Code: Lyoko y sus personajes son propiedad de MoonScoop y France3

Lazos

La cafetería olía a canela y té. William se aclaró la garganta y miró a la chica frente a él, estaba calmada, o eso le parecía, pero apenas mediaba palabra. Seguía llevando su chaqueta de cuero sobre los hombros y, ni el peso ni el calor que daba, parecían molestarla. Tenía el pelo enredado y le caía en cascada sobre los hombros.

—¿Seguro que te encuentras bien?

Emilie se limitó a asentir con las manos firmemente aferradas a la humeante taza. Había dejado de temblar hacía un rato, aún y así parecía necesitar calentarse para acabar de quitarse el susto de encima. No podía culparla, no debía ser muy agradable pasar por una situación como esa.

—¿Les conocías? —Su mirada chisporroteó con ofensa, William sonrió, si las miradas matasen estaría más que muerto.

—Ahora me dirás que me lo he buscado yo por llevar unos pantalones ajustados.

—No. Sólo me preguntaba si te han atacado por azar o si los tenías vistos.

—No, no los había visto antes —replicó con desconfianza.

—Lo que lo convierte en un ataque al azar.

—¿Y eso qué más da?

Él la miró, estaba demasiado tensa aún, debería haberse dado cuenta. Esa conversación iba a acabar mal si seguía.

—Hay un boli en el bolsillo interno de la cazadora, ¿me lo puedes dar?

Ella frunció el ceño, pero obedeció, se lo alargó y William lo cogió. Tomó una servilleta del servilletero. Emilie le miró con el ceño fruncido mientras él garabateaba en la servilleta.

—Toma, es mi número. Si necesitas algo puedes llamarme.

—Gracias, pero estoy bien.

—Es estupendo. —Le sonrió, era orgullosa, no la recordaba así—. Quédatelo por si acaso.

Emilie cogió la servilleta y la examinó antes de guardársela en el bolso.

—Es muy tarde, tengo que volver a casa.

—De acuerdo, te acompaño.

Ella pareció dudar un instante, pero se levantó y se acomodó la chaqueta antes de colgarse el bolso al hombro. William dejó un billete de 10 euros sobre la mesa, y la guio hacia la calle.

—Puedo coger el autobús.

—Lo sé, pero deja que te lleve en coche.

Acabó accediendo, porque si algo le había enseñado la experiencia es que discutir suele ser una pérdida de tiempo. Y más con alguien testarudo. Fijó la vista en los papeles del seguro pegados en el parabrisas y después lo miró a él.

—¿Es alquilado?

—Sí, estoy aquí de vacaciones —contestó abriendo la puerta del acompañante para que ella se acomodase.

Emilie se dejó caer en el asiento y se quitó la cazadora de los hombros, para doblarla y dejarla cuidadosa sobre su regazo. Se abrochó el cinturón de seguridad. William cerró la puerta del copiloto y rodeó el coche para sentarse al volante.

—Tendrás que guiarme.

—De acuerdo.

William condujo por las oscuras calles de la villa hasta dejarla sana y salva en la puerta de su casa. Una vez cumplida su misión volvió a su recién alquilado apartamento a dormir.

Por la mañana, en l'Hermitage, Sissi propuso a Aelita salir de compras, al principio se mostró reacia, pero la hija del director le dijo que Odd también iría con ellas y entonces se relajó y decidió que, ese era un buen momento para intentar estrechar la relación con su antigua rival en Kadic. Si Sissi se esforzaba era justo que ella también lo hiciese.

Con su mujer fuera de la casa Jérémie se reunió con Yumi y Ulrich en el salón, con su humeante taza de cacao con leche. No era que quisiese esconderle cosas a Aelita, era que sus teorías eran demasiado débiles y no quería que se hiciese falsas esperanzas, era peligroso que se emocionase para después llevarse un chasco.

Yumi le contó algunas de las cosas que salían en el diario, los cambios que había en él y los pasajes en los que el narrador parecía haber vivido momentos demasiado íntimos con Franz Hopper, no, con Waldo Schaeffer y Aelita Schaeffer. Jérémie frunció el ceño y tras hacerle prometer a Yumi que si daba con algo más se lo diría, pasó a abordar el tema más reciente:

—He estado estudiando el mensaje que saltó tras recuperar aquel fragmento —declaró Jérémie—. Y si os digo la verdad no sé encontrarle el sentido.

