Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
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[CORREGIDO]
Ubreakable
CAPITULO VI
Tormenta Cerca
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Su cabello se removió entre las sábanas, sintiendo a su lado una inmensa fuente de calor. Se aferró a ella sintiendo una suave superficie, tanto que inconscientemente fue incitado a acariciar con su mejilla y olfatear con su nariz. Era un aroma fresco, acogedor y de alguna forma un poco nostálgico, hasta un punto maternal, bajó su cabeza y se encontró con algo más suave y esponjoso, en los cuales se recostó y olió aspirando un dulce aroma de cerezos. Su nariz acarició una de las elevadas montañas en las que estaba recostado, y supo en ese momento que se trataba de los senos de una mujer. Aun así, no dijo nada, ya que la posición en la que estaba le era extrañamente cómoda y una parte de su mente le pedía que no se separara. Escuchó el latir del corazón al estar tan cerca de él, este estaba calmado y apacible, llevando un ritmo que lo relajaba como un niño en los brazos de su madre. Abrazó el pequeño y delgado cuerpo con el que se encontraba descansando, y ella ni siquiera se inmutó al hacerlo, así que él lo tomó como un permiso a seguir con sus acciones. Su rostro seguía pegado a su pecho, aun escuchando la canción de cuna que el corazón le tocaba, y en ese ritmo él acariciaba los brazos de la mujer, ella solo se movió para abrazarlo por el cuello y pegarse más a él. Escuchó de los labios de ella una canción, y siguieron en la misma posición durante un rato más.
— ¿Cómo te encuentras? —escuchó Itachi en un leve susurro, un poco extrañado ya que el tono de era inusualmente apagado. Sintió su mano acariciarle la mejilla, que después subió hasta el cabello y sus mechones sueltos y esparcidos por toda la cama.
—Bien… eso creo —respondió él tranquilamente, sonrió inconscientemente pegándose más a Sakura, no tenía ninguna intención de separarse de ella, ya que de todos los contactos que él había tenido en su vida, ese era lo más cercano a una muestra de afecto—. De hecho… me siento mejor que nunca.
—Eso es una buena noticia, me alegra… —el tono de ella seguía igual de vacío, pero aun así Itachi percibió un tono dulce, y preocupado—, y… ¿Puedes verme?
La cercanía y el abrazo no se deshicieron aun después de la pregunta, pero Itachi solo abrió sus ojos sin encontrar ninguna novedad. Levantó el rostro, intentando imitar mirarla a los ojos.
—No entiendo a qué te refieres —la mirada de Sakura se entristeció sin que Itachi se diera cuenta mientras le decía, y lo único que hizo fue abrazar a Itachi con fuerza apretándolo contra su pecho. Itachi no dijo nada hasta que Sakura empezó a sollozar— ¿Sucede algo?
Sakura no dijo nada, y sus gemidos y suspiros eran apenas audibles. Aun así, ella le respondió.
—¿Nunca te ha entrado la curiosidad de cómo es mi rostro? —Itachi no pareció entender, así que Sakura cogió una de sus manos para llevarla a su rostro—. Saber… de qué color son mis ojos, mi cabello, mi cuerpo… todo, ¿No te lo has preguntado?
Itachi entrecerró los ojos, ¿qué si no se lo preguntaba? Por supuesto que lo hacía. No quitó sus manos de sus mejillas, y con un dulce pasar, acarició su cuello y pasó sus labios con su pulgar. Tocó sus cejas, sus pestañas, su frente y por último su cabello. Aún era corto, y según sus pocos recuerdos su cabello era rosa. No recordaba sus ojos, y tampoco recordaba si el tono de su piel era de un rosa pálido o un durazno cremoso, o la complexión de su cuerpo, pero en aquel entonces las mujeres estaban en el último lugar en la lista de cosas por las cuales preocuparse para él. Su voz era apacible, ronca cuando ella se molestaba, su cuerpo era delgado y suave, la cintura marcada y unos pechos pequeños. Todas aquellas características él las podía visualizar en su mente con un poco de memoria e imaginación, no había pasado mucho tiempo desde que la encontró en su rumbo a Suna con el kyūbi, pero aun así sabía que no era la misma.
—No sabes cuánto quiero que me veas… —Sakura hizo las mismas acciones que él, gimoteando—. No es justo que solo yo tenga la dicha de ver tus expresiones en este momento… por favor, Itachi… déjame…
—No —fue un susurro, pero uno que logró detener el llanto de Sakura, así como sus caricias—. Esta es mi decisión…
Itachi no aguantó mucho más, y tomó los finos labios de Sakura contra los suyos en una dulce caricia. No era como aquella vez que este aprovecho el momento, esta vez aquel beso era crucial para ambos, una fina conversación sin diálogos que daban a entender miles de cosas sin utilizar el sonido o la mirada. Sakura cerró sus ojos e Itachi con sus pulgares le limpió las lágrimas de sus mejillas, besó su rostro, su frente, sus ojos, mejillas y nariz. Una descripción que podía desarrollar al menos un poco era que sus labios eran tan finos y delgados como la tela más suave que él pudo haber tocado, le llenaban de calidez en su interior y lo único que hacía cuando él la besaba era profundizar más aquella sensación, quizás por las ganas de conocer más de ella con solo tocarla.
