10. Uno más

Sábado 31 de Mayo de 1996. Un día después del cumpleaños de los gemelos.

- ¿Saga ya no está? - Rhadamanthys entró con cautela, ocultando tras de sí una bolsa llena de bebidas.

- No, y le he hecho prometer que no llegaría a casa al menos hasta las tres de la madrugada.

- ¿Y tu padre? - Insistió el inglés, como necesitando corroborar cuatro veces que él y su amigo se encontraban completamente solos.

- Se ha ido a pasar el fin de semana a Delfos, con su secretaria-amante. Según él se merecen un descanso después de afrontar un juicio que ha perdido.

Rhadamanthys relajó la tensión que había acartonado su cuerpo y avanzó hacia el salón para dejar la bolsa con las cervezas sobre la mesa.- ¿Cómo os fue la celebración con vuestro padre? - Preguntó para ser cortés y de paso disimular una tediosa incomodidad que se había adueñado de él justo en el momento de entrar.

- Podría haber sido peor.- Kanon ojeó el contenido de la bolsa mientras el joven rubio se apoyaba con las manos y el trasero contra el borde de la mesa, observando los movimientos de su amigo.- Fuimos a cenar a su restaurante favorito, nos regaló un teléfono móvil a cada uno y dinero para que nos compremos la ropa que queramos. Luego de ésto ya se fue con esa estúpida que tiene por novia.- Rhadamanthys le observaba con atención, mudo, y Kanon también se contagió un poco de la extraña incomodidad que gobernaba al inglés.- Oye...¿por qué tantas cervezas? Te dije que podemos robarle el Ouzo a mi padre...

- No me apetece algo tan fuerte, la verdad. Prefiero pizza y cervezas, las cuales deberías meter ya en la nevera.

- Vale, a sus órdenes...- Kanon bromeó haciendo uso del gesto militar de obediencia y agarró la bolsa para poner todas las latas en fresco.- Y...¿has traído algo más?

- ¿Te refieres a ésto? - Una bolsita con algunas bolitas de maría se balanceó ante los ojos del gemelo, que se iluminaron con esas ganas locas que tenía de quemar la vida con demasiadas prisas.

- ¿Cuánto dinero debo poner? - Preguntó, recordando la advertencia de pago que se les iba a requerir si repetían pedido.

- Nada. Considéralo mi regalo de cumpleaños.- Rhadamanthys se sonrió con picardia para intentar disumular las odiosas dudas que le dificultaban su proceder.

Kanon tampoco sabía muy bien cómo ir tejiendo el momento. Lo que ambos habían experimentado ese lunes entre las sucias paredes de los baños de su instituto no se había vuelto a repetir y ahora ninguno de los dos descifraba con claridad cuál era la línia de comportamiento que debían seguir. Se miraron directamente a los ojos durante un largo instante, asiéndose a un silencio desconocido hasta que la espontaneidad del gemelo acudió a su rescate.

- ¿Y ahora qué se supone que debemos hacer, Wyvern? ¿Nos besamos? ¿Nos quedamos en pelotas? ¿Fumamos un par de porros? - Las preguntas fueron acompañadas por una divertida expresión que reafirmaba su nula experiencia en un terreno como el que ambos estaban comenzando a caminar.- ¿Nos bebemos una cerveza? ¿Nos toc_

- ¿Y si comenzamos por elegir las pizzas que vamos a cenar? - Propuso Rhadamanthys, aún sujetándose con ambas manos en el borde de la mesa mientras se deleitaba en observar sin reservas cada porción de la esencia de su amigo.- Yo tengo hambre...

Kanon aceptó la propuesta y fue en busca del papel propagandístico donde había la oferta de pizzas de su restaurante preferido con servicio a domicilio.- Yo ya sé cual es la mía. Elige tú la que quieras y de mientras ya voy llamando.

Kanon tenía el teléfono inalámbrico en su mano y marcó de memoria el número de esa pizzería que acudía al rescate de muchas cenas compartidas a solas con Saga.