—¿Sabemos al menos de dónde sale? —preguntó Ulrich medio derrumbado sobre el sofá.

—Es una novela griega titulada "Dafnis y Cloe" —contestó tendiéndole un impreso sacado de internet con la ficha del libro—. Al parecer es una novela erótica, la primera para ser exactos.

Las mejillas de Ulrich se encendieron.

—¿Quién narices usa un pasaje de una novela porno para mandar un mensaje?

—Porno y erótico no son lo mismo, Ulrich —replicó Yumi.

—Estoy de acuerdo en que es insólito, —admitió Jérémie con una sonrisilla, le divertía ver a esos dos comportarse como un matrimonio viejo igual que hacían en Kadic—, pero aún y así, creo que es probable que tenga un significado dentro de un contexto concreto.

—Necesitamos un detector de contextos —bromeó Ulrich.

Yumi le atizó un suave codazo en las costillas, ese tipo de bromas era más propio de Odd que de él. Además, hacer bromas sobre algo tan serio estaba fuera de lugar. Si Aelita le hubiese escuchado se habría entristecido.

—Mirad, necesito ayuda —declaró Jérémie con un suspiro—. Soy informático y estas cosas no se me dan bien. Yumi, tú eras buena en literatura, puede que con esto tengas más éxito que yo.

—Haré lo que pueda, de todos modos, tal vez necesitaríamos encontrar alguna pista más.

—¿Creéis que esa cosa que encontrasteis en el sector del hielo es uno de los fragmentos del diario?

Jérémie cruzó los brazos sobre el pecho con mirada seria.

—Es muy posible. Sea lo que sea no lo pusieron ahí por azar y, el hecho de que desvirtualizase a Yumi y Sissi, seguro que… —Suspiró, estaba divagando—. No estoy seguro, pero tiene que significar algo.

—Jérémie —llamó Yumi, el joven genio alzó la mirada—, ¿crees que es Franz Hopper quien nos ha llevado hasta eso?

—No, no es él —contestó con sinceridad. Se encorvó sobre sí mismo como hacía de niño y se sentía incómodo—. Sé que no es él.

—¿Entonces quién?

—Os parecerá una locura… y no quiero que habléis de esto con Aelita, porque es posible que esté totalmente equivocado y eso la haría sentir mal. Pero creo que es su madre.

—¿Va en serio? Se supone que está muerta, ¿no? —soltó Ulrich retrepándose en el sofá.

—¿Muerta? No, eso no es una certeza. Aelita recuerda que se la llevaron en un coche negro, de ahí a que esté muerta es…

—¿Para qué iban a mantenerla con vida? —preguntó está vez Yumi—. Si se la llevaron, seguro que no era para nada bueno.

Las manos de Jérémie tomaron la taza de cacao con leche olvidada sobre la mesa desde hacía un buen rato, lo removió con la cucharita y bebió, se había quedado helado, pero no se quejó ni se levantó para volver a calentarlo. Volvió a dejarla sobre la mesa e inspiró hondo. Cómo iba a explicar su teoría sin parecer un demente.

—He hablado muchas veces con Aelita sobre sus padres y el superordenador. Recuerda a su padre trabajando en él, pero no a su madre. Aunque que no la recuerde no significa que no lo hiciese. Creo —dijo subiéndose las gafas—, y digo que creo, que ambos trabajaban en ello; que, aunque el peso real del proyecto Carthago caía sobre Waldo Schaeffer, Anthea Hopper colaboraba.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Sé que parece una locura, Ulrich, pero hay aspectos de los programas del superordenador que parecen creados por dos personas diferentes. Eso me lleva a pensar que es algo que hacían ambos, no veo a ese hombre confiando en alguien de fuera de su círculo familiar, al menos no con algo tan peligroso como Carthago entre sus manos.

—Vale, supongamos que Waldo y Anthea Hopper trabajaban juntos en el superordenador —empezó Yumi—. Si la secuestraron los que iban detrás del proyecto Carthago ¿para qué mantenerla con vida una vez que Franz Hopper desapareció?

—No lo sé, tal vez querían recrear el proyecto Carthago.

—Sabes que suena como el argumento de una peli cutre de espías, ¿verdad?

Jérémie sonrió a su amigo, no podía decir que no sonaba a teoría de la conspiración.

—Lo sé, pero creo que es ella. De algún modo, estoy casi seguro.

Un móvil vibró sobre la mesa, Yumi alargó sus dedos y lo cogió, era el suyo.

