9. Tocado y hundido
Lunes por la mañana
Aspros alzó el mentón para darse un par más de pasadas con la cuchilla bajo la quijada, y al deslizar los dedos por la esa zona comprobó que la toda la piel ya se percibía suave. Enjuagó la cuchilla en el auga tibia que tenía estancada en el lavamanos y la dejó en su soporte después de apagarle la vibración. Con una toalla se secó los restos de gel que habían quedado esparcidos por su rostro y se aplicó el "after shave" propinańdose suaves golpecitos sobre toda la piel rasurada. No se había dado cuenta que Saga se había internado en su dormitorio y estaba observádole desde el umbral de su exclusivo baño hasta que reparó en el reflejo que ya hacía rato que le mostraba el espejo.
- ¿Qué ocurre, Saga? - Sin darse vuelta tomó un peine y se atusó el cabello húmedo, mirándose a su hijo mayor a través de la luna medio empañada.
- Hoy tienes ese juicio, ¿no? El que dices que no sabes si vas a ganar...
- Sí, esta mañana.- Aspros dejó el peine e inspiró hondo, echándose un último vistazo al rostro para cerciorarse que el afeitado había sido acurado y aplicándose un poco de ese perfume que llevaba años usando.
- Si no puedes ganarlo no pasa nada, papá...
Aspros se dio media vuelta y cuando vio a su hijo de frente le ofreció una pequeña sonrisa que acompañó con una rápida caricia a sus jóvenes mejillas.- Ya lo sé, Saga. No te preocupes por mí.- Sus pasos le hicieron rodear la cama hasta llegar al perchero donde tenía colgada la camisa blanca que se iba a vestir. Se la abotonó de espaldas a la preocupación de su hijo mayor y abrió el cajón del armario donde tenía guardada una gran colección de corbatas.- ¿Color vino o aguamarina? - Le preguntó a Saga mientras fingía estar indeciso.
Saga se acercó a él fijándose en el color azul marino oscuro de los pantalones que Aspros ya llevaba puestos. Paseó su mirada por toda la colección y tomó una corbata con aguas azuladas de diferente intensidad.- Ésta.
Aspros la tomó sin poner ninguna objeción y se la pasó alrededor del cuello alzado de la camisa. Con una destreza pasmosa se armó un nudo doble, apenas ayudándose en el reflejo que le ofrecía la luna de cuerpo entero que tenía al lado del armario.
- ¿Dónde aprendiste a hacer los nudos de la corbata? Siempre te quedan perfectos.
Aspros se miró con tristeza mientras asía la americana que iba a conjunto con los pantalones y se la enfundaba con su innata elegancia.- Me enseñó tu madre.
Saga mantuvo unos instantes de silencio, durante los cuales siguió admirando todos y cada uno de los movimientos que hacía Aspros en algo tan sencillo y rutinario como vestirse con su indumentaria profesional.- ¿Me enseñarás?
- Claro Saga. Cuando regrese a casa nos ponemos a ello si quieres.
Aspros salió de la habitación, medio obligando a que Saga se apartase para dejarle el camino libre, y fue directo a su despacho doméstico para agarrar su maletín.
- ¿Ni siquiera desayunas hoy?
Saga también le había seguido los pasos hacia allí, incapaz de escapar de la preocupación que esa mañana le generaba su padre.
- Ya me he tomado un café antes de ducharme, hijo. Y la verdad es que hoy no tengo hambre...- Aspros comprobó que tenía todos los papeles que necesitaba y cerró las hebillas del maletín casi a la par.- Tal vez coma algo en la cafetería de los juzgados.- Añadió para tranquilizar a su hijo.- Y ahora debo irme, Saga. Que tengas un buen día en el instituto.- Sin saber por qué Aspros cedió al impulso de tomar el rostro de su hijo mayor con un mano para impedir un alejamiento al momento de darle un beso en la frente.- Dile a tu hermano que...
El Fiscal calló, pensó en que cualquier cosa que pudiera decir no sería bien recibida por el rebelde de la casa y se retiró antes de exponer nada.
