Capítulo 52.- "CÓDIGO"

No apagues la luz, tengo miedo.

La oscuridad no puede hacerte daño, Sarada.

Puede haber un monstruo escondido en el armario, o quizá debajo de la cama.

Los monstruos no se esconderían en esos sitios tan absurdos, además, la luz no podría detenerlos si lo que quieren es hacerte daño.

Entonces, mamá, ¿qué podría detener a un monstruo?

La fuerza de voluntad. Sí les tienes miedo, ellos te vencerán a ti. Si tienes la convicción de derrotarlos, encontrarás la manera de hacerlo... Los monstruos no siempre son criaturas espantosas, también son...

—Tus miedos e inseguridades...

Desperté de mi sueño con la sensación de que esas últimas palabras de verdad alguien las pronunció cerca de mi oído.

Volteé a la cama donde el general se recuperaba; él seguía dormido. Me lavé la cara y salí de la habitación buscando algo para comer.

Los pasillos estaban vacíos, pero al llegar a la puerta del edificio, noté la presencia de varios militares que hablaban entre sí de cosas sin importancia.

Afuera el sol no podía distinguirse, el cielo gris tenía nubes cubriendo su totalidad y de repente soplaban ligeras corrientes de aire fresco.

—Saki, despertaste dormilona.

Con confusión giré mi cabeza y vi a Inojin, me sentía muy extraña.

—¿Qué hora es?

—Las cinco.

—¡¿Las cinco?! No puede ser, ¿acaso dormí...? —Hice cuentas con mis dedos—. ¿Doce horas?

—Bueno, dormiste apenas en la madrugada, es normal. Estábamos cansados y estresados, ¿quieres comer algo?

—Sí, tengo mucha hambre.

—Vamos.

Entramos al comedor de la zona de armamento. Repartidos en distintos puntos del lugar, algunos hombres comían sentados y sin hacer mucho ruido.

Me senté frente a una mesa vacía, luego Inojin me pidió que lo esperara y cruzó por una de las puertas al fondo. Estuve silenciosa jugando con mis dedos y recordando el sueño tan raro que tuve.

De un momento a otro, mi amigo volvió con una bandeja de aluminio y la puso frente a mí.

—Te gusta el pescado ¿verdad?

Moví mi cabeza, entonces vi el filete y la ensalada que contenía el recipiente.

—Hay un río cerca de este sitio, por eso se consiguen estos alimentos. Cuando supe que tenían este tipo de comida, solo pude pensar en ti. Debes comer bien, anda, no te quedes mirando.

—Gracias, pero tú...

—Yo ya comí, no te preocupes por eso.

Él se sentó en la silla de un lado y yo agradecí por los alimentos, luego me dediqué a comer con calma.

—¿Sabes? A veces pienso en el bebé.

Levanté la mirada.

—¿Cuál bebé?

—Mahoki, el hijo del señor feudal del país de las Flores.

—Ah, el niño... Sí, espero que él y su mamá estén bien.

Inojin enroscó los dedos de su mano arrugando una servilleta.

—Hay tanta gente que sufre por culpa de dragón de koshi, y que al igual que esas mujeres, han estado casi a punto de morir... Yo no quiero perder a nadie, no podría soportarlo.

—Sigues pensando en el general ¿verdad?

Afirmó.

—Sé que enfrentaremos a esos hombres tarde o temprano, y cruzar el bosque no será para nada sencillo. Me preocupa el hecho de que el hambre, el sueño y/o cansancio nos estorbe en esta misión.

—Somos humanos, Inojin. Cosas como tener hambre y eso son completamente normales, no puedes odiarte por ello.

De repente me miró, había algo extraño con su forma de verme, parecía decidido.

—Saki, ¿confiarías en mí?

—¿Qué dices? Yo confío en ti, tonto.

Yo reí y luego probé otro bocado, pero él no rió para nada. Inojin estaba muy serio mirando la bola de papel en su mano.

(...)

Esa noche, después de la reunión con el teniente Uzumaki, la señora Tsunade y yo estuvimos cuidando al general.

Hablamos de muchas cosas; le conté sobre la familia Uchiha y lo bondadosa que era la abuela Mikoto. Ella sonreía como si estuviera muy feliz por mí.

—Señora Tsunade... uhm... hay algo que me gustaría saber.

—¿De qué se trata?

—Bueno... Es sobre mi mamá. El señor Naruto dijo que usted la entrenó muy bien, ¿a qué se refería?

Su rostro se volvió sereno y se masajeó la frente. Tras un suspiró, me dio palmaditas en la pierna.

—Sakura no te contó muchas cosas sobre ella, pienso que lo hizo para protegerte, pero no tiene nada de malo que sepas un poco de toda la verdad. A estas alturas, no tiene caso que lo desconozcas.

Junté mis manos sobre mis rodillas, comenzaba a sentirme nerviosa.