—Es William.

—Yumi, pídele que venga, tengo que hablar con él.

—De acuerdo, Jérémie.

Se apartó de ellos antes de atender la llamada.

—¿Pasa algo?

—No, es que he pospuesto una conversación durante demasiado tiempo, y creo que ya es el momento de abordarla.

Ulrich miró su reloj de pulsera y soltó un bufido.

—Es tarde, tengo que irme a trabajar. Mantenedme al corriente si encontráis algo nuevo.

—Hecho —replicó con una sonrisa.

En la ciudad Aelita se dejaba arrastrar por Sissi de tienda en tienda, mientras Odd las seguía arrastrando los pies cargado de bolsas. Cuando Sissi le dijo que le gustaría que las acompañase, para que la situación no fuese tan incómoda supo que iba a ser una mala idea. A la hija del director le fascinaba comprar.

—Odd, si no espabilas te quedarás atrás.

—Una ayudita no me vendría mal.

—Deberíamos ayudarte —musitó Aelita parándose para esperarle.

—Es su castigo por explicarme las cosas a medias —replicó Sissi que se detuvo también.

Aelita la miró con los ojos abiertos como platos, desvió su mirada a Odd que refunfuñaba con sus gafas de sol tapándole media cara. Iba a protestar, arriesgándose a crear mal ambiente con la novia de su amigo, pero Sissi acomodándose el pelo tras la oreja avanzó hasta a él tomando varias bolsas. Vio a Odd sonreír y después darle un beso. Aelita dibujó una sonrisa, no entendía muy bien cómo funcionaban ese par, pero al parecer les iba bien así.

—¿Eso significa que estoy perdonado?

—Puede —replicó ella dando media vuelta.

Aelita cogió sus bolsas de las manos de Odd con una sonrisa.

—En el fondo es una blanda —le susurró al oído.

—¿Por qué no vamos a tomar un helado? —propuso Sissi, no tenía ganas de seguir comprando.

—Y se va a saltar la dieta —volvió a susurrar a Aelita—. El fin del mundo se acerca.

Aelita soltó una carcajada sincera.

—Helado, me gusta la idea —contestó Aelita.

Salieron de las galerías comerciales, cargados de bolsas, y pasearon hasta una pequeña heladería a un par de manzanas de allí. Odd reconoció el lugar, la primera cita seria que había tenido con Sissi había sido allí. Sonrió de oreja a oreja y se ajustó las gafas de sol.

—Venga chicas, que hoy invito yo, pedid lo que queráis.

Aelita y Sissi miraron a la vez los diversos sabores que plagaban la nevera, había tantos para elegir. Los móviles de Odd y Aelita sonaron al unísono, ambos chicos miraron las pantallas.

—Es Jérémie —dijo Aelita.

—Yumi —replicó Odd mostrando su teléfono.

La joven pelirroja contestó a la llamada, un ataque de X.A.N.A., se sintió algo sorprendida, aunque era lógico, si los llamaban a los dos sus compañeros es que algo malo estaba pasando. Sissi dejó de mirar los helados para mirarlos a ellos.

—Os tenéis que ir, ¿no?

—Sí, X.A.N.A. ataca.

—¿Vienes? —preguntó Aelita.

—No —contestó cruzando los brazos sobre el pecho—, soy un estorbo, no puedo ir a luchar. Volveré a la casa e intentaré hacer algo útil.

—Ten cuidado, no sabemos con qué atacará X.A.N.A. esta vez.

—Estaré bien, Odd.

En el camino del bosque Yumi y Jérémie corrían en dirección a la fábrica, no habían tomado el túnel que conectaba l'Hermitage con la fábrica para no quedarse sin cobertura. Mientras Jérémie llamaba a Ulrich, Yumi llamaba a William.

—Ulrich vendrá, nos encontraremos con él en la fábrica. ¿Qué hay de William?

—Dice que no puede venir ahora, pero que lo intentará, está en un atasco.

—Tendremos que arreglárnoslas sin él.

Yumi se detuvo, Jérémie se paró y la miró sin comprender, hasta que vio a Jim plantado en medio del camino.

—Hola Jim —saludó Jérémie, pero no obtuvo respuesta.

—Diría que está xanificado —musitó Yumi—. Jérémie, ve a la fábrica, yo entretendré a Jim, pero daros prisa.