Hecho el pedido y quedándose otra vez sin nada más que sus mutuas presencias, Kanon se acercó a Rhadamanthys y se colocó muy próximo a él.- No hemos vuelto a hablar de lo que hicimos el lunes.- Rhadamanthys negó con la cabeza, pero para ratificar la afirmación que acababa de plantear Kanon.- Toda la semana ha sido rara de cojones...

- Ya sé, Kanon...- Asumió el rubio, imposibilitado de quitarle la razón a su amigo.

- Me dijiste que quieres probar muchas cosas conmigo, que lo podíamos repetir cuando quisiera...

- Sé lo que te dije, ¿vale? - Saltó Rhadamanthys, como si estuviera defendiéndose ante un ataque.

- ¿Entonces por qué llevas toda la jodida semana inventándote excusas para no salir conmigo?

Rhadamanthys rodó la mirada hacia el techo y rezongó algo initeligible al tiempo que sus piernas se movían con un tic nervioso que no pudo frenar.- Es que...no sé qué me está pasando, Kanon...- confesó, concentrándose en la expresión indagadora con la que le acechaba su amigo.- Creí que sólo me ponías caliente...

- ¿Qué quieres decir? Porque no te estoy entendiendo, Rada...- El inglés resopló y se agarró los cabellos con una mano para alborotarlos con rabia, siendo éste un gesto muy común en él cuando algo le hacía sentir inseguro o nervioso. Kanon se fijó en la extraña incomodida que volvía a hacer mella en su amigo, pero en vez de cambiar el rumbo del momento decidió zambullirse más en él.- Dices que te gusto...que te pongo...- la verde mirada se fijaba con rápida intermitencia en cada uno de los dorados irises del inglés, que habían decidido mantenerle la conexión sin apenas pestañear...- ¿Por qué?

Ahí Rhadamanthys bajó la mirada, sólo un momento durante el cual reflexionó una razonable respuesta que no tenía.- No sé qué decirte que no suene estúpido, Kanon...- Admitió al fin, mirándole de nuevo a los ojos con un leve encogimiento de hombros.

- Saga es igual a mí. ¿Por qué yo y no Saga? ¿Por qué Saga no te pone a mil?

Una sorpresiva e inquieta risa asaltó al inglés, puesto que para él esa pregunta no tenía lugar.- Tú y Saga para nada sois iguales.

- Físicamente sí.- Insistió Kanon.- Vaaale...de acuerdo...él ahora tiene que llevar gafas a ratos y yo no, pero aparte de ésto...¿qué diferencia hay?

Rhadamanthys se mordió los labios al tiempo que pensaba en cómo salir adelante de esa conversación que ni siquiera se había imaginado.- Si te lo digo voy a sonar cursi, ridículo y ñoño.

- Pues yo te digo que me estoy aguantando las ganas de comerte la boca otra vez desde el lunes. Te digo que no sé por qué también me pone cachondo pensar en ti y si encima me imagino que ahora te regresas a Inglaterra, me entra un cabreo que ni yo me soporto, Wyvern...

- ¿Por qué te cabrearía que me fuera? - Se interesó Rhadamanthys, aprovechando la ocasión para no exponer la desnudez de su jovencísima alma.

- ¿Y por qué yo soy diferente a Saga? - Contraatacó Kanon, enarcando las cejas con la satisfacción de saberse con el control de la jugada.

