Disclaimer: Nada me pertenece, sólo me encuentro traduciendo por placer.
Capítulo 16
El escape.
Ella se estremeció al sentir la total atención de Vegeta nuevamente. Su rostro era totalmente indescifrable. No lucía molesto pero sabía que lo estaba. Detrás de esos gélidos ojos negros, se encontraba confundido ante las palabras de Jeice. Se levantó confrontando la situación antes de que él pudiera abrir la boca.
En respuesta el saiyajin sacudió la cabeza, no esperaba que fuera hacia él.
—Debería matarte —. La miró atentamente, pero la chica siguió caminando—Deberías estar muerta ahora mismo.
—Pero no lo estoy—Bulma se detuvo y bajó sus manos colocándolas en su espalda. Permitió que su cabello volara con el viento y aunque las delgadas hebras le llegaban a molestar en los ojos, se permitió no prestarles atención. Necesitaba enfocarse en los pensamientos de Vegeta. Se sentía nerviosa, pero no se dejó abrumar. Debía estar fuerte y segura para mostrarle que nunca haría nada para traicionarle.
—No me asustas—. Lo más sorprendente para ella es que la declaración no era mentira. Él tenía la fuerza suficiente para hacerla trizas en segundo o rostizarla con una bola de energía antes de que siquiera pudiera pensar en defenderse. Fue acusado de ser un asesino profesional, por la persona que conocía de más tiempo. Pero, ¿era en realidad un homicida o era esa persona de carácter peculiar con la que había estado conviviendo?
Los ojos azules se posaron por todo el cuerpo marcado, musculoso, del que se desprendía una fuerza vibrante. Tenía un gran poder, más del que ella pudiera siquiera imaginar, no se trataba sólo de su retorcida habilidad mental. Él había pasado por el infierno y regresado, desgastado y rasgado, pero ahí estaba. Obligado a matar para el que lo despreciaba. Golpeado por aquél que destruyó toda su herencia. Ella se creía incapaz de pasar por todo eso aunque fuera saiyajin.
— ¿Por qué no lo estás tú?
La mirada de él brilló ante la pregunta pero emitió un pequeño bufido antes de responder:
— ¿Por qué no estoy qué? Muchacha.
—Mátame. ¿Por qué no lo has hecho? Has tenido muchas oportunidades para deshacerte de mí pero aquí sigo. Desde el primer momento en que aparecí en tu habitación pude ser un espía, sin embargo trataste de ayudarme. Me ofreciste tu apoyo aun cuando no estaba en condiciones de negociar. Has arriesgado tu vida para salvarme de Zaabon o Freezer. ¿En serio piensas que te traiciono? Entonces termina con lo que debiste hacer desde un principio. Mátame—. Ella sonó más molesta que asustada— De igual manera no volveré a casa así qué ¿cuál es el punto?
—Idiota— Vegeta agarró su brazo repentinamente anulando la distancia que existía entre ellos quedando ambos cara a cara—No lo entiendes.
—No— Respondió sacudiendo la cabeza. Lo veía respirar con dificultad, tenso, pero no se alejó. Habían pasado demasiado tiempo juntos como para que la atemorizara—. No, no entiendo quién eres. ¿Un príncipe o un mercenario? ¿Me matarás por lo que Jeice te dijo o finalmente te levantarás tomando tu vida y libertad de regreso? —Ella se estremeció ante sus últimas palabras, su voz aumentó hasta el punto de estarle gritando al guerrero que tenía enfrente. Pero seguía sin poder leer su expresión. Sólo tenía ese semblante arrogante.
—Eso es— Dijo él con una chispa de luz en su mirada.
— ¿De qué hablas? —respondió la chica levantando las cejas en señal de sorpresa.
Vegeta inclinó la cabeza hacia a su cuello. El miedo de ella incrementó considerablemente cuándo sintió las oleadas cálidas de su respiración en su piel provocando que se le erizara como respuesta.
— El por qué sigues aquí… – La distancia entre ellos era casi inexistente, su pecho varonil ceñido sobre la suavidad de ella, los rudos músculos de su tórax contra su delicada cintura —Eres Fuego, muchacha — Él sacudió lentamente su cabeza, dejando que su cálido aliento llegara a ella despreocupadamente. —Es… increíblemente atractivo.
La boca de la peliazul se entreabrió ligera, instintiva y ansiosamente, esperando por él, anticipándose al fuego abrazador que significaba un beso del saiyajin. Ese repentino brote de energía, junto a la sensación de calidez recorriendo cada centímetro de su cuerpo, hacía que su respiración se entrecortara.
