Disclaimer: Todos los personajes de esta historia son propiedad de Akira Toriyama y de la imaginación de aria710.


Bueno, ahora pondré la nota de autor al inicio. Hoy cumple años su traductora favorita xD jajaja, así que me tomaré un descanso para Salir con mis amigos y disfrutar de la vida. Y tal vez utilice esta modalidad de subir doble capítulo… ¿Qué opinan? Quiero decirles que ando sentimental (no les importa xD lo sé, lo que quieren es leer) Pero bueno… Acá cuelgo ambos capítulos como prometí en el Harén de Vegeta (es una página en Facebook). Gracias a las chicas que me leen… Infinitos abrazos para ustedes. Pues, es todo… Las dejo continuar. Ahora no pondré reflexión… Porque siento que lo más importante en nuestra vida… Es ver para adentro y analizarnos para ser amigos nuestros. Así que la frase con la que finalizaré ahora será para invitarlos a amarse tal y como son.

Les mando un beso y un abrazo enorme.

Con cariño, Lissa Dragomir.


Capitulo 11


La Sombra de una duda.


—Ni siquiera debería estar aquí. —Gruñó Nappa aún terminando de escupir los huesos de aquel animal que Vegeta había cazado. La noche caía rápidamente, ese planeta giraba más rápido por lo que hacía que sus días fueran más cortos.

Era extraño visitar planetas. En la estación espacial no existían mañanas o noches. Sólo era tiempo. Era una construcción alíen extraña dispuesta a ser invisible. No había sol y para su disgusto, tampoco había luna. La chica había mencionado que podía averiguar como llevar a cabo la técnica de la luna artificial. Los ojos profundos y negros se posaron nuevamente sobre la esbelta figura acomodada en un rincón de la cueva. Las noches en Karbos eran brutalmente frías, así que el Príncipe mantenía el fuego ardiendo con su ki, esperando a que Bulma durmiera plácidamente.

— ¿Estás cuestionando una vez más mis decisiones Nappa?

—Es una carga extra Vegeta. —El más grande de los saiyajin se cruzó de brazos y se acercó a Bulma. —Acepto que no tiene mal aspecto, pero sigue siendo peso extra. —Las mujeres en este planeta son decentes sin embargo. Tú podías interesarte…—susurró pasando una mano por la mejilla de la peliazul— por obtener un modelo más nuevo.

— ¡CÁLLATE NAPPA!

— ¡Tienes que escucharme Vegeta! ¡Este accesorio es peligroso!

—Nappa…—el Príncipe no permitió que su voz pasara de ser un susurro, pero no pudo ocultar su malicia. —Sólo porque tú tengas la capacidad emocional de un gusano, no quiere decir…

— ¿Cómo pudiste presentarla ante Freezer?

—Ella es un prisionero. Eso ya lo sabías. —Pero el chico notó la ansiedad que se asomaba por los ojos del viejo saiyajin. Dudaba de esas palabras. La joven era una terrible mentirosa y podía ver a través de la delgada excusa que le presentó, acerca del viaje espacial con su padre. No obstante de algún modo le encontraba sentido, ya que su progenitor era el jefe de una corporación tecnológica. Lo que le hacía titubear, es que éste enviara a su única hija a una misión y después no establecieran contacto.

—"Lo más probable es que tomara una nave espacial y saliera del planeta cuando no tenía conocimiento pleno de como manejarla". —Vegeta sonrió. Sí, eso sonaba más a ella.

¿Pero qué estaba dando Nappa a entender exactamente? El cuerpo del joven saiyajin se tensó, poniéndose en guardia. Y para su gran disgusto, el zoquete seguía hablando.

— ¿Cuánto has entrenado desde que llegó?

Pero el chico evadió la pregunta y se cruzó de brazos. — ¡Eso no te compete Nappa!