- ¿Qué le digo, papá?
- Nada. No le digas nada.
Aspros andó hacia el recibidor, tomó las llaves de casa y del coche y desapareció, dejando tras él esa estela de perfume que siempre le acompañaba en sus éxitos laborales.
No fue hasta que se escuchó la puerta cerrarse que Kanon salió de su habitación, ya vestido y listo para desayunar en la cocina junto a su hermano, obviando los dos afrontar según qué temas que de buena mañana no apetecía saborear. El inminente e inevitable encuentro con Rhadamanthys era uno de ellos, y el malestar que la asumida derrota de Aspros había asentado en Saga era el otro. Incompatibles los dos en una mesa donde cada uno se quitaba el hambre de la noche sumiéndose en sus propios quebraderos de cabeza.
Cuando llegaron a la clase, el inglés ya estaba sentado en su lugar y con los apuntes y el libro que tocaba tratar a primera hora. Kanon le miró de refilón, con el ceño fruncido y los labios sellados, intentando digerir un incesante revoloteo de nervios que tenían su estómago asediado. Pasó por delante de su pupitre sin quitarle el ojo de encima, y todo lo que consiguió fue que Wyvern alzara sus dorados ojos hacia él y le mirara sin mediar palabra.
Saga ocupó su puesto, más o menos en medio de la clase, y Kanon fue directo hacia el suyo, el cual se hallaba al costado de la pared, casi detrás de todo. En diagonal le quedaba su hermano, y dos puestos por detrás de Saga se hallaba Rhadamanthys, por lo que tenía a ambos bien controlados si así lo quería.
Concentrarse en la clase de Historia fue una misión imposible. Kanon no cesaba de hacer rodar el bolígrafo entre sus dedos y de centrarse en Rhadamanthys, esperando que el inglés hiciera algún gesto, le dirigiera alguna mirada o le transmitiera algún mensaje fuese como fuese, pero nada...El muchacho parecía estar muy interesado en la clase que estaba tratando la Segunda Guerra Mundial y no cesaba de tomar apuntes y aislarse de cualquier estímulo cercano que pudiera distraerle.
En cambio, quien no podía dejar de cotillear y girarse hacia atrás era Saga. Muy a su pesar no podía evitar que la situación que estaba viviendo su hermano le generara curiosidad, y en una de las veces que ladeó su cabeza hacia la posición de Kanon le hizo algunas señas que transmitieron las ganas de cotillear la reacción del inglés al tenerle sentado sólo con un compañero de por medio.
- ¿Te ha dicho algo? - Susurró Saga por lo bajín, tapándose la visión de la boca con una mano para evitar ser descubierto.
Kanon negó con la cabeza y siguió haciendo rodar el bolígrafo entre sus dedos hasta que éste cayó al suelo y fue a parar dos mesas más adelante, obligando a que el gemelo se tuviera que levantar para recuperarlo con rapidez.
La profesora cesó en su explicación y se miró a Kanon con cierto disgusto, bufando sin disimulo cuando retomó su perorata. Kanon regresó a su silla e hizo un molesto ruido al arrastrarla hacia adelante, ocasionando otro pequeño paréntesis en el monólogo de la maestra. Saga volvió a girarse, mirándose a Rhadamanthys para ver si éste reaccionaba de alguna manera y luego para fijarse otra vez en Kanon, que también fue testigo de la indiferencia que les despachaba el inglés para seguidamente focalizarse en Saga y encogerse de hombros con evidente disgusto.
- ¡Hermanos Samaras! - Exclamó la profesora, harta de ver cómo dos de sus alumnos hacían cualquier cosa menos prestarle atención a la clase.- ¿Hay algo que queráis compartir con todos?
- No, no..- Saga se revolvió en su silla para sentarse bien de frente y se recolocó las gafas sobre el puente de su nariz.
- ¿Estás seguro, Saga? - Insisitó la mujer con un tono bastante desagradable.- Porque parece que te interesan más las tonterías que hace tu hermano que la historia del mundo en el que vives.
