Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3.

VII.- Fuerza

Había permitido que los días escapasen de entre sus dedos sin ponerle remedio, cuanto más tiempo pasaba más le costaba decidirse a dar el paso. Noémie se lo había advertido y no le había hecho caso. Había puesto la excusa del pánico que le producía cruzar el paso de cebra frente a su casa, el lugar en el que casi había perdido la vida un año atrás, sin embargo, ya no le quedaban más excusas que poner más allá de los turnos sorpresivos de William; si le decía aquello a Noémie le contestaría que para algo tenía su número de teléfono y, el decirle que con el cambio de móvil lo había perdido, sería inútil puesto que lo tenía ella también.

Tal vez era el momento de dejar atrás las excusas, de abandonar el miedo y seguir adelante, de agarrar la muleta y enfrentarse a su suerte. Le había dejado una nota pidiendo que la esperase, pero no sabía si lo habría hecho, si su comportamiento habría cambiado sus sentimientos. Le daba pánico, sin embargo, sabía seguro que no quería vivir para siempre en aquel "sí, pero no; no, pero sí" en el que se encontraba, ambos necesitaban salir de él, seguir con sus vidas para bien o para mal.

Cogió el teléfono móvil y llamó a Noémie para pedirle que la llevase al hospital ganándose el predecible "oh, Dios mío, ¿estás bien?" que planeaba sobre su cabeza desde el día del accidente, porque había estado a punto de morir, aunque ella no tuviese esa sensación. Noémie llegó veloz y sonriente, llena de energía, desbordada de optimismo, Emilie le sonrió nerviosa pero segura de lo que iba a hacer.

Se montó en el asiento del copiloto acomodando la muleta para que no la atrapase la puerta ni se le clavase en las costillas si pegaban un frenazo, tiró del dobladillo de la falda recolocándola en su lugar, solapándola con las medias negras y opacas que llevaba; las miró algo nerviosa; algún día tendría que quitárselas delante de alguien y mostrarle las cicatrices que le habían quedado, no podía esconderse para siempre tras prendas de ropa que no mostraban nada.

—¿Todo bien por ahí? —preguntó Noémie con la mirada clavada al frente encendiendo el motor—. Estamos a tiempo de ir a por unos gofres.

—No, estoy preparada.

—Estupendo, pues allá vamos.

El tráfico a esa hora era mínimo, Emilie, lo agradeció porque tener tiempo para pensar atrapada en un atasco sólo le habría servido para ponerse más nerviosa y, seguramente, echarse atrás.

Noémie aparcó cerca del hospital, en uno de los pocos sitios de aparcamiento gratuito que aún quedaban. Se bajó del coche y lo rodeó para ayudarla a bajarse.

—Noémie ¿te importaría esperarme en la puerta?

Ella se limitó a asentir con una sonrisa, el cielo estaba despejado y la temperatura era agradable ya que corría una fresca brisa poco usual para estar en verano.

La puerta automática de urgencias se abrió en silencio, sintió un ligero temor al oler el cóctel de desinfectantes del hospital, el miedo a no volver a caminar, los largos meses en la cama, las duras sesiones de rehabilitación. Le temblaron las manos, apretó el agarre sobre la muleta conteniéndolo, no había llegado hasta allí para dar media vuelta como un animalillo asustado.

—No pasa nada —susurró para sí misma—, sólo es un hospital.

Cruzó la puerta con paso inseguro y tambaleante, aunque sabía moverse a la perfección con la muleta. Había poca gente en el muelle y eso la tranquilizó un poco. Fue hasta el mostrador de admisiones, no podía entrar en la sala del SAMU sin más, la mujer la miró por encima de la montura de las gafas.

—¿Qué le ocurre?

—Nada, estoy buscando a alguien.

—¿Nombre del familiar?

Emilie se apoyó en el mostrador reprimiendo las ganas de dar media vuelta.

—No, no, busco a un miembro del SAMU, a William Dunbar.

La recepcionista despegó la vista de la pantalla del ordenador para fijarla en ella con una ceja levantada.

—No está, ha salido a atender un aviso.

—Oh, claro...

—Puede esperarle en la sala de la izquierda, le diré que está aquí, señorita...

—Emilie. No importa, volveré otro día, no era nada importante.

La mujer se encogió de hombros, se recolocó las gafas con una leve mueca de disgusto.

—Como quiera.

—Que tenga un buen día.

—Sí, bueno, igualmente.

Se apartó con cuidado, no recordaba haberla visto antes en la recepción y se alegraba de no tener que tratar con ella. Suspiró, sí era importante, pero no podía esperarse, volvería día tras días hasta lograr encontrarle. Tendría que ir a engullir gofres con Noémie.

La apertura de la entrada de urgencia la hizo botar en el sitio por el sobresalto. Un par de médicos se abalanzaron a la carrera hacia los hombres uniformados del SAMU.

—Varón, siete años, fractura abierta de fémur, inconsciente...

