, él de nuevo regresó al interior de la cabaña por lo que fui detrás suyo.

—Inojin ¿qué sucede?

—Nada, estoy bien.

Vació su mochila en el suelo como buscando algo. Dejó atrás su libro grueso de medicina y se concentró en uno pequeño de bolsillo.

—Voy a estudiar algo, esto será importante así que por favor déjame un momento a solas ¿sí?

Moví mi cabeza en aceptación. Verlo así de serio y tembloroso era impactante.

Cuando el cielo se volvió completamente oscuro, nos acostamos para descansar. El señor Naruto no mencionó nada respecto a lo que sucedió, Inojin tampoco; sin embargo, mi cabeza estaba llena de todas esas cosas espantosas.

Miré el cielo a través de la ventana, luego me quité los anteojos para tratar de dormir. Esa noche soñé con Mitsuki: soñé que estábamos de nuevo en la zona de entrenamiento y me acompañaba a practicar en el campo. Cuando su blanca mano tocó mi hombro, abrí los ojos, pues el señor Naruto me estaba llamando.

—Saki, es hora de irnos.

(...)

Volamos sobre un ave de tinta por encima del bosque. Mi amigo y yo no cruzábamos palabras todavía, él iba al frente dándome la espalda. De cierto modo me sentí muy triste.

—¿Cuánto avanzaremos? —pregunté al teniente.

El cielo seguía estando oscuro, pero la luna era tan brillante que me permitía notar sus ojos.

—Unos kilómetros más, hay miembros del ejército con los cuales debo reunirme.

No volví a hacer preguntas, me mantuve callada hasta que el ave aterrizó en un área completamente cercada en un terreno amplio. Entonces al bajar pude notar a muchos militares andando de un lado a otro.

Algunos hombres se acercaron casi de inmediato al teniente Uzumaki para darle informes, él se dirigió con ellos a otro lugar en tanto Inojin y yo permanecimos quietos tan solo mirando.

—¿Qué es este lugar? —musité.

—El área de armamento —contestó mi compañero. Volteé y por fin me dirigió la mirada—. Eso dijo el teniente cuando me despertó. Que vendríamos aquí.

Arrugué la frente al no comprender.

—¿Tú conocías este lugar?

—No. Y por extraño que parezca, estaba tan concentrado en el chakra del dragón que no pude notar a estas personas.

—No me sorprende, Inojin. Dices que ese monstruo es enorme.

Aceptó, pero su cara seguía igual de seria.

—¿Ustedes quiénes son?

Una voz masculina me hizo respingar, miré a un lado y vi a un hombre de gafas oscuras y cabello recogido en una coleta.

—Ah... somos eh... Bueno él es miembro del equipo médico. —señalé a Inojin.

—Inojin Yamanaka, señor.

—El hijo del sargento Sai ¿verdad? —mi amigo asintió—. Qué alivio tener otro miembro del cuerpo médico.

Apenas terminó de decirlo y una voz escandalosa sonó por todo el lugar, todos miramos al militar que desesperado clamaba por encontrar a alguien. Se topaba con compañeros haciéndoles preguntas; no entendí lo que quería hasta que estuvo más cerca y su voz se volvió clara.

—¡Un maldito médico o enfermero!

—¡Yo, señor! ¡Soy aprendiz de médico!

Inojin respondió apresurado, solo pude ver la escena sin entender mucho. El hombre puso su mirada en él y sin tiempo de preguntas o explicaciones lo tomó del brazo llevándolo con él al interior de un pequeño edificio.

Fui detrás de ellos sin percatarme todavía de que el sujeto de gafas oscuras me seguía.

Al entrar en el lugar se podían oír los quejidos de una persona, como si sufriera mucho. Mi piel se erizó al instante.

El hombre corría con Inojin y yo casi les alcanzaba. Abrió una puerta y los gritos se hicieron más evidentes. La cara que puso Inojin cuando vio lo que había allí dentro me heló la sangre.

—¡Doctora! ¡Este muchacho sabe de medicina!

Un nuevo y horrible grito se oyó, cuando por fin pude asomarme para ver que había dentro de esa habitación, mi respiración se detuvo.

El general Kakashi estaba sobre una cama, retorciéndose y gritando espantosamente. En el suelo había derramado un montón de líquido rojo, lo cual imaginé que era sangre. Mis ojos se nublaron con tal escena.

