3. Rhadamanthys Wyvern

Desde que llegaron al instituto Kanon había evitado cruzarse con Rhadamanthys, o como mínimo, se había presentado decidido a negarle la mirada y la posibilidad de establecer cualquier tipo de contacto visual. Aún seguía cabreado por cómo acabó la tarde entre ellos el día anterior y él no pensaba disculparse por nada.

Aunque en el aula estuvieran sentados uno delante del otro.

Aunque en el tiempo de recreo Kanon hubiese decidido irse a ese rincón apartado y oculto donde ambos habían comenzado a flirtear con vicios de adultos.

Era más que evidente que el comportamiento esquivo de Kanon no extendía ningún tipo de invitación a que Rhadamanthys interactuara con él, por lo que el joven muchacho inglés se halló pasando el paréntesis entre clases sentado en mitad de la grada de piedra que circundaba un pequeño campo de fútbol siete. Entre sus manos sostenía un bocadillo que iba comiendo con cierta desgana, y a su lado había dejado una lata de coca-cola de las que les habían sobrado la tarde pasada.

Su mirada ambarina estaba fijada en sus propios pensamientos, y no fue hasta que se vio cubierto por una inesperada sombra que alzó los ojos y se halló con Saga de pie frente a él.

- Ayer os enfadásteis tú y Kanon, ¿verdad? - preguntó el mayor de los gemelos, sin ánimo de ofender.

Rhadamanthys se encogió de hombros, acabó de masticar el bocado que tenía mareando dentro de la boca y tragó antes de responder.- Se tomó mal algunas cosas que le dije, eso es todo.

Saga decidió sentarse a su lado, manteniendo una distancia prudencial para no hacer de su compañía un acto desagradable.

- Mi hermano es así...no le gusta que le lleven la contraria.- Se explicó Saga, queriendo compartir con ese joven serio y solitario algunos aspectos del carácter de Kanon.- No es mal tío, pero a veces se vuelve insoportable. Te lo digo yo que le conozco de toda la vida. Es...¿cómo decirlo?...es Kanon.

- Sé que es buen tío, pero muchas veces no le entiendo.- Confesó Rhadamanthys, ladeando el rostro para mirarse a Saga.- Hay días que está bien y de repente es como que se le va la pinza y se pone imbécil.

- Sí. Lo sé.- Saga asintió dando la razón a las resumidas y acertadas reflexiones que Rhadamathys acababa de exponer.- Con nuestro padre está siempre igual. Parece que le odie...y todo lo que hace y dice es para cabrearle sin sentido.

- Nunca me habla bien de él - le confió el inglés, olvidándose del bocadillo que seguía entre sus manos.- Y yo intento comprenderle, pero cuando le preguntó el por qué, entonces es cuando se gira y todo se va a la mierda. Y me jode porque yo quisiera poder entenderle, pero no se deja.

Saga guardó silencio y se quedó observando a Rhadamanthys, quien al sentirse bajo inspección desvió la vista al frente y recordó el bocadillo que tenía a medio comer.

- Sois muy amigos, ¿no?

Rhadamanthys no quiso conectarse con la mirada que Saga mantenía fija sobre él y con la boca llena respondió con rapidez.- Lo normal.

- Te preocupas por él...- Insistió Saga.- Normalmente Kanon no tiene muchos amigos porque nadie le soporta. Tú lo haces y, además, te preocupas...

Un inoportuno rubor subió a teñir las pálidas mejillas del inglés. Al parecer Saga era un muchacho observador, y ésto a él no le gustaba. O le incomodaba. O ambas cosas a la vez, por lo que la necesidad de escapar de las preguntas y reflexiones que provenían de Saga hizo que tomara la lata de refresco, se levantara de la grada y, muy educadamente, huyera con la excusa de ir al baño antes de regresar a las clases que les reunirían a todos en el gran campo de fútbol de césped, donde les esperaban dos largas horas de educación física.

