Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.
XV.- Botas
Se miró los pies por enésima vez, los sacudió con curiosidad y observó cómo su calzado se balanceaba debido a lo holgado del mismo. Dibujó una sonrisa infantil y volvió a repetir aquel gesto viendo como aquel calzado se mecía sobre el agua oscura del embarcadero.
Eran enormes. También eran cómodas. Eran brillantes.
—Dios, son enormes —musitó.
—¿Has dicho algo?
Apartó sus ojos castaños de sus pies y los fijó en los azul oscuro de él; con las mejillas sonrojadas le sonrió con timidez mientras se pasaba un mechón detrás de la oreja.
—Nada importante.
—Pero era algo.
—Creo que ya puedo caminar de nuevo —replicó poniéndose en pie con cierta dificultad remangándose el vestido.
El modo en que había desviado la mirada le dijo que le había visto la ropa interior, sabía que no diría nada al respecto, aunque a ella eso no le importaba porque era él y así estaba bien. Era algo que había tenido claro casi desde el primer momento en que había hablado con él.
Él se levantó también con más agilidad que ella, con menos cuidado y más confianza. El traje le quedada como un guante, parecía mentira que alguien como él pudiese lucirlo de aquel modo tan elegante. Ella, con su vestido blanco roto de raso, se sentía como un saco de patatas envuelto en tejido caro.
Con gesto descarado se echó los zapatos de tacón al hombro y le ofreció el brazo para ayudarla a caminar de vuelta a casa de su tía.
Sus pasos sonaban pesados sobre el camino de tierra. Eran enormes. También eran pesadas. Pero eran agradables. Ahora que ya no le dolían los pies las sentía especialmente cómodas.
—Gracias de nuevo por las botas.
—Desentonan bastante con ese vestido tan elegante.
—No, están bien. Me gustan.
El viento sopló entre ellos haciéndola estremecer, se sintió completamente estúpida por haberse olvidado la chaqueta en uno de los percheros, ahora se congelaría mientras volvía a casa con su pareja para el baile de fin de curso. Se frotó los brazos con energía tratando de calentarlos, sabía que no serviría de mucho.
El cálido peso de la chaqueta cayó sobre sus hombros con suavidad, se acurrucó en ella aspirando el olor de él que desprendía aquella elegante pieza de ropa.
—Gracias —musitó.
—No puedo dejar que mi chica muera congelada la noche del baile.
"Mi chica". Aquellas dos palabras la hicieron enrojecer y acalorarse. Seguro que su imaginación estaba corriendo demasiado, sólo eran dos palabras que no tenían por qué tener ningún sentido romántico, de hecho lo más probable era que no lo tuviesen.
Seguro.
—Eres muy amable.
Él simplemente le sonrió tendiéndole de nuevo el brazo para recorrer el iluminado camino que marcaban las farolas de la ciudad. Vivir fuera de Kadic, después de tantos años, se le hacía extraño, seguir aquel camino aún le parecía irreal, al menos ahora no lo hacía sola.
—¿Te lo has pasado bien?
—Sí —le contestó apretando su brazo—. No iba a ir.
—¿Por qué no?
—No creía que apareciese alguien que quisiese invitarme.
William negó con la cabeza y suspiró.
—Si que te tienes poca estima.
—No es eso. No soy muy popular.
—Supongo que es una suerte.
Emilie le golpeó el brazo algo ofendida.
—Lo es para mí, así no tengo que disputarme tu compañía con un montón de idiotas.
—Eres idiota —soltó.
Rió y él lo hizo también.
La noche era estrellada y tranquila, la ciudad estaba en calma. Parecían ser los dos únicos habitantes de aquella urbe. Se detuvieron frente a la verja de la casa de la tía de Emilie, se miró los pies de nuevo y sonrió.
—William.
—¿Qué?
—Tus botas… son enormes…
—No es que sean grandes, tus pies son pequeños.
—Idiota —repitió.
Le revolvió el pelo con la única intención de fastidiarla una última vez antes de dar por finalizada aquella noche. Tiró con suavidad de las solapas de la chaqueta que descansaba sobre sus hombros y la acercó a él. Emilie se puso de puntillas buscando sus labios con la esperanza de que aquel suave tirón fuese una invitación. Recibió un beso lento en los labios y una suave caricia en la espalda sobre la chaqueta. La apartó cuidadosamente a pesar de su leve protesta.
—Misión cumplida. Señorita Leduc, está en casa sana y salva cinco minutos antes del toque de queda impuesto por su encantadora tía.
Miró fugazmente su reloj de pulsera, era cierto. Aún no eran las doce de la noche, había cumplido lo que le había prometido a su tía.
—Nos vemos mañana.
Le plantó un último beso en los labios.
—William, espera, mis zapatos.
—Te los devolveré, cuando tú me devuelvas mis botas y mi chaqueta.
Con una sonrisa traviesa dio media vuelta para regresar a Kadic con sus rehenes con tacón.
Fin
Notas de la autora:
¡Buenas! Tras una eternidad aquí estoy, para no perder las costumbres ando sin tiempo, llego al fin de semana tan cansada que ni ganas me quedan para sentarme delante del PC (me paso el día frente a él), pero me he prometido a mí misma hacer un pequeño esfuerzo para volver a publicar con regularidad. Ahora que no trabajo los sábados creo que podré lograrlo, espero.
Hacía mucho que no me pasaba por la sección a echar un vistazo, y me he llevado una grata sorpresa al ver que hay tanto movimiento de nuevo, estaba bastante muerta la verdad… así que ahora tengo bastante por leer.
Podéis matarme por dar señales de vida con William, es mi mimado, ya sabéis, a estas alturas no le puede sorprender a nadie.
º º º
Coderiel: ¡Hola! Jajajaja la lista de palabras tiene mala leche, hay algunas para las que me parece que tendré que torturar mucho mis neuronas, pero tarde o temprano saldrá algo, seguro.
La idea original para la palabra "grasa" era hablar sobre la anorexia, pero no me vi con fuerza. Mi mejor amiga murió a causa de ella cuando teníamos 15 años y tratando de escribir sobre ella me he dado cuenta de que todavía no puedo, sigue doliendo demasiado. Así que me he salido por la tangente para darle un significado más banal y tontorrón.
Siempre es un placer leer tus reviews, cortos o largos, gracias por siempre andar por aquí. Musuak!
