Streetlights – Capítulo 37

|Jade|

La chica linda siempre muere primero, ya sabes.

Sonrío contra el puñado de palomitas antes de metérmelas en la boca sin contemplaciones. Un trozo cae en mi camiseta y, sin molestarme en apartar los ojos de la pantalla, rebusco en mi sujetador para sacarlo. La punta de mi lengua se pega a su lado mantecoso y la absorbe con un dulce crujido.

La asesina que aparece en la pantalla blande unas tijeras alrededor de su dedo corazón con una sonrisa perversa y agrietada en su rostro. La chica linda, la primera en morir en Tijeretazos, mira lastimosamente desde el suelo con lágrimas cayendo por sus mejillas, tartamudeando mientras suplica y ruega por su vida. Pero la asesina sólo sonríe, partiendo las tijeras y utilizando las hojas puntiagudas para arrancar los ojos de la víctima. La sangre salpica y empapa la camisa de la chica mientras los gritos intolerables resuenan en los altavoces.

Este es mi tipo de película.

Riendo, mastico alegremente mis palomitas. Tijeretazos siempre ha sido mi película favorita. Es sangrienta y dolorosamente retorcida. Preciosa, en realidad. La he visto mil veces, tantas que puedo sentarme aquí y citar fácilmente las líneas antes de que los personajes las hayan dicho. Siempre he deseado secretamente que, si hacen una secuela, yo pueda hacer una prueba de actuación. Tal vez sería la compañera demente de la protagonista, para dominarla al final y hacerme cargo del trabajo. Suspiro soñadoramente. Una chica puede tener esperanzas.

Es muy fácil perderme en el cine, en los personajes, en sus palabras y acciones. Es la mitad de la razón por la que quise ser actriz en primer lugar. A esta gente se le paga por no ser ella misma, ¿qué mejor manera de escapar de la realidad de mierda que fingir ser una guerrera, una princesa o una asesina y ganar dinero con ello?

Mi entusiasmo empieza a decaer hacia el final de la película, sintiendo que el mundo real se me viene encima demasiado pronto: hay una escena en la que piensas que, como de costumbre, el bueno va a ganar, que la asesina se matará a sí misma y los dos tortolitos huirán hacia el atardecer como héroes. Pero la asesina se impone, masacra a los dos miembros del reparto restantes y cacarea en su sangre. No hay final feliz. Los créditos aparecen.

Mi sala de estar vuelve a estar enfocada. Ya no soy parte de la película. Vuelvo a ser Jade, y esta es mi casa vacía, y este es mi teléfono con cuatro mensajes de texto sin contestar, y esta es la novia a la que he estado ignorando durante casi dos semanas.

Frunciendo el ceño, me paso una mano por la cara y cierro los ojos. Pensar en ello hace que me duela la cabeza y que esa palpitación familiar empiece a manifestarse en la esquina de mi frente; Tori se ha esforzado tanto por compensarme, por hacer que todo sea mejor, pero estoy atascada en un lugar que ni siquiera sabía que había creado para mí. Nunca consideré que Tori pudiera hacer algo malo, que pudiera hacerme daño, porque, bueno, es Tori. Ella no es como Beck o Trina o mis padres; no está en su ADN meter la pata.

Al menos, eso era lo que pensaba. Eso es lo que estúpidamente esperaba. Y entiendo que es un ser humano como todo el mundo, pero eso no me impide desear que simplemente sea biológicamente incapaz de tener la culpa. Me sentía más segura cuando pensaba que era perfecta.

Metiendo el pulgar entre los dientes, veo el menú del DVD en bucle una y otra vez. Eso significa que siempre correré el riesgo de que me haga daño. Que tiene cierto poder sobre mí. Me hace sentir insoportablemente incómoda y, de repente, me doy cuenta de por qué algunas personas están solteras para siempre. Permitirle a alguien esa capacidad es jodidamente aterrador. No sabía que Beck tenía ese poder sobre mí hasta que lo ejecutó; ahora, lo sé mejor. Sé lo que Tori puede hacer si decide hacerlo.

Mierda. Eso me da mucho miedo.

No puedo hablar de ello. No puedo verbalizar lo que quiero decir con ella porque apenas tiene sentido para mí. La frustra, lo sé - puedo verlo en su ceño fruncido cuando no le aprieto la mano en los pasillos o empiezo a salir del edificio sin esperarla o no respondo a sus mensajes de texto o no me siento a su lado en el almuerzo. Le hace daño. La estoy lastimando. No se trata de no quererla - la quiero más que nada - pero al mismo tiempo es como si una parte de mí se anticipara a lo peor y tratara de prepararme para que, cuando llegue lo inevitable, no me destruya.