Jérémie asintió antes de echar a correr, el profesor de gimnasia lo miró sin interés para después centrar su mirada en la joven frente a él. Yumi adoptó una pose defensiva a la espera del siguiente movimiento de su antiguo profesor.

Aelita y Odd saltaron hacia las cuerdas que colgaban desgarbadas en la entrada de la fábrica, resbalaron por ellas con suavidad. Aelita apoyó las manos sobre las rodillas, encorvándose para recuperar el aliento.

—¿Estás bien, princesa?

Aelita asintió a modo de respuesta y se incorporó. Siguió a Odd hasta el ascensor que abrió sus puertas con un gemido oxidado. Pulsaron el botón del centro de mandos que estaba desierto, Jérémie no había llegado aún, tampoco lo había hecho Yumi.

—Espero que estén bien —susurró Aelita con un ápice de ansiedad—. Voy a programar la virtualización retardada.

La muchacha buscó la torre activada que se encontraba en el sector del bosque, y tecleó para activar el programa con la cuenta atrás para virtualizarse. Juntos regresaron al ascensor para apearse en la sala de los escáneres a la carrera, entraron en las cabinas doradas y esperaron a que obrasen su magia y los mandase al mundo virtual que tanto conocían.

Aelita agitó los pies en el vacío y visualizaó el estrecho corredor bajo ella, cuando todo su cuerpo pasó a ser virtual tensó las piernas para asegurarse de no aterrizar sobre su trasero. Odd cayó a su lado con elegancia, con su cola gatuna agitándose a su ritmo.

—¿Hacia dónde?

—El holomapa la sitúa justo al norte de nuestra posición —contestó ella señalando entre los árboles sin copa—, al final del sendero. No he podido programar la virtualización para que nos dejase más cerca, algo le ocurría al superordenador.

—No te preocupes, princesa. Todo irá bien.

—¡Chicos! —la voz de Jérémie se coló en sus oídos junto con su costosa respiración—, que suerte que hayáis llegado… Yumi se ha quedado con Jim, X.A.N.A. lo ha poseído.

—Entendido, Jérémie, nos daremos prisa.

—¿Dónde están Ulrich y William? —inquirió Odd corriendo tras Aelita.

—Ulrich, está llegando y William… creo que está en un atasco de tráfico.

—Qué mala suerte —se lamentó Aelita.

Jérémie se tragó la réplica, no sabía si era mal suerte o si había sido algo calculado, fuera como fuese no podían contar con él y tenían que asegurarse de desactivar la torre antes de que Yumi saliese mal parada.

Por las cámaras de seguridad vio a Ulrich deslizarse por las cuerdas de la entrada, le llamó al teléfono para asegurarse de que bajaba directamente a los escáneres, y así no perdiesen unos segundos que eran vitales.

Virtualizó a su compañero en el mismo punto donde Odd y Aelita lo habían hecho, algo le pasaba al superordenador, que parecía no querer colaborar para ayudar a su compañera.

—Lo siento Ulrich, te tocará correr, algo pasa con el programa de virtualización.

—No hay problema. ¡Supersprint!

La estela naranja serpenteaba por el camino de verde césped artificial, dio un último acelerón al ver unos metros más adelante a Odd y Aelita. Recuperó la velocidad normal al llegar a su altura.

—¿Dónde están Yumi y William? —les preguntó.

—Yumi entreteniendo a Jim, William con el coche.

Ulrich soltó una maldición, de haber sabido que estaba sola habría ido a ayudarla, estaba seguro de que Odd y Aelita podían arreglárselas perfectamente.

—Chicos se os acerca uno de vuestros clones.

—¿Cuál?

Jérémie no necesitó contestar, un abanico negro impactó contra el brazo de Ulrich.

—Has perdido veinte puntos, Ulrich.

—Parece que nuestra querida Yumi no tiene un buen día.

—Odd, cállate.

Ulrich desenvainó sus wakizashi, prometía ser raro e incómodo, pero por mucho que se pareciese a Yumi no era ella.

—Ve a buscar la torre con Aelita, yo me encargo de X.A.N.A.

—Ten cuidado.

—Tranquila, en seguida os alcanzo.

Aelita asintió y junto con Odd echó a correr en busca de la torre.

El joven samurái la encaró con el ceño fruncido, ella no pareció sentirse intimidada en absoluto, sus labios excesivamente rojos estaban curvados en una sonrisa confiada. Ninguno de los dos se movió ni un centímetro. Ulrich alzó una de sus espadas, hasta situarla a la altura de sus ojos, fue entonces cuando ella atacó. Ulrich la esquivó como pudo, rodando por el suelo, y buscó un contraataque que quedó en nada cuando su arma cortó el aire. Frustrado lanzó un ataque frontal que sólo sirvió para semi acorralarla contra uno de los árboles.

