FIC

Caída del Cielo

Por Mayra Exitosa

CAPITULO XI

La Chica de Finanzas

En el corporativo Cornwall, Alistar pasaba por una parte del edificio por el área de finanzas, ya era muy tarde y veía a una joven en los teclados a toda velocidad, ella no miraba a ningún lado, y se apresuraba a realizar interacciones bancarias, por lo que se notaba sospechosa, así sin interrumpirla se iba tras ella, lo cual continuaba concentrada y daba enter en cada que completaba una transacción, luego al finalizar firmaba los documentos y sin girar a verlo comentaba,

- No debe estar espiando, esta es información confidencial, si algo sucede lo culpare de cualquier cosa que suceda de manera equivocada.

- ¿En serio? La voz era de un grave fuerte y al girar Paty miraba al dueño de la compañía,

- ¡Señor Cornwall!

- No cree que amenazarme de esa manera merece un castigo apropiado, tomando las horas tan tarde que son.

- Su hermano dijo que era urgente hacer estos cambios, me tuve que quedar más tiempo, pero ya finalicé, disculpé mi amenaza, desconocía quien estaba observándome trabajar y no podía cometer errores.

- ¿Y no los cometió?

- Por supuesto que no me equivoque, todo quedo en el tiempo que se debía, fue un error de omisión del área contable, y fui enviada por ser empleada de confianza.

- Bien, permítame llevarla a su casa.

- No es necesario señor, debe estarlo esperando su novia.

- O usted no quiere que la lleve y se moleste su marido.

- Entonces acepto la invitación.

Alistar tenía tiempo sin pareja, y la joven de finanzas lo estaba atrapando con esa forma tan puntual y exacta de ser, la miraba y tenía un cuerpo de infarto, sobre todo por las grandes razones frontales que lo estimulaban en la deliciosa cena. Apenas habían finalizado y salían, él le robaba un tremendo beso que la dejaba en shock, algo le pasaba con la dama de finanzas que lo tenía como en un lapsus de embobamiento, a tal grado que no la llevo a su casa, sino con él a su departamento y no la dejaba salir. Ella no se quejaba, estar con el dueño de la empresa, era un logro que jamás se había imaginado, era atractivo y muy de su agrado, pero que esa noche, no la dejara ir, fue algo que no esperaba, alargar la velada a tal grado que las copas y la conversación los llevaba a su habitación, para darse una posibilidad de quizás una relación, eso pensaba ingenuamente Paty, por la mañana, el no podía creer que ella con toda la iniciativa se le hubiera entregado, cuando antes nunca había tenido un amante, fue agradable tener una mujer que lo aceptara sin limitaciones ni condiciones, que se entregara tan libre y apasionada por primera vez ante él y al salir en la mañana, la llegada de su hermano los sorprendía, era sábado y él también la conocía,

- ¿Señorita Paty? Que gusto verla por aquí. Apenas la iba a tocar y ella se daba un salto atrás, sin dejarse siquiera saludar, solo asentía y se retiraba, haciendo que Stear corriera tras ella, para llevarla en su ato hasta donde debió llevarla por la noche y en la conversación le comentaba que, si no le atraía su hermano, a lo que ella con esta expresión se expresó - ¡Iuuck! Claro que no.

Y él una carcajada sonora realizaba al sentirse mucho más atraído por la dama, que su hermano era muy atractivo para todas las chicas solo que para Paty el único que veía así era él, y se lo había demostrado eligiéndolo por primera vez para estar en su cama con él. - Supongo que seremos novios - No me lo has pedido. Pero si eso quieres, ya te contestaré luego. - Te gustaría ser mi novia. - Por supuesto que me gusta la idea, ¿no te diste cuenta anoche? - Si. El sonreía, ahora tendría que decirle a Archie que su novia, no lo veía atractivo así que no la podrían compartir.

Satisfecho y sin tardanza, llegaban hasta su casa, una bella residencia antigua, donde ella vivía sola, así el pasaba y le mostraba algunos logros, diplomas en sus paredes y trofeos de música clásica en piano, era algo que no se imaginaba, era toda una sensación deleitarse de la mujer que en finanzas, el solo se la llevó y esa fue la primera de muchas de las noches que ya no dormía en su casa, ahora compartía el departamento de su novia constantemente.

La mansión de William era todo un deleite, ahí tenía todas las comodidades, ver que él había traído ropa, era algo inesperado, y también muy agradable, más al realizar los pagos, ella había puesto en muchas ocasiones su tarjeta y él se negaba, pero ella la que decidía, que si tenía novio no era porque la mantenía, era porque le gustaba y como ya tenían tanto tiempo de conocerse, debería saber que ella trabaja para mantenerse y comprarse sus cosas y que pronto tenía que volver. - iré por ti a tu empresa. - Es en New York. - También tengo un departamento allá. Y oficinas que debo atender, desde ahí puedo continuar mis negocios también. - Ya veo, el poder del internet. - Si, y cada tarde que salgas de tu trabajo pasaré por ti, nos iremos a mi departamento y dormirás conmigo. - ¿Es una orden, Albert? - No, es una súplica. - Entonces no me niego, también me gusta la idea de ver el rostro de mis compañeros con mi novio en la puerta cuando llegue la hora de salida. - Son muchos tus compañeros - ¿Te pondrás celoso desde ahora? - Solo si tu me dices que debo estarlo, si tengo años que eres mi novia y con todo lo que hemos pasado, estoy consciente que es a mi a quien amas y no a esos tipos del trabajo.

Ella le sonreía radiante y se acercaba hasta tomar su rostro y besarlo fervientemente, - Me has dado unas vacaciones de ensueño, me has salvado de ese árbol siniestro que me secuestro toda una noche y me has resguardado en una cabaña donde he tenido la bendición de encontrarme con un hombre a quien no puedo negar que me agrada mucho.

- Y me siento como ese hombre que lo acompaña el gordito a su lado, como se llamaba, ¡ah sí! Don Quijote, peleando con ese árbol fingidamente, secuestrando a mi novia desnuda completamente, hacerla mía arduamente y sentir que el tiempo se ha ido como el viento y no deseo perder ni un momento para continuar todo el tiempo poseyéndola como un depravado que se la pasa sumergido en tu cuerpo. - ¡Oh Por Dios! ¡Albert! La pareja volaría a New York, a lo que luego cambiaban de idea y viajarían solos en auto, el mayordomo le quería informar desde hacía días algo de su tía Elroy y él se había negado , pues ya lo sabía, lo vieron en internet, su tía se había internado y no deseaba saber todo lo que podía hacer, para cuando el llegará los sorprendería no solo con su novia, sino con otro tanto que planeaba hacer.

Continuará...


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y vamos por más historias de Albert y Candy

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Mayra Exitosa