—Duermes hasta tarde. Tú poder de pelea está estancado y por lo general aumentaba 10 puntos por semana. Estás desenfocado. Y todo por esa patética mujerzue…

Vegeta apretó sus mandíbulas. Su mano se levantó inmediatamente encendiendo un rayo de energía dirigida directamente a la cabeza de Nappa. Y lo vio, muerto de miedo contra la pared y con los ojos desorbitados.

—Tú tienes que aprender a callarte —El muchacho se acercó, causando que el viajo saiyajin se juntara aún más al muro, la bola de ki se acrecentaba y coloreaba toda la cueva de color azul. —Y a respetarme Nappa.

—Ve-Vegeta…— el chico posicionó su mano cerca del rostro aterrorizado. Pero, su risa sedienta de sangre se desvaneció cuando volteó a ver a la muchacha dormida. —No vale la pena despertarla.

Nappa suspiró de alivio cuando la bola de energía desapareció. Se contrajo nuevamente cuando el adolescente saiyajin reapareció nuevamente a escasos centímetros él. —No me malinterpretes Nappa. Algún día te mataré. Sólo que ese día no será hoy.

—Ha. —Sorpresivamente, éste sonrió. —Lo que no quieres es que la muchacha sepa que eres un asesino. ¿Cierto? —Y seguía en su media carcajada, cuando no hubo respuesta por su contraparte. —Muy mal Vegeta. Eso es precisamente lo que eres. Es lo que hay en tú sangre. Eres un saiyajin.

Nappa caminó a la entrada de la cueva. — ¡Detén ya esta versión sensible y hogareña de ti y despierta de una puta vez! —Finalizó saliendo en busca de la luna.

El joven no se molestó en responder o seguirlo. No valía la pena perder su tiempo o energía. El gigante idiota no comprendía nada. Bulma, no significaba absolutamente nada para él, no para aparearse. Fue la primera posibilidad que tuvo, en 10 años, de salir de las garras de Freezer. Eso era lo que importaba. Pero Nappa no lo entendería.

Vegeta quería una ruta de escape. Al principio disfrutaba los retos que el lagarto le ponía pensando que eran por su honor saiyajin. El destruir saibaiman y el conquistar planetas sólo fueron diversión pasajera. Pero él era un Príncipe. ¡Maldita sea! ¡No tenía que someterse ante nadie! ¡Sería libre de ir o hacer lo que quisiera! Pero en lugar de eso, se arrastraba de rodillas por culpa de un psicópata tirano repugnante.

Permitió que su cuerpo se colapsara en la tierra. —"¡Bastardo! ¡Maldito Bastardo!"

Nappa no tenía derecho de hacer esas acusaciones, no sabía lo que tenía planeado. Nunca lo haría. Empezaba a gustarle demasiado su vida de mercenario. Matar obedeciendo a alguien más. —"Se supone que yo daría esas ordenes. No Freezer."

Fue despojado de su derecho al trono por su propio padre. Siendo privado de su niñez, de su raza. Lo perdió todo, menos su orgullo, cosa que peligraba por culpa de Bulma. Los Príncipes Saiyajin no se aparean con mujeres débiles de la tierra. Maldita sea, ni siquiera se apareaban con cualquier hembra saiyajin. Su padre lo llamaba proceso de selección. Palabras que Vegeta sólo había escuchado en ese momento. Pero ahora todo eso no tenía sentido. Ya no existían mujeres saiyajin.

Sería natural que tuviera actividades sexuales con alguna criatura patética por causa de la desesperación. Aunque, ¿llegar a aparearse? Eso era ridículo y simplemente improbable.

El joven se fue a lo más profundo de la cueva, lejos de la luz que se derramaba por el lugar. La tierra se sacudió a lo lejos y sabía que era Nappa que se había transformado. Bulma se movió de posición en el suelo y esperaba que abriera sus bellos ojos cuestionando qué sucedía. Y así fue.

— ¿Vegeta? —musitó mientras se frotaba la cara y se sentaba, su cabello azul caía sensualmente por todo su cuerpo.

—"Es tan débil, aún no se acostumbra a la gravedad de aquí" —No entendía ese sentimiento, ¿Quería ayudarla?, se mofó de si mismo y se dio la vuelta. La luz lunar sería un buen límite para no acercarse.