Ese día les había tocado fomentar primero la resistencia corriendo alrededor del terreno de juego durante media hora, y segundo con la temida y odiada "course navette"*. Kanon y Rhadamanthys habían procurado no estar próximos durante las extenuantes horas de ejercicio físico, y no fue hasta la llegada a los vestuarios para tomar la necesaria ducha y cambiarse otra vez de ropas, que los dos amigos volvieron a hallarse cercanos y con pocas probabilidades de escapar uno del otro. Saga no estaba ni cerca, puesto que desde que habían iniciado el curso, cada vez que debían utilizar los vestuarios elegía el mismo rincón apartado de todos y realizaba su ducha y acicalado con una rapidez y discreción que Kanon no entendía, pero a la que tampoco le daba más importancia de la necesaria.

Al menor de los gemelos le daba igual qué lugar elegir del vestuario, y generalmente dejaba sus pertenencias en la parte central de cualquiera de los bancos disponibles. Fue uno de los últimos en llegar y también uno de los últimos en hacer uso de la ducha, viéndose obligado a acelerar su aseo al notar que la intensidad del agua caliente iba menguando con rapidez.

Con tanta rapidez que acabó enjuagándose el cabello con el agua completamente fría.

- ¡Me cago en la puta! - Gruñó al darse ese involuntario baño de agua helada.- ¡Mierda de vestuarios!

Rhadamanthys le escuchó vociferar estando sentado en el banco frontal al elegido por Kanon. Negó con la cabeza al seguir corroborando que sí, que su amigo tenía un jodido carácter de mierda, y quiso obviarle mientras se dedicaba a ir guardando los botecitos de gel y champú en su neceser. Las posiciones que habían adoptado ambos en los bancos se habían dado de esa forma sin siquiera haberlo previsto. Simplemente cuando Rhadamanthys entró ya no quedaba más zona libre que esa, lugar donde el rubio inglés se dedicó a secarse el cabello con rápidas pasadas de una toalla pequeña, permaneciendo sentado y con otra toalla más grande aún enrollada a su cintura. Aún estaba con la cabeza cubierta cuando vio aparecer un par de pies calzados con chanclas Adidas, creando un creciente charquito de agua al detenerse ante él.

- ¡Hostia puta, qué frío de mierda!

Kanon era una cansina queja andante y Rhadamanthys no pudo contenerse más. Necesitaba hablarle. Algo. Lo que fuera. Para bien o para mal, pero le urgía recomponer el contacto roto con el chico etiquetado como el rebelde de la clase.

- Si fueras uno de los primeros en llegar a las duchas no te quedarías siempre sin agua caliente.- Susurró por lo bajín, sin alzar el rostro pero sí la mirada.

Kanon calló. Le devolvió la mirada pero él lo hizo con el ceño fruncido y de reojo. Se desenroscó la toalla que también lucía alrededor de la cadera y se la llevó a la cabeza, dejándola ahí mientras seguía mirando a su amigo con forzado desprecio.- Métete en tu propia mierda, Wyvern.

Dicho ésto comenzó a frotarse el cabello mojado con una suerte de rabia cotenida que dejaba su cuerpo en pleno desarrollo completamente expuesto. Si existía algo que a Kanon no se le había presentado nunca era la vergüenza, y la falta de pudor que emanaba de su aura hacía que le importara poco y nada mostrar su desnudez total. Después del cabello le tocó el turno al torso y seguidamente se agachó para hacer una pasada rápida de toalla a cada pierna antes de tirarla sobre el banco y sentarse en él para comenzar a buscar los recambios de ropa interior que llevaba dentro la bolsa de deporte.

