7. Ataque a la razón
Unos meses después, en primavera
Kanon llegó al punto de encuentro de cada sábado noche con su parte de la mercancía. Para intentar no llamar la atención, se había acostumbrado a envovler las latas de cerveza en papel de aluminio y las guardaba en el congelador un rato antes de salir de casa. Así mataba dos pájaros de un tiro: se aseguraba que en caso de abrirse ese cajón se confundieran con otros alimentos congelados y, además, cuando podían dar cuenta de ellas aún estaban frías y apetitosas.
Ese sábado su padre había salido a cenar con su "amante", la cual los últimos meses se había convertido en un ente más posesivo de lo habitual. Parecía que el despacho de los Juzgados era más confortable que su propia casa, pero al joven ya le iba bien. Cuanto menos estuviera su padre en casa, menos afrentas compartía con él y más libre se sentía para seguir flirteando con demasiadas cosas poco adecuadas para su edad.
Comenzar con el aprecio de la cerveza había sido el siguiente eslabón después de los cigarrillos, y quemar etapas era algo que le generaba una inmensa satisfacción interna muy difícil de explicar. Vivir al margen de la ley le seducía, y hacerlo acompañado del que se había convertido en su gran y único amigo, le daba una vida que no había sentido antes.
Rhadamanthys era el ser más quisquilloso con la puntualidad que había conocido jamás y sabía que por mucho que se apresurara, cuando alcanzara la cima de la Colina de Ares, el inglés ya estaría allí.
- ¿Hace mucho que te esperas? - preguntó, dejando caer la mochilla al suelo antes de agacharse para sentarse al lado de su amigo.
- He venido antes porque me gusta mirar la Acrópolis iluminada. Es muy diferente a verla con la luz del día...- Rhadamanthys se abrazaba las piernas flexionadas y mantenía su curiosa mirada fija en la historia que se alzaba imponente a escasos metros de su punto de observación.- Es como...mágica...
- Chorradas - Dijo Kanon, agarrando la mochila para abrirla y sacar un par de latas de cerveza - Para mí son cuatro pedruscos mal puestos.
- Me da mucha rabia que no seas capaz de apreciar vuestra historia...- se quejó Rhadamanthys mientras tomaba la lata ofrecida y la abría con destreza - Imagínate siglos atrás a la gente subiendo allí, a rendir respeto a la diosa Athena...
- ¿En serio, Wyvern? - Kanon se lo miró arrugando la nariz - ¿Hoy estamos en un día de esos en que pareces un puto viejo? A ver, dime...¿qué coño aprecias tú de tu pueblo?
- ¡La música, imbécil! ¡Para empezar, la música!
- Uy sí, la música británica...que os creéis que sois los únicos del mundo...
- Los únicos no, pero es buena. Muy buena. Y no lo puedes negar.
- Que sí, Wyvern, lo que tú digas - Kanon alzó la mano e hizo un ademán de desdén para acabar de una vez con esa conversación que no le interesaba en absoluto y, después de dar un largo sorbo a su cerveza, lanzó al pregunta que había estado sembrándole cosquillas en el estómago durante todo el día - ¿Has conseguido eso?
- Sí...- Rhadamanthys estiró las piernas y echó el cuerpo hacia atrás para poder meter la mano en el bolsillo de sus jeans y sacar una pequeña bolsita de plástico con un par de bolitas de hierba dentro.- El vecino dice que hoy me lo da grastis, para que probemos, pero si queremos más lo tendremos que pagar.
- ¡Pues ármalos ya! ¡¿A qué esperas?! - Le alentó Kanon, visiblemente impaciente.
- A que se vaya la gente, joder...- le susurró Rhadamanthys, con el ceño fruncido y guardándose la bolsita en el bosillo de la chaqueta.
- A mí me la suda la gente.
- Pero a mí no, ostias. Somos menores y fumar marihuana en la calle está prohibido. ¿Y si nos pillan, qué?