Se pegó contra la pared nada más reconocer la voz, ¿qué estaba haciendo? Parecía que quería fundirse con el yeso pintado de verde pálido y desparecer. Lo siguió con la mirada mientras continuaba explicando a los médicos el prediagnóstico y los medicamentos que le habían puesto a través de la vía, por un segundo creyó que él la había mirado de reojo, pero su mirada no volvió a desviarse hacia ella en ningún momento antes de desaparecer por la entrada a boxes.

—Niña, así no va a verte en la vida —la voz de la recepcionista la hizo enrojecer y despegarse de la pared como si estuviera en llamas.

—Está ocupado, no quiero molestar.

El rostro de la recepcionista se contorsionó en una expresión de desesperación. Farfulló algo ininteligible y continuó a lo suyo.

Emilie retomó su camino hacia la salida con sigilo. William y su compañero tenían un ritual que repetían tras cada llamada de aviso que consistían en ir a la máquina de café del descansillo de urgencias y perder allí quince minutos con aquel café horrible y alguna galleta, cuando le había preguntado que porqué lo hacían, él, le había contestado que puede que el aviso haya sido por algo no grave, pero que nunca sabes cómo será el siguiente y necesitas tener la mente clara y limpia, porque la vida de alguien puede estar en tus manos. Cuando su cabeza había empezado a limpiarse de fármacos se había preguntado sí, tras atender su llamada, habían ido también a tomar café y galletas, no se lo había preguntado, sin embargo, no podía dejar de darle vueltas.

Noémie la miró con las cejas enarcadas, Emilie se encogió y sonrió resignada.

—Está trabajando.

—Hay una máquina de café de fregar suelos estupenda en el descansillo de urgencias, también galletas rancias —replicó—, son estupendas para guardar la línea.

A Emilie se le escapó la risa sin poder hacer nada por evitarlo.

—Además me ha visto, sabe que estás aquí.

—No importa, volveré mañana.

—Tarde para eso.

—¿Qué?

—Hola.

Cuando se giró lo vio allí plantado detrás suyo, tragó saliva sintiendo la garganta seca por los nervios.

—Voy a retomar mi antigua relación con las galletitas, volveré en un rato, portaos bien.

—Ah... Noé...

William se recargó contra la pared, parecía cansado.

—¿Cómo te encuentras?

—Cada día mejor.

Emilie se miró las deportivas en silencio, la situación se le hacía incómoda, no se había portado bien con él y el tiempo que había dejado escapar lo hacía más difícil todo.

—Pareces cansado —se atrevió a decir, aunque no fue capaz de alzar la vista.

—Turno de noche.

—Pero si son las diez ya —musitó mirando su reloj de pulsera para comprobar que así era, el turno de noche acababa a las siete—. ¿No deberías estar en casa?

—A veces pasan cosas.

—Ya...

El silencio volvió a instalarse entre ellos, antes no era así, siempre habían podido hablar con naturalidad de cualquier cosa; ahora, en cambio, parecían dos desconocidos que intentan congeniar inútilmente.

—Emilie, ¿por qué estás aquí?

Se atrevió a mirarle durante unos segundos y suspiró.

—Lo siento.

—Lo siento —repitió él con tono cansado—. ¿Eso es todo?

—No, William, es que no sé cómo empezar.

—Puedes empezar por invitarme a desayunar algo que no sea agua de fregar.

—De acuerdo, Noémie puede llevarnos.

William negó lentamente despegándose de la pared.

—Tengo el coche aquí, podemos ir a la cafetería del hospital o te llevo a donde sea.

—Es... está bien. En el centro han abierto una cafetería nueva…

—De acuerdo, esperaremos a Noémie para avisarla.

Emilie sabía que la relación entre Noémie y William se había estrechado, aunque no había llegado a preguntarse hasta qué punto, sin embargo, el no querer preocuparla y decidir esperarla era significativo; se preguntó fugazmente si su relación iba más allá de una simple amistad, pero descartó la idea, ella no la habría empujado hasta allí de haber sido así.

Cuando Noémie cruzó de nuevo la puerta de urgencias los encontró a ambos apoyados contra la pared y en silencio, enarcó las cejas en una muda pregunta que William se apresuró a contestar. Sonrió ante el pequeño avance de ir a desayunar juntos y se marchó tras lograr que Emilie le prometiese que la llamaría al volver a casa o si necesitaba que la recogiese.

Fueron juntos al aparcamiento del personal, Emilie buscó con la mirada su coche, pero no lo encontró.

—Es ese, a la derecha.

—¿Has cambiado de coche? —preguntó deteniéndose frente a un Suzuki 4x4 negro.

—Sí, ya no tenía arreglo.

—Ahora podrás meterte por todas esas pistas forestales sin problemas.

Él sonrió como un chiquillo con un juguete nuevo, se le contagió su sonrisa.

—No es muy alto puedes subir sola, ¿cierto?

Emilie analizó la altura, si se valía de la muleta no debería tener problema, así que asintió confiando en no equivocarse. Dejó que le abriera la puerta y que esperara junto a ella hasta que se acomodó en el asiento, ella cerró con cuidado mientras William rodeaba le vehículo para sentarse al volante.

—La cafetería ¿es esa que está cerca de Kadic?