Rhadamanthys había decidido guardar silencio y proceder a vestirse él también, aunque la cercanía de Kanon y su expuesta desnudez le clamaban a gritos un poco de atención. La curiosidad de echar un vistazo a las zonas más íntimas del cuerpo de su nuevo amigo le rasguñaba por dentro y virar su intrigante mirada hacia la entrepierna de Kanon fue un medido y discreto gesto que no pudo ni quiso evitar. Le fascinaba que el color de cabello de los gemelos tuviera ese tono azulado tan peculiar, y más aún descubrir que el vello que cubría sus piernas y enmarcaba sus genitales también lo poseía, y aún con más intensidad. No era la primera vez que el inglés estudiaba con interés y disimulo el cuerpo de Kanon, pero esa sí era la primera ocasión en que tenía el privilegio de hacerlo de tan cerca, consiguiendo unos primeros planos que comenzaron a afectarle sus instintos más básicos. Los calzoncillos que ya tenía listos para ponerse fueron olvidados sobre el banco y su siguiente paso fue agarrar los calcetines y comenzarse a vestir en un orden inusual, todo para no verse en la tesitura de tener que apartar la toalla que solidariamente ocultaba una inoportuna erección.

Kanon se iba vistiendo ajeno a toda esa colección de reacciones sexuales que su proximidad y desnudez estaban ocasionando en el cuerpo de su amigo, aunque en el momento en que se alzó del banco para acabar de subirse los calzoncillos sí se dio cuenta que Rhadamanthys se apresuraba a desviar la mirada lejos del epicentro en el que se había convertido sin saberlo, carraspeando tontamente y continuando con una extraña elección en el orden de las prendas a vestir. Después de los calcetines vino la camiseta y cuando ya no quedaba otra opción que ponerse los calzoncillos, Rhadamanthys se alzó con rapidez, sujetándose a través de la toalla la erección que no menguaba para darse media vuelta, exponer su trasero y cubrirse su propio bochorno lo más velozmente que pudo.

Ahora era Kanon el que se tomaba el turno de observarle con total indiscreción, aunque aún no poseía la suficiente picardía para deducir que su amigo se hallaba en apuros y que él era el culpable de ello.

Kanon le observaba porque desde que él había salido de la ducha Rhadamanthys se comportaba con torpeza. Le miraba fijamente porque aún estaba sintiendo el enfado del día anterior escocerle en el pecho. Le acuchillaba con la mirada por la espalda porque necesitaba decirle algo que fuera capaz de herirle o ridiculizarle tanto como Rhadamanthys había hecho con él. Y le estudiaba cada gesto porque anhelaba que el jodido, creído y estúpido inglés se diera media vuelta y se disculpara para que él pudiera bajar un poco el nivel de su orgullo machacado y hablarle otra vez como si nada hubiese pasado.

- ¿Y ahora porque me das la espalda? - Fue la estupidez que le soltó en lugar de esbozar un sencillo "lo siento" por las ofensas que él también se había encargado de proferir.

- No te doy la espalda. Sólo me estoy vistiendo.- Dijo Rhadamanthys, enfundándose las perneras de los jeans para subírselos y poder ocultar mejor la erección que no quería irse.

Kanon seguía con el ceño fruncido, y no dejó de lucir ese rostro contraído ni después de vestirse su camiseta y sentarse de nuevo para ponerse los calcetines limpios y los vaqueros. Rhadamanthys iba haciendo, respirando hondo para ir relajando mente y cuerpo, hasta notar cómo su excitado pene iba regresando a la ansiada flacidez, momento en que por fin se atrevió a girarse y encarar a Kanon, quien estaba atándose las zapatillas.

- No me gusta que estemos enfadados, Kanon...- Susurró, esperando algo de consideración por parte del gemelo, que no respondió hasta pasados unos segudos que tal vez se tomó para reflexionar.

- Y a mí tampoco me gusta, Wyvern. Pero me jode que te metas conmigo y con cosas que yo no controlo. Yo no soy un puto pijo de mierda. Ése es Saga.

- Tú no te quedaste corto. Yo tampoco tengo la culpa de tener a mis padres y sentirme bien con mi familia.- Rhadamanthys trató de defenderse sin volver a generar un ataque que los llevara de vuelta al mismo bucle sin salida.

- Ya sé, tío...- Aceptó Kanon, inspirando hondo antes de levantarse del banco y quedarse de pie mirando al inglés directamente dentro de esos ojos tan hipnóticos.- Sólo es que...a veces te envidio.