Ulrich se quedó inmóvil, dudando, porque Yumi habría ideado un modo de devolverle aquel ataque. Le preocupaba, no mostraba nada, ni un atisbo de emoción, le ponía nervioso. Yumi giró sobre sí misma ganándole espacio, se pegó a él y le desarmó. Ulrich dio un paso atrás, no era Yumi, pero imitaba sus movimientos bastante bien. Había subestimado a aquel clon.

—¿Asustado?

—Ya te gustaría.

Los labios del clon de Yumi se curvaron en una sonrisa, agarró por las muñecas al samurái y con un rápido movimiento se pegó a él y le besó en los labios. Ulrich abrió los ojos sorprendido, antes de tener tiempo de reaccionar, sintió una fuerte punzada entre las costillas. Yumi se apartó de él con una sonrisa satisfecha mientras el cuerpo de Ulrich se desvanecía convertido en una lluvia de píxeles.

—Uno menos. —Rió el clon de Yumi, lanzando la wakizashi robada al mar digital—. ¿Cuál debería eliminar ahora?

Ulrich le dio un puñetazo a las puertas del escáner antes de que pudieran abrirse. Había bajado la guardia como un principiante estúpido. Cuando la cabina se abrió se dirigió al ascensor y subió hasta la sala de mandos.

Jérémie le miró sin mediar palabra, ya se imaginaba lo que iba a decir.

—Voy a ayudar a Yumi.

—Ten cuidado —pronunció Jérémie con una sonrisa al tiempo que se cerraban las puertas.

Yumi jadeaba mientras Jim la perseguía sin descanso. Cuando se lo encontraron en el bosque no tenía muy claro cuáles eran las intenciones de X.A.N.A., pero desde el momento en que había empezado a perseguirla supo que lo que buscaba era eliminarla. Había intentado despistarlo en el bosque, sin embargo, el profesor la había acabado llevando al campus de Kadic.

La ropa de Yumi estaba llena de polvo, había tenido que tirarse al suelo en más de una ocasión, para esquivar ataques. Yumi saltó y rodó por el suelo para huir de Jim, empezaba a estar cansada, a diferencia de ella, Jim, no se cansaba…

El profesor se abalanzó hacia ella que lo único que pudo hacer fue volver a rodar por el suelo hasta la puerta del gimnasio. La abrió y se precipitó al interior, cerró de golpe y buscó algo con lo que atascarla sin éxito. Inspiró hondo y echó a correr, cruzó toda la cancha de básquet. Miró atrás cuando la puerta se abrió bruscamente.

—Mierda Jim ¿es que no te cansas nunca?

Por supuesto conocía la respuesta. Estaba poseído por X.A.N.A., no se cansaría nunca de perseguirla.

Abrió la portezuela que llevaba a la piscina y la cruzó, se apoyó contra ella respirando atropelladamente, sentía los pulmones a punto de estallar. Tenía que hacer algo y pronto, porque no podría aguantar aquella persecución mucho tiempo más. Podía intentar esconderse, aunque seguramente no sirviese de mucho, quizás le permitiría ganar algo de tiempo.

Sintió los golpes de Jim sobre la puerta, no tendría tiempo para esconderse. Tendría que encontrar algo para defenderse entonces. Cogió el limpiador de la piscina y le quitó la red quedándose sólo con el palo azul.

Jim derribó la puerta y se abalanzó sobre ella que le asestó un certero golpe en la cabeza, pero el profesor ni se inmutó. Blandiendo el palo lanzó otro ataque hacia su cuello con idéntico resultado. Yumi resopló con molestia, no se cansaba, no podía golpearlo, era muy frustrante. Jim contraatacó atizándole un puñetazo en el hombro, ella trastabilló maldiciendo, si no le hubiese esquivado le habría dado en la cara. Clavó el palo en la barriga del profesor para ganar tiempo y poder cambiar de posición, estar acorralada contra la pared no era una buena idea.