Después escondió su cabeza en el hueco de los hombros de Sakura y se dispuso a descansar. Ella no dijo mucho más y pasó sus brazos por los de él abrazándolo con lentitud. Aunque los intentos fueran inútiles, sabía que Itachi tenía una pequeña parte de él que decía "quiero ver, quiero vivir". Desgraciadamente Itachi pasaba de él a propósito.
Sakura tenía unas enormes sombras de un color lila debajo de sus ojos. No había dormido en toda la noche ya que las pesadillas le abatían, en especial las pesadillas en las que aparecía Sasuke. Había escenas donde solo se encontraba ella en la oscuridad, incapaz de moverse, se hablar, de mirar a otro lado que no fuera un abismo oscuro, para después encontrarse con una silueta parecida a la de Sasuke. Despertaba acelerada y lo primero que hacía era abrazar a Itachi, incluso acercarse lo más cerca posible a él y sentir que no estaba en el mismo bosque de días pasados. Quería olvidar los recuerdos de los Uchiha, olvidar que conoció a uno de ellos y la lastimó cruelmente, olvidar que conoció a otro, y terminó por sentir tanto apego a él solo para encontrar que este no tenía otro objetivo en su vida más que esperar su muerte. Odiar y querer al mismo tiempo era un sufrimiento que Sakura padecía día a día con Itachi. Y un castigo era ver el rostro de Sasuke, sus labios, sus ojos, su cuerpo, todo, en Itachi.
Las horas pasaron y Sakura por fin había hecho que Itachi se vistiera y saliera de la habitación. Yuzuki y su esposo, al verlos tan unidos y a Sakura, a quien solo veían en horas de comida, decidieron dejarlos solos el mayor tiempo posible, Yuzuki salió a ayudar a su marido dejando una nota en la cocina a Sakura, donde les pedía que por favor salieran a comer a una aldea que se encontraba cerca de su cabaña.
— ¿Y si nos perdemos? —dijo algo preocupada Sakura, escuchó una pequeña risa en Itachi y este le acaricia la cabeza.
—Tú nunca te perdías cuando ibas a comprar, y estaba a dos horas de camino, vamos…
El camino había durado casi una hora, porque fueron caminando a un ritmo lento hasta la aldea. Pero los dos se sentían mejor que nunca y nunca soltaron sus manos desde que salieron de la cabaña. Llegando a la aldea, el lugar que Sakura le pudo describir a Itachi era una aldea muy pequeña y con pocos puestos de comida, la gente que se paseaba por las calles era en su mayoría ancianos, y uno que otro niño jugando. No quisieron andar mucho por ahí, ya que la única que admiraría la vista sería Sakura. Así que fueron directo a un puesto de comida donde comieron un gran bol de arroz e Itachi un pescado asado. Cuando iban de regreso Sakura vio algo a lo lejos.
—Itachi, ¡Mira, una puesto de postres!
La tienda era pequeña, donde una cortinilla azul tapaba el interior. Así que decidieron entrar para ver el lugar. Resultó ser un lugar muy acogedor, pero también muy abandonado. Itachi no hizo ninguna queja en ir a comer algo así que se Sakura se acercó a la pequeña anciana que estaba en el recibidor.
— ¿Puede darnos una mesa por favor?
La anciana les habló amablemente diciéndoles cosas como si fueran un par de jóvenes enamorados. Sakura se sonrojaba un poco e Itachi agradecía los cumplidos con vergüenza. Así que, mientras la anciana seguía dándoles consejos si estos pensaban alguna vez casarse, Itachi intervino antes de llegar a temas más bochornosos.
—Gracias señora… Kikuzumi, ¿Puede traernos dos órdenes de Dangos, por favor?
La anciana comenzó a reír, poniendo excusas sobre su larga charla donde ella era la única en hablar, a la vez que se disculpaba por ello. Así que se retiró para ir a dejar los pedidos a su esposo que era el cocinero. Sakura suspiró de los nervios, e Itachi parecía estar más tranquilo.
—Gracias por la ayuda… cariño.
Los dos rieron por el comentario, ya que no tomaron tan enserio las cosas de la anciana y preferían ser confundidos como una pareja a tener que ser descubiertos por lo que eran en realidad, dos ninja, uno renegado y la otra prófuga. La aldea no tenía oficinas ninja, por lo que esta debía estar unida a una aldea más grande como Suna o Konoha, siendo habitada por gente sin ninguna habilidad de combate eran campesinos agricultores, y estos solían rechazar a los ninja por su justicia sangrienta. Sakura ya había sido rechazada por varios aldeanos cuando, en sus misiones en grupo, estos buscaban hospedaje en pequeñas aldeas.