Vegeta por el contrario, era otra cosa, un verdadero macho saijayin. Tal vez se debía a sus maneras misteriosas, su actitud de chico malo lo que lo convertía en un ser simplemente fascinante; o tal vez era su inmesurada fuerza/poder. Pero, sin importar lo que fuera, ella estaba disfrutándolo totalmente. Ese deseo no había sido en vano, no del todo.
—Detén ese incesante lloriqueo — sus ojos negro azabache revolotearon desde su boca hasta sus hermosos ojos azules, al tiempo que retrocedía un paso, causando que el corazón de Bulma se rompiera un poco.
—¿En qué estabas pensando Bulma? — Ella no había notado las pequeñas lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos, probablemente, producidas por sus gritos. Se apresuró a limpiarlas antes de que las viera el Saiyajin. Su lado racional le decía que todo eso era un error. Vegeta era salvaje e impredecible. No era, de ninguna manera, su novio perfecto. Pero aún pese a todo, sentía la necesidad de defenderlo. Nunca fue una persona que se fuera por la salida fácil. ¿Recolectar las esferas del dragón alrededor del mundo solo para conseguir novio? Bueno, ella era algo así. Pudo ser sencillo tener a cualquier chico del colegio, con su impactante combinación entre belleza e inteligencia. Pero eso hubiera sido aburrido, sin chiste, totalmente predecible. Ella no quería lo común. Ella deseaba aventura y Vegeta era exactamente eso.
¿Entonces es mi fuego? — Bulma sonrió y colocó una mano sobre su armadura —¿Es eso? ¿En serio? ¿No es mi increíble personalidad? ¿O mi legendaria belleza? — Se tensó cuando él se acercó a besar su cuello; sus húmedos besos la pusieron a tartamudear inmediatamente, aunque se las arregló para continuar: —¿O mi evidente inteligencia?
Hmm — Fue lo único que obtuvo por respuesta, aunque no le importaba.
Vegeta levantó su cabeza, presionando sus labios, con delicadeza esta ocasión, sobre los de ella. Instantáneamente, la peliazul se sonrojó pero él no hizo ningún comentario al respecto. El príncipe dio un paso atrás, fuera de su alcance.
—Bulma…
De nuevo su nombre. Era casi como si él hubiera le dijera muchacha a propósito, guardando su nombre para ciertos momentos provocando que ella quisiera agarrarlo a besos apasionados instantáneamente. Y probablemente lo hubiera hecho, de no sentir las piernas increíblemente débiles y si Vegeta no hubiera estado tan lejos de su fácil alcance.
Él parecía notar su pesada respiración, por lo que se acercó un paso, rozando con las manos sus delicados brazos, relajándoselos al contacto. Ella inclinó su cabeza hacía adelante, esperando sentir su cálido aliento, pero él levantó un dedo, deteniendo su avance.
—Voy a regresar.
—¿Qué? ¿A la cueva?
El príncipe ya había retrocedido reajustando su rastreador y mirando la neblina anaranjada en el cielo. —Con Jeice, él me está esperando para que le reporte tu muerte. — Él tomó algo de su bolsillo, el estuche de cápsulas —Yo no me di cuenta de que tenías la nave contigo, yo solo me di la vuelta, por un segundo, y te habías ido, ¿entendiste? —Vegeta le tendió la mano — tómalas.
—¿Qué?
Él se encontraba de pronto iracundo —¡Deja las estupideces muchacha! ¡Toma las malditas cápsulas y lárgate de aquí!
—Vegeta…
Él tiró el estuche en respuesta.
—Solo cállate y escúchame. Esta es la única manera para que sobrevivas. Toma la nave y vete. Manejaré a Jeice y Nappa y a cualquier otro que se interponga en mi camino, pero ¡Tienes que irte!
—No —Ella sacudió negativamente la cabeza —No me voy de aquí dejándote morir.
—¡Maldita sea! ¡Muchacha! ¡Solo vete! Hay un radar dentro de la nave pero la tecnología no es tan complicada, podrás desactivarlo.
—No me voy sin ti.
Vegeta la miró furioso. Estaba molesto, por lo que se acercó a ella rápidamente. Tomó el estuche de cápsulas y la abrió con movimientos decisivos. Pausó brevemente, observando las diferentes cápsulas, calculando, entonces tomó una y la arrojó al piso, revelando la nave espacial. Tomó a Bulma rudamente por la cintura, teniendo contacto directo con su piel. Con un control remoto, abrió la nave. Una vez abierta, arrojó a la peliazul dentro. Su espalda dio contra el asiento, pero Vegeta pareció no darle importancia.