—Sí, Noémie me llevó el otro día, es un sitio tranquilo así que podremos hablar.

—De acuerdo, ponte el cinturón.

Durante el trayecto apenas hablaron, con la radio emitiendo rock a un volumen más bajo de lo que seguramente era habitual en aquel coche. Cuando llegaron Emilie bajó de un salto, los coches aún la ponían un poco nerviosa, aunque lo que la agobiaba era aquel silencio.

—Seguro que te gusta —musitó.

—Estoy seguro.

Se puso tensa en el momento de cruzar la carretera, la observó de reojo, no podía culparla por esa reacción, colocó la mano entre sus omoplatos y la ayudó discretamente a llegar al otro lado.

—Supongo que podrás aconsejarme qué tomar —dijo él abriendo la puerta y manteniéndola así hasta que ella cruzó el umbral.

—Los gofres están deliciosos.

—Fantástico, me encantan los gofres.

La dejó elegir mesa, se sentó junto a los ventanales sorprendiéndole, había esperado que lo hiciese lejos de estos sin embargo, eso era una buena señal, significaba que estaba superando el trauma al fin.

Hicieron su pedido, café, té y un par de gofres de chocolate. William creyó que, con la comida delante sería más fácil hablar, sacar algún tema que fluyese, pero la conversación se estancaba constantemente. Era frustrante ver como el tiempo había hecho mella en la confianza entre ellos convirtiéndolos en un par de desconocidos.

William se llenó de valor para abordar el tema de su recuperación, porque hablar del tiempo y estupideces similares no le apetecía, quería saber cómo estaba de verdad.

—¿Entonces ya haces una vida normal?

—Casi del todo —respondió con calma, más cómoda que al principio—. Aún voy a rehabilitación, el doctor dice que pronto podré dejar de usar la muleta.

—Eso es genial.

—Salir a la calle aún me produce ansiedad, pero empiezo a controlarlo mejor, voy a terapia para superarlo. Sabes… nunca me imaginé que sería tan difícil sobreponerse a algo así, de hecho, no creía ser capaz de lograrlo, de dejar atrás todo eso y seguir adelante.

»El miedo, la frustración, la ira…

—Eres fuerte, sabía que lo lograrías, sólo necesitabas creer un poco en ti misma y en esa fuerza tuya.

—Ya... —Suspiró apretando la taza de porcelana entre sus manos sintiendo el reconfortante calor del té—. Sobre ti… creía que estabas allí por pena, porque ya no valía para nada y... Sé que es ridículo —continuó al ver su cara de estar totalmente en desacuerdo con ella—, lo sé ahora, pero es que me estaba ahogando en una situación que me sobrepasaba. No sabía cómo salir de ella, cómo seguir adelante, cómo dejar de desear haber muerto o cómo...

—Está bien, lo entiendo. Conozco esa situación, he visto a mucha gente atrapada en ella, no tienes que darme explicaciones.

—Pero es lo justo, ¿no? Me he comportado como una auténtica idiota contigo y...

—Y ¿a dónde vamos?

Ella parpadeó confusa.

—¿Qué quieres decir?

—Esta conversación —pronunció. Apuró lo que quedaba de su café—. ¿Esto va a alguna parte o sólo trata de excusas?

»Porque si no va a ningún lado prefiero que lo dejemos ahora.

Emilie dibujó una breve sonrisa.

—Pedí que me esperases y te he hecho esperar mucho más de lo que habría querido. Me daba miedo enfrentarme a la realidad, a ti, aún me da un poco de miedo, pero… William ¿quieres que volvamos a intentarlo?

Él suspiró y se levantó de la silla. Se sintió derrotada, no podía culparle si ya no quería saber nada más sobre ella. William dejó un billete de diez y otro de cinco sobre la mesa y le tendió la mano.

—Vamos mujer fuerte, te llevaré a casa.

—No importa puedo esperar a Noémie.

—Es decir que ¿me haces esperar casi un año, pago el desayuno y vas a plantarme nada más volver a empezar? Como te pasas con un pobre paramédico muerto de sueño.

—Quieres decir que…

—Vale la pena volver a intentarlo, aunque ahora tendrás que ser tú la que deba tener paciencia.

—Trato hecho.

Fin

Notas de la autora:

¡Buenas! Cuanto tiempo sin actualizar… después de unos meses con la salud bastante mal me he sentado a escribir de nuevo (o acabar un shot que tenía a medias más bien), había intentado retomar el capítulo 27 de ADQST, pero todavía no estoy lo bastante centrada para eso, así que voy a ir poco a poco con shots y drabbles antes de ponerme con cosas más intensas.
Con este shot cierro el pequeño arco que forman "Borracho" y "Piernas", como ya expliqué en el primero tiene algo de autobiográfico, así que toda esa rabia, frustración y el sentimiento de ser inútil, así como lo costoso de retomar relaciones es real. Este tipo de emociones procuro que no se cuelen en mis escritos, pero a veces necesito sacarlas y aligerar peso. No tendrá continuación dentro de esta colección, aunque puede que sí la tenga fuera.
Espero que os haya gustado.