5. Espías
Aspros apenas había podido conciliar el sueño. Se levantó de la cama cuando aún quedaban un par de horas para el amanecer, cediendo a la tentación de asomarse la cabeza en cada una de las habitaciones de sus dos hijos. Ambos estaban completamente dormidos y Aspros volvió a cerrar las puertas con cautela para dejarles descansar hasta que sus respectivos despertadores se encargaran de devolverlos al mundo terrenal.
No se había preocupado de vestirse. Salió cubierto con uno de sus sobrios pijamas, compuesto por una camiseta de manga corta y un pantalón largo y liviano a conjunto. Los pies se habían calzado unas pantuflas de tela de toalla oscura y los protegidos pasos le condujeron hasta la cocina, donde se preparó un cargado café que se llevó con él al cuarto que tenía habilitado como despacho doméstico. Prendió el ordenador y mientras esperaba que se fuera iniciando dio un largo sorbo a su primera inyección de cafeína del día.
La fecha para iniciar el mediático juicio contra un supuesto médium estafador se iba acercando inexorablemente, y aún le quedaban muchos flecos que retocar y recortar.
Que pulir y limar.
Que manipular para conseguir cesar con las coacciones y amenazas que le seguían llegando por demasiados flancos imposibles de controlar.
La protección que le confería la noche aún cerrada le invitó a dejar la puerta de su despacho abierta, olvidándose de ella cuando abrió un de los cajones que se ubicaban al costado izquierdo de su escritorio. De él extrajo una pequeña caja metálica donde guardaba gomas de borrar, clips, recambios de grapas, recargas para su pluma estilográfica y una pequeña llave. Con ella abrió el cerrojo que mantenía el cajón superior del lado derecho cerrado a cal y canto, rebuscando bajo un montón de dosieres sobre diversos casos un fajo de sobres con su nombre escrito a máquina y sin remitente. La mayoría de ellos contenían fotos polaroid donde los protagonistas eran sus dos hijos, su hermano y la mujer que seguía siendo su esposa. Algunos otros guardaban anónimos confeccionados a base de palabras recortadas de revistas, recordándole que alguien sabían dónde vivía él y todas las personas importantes de su vida, mostrándole cuán fácil era poder acercarse a ellos sin ser visto. Recordándole que tenía a un imputado entre manos que debía salir culpable si no deseaba que ninguna de esas cuatro personas sufrieran un terrible accidente fatal en cualquier momento de sus rutinarios y grises días.
Sus manos fueron revisando las diversas fotos y se detuvo en una que mostraba a Defteros y Sasha saliendo de una clínica de salud mental, estando su hermano abrazando a Sasha por los hombros. En la siguiente se les podía ver abrazados completamente, compartiendo un beso que transmitía infinito amor y ternura; las que aparecieron detrás mostraban a Kanon junto a ese supuesto nuevo amigo suyo callejeando por Atenas, y a Saga y Kanon otra vez, entrando o saliendo del instituto en diferentes días.
La impotencia que sentía hizo que los dedos quisieran arrugarlas. Destruirlas y eliminarlas. Pero sabía que si lo hacía se quedaba sin armas para confeccionar una venganza. Porque llegaría...no sabía cuándo ni cómo, pero se vengaría de ese hijo de puta que se estaba divirtiendo con las amenazas de poner en peligro los pedacitos más importantes de su vida.
- No sé quién eres...- Masculló para sí mismo, mirándose otra vez las fotos con los ojos anegados de rabia - No sé qué pretendes ni por qué buscas que condene a una persona inocente...Pero te juro que te encontraré. Conmigo no se juega, jodido cobarde de mierda...Conmigo no se juega...
En el mismo cajón del que había sacado la cajita había un fajo de sobres medida DinA5 y agarró uno para guardar todas esas fotos en él, sellándolo completamente y guardándolo al buen recaudo de un compartimento interno de su maletín de piel.
