Capítulo 54.- "Encuentro"
Me quedé helada y a la expectativa de saber qué hacer, el señor Naruto no se movía y continuó mirando al hombre enmascarado que habló desde las sombras. Su figura pudo ser vista una vez que se acercó a nosotros: era alto e imponente, mas su vestimenta y esa horrible máscara me impidieron ver más allá.
Su mano estuvo a punto de sujetar mi brazo, pero el teniente lo detuvo de un solo movimiento llenando el ambiente de una terrible tensión. Escuché que los demás miembros de dragón de Koshi se prepararon para atacar; sin embargo, el hombre frente a nosotros les hizo una señal con su mano para que pararan.
—Teniente Naruto, ¿por qué esa mirada tan atroz? No voy a hacerle daño a este chico.
Era evidente que la situación le resultaba divertida y hacía comentarios burlándose de nuestra desventaja. Aunque esperaba que el teniente le respondiera algo, él solo calló sin quitarle los ojos de encima.
—¡Ah!
Una exclamación me hizo recobrar los sentidos, miré hacia un lado donde Inojin era arrastrado por otro sujeto y siendo apartado de nosotros.
—¡Inojin!
Estiré mi brazo y moví mi cuerpo en un impulso por alcanzarlo, y al momento que lo hice fui atrapada por otros brazos. El hombre enmascarado, aquel que parecía ser el líder fue quien me aprisionó.
El señor Naruto estuvo a punto de atacarlo, pero entonces se detuvo cuando el criminal colocó algo en mi cuello. No pude ver de qué se trataba, no obstante podía intuirlo.
—Un movimiento más y le abriré el cuello.
—No lo harás, no tienes permiso para eso —refutó el teniente—. Sé bien que lo quieren con vida.
—Y si estás tan seguro de que no voy a asesinarlo... ¿por qué continúas tan quieto?
Se rio ligeramente y no quitó el arma de mi cuello, incluso pasar saliva se me dificultaba.
—Déjalo, si quieres puedes llevarme a mí.
—¿Y tú de qué me sirves, teniente? Este chico en cambio es valioso, ¿ya oíste lo que dijo esa mujer? Su chakra es parecido al del comandante.
Miré al señor Naruto y con mis ojos quise transmitirle que no hiciera nada, que yo estaría bien, no porque supiera de verdad que así sería, sino porque temí que pudieran hacerle daño.
—Boruto y Shikadai...
—Ah, esos mocosos —pronunció el enmascarado—, están en buenas manos, así que por ellos no te preocupes, teniente.
Uno de los hombres de dragón de koshi, el cual su máscara tenía forma de zorro y un par de líneas rojas la decoraban, habló con voz fuerte dirigiéndose al líder.
—¿Qué hacemos con la mujer?
El hombre que me sujetaba tardó en responder y en el espacio de su meditación antes de contestar, pude sentir que su brazo se ceñía más a mi cuerpo; puedo decir que me costaba trabajo respirar con normalidad.
—Hasta ahora nos ha sido de mucha utilidad —finalmente habló—, pero se está quedando sin chakra y eso la convierte en un estorbo. ¿Qué deberíamos hacer con ella?
Su voz sonó muy cerca de mi oído, casi pegó su máscara a mi rostro y lo sentí repulsivo. Mis ojos se enfocaron en la pobre mujer de cabello rojo que seguía tirada en el suelo; su mirada estaba distante y su cuerpo muy maltratado, apenas podía notar su respiración.
—Se divirtió bastante cuando escapó, qué lástima que la encontramos en el camino. No la maten todavía, estoy seguro de que puede darnos un último beneficio.
Cuando reaccioné, busqué aterrada hasta donde mi alcance visual me lo permitió y no pude encontrar a Inojin por ninguna parte. Quise hablar, pero no pude hacerlo y el teniente no se movía, solamente me miraba.
¿Trataba de decirme algo?