- Estás de un "correcto" hoy que da asco, Rada.- Kanon también intentó relajarse echándose hacia atrás y hallando una posición más o menos cómoda a pesar de estar sentados en medio de un terreno rocoso.- No vaya a ser que la diosa Atenea también nos vea y se chive a mi padre, ¿no?
- Por ejemplo.- Aceptó Rhadamanthys, dando un largo trago a la lata mientras se miraba a Kanon de refilón y se le escapaba una sonrisa.- Imagínanos sentados a declarar ante el gran y temido fiscal..."sólo estábamos haciendo un experimento de ciencias"...
- Serás gilipollas...- Kanon quiso ofenderse, pero al verdad es que el intento de Rhadamanthys de hacer broma sobre el peliagudo tema que siempre era la aparición de Aspros en sus conversaciones le hizo sacar una sonrisa.
Ya llevaban la segunda lata de cerveza cada uno cuando la noche al fin pareció lo suficientemente cerrada y solitaria para que el inglés decidiera sacar a la luz de la luna su nuevo destello de rebeldía. Kanon estaba medio echado sobre las rocas, con la chaqueta abrochada hasta el cuello y la mirada clavada en el claro firmamento que les espiaba. A varios metros a la redonda había otros grupos de jóvenes también bebiendo alcohol y fumando dentro y fuera de la ley; en uno de los corros alguien amenizaba las horas con las ebrias notas arrancadas a una guitarra acústica y Kanon se sentía extrañamente feliz y tranquilo.
Rhadamanthys desmenuzó un cigarro convencional y mezcló el tabaco con la maría, repartiendo dos montoncitos de combustrible en cada uno de los dos papeles que había desplegado sobre uno de sus muslos. Con minuciosidad colocó la boquilla al primer porro, lo fue enroscando hasta conseguir un fino canuto y lamió el borde del papel para procurar un sellado seguro.
- Toma, el tuyo.
- ¡Por fin, tío! - Kanon se desperezó, irguiéndose hasta quedar sentado y poder cruzar las piernas a lo indio.- Ya me estaba sobando...Entre las cervezas y esta música de los cojones...
- Espérate a que me haga el mío.- Rhadamanthys se concentró en montarse su propio porro, y cuando lo tuvo listo se lo llevó a los labios, mirándose a Kanon de frente y mascullando a duras penas por tener la boca ocupada sujetando el pitillo.- No aspires muy fuerte, por si acaso...No sabemos cómo nos puede sentar ésto...
- Calla y prende.- Ordenó Kanon, acercándose a la lumbre que le ofrecía su amigo.
Rhadamanthys hizo lo propio, y los dos expulsaron la primera bocanada de humo casi al mismo tiempo.
- Joder...sabe fuerte...- Kanon se miró el cigarrillo, embelesado por el humo más denso que surgía de él y con los sentidos medio ebrios gracias a las cervezas que su joven cuerpo ya llevaba entre pecho y espalda.
- Y raro...- el inglés dio otra calada más larga y concienzuda, y el primer golpe de efecto no se hizo esperar.- Joder...creo que me estoy mareando...
- Pues túmbate.- Kanon ya lo había hecho, y mirar el cielo a través del baile del humo que iba surgiendo de sus labios se le estaba antojando algo maravilloso.- Creo que las estrellas se mueven...
- Es el efecto del puto porro, Kanon...Nos estamos colocando...- Otra larga calada llenó los pulmones de Rhadamanthys, que sostuvo el pitillo al aire mientras liberaba el humo muy lentamente, deleitándos en ello.- Pero qué bien sienta...
- Parece que esté flotando. No noto las piedras que tengo debajo.- Sin moverse en exceso Kanon alcanzó la mochila y se la puso bajo la cabeza, a modo de almohada.- Creo que podría quedarme aquí toda la noche...mirando al cielo...- sus labios sujetaron el porro durante los instantes en que le procuró otra aspiración, y cuando fue soltando el aire lo acompañó de la primera cursilada colateral del momento.- Es bonito el cielo cuando está estrellado...si supiera descifrarlo igual hasta doy con mi constelación...