La pantalla del ordenador ya mostraba el fondo de escritorio decorado con una foto de Saga y Kanon en el día de su quince cumpleaños, y Aspros miró la hora que aparecía, pequeña y discreta, en la parte inferior derecha de la pantalla.
Las 6:27 de la mañana.
Hora en la que el inspector Manigoldo Granchio ya debía estar en pie, y si no se daba el caso se encargaría él mismo de darle los buenos días a un martes tan gris y apagado como los anteriores. Agarró el teléfono, trató de deshacer en vano el nudo que siempre acababa creando el cable en espiral y, desistiendo de ello, marcó de memoria el número doméstico del inspector italiano. Los tonos de llamada se iban sucediendo fieles a su pronóstico interno, y cuando se convenció de abortar el intento al llegar al quinto tono, el cuarto fue sesgado por la ronca y contrariada voz del inspector.
"Sono le fottute 6 del mattino. Chi diavolo sei?!"
- Buenos días Mani, soy Aspros...
El fiscal cerró los ojos con fuerza mientras se masajeaba el entrecejo y esperaba otra réplica rebosante de esa energía típica italiana.
"Figlio di puttana! ¡¿Te pone cachondo despertarme tan pronto o qué?!"
- Lo siento Mani, pero necesito pedirte un favor...- Insistió Aspros, manteniendo un tono de voz moderado y conciliador.
"Come no! Aspetta un secondo, per favore..."
Aspros tragó saliva y se mantuvo en silencio, con el teléfono pegado al oído y escuchando cómo su peculiar amigo y colega decía algo a su mujer y supuestamente abandonaba la habitación de matrimonio para poder hablar con más calma y libertad.
"Cosa vuoi ora?"
Aspros podría haber hecho uso de todas sus artes aprendidas con los años para dar sutiles rodeos antes de desembocar en los aspectos importantes que necesitaba decantar hacia sus propios beneficios, pero esa mañana no tenía ni el ánimo ni las energías para hacerlo, de modo que abordó sin ningún tipo de filtro la cuestión que desde el día anterior tenía instalada entre ceja y ceja.
- Necesito que hagas uso de tu influencia para que algún hombre de la policía de Calcis siga los pasos de una persona. Esta persona en concreto va a abandonar Grecia de forma inminente, y yo preciso saber cuándo va a pisar el aeropuerto.
"Si es alguien que tiene prohibida la salida del país ya se estará al corriente en el control de aduanas"
- Es una cuestión personal, Mani...- Cedió Aspros, temiéndose que si no daba algo más de información, el inspector italiano no iba a concederle ese favor.- No se trata de alguien con la salida prohibida ni con un juicio en curso. Sólo quiero saber cuándo va a suceder su partida para poder...despedirme...
"Pues contactas con esta persona y aclaras el tema tú solito, mi querido Aspros. No veo el problema."
- ¡Mani, por favor! Si te estoy pidiendo todo ésto es porque no puedo establecer un contacto directo, y no te voy a exponer los por qués. Es un asunto personal y privado mío, y no debes saber más que la dirección que te voy a dar para que tú la transmitas a la policía de Calcis y que ésta te informe de qué día, las personas que vivan en ese domicilio, se van con maletas hacia el aeropuerto.
El italiano no respondió de inmediato, razón por la que Aspros comenzó a ponerse nervioso, viéndose tomando un bolígrafo para garabatear y machacar con intensos y repetitivos rayones la hoja de la libreta que tenía abierta sobre el escritorio.
"¿Tiene que ver con las amenazas que recibes por el caso de este médium de los cojones?"
- Sabes que yo no te pido favores por qué sí, Mani...No me hagas hablar más, te lo ruego. Sé que puedes entenderme...
Otra oleada de silencio copó la conexión telefónica, y cuando Aspros estaba a punto de rendirse, la voz ronca del Inspector Granchio le hizo acelerar el corazón.
"Dime la dirección, veré qué puedo hacer."
- Artemidos número 3, 1º 2ª. Gracias Mani, estoy en deuda contigo.
