Streetlights – Capítulo 38
|Tori|
Ella cree que yo estaba dormida. Cree que no la he oído.
Mi corazón es un nudo en mi garganta mientras la miro. Dormida, relajada, con toda la tensión habitual que se enrosca en sus cejas y sus labios alisados por el sueño. Mechones de pelo negro y azul se extienden por su mejilla, sobre su nariz. Lentamente, con mucho cuidado, tomo algunos de ellos y los llevo hacia atrás, detrás de su oreja. Jade se mueve, separa los labios en un suspiro, y luego vuelve a quedarse quieta, el edredón subiendo y bajando con su respiración uniforme.
Me dijo que me amaba. Me lo susurró al oído antes de apretar su nariz en mi pelo y hundirse entre sueños. Su brazo me rodeaba la cintura. Yo intentaba no llorar.
Ella me ama. Jade West me ama.
Me había planteado revolcarme y rodar, decirle que yo también la amo (porque lo hago, más que a nada, la amo) pero sabía que lo había hecho bajo la segura teoría de que yo estaba dormida y no podría oírla. Todavía no está preparada para decírmelo a la cara y eso está bien. Esperaré. Estoy más que dispuesta a hacerlo por ella después de lo que le hice pasar anoche. Odio verla llorar, hacerla enfadar, pero era necesario. Tenía que hacerla ver. Tenía que hacerla entender.
Mis ojos se cierran. Respiro su aroma, el de su habitación, el de su cama, y la siento nadar dentro mi torrente sanguíneo. La noche anterior viene a mí en brillantes destellos de color - la piel blanca de Jade, su boca rosa, los ojos verdes. Un caleidoscopio estalla en mis párpados.
Todo fue lento. Fue cuidadoso. Era Jade tratando de mostrarme lo que aún no puede poner en palabras.
Sonrío en la almohada. Definitivamente he descifrado el mensaje. Me adelanto y presiono mis labios contra su frente, siento su suspiro contra mí y susurro, "Yo también te amo."
Retiro las mantas y me siento. Las dos seguimos desnudas - lo cual es extraño, porque yo no me siento desnuda aquí, o tal vez la desnudez no se siente como yo pensaba, todo tan incómodamente revelador y nervioso, o quizás solo sea por la chica que duerme a mi lado. Me inclino y tiro mi bolso al suelo, la ropa se desparrama. Conducir hasta la casa de Jade sin ropa fue aterrador - pensaba que si alguna vez me pararían en la vida, tendría que ser la vez que condujera sólo con un abrigo y nada más debajo -, pero había que tomar medidas drásticas. Tuve suerte, ciertamente, pero resulta que pienso que casi todos los aspectos de mi relación con Jade se han debido puramente a la suerte.
Todavía no son ni las diez de la mañana. Es domingo. Me pongo unos jeans y una camiseta negra algo arrugada con el logo de un grupo musical grunge y paso los dedos por mi cabello. Me vuelvo a girar para mirar a Jade y pienso en despertarla, pero cuanto más tiempo contemplo la paz que tan pocas veces se apodera de ella, menos me atrevo a hacerlo. De pie, me dirijo a las escaleras y las subo lentamente, asomándome por la puerta del sótano antes de salir al pasillo. Me olvido de lo enorme que es la casa de Jade hasta que estoy sola. El techo alto y las amplias paredes hacen que todo parezca lejano, o como si me encogiera, como Alicia en la madriguera del conejo. La nevera zumba a lo lejos. Un reloj hace tictac en alguna parte, acercándose a medida que sigo los pasillos poco iluminados de la cocina. El suelo cruje bajo mis pies en mi camino hacia la alacena. Saco un vaso y lo lleno de la jarra del frigorífico, soltando un suspiro de labios húmedos mientras el agua fría ahuyenta la sequedad del sueño.
Escucho pasos detrás de mí. Sonrío y me doy la vuelta. "Iba a despertarte pero -"
Casi tiro el vaso.
"Oh." Jasmine se toca la garganta. "Pensé que eras Jade."
"Yo, uh - " Trago saliva y esbozo una sonrisa. "Yo también pensé que eras ella."
Algo se mueve en sus labios. No lo llamaría una sonrisa, pero no parece que quiera arrojarme por la ventana como la última vez que estuvimos solas en una habitación. Sigue dándome miedo, aunque esta vez parece mucho menos estricta. Lleva unos pantalones oscuros, ceñidos a la piel, y una chaqueta de color oliva. Tiene las manos en los bolsillos y, con el pelo recogido como está, es imposible no ver a Jade en ella.
"No te preocupes. Prometo ser civilizada." Jasmine camina hacia mí. Contengo la respiración mientras ella toma un vaso de la alacena aún abierta y lo llena de agua de la jarra que yo misma utilicé hace un momento. Me siento a la defensiva, con el nombre de Jade atascado en mi garganta por si acaso. Observo a su madre con atención mientras da un sorbo a su vaso, examina la superficie del líquido y empieza a girar la muñeca, observando el embudo de agua que se forma. "He querido disculparme," dice, con los ojos concentrados en su bebida. "Pero no has estado por aquí últimamente."
