2. Pizza
- ¡Joder!
El mando que había estado usando Saga fue lanzado sobre la mesa en un arrebato de impotencia.
- Te lo dije. Te estoy machacando.
Por primera vez en lo que llevaba de día Kanon esbozó una sonrisa. Ganar a Saga en cualquier videojuego era siempre una delicia, pero meterle una tunda de goles con el FIFA era un placer mayor.
- Sabes que no me gusta jugar a este juego...- Se quejó Saga, espachurrándose en el sofá. Los ojos le ardían, como siempre que jugaba con la vista fija en una pantalla, y aunque se los frotara a consciencia no conseguía aliviar ese molesto escozor.
- Pues te jodes. A mí sí me gusta.- Kanon se miró de reojo a su hermano, y viendo que éste parecía haber perdido las ganas de seguir jugando se vio obligado a ceder un poco y proponer un cambio de juego que tampoco cuajó.
- No...paso...- Saga se había quedado con los dedos presionando sus ojos, y al retirarlos se mostraron completamente enrojecidos y acuosos.- Me arden...
El encendido de la luz principal les tomó a ambos por sorpresa, y la presencia de Aspros en el salón consiguió que los hermanos se envolvieran de silencio.
- Os he dicho mil veces que jugar a la Play con la luz baja no es bueno. Y el martes Saga, nos vamos al oculista sin falta. Que se te irriten tanto los ojos puede ser señal que necesites llevar gafas.
- No quiero tener que llevar gafas...- se quejó el mayor de los gemelos.
- No importa lo que quieras o no, es lo que necesites o no lo que prima.
Kanon había desviado la mirada desde el momento en que la iluminación les arrebató ese pequeño espacio de fraternal conjunción. Sabía que su comportamiento de esa misma tarde con su padre no había tenido justificación alguna, pero ceder no era su estilo, aunque por dentro algo le empujara levemente a hacerlo.
- ¿Qué os parece que vayamos a cenar algo fuera? - Propuso Aspros, sintiéndose agotado mental y físcamente después de la estresante tarde que acababa de vivir encerrado en su despacho doméstico.- No tengo ganas de pensar en qué hacernos para comer esta noche...
- Por mí vale.- Dijo Saga, bastante reacio a abandonar la cómoda posición que había adoptado en el sofá.
Kanon se abstuvo de responder. Simplemente se levantó y cruzó por delante de su padre sin siquiera mirárselo, camino de su habitación.
- ¿Y tú, Kanon? ¿Te apetece que vayamos fuera? - Insistió el fiscal, dándose media vuelta y consiguiendo detener la huida de su hijo menor por un segundo.
- Como quieras...- Dijo Kanon, alzando la vista al fin para mirarse a su padre a través de un velo de cierta vergüenza propia.- Me voy a duchar.
- De acuerdo. Cuando estés nos vamos.- Convino Aspros, absteniéndose de hacer hincapié en el molesto rifirafe de egos que habían mantenido ambos horas atrás.- ¿Pizza o hamburguesas, Saga? ¿Qué crees que va a preferir Kanon?
- Con lo imbécil que está te va a decir que se la suda todo...- Dijo Saga, resignado al perenne mal humor que lucía siempre su gemelo.
- Pues decide tú.
Aspros comenzó a deslizarse hacia las muñecas el arrullo de tela que se había hecho en las mangas, aunque se las dejó a mitad del antebrazo. Su siguiente paso fue acercarse al sofá y tomar asiento al lado de Saga, que volvía a tener el mando de la tele entre las manos, buscando algo que ver sin demasiado éxito.
- Yo prefiero pizza...- Dijo al fin, mirándose a su padre con los ojos aún tomados por la irritación de haber estado fijado en el juego.
- Que sea pizza pues.
Aspros se quedó sentado a su lado, guardando silencio y fijándose sin ver en los rápidos cambios de canal que iba haciendo Saga. Hacía rato que un intenso dolor de cabeza parecía estar arañańdole el cerebro y, aunque sabía que el origen era el estrés nervioso que sufría los últimos días, optó por alzarse del sofá e ir en busca de un analgésico.