"¿Siguen llegándote anónimos y fotografías de tus hijos?"
- Casi a diario.
"Sabes que estamos trabajando en ello, pero quien sea que lo lleve a cabo, parecer ir siempre dos pasos por delante de nosotros..."
- Las últimas las recibí hace apenas dos días y_- Aspros calló al sentir que algo en la tranquila atmósfera que le rodeaba mutaba de intensidad, y al ladear un poco el rostro y avistar por el rabillo del ojo la inesperada aparición de su hijo mayor, hizo que balbuceara las primeras palabras que le vinieron a la mente - confío plenamente en usted y el trabajo de su equipo, Inspector Granchio...
"¿Hay ropa tendida, Aspros?"
- Sí, en efecto. Gracias Inspector. Seguimos en contacto.
Aspros colgó el teléfono y se giró ayudándose de las ruedas que rotaban la silla donde estaba sentado, centrándose con faz seria en la presencia de Saga en el umbral de la puerta.
- Saga...¿qué haces levantándote tan pronto? No son ni las siete aún.
- Hola papá...Escuché que llegaste muy tarde ayer. ¿Se complicó la visita con ese cliente? - Preguntó el mayor de sus hijos, manteniendo las manos escondidas tras la espalda y absteniéndose de adentrarse más.
- Sí...- Murmuró Aspros sin saber por qué.- En realidad, no...pero al regresar tuve que pasar por el despacho y me fui a comer algo con Úrsula.- Mintió, agarrándose a la aventura conocida que mantenía con su secretaria para no admitir que había estado conduciendo sin rumbo durante horas, pensando en su hermano y en su esposa, en ellos y en cómo había sido capaz de arruinar la vida de tantas personas, pagando por ello con la imposibilidad que le ahogaba ahora de poder subsanar un mínimo porcentaje de todo el mal que había acuñado él solo durante demasiados años.
Saga se quedó mirándoselo, asumiendo como ciertas sus palabras y buscando él las propias para poder afrontar un tema que sabía que no iba a ser cómodo por ninguno de los dos.
- Esta tarde, cuando salgáis del instituto, estaré esperándote para ir al oculista.- Informó Aspros, haciendo muestra de su buena memoria ante las promesas hechas. Fingió rebuscar algún papel importante y tomó el mouse para eliminar el protector de pantalla instantáneo y clicar en un informe al azar, uno entre todos los que tenía anclados en el escritorio de la pantalla. Que su hijo siguiera plantado a sus espaldas le estaba incomodando sobremanera, y ya no sabía qué decirle de forma diplomática para que le dejara en la soledad que su corazón necesitaba.- Saga...- Dijo al fin, dándose media vuelta con la silla para encararle.- Tengo temas que resolver antes de ir al despacho. Ciérrame la puerta cuando salgas, por favor.
Saga bajó la mirada. Tragó saliva y finalmente dio un paso al frente, tendiéndole un sobre cerrado que llevaba escrito a máquina el nombre de su padre.- Ayer me encontré ésto dentro de mi mochila.
Aspros palideció al instante. Las ojeras que lucía bajo su azul mirada parecieron hundirle más los ojos, y la sombra de la barba que estaba asomando le confirió un aspecto totalmente devastado.- ¿Lo has abierto? - Preguntó con prisas al tiempo que tomaba el sobre.
- ¿Cómo iba a hacerlo, papá? - Respondió Saga en un estúpido rodeo.
- ¿Has visto lo que hay dentro o no? - Insistió el fiscal, palpando el contenido con la yema de sus dedos acostumbrados a ello.
- No. No lo he abierto, pero me asusté al encontrarlo. Es extraño.
- ¿Cuándo te diste cuenta que estaba en tu mochila?
- Pues al regresar a casa. Cuando abrí el bolsillo donde guardo las llaves. Vi que estaba mal cerrado y lo encontré ahí.- Se explicó Saga, mostrándose un poco atemorizado ante la naturaleza que podía yacer tras ese hecho tan...desagradable.- Supongo que me lo metió alguien ahí mientras estaba comiéndome el menú en el bar ese que hay en la esquina del instituto.
