Capítulo 55.- "EL DESPERTAR DE UNA BESTIA"

Abrí la lata pensando que él protestaría, con lo orgulloso que era creí que no se dejaría alimentar; sin embargo, para mi sorpresa él no se negó.

Su rostro lucía cansado, dolorido y sus ojos opacos solo me mostraban una cruel verdad: el comandante estaba perdiendo toda esperanza.

Le di un sorbo de agua de mi cantimplora, luego con cuidado limpié su boca con un pañuelo. No me prestaba atención, continuaba perdido en alguna parte de sus pensamientos y comía como si todo fuera en automático.

Me dolió verlo de esa forma, pues lo recordaba fuerte, con una mirada fría, pero determinante y ahora solamente era como un muñeco sin vida.

En una de sus mejillas tenía una herida, no era reciente porque estaba cicatrizando, mas luego de notarla comencé a darme cuenta que su cuerpo llevaba muchas marcas de batallas. Este hombre, el gran comandante Sasuke Uchiha, no era el mismo del que todos hablaban, al que todos temían.

Mi corazón se apretujó, me ardieron los ojos y supe que las lágrimas iban a salir así que me aguanté para no llorar, él no soportaría que alguien le tuviera lástima. No quería sentir eso, sería una ofensa para una persona tan fuerte como él.

Estaba consciente de que si mamá me ocultó la verdad fue por sus propios motivos, pero sin duda este hombre era mi padre y eso se debía a que ella lo amó y si así ocurrió entonces algo bueno tenía.

—¿Por qué volviste?

Su repentina interrogante explotó la burbuja de mis pensamientos. No me miraba aún, así que no resultó tan incómodo.

—El abuelo me llevó al Valle de las Lágrimas para ver a Indra.

Una mueca extraña se dibujó en su cara, por la forma en que arqueó sus cejas y sus labios se curvaron entendí que estaba riendo, pero de una manera rara.

—¿Abuelo? —Esta vez rio de verdad, me dieron escalofríos—. Veo que pasaron muchas cosas interesantes por aquellos rumbos. Supongo que el viejo te aceptó después de todo.

Me pregunté si estaba bien que se refiriera así a su propio padre, luego recordé que era evidente que nunca se llevaron bien, y sí tenía algo de razón: el señor Fugaku poseía una horrible actitud cuando lo conocí. De hecho, cualquiera que tratara con él por primera vez se llevaría la misma impresión.

—Él y la abuela me cuidaron bien, pero decidí regresar porque sé de qué manera podemos derrotar al dragón.

Su mirada me encontró, me hundí de hombros y apreté los labios.

—¿Qué? —Moví la cabeza afirmando—. ¿Qué es lo que sabes?

—Indra me lo dijo: hay que cortar las cabezas del dragón con la espada Kusanagi que se esconde en una de sus colas.

No dijo nada, se quedó muy serio seguro asimilando la información. Quiso enderezarse, pero se quejó de dolor y no pudo hacerlo.

—No debería moverse aún, primero su herida tiene que sanar.

—¿Cómo es que Indra te dijo todo eso?

Puse la cantimplora dentro de mi mochila al tiempo que buscaba una manera de explicarle las cosas.

—Cuando fui por primera vez a ese pueblo y activé el sharingan, pude ver a un hombre de cabello castaño, piel pálida y ojos como el carmín; me asustó y me desmayé —me causaba cierta gracia recordarlo—. Después, volví a ir junto con el señor Itachi, Indra se molestó conmigo porque no lo escuché por temerle y desactivó mi sharingan.

Me removí para sentarme más cómodamente, el comandante me prestaba mucha atención.

—Cuando el abuelo me llevó esta última vez, Indra se presentó ante nosotros; por una razón muy específica solo permite que yo lo vea y es así que me contó la verdad sobre el dragón de Koshi.

—¿Te dijo el motivo por el que solo tú puedes verlo?

Me mantuve en silencio unos momentos, asentí y lo miré a los ojos, él esperaba mi respuesta.

—Dijo que me eligió porque soy su hija.

Los labios y ojos del comandante se abrieron un poco más, su cara era un notable «¿qué demonios estás diciendo?».

—¿Su hija?

—Bueno, él dijo que mamá fue a su templo cuando estaba embarazada y le pidió protección para mí. Además mencionó algo acerca de que la deidad siempre permanece cerca de los suyos para protegerlos.

Las cosas podrían sonar como un disparate, no obstante, más extraño era que la secta de los criminales tuviera un dragón real y no se tratara de meras fantasías. Había descubierto que en este mundo todo era posible.

—Indra mencionó que un niño nació en el clan Uchiha y él decidió darle una parte de sí mismo para que fuera la luz de su familia. Ese niño es usted, señor comandante y es por eso que le fue permitido despertar el rinnegan. Esa es la razón por la cual la deidad dice que soy hija, porque en este mundo usted es mi padre.