—¿Ves esos botones? — dijo el príncipe, apuntando a un tablero lleno de símbolos y flechas — Puedes introducir las coordenadas desde ahí, si es que tienes alguna idea de dónde se encuentra tu planeta, podrás desactivar el radar después.
Vegeta ignoró sus temblorosos intentos de oponerse y la empujó nuevamente hacía la nave, contrarrestando su lucha por ponerse nuevamente de pie. Mantuvo una mano sobre la chica, directamente sobre su pecho. Su brazo la sostuvo ahí, atrapándola contra la nave como una viga de acero contra su clavícula.
—El botón de allá prepara la nave para el despegue. Aquél es para activar la hibernación. Creo que es todo lo que necesitas. Los días de hibernación se sincronizarán automáticamente cuando coloques las coordenadas. Despertarás unos 20 minutos antes de aterrizar, aproximadamente.
—Vegeta…
—Te vas de aquí — dijo, apretando la mandíbula —prefiero que mueras en el espacio a que atravieses este infierno conmigo.
Bulma movió la cabeza negativamente —Ven conmigo. Ahora. Desactivaré el rastreador y no podrán encontrarnos.
Su guante blanco apuntó una barra rectangular en la pantalla. —Cuando la nave espacial se encienda, verás que no queda demasiado combustible. Podrá durarte lo suficiente si mantienes una velocidad conservadora — dijo apuntando los botones que la controlaban —Aunque no puedo asumir que Jeice tenga la misma cantidad de combustible que nosotros tenemos. No tengo idea de dónde viene. Tampoco sé si puede o no respirar en el espacio, mencionó retirándole el brazo del pecho. —Una hora será suficiente de ventaja, si es que él puede ir más rápido que tú. Entiende. Él nos seguiría Bulma, pero a ti sola, no.
—No sé cómo pilotear esta nave Vegeta —dijo, aunque sabía que podría descubrirlo — No puedo hacerlo sin ti.
—Lo harás. Te vas ahora — respondió con voz firme.
—¡No! ¡No pienso dejarte aquí en manos de Freezer! ¡No puedo hacerte eso! — gritó ella y pareció finalmente tocar algo en él. Él no quería volver con ese lagarto rosado. La peliazul reconoció esto en su mirada, la tortura, los duelos, la masacre contra su orgullo. El amo del universo siempre contaría con su pequeño mono mascota, roto y abatido, encerrado en una jaula.
El saiyajin dudó antes de comenzar a elevarse del suelo, observando el horizonte. Ella necesitaba detenerlo. —¡Espera! ¿Y si destruyes su nave?
—¿Qué?
—Ya destruiste la de Nappa, ¿cierto? Bueno, ve y destruye la de Jeice, imagino que Raditz tendrá también una. Entonces, no podrán seguirnos. —Una salida desesperada, pero al menos, tenía el potencial de sacarlos a ambos con vida.
—¿Y si no puedo encontrarlos?
Bulma sonrió ante el comentario: —Ese no eres tú Vegeta. ¿Desde cuándo el príncipe saiyajin no puede hacer algo?
Vegeta regresó al suelo y asintió. —De acuerdo. No regresaré con Freezer —sus ojos oscuros recorrieron el cuerpo de la peliazul, después gruñó:
—Espero que tu patético planeta esté a la altura de un príncipe de este calibre.
Ella tembló ligeramente ante su doble sentido y dejó que una ligera sonrisa se escapara en su rostro.
—Creo que podremos manejarlo.
Bulma gateó fuera de la nave espacial e inmediatamente colocó ambas manos sobre su pecho, rozando sus dedos en su armadura.
—Hice algo en ti, ¿no es cierto? — dejó escapar como un ligero suspiro, ni siquiera segura de que quisiera que él lo escuchara.
—Hmp.
Ella sonrió, sabiendo que no conseguiría una respuesta directa.
—Lo considero aceptable tomando en cuenta las circunstancias en las que me encontraba viviendo.
Bulma reposó la cabeza en su pecho. Él era solo una pulgada más alto que ella, como mucho, pero no le importaba. Sentía la barbilla de él reposando en ella y su respiración profunda, teniendo la impresión de que hasta ahora, él se encontraba realmente preocupado. Bulma escuchó los guantes caer en el piso y sintió sus manos, recorriendo su piel, apretándola a su cuerpo, dejándose abrazar profundamente mientras un calor que surgió en las profundidades de su ser, se extendía invadiéndola.
—No cambias, ¿verdad?