- Nunca...nunca más pierdas de vista tus cosas, Saga. Que nadie desconocido se acerque a ti, ¿entendido?
- Pero papá ¡ésto es imposible!
- ¿Kanon también tiene alguno? - Aspros seguía pálido y con el corazón palpitándole con fuerza. Que los receptores de las amenazas comenzaran a ser sus hijos era algo que ya se estaba escapando de todo control.
- Que yo sepa, no.
- De acuerdo...- Dijo, bajando la vista hacia el sobre que temblaba entre sus dedos.- Y ahora déjame solo, Saga, por favor...
- Alguien te está amenazando, papá. No soy estúpido.- Se lanzó Saga, sintiéndose terriblemente mal al ser testigo de los esfuerzos que hacía Aspros para escenificar una normalidad que no existía.- Es este caso con el que estás ahora, ¿verdad?
- No sufras, Saga. Está todo controlado. Estas situaciones son más comunes de lo que crees cuando alguien es fiscal. Generalmente son amenazas que no se materializan nunca.
- Deberías denunciarlo a la policía.- Trató de aleccionarle Saga, arrancando un atisbo de ternura en vez del reproche de rigor.
- El Inspector Granchio está al corriente. Pero Saga...- dijo, dejando el sobre encima del escritorio antes de alzarse y avanzar hacia su hijo, tomándole de los hombros para propiciar que le mirara a los ojos - aunque estas amenazas sean urdidas por personas que mantengan algún interés en que los casos no se resuelvan por el camino de la justicia...aunque no lleguen nunca a nada...no hables de ello con nadie. Ni con tu hermano. Y si vuelves a encontrarte algún sobre como el que me acabas de dar, haces lo mismo de hoy: no lo abras, lo guardas y me lo entregas a mí. Y ahora te ruego que me dejes solo, hijo...- Un afectuoso beso fue a parar sobre la frente de su primogénito, acompañado de un par de caricias nacidas de los pulgares que se deslizaron por las todavía suaves mejillas.
- Está bien, papá...
Saga abandonó la zona más privada de Aspros cabizbajo y preocupado, sintiendo cómo la puerta se cerraba con rapidez tras su marcha.
Al Fiscal le faltó tiempo para regresar a su silla, abrir el segundo cajón de su costado derecho y sacar un cortaplumas con el que procedió a abrir el sobre. Únicamente con el tacto había percibido el grosor del contenido, y su instinto no le falló. Dentro aguardaban tres fotografías polaroid: en dos de ellas se veía a Saga comiendo solo en ese bar que el joven le había mencionado, y en la otra se veía a Kanon a punto de colocarse el caso que le daba otro chaval. La fecha que se leía bajo las imágenes era la del día anterior y Aspros corroboró una vez más que ninguno de sus pedacitos de vida se hallaba a salvo de ese asqueroso espionaje.
Su mirada brilló de rabia. Se llevó una mano a los labios y mordisqueó la uña del pulgar porque simplemente no se hallaba con la libertad de descargar su ira naciente contra cualquier otra cosa. Inspiró con fuerza un par de veces, haciendo de su respiración un acto bastante sonoro, y decidió tomar otro de sus sobres para guardar las nuevas fotos, sellándolo igual que el anterior para poder guardarlo también dentro de su maletín.
Cuando salió de su despacho no volvió a ver a Saga, detalle que le ayudó a respirar un poco más tranquilo. Cerró la puerta con llave y se internó en su dormitorio, donde también había un baño que estaba esperándole para poder regalarle una necesaria y larga ducha. Afeitarse fue un acto que realizó con una interna inquietud gobernándole el pulso, detalle que le llevó a cortarse un par de veces, viéndose obligado a usar una toalla para presionar las pequeñas cisuras y así poder detener el sangrado. Aplicarse la loción calmante le hizo escocer las heridas, pero al menos ya no había peligro de mancharse el cuello de la camisa blanca que se había preparado para vestirse, junto con un traje azul marino y una corbata con un degradé también azul.