Él sin tomarse tiempo ni para respirar volvió a atacar, Yumi resopló y le esquivó. Dio un paso atrás y su pie quedó colgando en el vacío, miró atrás. Estaba en el borde de la piscina, ya no podía retroceder, tendría que apañárselas para hacerle una finta. Sin embargo X.A.N.A. no iba a darle esa opción, ordenó a su títere realizar un golpe lateral para tumbarla. Yumi lo vio venir, estaba perdida, cerró los ojos esperando el golpe. Sintió unos brazos rodearla, perder el equilibrio y el agua de la piscina. Abrió los ojos bajo el agua, era Ulrich. Sus pies tocaron el fondo y ambos se impulsaron hacia la superficie. Yumi tomó una desesperada bocanada de aire, no había tenido tiempo de tomar aire antes de sumergirse, Ulrich la sujetó por la cintura, manteniéndola a flote mientras respiraba.

—Parece que no le gusta el agua.

—Eso parece —musitó ella.

En los ojos de Jim latió el símbolo de X.A.N.A., estuvo inmóvil unos segundos. Entonces alzó el brazo, uno de los bancos se movió al compás del movimiento del profesor de gimnasia. Con un gesto veloz lo lanzó contra ellos. Ulrich se sumergió arrastrándola con él hacia el fondo. El banco no les tocó por pocos centímetros. Yumi aprovechó el ataque para deshacerse de las botas que pesaban demasiado y le impedían moverse con libertad.

Volvieron a salir a la superficie donde Jim les observaba impasible, sin un ápice de emoción en su rostro.

—No nos dejarías irnos, ¿verdad Jim? —le preguntó Ulrich. El profesor a modo de repuesta volvió a alzar el brazo, otro de los bancos se movió—. Creo que eso es un no…

Se sumergieron al unísono, buceando en direcciones opuestas esquivando el banco. Yumi le lanzó una mirada a Ulrich que él comprendió sin esfuerzo. Si le provocaban tarde o temprano se le acabarían las cosas para lanzarles. Él asintió, acabarían con su artillería.

En Lyoko Odd esquivaba al clon de Yumi como buenamente podía, a la vez que trataba de mantener a Aelita a salvo, pero no era fácil. La Yumi frente a ellos imitaba de lujo los movimientos ágiles y veloces de su amiga.

Odd dio un paso atrás y chocó con Aelita que trastabilló y a punto estuvo de caer al suelo.

—Jérémie —llamó la chica—. Mándanos los vehículos.

—No puedo, X.A.N.A. está limitando la capacidad del superordenador.

—No fastidies Einstein, siempre en el mejor momento.

—Ya, no es como si fuese algo que depende de mí…

—Jérémie, ¿el sistema de materialización está afectado?

Tras un par de segundos, mientras Odd batallaba inútilmente contra el clon de Yumi, Jérémie respiró aliviado.

—No, funciona perfectamente ¿por qué?

Odd miró a Aelita de reojo y entendió su plan sin necesidad de palabras, asintió con gesto resuelto y dejó de esquivar para lanzarse frontalmente contra ella. El abanico negro rozó el abdomen del chico gato haciendo que Jérémie maldijera.

—¿Pero qué haces Odd? Has perdido 15 puntos.

—¡Desbloquear la situación!

Aelita aprovechó el desconcierto del clon de Yumi para echar a correr hacia la torre. Afortunadamente el único enemigo allí era el clon de Yumi, así que tenía vía libre. Escuchó el siseo del abanico cortar el aire, pero no miró atrás. Si se detenía era más probable que la desvirtualizase que no si seguía corriendo. El arma no llegó a tocarla.

Cuando sus dedos rozaron la superficie de la torre miró atrás un instante, Odd no estaba, de algún modo se había interpuesto entre el arma y ella. Entró en la torre con el símbolo de X.A.N.A. iluminándose a su paso.

Yumi se impulsó hacia Ulrich que le tomó las manos, como en Lyoko no se espabilasen iban a morir ahogados. Intentó tranquilizarla con la mirada, pero el pánico empezaba a ganar la batalla en su interior. Tiró de ella para acercarla más, tenerla cerca seguro que le ayudaba a calmarse. Aguantando la respiración Ulrich miró arriba, sobre la superficie de la piscina volaban los bancos y el material didáctico, no había hueco para salir respirar. Si salían recibirían un golpe, si no lo hacían morirían ahogados, hiciesen lo que hiciesen estaban perdidos. Dependían totalmente de Aelita. Yumi miraba también arriba, era cuestión de tiempo que necesitasen oxígeno. Ulrich apretó sus manos, por un instante la frustración de aquella situación le recordó a aquella vez que Yumi quedó atrapada bajo un árbol, caído en plena ventisca, a punto de morir congelada y dependiendo únicamente de Aelita.