Es totalmente al revés y una completa mierda. Estoy arruinando lo mejor de mi vida y no sé cómo detenerlo. Ni siquiera sé cómo empezó.

Un mrrrr lejano me saca de mi por un minuto. Mi teléfono está sonando. Otra vez. Está en mi bolso, junto a la puerta, y por mucho que sepa que debería contestar - es Tori, sé que es ella - no me atrevo a levantarme y hacerlo. Llevo las rodillas al pecho, me acurruco en el sofá y cierro los ojos para revivir el concurso de talentos porque fue la única vez en mi vida que me sentí absoluta y completamente feliz. Sé que Tori también fue feliz, y al menos me las arreglé para lograrlo durante cinco minutos sin ser una perra.

Debo estar quedándome dormida, porque cuando oigo abrirse y cerrarse la puerta de entrada, no me alarmo lo suficiente como para incorporarme y ver quién es, a pesar de saber que mi madre no debería estar en casa hasta tarde y que nadie más viene aquí. Me siento demasiado miserable como para preocuparme o incluso para abrir los ojos. Quizá sea el ladrón de hace años, que viene a vengarse de la casa que no pudo vaciar. Que se lleve lo que quiera, pienso con amargura, intentando perderme en una nebulosa de sueño. Probablemente mi madre no se dará cuenta y, de todas formas, nada de esta mierda me importa ahora.

Ya casi me he ido cuando el conocimiento instintivo de que alguien está sobre mí me despierta con tanta fuerza que casi me caigo del sofá. No sabía que volver al estado de conciencia pudiera ser tan doloroso, pero me las arreglo para hacer una mueca de dolor mientras me siento y me agarro a la pata del sofá, mostrando los dientes como un animal salvaje –

Un tambor está siendo golpeado sin piedad en mis oídos. "¿Tori?" Consigo decir, de alguna manera sin aliento. "¿Qué mierda -"

Ella lleva un abrigo gris, largo y recto, abotonado hasta el cuello. Sus rizos sueltos están recogidos en la nuca por una especie de pinza y sus piernas desnudas están bien apretadas. No lleva zapatos. En una mano lleva un bolso gris. Me interesaría más lo que contiene si Tori no pareciera que está a punto de echar lava por la boca. Se ve demacrada - la ira ha fruncido sus cejas, apretado sus labios y ha hecho que esos ojos, normalmente parecidos a los de un ciervo, se estrechen y sean afilados, más como los de un oso feroz.

Nunca pensé que estaría diciendo que Tori Vega realmente me intimida, pero lo estoy ahora mismo.

"No has respondido a mis mensajes ni a mis llamadas. Me ignoras en la escuela. No me hablas. Miras para otro lado cada vez que te miro." Su mandíbula chasquea.

"Tori, yo -"

"No. Tuviste muchas oportunidades de hablar. Es mi turno." Enderezando su espalda, echa un rápido vistazo a mi salón. "¿Tu madre ha salido?"

"S-"

"Ah." Ella levanta una mano. "Asiente con la cabeza."

Lo hago. No sé por qué, nunca he dejado que nadie me diga lo que tengo que hacer. Ni mis profesores ni mis padres, ni Beck. Si hubieran sido ellos, les habría mandado a la mierda a una dirección imprecisa y habría hecho exactamente lo contrario a lo que me estén diciendo.

Pero Tori siempre ha tenido este tirón. La gente no lo nota mucho. Es tan dulce todo el tiempo que nadie consideraría que tiene algo de poder en ella. Y entonces las garras salen y te sorprende tanto que no sabes qué más hacer que obedecer.

"¿Va a volver a casa pronto?" Tori pregunta, un músculo temblando en su mejilla.

Sacudiendo la cabeza, empiezo a moverme en el sofá, hacia ella. Hace tanto tiempo que no estoy cerca de ella que es difícil resistirse a querer atraerla hacia mí. Me acomodo para ponerme de pie.

"No lo hagas. Te vas a sentar ahí y me vas a escuchar, te guste o no." Las manos de Tori se acomodan cerradas encimas de sus caderas. "Pensé en tratar de mostrarte de la mejor manera posible cómo ha sido esto para mí. Sentir que me alejas y que no puedo siquiera tocarte." Vuelvo a abrir la boca, pero ella me señala con un dedo en la cara. "No hables. Ni una palabra. Esa es la regla número uno. La regla número dos es -"

Ella traga. Me doy cuenta de que está nerviosa, lo cual no entiendo, pero me da demasiado miedo preguntar. Veo cómo un rubor recorre sus mejillas, la piel de caramelo se oscurece. Lleva una mano a la nuca, toma la pinza de su cabello y la suelta. Los rizos castaños caen sobre los hombros del abrigo y sus dedos se posan sobre el primer botón.