La escena que siguió tras mis palabras me provocó un sobresalto. ¡El comandante estaba llorando! De sus ojos brotaban interminables lágrimas aunque su rostro seguía casi inexpresivo.

—No, yo... ay cielos, ¿qué debería hacer?

Comencé a temblar. Busqué el pañuelo para limpiarle la cara, no estaba segura de si sería lo correcto y cuando mi mano alcanzó su rostro, giró su cabeza hacia un lado.

—Lo siento. —Me disculpé creyendo que hice algo mal.

—¿Qué más te dijo Indra? —Cambió de tema.

—El dragón ha sido alimentado con chakra y sangre humana; los miembros de la secta le han dado los ojos del sharingan y ahora necesita un par de ojos más para volver. Y como lo mencioné: lo único que puede destruirlo es la espada Kusanagi, pero esta solo puede ser tomada por usted, es decir, al dragón únicamente lo puede matar Sasuke Uchiha.

Vi la expresión que hizo, se le notaba muy cansado.

—Pero yo estaré para apoyarlo, todos lo estaremos y así...

—Dile a Naruto que venga —interrumpió—, necesito hablar con él.

Me puse de pie.

—Eh... sí.

—Y por favor, quédate afuera.

(...)

No supe de qué hablaron los dos, me quedé sentada afuera junto con Boruto y Shikadai. Me hicieron un montón de preguntas referentes a mi verdadera identidad, así como mis días con los abuelos.

Aproveché para cuestionarles cómo es que llegaron a la escena de combate si se suponía que fueron capturados por el enemigo. Shikadai me explicó que en su última expedición se infiltraron a los criminales gracias a que la mujer pelirroja escondió sus chakras. Les pregunté acerca de ella, pero ellos realmente no sabían mucho.

Según sus propias palabras, la mujer solo quería encontrar a su hijo y les suplicó que la ayudaran.

—La encontramos vagando en medio del bosque, sus pies descalzos no podían avanzar más. Dijo que dragón de koshi tenía a su hijo, lo estaba buscando, lo malo es que no pudo darnos detalles ya que se alteró cuando percibió la presencia de los enmascarados. —relató Boruto.

—Boruto y yo tuvimos que luchar contra tres hombres de máscaras de zorro. Como puedes imaginarlo, nos vimos en la necesidad de acabar con ellos —Shikadai se masajeó el cuello—. La mujer prometió que ocultaría nuestros chakras, pero de verdad quería que la ayudáramos. Aunque ya se le veía inestable, porque no decía otra cosa que no fuera «¡ayúdenme a rescatar a mi hijo!».

—Puede parecer una tontería, pero sentimos que no mentía y además estábamos buscando al comandante, entonces esto podría servir, así lo creímos. En plan era entregarla a una cuadrilla de esos maleantes mientras usábamos la ropa y máscaras de los que anteriormente derrotamos.

—Pero ¿ella estuvo de acuerdo en regresar a las manos de quienes escapó? —pregunté.

—Sí, fue su idea. No te voy a negar que me sentí muy repulsivo al no defenderla cuando la golpearon, y será algo que me estremecerá por siempre —Shikadai lucía muy afectado—, sin embargo, no actuar era lo mejor en ese momento.

—¿Pudieron encontrar a su hijo?

Ellos negaron con su cabeza, me sentí muy mal por saber la respuesta.

—Papá, Inojin y tú aparecieron demasiado pronto; no tuvimos tiempo de nada.

—De todos modos, lo más probable es que su hijo ya esté muerto. Sabemos bien que dragón de koshi es una organización capaz de cometer los actos más aberrantes.

Recargué mi cabeza sobre el tronco detrás de mí, el cielo oscurecía y la penumbra nos alcanzaría pronto.

—Quiero que esto termine ya —pronuncié—, no puedo soportar tanto dolor a mi alrededor.

Boruto se sentó junto a mí. Todos permanecimos callados tan solo escuchando los ruidos del bosque.

El comandante descansó esa noche y todo el día siguiente. Al mando se hallaba el teniente Naruto, él fue quien nos explicó lo que haríamos.

El plan consistía en salvaguardar a la mujer (que continuaba dormida), una vez que el comandante mejorara su salud, nos marcharíamos hacia el campamento donde estaban los demás militares.

Inojin no detectó ningún chakra oscuro, lo que significaba que por el momento todo seguía tranquilo... pero tanta tranquilidad no podía ser buena, al menos no para mí.

(...)

El día que dejamos la cueva, el ambiente se sentía pesado e intranquilo. La mujer despertó desorientada y no hablaba mucho; Inojin había curado la mayoría de sus heridas, especialmente las de sus pies, mas seguía débil e incapaz de caminar correctamente.