Rhadamanthys sostuvo el aire que tenía dentro, reflexionó al verse atrapado otra vez y se lanzó a compartir sus sentimientos. Tal cual. Sin velos ni tapujos.- La diferencia entre tú y tu hermano la tienes aquí dentro, Kanon...- Dijo, estirando el brazo para apoyarle la mano en medio del pecho.- No sé explicarte mejor...pero está aquí...Te niegas constantemente, y no sé por qué, porque para mí eres un tío cojonudo que encima está...estás...- Rhadamanthys calló, tragó saliva y al comprobar que Kanon seguía mirándole con fijeza y extrañamente en silencio continuó sincerándose, a pesar de la vergüenza - ...es que estás buenísimo, joder...y...y me da mucha rabia que no quieras ver que...que puedes conseguir lo que te propongas si es que te atreves a proponerte algo...y que importas a las personas. Que importas al hermano que cada tanto desprecias, que importas al padre que tienes que...vale, no será perfecto, pero te ama...y me importas a mí porque...porque siento que...No es sólo que me gustas mucho...es que además creo que...que te_

Kanon no se refrenó más. Se agarró a la tela de la camiseta de Rhadamanthys y le buscó la boca, necesitando robarle un beso de esos que le electrizaban todo el cuerpo, aunque en esa ocasión fue algo más taimado, más delicado, más...experto.- No quiero que te regreses nunca a Inglaterra porque...- los labios de Kanon apenas se habían apartado de los de Rhadamanthys, por lo que su cálido aliento los rozaba al hablar.

- Porque ¿qué? - susurró con los ojos cerrados, embriagándose con ese consquilleo que sentía sobre sus labios entreabiertos.

- ¡Joder Wyvern! No lo quiero y punto.

Kanon volvió al ataque, buscando por instinto replicar la experiencia compartida días atrás, pero la noche era larga y Rhadamanthys supo sobreponerse a sus propias ansias de descubrir y probar.- Tío, las pizzas no tardarán en llegar...

- A la mierda las pizzas.- Una mano de Kanon bajó directa a tantear la entrepierna de su amigo, quedándose con las ganas de chequear su estado gracias a la irrupción del interfono.

- Las pizzas, Kanon. Te lo dije...

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Cuatro años después. 20 de Junio del 2000.

- ¡Kanon, las pizzas! - Rhadamanthys estaba acarreando una de las cajas que habían traído de casa de sus padres y soltarla para contestar al timbre no lo vio como opción.

"¡Abre tú!"

La voz de Kanon emergió del baño, donde hacía rato que estaba metido tratando de arreglar una fuga de agua.

- ¡Yo estoy con mis cajas!

"¡Y yo con la puta conexión del agua!"

Rhadamanthys gruñó en medio de todo el desorden que reinaba en el pequeño salón y dudó unos momentos antes de decidir dónde bajar la caja repleta de sus colecciones de cassettes y cds. Sorteando cajas y bolsas de plástico pudo llegar a la puerta y responder al impaciente repartidor. Visto el percal que había esparcido por todo el espacio decidió esperar ahí mismo la llegada de lo que sería un almuerzo tardío, pagando con el dinero casi justo que ya se había preparado al hacer el pedido.

- ¡Kanon! ¡Déjalo ya! ¡Vamos a comer!

El inglés atravesó de nuevo todo ese tendido de cajas y objetos, y al recordar que aún no tenían una mesa donde poder comer, optó por dejar las cajas de las pizzas encima de la caja que guardaba su colección musical.

"¡Puta mierda! ¡Joder! ¡Me cago en la..! ¡Wyvern! ¡Corta el agua!"

Rhadamanthys gruñó. Refunfuñó y se supo al borde de perder el último gramo de la casi infinita paciencia que tenía. Tratando de obviar toda la sarta de insultos e improperios que salían del baño brincó hasta la puerta y cerró el paso general del agua.- Se lo dije, joder...que llamara a un lampista...- maldijo para sí mismo - ¡Ya está!

Ver aparecer a Kanon chorreando agua no tenía precio. Y ofrecerse al placer de poder soltar un "te lo dije" al chaval más terco que había conocido nunca, tampoco.