- ¿Y cuál es?
- Géminis.
- ¡No! ¿En serio? - Rhadamanthys ladeó su rostro para observar el perfil de Kanon, aún concentrado en el cosmos.
- Sí, ¿qué pasa con ello?
- Pues que sois unos puto chalados. Al menso eso es lo que se dice de los de tu estirpe, que sois bipolares de cojones.
- Ja, ja, ja...qué gracioso.- Kanon también dio otra calada y siguió con el tema surgido.- ¿Y tú, don perfecto? ¿De qué signo eres? Sorpréndeme.
- Escorpio, y con mucha honra.
Kanon se mordió los labios y enarcó las cejas, dándose tiempo para fabricar una réplica que estuviese a la altura de la ofensa que acababa de recibir - Ahora entiendo porque nadie se te acerca. Debes de ser de aquellos que atacan con tu venenoso aguijón a todo el que lo intenta, pero conmigo no has podido. Debo ser inmune a tu veneno.
- Te equivocas. Lo que pasa es que yo sólo dejo que se acerquen a mí las personas que me interesan. Paso de fingir con las demás. Me ahorro energía y perder el tiempo. Así que date por afortunado, Kanon, eres uno de los elegidos.
El gemelo comenzó a reírse. Primero con pequeños espasmos estancados que iban reverberando en su pecho. Luego con carcajadas que cada vez se fueron volviendo más sonoras e incontrolables.
- ¡Jajajaja, gracias señor Wyvern! - Kanon se incorporó lo justo para poder apoyar el peso sobre su codo y se miró a su amigo con los ojos completamente ebrios y borrosos.- ¡Qué gran honor el mío! Fingiremos que es así, que yo debo darte las gracias por saltarte clases conmigo, beber cerveza y fumar a escondidas. Olvidemos que tú recién aterrizaste al instituto este curso y si no llega a ser por mí aún estarías andando solo por ahí.
- Tal vez me hubiera acercado yo a ti.
- ¡Si soy Géminis! ¡Un puto chalado, según tú! - Kanon ya se había inmerso en un estado de eufória extraño y de díficil control, por lo que la risa la tenía floja y contínua a pesar de las palabras intercambiadas.
- Nimio detalle que acabo de conocer ahora mismo. Y bueno...ya se sabe...nadie es perfecto.- Rhadamanthys le observó de refilón esperando que su nuevo ataque surtiera algún efecto, y al ser partícipe del silencio adoptado por su amigo también liberó las ganas de reír que llevaba aguantándose desde la segunda calada.
- Sabes que puedes irte un poco a la mierda, ¿no?
- Si me acompañas no me importa.- Rhadamanthys volvió a echarse hacia atrás, apoyando la cabeza sobre un brazo alzado y doblado tras ella. En medio de las brumas que ya iban tomando sus sentidos aún pudo ser consciente de lo que acababa de decir, y estaba claro que su sobriedad se hallaba vendida y su razón, afectada.
- Si te acompaño ¿dónde? ¿a la mierda? - Kanon tampoco estaba en posición de leer nada entre líneas, por lo que optó por dar otra calada, más corta y menos intensa.- No te sigo Wyvern...me está entrando un mareo de un par de cojones...- Una mano viajó hacia su frente, donde un sudor frío comenzaba a cubrirle la piel, y se arrastró los cabellos hacia atrás mientras se concentraba en respirar y en absorver el frescor de la brisa nocturna.
- Olvídalo. Tonterías que no sé ni por qué las digo.