Mientras seguía quieta observando sus iris azules, sentí que el agarre del enmascarado fue disminuyendo, incluso la mano que amenazaba a mi cuello fue moviéndose temblorosa. Por la manera en que reaccionó me di cuenta que no lo hacía por voluntad.
Uno a uno, cada miembro de dragón de koshi se paralizó antes de que sus manos pudieran alcanzar las armas de sus piernas.
Justo en ese momento el teniente Naruto me estiró hacia él y pude ver a Inojin regresando a nosotros. Pero ¿qué cosa estaba sucediendo?
Miré hacia el suelo y lo comprendí. Las sombras de todos se alargaban y unían hasta la propia sombra de una persona en especial.
—¡Shikadai! —hablé emocionada cuando lo vi.
—Co... ¿Có-mo es... po-si...?
El enmascarado no podía hablar correctamente, su mano temblaba como si estuviera haciendo el mayor esfuerzo por moverse a voluntad.
—¡No voy a resistirlo por mucho más tiempo, así que huyan de una vez! —gritó Shikadai.
—Saki, vete con Inojin —me ordenó el teniente—. Me quedaré con Shikadai para detenerlos.
—¿Qué hay de la mujer?
—Lo primordial es que tú...
—Nos iremos en un ave de tinta —habló Inojin—, así podremos escapar.
—¡Pronto! —Shikadai exclamó con pesar.
—Háganlo . —Autorizó el teniente.
Mi amigo invocó una gran ave de tinta y el teniente subió a la mujer lo más rápido que pudo. Apenas nos elevamos en el aire, percibí que el señor Naruto estaba liberando una gran cantidad de energía en una de sus manos.
—Por favor, no mueran. —musité.
Escuché el balbuceo de la mujer, aunque su volumen era muy bajo y sus ojos se entrecerraban. Inojin me miró como preguntándome qué hacer.
—¿Puedes revisarla? ¿Crees que vaya a morir? —pregunté.
—Esperemos que no. No puedo revisarla ahora, tendrá que ser una vez que toquemos tierra y para eso necesitamos encontrar un buen lugar.
Miré hacia abajo, el bosque seguía inmenso y lleno de misterio. Me odié por permitir ser capturada, solamente estaba causando problemas a los demás. Mis compañeros arriesgaban sus vidas para protegerme, pues si dragón de koshi me atrapaba probablemente no habría esperanza para nuestro país.
—¿De dónde ha salido Shikadai?
—No lo sé, puedo asegurarte que jamás sentí su chakra.
Puse atención a la mujer. La mano de mi amigo continuaba sobre la frente de esta.
—¿Crees que ella sea la persona que estaba ocultando el chakra de esos criminales?
Inojin también la miró.
—Puede que así sea, incluso su chakra me parece extraño. Me pregunto quién será.
—Mi... niño.
Ella había susurrado con pesar la mismas dos palabras, hasta que perdió la conciencia. Inojin y yo nos miramos, y fue en ese preciso momento que abrió mucho sus ojos moviendo su cabeza a todos lados como buscando algo.
—¿Qué pasa?
—Saki, acabo de percibir un montón de chakras. Han aparecido de repente, eso quiere decir que esta mujer los estaba ocultando.
Pero se veía tan alterado que me preocupó.
—¡Inojin! ¿Qué es? ¿A quién buscas?
—El comandante, él está cerca de aquí y también puedo sentir a Boruto.
Mi pecho vibró, ¿el comandante estaba aquí? Sentí un gran alivio de saber que ambos seguían con vida.
—¿Qué hay de Mitsuki?
—No, él no está por ninguna parte.
Por mi mente cruzó un pensamiento negativo que rápidamente deseché.
—¿Deberíamos dirigirnos hacia el sitio donde está el comandante?
Apenas terminé mi pregunta y el ave de Inojin descendió bruscamente. Nos sujetamos lo más que pudimos para evitar caer, pero fue inevitable. El ave bajó como si estuviera siendo atraída por una fuerza externa y se rompió volviéndose salpicaduras de tinta centímetros antes de tocar el suelo.