- Para nada, señorita...- Saga hundió la vista en los garabatos que había tomado de apuntes y ya no vio cómo la expresión de Kanon se ensombrecía al ser definido como "el que hace tonterías".
- ¿Y tú, Kanon? ¿Quieres salir a la pizarra a explicarnos a todos cómo se desarrolló el desembarco de Normandía?
- No, gracias. Ahora no me apetece.- Replicó con afrenta, consiguiendo que Rhadamanthys se sonriera aunque no levantara la cabeza de los dibujos con los que también se entretenía.
- Pues a la que vuelva a verte jugar con el bolígrafo, mirar hacia el costado o charlar con tu hermano, saldrás aquí en frente y nos iluminarás a todos con tu saber, puesto que parece que ya tienes la lección muy bien aprendida.
Kanon ardió en ganas de responderle, pero hizo uso de su inteligencia y por alguna extraña razón se mantuvo callado y quieto, intentando no llamar más la atención de esa mujer odiosa y amargada, pese a que su mirada seguía traicionándole a cada momento, desviándose hacia el puesto de Rhadamanthys y tentando un fugaz encuentro de miradas que fue inevitable experimentar más de una vez durante las dos horas de clase antes del recreo.
La llegada del descanso supuso otro golpe a su orgullo. Si pensaba que Rhadamanthys se acercaría a él y le hablaría de cualquier cosa para propiciar que compartieran ese rato juntos, no fue la realidad del momento. El inglés agarró su bocadillo y bajó al patio sin siquiera mirarle; eligió un rincón apartado de la vista de todos y después de comer se fumó el cigarrillo que se había guardado a medio consumir antes de entrar al instituto. Kanon barrió con la mirada todo el espacio al aire libre que tenían para poder evadirse durante esa media hora de respiro y no dio con él hasta que la hora de regresar a clase se iba acercando, ubicándolo en la entrada de los aseos exteriores donde rápidamente se esfumó.
Kanon gruñó para sus adentros. No le gustaba ser ignorado de esa forma tan descarada, y menos después de lo que ambos vivieron apenas dos noches atrás. Si alguien debía estar ofendido era él y no el engreído del inglés que se creía estar por encima del bien y del mal, obviándole como si fuera una mierda.
Sin pensárselo se abrió paso entre los ríos de estudiantes que ya se iban dirigiendo hacia sus respectivas clases y se acercó los aseos ubicados en el patio, que eran los que había elegido Wyvern. Al llegar chocó con un chaval de un curso superior y respondió a los insultos recibidos con la misma energía que se personó al lado de su amigo, el cual estaba lavándose las manos después de haber usado el urinario de pared.
- ¿Piensas ignorarme todo el día? - Le soltó, apoyándose en los blancos azulejos del muro con los brazos cruzados, creyéndose intimidar al inglés.
- ¿Quieres que lo haga? - Rhadamanthys le replicó mirándole directamente a los ojos sin dejar de secarse sus manos, restregándolas directamente sobre la tela de los negros jeans.
- ¡No es que quiera o no! ¡Lo estás haciendo, Wyvern!
- No fui yo el que se largó cagando leches el sábado. Creí que te habías cabreado conmigo.
- ¡Claro que me cabreé! Me...me...- Kanon tragó saliva a duras penas. El estómago lo tenía dado vuelta y la proximidad de Rhadamanthys se le estaba antojando tan adrenalítica como peligrosa.- Me...
- Te ¿qué, Kanon? - El inglés se regocijaba molestando al gemelo. Ya le conocía el carácter, y hacerlo rabiar con situaciones en las que él se sentía más seguro era una diversión que le ofrecía una poderosa sensación de control.
- Pues...que me...me puse duro, tío...- admitó Kanon, masticando un avergonzado susurro.
- A mí también me dejaste empalmado.- Rhadamanthys no mentía, y algo le decía que esa explícita conversación no iba a quedar ahí.- Y me las tuve que arreglar ahí mismo...