- He jodido la tuerca del tubo de alimentación.- Informó Kanon, que lucía el cabello escurriendo agua, la camiseta totalmente empapada y adherida a su cuerpo y los vaqueros mojados hasta casi las rodillas.- Las instalaciones de este piso son una puta mierda.- La llave inglesa que estaba en su diestra fue lanzada por ahí con ciertos aires de rendición y Rhadamanthys no se abstuvo de reírse un poco a costa de su amigo.- ¿Y tú de qué te ríes, eh?

- Es que te lo dije, Kanon.

- ¡Quería intentarlo! ¡¿Qué mal hay en ello?! - Rhadamanthys continuó sonriéndose y se dispuso a abrir las cajas de las dos pizzas, comprobando que ya estaban cortadas en triángulos.- Y tú no me ayudes, no...

- Estoy preparando "la mesa"...- El tono burlón con el que habló el rubio inglés desesperó un poco al gemelo, pero no podía negar que esa era su pequeña mala intención.

- ¡Búscame una toalla, joder!

- ¡No sé en qué caja están!

- Me estás cabreando Wyvern...

- ¿Yo? No sé por qué haría tal cosa...- Ignorando la figura empapada de Kanon, Rhadamanthys hizo un poco de espacio alrededor de la caja elegida como mesa y se sentó con las piernas cruzadas, disponiéndose a dar cuenta de su pizza.

- ¿Sabes que te digo? Que te vayas a la mierda.

Con tres zancadas Kanon llegó a la cocina y no se andó con miramientos a la hora de abrir y cerrar cajones en busca de algo con lo que poder secarse un poco la cara y el cabello.

- ¡Ya que estás en la cocina, tráete las cervezas! - Gritó Rhadamanthys, cerrando los ojos al escuchar un sonoro golpe y varios cubiertos cayéndose al suelo, riéndose cada vez con más ganas al ver la desesperación de Kanon.

"¡Mierda de piso! ¡Joder! ¡¿No había otro que estuviera en ruinas directamente?!"

- ¡Te recuerdo que fuíste tú el que no quiso ir a ver más pisos ni apartamentos! Además, yo creo que con un poco de paciencia y amor lo podemos dejar bastante bien...

- ¿Amor? - Preguntó Kanon, personándose en medio de la pocilga sin camiseta, con un repasador de cocina en la cabeza y con dos latas de cerveza en las manos.- ¿Tú me ves hoy con cara de "amor"?

- Te veo desquiciado perdido - Rhadamanthys aceptó la cerveza que le era tendida y Kanon se sentó al suelo frente a él, abriendo la lata y dándole un largo sorbo antes de dejarla al suelo y frotarse la cabeza con el repasador.

- Es que...el alquiler no es barato, y no hay nada que vaya bien en este puto piso...

- La nevera sí - Rhadamanthys también dio un buen sorbo a su cerveza, divirtiéndose con la desazón que embargaba a Kanon desde el ultimátum que le había planteado esa mañana.

- Sí, vale, de acuerdo...Pero no tenemos ni mesa donde comer. Ni cama donde dormir. Ni agua en el mugriento wáter sin que ahora se inunde el piso entero.

- ¿Y a ti desde cuándo te importa todo ésto?

- ¿En serio, Wyvern? - Kanon agarró un triángulo de pizza y se zampó la mitad de un mordisco.- Parece que te estés burlando de mí y no me hace puta gracia - refunfuñó con la boca llena.

- Ya te digo yo lo que no te hace puta gracia, Kanon...

- A ver, ilumíname.- Otro sorbo de cerveza ayudó a bajar el gran bocado de pizza, y unas gráciles muecas deformaron las facciones de Kanon mientras éste se pasaba la lengua por las muelas.

Rhadamanthys también mordisqueó su porción de pizza, y teniéndola a medio masticar se aventuró hacia terreno pantanoso.- Lo que no te hace nada de gracia es que tienes que decirle a tu padre que nos vamos a vivir juntos. Te lo he avisado esta mañana: o se lo dices tú o se lo digo yo esta misma noche.

- Tú no vas venir esta noche...- Le advirtió Kanon, frunciendo el ceño ante el presentimiento de una nueva amenaza.