Apoyada en el brazo del teniente, la mujer cuyo nombre no recordaba ni ella misma, partió junto a nosotros.

Observé la espalda del comandante quien iba por delante de todos; aunque estuvo muy lastimado y continuaba recuperándose, caminaba como si no hubiera pasado nada. Imaginé que así debió ser siempre para él: aparentar fortaleza a pesar de estarse derrumbando.

Sentí algo en mi mano y volteé al instante, Inojin colocó muy discretamente un objeto en una de mis palmas; cuando miré tenía una gasa y dentro de esta, una bolita verdusca del tamaño de una canica. Él me indicó que guardara silencio, luego me susurró muy sutilmente al oído asegurándose de que nadie escuchara:

—Cómela cuando el cansancio y el hambre te estén derrotando, solo cuando sientas que vas a desfallecer. Es decir, en una situación donde hayas llegado al límite —apretó su puño frente a mi cara—. Confía en mí.

Era extraño que me dijera algo como eso, ¿qué cosas sabía exactamente Inojin que no podía decirme frente a los demás?

Quise preguntarle más, pero se alejó y continuó andando por su cuenta. Guardé la bolita en mi bolsillo, esperando que no se derritiera.

Luego de varias horas, me percaté de que el viento se detuvo y las hojas dejaron de balancearse. El comandante se paró en seco y el resto también lo hicimos. Muchas aves pasaron volando por el cielo haciendo demasiado ruido; Inojin cerró los ojos, me di cuenta que intentaba buscar chakras enemigos.

—No detecto nada, señor. —contestó.

Boruto, Shikadai y yo nos miramos de reojo. El teniente giró el rostro y por encima de su hombro su mirada se fue directo a las copas de los árboles. También vi hacia allá, pero no encontré nada.

De pronto el suelo comenzó a vibrar de manera lenta y cada vez más y más rápido. Lo siguiente que escuché me paralizó las piernas: Un fuerte rugido retumbó por todas partes y tras ello el gran estruendo de la tierra haciéndose pedazos.

Inojin dio un respingo con su cara completamente aterrorizada. Ni siquiera tuvo que mencionarlo, todo apuntaba a que sintió un chakra espeluznante.

Enormes nubes de polvo emergieron y llenaron el cielo, y el temblor se volvió tan poderoso que fue imposible mantenerse en pie.

—¡Tírense al suelo, ahora! —ordenó el comandante y así lo hicimos—. ¡No vayan a levantarse por nada del mundo!

Mis dientes comenzaron a cascabelear, todos nos cubrimos las cabezas y solo esperábamos que el temblor se detuviera pronto. No podía ver nada, escuchaba árboles siendo arrancados desde la raíz gracias al movimiento brusco de la superficie, luego Inojin y Boruto chocaron entre sí y se sujetaron el uno del otro.

Al cabo de unos minutos el suelo dejó de retumbar, y de nuevo regresó ese silencio aterrador. Con él, llegó el polvo que se levantó y comenzamos a toser, pero cada segundo que pasaba era más pesado.

Me cubrí la nariz con el cuello de la camiseta, y mis lentes se llenaron de tierra. El teniente hizo una técnica para alejar el polvo y despejar el camino por el que habríamos de cruzar. El comandante se sacudió el chaleco y volteó con el grupo, nos miró a cada uno con mucha seriedad, pero había algo más en sus ojos.

Sus labios se separaron, sin embargo, tardó unos segundos en pronunciar una sola palabra. ¿Su respiración aceleró? ¿O solo fue idea mía?

—No podemos quedarnos más tiempo en este lugar —dijo—. Eso que pasó hace unos momentos, es sin duda el despertar por completo de un dragón legendario y estamos en peligro.

Pasé saliva, lo que tanto temíamos acababa de suceder.

—No podemos avanzar juntos, así que tendremos que dividirnos.

—¿Por qué de nuevo? ¿Por qué vamos a separarnos? —preguntó Boruto.

—Porque el dragón nos estará buscando a Saki y a mí —sentenció, después me miró—. Necesita otro par de ojos con el sharingan, eso significa que somos su objetivo.

—Pero ¿no es peor si los dejamos solos? —Inojin fue quien intervino—. Sería ponerlos en bandeja de plata.

—Ustedes tienen la orden de protegerla a ella —señaló a la mujer—, y llegar al campamento lo más pronto posible, alerten a los demás. Estoy seguro de que los enmascarados se dirigen hacia allá.

—Eso significa que ¿iremos juntos? —Le cuestioné, mi pecho estaba comenzando a sentir opresión. No quería sentir miedo.

—Sí. Tú vienes conmigo.

