Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3
Hierón (I)
Schwerin, República Democrática Alemana.
Jueves 16 de julio de 1981.
Anthea se dio la vuelta en la cama, estaba mareada. Hacía un par de semanas que no se encontraba demasiado bien, tenía nauseas y apenas lograba comer algo sin vomitarlo.
Estiró el brazo y tomó un pedazo de papel de la caja de fullola, que en otros tiempos había contenido fruta, que hacía de mesita de noche, en él había un número de teléfono. Podría llamarle. Waldo llevaba cuatro días fuera, ella le había insistido durante días para que fuese a buscar unos circuitos que necesitaban para hacer funcionar de un modo más eficaz su monstruo informático. Volvió a dejar el papel en su sitio, no podía hacerlo por muy mal que se encontrase.
¿Qué podía hacer? Tenía los papeles en regla, era una ciudadana germana según su documento de identidad falso y su pasaporte, también tenía los papeles de la seguridad social en orden, pero no sabía si era seguro ir a un hospital porque si le hacían preguntas temía fallar alguna y que le pillasen. Se había aprendido el expediente falso de memoria y Waldo había pasado meses haciéndole preguntas por sorpresa a las que siempre había respondido correctamente, pero ¿y si se equivocaba? Ahora estaba débil y tenía la mente embotada, tal vez no era una buena idea.
Se levantó muy despacio y la habitación entera pareció contorsionarse. Aguantó la respiración y contuvo las nauseas, estaba sudando pese al aire fresco que entraba por la ventana procedente del lago de Schwerin.
No podía trabajar en el ordenador porque no se sentía capaz de ello, temía desmayarse en mitad del proceso y cargarse todos aquellos años de faena por haberse derrumbado sobre el teclado. Se coló un vestido de lino blanco con dos ovejas negras bordadas en la parte baja que se había comprado en un mercadillo, se acercaría a la farmacia tal vez allí le darían algo para cortar aquel malestar.
Salió a la calle con paso inseguro, el olor del asfalto le dio asco, algo que nunca antes le había sucedido. Empezaba a asustarse y eso la llevó a marearse más, se apoyó costosamente sobre la pared de piedra de una casa empapada en sudor.
«Mierda...»
Una mujer entrada en carnes le tomó el rostro entre las manos con mucha delicadeza y le clavó unos ojos azules como el océano.
—¿Te encuentras bien, muchacha?
—Sí... —replicó Anthea sin fuerzas.
—Cualquiera lo diría estás más pálida que la cera. —La mujer pareció percatarse de algo que no había apreciado al principio y esbozó una sonrisa—. No temas, no voy a venderte en el mercado negro, tampoco tengo nada que ver con los soldados ni con las SS, soy una simple ciudadana de Schwerin.
—Estoy bien —repitió presa de un miedo extraño quizás por el malestar, quizás por sentirse sola.
—Tiene que verte un médico. ¿Tienes nombre?
Anthea la miró. No podía huir.
—Está bien, tienes razón. Que mal educada que soy, preguntarte el nombre sin decirte primero el mío. Me llamo Lolle Fuchs. —musitó la mujer y esperó una respuesta que nunca llegó—. Te llamaré Nymphe.
Anthea demasiado dócil por la debilidad como para oponer resistencia se dejó guiar por las callejuelas de Schwerin hasta el hospital más cercano. Aquella mujer extraña y desconocida permaneció con ella en todo momento, en la recepción había dado su nombre y su cartilla sanitaria, Anthea se sorprendió por ello pero no preguntó. La ayudó a sentarse en una de las incómodas sillas del hospital cuyas paredes mostraban todavía las cicatrices de la guerra, agujeros de mortero mal tapados con masilla e impactos de bala en los techos.
—No sé que te da tanto miedo, Nymphe, pero puedes estar tranquila. Recuerda, si el doctor te pide el nombre te llamas Lolle.
La muchacha asintió.
—¿Por qué me ha dicho lo de las SS?
—He pensado que tal vez fueses judía. —Lolle le sonrió con amabilidad—. Me da igual cual es ese secreto que ocultas, no te haré preguntas. Todos tenemos un secreto que estamos dispuestos a proteger incluso con nuestra vida.