"Uhm." Sostengo mi vaso con ambas manos y me lo llevo a los labios. Doy un largo trago mientras intento pensar en una respuesta. "Tuvimos una mala racha últimamente. Pero ahora estamos bien." Doy un lento asentimiento y me meto el vaso bajo el mentón.
Se queda en silencio durante un rato, con los ojos clavados en mí. Mantengo la vista en el suelo, ella se aclara la garganta y se apoya en la encimera de la cocina. "Supongo que no he ayudado en absoluto."
Ella casi parece... ¿arrepentida? Levanto la vista, estudio la hendidura entre sus cejas y el ceño fruncido que cuelga de las comisuras de su boca. "No," respondo con sinceridad, sin inmutarme cuando se gira para mirarme a los ojos. Esto es lo que debería haber sucedido la primera vez que nos encontramos así, pero me asustó hasta llegar a las lágrimas. Ahora soy más fuerte - después de todo lo que he hecho para luchar por Jade, no voy a echarme atrás ante su madre. "Quiero decir, fue tanto mi culpa como la de Jade, pero, no. Esta situación no ayudó para nada."
"¿Esta situación?"
Vuelvo a mirar mi vaso. "Ya sabes. Yo, uhm, no te caigo bien."
"No eres tú." Jasmine da un paso adelante. Instintivamente intento retroceder, alejarme de ella, pero la barra de la cocina está en mi espalda y no puedo moverme. Cuando vuelvo a levantar la vista, parece dolida, con el ceño fruncido que se le ha grabado en la cara. "Pareces una chica encantadora, Tori. Es solo que ella ha deseado tanto esta vida." Su mano alisa su cola de caballo. "Y quiero que la tenga. Quiero que sea feliz." Respira profundamente y se encoge de hombros. "Sin embargo." Sonríe con rigidez. Me doy cuenta de lo difícil que es esto para ella - admitir que estaba equivocada, renunciar a su control. Pero lo está haciendo. Por fin está siendo una madre. "He llegado a comprender que también la haces feliz. Tal vez incluso más feliz que la idea de ser famosa." Me sonríe y, por primera vez, la sonrisa se siente real y cálida, ya no la de una reina del hielo. "No será fácil. Lo sostengo."
"Has hecho fuerte a Jade. Y además, yo también soy un poco terca."
"Me he dado cuenta."
Está sonriendo. Hay tanta Jade en ella que no puedo evitar devolverle la sonrisa, levantando mi vaso en su dirección. "¿Tregua?"
Sus hombros se agitan con una risa. "Tregua." Su vaso choca con el mío y ambas tomamos un sorbo. Y tiene razón, sé que la tiene. Las cosas serán difíciles para las dos y no sólo en el sentido que Jasmine está pensando - es más grande que el hecho de que las dos seamos chicas, de que el mundo que nos rodea no siempre lo acepta - es el hecho de que Jade y yo somos dos personas diferentes y a veces esas diferencias chocan - pero ¿no hay que luchar por las cosas que valen la pena?
"No me digas que ustedes dos son mejores amigas ahora."
Jasmine y yo nos giramos. Jade está apoyada en la puerta, con los brazos cruzados. Se resiste a sonreír, con el pelo oscuro irremediablemente enmarañado por el sueño.
"Estábamos a punto de sacar el esmalte de uñas y hablar de nuestros sentimientos," murmuro divertida, devolviéndole la sonrisa. "¿Quieres unírtenos?"
Jade resopla. "Prefiero meterme alfileres en los ojos."
"Qué niña más encantadora," dice Jasmine desde la comisura de su boca. Las dos nos reímos. Jade se mueve, incómoda en presencia de su madre, pero lo intenta. No se escapa ni le pide a Jasmine que se vaya, y eso ya es algo. Probablemente les resulte aún más difícil mantener algún tipo de relación estable, pero al menos ya no soy otro motivo para tener un puente quemado. Tal vez pueda ayudar a construir uno nuevo en su lugar.
Un sonido sale del bolsillo de los pantalones del pijama de Jade, y por sonido me refiero a gritos de tortura que de alguna manera ha conseguido encontrar en internet como tono de mensaje. Saca su teléfono, con los ojos verdes recorriendo la pantalla, y luego sonríe, volviéndose para mirarme. "Beck nos ha invitado a desayunar con Cat, Robbie, André y una chica que le gusta." Su sonrisa se amplía, una especie de alivio se apodera de sus rasgos que nunca he visto antes cuando se trata de Beck. "Luego irán a la playa. ¿Quieres ir?"
Me siento como si estuviera flotando sobre el suelo. Todos nosotros pasando el rato de nuevo - como amigos, juntos.
"Dios, Tori, si vas a empezar a llorar -"
"¡Por supuesto! ¡Sí, quiero ir! Anda, vamos a prepararnos." Tomo su muñeca mientras voy a paso rápido junto a ella, trotando hacia la puerta del sótano y bajando las escaleras. "¡Necesito que me prestes una bikini!"