No iba a comer nada. Los acontecimientos que estaban alzando los muros responsables de robarle el sol de sus día a día habían conseguido cerrarle el estómago casi por completo. Abandonó su dormitorio y se dirigió a su despacho únicamente para coger el maletín, volver a cerrar la puerta con llave y acudir a la cocina para despedirse de sus hijos, que sí estaban desayunando, aunque envueltos por un tenso silencio.
- Buenos días, chicos.- Dijo, como si ese momento fuera el que viera y hablara con Saga por primera vez en el día.
Saga le respondió pero Kanon ni le miró. Despacharle indiferencia paracía ser uno de sus deportes más favoritos, pero Aspros intentaba no darle importancia. Si le forzaba acababan discutiéndose, y el fiscal ya estaba cansado de tener que batallar día sí y día también con el mal carácter de su hijo menor.
- Saga, acuérdate que esta tarde te vengo a buscar para ir_
- Que sí, papá. Al oculista.
- Exacto.
Aspros descolgó el abrigo negro que pendía del perchero anclado en la pared del recibidor y se lo enfundó al tiempo que regresaba al umbral de la cocina y hacía un último intento de conexión con su retoño más arisco.
- Kanon, dile a tu amigo...a Rhadamanthys - acotó, después de tenerse que pensar el nombre dos veces - que suba. Podéis pasar ratos aquí también. Y te prometo no hacerle preguntas.
Kanon viró su fruncida mirada hacia su padre, quedándose con la cuchara llena de cereales detenida al aire.- Ya veremos. Seguro que lo dices para después poder encontrarle todas las taras.
Dicho ésto Kanon volvió a concentrarse en su desayuno, ajeno al dolor que causaba a su padre cada vez que renegaba de sus intentos de acercamiento.
Aspros inspiró hondo, sostuvo el aire dentro durante unos segundos y cuando lo soltó por la nariz se acercó más a los chavales para despedirse de ellos. A Saga le regaló una caricia en la nuca que acabó con una leve presión de su mano ahí, entre la calidez de sus cabellos y la ropa que cubría su cuello. Kanon seguía privándole la mirada pero cuando se vio que iba a ser receptor de un gesto similar al que acababa de recibir su gemelo, se apartó con brusquedad y se alzó de la silla para dejar el bol de su desayuno en el fregadero, alejándose de Aspros y de su necesidad de acercarse a él.
El fiscal cerró el puño que se había quedado huérfano de piel donde poder ofrecer un poco de afecto y aprentando los dientes con la impotencia recorriéndole por dentro, se alejó de la cocina, recogió el maletín que había dejado en el suelo del recibidor y abrió la puerta de su piso.- Hasta luego, chicos. Que paséis un bonito día.
Si alguno de ellos le respondió o no fue algo que Aspros ya no supo. Llegar al despacho que ocupaba en la fiscalía le urgía para sentirse estúpidamente protegido de todo el desprecio que su hijo menor se dedicaba a ofrecerle sin cesar.
Buscar un poco de afecto y cariño entre los brazos de Úrsula le ayudaba a engañarse de tanto en tanto, y ese mediodía sería uno de los que él propondría y ella aceptaría.
Él con la pretensión de imaginarse importante, deseado y amado sin asumidos intereses de por medio.
Ella con la ilusión muy bien oculta de ser alguna vez vista y tocada como una mujer con voz y nombre, y no como el escape en el que había aceptado convertirse por voluntad propia la primera vez que sus propias frustraciones les lanzaron a catarse los cuerpos y las soledades.