La tierra tembló nuevamente y la peliazul se quejó. — ¿Qué es eso? — Y buscaba por todos lados— ¿Y Nappa?

—Acabas de responder tu propia pregunta, muchacha. —Respondió cruzando sus brazos y permitiendo que sus piernas se estiraran frente a él. A pesar de que sentía que ella lo miraba.

— ¿Nappa está haciendo esos ruidos? —Sus ojos se abrían de sorpresa mientras sus pensamientos se volvían más coherentes. —Él se transformó en esa cosa. ¿Verdad?

—Un Özaru, sí.

— ¿Y por qué tú no?

—Porque estoy demasiado ocupado en papel de niñera contigo. —El chico trató de separar de su mente las palabras de Nappa. Nada, ni una muchacha terrícola, lo haría débil.

La chica tembló ante los gruñidos y el movimiento de la tierra. — ¿Puedes sentarte conmigo?

Él de inmediato bufó. Los pensamientos que cruzaban por su cabeza intensificaron su respuesta. —Por supuesto que no. ¿Por qué estás lloriqueando así? —Era molesto. Era el mismo sonido extraño que emitía cuando llegaba a la habitación golpeado o cuando ella hablaba de sus viejos amigos. No era un grito o lamento, era más bien como un gemido.

— ¿Por favor? —Bulma se estremeció con el ruido. Se notaba el miedo en sus ojos.

—No. —Su voz esta vez fue menos severa. A pesar de que odiaba verla en ese estado patético, la luz de la luna le hizo quedarse en su lugar. Y si Nappa regresaba y lo veía mimándola, nada lo callaría de molestarlo más.

—Eres un idiota a veces.

— ¿A veces? —Contestó el chico con una semi-sonrisa.

—Mira, es un poco extraño estar en un planeta desconocido con un mono gigante caminando por ahí. ¿Podrías tratar de ser más sensible?

Sensible. No esa palabra de nuevo. Inconscientemente los oscuros ojos de vegeta se posaron en la luz de la luna llena, que lo separaba de Bulma. No dijo nada, feliz de que finalmente había parado sus lloriqueos.

—Oh, ya entiendo.

Y sonó bastante segura. —"De qué demonios estará hablan…"—El contacto cálido en su hombro de inmediato lo hizo saltar. Sus ojos miraron expectantes a un lado donde se encontraba su cabeza y sus dos brazos enredados a su extremidad izquierda. —Muchacha…

— ¿Tú no quieres asustarme también? ¿Cierto?

Le resultaba terriblemente preocupante que su mente estuviera de acuerdo con ese argumento. No quería asustarla y, para alguien que presumía de su poder de pelea para intimidar… Tal vez el idiota de Nappa tuviera razón en sólo una cosa. No quería que Bulma pensara que es un asesino. No quería que le tuviera miedo a él.

—Eso está mejor. —La joven cerró los ojos y bostezó. Su calidez lo consumía.

— ¿Qué mierdas me está pasando?

—Me quedaré aquí contigo.

El abrió la boca para protestar pero se distrajo por su suave aliento y por la extraña calidez que se extendía a través de su pecho. Un hormigueo corría por todo su cuerpo como un ki quemando su piel.

— ¿Cómo puede respirar con tanta facilidad? —El escándalo provocado por Nappa ahora no era más que un lejano murmullo y la peliazul cayó rápidamente dormida. —Mierda. —El chico se sentía más incómodo con cada segundo que pasaba. La cabeza de Bulma se deslizó más allá de su hombro, posándose suavemente en la parte inferior de su abdomen. Fue cuando notó su largo y delicado cabello por todo su cuerpo. Los meses empezaban a añadirle longitud. Su cabeza vibraba con sus ronquidos y él no podía dejar de retorcerse. —"Mierda"

La necesitaba fuera de él de prisa. Una sensación se extendía sobre. Pero, al mismo tiempo no quería moverse. Descansó su cabeza en la pared de atrás y sintió la necesidad de golpearse dura y repetidamente. Y lo peor era que la calidez se extendía. Estaba empezando a acalorarse y marearse. — ¡Quítate de aquí!