Me golpeé una pierna con la raíz de un gran árbol; la mujer pelirroja fue protegida por Inojin por lo que ella no resultó más lastimada de lo que ya estaba.
—¿Qué rayos pasó?
El gran estruendo de un golpe se oyó muy cerca de nosotros, luego una fuerte corriente eléctrica rompió uno de los troncos derrumbando un árbol. Era una lucha entre dos criaturas, varios enmascarados y un hombre.
Mis ojos lo vieron y tardé en procesarlo, hasta que caí en la cuenta de que la persona herida que se enfrentaba a esas bestias salvajes y demás criminales, era el comandante.
Inojin jadeó al verlo, ¿ellos no se habían dado cuenta de nuestra presencia?
—Saki...
—Quédate aquí, tengo que ser valiente y ayudarlo, está herido.
El señor Sasuke luchaba con tanta destreza que me quedé impactada, a pesar de su condición, pues en su costado pude ver una mancha de sangre.
No obstante, me seguía resultando preocupante el hecho de que fueran tantos enemigos contra él. El horror me inundó cuando una de las bestias logró atrapar su brazo izquierdo y clavar sus colmillos en él, eso solo hizo que no pudiera defenderse adecuadamente, por lo que quedó a merced del resto.
Mi corazón se alteró y mis piernas a pesar de temblar, estaban listas para ir a ayudarlo. No podía quedarme viendo, tenía que hacer algo.
Escuché que gritó de dolor y mi cuerpo se estremeció, así que traté de pensar con frialdad lo que estaba por hacer, aunque los nervios me entorpecían los planes. Respiré hondo, recordé al señor Kakashi.
El comandante clavó un kunai en la bestia que lo mordía y de pronto el animal se prendió en llamas oscuras. Aunque logró zafarse de sus colmillos, de su brazo escurrían grandes cantidades de sangre. Uno de los enmascarados lo golpeó en el rostro y otros dos lo sujetaron. ¿Cuánto tiempo llevaban luchando?
—Está perdiendo mucha sangre y se está quedando sin reservas de chakra. —susurró Inojin.
Tragué saliva, apreté los puños y confié en mí. Cuando activé mi sharingan ellos reaccionaron, pero antes de que me localizaran, logré hacer el chidori y corrí hacia la gran bestia que quedaba, lo hice con toda mi determinación tal como me enseñaron el abuelo y el general.
Salí de entre los árboles directo a perforar el cuerpo del gran monstruo y así lo hice. Al realizar dicha acción, los hombres se quedaron un poco confundidos por mi repentina aparición, entonces me adelanté para atacar.
Con mi chidori aún en el brazo, ninguno era capaz de acercarse. Mi sharingan detectaba todos sus movimientos, pero no podía ponerlos en un genjutsu porque no les veía a los ojos gracias a que usaban ese tipo de máscaras.
—¿Este no es el niño que buscamos? —Oí que dijeron.
—Sus ojos...
Escuché que el comandante tosió, mis ojos lo encontraron justo a unos metros de distancia, estaba escupiendo sangre, se veía muy mal.
Entonces levantó su cansada mirada y nuestros sharingan hicieron conexión. Cuando eso sucedió, algo vibró en mi pecho.
Mi cuerpo sintió que sería atacado, debido al alto nivel sensorial que el sharingan me permitía, reaccioné para defenderme y terminé atravesando el cuerpo de uno de los criminales. El hombre cayó de rodillas al suelo y en segundos se desplomó por completo.
Mi mano empezó a temblar cuando noté la cantidad de sangre que había tanto en el suelo como en mi piel.
«¿Acabo de asesinar a una persona?»
Ante la sola idea de que maté a ese hombre y ver que el suelo se llenaba de ese líquido rojo, comencé a sentir náuseas y a sudar frío. No quería desconcentrarme, pero me resultaba demasiado difícil mantener la calma, perdía el control de mis sentidos.
—¡Saki!
Escuché la voz de Inojin, reaccioné cuando vi que el comandante impidió que me atacaran. Había interpuesto su propio cuerpo y me defendió como pudo, sin dejar de toser.