—Hace años, cuando Sakura era una adolescente, estudiaba para ser parte del cuerpo médico del escuadrón de Konoha. Ella era asombrosa, aprendía bastante rápido. Dejé mis conocimientos plasmados en varios libros, por lo que ella se los leyó todos y los dominó con facilidad.

—¡Wow, mi mamá sí que es asombrosa!

—Después supe que estuvo a punto de convertirse en la sargento de la división médica, pero rechazó el puesto y salió del escuadrón para vivir como un ciudadano normal. Para ese entonces, ella estaba embarazada de ti.

Me quedé callada queriendo imaginar el motivo por el que se fue. El señor Itachi ya me lo había dicho, al menos una parte de la historia. Mi madre le imploró a Indra.

—¿Usted cree que mi mamá descubrió algo malo?

—En la naturaleza, una madre debe proteger a sus hijos. Seguro que Sakura solo buscaba lo mejor para ti, y ya que este país está podrido, estar en medio de tanta guerra y dolor no habría sido un sitio para que tú crecieras.

Pensé en mis compañeros, en especial en Inojin, quien nunca había tenido un hogar por estar moviéndose de un lado a otro junto a su madre, y que raras veces tuvo la oportunidad de ver a su papá.

—Creo que, nunca me había detenido a pensar en esto —comenté—. Solo me he enfocado en lo mucho que sufro por no tener a mamá conmigo y en cuánto extraño volver a casa... Pero, al menos tuve una casa donde jugué, comí, dormí y pasé horas y horas junto a mamá.

Miré mis manos que tenían marcas de heridas por el duro entrenamiento y el gran esfuerzo por sobrevivir.

—Una vez Inojin me dijo que si esto termina, le gustaría tener su propia casa con un hermoso jardín, y yo pensé... ¿qué quiero para mí? Y lo primero que llegó a mi mente fue que deseo volver a casa con mamá, pero también quiero incluir en mi vida a todas aquellas personas que durante este tiempo se han ganado parte de mi cariño.

—¿Y quiénes son esas personas?

Entrelacé mis manos y me dediqué a mirarlas.

—Mis amigos, por supuesto. Inojin, Chouchou, Shikadai, la señora Ino, mis abuelos, mi tío, tal vez también el idiota de Boruto...

—¿Eh?

Miré a la señora Tsunade, ella tenía una cara de no comprender.

—Es una larga historia, pero creo que aunque al principio nos odiábamos, ahora podemos tolerarnos un poco.

—Entiendo. Así que ahora tienes a todas esas personas especiales en tu vida, ¿no falta nadie más?

—Bueno... No he hablado mucho con el comandante, entonces no sé si él y yo... usted sabe, no sé si podamos llevarnos bien.

—Ya veo. Seguro que pronto podrás tener una conversación con él.

—Espero que él esté bien...

—Y bien, ahora tienes familia y amigos importantes, Sarada. Has ganado mucho durante este tiempo ¿no es así?

Llegó el recuerdo de alguien más y mi corazón saltó.

—También me gustaría que Mitsuki tuviera una vida feliz. No sé qué tipo de sueño tendría él, pero seguro que ya lo ha imaginado muchas veces.

—¿Eh? —Se oyó una risita—. ¿Qué pasa con esa expresión en tu cara? ¿Es el chico que te gusta?

Mi rostro comenzó a arder.

—No tienes que decir nada, será nuestro secreto.

—Ah... qué mala... ¿y qué hay del general Hatake? Ni siquiera lo mencionas.

Ambas miramos a la cama cuando oímos esas palabras, con rapidez me levanté de la silla para ver que el señor Kakashi estaba consciente.

—¡Señor, despertó!

—Déjame revisarlo.

Me hice a un lado para que la señora Tsunade se hiciera cargo.

—Así que has estado de entrometido en una plática de mujeres ¿eh, general?

El señor Kakashi se quejó cuando su brazo fue levantado.

—No puedo taparme los oídos aunque quiera. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

—Solo un día, pero has dormido lo suficiente. El veneno fue extraído de tu cuerpo y tus heridas han sido curadas; sin embargo, es normal que aún tengas molestias musculares y el cuerpo un poco entumecido.

—Señor Kakashi, qué bueno que está bien.

Sus ojos me enfocaron, todavía tenía ese gesto de cansancio.

—Saki... ¿estás bien?

—Sí, vine con Inojin y el teniente Uzumaki. Estamos buscando al comandante.

El general cerró sus ojos unos momentos, luego al abrirlos miró a la señora Tsunade.

—Necesito hablar con Naruto.

Cuando el teniente llegó a la habitación, el general tomó su tiempo en explicar lo que había sucedido.

El día que se perdió contacto con ambos, el comandante y el general visitaron Konoha. Según las propias palabras del señor Kakashi, el comandante logró descifrar algo...

—Sasuke me dijo que había visto señalamientos una y otra vez en distintos pueblos, y todos ellos llevaban hacia Konoha.

—¿Señalamientos? —preguntó el teniente Uzumaki.

—Sí, había marcas pintadas en ciertas paredes, eran flechas.

—Flechas —musité—... sí, ahora lo recuerdo.