—Anthea —susurró—. Me llamo Anthea.
—Encantada de conocerte, Anthea. Pero deberías ser más cauta y no confiar en la primera persona que te hable con cariño.
Las pálidas mejillas de Anthea se tiñeron de rojo ante la evidencia de que había bajado la guardia.
º º º
Greifswald, República Democrática Alemana.
Jueves 16 de julio de 1981.
—¿Es todo el material que te encargué, Dieter? —la voz de Waldo quedó amortiguada por el oleaje embravecido del mar Báltico.
—Todo lo que he logrado reunir. Mi proveedor ha tenido problemas para encontrar algunas de las piezas —confesó el hombre hundiendo las manos en los bolsillos de sus bermudas—. Faltan algunas cosas, pero sé dónde podrías encontrarlas.
—Gracias, compañero. Te debo una.
El hombre llamado Dieter sonrió mostrando unos dientes amarillos a causa de sus largos años como fumador.
—Digamos que con esto estamos en paz —exclamó ufano encendiéndose un cigarrillo—. Podrías perdonarme de una vez por haberle roto el corazón a tu hermana, ¿no?
—Es ella quien tiene que perdonarte no yo.
Waldo le palmeó el hombro a su viejo compañero de estudios. A pesar de que ya estaban en la década de los ochenta, Dieter, seguía fiel al espíritu de los años sesenta, era todo un hippie de pelo largo y rubio siempre enmarañado y flaco como un junco. Siempre se habían llevado bien porque ambos compartían el ideal de que las guerras eran estúpidas y que hablando se podía solucionar cualquier problema por complicado que éste fuese.
Dieter le alargó una tarjeta de visita.
—No te tomes a broma al viejo, sobrevivió en el Konzentrationslager Natzweiler —declaró Dieter tras dar una calada a su cigarrillo—. Está un poco achacoso, pero lo que él no pueda encontrar es porque no existe.
—¿Es judío? —preguntó Waldo.
—¿Eso sería un impedimento? —Sonrió con sorna porque en realidad conocía la respuesta a esa pregunta.
—Sabes bien que no.
—Es polaco, no tendrás que esperar a la madrugada para adentrarte en el barrio.
Waldo y Dieter se despidieron con un abrazo. Waldo permaneció un rato más en la playa junto al mar viendo el furioso oleaje golpear la costa.
º º º
Schwerin, República Democrática Alemana.
Domingo 19 de julio de 1981.
Waldo encontró a Anthea rodeada de papeles y sentada en el suelo con una de sus camisas puesta, le quedaba enorme. La joven alzó una mano indicándole que guardase silencio mientras acababa de escribir algo en el margen de un libro; él la observó cargado de curiosidad desde la puerta.
Anthea soltó el lápiz, se estiró y después fue hasta Waldo para darle un abrazo, él le acarició el pelo y sintió que algo le ocurría.
—¿Has encontrado las piezas?
—Sí, todas, están en el maletero del coche.
—¿Estás bien?
—Sí —contestó Waldo dubitativo—. Y tú ¿estás bien?
Ella ignoró la pregunta.
—He activado varías cosas en Xanadu, había pensado en esperarte pero al final me pudo la impaciencia, lo siento —musitó sin dejar de abrazarle—. Ha hecho mucho calor estos días y ha habido algo parecido a cursillos de navegación en el lago, había un montón de niños correteando por las calles. Y gracias a ellos se me ha ocurrido una idea para esconder Xanadu si algún día nos encuentran.
»En realidad, es algo tan simple que no sé cómo no se nos ha ocurrido antes, lo que demuestra que tal vez no soy tan inteligente como tú crees.
Anthea suspiró y le abrazó con más fuerza. Estaba asustada.
—Sea como sea. Si hemos conseguido crear un mundo virtual podríamos crear otro —dijo e inspiró hondo—. Yo, estoy embarazada —declaró y sin pararse ni a respirar continuó hablando—. Así que podemos ocultar Xanadu dentro de un universo virtual más infantil que no levante sospechas.