Mi mano no paraba de temblar, así que me golpeé la mejilla para estar alerta. Todavía quedaban unos tres enmascarados y teníamos que luchar contra ellos. Volví a activar mi sharingan y sentí el chakra del teniente y de Shikadai, además con ellos también estaba Boruto.
Todos ellos aparecieron en la escena y se encargaron de los hombres. Cuando Boruto me miró, apartó la vista casi de inmediato.
Esa tarde, murieron varios criminales de dragón de koshi, junto a unas cuantas bestias. Sin embargo, el líder logró escapar.
(...)
—¿Terminaste de vomitar?
Me limpié la cara, Shikadai me ofreció un trapo húmedo y lo acepté de inmediato.
—Sí, ya estoy mejor.
Nos refugiamos en un escondite a mitad del bosque, era una cueva bajo un gran árbol, por dentro estaba algo extensa y solo tres linternas alumbraban. Inojin atendía al comandante para curar la herida de su brazo y costado. Luego del enfrentamiento el señor Sasuke y yo no nos volvimos a mirar, ni siquiera habíamos hablado.
—No te sientas mal por lo que hiciste, es parte de esta vida, fue para sobrevivir.
Shikadai me veía como si sintiera pena por mi situación. Bajé la vista hacia mi mano, quería asegurarme de que la sangre ya no seguía allí, pero en mi mente continuaba la imagen del hombre muerto.
—¿Has matado a alguien? —pregunté.
—Sí. Tuve que hacerlo.
—¿Qué fue lo que sentiste cuando eso sucedió?
Shikadai respiró hondo, luego se recargó en un tronco.
—También vomité, no pude comer bien durante días. Pero papá dijo que no tenía porqué culparme, es parte de nuestro deber, ellos tienen que morir para que nosotros podamos vivir.
Me senté sobre una roca, comenzaba a marearme otra vez. Cerré mis ojos y pensé en mamá, fue por solo unos instantes y cuando volví a abrirlos vi unos pies frente a mí. Alcé los ojos, allí Boruto se posó sin decir nada, tan solo me observaba desde su altura.
Separé mis labios, quise decir algo, mas no supe qué.
—¿Estás bien? —preguntó Shikadai, Boruto asintió—. Es un alivio que el teniente y estos dos sigan vivos, ¿no?
—Nunca he dudado de mi padre, sabía que él estaría bien —respondió el rubio, por fin me había quitado los ojos de encima—. ¿Cómo sigue el comandante?
—Ni idea, espero que Inojin pueda ayudarlo.
Asomé la cabeza para ver cómo iban las cosas, y mi amigo continuaba curando al comandante. La mujer yacía acostada en un lado, aún dormida, mientras el teniente Naruto hablaba con ellos.
—Saki —cuando Boruto pronunció mi nombre no tuve opción más que voltear con él—. ¿Estás herido?
Negué con mi cabeza.
—Estoy bien.
Boruto quería decir algo, lo sospeché, pero por alguna razón no lo hacía así que tuve que alentarlo.
—Bien ¿y qué quieres decirme?
Parpadeó con calma. Shikadai también se veía como alguien que tenía inquietudes.
—Escuché que tienes el sharingan, luego lo comprobé hace rato cuando te vi... ¿Cómo es que tú puedes tener el kekkei genkai del clan Uchiha?
Me abracé las rodillas. Era cierto, ellos aún no lo sabían y a estas alturas sería una tontería guardar el secreto, era necesario que lo supieran.
—Soy la hija de Sasuke Uchiha.
—¿Eh?
—¡¿Eh?! —Shikadai fue quien más se sorprendió— ¿Hija? ¿Has dicho hija?
Luego Boruto captó la expresión y también se alteró.
—¡¿Eres mujer?!
—Lamento haberlo ocultado, tuve que esconder mi género porque necesitaba entrar al escuadrón para encontrar a mi mamá. Ella fue secuestrada por dragón de Koshi.