—¡Ven! ¡Ayúdame!

Habló una mujer, mi amigo no se detuvo más y corrió al interior de la habitación. Antes de que la puerta fuera cerrada, mis ojos vieron al general, luego, el hombre de gafas oscuras me jaló de vuelta para sacarme de allí.

—No sé quién seas, pero no puedes entrar a este lugar ¿entendiste?

Me liberé de su agarre, me hallaba en un estado de conmoción tan poderoso que no podía sacar de mi cabeza aquella imagen.

—El señor Kakashi...

Empecé a sentir que mi corazón palpitaba con gran fuerza. Él quiso sujetarme de nuevo, pero no lo permití y entonces me tomó fuerte de los hombros.

—¡Dije que no puedes estar aquí!

—¡El señor Kakashi está muriendo! ¡No puedo irme!

—¡Niño...!

—¡Shino, basta! —El teniente habló desde la puerta y se acercó con rapidez—. Hay que tranquilizarnos, este niño, está a mi cuidado.

—Teniente Uzumaki, este sitio no es una sala de juegos.

Otro grito provino del interior de la habitación, mi corazón se contrajo y empecé a temblar de angustia. Fue así que el señor Naruto me llevó afuera.

—Vamos Saki, no debemos estar aquí.

Sin quererlo, por más dura que intenté ser, las lágrimas mojaron mi rostro.

—¿Qué es todo esto? ¿Por qué el señor Kakashi está así?

—Escúchame, ¿recuerdas que hablamos de esto? Sobre mantener la cabeza fría.

—No quiero —sollocé—, no quiero que el general se muera.

—Saki...

—Le prometí que le invitaría a comer, iba a cuidarlo de anciano y nos reiríamos de todo esto. —dije entre llanto. El señor Naruto me abrazó.

—No puedo prometerte un futuro brillante ni esperanzador —dijo con voz suave—, pero pase lo que pase, recuerda que el general Hatake es un hombre admirable. Eso es algo que ni la muerte puede arrebatarle.

Allí me quedé en sus brazos, llorando de miedo y dolor. Decepcionada de mí por no poder mantener la compostura, por llorar de nuevo ante el temor de perder a un ser querido.

Odiaba esa vida, odiaba ese lugar y en especial, odiaba a dragón de Koshi.

(...)

Las horas pasaron, no supe si lentas o rápidas. Permanecí sentada en una banca de madera dentro de lo que se suponía era el comedor de aquella zona.

Hombres salían y entraban. Traté de ver algo en sus caras, alguna razón del general, mas no veía nada. Era como si todos tuvieran eso que a mí me hacía falta: ellos podían ocultar sus emociones tal como el comandante Sasuke.

Cansada de querer información de sus rostros, me quité los lentes y los contemplé. Un regalo del señor Kakashi que atesoraría por siempre junto con el cascabel.

La señora Mikoto dijo que él me veía como a una hija. Pensé tanto en cómo me hubiera gustado decirle más cosas buenas al general.

Acaricié el armazón rojo de los lentes, y me perdí en su tonalidad.

—No has comido nada.

El señor Naruto se sentó junto a mí, ni siquiera fui capaz de verle a la cara, mis ojos estaban hinchados por llorar.

—No tengo hambre.

Nos quedamos en silencio unos momentos, pero el viento comenzó a soplar y entonces el ambiente se llenó de ello. El olor a humedad llegó a mi nariz.

—Sin los anteojos, te pareces mucho a él... Me refiero a Sasuke.

Volteé con el teniente, en su rostro había un gesto apacible. Tuve miedo de oír la noticia. Él seguro estaba queriendo encontrar la forma de decírmelo. Tampoco había visto a Inojin después de que entró a la habitación.

—No, yo no soy nada parecida al comandante —dije con voz tenue, mi garganta seguía lastimada—. Sí, mi cabello y ojos son como los de él, pero el comandante es fuerte y no pierde la compostura tan rápido como yo.

Oí un suspiro del teniente, luego apoyó sus brazos sobre el respaldo de la banca.

—Ah... Sasuke no siempre ha sido así de fuerte. El que ahora conoces es el resultado de años de duro entrenamiento y penas. Aunque admito que antes creí conocerlo más, y luego apareciste tú dejándome en claro que él es tan misterioso.

—Dígalo ya. —espeté.

—¿Eh?

—No trate de relajar las cosas ni de atenuar el impacto. Solo dígalo.