Vegeta la empujó ligeramente pero fue suficiente para enviarla rodando unos 30 centímetros de distancia. Bulma pronto se incorporó, asustada. — ¿Qué pasó? ¿Qué fue todo eso?

—No soy tu cama muchacha, ve a dormir a otro lado.

— ¿Pero y si Nappa pierde el control?

—La diferencia entre que duermas sobre mi pecho y en otro lugar es irrelevante debido a mi velocidad. Aparte él tiene conciencia durante el estado Özaru.

Ella se sacudió la cabeza quitándose un poco de tierra, obtenida en su pequeño balanceo. — ¿Por qué se transforma? ¿Táctica de intimidación?

—Si Nappa quiere andar corriendo como Özaru no voy a detenerlo. Sólo duérmete muchacha.

—Él podría matar a alguien. —Dijo la chica palideciendo ante el pensamiento.

—"¿Alguien?" —Realmente no tenía ni idea. Probablemente estaba destruyendo una ciudad entera mientras ellos hablaban. Pero ella se preocupaba por ¿alguien? Esta muchacha era realmente diferente. —No vale la pena que pienses en eso.

— ¿Pero? —Los hermosos ojos azules le dieron una molesta mirada al saiyajin. — ¡Bien, ahora sólo debo dormir! ¿Cierto?

—Sí, me empieza a doler la cabeza.


La mañana siguiente, la armadura de Nappa estaba intacta. Tenía algunos rasguños en el hombro, pero sin sangre, sin heridas. Él no saldría esa noche, se turnaban para ser 'niñeras' de la peliazul. El gigante iba en el día y, Vegeta se escapaba cuando la chica dormía.

Esto continúo así durante tres días más o menos. Estos se fueron desdibujando aburridamente. La chica, estuvo cerca de una hora convenciendo al Príncipe para que la llevara a una nave. —"Al menos esto me entretiene un rato".

Pero en realidad, sí ocupaba por completo su mente. La tecnología era impresionante, completamente diferente a lo que había visto en toda su vida. La nave en si no tenía un sistema de propulsión visible, pero sabía lo rápida que viajaba con poco esfuerzo y era plenamente estable. —"Tengo que llevar todo ese conocimiento a Corporación Cápsula. Podríamos hacer una revolución científica de nuevo."

Por supuesto el saiyajin no estaba encantado de hablar de la nave, por lo que sólo podía analizar los mecanismos externos de esta. La aleación de la parte exterior parecía ser diferente a cualquier material que conociera, para su desesperación. —"Esto será difícil construirlo desde cero. Tal vez él debería venir a la tierra conmigo."

Aunque cada día la posibilidad de regresar a la tierra disminuía de manera constante. No le gustaba pensar en ello demasiado, realmente le asustaba. Y no podía permitirse perder la calma en un planeta extraño, color anaranjado, con un príncipe que cada momento que pasaba se volvía más y más inestable.

Inicialmente Vegeta sólo se quedaba un par de horas, tomaba la siesta y cuando despertaba le llevaba comida. Estaba para escucharla quejarse de su aspecto descuidado y de su largo y desatendido cabello. Sin embargo, recientemente, su sueño se había hecho más pesado y el hecho de salir cada noche lo estaba agotando en demasía. Y cuando estaba despierto no había quejas, ni siquiera un gruñido en dirección de la peliazul. Se notaba muy preocupado por alguna cifra que le arrojaba el rastreador.

Ella sólo lo sorprendió hablando una vez. Un día que volvió con una herida leve en su mejilla. Él mencionó algo sobre tecnología inesperada para semejante escoria y luego rápidamente guardó silencio. Nuevamente atrapado por los números.