—¿Qué has dicho? —preguntó alzándole el rostro.
—Que podemos esconderlo dentro de otro universo virtual más infantil.
—Antes de eso.
No le contestó, sus ojos se humedecieron. Era plenamente consciente de la situación en la que se encontraban y de lo que suponía.
—Lo siento.
—Tonta ¿por qué te disculpas?
—Es que yo… ¿no estás enfadado?
Como única respuesta Waldo le dio un largo beso en los labios.
º º º
Schwerin, República Democrática Alemana.
Lunes 23 de noviembre de 1981
«Las Guerras Púnicas» Anthea sopesó el libro de elegante encuadernación, era una edición francesa y parecía bastante antiguo.
—¿Qué me dices, lo compramos? —susurró acariciándose el abultado vientre—. No es muy caro, la historia puede ser divertida ¿sabes? Yo la odiaba cuando estaba en el internado, pero creo que he cambiado de opinión... tal vez cuando seas mayor te guste. —Anthea sonrió—. Decidido, nos lo llevamos.
Lo puso en la cesta calada de aluminio junto a los otros libros que había decidido comprar. Tenían muchos libros en la casa, pero ya se los había leído todos. Waldo se encargaba de llevarle cosas interesantes para que se entretuviese y no pensase en el malestar, aquel bebé parecía dispuesto a matarla de hambre, pero estaba feliz y eso no iba a quitárselo nadie, ni siquiera el que Waldo tuviese que ausentarse tan a menudo en las últimas semanas.
Pagó al contado, como hacía siempre para que nadie pudiese localizarlos, y salió con paso grácil en dirección a su pequeña casa junto al lago.
º º º
Schwerin, República Democrática Alemana.
Martes 1 de diciembre de 1981.
—Necesitamos un cortafuegos que separe Xanadu de Lyoko, algo más potente que el mar digital y que mantenga a salvo Carthago.
—Necesitamos a Hierón II. —Sonrió Anthea.
—¿Hierón II?
—Ya sabes, para que expulse a los mamertinos de Mesina.
—Es una buena idea. ¿Has estado estudiando?
Anthea esbozó una sonrisa culpable, le había ocultado el libro a Waldo pensando en que el comprar un libro que no necesitaban era como tirar el dinero que tanto les costaba conseguir. Fue hasta la estantería y sacó el libro sobre las Guerras Púnicas de detrás de los tomos enciclopédicos y se lo tendió a Waldo que lo hojeó.
—Bonita edición ¿de dónde lo has sacado?
—De la librería del centro.
Waldo la miró como si no pudiese creer lo que acababa de decirle y Anthea quiso volver a tener cinco años y poder solucionarlo con un puchero.
—¿En serio?
—Ya sé que no debería de haber ido sola pero... —Él le puso un dedo sobre los labios haciéndola callar.
—Que interesante —musitó y Anthea supo que toda su incredulidad iba dirigida al libro y no a ella; típico de Waldo olvidarse del mundo cuando daba con algo que le gustaba—. Tendrás que llevarme un día.
º º º
Schwerin, República Democrática Alemana.
Lunes 4 de enero de 1982.
El repiqueteo incesante del teclado se coló en su sueño haciendo que se despertase. Abrió los ojos y enfocó la luz amortiguada por la cortina de conchas que hacía de separador entre la sala y el rincón donde tenían el colchón.
Estaba trabajando demasiado y eso no era bueno. Ambos estaban trabajando demasiado, deberían bajar el ritmo.
Se levantó con pereza ignorando las protestas punzantes que lanzaban sus músculos y descorrió la cortina. La luz le cegó un instante.
—Necesitas descansar.
—Sólo un ratito más.
—No, ya basta —pronunció con tono severo, alargó la mano y apagó el monitor—. Vete a la cama.
Anthea le lanzó una mirada enfurruñada que no surtió el efecto deseado, Waldo no iba a ceder, no la dejaría seguir trabajando.
—A la cama, Anthea.
Se levantó furibunda con aquella barriga que entorpecía todos sus movimientos y refunfuñó algo similar a un "a sus órdenes profe" al pasar junto a él. La cortina de conchas se agitó y protestó por el manotazo con el que se hizo camino. La oyó seguir refunfuñando y suspiró.