—¿A qué te refieres?

Me impacienté.

—¡Lo que pasó con el señor Kakashi! ¡Quiero saber! ¿Murió?

El teniente se incorporó y apoyó los codos en su regazo. Apreté mis labios y sentí tensión en mi entrecejo.

—Él aguantó, ahora está en recuperación.

—¿Qué?

Me levanté de la banca sin dejar de verlo, él alzó la cabeza también mirándome.

—¡¿Y por qué no me lo dijo desde el principio?! ¡Estoy muriéndome de miedo y usted no me dice nada!

—¿Eh? ¿Saki?

Me puse los lentes.

—Gracias.

De repente el señor Naruto se rió.

—Ah... pensándolo bien, te pareces más a Sakura que a Sasuke.

Sentí mis mejillas arder. Él se levantó también y palmeó mi cabeza.

—Vamos a ver si nos permiten entrar al edificio.

La puerta de la habitación donde antes vi al general, ahora estaba abierta y dentro no quedaba rastro de la sangre en el piso, todo estaba limpio.

Un militar hablaba con el teniente mientras yo observaba el lugar. Había un olor fuerte a desinfectante. Las sábanas de la cama ahora eran blancas.

—Saki, ven.

El teniente me llamó para ir a otra parte; le seguí. Anduvimos por un largo pasillo y se detuvo en una de las puertas. Dio dos golpecitos y posteriormente la abrió para asomarse.

—¿Podemos pasar?

Cuando recibió la autorización, me indicó que entráramos. Primero lo hizo él y cuando yo ingresé, vi a una mujer rubia de espalda que hacía anotaciones en un portapapeles.

Terminó su actividad y volteó. Al ver su rostro la reconocí con rapidez.

—¿Señora Tsunade?

Abrió mucho sus ojos.

—Sarada...

Dejó a un lado el portapapeles y me abrazó con fuerza, luego me tomó de la cara para verme como si no pudiera creerlo.

—Estás bien, Sarada... ¡Y mira esto! —me observó de pies a cabeza— te has vuelto más alta y bonita. Tu madre estará orgullosa.

Quise sonreír, pero sé que no lo hice apropiadamente.

—Doctora, ¿qué noticias hay sobre el general Hatake?

El teniente intervino; por mi mente resonó aquello de "doctora". La señora Tsunade se sentó en una de las sillas.

—Por ahora está fuera de peligro. Extrajimos todo el veneno de su cuerpo y curamos sus heridas. Por fortuna no perdió tanta sangre y estoy sumamente agradecida de que trajeran a ese chico.

—¿Se refiere a Inojin? —pregunté.

—Sí. ¿Lo conoces?

—Es mi amigo.

—Bueno, pues hizo un gran trabajo.

Cuando la señora Tsunade miró hacia otra parte de la habitación, volteé para encontrar a Inojin dormido sobre un sofá. Se veía realmente agotado.

—Kakashi está descansando, cuando pase el efecto de la anestesia despertará.

—¿Qué fue lo que le pasó? —Esta vez fue el teniente quien preguntó.

—Bueno...

La señora Tsunade cambió su semblante y entrelazó sus manos.

—Él me salvó la vida.

El general resguardó a la señora Tsunade durante todo este tiempo, e intentaba llevarla a la zona de armamento sana y salva. Si no hubiera sido porque un grupo de criminales apareció entorpeciendo su camino.

Según el relato de la señora Tsunade: el general derrotó a los cuatro hombres, pero de repente una de las bestias salió de la nada queriendo atacarla y el general no lo permitió. Aunque al final el monstruo fue vencido, hirió gravemente al señor Kakashi.

Recordé todas esas palabras mientra veía al general dormido, con su cuerpo lleno de vendas y su pecho subir y bajar despacio.

Sus manos estaban llenas de cortes, tan lastimadas. Con cuidado toqué una de ellas y agradecí que siguiera vivo.

No había nadie más que Inojin, quien dormía en el otro extremo de la habitación. Así que me quedé con ambos mientras el teniente hablaba con la señora Tsunade.

Aparté algunos mechones de cabello que cubrían la frente del general y lo miré de nuevo. Ya no se retorcía de dolor, ya no gritaba de sufrimiento, ahora descansaba recuperándose de su ardua lucha por sobrevivir.