Él le levantó la cara y la besó, con su habitual rudeza rodeada de la pasión que sentía por ella. Fue un beso corto pero volvió a abrazarla queriendo retenerla ahí, a salvo por siempre; pasaba ambas manos por su rostro, compartiendo su calor y acariciando su cabello azul.
Ella se agarró de los hombros de él, para no caer al piso y para permanecer más cerca de su cuerpo. Sintió que sus manos iban bajando, siguiendo cada curva de su silueta al tiempo que volvía a besarla intensamente, consumiéndola, invadiendo su boca con su lengua de fuego. A ella no le molestaba tanta intensidad, ni tanto poder, aunque se notaba que él se estaba conteniendo.
El príncipe aún sentía demasiado frescas esas nuevas emociones, aunque no lo ponían incómodo. Se sentía sorprendido pero sin dejo de duda. Había un rastro de desesperación del uno por el otro que los unía.
Bulma rompió el beso en búsqueda de un poco de aire.
—¿Crees que Jeice nos encontrará?
—Tal vez — respondió él, con un tono de voz sereno, sin optimismo o pesimismo.
—No pelearás contra él, ¿verdad?
—Tendré que hacerlo, si nos encuentra.
Bulma pasó saliva con preocupación y lo abrazó. Lo sentía tenso nuevamente, menos sexual aunque aún íntimo. —Te esperaré.
Él relajó sus hombros, dio un paso atrás y recogió sus guantes del suelo, colocándoselos nuevamente. —Dame una hora.
—¿Y luego qué?
—Asume que morí y vete.
—Pero…
—Si ataco a Jeice sabrán que lo hago por defenderte. Vendrán directo por ti. Una hora y te vas. Es tiempo suficiente.
Ella no asintió, pero, sentada en el suelo, susurró: —Te esperaré.
—Muchacha,,,
—Estaré justo aquí cuando vuelvas Vegeta —dijo con una pequeña sonrisa —puedes estar seguro de eso..
Las naves muy fáciles de encontrar. Demasiado sencillo.
Comenzó buscando por el área dónde había detectado el poder de pelea que correspondía a Jeice. Las dos naves se encontraban unos 9 metros de distancia entre ellas, aún en sus cráteres, como huevos en su nido. Tomó solamente dos rayos de energía acabar con ellas. No habían pasado ni 20 minutos cuando Vegeta ya se encontraba de regreso, volando hacía su propia nave, pero, más importante, hacia Bulma y su escape.
Él no pudo contener una mueca de alegría cuando vio la nave justo donde la dejó. Obviamente no esperaba que ella se fuera sin él, sabía que no le haría eso. Fue ingenuamente sincera, diciendo lo que sentía y pensaba, cosa que a él le molestaba, aunque solo parcialmente, la prueba era que ahí estaba esperando para huir con ella.
Ella era honesta con él aún cuando él había sido honesta con ella… aún…
—¿Muchacha?
La nave espacial aún tenía la puerta abierta, pero la chica no se encontraba adentro. Rápidamente presionó su rastreador tratando de detectar algún poder de energía, por mínimo que fuera, pero no había nada.
Comenzó a elevar su ki y se elevó para ver el área en su totalidad. Nada.
—¡Bulma!
Ninguna respuesta.
—¡Mierda!
Aterrizó e inmediatamente comenzó a buscar signos de batalla.
—¡Ese bastardo debió matarla! ¡Mierda! —pero no había nada ahí. Ningún humo o señal de un estallido de ki, ningún signo de pelea ni en el suelo ni en la nave. Acercándose más, inclusive vio que ella no había terminado ni siquiera de desactivar el radar de la nave.
—¿Qué está pasando?
Vegeta se mofó de esa emoción que crecía en su pecho. Ella no estaba ahí. No cumplió su promesa. No lo esperó. Pero, ¿a dónde se había ido?
Pasó una eternidad registrando el área. Pero solo veía un panorama desértico. Planicies rojas y cuerpos carbonizados, a lo largo de otros cuerpos deshidratados y cubiertos de sangre seca. Nappa acabó con el planeta. Solo podía detectar otras tres formas de vida y todas eran demasiado altas para ser Bulma.
—¿Qué carajos pasó?