- ¡Joder, tío! - Kanon se llevó una mano a los cabellos y se los echó hacia atrás, apoyándose con la otra en la cadera y mirándose a Rhadamanthys fijamente a los ojos.- Llevo todo el puto fin de semana empalmándome cada vez que pienso en...en...- Poco a poco sus verdes ojos fueron recorriendo el cuerpo del inglés, desde sus extraña mirada hacia su bajo vientre, donde apreciaron que algo ahí estaba tomando una forma muy sugerente, experimentando ese mismo efecto en su propia entrepierna por enésima vez en pocos días.- ¡A la mierda!
No se lo pensó. Atacó los labios de Rhadamanthys con la misma inexperiencia mostrada la primera vez. Dejó que su lengua penetrara en boca ajena todo lo que pudo y se sintió arder cuando notó que era correspondida y lamida por la del inglés, que la presionó para expulsarla de su dominio y poder colarse entre los labios que tenía apretados sobre los suyos. La inexperta pugna para conquistar terreno hizo que ambos se separaran como si sus bocas se hubieran abrasado, mostrándose con las mejillas encendidas, las miradas dilatadas por la adrenalina y la urgencia de experimentar serpenteando por sus dedos.
El timbre que señalaba el reinico de las clases resonó por todo el patio y Rhadamanthys agarró a Kanon de la camiseta para arrastrarlo con él dentro del cubículo de un wc, cerrando la puerta con un fuerte golpe que aseguró con el imprescindible pestillo. Kanon creía que el corazón le iba a salir por la boca y no sabía qué paso avanzar mientras se perdía en el fulgor dorado de esa mirada que le hablaba sin palabras. Fue Rhadamanthys el que intentó compartir un beso más placentero y menos voraz, rozando los dispuestos labios de Kanon con algo más de dedicación, haciéndoles desear antes de volver a deslizar su lengua entre ellos y saborear la de Kanon, que poco a poco comenzaba a saber jugar. Las manos del inglés bajaron hasta la cadera de su amigo, asiéndose al cinturón que sujetaba los jeans para atraerle hacia adelante y conseguir que sus cuerpos chocaran y se reconocieran las excitaciones. Kanon gimió al notar cómo su erección era presionada por otra y se deleitó restregándose contra ella, excitándose todavía más al escuchar cómo Rhadamanthys también se ahogaba un gemido de placer.
- Joder Rada...quiero tocarte la polla...- bramó cuando su mano agarró con fuerza el paquete del inglés.
- Hazlo...- Kanon manoseó el bulto con ganas, clavando su mirada ahí cuando Rhadamanthys le apartó la mano para poder desabrochar la colección de botones que cerraban los jeans y bajar la goma de los negros bóxers, dejando expuesto su pene completamente erguido.- Tócame ahora...- le asió la mano sin pedir permiso y la cerró entorno al tronco de su verga, acompañándola en una serie de fricciones que le supieron a gloria y que para su desgracia cesaron de repente.- ¿Qué haces? - se molestó. - ¡Sigue!
- Me está doliendo la polla también - Kanon le miró con el ceño fruncido mientras se apresuraba a desabrocharse el cinturón, botón y cremallera, asiéndose su propia verga para liberarla de tanto aprisionamiento.
El rubio se la miró con hambre, pero antes de poder rendirse a sus impulsos y magrearla a discreción se halló con su boca asaltada otra vez. Kanon le había agarrado de la nuca sin que se diera cuenta y pronto le faltó el aire. Su boca era invadida con prisas y furor, sin espacio para poder respirar nada al tiempo que el choque de ambos penes entre sus cuerpos hizo que una dulce flojera le recorriera el espinazo hasta bajarle por las piernas. La asfixia amenazaba con arrebatarle los pocos sentidos que le quedaban sobrios y se vio a sí mismo agarrando los cabellos de la nuca de Kanon para conseguir que le dejara un poco de espacio.
- Tío...que no me dejas respirar...- balbuceó con los labios hinchados y enrojecidos por tanto maltrato.