Entonces pensé en el comandante. Si el general y él estaban juntos cuando se perdió contacto con ellos, ¿por qué él no aparecía aún?

Continué pensando en eso hasta que escuché que Inojin tosió. Moví la cortina para salir a verlo.

—¿Estás bien?

Me miró sin decir nada, pues lo primero que hizo fue abrir el grifo del lavamanos para beber agua. Una vez que sació su sed, se limpió la boca con el brazo.

—Inojin...

—Fue espantoso —se quedó viendo a la nada—... Saki, eso fue horrible.

De repente, Inojin comenzó a llorar y lo abracé sin hacer preguntas. Solamente me dediqué a escucharlo.

—Pensé que no iba a poder, por un momento me bloqueé y me sentí un inútil —jadeó—. Cuando vi toda esa sangre, cuando el general gritaba —sentí que enroscó sus dedos en mi camiseta. Pegó su frente en mi hombro y sollozó—... Pensé que él iba a morir y yo solo podría verlo.

Acaricié su espalda mientras se desahogaba. Inojin había llevado la parte más difícil y cruda de la situación. No lloré, porque en ese momento sentí que si lo hacía, él se desmoronaría y tenía que alentarlo.

—Pero hiciste un gran trabajo, eso dijo la doctora.

Jadeó y me apretó con fuerza.

—No quiero ver morir a nadie. No quiero, Saki.

—Eso no va a pasar. Pero está bien si lloras.

Aunque una lágrima cayó por mi mejilla, pude soportarlo.

—¿Sabes, Inojin? En lugar de sufrir por cosas que quizá no sucedan, vamos a celebrar que el señor Kakashi sigue vivo, y que tú ayudaste a salvarle la vida.

Inojin no respondió, pero continuó abrazándome así como yo a él.

—¿Lo harás? ¿Estarás orgulloso de ti?

Sentí el movimiento de su cabeza.

—Bien. Cuando todo esto acabe, hagamos una gran fiesta ¿sí? —sobé su espalda y sentí su oreja cerca de mi mejilla cuando apoyó su mentón en mi hombro—. Tú tendrás una casa con un amplio y bonito jardín, y además ese consultorio que tanto quieres, donde atenderás a personas que solo tengan gripe... Luego, yo iré a visitarte y tú me mostrarás orgulloso las flores de tu jardín.

Cerré mis ojos imaginando la escena, sintiendo un nudo en mi garganta. Éramos tan jóvenes viviendo una terrible realidad, que solo nos restaba soñar.

—Y para ese entonces, si lloramos de nuevo será de felicidad.

—Te quiero, Saki.

Abrí mis ojos, Inojin aún tenía su barbilla en mi hombro.

—¿Eh?

Oí una risita extraña, aunque Inojin rió, sonó como lamento.

—Gracias por todo.

Me soltó y se limpió la cara, su rostro había tomado un tono rojizo por llorar.

—¿Te sientes más tranquilo?

—Sí... Estoy mejor ahora.

Nos miramos un momento, luego nos reímos.

—Te va a gustar tanto mi jardín que nunca querrás irte. —dijo.

—Quizá si se vuelve así de bonito, te pida que me regales flores.

Puso su mano sobre mi cabeza burlándose de mi estatura.

—Eres una buena persona, Sarada.

Cuando oí que pronunció mi verdadero nombre, mis labios se separaron y sentí que mis ojos se abrieron un poco más. De pronto, depositó un beso en mi mejilla dejándome petrificada.

Ningún sonido podía salir de mi boca, tan solo mis ojos se movieron para verlo.

—No pongas esa cara, es la primera vez que beso a una chica.

—I...Inoji...

—No te preocupes, no volveré a hacerlo.

—¿Po...por qué el beso?

Se masajeó el cuello.

—¿Por qué? Mmm... No lo sé. Sentí que debía hacerlo.

Me llevé ambas manos a la cara avergonzándome.

—Tranquila, seguimos siendo mejores amigos ¿verdad?

Aunque su inesperada acción provocó que mi corazón saltara, de alguna forma me sentí llena de calma.

—Sí. Lo seremos siempre.


Ojalá que las sensaciones y emociones de los personajes hayan se hayan transmitido correctamente. Inojin ha sido en este capítulo, un personaje importante, pues como aspirante a médico y siendo tan joven, tener una experiencia de este tipo le ha causado un gran impacto.

¡Muchas gracias por leer! Me gustaría conocer sus opiniones.