- Me ha invitado, Kanon.

- ¡¿Qué?! ¡Tú eras mi excusa para librarme de esta maldita cena!

- ¡Es su cumpleaños! ¡¿Qué te cuesta acompañarle en su celebración?!

- ¡¿Por qué me haces ésto, Wyvern?! ¡Sabes que yo con mi padre me llevo fatal!

- Pero a mí Aspros siempre me trata bien, y si me ha invitado es porque para él debo ser uno más de la familia ¿no crees? ¿no te gusta verlo así?

- Detesto cuando hablas de él como si le conocieras de toda la vida.- Kanon se estaba enfadando de verdad, y para contener un poco la rabia que le daba constatar el aprecio que sentía Wvyern por su padre se concentró en doblar entre sus dedos el resto de pizza y pegarle otro mordisco que le dejó la boca llena y una gota de tomate resbalando por la comisura de sus labios, la cual limpió con un dedo que acto seguido chupeteó.

- Que tu padre no me echara de tu casa la mañana esa después de celebrar tu diceciséis cumpleaños tuvo que darle algún punto a favor, Kanon. No me jodas que ahí no sentiste algo de cercanía con él, porque yo pasé de verme despedido por la ventana a ser invitado a desayunar junto a él.

- Tenía que aceptarte, Rada. Eras mi amigo y no le quedaba otra.- Kanon se negaba a admitir que esa nefasta y lejana mañana había sentido un extraño afecto hacia su padre, por lo que eligió coger otro trozo de pizza que mordió casi por la mitad.

- ¡En el fondo fue divertido, no puedes decirme que no! - Se rió Rhadamanthys, recordando el momento en que Saga asaltó la habitación de Kanon para alertarles que su padre había llegado a casa en contra de todo pronóstico.

- ¡¿Divertido?! ¡A mí se me pusieron los huevos por corbata, Wyvern! - Recordó Kanon, olvidándose un poco de su enquistado rencor.- ¡Estábamos en pelotas y con la habitación apestando a porro! ¡Nos habíamos pasado la noche bebiendo, fumando e intentando hacer algo más que manosearnos las pollas!

- No fuimos capaces de sacar un condón del envoltorio sin romperlo - Se rió Rhadamanthys, haciendo una regresión hacia esa noche donde su descubierta sexual se atascó en perfeccionar besos y tocamientos al cuerpo ajeno.

- Joder Rada...sexualmente hablando fue un desastre...- Kanon al fin sonreía al rememorar esa noche, y lo hacía con un cierto deje de ternura que conmovió al inglés.- Nos habíamos metido demasiado de todo para poder acertar en nada.

- Como nuestra primera vez real...dejó mucho que desear...

- La cual aún tardó en llegar.

- Mmmm...no tanto...Fue cuando celebramos mi dieciséis cumpleaños, apenas unos meses después...- A Rhadamanthys no le abandonaba esa sonrisa nacida de los recuerdos, y con la mirada vertida aún en ellos se reafirmó en los sentimientos que experimentaba entoces.- Nos estábamos descubriendo, Kanon.

El gemelo asintió al tiempo que apuraba la lata de cerveza y replicaba las palabras de Saga al invadir su cuarto.- ¡"Kanon, que papá está entrando en casa"! Me gritó Saga, jajaja...La cara que puso cuando nos descubrió medio drogados aún, en pelota picada sobre mi cama...

- Te digo que a mí se me fueron la borrachera y los nubarrones de golpe.

- Todo porque algo había pasado con la madre de su secretaria, que habían tenido que regresar de imprevisto...

Rhadamanthys también bebió un par de sorbos más, y se quedó sujetando la lata al aire mientras seguía recordando la escena.- Tú abriste la ventana de par en par para ventilar el pestazo que imagino que había ahí dentro y a mí me faltó tiempo para vestirme y buscar dónde cojones tirar todas las latas y colillas. Y los condones rotos y sin usar. El desastre que habíamos dejado en el salón ya no estaba a nuestro alcance...- otro sorbo fue el que le bastó para apurar del todo su lata, que dejó al suelo, entre piernas y cajas.