"No puedes mirar," termina. "Cierra los ojos."

"Tori -"

"Jade." La severidad se desvanece, aunque sólo sea por un instante, como una lata de refresco agitada que finalmente se calma. "Sólo hazlo," dice ella, con la voz más suave. "Por favor."

Ha vuelto a ser un ciervo. Las garras se retraen. Y, bueno, mierda, incluso yo me sentí un poco desanimada cuando la madre de Bambi murió.

Hago silencio. Me quedo quieta. Cierro los ojos.

Oigo cómo el abrigo cae al suelo.

"Hay una regla más." Un anillo de calor proveniente de sus dedos envuelve mis muñecas. Las empuja hacia fuera y a un lado, lejos de mi regazo. "No tocar. ¿Entendido? Asiente."

Empiezo a hacerlo, pero pierdo el aire repentinamente porque Tori está a horcajadas sobre mis caderas en un segundo. Se sienta en mi regazo, con su aliento caliente en mi mentón. Sin previo aviso, sin ninguna palabra, toma mis labios con los suyos y me besa tan tiernamente, que es como la primera llovizna de una gran tormenta que se avecina. Nuestros besos durante la última semana y media han sido poco más que simples contactos, incluso inocentes. Tori ha intentado más de una vez arrancarme algo más apasionado, pero estaba tan decepcionada - de mí, no de ella- que no me atrevía. En el proceso de convencerme de que ella podía hacerlo mejor, de que se merecía algo mejor, dejé que el fuego que había en mí muriera.

Sin embargo, Tori está haciendo un buen trabajo para revivirlo.

Su lengua recorre mi labio inferior antes de adentrarse en él. Respiro bruscamente por la nariz cuando su sabor me abruma. Sin siquiera pensarlo, mis manos tocan la piel desnuda y caliente de su espalda -

Desnuda.

Mis ojos se abren de golpe.

Está desnuda.

"Tori -"

"Has roto las tres reglas a la vez," dice contra mi boca. "Cierra los ojos."

Demasiado shockeada para discutir, los cierro de nuevo.

"Pon los brazos sobre la cabeza."

Confundida, lo hago, y la naturaleza de la orden se aclara cuando los dedos de Tori tiran hábilmente de mi camiseta por encima de mi cabeza. La piel de gallina recorre mis brazos y mi pecho.

"Vuelve a poner las manos donde estaban. Hablo en serio. Sin tocar, sin hablar, sin mirar."

Mis manos vuelven a encontrar el camino a mi lado. Las mantiene ahí un momento antes de que su boca se reúna conmigo - no con mis labios, sino con mi cuello. Besos suaves y húmedos salpican un costado, el más mínimo roce de sus dientes. No me había dado cuenta del instinto que tenía de tocarla hasta que me dijo que no lo hiciera. Me tiemblan las manos a los lados por el esfuerzo que supone permanecer quieta.

El brazo de Tori rodea mi torso. Sin ningún problema, me desabrocha el cierre del sujetador. Me lo quita con un pequeño gruñido y se inclina, besando mi esternón, el valle entre mis pechos, mis pezones. Jadeo, con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá. Imagino su aspecto: la piel bronceada flexionando alrededor de los tensos músculos de su espalda, la boca abierta y jadeando, su lengua elegante y rosada dibujando círculos en mi piel. Sé que no se puede comparar con la realidad y toda mi autocontención se centra en cerrar los ojos y no estirar los dedos para enredarlos en los hilos de su pelo o hacer llover mis uñas por su espalda.

"Es horrible, ¿verdad?" Tori se retira. Oigo el duro inhalar y exhalar de su respiración. "¿No poder mirar, tocar?"

Asiento con la cabeza y me relamo los labios. "T-"

"No". Su mano cubre mi boca - suavemente, tan suavemente. "Esto es lo que he sentido durante las últimas semanas. Estás ahí, pero no puedo verte porque miras hacia otro lado. No puedo tocarte porque no te acercas a mí. No puedo hablarte porque no me escuchas." Ella toma otro aliento en el que se estremece y yo sé sin la necesidad de ver que está empezando a llorar. Mis manos se levantan de nuevo, para sostenerla, mi cabeza se separa del respaldo del sofá. "¡No! No, Jade, quédate quieta. Siente esto. Siente lo que yo he sentido. Es muy, muy difícil, ¿verdad? No poder - ¿explotar o algo así? Jade..."