—¿Qué pasa, Saki?

—Señor, cuando mi abuelo, Inojin y yo llegamos a un pueblo, vi flechas dibujadas en distintos muros en ruinas. Le pregunté al granjero que nos llevó lo que significaban, pero dijo que nadie lo sabía.

—¿Qué?

—Bien, pues eso es lo mismo que el comandante observó —prosiguió el general—. Sasuke me dijo que esas marcas llevan hacia Konoha, específicamente a sus entrañas. Alguien dejó un mensaje en esas paredes: debajo de Konoha está el dragón.

Bien pudimos sorprendernos, la realidad es que ya todos lo sabíamos. El señor Naruto me miró, después volteó con el general.

—Ustedes ya tenían conocimiento de esto ¿verdad?

—Sí, pero el hecho de que el comandante lo supiera con solo mirar esas flechas, solo lo reafirma.

—Un momento —hablé—, pero eso quiere decir que alguien ya lo sabía antes que todos nosotros. ¿Por qué dejaría este tipo de marcas? A lo que me refiero es... ¿cómo sabría que lo entenderíamos?

—Es nuestro código, Saki —me dijo el teniente al tiempo que me miraba—. Todos los equipos desarrollamos un código en casos de emergencia cuando nos entrenábamos para ser parte del ejército.

—¿Eso significa que alguien del ejército lo descubrió?

—No exactamente.

—Vamos Naruto, ya háblale claro. —manifestó el general.

—Pues bien, Saki. Como te digo, teníamos que desarrollar un código. Tu padre y madre eran parte del mío y acordamos que las flechas serían nuestra clave secreta cuando pisáramos terreno peligroso. Sasuke quería un círculo con una cruz para señalar cautiverios, yo dije que los triángulos con un círculo en el centro podrían ser para marcar manadas de bestias, y Sakura dijo que las flechas indicarían el camino a dragón de Koshi.

—Usted me está diciendo que...

Mis labios temblaron.

—Sí, Sasuke recordó las palabras de Sakura y entendió el mensaje. Ella los encontró primero.

Mis manos comenzaron a temblar.

—Mi mamá, ¡mi mamá es asombrosa!

—Lo es, definitivamente Sakura es asombrosa.

—Y si pudo marcar esas paredes, ¡tal vez ella esté lejos de dragón de koshi! ¡Puede que mamá haya escapado!

—Tranquilízate Saki, esto lo discutiremos más tarde. Por ahora quiero que sepan que Sasuke está en un exponencial peligro.

El general dejó de vernos para concentrarse en la lámpara del techo.

—Se dejó atrapar por los criminales para ser llevado al interior del escondite de dragón de koshi.

—Sasuke es un idiota. —dijo el teniente.

—No es un idiota —replicó el general—. Si Sasuke hizo tal cosa es porque tenía algo más en mente, y seguro que por ahora está bien, aunque sí, está corriendo mucho peligro.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunté al teniente, el señor Naruto se sentó en una de las sillas.

—Pues ¿qué más? Tenemos que ir por Sasuke.

—¿Piensas llevar a Saki?

—Sí, general. Saki es pieza clave en todo esto. El ancestro del clan Uchiha le ha revelado la forma de derrotar al dragón.

—¿También llevaremos a Inojin?

—Sí. Inojin me dijo que es su deber acompañarnos y por ahora él es el único médico que tenemos al alcance.

—Naruto —habló el general—, cuida de...

No terminó de decirlo porque Inojin ingresó a la habitación haciendo mucho escándalo.

—¡Se acercan! ¡Decenas de ellos vienen hacia acá!

El teniente se levantó de su lugar y volteó conmigo.

—Vamos, tengo que sacarte de aquí.

—Pe-pero el señor Kakashi y la señora Tsunade.

—Estaremos bien —dijo el general—, no van a hacernos nada. Ustedes tienen que salir de aquí pronto, porque es obvio que a quien buscan es a ti, Sarada.

Antes de irnos, le di un abrazo al general.

—Recuerda ser prudente y no dejes que el miedo te paralice.

—Sí, señor. Por favor, manténgase con vida. Quiero invitarlo a mi casa cuando esto termine.

Me estiró una mejilla y volteó con el teniente.

—Llévate a estos muchachos, Naruto, confío en ti.

—Sí, maestro Kakashi.


Me disculpo por simplemente desaparecer, los motivos algunos ya los conocen, estos últimos meses me dediqué a un sinfín de cosas, lo principal fue cuidar de un familiar. A principios de este mes perdí a esa persona, a quien más amo en el mundo entero, ella fue mi inspiración para comenzar a escribir esta historia. Hoy tuve el valor de escribir capítulo por ella, porque mi madre no crió a una cobarde.

Y como dicen las primeras líneas de este fanfic: "Mamá siempre me lo dijo: La cobardía se termina cuando luchas por la persona que amas". Yo luché incansablemente por ella, y en su memoria, terminaré esta historia donde plasmo los pedazos de mi corazón.