Al día siguiente Bulma fue perdiendo un poco la paciencia, la nave espacial tenía pre-definida una lengua diferente y Vegeta se negaba a traducirla o permitirle que la modificara porque podría dañarla y provocar algún accidente. Pero comenzaba a aburrirse, sobre todo ahora que el Príncipe estaba tan raro. Por no mencionar que se estaba empezando a…

—Vegeta, voy a salir. —Se puso de pie y no se sorprendió cuando el chico se materializó frente a ella.

— ¿Qué estás haciendo? Te he dicho claramente que no puedes abandonar la cueva.

—Sí claro, pero mi higiene no lo soporta más. No entiendo como es posible que tú huelas tan bien. —Se mordió el labio ante tal comentario que había lanzado, obviamente no era intencional. Pero si se sinceraba realmente olía delicioso. No era perfume o rosas, nada afeminado. Era más como una especie de mezclas peculiares que se unían perfectamente a la esencia del Príncipe, completamente varonil.

Ella estaba alegre de que el cumplido se le arraigó en la cabeza. —Bien muchacha. —contestó alejándose y dirigiéndose a la salida. —Sígueme, pero asegúrate de llevar tus cápsulas necesarias para estos casos.

Bulma se enrojeció, recordando que de lo contrario tendría que caminar afuera sólo en toalla. —"Bueno, eso sería mejor que cuando me vio en ropa íntima" —Su rostro se tornó aun más rojo.


Vegeta no se molestó en llevarla volando, el lugar estaba a sólo unos 3 minutos. Y ahí, entre todo aquél desierto, estaba un laguito de agua sorprendentemente azul. La superficie que estaba completamente quieta y formó ondas cuando ella posó delicadamente un pie sobre. — ¿Es seguro?

—Los minerales en este planeta se supone que tienen uso medicinal. —Respondió el chico un poco agresivo pateando el suelo. —Freezer la quiere como una especie de spa.

—Vaya, asesinar a un líder y aterrorizar a una población sólo para construir un spa, creo que no esperaba menos. "Maldito Bastardo". —Los oceánicos ojos se posaron en Vegeta, y este inmediatamente se dio la vuelta y se sentó con las piernas cruzadas, dándole privacidad para que se desvistiera.

El agua era sorprendentemente cálida, casi como una fuente termal. Bajó la cabeza inmediatamente disfrutando de lo que sentía. Se había terminado de asear en menos de 10 minutos, pero, obviamente no estaba lista para salir de ahí. Comenzó a nadar en los alrededores del pequeño lago haciendo que las olas rompieran en la orilla ligeramente.

Después de 5 minutos más, el Príncipe pensó que ya era suficiente. —Muchacha, ¿Terminaste ya? Tengo cosas que hacer y no puedo realizarlo si estoy aquí sentado esperándote.

—"¿Por qué no?" —Pero no hizo la pregunta en voz alta. Él ya estaba suficientemente amargado sin su sarcasmo. —Bien, Ya voy.

El aire normalmente caliente, se sentía terriblemente frio cuando Bulma salió de su ducha. Se estremeció un poco y sacó rápidamente una cápsula. —Vegeta, ¿Dónde está mi toalla?

— ¿Qué?

—Mi toalla, ya sabes, ese esponjoso pedazo blanco que siempre te robo cuando tomo una ducha…

Notaba lo inquieto que se encontraba el joven saiyajin, aunque permaneciera de espaldas a ella. —Yo no cargo con cosas tan triviales como esas en mis misiones.

— ¿Entonces cómo consigues secarte?

—Hmp. —Y esa fue la única respuesta que le ofreció.

Bulma suspiró. —Bueno, pues no puedo vestirme así, toda mojada, eso arruinará mi ropa.

—Pensé que de igual forma comprarías ropa nueva cuando regresaras a tu desagradable planeta.