Me toma la cara con las manos. Me arden los ojos y agradezco que estén cerrados, que pueda apretarlos para bloquear las lágrimas que sé que van a salir. El temblor de su voz es agonizante cuando sé que yo soy la causante. Y no puedo abrazarla ni besarla primero ni decirle que lo siento.

Mis manos se cierran en puños apretados cuando me besa. Una y otra vez, cada vez más fuerte. Siento sus lágrimas en mis mejillas y murmuro algo débil y roto. Y entonces se va de nuevo, con las manos abriendo el botón de mis jeans. Jadeo tan fuerte que es casi un grito cuando su mano se mete rápido entre mis piernas, presionando con fuerza contra mi centro. Los dedos de Tori rozan la tela de mis bragas a un ritmo implacable.

"Mierda," gimo, el calor recorre mi cuerpo en intensas y persistentes oleadas. Esta vez no me grita. Después de uno o dos minutos, se retira. Mis caderas se retuercen, mis pulmones están cansados, y solo cuando mis manos se mueven para agarrar su cintura, ella vuelve a hablar.

"Abre los ojos," dice. Sus manos cubren las mías.

Lentamente, mis párpados se despegan. Veo primero el techo, y luego, lentamente, temblando, inclino la cabeza hacia abajo para mirarla. Ya no está llorando, pero tiene un aspecto tan desgarradoramente triste que me deja perpleja. "Tori," susurro, tomando su cara y juntando nuestras frentes. Estamos tan cerca - ella está encima de mí, nuestros labios están a un suspiro de distancia, pero no es lo suficientemente cerca. Nunca está lo suficientemente cerca.

"Dime por qué no me dejas luchar por ti," dice, inclinándose lo suficiente para mirarme a los ojos. Parpadeo, sacudo la cabeza, intento poner en palabras lo que aún no puedo entender.

"No lo sé." Las lágrimas queman el borde de mis ojos. "No lo sé, Tori. Sólo tengo miedo porque me estoy cayendo y qué pasa si lo que pasó con Beck vuelve a suceder, ¿sabes? Soy mala e injusta y me enfadé tanto contigo por algo tan estúpido y, eso, eso no está bien. No lo está." Paso mis dedos por su pelo. Ella se derrite en mis manos. "Y, no sé, me he dejado llevar por la idea de que puedes hacerlo mejor. Tú eres perfecta y yo no puedo -"

"No, para ahí. No soy perfecta, Jade." Sus ojos son agudos, severos, un oso. "No soy perfecta. Dilo."

"No eres - no eres perfecta." Trago saliva. "No eres perfecta."

"Nunca seré perfecta."

"Nunca serás perfecta."

"¿Lo entiendes?" Me toma las muñecas, las manos, y las pone delante de sus pechos desnudos. "¿Podría hacerte daño? Sí. Igual que tú me has hecho daño a mí." Empiezo a hablar, pero ella sacude la cabeza, cortándome. "Eso no significa que no lo intentemos de todos modos. Quiero decir, cielos, Jade, ¡esa misma lógica podría aplicarse a cualquier cosa! ¿Para qué levantarse por la mañana si vas a volver a la cama por la noche? ¿Para qué hacer amigos si puede que no sean tus amigos en un par de años? ¿Para qué vivir y hacerse famoso si sólo vas a morir algún día?". Me besa de nuevo, con los labios hambrientos y desesperados. "Porque puedo hacerte muy, muy feliz si me dejas. Así que déjame. ¿De acuerdo?"

Estoy temblando. Casi estoy llorando. Ahora mismo me duele, pero estar con ella no lo ha hecho la mayor parte del tiempo, y espero que siga siendo así. No podemos predecir lo que va a pasar entre nosotras, pero podemos apuntar a las estrellas.

Además, hay una chica en mi regazo que no se echó para atrás cuando la empujé, ¿y cuántas de esas se encuentran en la vida?

Así que le digo, "De acuerdo," y entonces me despojo del resto de mi ropa y le hago el amor en el sofá de mi salón hasta que las dos estamos temblando y jadeando y abrazándonos y tocándonos y besándonos y escuchando, escuchando.

Le digo que lo siento. Le digo que si va a luchar por mí, por nosotras, entonces yo también lo haré. Tengo que hacerlo. Quiero hacerlo.

Porque la quiero aquí.

Y cuando se queda dormida después de que nos hayamos trasladado a mi habitación, le digo que la amo.


A/N: Woah, actualización super tardía, me disculpo, no odiar era el destino que estaba tratando de crear -

Wow ok que alguien me detenga ahora.

Pero sí, es la semana de los exámenes finales, así que después de esto, tendré mucho más tiempo libre y sólo tendré que preocuparme por el trabajo. ¡Espero que tengan una buena semana!