No era siempre el mismo hotel el que sus respectivos anhelos elegían para degustarse. El afortunado esta vez se ubicaba apenas a tres manzanas del edificio de los Juzgados, y aunque las estrellas que se exhibían en su fachada quedaban a las puertas del lujo, no estaba mal. A Aspros le costó poder focalizar su mente hacia las acciones que iba realizando mecánicamente, y al final se vio abocado a ser la víctima pasiva de las artes amatorias de Úrsula. Cerró los ojos con fuerza e intentó concentrarse en toda esa colección de placenteros estímulos que la lengua y la boca de su partenaire le iban esparciendo por la zona de los pezones primero, descendiendo con presteza hacia su bajo vientre con la intención de despertar por completo a un pene estancado a medio camino de la erección. Al sentir la cálida respiración serpentear a través de su vello púbico supo que la siguiente práctica a recibir sería una felación, y el inesperado recuerdo que su mente rescató de Sasha consiguió que la sola idea de aceptarla le resultara del todo inapetente.
- No, Úrsula...hoy no...- demandó en un susurro, tomando el rostro de su amante con las manos para impedir que se obviara su petición.
- Quiero hacerlo, cariño...- Insistió ella, tomando el pene con su mano para tratar de endurecerlo con varias fricciones.
- Que te digo que no.- Aspros se arrastró hacia arriba para quedarse sentado con la espalda apoyada en el cabezal de la cama, librándose de la cabezonería que parecía exhibir su amante.
Ella no dijo nada más. Asumió que los atajos elegidos ese mediodía para encenderle no funcionaban, por lo que optó por una táctica más íntima y personal, posicionándose a horcajadas sobre la cadera del fiscal y tomándole del rostro para besarle largamente. Aspros sí aceptó esa nueva muestra de cariño y deseo. Dejó que sus manos ascendieran por las caderas de Úrsula y llegaran hasta sus pechos, donde se deleitó masajeándolos y jugueteando con ese par de pezones erectos. Incluso llegó a sentir cómo un par de golpes de sangre al fin acudían a endurecer su pene, el cuál fue ayudado a seguir tomando forma gracias a los sensuales movimientos de cadera de su amante, presta a seguir estimulándolo hasta que consideró que ya tenía la dureza óptima para guiarlo hacia su entrada y engullirlo por completo. Aspros soltó un leve gemido de placer, echó la cabeza hacia atrás hasta apoyarla contra el cabezal y se agarró a las caderas de Úrsula mientras ella se dedicaba a cabalgarlo, primero con delicadeza y luego con una ascendiente fiereza que culminó con el orgasmo que ella sola se procuró. Las sacudidas que le traspasaron el cuerpo no fueron las que definirían ese momento como el del mejor orgasmo de su vida, y al recuperar el control de sus sensaciones se percató que nada en su interior parecía estar en sintonía con su propio placer.
- No has llegado...- Susurró, apoyándose con ambas manos en los hombros de Aspros mientras se inclinaba hacia él y disfrutaba de otra pequeña descarga de goce que ese sencillo movimiento le acababa de ofrecer.
- Lo siento...- Fue todo lo que pudo decir Aspros.
- Puedo seguir moviéndome...- Úrsula no esperó respuesta, y abrazándose al cuello del fiscal reemprendió una sutil cabalgada que culminó con la escapada del pene medio flácido de Aspros.- Deja que te ayude...- Retiró su cuerpo un trecho para sentarse sobre los muslos de Aspros y tomar el miembro entre sus manos, intentando lograr lo que ese día parecía imposible.
- Déjalo Úrsula...- Aspros tenía los ojos cerrados, la mandíbula apretada y la cabeza aún contra el cabezal de la cama, pero su mano se asió a una de las muñecas de Úrsula para agarrarla con firmeza y detener lo que amenazaba con convertirse en una masturbación infructuosa.- Hoy no voy a poder. No tengo la cabeza centrada en el aquí y ahora. Lo siento. No eres tú_
- Claro, claro, "el problema soy yo y bla bla y bla" - Dijo la rubia mujer, medio ofendida por no conseguir que Aspros culminara con éxito ese encuentro sexual. Con rapidez se deslizó hacia el costado libre de la cama, se cubrió con las sábanas hasta ocultar la voluptuosidad de sus pechos y alcanzó el pequeño bolso que había dejado sobre la mesita de luz para agarrar su cajetín de tabaco.- No es la primera vez que te ocurre esto, Aspros - se quejó, colocándose un fino y largo cigarrillo entre los labios - Al final pensaré entre que no te pongo lo suficiente o que tienes un problema que deberías hacerte mirar.- Dicho esto se prendió el cigarrillo y comenzó a fumárselo sin ocultar la ofensa que sentía por una situación que ya se le estaba antojando tan insatisfactoria como ridícula.