Ulrich empezó a sentir la necesidad de respirar, sus pulmones dolían, Yumi tiró de él evitando que se acercase a la superficie. No podrían luchar eternamente contra su instinto de supervivencia.

Cayó junto a ellos una silla, Ulrich la empujó cuando uno de los bancos se precipitó sobre ellos. Mirando arriba vieron como una lluvia de objetos se les venía encima. Los esquivaron como pudieron, sin poder evitar recibir algún golpe. Ulrich tiró de ella hacia arriba arrastrándola a tomar aire. Sus pulmones recibieron el oxígeno con una oleada de tos. Yumi señaló a Jim derrumbado sobre el borde de la piscina.

—Parece que lo han conseguido.

Antes de que pudiese reaccionar Yumi le besó, la acorraló en una de las esquinas y mientras se aferraba al borde con una mano con la otra la apresaba. Fue un beso desesperado y cargado de adrenalina.

En Lyoko Aelita observó como el pequeño terminal azul desaparecía. Había podido desactivar la torre, aunque no sabía si lo había hecho a tiempo

—Jérémie ¿cómo están Ulrich y Yumi? —preguntó Aelita saliendo de la torre.

—No lo sé, no logro contactar con ellos.

—¿Crees que estarán bien? —inquirió Odd de pie junto a Jérémie.

—No tengo ni idea, pero no voy a jugármela —declaró Jérémie tecleando—. Volvemos al pasado.

La luz blanca surgida del supeordenador cuántico engulló el mundo rebobinando el día.

Jérémie parpadeó en mitad de la cocina, con la taza de cacao con leche a medio camino entre el mármol y sus labios, aquella leve sensación de aturdimiento de la vuelta al pasado siempre le pillaba desprevenido y le costaba arrancar de nuevo. Había hecho un salto en el tiempo corto, así que estaba a cinco minutos de que la alarma del superordenador saltase. Negó con la cabeza y bebió.

—Yumi me ha dicho que querías hablar conmigo.

Jérémie casi se atragantó con el cacao con leche.

—Sí. ¿Quieres un café?

—No, gracias. Te escucho.

El rubio suspiró, William tenía la misma habilidad de Yumi para ser cortante, sólo que él sí que le intimidaba.

—Ven, vamos al salón.

William se encogió de hombros y siguió a Jérémie, se dejó caer en el sofá, esperando a que el chico le dijese lo que quiera que fuese.

—No sé muy bien por dónde empezar.

—¿Qué tal si empiezas por el principio?

Jérémie sonrió.

—De acuerdo. Cuando te aceptamos en el grupo, todos votamos a favor, menos Yumi que votó en contra.

—Eso ya lo sé.

El joven francés asintió, suponía que Yumi se lo habría contado en alguna ocasión, seguro que hablaban de Lyoko a veces, como también lo hacían él y Aelita.

—Queríamos de verdad que formaras parte del grupo, incluso Ulrich, aunque lo cierto es que no llevaba muy bien que estuvieses cerca de Yumi.

—Eso también lo sé —replicó cruzándose de brazos, si quería hacer una sesión revival preferiría rememorar otra cosa.

—Ya… me has dicho que empezase por el principio. —William asintió y se encogió de hombros—. Intentamos que la situación fuese normal y lo más apacible posible… La cuestión es que cuando te mandé a Lyoko aquella primera vez con Aelita, confiaba que todo funcionase perfectamente, debería haber tenido en cuenta el efecto que os produce a todos pisarlo por primera vez. La euforia y todo eso.

—Pero X.A.N.A. me pilló.

—Sí, X.A.N.A. te pilló, pero en parte fue mi culpa. —Alzó la mano para evitar que replicase—. La situación me superó, tuve la posibilidad de recuperarte, de desvirtualizarte, pero no sé. Era un adolescente idiota y pensé que aquello podía ayudar a Ulrich con Yumi.

—Haciéndome quedar en ridículo.

Jérémie se sonrojó, había sido eso exactamente. Una enorme estupidez.

—Ya lo sabía —declaró William—. No soy idiota.

—Ah, vaya…

—¿Era eso? —Jérémie asintió a modo de respuesta—. Pues no hacía fatal, además X.A.N.A. también lo repetía constantemente.

—¿X.A.N.A. te dijo eso?