Kanon también aspiraba aire de donde podía, ajeno a la inflamación que sufrían sus propios labios. El latir del corazón le retumbaba por todo el cuerpo y sus ojos sólo querían volver a fijarse en el rosado y brillante glande del pene de Rhadamanthys. Ambos seguían más que erectos y Kanon probó de mover sus caderas suavemente para propiciar que se fueran rozando entre ellos, excitándose aún más con la oleada de placer que le bajó por las piernas. Rhadamanthys cerró los ojos para agudizar más la sensación que ese inesperado movimiento le estaba sembrando en sus testículos y se mordió los labios cuando cedió a las ganas de tomar ambos penes en su mano y frotarlos a la vez.
- Jodeeeer...- Masticó Kanon, cerrando sus ojos con fuerza y viéndose obligado a fijar un equilibrio, agarrándose a los hombros de Rhadamanthys.- Aaaghh...- Sin darse cuenta había apoyado su frente contra la del inglés, adquiriendo un ángulo de visión perfecto para enfocar la imagen de sus dos glandes hinchados, brillantes y húmedos por la aparición del líquido preseminal, junto a la mano del Wyvern frotándolos cada vez con más desesperación.- Ostias...Rada...- Atinó a decir, mordiéndose los labios para no gimotear como un estúpido.
- ¿Paro? - Preguntó Rhadamanthys, con la respiración entrecortada.
- ¡No! ¡Ni hablar! Pero es que...es que...voy a correrme ya...
Estas fueron las palabras que invitaron a Rhadamanthys a masturbarse todavía con más ahínco, y supo que Kanon ya estaba perdido cuando los dedos de sus manos se le clavaron como garras en los hombros. Un gemido quedó ahogado en la garganta del gemelo y todo su cuerpo se tensó por la sacudida del orgasmo, pero él aún estaba ascendiendo y no dejó de frotar hasta que también eyaculó entre sus dos cuerpos.
La descarga de placer le hizo flaquear las piernas y se sostuvo con la pared mientras la mano verduga seguía asiendo los dos penes. Kanon atinó a mirar el enchastre que acababan de hacer y en vez de apreciarlo repugnante, ver la mano de su amigo aún tocándole y cubierta de semen se le antojó algo sumamente excitante.- Joder...qué guarrada...- murmuró, sonriéndose como si estuviera drogado por la descarga de endorfinas.
Rhadamanthys al fin apartó la mano de la unión de sus miembros en descenso y la sacudió hacia un costado para librarse un poco de ese baño de leche que acabó limpiando un poco más con la ayuda de papel de wc.
Poco a poco Kanon fue recobrando la respiración, y se apartó del inglés hasta dar de espaldas con la puerta y tener espacio para recolocarse los calzoncillos y los jeans, reparando en que su camiseta había quedado salpicada de semen.- Mierda...¿y ahora qué? - dijo, asiéndose la tela del borde para apreciar mejor el nuevo estampado.
- Ahora lo arreglamos, Kanon...- La ropa de Rhadamanthys también se había manchado, pero ya era hora de clase y no quedaba nadie en el patio, por lo que no había motivo de preocupación.- Con jabón de manos y un poco de agua supongo que se irá...
- Rada...- Dijo Kanon, mirándole directamente a los ojos.
- ¿Qué?
- ¿Qué nos está pasando?
- Me gustas. Ya te lo dije...- Rhadamanthys también se cerró los jeans y alargó el brazo para dar con el pestillo y abrir la puerta, dejando a Kanon dentro del wc aún medio entumecido por lo que acababan de experimentar. Su destino fue el lavamanos y desde el espejo volvió a otear a su amigo, quién le devolvía la mirada desde su espalda.
- Nos hemos pajeado, Rada...- reflexionó Kanon, arrugando la nariz con cierta incredulidad.
- Y nos hemos besado...y podemos volver a hacerlo cuando quieras. Tengo ganas de...de probar muchas cosas contigo...- el inglés virando el rostro lo justo para mirarse a Kanon y sonreírle.- No me había pasado nunca...te lo juro...pero es que tú...joder, Kanon...me pones mucho...