- Saga...- Dijo con voz calmada cuando regresó al salón para tomar otra vez asiento al lado de su primogénito.
- Qué.
- Mañana por la mañana me voy a ir muy pronto. Tengo varias cosas que hacer, la primera de ellas ir al banco para solventar unos temas que no puedo demorar más.- Saga medio que le escuchaba y medio que se distraía con la televisión.- Luego debo ir a Selasia para llevar a cabo una reunión y sólo las horas de ir y venir supongo que me ocuparán lo que reste de día.
- ¿Selasia? - Preguntó Saga.- ¿Y ésto dónde cae?
- En pleno Peloponeso. Con sólo ir ya gastaré unas tres o cuatro horas, más lo que dure la reunión y luego el regreso...No creo que llegue a casa antes de la noche.
- No importa, papá.
- Sí que importa porque mañana Angélica toma vacaciones y no estará aquí para mantener el piso ni para haceros la comida.- Aspros ladeó su cuerpo para poder llevar la mano hacia atrás y agarrar la billetera que guardaba en el bolsillo posterior de los jeans que vestía cuando no trabajaba. De ahí extrajo unos cuantos dracmas y se los tendió a Saga.- Toma. Para que Kanon y tú os vayáis a comer algo por ahí cuando salgáis del instituto. Porque...¿mañana por la tarde no tenéis clase, verdad?
- No, sólo vamos por la tarde los martes y jueves.
Aspros se masajeó las sienes cerrando los ojos, pero las punzadas que le ocasionaba el dolor de cabeza eran cada vez más insistentes.- Mientras tu hermano acaba de ducharse yo voy a echarme un rato. Me avisas cuando salga, ¿de acuerdo? - Dijo, apoyándose con afecto sobre la rodilla de Saga, aprovechando el gesto para ayudarse a ponerse en pie.
- Vale.
La pizzería que eligieron no estaba lejos de su casa, por lo que el paseo que les condujo hasta ahí fue un buen aliado para ir despejando un poco los densos nubarrones que habían decidido instalarse en la cabeza de Aspros. Saga y Kanon iban andando unos pasos por delante, hablando sólo para ellos y molestándose a cada tanto. Nada que fuera inusual, y Aspros se mantenía en la retaguardia, observándoles.
Esa tarde, el fiscal más joven e imponente que había conocido la ciudad de Atenas, no se sentía bien. Y no sera sólo el dolor de cabeza el culpable de ello. Esa tarde sentía un profundo pesar enquistado muy adentro de su pecho y el rumbo que estaban tomando demasiados acontecimientos secretos y oscuros de su vida le ahogaban exigiéndole pagar una factura muy elevada.
Una factura que no podía eludir bajo ningún concepto y que le hacía sumergirse en las aguas de una nostalgia densa, triste y despiadada.
Ver a sus dos hijos adolescentes empujarse, molestarse y acabar riéndose entre ellos le hizo recordar demasiados buenos momentos vividos al lado de su mitad más íntima cuando ambos también eran mozos con ganas de comerse la vida a bocados. Defteros lo había sido todo para él. Le había creído el ser más puro, noble y leal de todos los que podían pisar la tierra. Le había admirando tanto como amado incondicionalmente. Hubiera puesto su vida en sus manos sin vacilar...Le hubiera defendido a capa y espada ante cualquier situación...Hubiera gritado al mundo entero que nadie podía estar más orgulloso de tener un hermano como el que tenía él...Hubiera mordido la mano del mismísimo dios del infierno para protegerle ante cualquier amenaza...
Cuántas cosas habría hecho Aspros por Defteros si no hubiese sido traicionado por él...Y cuántas otras crueles e inhumanas que hizo al saberse engañado de esa forma tan mezquina y cobarde...
Aspros apretó la mandíbula con fuerza en intentó tragar saliva, aunque el gesto fue tan doloroso como el detalle de sentir sus ojos humedecidos, consecuencia de una emoción cruda y sin cura. Mucho del daño infringido no podía ser reparado de ninguna forma, pero el hecho de haber podido hablar con Defteros por teléfono y establecer un encuentro físico le había otorgado un atisbo de esperanza para mantener a salvo pequeños pedazos rotos de su vida, anhelando que en algún futuro próximo esos pedacitos pudieran juntarse y recomponerse, aunque sus uniones se sellaran con cicatrices por siempre más visibles.