Un nudo de dolor crecía en su pecho y estómago cuando aterrizó junto a su nave. Nuevamente observó el lugar dónde la dejó sentada, con sus piernas abiertas, seductoras, una invitación que no podía rechazar y que nunca supo muy bien qué haría cuando la aceptara. Recordar sus últimas palabras le produjeron una punzada. Se encontraba sumamente confundido y tenía un sentimiento intenso de abandono y soledad. Vegeta se paralizó cuando realmente lo entendió. Él fue abandonado ahí. Uno de sus últimos rayos de esperanza para finalmente alejarse de Freezer fue arrancado abruptamente, en descuidado acto. Ella lo dejó esperanzado, lleno de nueva ilusión por vivir, pero todo se evaporó como agua en el desierto. Se sintió profundamente herido, muy apenas si podía pestañear cuando sintió que una presencia se acercaba a él.
—Qué tal Vegeta, comencé a desesperarme. Pero dime, ¿qué causa ese incremento en tu ki?
El príncipe maldijo internamente a Jeice, flanqueado por los otros dos saiyajin. Sabía que lo estaban monitoreando, las explosiones de las naves no podían ser ignoradas. Pero esperaba que ella estuviera lista para partir. Dos minutos antes y él podría estar lejos de ese planeta, lejos del alcance de Jeice o Freezer. Pero ese plan estaba en la basura ahora.
—Vete a la mierda Jeice.
—¿Dónde está tu chica?
Tanto Nappa como Raditz observaron alrededor de la nave espacial y voltearon a ver al príncipe, confundidos. Nappa levantó una ceja y se aproximó a él:
—Finalmente te deshiciste de ella. ¿Cierto? —le espetó dándole unas palmaditas en la espalda. —¡Por fin! Mira vegeta, es difícil la primera vez, pero no te preocupes… Te acostum…
—¡Cállate Nappa! —El dolor en su voz era devastador.
Raditz se aproximó a él, con más mesura:
—¿Se ha ido?
La pregunta de este pareció aterrarle. Su mente trataba de procesar todas las opciones tangibles para su desaparición, pero nada tenía sentido. ¡Ella había prometido esperarlo y no lo hizo! Vegeta dio un paso para atrás, buscándola con desesperación nuevamente. Ellos no la habían matado, y, aparte de ellos, no existían otras formas de vida en el planeta. Pero ella había desaparecido, se había desvanecido totalmente. El rastreador no revelaba nada.
Él dolor en el pecho lo paralizó. Ella llegó y se fue en un suspiro, dejando a su paso solo desesperación y traición.
Vegeta gruñó y les respondió lo que estaba pensando:
—¡A quién le importa qué es de ella! — y volteando a ver a Jeice —¿Qué quieres? Aquí estoy. Llévame de regreso con ese lagarto rosado y terminemos esto de una vez.
—Ok Vegeta, pero parece que nuestras naves tienen ciertas… fallas. —Respondió sacando su control remoto. —No están respondiendo a la llamada. ¿Te importaría comunicarte a las naves principales pedirles que nos envíen otras 3?
El príncipe pensó que Jeice era demasiado idiota para no echarle la culpa por el daño en las naves, aunque el alien rojo sabía que el príncipe estaba atrapado y que no tenía más remedio que obedecer, aún así sentía pena por él, lo veía como un debilucho.
Vegeta presionó su rastreador, leyendo el poder de pelea de Jeice y maldiciendo cuando vio que se salía de su alcance. Se encontraba atrapado, con un muy enojado Zaabon y con un muy posible iracundo Freezer. No sabía si Raditz secundaría sus planes de desafiarlos llegado el momento. Tampoco sabía cuándo se volvería lo suficientemente fuerte como para ganarle. Es incluso posible lograrlo sin la inmortalidad.
Vegeta gruñó afirmativamente y programó el comando en su rastreador. Algún soldado de clase baja respondió inmediatamente que las naves serían enviadas y que tomaría solo un par de horas. Dejó de ver la cara de presunción que tenía Jeice, concentrándose en su propia nave y en el estuche de cápsulas que había en el asiento. Inmediatamente caminó hacia ellas, aunque la dulce presencia de la peliazul le dio de lleno cuando él se sentó en el lugar que ella había ocupado tan solo media hora atrás. Tomó el estuche, contemplándolo y sosteniéndolo como si estuviera hecho de cristal y no de metal.
—¿Vegeta?
No respondió, esperando que el idiota entendiera y lo dejara solo. Pero no tenia tanta suerte. Su mano se deslizó por la tapa del estuche, asegurándose de que estuviera cerrado antes de dejarlo sobre el asiento de la nave.
Raditz continuó: —Vamos a irnos a la cueva ¿Vienes?
Vegeta asintió mirando pesadamente la nave, antes de seguir a los tres hombres que ya cruzaban el trecho anaranjado. No entendía por qué Raditz le había hecho la pregunta de seguirlos, él no tenía ninguna alternativa.