Aspros se abstuvo de ofrecerle una respuesta inmediata. Sencillamente buscó sus calzoncillos por debajo de las sábanas, y cuando los encontró no dudó en ponérselos, seguido de la camisa blanca, los calcetines, pantalones y zapatos sin atar. Que Úrsula tuviera la costumbre de fumar en la cama era algo que le asqueaba, ya fuera después de un polvo consumado por ambos o no, y alejarse de ella era una necesidad imperiosa. Era cierto que desde hacía varios encuentros no se veía capaz de concentrarse en el sexo todo lo que la práctica de éste requería, desencadenando en una serie de coitos fallidos que, al parecer, comenzaban a frustrar las ganas que siempre le ponía Úrsula.
Ir al baño para lavarse la cara le ayudó a despejarse un poco, y cuando regresó a la habitación se plantó ante la cama y empezó a abotonarse la camisa mientras observaba a su secretaria, quien le devolvía la mirada con cierto desafío.
- Sabes que no estoy en un buen momento personal.- Le recordó, bajando la cremallera de sus pantalones para poder insertar con más comodidad los bajos de la camisa ya abotonada.- Tengo demasiados asuntos que resolver y no puedo concentrarme en el sexo como debería.- Zanjó, a la vez que tiraba bruscamente del cinturón para acabar de ceñírselo a la cadera. Acto seguido alzó un pie para apoyarlo en el borde de la cama y anudarse el zapato, repitiendo la acción con el otro.
- Yo creo que le problema lo tienes en el dedo, cielo.- Le picó Úrsula señalándole el dedo anular izquierdo.- Hasta que no te deshagas de esta alianza nunca podrás disfrutar completamente con otra mujer, y yo ya empiezo a estar cansada de verlo ahí.
- Que yo lleve mi alianza de boda no es algo que te incumba.- La actitud retadora de su exuberante secretaria le estaba sacando de sus casillas, y poco le faltaba para mandarla directamente a la mierda.
- Tu mujer hace lustros que se fue, cariño...
- ¡¿Y qué?! Sigue siendo mi mujer, y tú...- "tú nunca le llegarás a la altura de nada" quiso decir, aunque se lo guardó para él.
- ¿Yo qué?
- Nunca hemos sido nada más que amantes tú y yo, Úrsula. Sin compromiso alguno, así que si tanto te defraudo en la cama nadie te obliga a que sigas aceptando tantas probabilidades de decepción.
Aspros se había enfadado. La frunción de sus cejas y el aspecto contraído de su bello rostro así lo corroboraban, y si algo desarmaba a la rubia secretaria era verse sin la posibilidad de seguir compartiendo intimidad con un hombre que ella sí amaba desde hacía años, y que lo ocultaba bajo esas capas y capas de soberbia, desfachatez e indiferencia que tanto la caracterizaban.
- Lo siento, Aspros...- rectificó al fin, apagando el cigarrillo en un cenicero dispuesto para ello y soltando el humo antes de alzarse de la cama, envolverse la desnudez con la sábana y avanzar hacia él.- Sólo es que...- continuó, extinguiendo la poca distancia que les separaba para juguetear con sus añiles cabellos, intentando llevar algunos mechones tras su oreja.-...me gustaría verte disfrutar junto a mí como hacíamos antes, y hace mucho que parece que sólo me buscas para...no sé...perder el tiempo, por ejemplo...