- ¡Es aquí, ¿no?! - Preguntó Kanon con el ánimo algo más apaciguado, una vez hubo alcanzado la puerta de la pizzería.
- ¡Sí, ya hemos llegado! - Exclamó Aspros, para hacerse oír a través de la distancia que al final había acabado separándoles.
Lo que el fiscal no había previsto fue que su exclamación emergiera con la voz medio rota, y menos áun, que Saga se diera cuenta y que decidiera esperarle para entrar.
- ¿Estás bien, papá? - Le preguntó, observando con preocupación el inusual brillo en su mirada aguada.- Tienes los ojos llorosos.
- Es el viento, hijo...- Mintió Aspros, que tomó esa realidad como una excusa perfecta.- Parece que ha llegado el frío de golpe...
- ¿Seguro? - Se obstinó Saga.- Hace días que estás muy raro, papá. Sé que algo te pasa y me da rabia que no me quieras decir qué es. Ya no soy un crío.
- No es nada Saga, créeme.- Volvió a mentir Aspros, llevando su mano hacia la nuca de Saga para presionarla con afecto antes de dejar la mano descansar sobre su hombro.- Es sólo que el trabajo a veces me absorve demasiado, y ésto no es bueno. Hagas lo que hagas en tu vida, no dejes que el trabajo sea lo primero, Saga...Una vez dejas que ésto pase una vez, ya estás perdido.
- Si es por nosotros, no sufras papá...Yo entiendo que tu posición es importante. Es normal que debas dedicarle tiempo...- Saga aún se resistía a entrar, mientras que Kanon ya había elegido mesa, se había quitado la chaqueta, la había colgado del respaldo de la silla y había tomado asiento con la espalda pegada en la pared, con un brazo apoyado sobre la mesa y el otro alzándose para ofrecer las uñas de la mano correspondiente como aperitivo de la cena.
- Va, entra y dejemos el tema.- Se sobrepuso Aspros, aprovechando que su hijo menor ya había tomado posición.- Aunque no olvides lo que te he dicho. Nunca el trabajo es más importante que las personas que puedan iluminarte la vida. Recuérdalo siempre, hijo...porque si no lo haces acabarás como yo.
- Tú di lo que quieras, pero no estás bien, papá. Estás triste...
- ¡Entra de una vez, por favor!
Cuando llegaron a la mesa, Kanon ya estaba ojeando la carta. Saga se sentó a su lado y Aspros al frente de los dos. Las elecciones fueron tan rápidas como de costumbre: una cuatro quesos, una boloñesa y una cuatro estaciones, seguramente dos de ellas para compartirse. Los chavales se pidieron sus habituales refrescos y Aspros optó por seguirles el camino, puesto que tomar alcohol con la niebla que aún le vagaba por la cabeza no era una opción ni inteligente ni mucho menos recomendable.
Las bebidas llegaron enseguida, acompañadas de un platito con acietunas y otro con bastoncitos de pan crujiente para hacer más amena la espera. Kanon no hablaba, pero al menos no se ofrecía con ganas de batalla, momento en que Aspros aprovechó para perpetrar un inocente acercamiento.
- ¿Por qué no le dices a tu amigo de la moto que entre un día en casa? Me apetece mucho conocerle...
Kanon apenas le dirigió la mirada, y tomando un bastoncito de pan se encogió de hombros y soltó un escueto "Ya veremos"...
- Se llama Rhadamanthys, papá...- Intervino Saga - Deja de llamarle "el chico de la moto" porque Kanon se cabrea.
- ¡Oye! ¡¿Tú por qué cojones te metes?!
- A ver, tiene nombre ¿no?
- Vale, vale, chicos...No nos enfademos, por favor.
- La verdad es que no quiero que venga a casa, papá.- Le encaró Kanon al fin, cruzándose de brazos sobre la mesa.- No tengo ganas de que le machaques con preguntas estúpidas de las tuyas.