El comandante y el teniente hablaron entre ellos sobre el plan. Los demás chicos se me acercaron, Inojin colocó ambas manos en mis hombros.

—Saki...

Los miré a cada uno, había preocupación en sus rostros. Yo me sentía igual.

—Chicos, yo...

No sabía qué decir, ¿era esto una despedida definitiva? ¿Nos volveríamos a encontrar?

—No puedes morir, no lo tienes permitido —dijo Boruto, su cara se puso seria—. Soy el capitán del equipo y te prohíbo perder contra una lagartija gigante.

No hubo respuesta de mi parte, me quedé observándolo. Posteriormente Shikadai habló atrayendo mi atención.

—Saki, vamos a enfrentar al enemigo con todas nuestras fuerzas. Recuerda los entrenamientos, hagámoslo por todos aquellos que dieron su vida en esta lucha. Eres inteligente, llegaste muy lejos a pesar de ir en contra de las reglas y ya estás aquí, estamos todos aquí.

Asentí con mi cabeza.

—Saki.

Inojin pronunció mi nombre, había algo en su expresión que no me gustaba, era como si cargara con un sentimiento muy pesado. Desde que abandonamos la cueva se le notaba muy raro.

—Sé que si Mitsuki estuviera aquí te diría que está bien si tienes un poco de miedo, o tal vez mucho —mis labios temblaron, los iris de mi amigo tomaron cierto brillo—, no importa. Por favor, sé prudente.

Después de eso, me abrazó con fuerza. Hundí mi rostro en su hombro.

—Eres magnífica, siempre lo has sido. No te olvides de mí, pase lo que pase.

—No hables como si fueras a morir —lo regañé y apreté su camiseta con mi puño—. Recuerda nuestros sueños, tenemos que realizarlos, tienes que invitarme a tu jardín.

Finalmente nos separamos, me dio unas últimas palmaditas en el hombro y movió su cabeza.

—Sí. Eso haremos.

Cuando me di cuenta, noté que el comandante nos estaba mirando con cierto pesar.

—Vámonos —dijo el teniente Naruto, luego alzó el pulgar mientras me veía y extendió una sonrisa brillante—. ¡Tú puedes! Sakura estaría orgullosa.

Mis amigos caminaron en dirección al señor Naruto y esa mujer. Ella me observó por escasos momentos, pero sus ojos seguían cansados y apartó la vista en cuanto comenzaron a andar.

—Vamos.

Oí la voz del comandante, hizo un movimiento con su cabeza pidiéndome que lo acompañara y así lo hice.

Tomamos otro camino y avanzamos a gran velocidad entre los árboles caídos y el montón de tierra revuelta.

(...)

—¿A dónde nos dirigimos? —pregunté.

Llevábamos cerca de veinte minutos corriendo entre el bosque, esta vez él no se detenía para nada. En ciertas ocasiones se tocó el costado, lo más seguro era que le dolía la herida.

—Necesitamos a Neji, ¿lo recuerdas? Es el tío de Boruto.

A mi mente llegó aquel hombre de ojos perla y cabello castaño, él me daba escalofríos, era como si mirara a través de mi alma, o como si leyera la mente.

—¿Por qué?

—Porque Neji puede ayudarme a encontrar la espada. Con su kekkei genkai es capaz de mirar el chakra, además de ver a través de ciertos objetos.

Entonces sí que pudo haber visto más de lo que creí.

—¿Y en dónde está?

—En la última zona militar de nuestro ejército: el Valle del Fin.

Dio un salto y me estiró del brazo tomándome por sorpresa. Me ocultó detrás de su espalda y nos cubrimos con el grosor de un tronco.

—¿Es un enemigo? —susurré. Naturalmente, no respondió.

No entendía de qué nos escondíamos hasta que escuché el gruñido de una de las bestias. Iba caminando y olfateaba al mismo tiempo, buscaba por todos lados.

Pasó frente al árbol donde nos quedamos quietos y allí pude ver con claridad que ya no tenía ojos, estaba sangrando por sus cuencas.

No me moví, contuve la respiración. Repentinamente, el monstruo levantó la cabeza, gruñó y salió corriendo en dirección opuesta hasta desaparecer entre el bosque.

—¿Qué... fue eso?

El comandante me volvió a estirar del brazo para sacarme de allí y correr.

—Comandante, ¿qué...?

—¡Sarada, guarda silencio!

Su expresión me dejó justo como él quería: sin palabras. ¿Me estaba regañando? ¿Por qué? Si yo solo quería respuestas.

—Saki —corregí—, dije que soy Saki.

—Haces demasiadas preguntas, Saki —enfatizó—. Ya te responderé una vez que estemos lejos de aquí así que cállate.


Muchas gracias por sus comentarios.