- No es eso. Te repito que estoy pasando una temporada bastante difícil, y en realidad también me siento angustiado porque...porque necesito pedirte un favor que no sé cómo plantearte siquiera...- confesó el fiscal, que se dejaba acariciar y cuidar por la única mujer que había tenido acceso a él desde que Sasha no estaba a su lado.
- Sabes que soy incapaz de negarte nada...- asumió Úrsula, sonriéndose para sí misma con tristeza al tiempo que se miraba a Aspros con una mezcla de admiración y resignación que le hacía doler por dentro.
- Siéntate, por favor...
Aspros se alejó de ella y fue en busca de su maletín de piel, el cual había estado abandonado al lado de la puerta hasta ese momento. Úrsula se sentó en el borde de la cama y observó todos los movimientos de Aspros guardando un cómplice silencio. Aspros llevó el maletín hacia la cama, lo posó sobre el colchón y rodó los números del cierra de seguridad hasta dar con la combinación que permitía su apertura. Seguidamente hundió una mano en sus entrañas y extrajo un fajo de sobres blancos con su nombre escrito a mano por él mismo.
- Necesito que guardes ésto.- Dijo, ofreciéndolo la colección de sobres a Úrsula.
- ¿Qué es? - Preguntó ella con curiosidad y cierto temor por la extraña naturaleza que envolvía esa acción.
- No preguntes. No los abras. No quieras saber. Sólo guárdalo donde únicamente tú sepas, y no los entregues nunca a nadie a no ser que vuelva a ser yo quien te los pida, o en su defecto, cualquiera de mis dos hijos.
- Me estás asustando, Aspros...- Confesó Úrsula, mirándose al fiscal directamente a los ojos mietras los sobres se estremecían entre sus manos.
- Puede que haya más. Si es el caso, también te los confiaré.
- En serio Aspros...¿estás en peligro?
El fiscal se acercó a ella y le tomó la mano que sostenía los sobres entre las suyas, agachándose frente a ella mientras le devolvía la mirada y luchaba para que la suya no se aguara.- Por favor, Úrsula, por lo que más quieras, prométeme que los guardarás en un lugar seguro hasta que yo te los vuelva a pedir. O Saga. O Kanon...
- Sí, sí, lo haré...- La voz le tembló al darle la respuesta que Aspros necesitaba oír. Una respuesta que era tan sincera como el secreto amor que ella le profesaba.- Pero me asustas Aspros...
- No sufras, Úrsula. Estaré bien- Aspros le besó la mano que había estado custodiando entre las suyas y cuando se alzó le regaló un abrazo que culminó con un sentido beso sobre su cabeza.- Y ahora debo irme...No salgas de aquí hasta que haya pasado al menos media hora de mi marcha, y hazlo directamente porque yo ya habré saldado el pago de la habitación. Es importante que a partir de ahora no nos vean entrar y salir juntos de ningún lado que no sean los juzgados.- Aspros se dirigió hacia la silla donde había dejado su corbata y su abrigo para agarrar las prendas y salir de esa habitación donde fiscal y secretaria acababan de compartir algo mucho más íntimo e importante que una ración de sexo fallido.- Gracias.- Dijo, con la mano en la manija de la puerta y sus azules ojos puestos sobre la figura abatida y llena de incomprensión en la que se acababa de convertir Úrsula.- Te lo agradezco con toda mi alma y quiero que sepas que...te quiero. En la medida que puedo, que quizás no es la correcta o la que esperas...pero te quiero, Úrsula.
Aspros ya no podía seguir hablando más. Si se quedaba corría el riesgo de excederse en sus expliaciones, y le urgía que Úrsula se mantuviera al margen de todo, a pesar que su petición la colocaba en una casilla de suma confianza en su vida.
Una confianza que sabía que jamás sería traicionada, a pesar de no poder corresponderla con el tipo de amor que Úrsula se merecía, y del que él ya no poseía.
#Continuará#