- De acuerdo, no lo haré. Pero me sabe mal que a veces, cuando quedáis, le tienes esperándote en la calle durante rato. Sólo te digo que si sube no pasa nada, Kanon...
- Y yo te digo que ya veremos.
- Como quieras, hijo...- Aspros se resignó. Volver a discutir con Kanon no era un plato que ese domingo deseara catar por segunda vez. Tomó el vaso con hielo y limón y vertió en él la coca-cola que también se había pedido, dándole un par de pequeños sorbos antes de asentar su último intento de conciliación.- Sólo quiero que sepas que me alegra mucho saber que tienes un buen amigo.
Kanon volvió a encogerse de hombros mientras con el dedo iba jugando con las migas que la ingesta de su bastoncito había hecho caer sobre la mesa, y después de haber estado dando muchas vueltas a un tema en concreto, alzó su dura mirada para buscar la atención de su padre y ser él el iniciante de otro tipo de conversación.
- A partir de ahora no quiero que a mí me compres ropa de marca, papá.
- ¿Por qué? ¿No te gusta? - Se intrigó Aspros, que en ningún momento se había esperado que uno de sus hijos le saliera con un tema como ese.- Si es por el dinero sabes que no me supone ningún problema.
- Pero a mí sí.- Respondió Kanon rápidamente.- Estoy harto de ser un pijo de mierda.
- ¿Quién te ha dicho éso? - Comenzó a enfadarse Aspros, no con Kanon, sino con lo absurda que le parecía esa situación.
- ¿Qué más te da? Yo sólo te digo que a partir de ahora me voy a comprar la ropa yo.
- ¿Y si yo quiero gastarme el dinero en ropa buena para mis hijos? No le debe importar a nadie ésto_- Aspros calló de repente al notar que por debajo de la mesa, una discreta patada proveviente del flanco frontal izquierdo a su posición le demandaba cesar con el discurso - aunque si prefieres comprarte la ropa y el calzado tú solo...pues ya eres mayor para hacerlo.
Kanon agradeció la decisión de su padre con su inherente mutismo, y tomando un par de olivas se miró a Saga y le habló directamente a él.- Puedes quedarte con toda mi ropa. Mañana me voy a comprar lo que a mí me de la gana.
- Ya le he dicho a tu hermano que mañana yo estaré fuera todo el día.- Le aclaró Aspros, para evitarse los reproches del tipo "siempre se lo dices a él sí y a mí no".- No llegaré a casa hasta la noche.
- Qué novedad...- Replicó Kanon con sorna, irguiéndose al ver salir de la cocina a la camarera con tres suculentas pizzas en sus respectivos platos.
Aspros hizo caso omiso de ese comentario con tintes nocivos y se concentró en el buen aspecto y mejor aroma que desprendían las pizzas.
- Nos las partimos, ¿no? - Le preguntó Saga directamente a Kanon.
- Pues claro, como siempre.
- ¿Nos compartimos las tres? - Propuso Aspros, con ganas de ser uno más con sus hijos.
- Vale.
- A mí no me gusta la tuya.- Le enfrentó Kanon.
- ¿Desde cuándo? - Intentó meter baza Saga.
- Pues mira. Desde ahora mismo.
- No pasa nada. Compartid vosotros las vuestras y yo me como la mía entera.
- Yo sí quiero un trozo, papá...- Dijo Saga, cortando un triángulo para intercambiarlo con su padre.
Kanon observó la escena sintiéndose mal al acto. Su reacción no había tenido otro sentido que molestar a su padre porque sí, y antes que ese día se viera en la tesitura de tener que arrepentirse de demasiadas cosas, intentó rectificar el rumbo de su afrenta, suavizándola a su modo.
- Aunque si quizás la pruebo, tal vez me gusta...
- Ahí tienes entonces.- Aspros le ofreció una porción de las suyas y tomó directamente con la mano la que le entregó Kanon, rozándole los dedos y sintiendo la calidez del contacto humano tan perdido y añorado de su hijo menor.
#Continuará#