El gemelo se pasó ambas manos por los cabellos y pensó. Pesó en lo que acababan de hacer. En lo bien que le había sentado. En las ganas que le habían quedado de tocar y ver más...Pensó en que su amigo se estaba transformando en algo que él no había previsto, pero lo peor de todo, es que le gustaba que así fuera.
- El viernes es mi cumpleaños...- soltó Kanon a cuento de nada, sintiéndose el corazón desbocado otra vez.
- Dieciséis.- Anunció Rhadamanthys, sonriéndole a través del reflejo mientras frotaba con agua y jabón las manchas de su camiseta.
- Pues eso...
- Pues vale.
- Mi padre no acostumbra a estar en casa los sábados por la noche...podríamos celebrarlo tú y yo solos...
- Pero está tu hermano...
- Que obligaré a que se vaya al cine.
- Ok, got it. Y esto se resume en que...
- Que vengas a mi casa, joder. Sé dónde mi padre guarda su Ouzo para celebraciones especiales...y pronto se le va a caducar...- Propuso Kanon, exhibiendo una sonrisa pura, pícara y con ganas de comerse la boca del mundo junto al cuerpo entero de alguien más.
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Sobre el mediodía, a las afueras de los Juzgados
- ¡Señor Samaras! ¡Señor Samaras! ¡Aquí!
Varios periodistas se agolparon a la zona habilitada para las declaraciones de los letrados a la salida de los juicios, y ese día el abogado más solicitado era el Fiscal General de Atenas.
Aspros apareció ante la concurrencia luciendo su rostro contraído de seriedad, aunque su porte seguía siendo altivo y elegante como siempre. Atender a los medios era algo que detestaba, pero que se veía obligado a afrontar debido a su condición de abogado del estado.
- Señor Samaras...- consiguió decir una periodista, que supo captar su atención adelantándose a todos sus colegas.- ¿Considera el fallo de hoy como una derrota?
- El Señor Thane Sifakis será recluído en un centro psiquiátrico durente veinte años, donde se tratará su desorden psíquico. No leo ninguna derrota en esta sentencia. Su libertad será eliminada.
- Pero se sabe que usted pedía varios años de cárcel para el médium...- apuntó otro periodista.
- El Señor Sifakis contaba con un buen abogado defensor, pero si quieren saber si la Fiscalía recurrirá la sentencia...ésto es algo que aún tenemos que valorar.
- ¿Ha pensado que tal vez usted ha perdido firmeza en los juicios? Desde que comenzó el proceso contra el Señor Thane Sifakis que su intachable habilidad como fiscal se está poniendo en entredicho...
- El fallo emitido por el juez es el que es y de momento no podemos hacer nada más que valorar un recurso y decidir si se presenta. Por ahora, ésto es todo lo que yo puedo decir. Si me disculpan...- dicho ésto Aspros comenzó a bajar la escalinata, abriéndose paso entre los periodistas que seguían atacándole a preguntas incómodoas, y cuando alcanzó el coche donde Úrsula le esperaba, vio que unos metros más adelante un convoi policial aguardaba la simultánea llegada del falso médium acusado de embaucar y arruinar a familias enteras.
Sus miradas se cruzaron en la distancia.
Se sostuvieron unos instantes y cuando el policía que acompañaba al médium le puso la mano en la cabeza para protegerle la entrada al vehículo, una expresión de gratitud surgió de su mirada triste y violeta.
Una gratitud que invitó a Aspros a bajar el rostro levemente en señal de reconocimiento mutuo, deseando transmitirle unas disculpas que le parecían insultantes.
- Vamos cariño...- Demandó Úrsula, abriendo la puerta del copiloto desde su posición tras el volante.- Salgamos de aquí de una maldita vez.
Aspros entró al coche y cerró la puerta deseando sellar un destino que sabía doloroso.
Insalvable...
..y terriblemente injusto.
#Continuará#