Waldo volvió a encender el monitor y observó el código en el que había estado trabajando Anthea, sintió un escalofrío ¿Qué demonios estaba programando su mujer?
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Bueno, poco que decir al respecto, es el último capítulo aparte de la historia principal, aunque no los últimos pedacitos de pasado de Waldo y Anthea. Había pensado en que fuese Jérémie quien explicase qué es Hierón directamente, pero creo que es mejor que sean sus creadores quienes lo introduzcan, además he aprovechado para presentar a dos personajes que volverán a aparecer más adelante (y que tendrán mucha importancia en la historia paralela que subiré pronto), la bonachona de Lolle Fuchs y el encantador contrabandista Dieter.
Voy muy mal de tiempo con mi trabajo nuevo, la cantidad de horas que estoy fuera de casa y las que tengo que dedicar a mi proyecto, pero estoy intentando organizarme mejor las pocas horas libres que tengo para tratar de actualizar rápido.
Aclaraciones:
Konzentrationslager Natzweiler: en castellano "Campo de concentración de Struthof-Natzweiler", estaba ubicado en la región de Alsacia (Francia) que por aquel entonces pertenecía al Tercer Reich.
Nymphe: en castellano "ninfa".
Heimao.3: ¡Hola! Llevo muchos años en FFnet y creo que he llegado a ese punto en que, cada vez que hay un fallo del sistema, eliminaría la cuenta sin pensármelo dos veces, después se me pasaría el enfado y me arrepentiría. Por ahora, aguantaremos un poco más y seguiremos por aquí.
Con lo que más me divierto de este fic es, precisamente, en los momentos en los que sale Odd. Me alegra que no pierda su esencia. Si te digo la verdad creo que si Sissi y Yumi no se hacen amigas es porque ambas son demasiado cabezotas y orgullosas como para reconocer que, en el fondo, se aprecian. Seguro que harían un equipo imparable esas dos.
Gracias guapa, un besazo.
Ton: Hola! Moltes mercès pel teu review! Em sap greu no actualitzar més seguit però no hi ha res a fer, quan no és per manca de temps, és per un error a la pàgina i quan no marxa l'inspiració… de totes maneres intentaré acabar-ho aviat. Vaig començar a penjar-ho en català però como que no hi havia activitat (em refereixo a visites, no a reviews) l'he deixat allà penjat, pobret, però el pujaré quan l'acabi en castellà.
Una abraçada i mercès per llegir-me.
Kellydark: ¡Hola! Me alegra que pienses así, la verdad es que me sabe fatal haceros esperar tanto, necesito días con más horas…
Por hoy te dejo con un poco de Waldo y Anthea, en el próximo más Yumi y Sissi y peleas tontas entre Odd y Sissi.
Gracias. Un abrazo.
MizuMadoshi: ¡Hola! Tengo que pasarme a leer todo lo que has subido, y a ver acabas "Crimen en Osaka" malvada, pobre Kazuha que la tienes ahí sufriendo.
Aquí te dejo un capítulo nuevo. Un abrazo.
Anónimo: ¡Hola! Me gustaría responder todas tus preguntas pero entonces te haría unos cuantos spoilers y eso no me gustaría mucho (soy anti-spoilers). A ver si puedo actualizar más rápido. Un abrazo.
Sonatika: ¡Hola! Gracias por pasarte a leer y por tu review, me alegra que te haya gustado tanto, espero conseguir que te guste hasta el final. La serie deja muchas incógnitas en el aire, eso hace que sea un fandom perfecto para crear millones de fics para llenar esos huecos.
Otra más para el club de OddxSissi, ahora sólo me falta lograr que os guste William jajajaja. Un abrazo
KiraraKitaoji: ¡Hola!.pues la visión de Odd (y la de Yumi) ocurre en el capítulo 9, por la mitad más o menos. Anthea y Athenea, se parecen, sí. Un abrazo.
Cristy y Hus: ¡Hola! Aquí tenéis el siguiente, que lo disfrutéis.