Aspiró otra calada y se mantuvo en silencio, aunque su mente no cesaba de fantasear con la idea de aprovechar la poca distancia que le separaba de su camarada de fechorías. Hacía meses que estar cerca de Kanon le revolucionaba las hormonas, y aplacar de algún modo esa descarada revolución le comenzaba a urgir. Apenas tenía quince años, pero tanto su altura como su adusto aspecto físico le otorgaban la apariencia de un chico mayor. Apenas tenía quince años, sí, pero su cuerpo estaba desarrollado y para su desgracia reaccionaba a todos los estímulos que la casualidad y las circunstancias le presentaban, y Kanon no se hallaba libre de culpa, siendo el principal instigador de sus secretas calenturas y solitarios desahogos.
- Tío...las estrellas dan muchas vueltas...Se mueven muy rápido...Dejan estelas de colores tras de sí...Muchos colores...
Rhadamanthys se apoyó sobre el codo para poder arrebatarle el porro a Kanon.- No fumes más, te va a sentar mal.
- Estoy bien, Wyvern...- Kanon hablaba sin mirarle, con la vista fija en el despejado cielo y una sonrisa boba asentada en sus labios. Apenas fue consciente que el cigarrillo era robado de entre sus dedos, por lo que no le importó.- Me siento...bien...¿Tú no ves que todo a nuestro alrededor zumba entre ráfagas de colores? - Preguntó, ladeando el rostro para poder mirar a Rhadamanthys directo a los ojos, conectándose con ellos y sus pupilas dilatadas por el efecto de la hierba.- Devuélveme el piti, venga...- Kanon alzó la mano e indicó con los dedos que deseaba una pronta devolución de su pertenencia robada.
- Pero no le des fuerte.- Rhadamanthys le retornó el medio porro que aún le quedaba y dio otra medida calada al suyo.
- Rada...
- ¿Qué?
- Eres un amigo cojonudo.- Kanon seguía tumbado, sonriente y con la mirada enrojecida y vidriosa. La desinhibición estaba alcanzando las palabras que a duras penas esculpía y Rhadamanthys no se pudo resistir. Se abalanzó sobre él y le robó un torpe e inexperto beso que fue rechazado por puro instinto.- ¡¿Qué coño haces, tío?!
Rhadamanthys se apartó repelido por un fuerte empujón, con las mejillas ardiendo de rubor y los labios sembrados de un desconocido hormigueo que le achicó el estómago y descendió hacia su bajo viente, azorándolo sin compasión. Kanon se halló sentado, con la mente más clara de lo que pudiera desear en ese momento y sin saber qué narices hacer. Se pasó el dorso de la mano por los labios con gesto despectivo, pero la verdad era que su corazón se había acelerado y que la serpenteante sensación que sentía en su boca había quedado curiosa de más. El inglés le miraba sin acobardarse, seguro de lo que acababa de hacer a pesar del momento aunque sus mejillas no pudieran arder más, y Kanon le sostuvo la mirada en un pulso de incomprensión, curiosidad e inoportuna excitación que todo lo que consiguió fue que Rhadamanthys se reafirmara en su acción y le atacara los labios por segunda vez.
Con premeditación y alevosía.
Forjando experiencia con demasiada prisa.
Buscando saborear más allá de la puerta, dando con otra lengua que tampoco sabía qué hacer.
Kanon sintió su boca invadida en exceso, y antes de experimentar una involuntaria reacción volvió a quitarse a Rhadamanthys de encima, aunque su guardia ya estaba baja.- ¡¿De qué vas, Wyvern?!
La respiración la tenía descontrolada por completo, y su amigo seguía devolviéndole la mirada sin flaquear en ningún momento. El mal ya estaba hecho, los instintos aún más enarbolados y la transparecia la única baza con la que jugar.
- No me arrepiento, Kanon. No es un error.- Dijo Rhadamanthys, encogiéndose de hombros e intentando tragar saliva para regar un poco la sequedad que los nervios le habían asentado en su garganta.- Me gustas. No sé por qué, pero me gustas, tío...- Una mano fue hacia sus cabellos y se los alborotó sólo para sentirse que hacía algo con ellas. Evitar la estupefacta mirada de Kanon no era una opción para el orgullo que acababa de poner en juego, pero lo que no había planificado en ninguno de sus ensayos más descabellados y húmedos era ser correspondido con la misma fiereza e impericia que había mostrado él mismo.- Me pones, y no puedo evitarlo...