—¡Cielos! ¡No! —Exclamó Boruto—. ¡Te golpeé!
Me causó cierta gracia su expresión y me reí un poco.
—Está bien, da igual.
—Pero... pero ¿cómo es que el comandante? —Shikadai no lo concebía.
—Yo tampoco lo supe hasta mucho después. Pasaron demasiadas cosas, fui expulsada del ejército una vez que el comandante supo mi identidad y viví un tiempo con sus padres en un sitio tranquilo.
—¿Por qué volviste?
—El dragón es real, y necesitan el sharingan para darle más fuerza, pues ya ha despertado. Eso significa que necesitan mis ojos o los del comandante.
Shikadai y Boruto intercambiaron miradas, sus rostros mostraban incertidumbre.
—¿Eso no es peor? El que estés aquí exponiéndote te hace una presa fácil.
—Chicos, esto puede sonar demasiado estúpido, pero les juro que es verdad. Sé de qué manera podemos derrotar al dragón de koshi, y lo sé porque la deidad del clan Uchiha me lo dijo, por eso estoy aquí.
Un quejido nos sacó de aquella conversación, Inojin se aproximó hacia mí y me puse de pie casi en un salto.
—¿Qué pasa? ¿Está fuera de peligro?
—Logré detener la sangre, su herida va a tardar en cerrar al menos un día más. Por ahora necesita recuperar energía, así que debe comer algo y descansar.
—Tengo un poco de comida en mi mochila —dije—, ¿debería ofrecérsela?
—La cosa es que el comandante se quedó casi en ceros ¿entiendes? No va a poder levantar sus brazos en un buen rato.
—Oh, eso quiere decir...
—Tendrás que alimentarlo tú... Bueno, si te incomoda yo podría...
Moví mi mano.
—Descuida, yo lo haré. ¿Cómo está la mujer?
—Está recuperándose, de hecho, su chakra es extraño y noté que tiene varias mordidas en sus brazos. Me pregunto qué será.
—¿Saben en dónde está Mitsuki? —Oí que Boruto preguntó.
—¿Cómo? ¿No estuvo con ustedes? —Lo miré, él negó.
—La última vez que lo vi, fue en el campamento de la montaña. ¿No era parte de tu equipo?
—Sí, pero el comandante me envió de regreso y nos separamos. Lo último que sé es que ellos se fueron juntos.
Comencé a preocuparme por su paradero... ¿en dónde estaba? ¿Se quedaría con otros militares en otro campamento?
(...)
Para recuperar fuerza, Inojin descansó un rato. El teniente aprovechó para hablar con Shikadai y Boruto y así ponerse al tanto de la situación. El comandante tenía los ojos cerrados, aunque su cuerpo estaba medio sentado.
Abrí mi mochila y saqué una lata del alimento militar, también una cuchara de plástico. Los miré un momento con la escasa luz de las linternas, luego dirigí la vista hacia el comandante.
Cuando nos vimos por momentos durante la batalla, hubo algo en mi interior que me hizo sentir extraña. No lo había visto desde que me fui a casa de los abuelos, luego me enteré que lo capturaron, y ahora estaba allí frente a mí el hombre que era mi padre.
Dudé de lo que estaba por hacer, todavía me causaba incomodidad, pero a pesar de todo él era el comandante, la figura más importante del ejército y quien tenía el deber de derrotar al dragón.
Me acerqué hacia él y hablé en un tono bajo para no despertar a Inojin.
—Comandante... ¿está despierto?
Abrió sus ojos despacio, luego los movió para enfocarme. Apreté los labios, me sentía muy nerviosa.
Él era el hombre del que mamá hablaba, aquel que incluso era tan inalcanzable como las estrellas. Antes pensé que lo decía porque papá había muerto, ahora pensaba que probablemente se refería a que su posición lo hacía estar en la cima de todo y era imposible llegar a él.
—Uhm... Esto... Inojin me dijo que para que pueda sanar, usted debe comer algo. Así que si no le molesta voy a darle comida, solo abra la boca y mastique bien.