- Y yo a ti. Tú tienes un hermano, y yo siempre he estado solo.

Kanon se rió con cinismo y buscó a Saga con una rápida ojeada que le ubicó en la otra punta del vestuario, alejado de todos los compañeros de clases que aún quedaban ahí.

- Tener a Saga de hermano es peor que tener un grano en la punta de la polla.

- Mientes, y lo sabes.- Le dijo Rhadamanthys, agarrando la chaqueta de cuero que siempre llevaba consigo y colgándose la mochila con los libros y la bolsa de deporte del mismo hombro.- Te guste o no, siempre tendrás a alguien en la vida.

- Uy, ya habló el maduro...- Kanon se enfundó la chaqueta tejana con forro de borrego y también se colgó ambas mochilas de los hombros, disponiéndose a salir de la zona de vestuarios. Rhadamanthys le precedía los pasos y en un acto de reconciliación total Kanon le agarró del hombro para detenerle el paso.- Oye, Wyvern...¿tienes algo que hacer a partir de ahora?

- No...ir a casa a comer. Echarme al sofá. Hacer los deberes...

- A la mierda todo éso.- Dijo Kanon, que sentía su cabecita rebelde maquinando mejores formas de pasar la tarde.- Hoy mi padre está fuera hasta la noche. Le dio a Saga dinero para que comiéramos algo por ahí, y le pienso decir que me de mi parte.

- Sí, vale...¿y qué? - Rhadamanthys se encogió de hombros, tanto para reacomodar el peso de las mochilas como para mostrar su desconcierto.

- Vayámonos por ahí. Con la moto.- Propuso.- Porque...has venido en moto ¿no?

- Sí, como siempre, pero ¿cómo quieres ir con las mochilas y todo?

- Las dejamos en las taquillas y listo.

- Tendría que avisar a casa...

- Invéntate cualquier excusa.

- ¿Y dónde cojones quieres ir? Mi moto es una cuarenta y nueve, no da para mucha carrera.

- ¡Pues no sé, Wyvern! ¡Fuera de esta puta ciudad! ¡Al menos por un rato! Además...- Kanon bajó la voz y acercó su rostro al de Rhadamanthys, compartiéndole algo que sólo le concernía al inglés - ...aún me quedan cigarrillos, y nos podemos comprar una hamburguesa por ahí. No me digas que no...

Rhadamanthys inspiró hondo y fingió pensarse el plan, haciendo gala de su carácter sobrio y razonable.

- Está bien...pero no iremos muy lejos. Te digo que el motor tampoco tiene tanto aguante como tú crees.

- Tomemos la carretera que lleva a Cabo Sunion y nos paramos donde nos plazca.

Kanon al fin sonreía, y lo hacía con esa media sonrisa que le iluminaba el rostro de esa forma tan suya y tan exquisita, y Rhadamanthys no ofreció más objeción.

Le animaba tener un amigo y alguien con quien charlar.

Le halagaba que alguien quisiera montarse con él en la moto, que le tuvieran la suficiente confianza para hacerlo.

Le hacía sentir importante cuando alguien se sentaba tras él y se agarraba con fuerza al cuero de su chaqueta.

Le agradaba notar el cuerpo del acompañante pegado al suyo.

Más concretamente, el cuerpo de Kanon tan adosado al suyo.

Le encantaba ir en moto con Kanon...

Le gustaba...

...Kanon...

#Continuará#


Aclaraciones al capítulo:

*"Course Navette": es un test de resistencia física que se lleva a cabo de forma sencilla. Solamente se necesita marcar en el suelo una recta de 20 metros de longitud. La prueba consiste en ver cuántas veces se es capaz de recorrer la distancia de 20 metros aumentando progresivamente la velocidad.

¡Gracias Krista! Lamento saber cierta información, pero me halaga que esta situación te permita volver a disfrutar de todas mis locuras escritas. Espero que te ayuden a transitar mejor por este mal trago. ¡Cuídate mucho y recibe un gran abrazo!