- Para recogernos la mierda del salón ya estaba Saga, pobre...Siempre cubriéndome las espaldas...

Ambos callaron, recreándose un poco en esos recuerdos fabricados entre los dos. Kanon aún se sonreía y en ese lapsus de bienvenida calma Rhadamanthys retomó el hilo que se había tensado al principio de la conversación.

- Cuando salí de tu cuarto, apestando a sudor, tabaco y alcohol, di de bruces con tu padre.- La faz de Kanon se ensombreció de repente, pero se limitó a sostenerle la mirada sin coartar su explicación.- Creí que me echaría de vuestra casa y que luego te privaría que nos siguiéramos viendo, cosa que a día de hoy encontraría incluso lógica...pero no. Me dio los buenos días. Recuerdo que incluso bromeó sobre mi aspecto diciéndome algo como "vaya, una noche movidita ¿cierto?", y luego me invitó a tomar asiento en la mesa del salón para desayunar, puesto que había comprado croissanes y pastas de chocolate para él y vosotros dos. Fue justo ese día que ante mi insistencia en llamarle "señor" me pidió que le llamara por su nombre, y lo hice.

- ¿Y? ¿Qué me quieres decir con ésto? ¿Que te aprecia? - Ahí apareció la eterna acidez que surgía de la voz de Kanon cada vez que hablaba de su padre - Ya lo sé ésto, Wyvern. Te aprecia más que a mí.

- Me aprecia porque estoy contigo y punto. Porque quiere que seas feliz. Y esta noche iré a la cena de la celebración de su cumpleaños, tú también vendrás y le diremos que nos hemos alquilado un piso para irnos a vivir juntos.

- Vaaaale...- refunfuñó Kanon.- Puede que tengas razón...Pero no prometo reírle las gracias. Y menos si también viene la Úrsula de los cojones.

- ¿Y si te ablando un poco este jodido mal humor tras el que te escudas siempre? - Ronroneó Rhadamanthys, mirándose a Kanon con divertida malicia.

- Bueno...depende de cómo quieras hacerlo...- Kanon leyó enseguida el mensaje que había tras ese tono de voz y esa mirada afilada, disponiéndose a recibir su supuesto aleccionamiento.

Rhadamanthys gateó hacia Kanon, sorteando a duras penas las latas y las cajas que les rodeaban y se abalanzó sobre él para poder lamerle con la punta de la lengua sus labios dispuestos.- Podría empezar así...- le tentó el rubio inglés, haciendo el ademán de lamerle otra vez, dejándole con las ganas esperando.

- No seas cabrón, Wyvern...- Kanon quiso imitarle, sacando la punta de su lengua para rozarle los labios, pero Rhadamanthys se apartó lo justo para impedirlo, divirtiéndose y calentándose sin remedio.

- Prométeme que no serás rudo con tu padre y tal vez te alivie... ésto...- Las hábiles manos del rubio se dedicaron a desabrochar los mojados jeans de Kanon, bajo los cuáles algo ya estaba cobrando vida propia.

- ¡Sí, vale, lo que quieras! - Se impacientó Kanon, que agarró la nuca de Rhadamanthys para atraerle hacia él y no dejarle espacio para otro retroceso.- Te prometo lo que quieras, pero ¡bésame de una jodida vez!

Sus bocas se sellaron con un beso largo, húmedo y pasional.

Un beso que sólo fue el inicio de otro encuentro íntimo con el que solidificaron su relación todavía un poco más.

Convirtiéndoles en inseparables e imprescindibles el uno para el otro.

Asumiendo a Rhadamanthys como un miembro más en el seno de una familia marcada con una profunda herida.

Una herida que tal vez no fuera a sanar jamás.

#Continuará#