—Decía muchas cosas y la mayoría no eran muy buenas.

—¿Te hablaba de nosotros?

William le miró entrecerrando los ojos, Jérémie negó con la cabeza, no quería que se pusiera a la defensiva. Necesitaba que cooperase.

—Quiero decir… de sus planes y eso.

—¿Vas a volver a acusarme de algo?

—No, no —se apresuró a contestar, no quería ganarse un puñetazo—. Pero dime, ¿recuerdas las cosas que te decía?

—Parte, creo, no estoy seguro de si me acuerdo de todo.

Jérémie sonrió a pesar de la mirada llena de desconfianza con la que le estaba taladrando. Dio un largo sorbo a su cacao con leche, relajado al fin.

—Si te parece bien ¿podrías hablarme de ello? Creo que podrías tener información importante sin saberlo.

—Con una condición.

—¿Cuál?

—Sólo hablaré de ello si Yumi está presente.

—Por mí no hay problema —concedió.

Por el momento dejaría en segundo plano la excusa del atasco, porque ahora tenía claro que sólo había sido una excusa, sino no lo tendría allí plantado.

Continuará

Notas de la autora:
¡Buenas! Parece que, por una vez, los planes van bien, espero que siga así, aunque es cierto que he tardado un poco más de lo que esperaba. Aquí vamos con el capítulo 24, que se resistió un poquito, pero al final ha salido. Este capítulo ha quedado bastante largo, así compenso el anterior que era un poco corto. Volví ayer de las vacaciones de Semana Santa, la idea era repasarlo ayer y subirlo, pero mientras repasaba empezaron a dar "
Mecanoscrit del segon origen" y, no sé muy bien por qué, acabé reescribiendo un buen trozo; eso sí, creo que con esa última reedición ha quedado mejor que antes.
La verdad es que no recuerdo si la piscina estaba dentro de Kadic o fuera, así que fingiré que siempre ha estado dentro y todo es lógico y coherente y eso. Confieso que hace bastante que no veo la serie, así que hay algún detallito que se me ha olvidado. Bueno, al fin el maldito beso entre el par de tórtolos lentos, sólo les ha llevado 24 largos capítulos, un aplauso, por favor. No iba a ponerlo aún, pero para cuando quise darme cuenta ya lo había escrito y qué demonios, no hay que discutir con los personajes cuando se revelan.
Hasta aquí el capítulo, espero que os haya gustado.

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Kuro Tenshi Butai no Hon: ¡Hola! Algún día tenía que lograr volver, con algo más de tiempo libre espero poder acabar antes de final de año. Quedó más corto de lo que esperaba, pero para compensar este es más largo.
Aún queda un poco para saber qué es el cilindro y cuál es su utilidad real, está relacionado con el mensaje de Franz Hopper del principio. Quedan demasiadas cosillas en el aire todavía, que iré atando en los próximos capítulos, así que crucemos los deditos para que al pasarlo todo a limpio encaje bien.
Pobre Jérémie, a mí en el fondo me cae bien, es un personaje sencillo y paranoico, algo obsesivo-compulsivo y esas cosas jajaja.
Si no llego a sacar a Emilie habría flojeado una parte de la trama, además si no puedo juntar a William con Yumi necesito a una substituta. Sufrirá un poquillo, pero tampoco tanto, que por algo es mi preferido y tengo que mimarlo un poco.
Largos o cortos tus reviews siempre es un placer recibirlos. Hala, aquí dejo el capítulo nuevo, espero que te guste.
Un abrazo.
C.L.22: ¡Hola! Muchas gracias por pasarte a leer, me alegra que te haya gustado. Aquí tienes la continuación.
Sonye-San: ¡Hola! Tarde o temprano tenía que pasar, ya dije que lo iba a acabar tardase lo que tardase. Estuve inactiva más tiempo del esperado, atrapada en un trabajo con un horario pésimo. Pero, en fin, he vuelto y parece que los plazos irán sobre el plan inicial que es una actualización cada mes, pero bueno, el tiempo dirá.
Siento que te sientas algo perdida, y te toque releer. Espero que hayas podido hacerlo antes de leer este.
Pues no sabía lo del canal de Mediatoon, lo buscaré para seguirlo, a ver si nos traen más temporadas o alguna película. Sería genial.
Espero que te haya gustado el capítulo, un abrazo.
Pichu y Lady Rinko: sí, una actualización al fin. Espero que os haya gustado.