Kanon tampoco supo si era el efecto del porro, la revolución de sus hormonas o la falta absoluta de razón lo que le lanzó hacia el precipicio de la exploración, pero el hormigueo que el ataque de Rhadamanthys había esparcido por todo su ser le estaba conminando a buscar más de esa extraña y placentera sensación que comenzaba a agolparse y punzar bajo la tela de sus jeans. Sin pensárselo dos veces agarró al inglés por la nuca y se acercó a él con ímpetu, ofreciendo un brusco beso que vivió correspondido y que abortó cuando el torrente de sensaciones amenazó con salirse de todo control.
- Mierda, Rada...Yo nunca...Yo no sé si...- Balbuceó, incómodo con demasiadas reacciones que estaba experimentando su cuerpo.- Joder, Wyvern...- Kanon se llevó ambas manos a los cabellos, se los agarró y viró su mirada hacia el confuso color del rocoso suelo tratando de ordenar demasiadas piezas, tanto en su cabeza como en su cuerpo.- Nos vemos el lunes.- Sentenció, alzándose con toda la rapidez que le permitieron sus tomados sentidos.
Al ponerse en pie fue del todo consciente que sufría una erección que trató de ocultar tirando de la sudadera, aunque los ojos de Rhadamanthys fueron lo suficientemente avispados para fijarse en ella y deleitarse en la corroboración que sus cuerpos se hallaban en sintonía.
- Como quieras - Rhadamanthys aceptó la decisión. Él ya no podía hacer más y sólo le quedaba esperar. Quizás Kanon no tenía las cosas tan claras como él, y después de la escena que acababan de vivir lo mejor era no forzar nada, aunque su cuerpo seguía palpitando bajo las capas de ropa y piel.
- Pues eso, que...que me voy...- La mochila fue recuperada del suelo y Kanon se la colgó de un hombro, disponiéndose a bajar de la Colina de Ares e ir en busca de uno de los últimos metros de la noche.
- Pues vale, Kanon. Ya me lo has dicho. No pasa nada. Nos vemos el lunes si no quieres que quedemos mañana.
- No, no. Mañana no puedo.- Kanon mintió, rascándose la cabeza con estupidez mientras se debatía entre irse o quedarse o desaparecer con el viento. Escaló el pequeño trecho de desnivel bajo el que se habían resguardado y cuando estuvo al punto más elevado, se dio media vuelta y volvió a otear al inglés, que seguía sentado en el suelo pero siguiéndole con la mirada.- ¿Te estás riendo de mí o qué? Porque si es así te juro que_
- ¿Te parece que me ría de ti? - Contraatacó Rhadamanthys, sin dejarle acabar la frase.
Kanon se encogió de hombros y pensó entre la turbiez que seguía embargando sus sentidos y su mermada capacidad de raciocinio, sin hallar señal alguna que avalara su miedo.- Supongo que no, pero es que yo...ya sabes...yo nunca he...
- No importa. Yo tampoco.
- Eres un puto cabronazo, Wyvern, lo sabes ¿no?
- Es lo que hay, Kanon. Yo no lo elegí.
Kanon se reacomodó la mochila y ofreció a Rhadamanthys una última mirada rebosante de dudas y confusión antes de emprender el camino de huida sin volver la vista atrás. El joven inglés recuperó su porro del suelo y lo prendió de nuevo, propinándole una larga calada mientras se echaba hacia atrás y se tumbaba observando el cielo. Sostuvo el aire unos segundos y cuando lo soltó susurró algo que sólo él escuchó.
- Eres imbécil, Wyvern. Quizás ahora no saldrás con él nunca más.
#Continuará#