Y no pudo evitar el comentario. —Si es que regreso…

Se quedó sin aliento cuando el saiyajin apareció repentinamente a su lado, sus ojos aún los mantenía cerrados. Levantó él su mano derecha y la colocó cerca de la piel de la chica enviándole una ola de calor a través de todo el cuerpo, provocando un hormigueo incesante. Vegeta ágilmente maniobró por casi cada centímetro de su silueta deslizando su palma por esa piel fresca. Ella se sonrojó al notar que evitaba sus zonas más delicadas, pero no podía dejar de sentirse agradecida por eso. El calor que emanaba era tan increíble, que sin quererlo se arqueó cuando la mano del muchacho se posó sobre su espalda baja.

—Eh… No te muevas. —La chica dejó escapar una risilla, viendo el rostro de él forrado en frustración. Pero aun así, mantenía sus ojos cerrados.

—"Ha, ¿Verdad que no soy nada fea?"

Pero terminó antes de lo que le hubiera gustado y Vegeta regresó a sentarse de espaldas a ella.

—Gracias. —Se vistió y luego le dio unas palmaditas al Príncipe en el hombro. —Eso fue casi amable de tu parte.

Se levantó de un salto ante el toque y guardó distancia. —Hmp, es más por mi beneficio que por el tuyo. No quiero escuchar quejas de nada.

—Mmm, por supuesto. —Pero una sonrisa coqueta se asomó a sus labios mientras caminaba de regreso a la cueva, siguiendo al saiyajin alterado.


Ahora que Bulma sabía que tenía aguas termales muy cerca de su precaria habitación, aprovechó su ventaja al día siguiente. Vegeta insistió en escoltarla y no es que le molestara. Se sentía más segura con su compañía a pesar de su mal humor, sería una gran mentira afirmar que no disfrutaba en especial de la 'Técnica de secado'.

Al final, la luna en el cielo había desaparecido, dejándolos completamente a oscuras a excepción de algunas estrellas dispersas que brillaban en el firmamento. La chica intencionalmente rozó una de las manos de él que emanaba calor disfrutando como su cuerpo se retorcía ante el contacto.

— ¿Dejarás de moverte muchacha? No quiero que te quejes si es que te quemo.

Rio, la energía que usaba estaba lejos de dañarla, pero paró de moverse a sabiendas de que Vegeta se cabreaba fácilmente. —Volvamos ahora Vegeta, probablemente Naps nos esté esperando.

El Príncipe frunció el ceño. —No entiendo por qué decides distorsionar así el nombre de un Saiyajin.

—Bueno, si estás celoso puedo llamarte Veggy.

Vegeta se dio la vuelta y le señaló. —Vuelves a llamarme así y no tendrás la capacidad de hablar nuevamente.

—Bien, bien, tú sólo permites el uso indiscriminado de apodos despectivos, Sabandija. —Ella seguía al saiyajin, pero se detuvo cuando vio que Nappa batallaba con algo en su espalda. El más alto de los guerreros murmuró para sí mismo. —Maldito Bastardo —antes de lanzar lo que parecía un pequeño cuerpo al suelo.

Los ojos de Bulma automáticamente se convirtieron en dos globos enormes ante el espectáculo. Levantó uno de sus delicados dedos en dirección al gigante antes de murmurar. — ¿Qué es eso?

El Saiyajin más alto envió una ráfaga de ki al ser en el suelo convirtiéndolo en cenizas.

—No es nada ahora.

—No te preocupes por cosas que no entiendes. —Vegeta la miraba de cerca, sin darse cuenta, su fría mirada había desaparecido. Estaba analizando su reacción tratando de entender si enloquecería o permanecería en silencio.

Ella quería gritar. Eso había sido un cuerpo, algo vivo y respirando. Nappa lo había convertido en polvo en cuestión de segundos. Pero la mirada del príncipe amenazaba con quebrarse si incluso rompía a llorar.

—Vete a la cama. —El Príncipe apareció a su lado pasando su nariz por su mejilla antes de que su boca reposara sobre su oreja. —No molestes a Nappa con preguntas, muchacha, sólo ve a dormir sin hablar por una vez.

Pero no escuchó nada al respecto— ¿A dónde vas?

El aliento le pegó de lleno en el rostro a Vegeta haciéndolo estremecerse. —No quieres sáberlo.