"Tori, respira un segundo." Su brazo rodea mi cintura y giramos por un momento. Me río contra su hombro, rodeándola con mis brazos con tanta fuerza que temo que se ahogue, pero no puedo contener el sol dorado que hay dentro de mí. Está alcanzando la luna, el cielo entero. Le beso el cuello, la mandíbula, hasta que finalmente me detengo en su boca, con un pie que salta en el aire detrás de mí.
"Alguien está un poco feliz," murmura contra mis labios, con una sonrisa que los separa.
"Nos merecemos tener esto por fin, ¿no?" Le tomo la cara con mis manos y la vuelvo a besar. Me susurra un "sí" en la boca una y otra vez, hasta que nos reímos y nos caemos la una sobre la otra en medio de su habitación.
Nos duchamos juntas. Ella me pasa el jabón por la espalda y yo le pongo el champú de pelo. Nos tomamos nuestro tiempo, mirándonos, parpadeando a través del agua caliente, sin alejarnos demasiado. Me sostiene contra la pared de la ducha y me besa dejándome mareada. Para cuando salimos, el agua está fría y Beck nos ha mandado tres mensajes a las dos ordenando que nos demos prisa antes de que se convierta en un almuerzo en lugar de un desayuno.
Con las bikinis puestas bajo la ropa, Jade y yo salimos del sótano con toallas, crema solar y chanclas. Jasmine está en el salón hablando por teléfono, hojeando un montón de papeles. Jade se detiene, con la mano enredada en la mía apretándome. La observo, esperando.
"Nos vemos luego, mamá." Las palabras salen todas juntas y no muy fuertes, pero las dice sin sarcasmo, sin malicia. Jasmine deja de hablar y se gira para mirarnos por encima del respaldo del sofá. Sus ojos se dirigen a nuestras manos unidas y vuelven a nuestros rostros.
Ella sonríe. "Adiós, chicas. Diviértanse."
La barbilla de Jade se inclina con un lento movimiento de cabeza. La conduzco fuera de la casa, bajo los escalones de la entrada y me dirijo a su coche. El mío está aparcado junto al suyo.
"Todavía no puedo creer que hayas conducido hasta mi casa desnuda." El codo de Jade presiona mis costillas. "Soy una mala influencia para ti, Tori."
Me arden las mejillas mientras me deslizo en el asiento del acompañante, esperando a golpear mi puño en su hombro en cuanto se sube.
"¡Hey! Fue un cumplido. Estoy impresionada."
"Solo conduce, tonta."
Jade se ríe. El coche retumba y nos alejamos de su casa, conduciendo a demasiada velocidad por carreteras urbanas. Le grito hasta que se pone el cinturón de seguridad y se agarra al volante con las dos manos. Empezamos a entrar en la ciudad, pasamos por una colina enorme, volando bajo los semáforos verdes de las calles. El pie de Jade pisa el acelerador cuando el que tenemos delante se pone en amarillo.
Mi corazón se estrella una y otra vez contra mi pecho. "¿Vamos a llegar?" Grito sobre la música de la radio y el rugido del motor.
Jade me mira. Sus ojos verdes dicen vamos.
"No lo sé." Responde volviendo la vista al camino, con una sonrisa.
Alcanzo el volante y le robo una de sus manos. Me guiña un ojo, vuelve a mirar al frente y suelta un grito al que no puedo evitar unirme - de emoción, de alegría, de no sé qué.
Atravesamos la intersección. Tal vez fue estúpido y peligroso y pura suerte que no nos hayamos saltado un semáforo en rojo ni nos hayan parado por exceso de velocidad - pero esto es lo que somos. Jade y yo. El sol y la luna, el cielo, las estrellas, casualidades, coincidencias, y nadie sabe si algo durará para siempre. Si el sol se quemará, si la luna se alejará tanto que ya no podremos verla. Pero uno no deja de contemplar las estrellas por miedo a que algún día no estén ahí. Prefiero apreciarlas mientras están aquí y pedir deseos para que duren eternamente.
Jade me besa el dorso de la mano. Le sonrío, y luego sonrío a la ventanilla, hacia la carretera. No sé qué pasará mañana, ni dentro de un mes, ni dentro de un año, ni siquiera en los próximos semáforos. Pero sé que estoy enamorada de una chica que, de alguna manera, se ha enamorado de mí también, y que me lleva de la mano en un viaje eterno de domingo por la mañana.
Y eso es más que suficiente tranquilidad por ahora.
| Fin |
A/N: Tengo que admitir que se me saltaron las lágrimas al escribir este capítulo, sabiendo que iba a ser el último. He amado cada minuto de la escritura de esta historia desde que la empecé en septiembre de 2011. Ha sido más que gratificante ver en qué se ha convertido, formar parte de este increíble viaje con dos de mis personajes favoritos. Por mucho que sepa que todos disfrutaríamos de formar parte de este fic para siempre, todo debe terminar, y espero que todos hayáis disfrutado del viaje.
Estoy infinitamente agradecidx a todos ustedes: por leer, por revisar, por hacer fanarts increíbles, por darme tanto apoyo a través de mensajes aquí o en tumblr. Esta historia no sería lo que es hoy sin ustedes. Les debo mucho a todos.
Gracias por ser tan increíbles. Que tengan un buen día, chicos (':