Las órdenes fueron dadas y la anciana se retiró minutos después de haberles traído el plato. Itachi lo primero que hizo fue comer uno de los dangos, y Sakura no esperó a ver una mueca de satisfacción en su rostro al comerlos.
—… ¿Te gustan los dangos? —preguntó de repente, Itachi quien tomaba ahora su taza de té se detuvo.
—Al ser un alimento ligero, pero a la vez nutritivo, era lo único que comía cuando salía de Akatsuki… además, son muy buenos.
Sakura no sabía muy bien, pero pensó que Itachi en verdad tenía gustos más comunes como los demás. Antes de vivir en la cabaña Sakura era la encargada voluntaria de hacer algo de comer, y gracias a ello esta pudo averiguar un poco sobre los gustos del Itachi. La comida picante no era de su agrado, así como había platillos que se comía sin gusto ni desagrado, pero cuando era algo dulce incluso parecía gustarle. Sabía que disfrutaba de los dulces caseros y tradicionales. No comía alimentos muy salados y su preferencia a los postres era más de lo esperado. Aunque finalmente era una persona educada comiendo hasta el último trozo de su platillo, Sakura podía ver algo muy cotidiano y humano en él a fin de cuenta, y eso le gustaba.
La comida había terminado y juntos habían regresado a la cabaña donde los dos propietarios se alegraron de ver a sus huéspedes más animados, en especial a Sakura, y entre platicas animosas el tiempo se fue volando hasta la noche donde el sueño ya los vencía a todos. Itachi se quedó dormido primero, y cuando Sakura salió ya vestida con su pijama que era su frágil vestido blanco, se llevó una tierna sorpresa. Era verdad que dormir volvía a la gente más joven, e Itachi no era una excepción. Muchas de sus facciones eran mucho más infantiles de lo que pensaba, su nariz algunas veces hacía muecas curiosas y sus labios se entreabrían cuando este dormía de costado, a veces adoptaba posiciones tiernas, otras veces se quedaba quieto sin hacer ningún movimiento, y otras veces podía escuchar su respiración contra su cuerpo.
Sakura se había dado cuenta que Itachi era el primer hombre con el que dormía. No era lo mismo dormir con Naruto porque no había suficiente espacio en la tienda o este no había traído su sleeping, tampoco era como hospedarse en esos hoteles viejos en una habitación con varias camas. Itachi se acurrucaba en su pecho en las mañanas, le pasaba el brazo por la cintura semidormido e incluso jugaba con su cabello.
Pero Sakura tenía una duda desde que Itachi despertó. La razón por la cual Itachi no recuperó la vista aun con la hierba milagrosa. Lo había repasado muchas veces en todo su trayecto del día, quizá el cuento de la hierba milagrosa era un mito, una mentira, una broma de los médicos ancestrales para darle esperanzas a los desamparados. Sakura seguramente era otra pobre mujer desesperada que había caído en el engaño. Y lo más irónico que la que estaba más dolida al respecto era ella y no él, quien estaba de lo más tranquilo con aquella enfermedad en sus ojos, desde que había entrado a la medicina por la maestra Tsunade, fue para salvar a la gente, para que la vieran con otros ojos que no fueran las de un ninja inservible. A lo mejor por eso entrenó tantos años, para aparentar ser una médico excepcional y no un ninja mediocre, una chica consentida y llorona.
El ver a Itachi, conocer su pasado aterrador y dejarse abrazar y besar por él, era otra cosa de lo más ilógica. Pero si alguien que apenas lo viera de vista, no podría tacharlo de asesino, porque su imagen no daba la apariencia de uno, ni siquiera sus gestos y sus ideales. Sakura estaba cada vez más dudosa de aquel asesinato de hace diez años. Le costaba creer que alguien como él pudiera ser capaz de eso, era fuerte, cierto, pero si fuera malo, ¿No estaría ella muerta desde hace mucho tiempo? Desde el primer día, su instinto asesino pudo hacérselas para clavarle el kunai y desgarrarle la garganta.
Se removió de la cama, acercándose más a Itachi y llegar a abrazar su torso. Su calor era adictivo, una fuente de energía que diariamente le ayudaba a sonreír, ¿cuándo se había vuelto tan dependiente de un hombre? Pudo haberse enamorado, pero no sentía la misma sensación que cuando Sasuke. No sentía nada igual a lo que su infancia le recordaba: mariposas en el estómago, sonrojos repentinos, pensar en él una y otra vez, ver corazones en cada momento alrededor de esa persona. Con Itachi las cosas eran muy diferente, pero le recordaban la una de la otra: su pecho se oprimía de una manera dolorosa cada vez que él se venía a sus pensamientos, su aliento se iba cuando estaba muy cerca de él, además, las lágrimas eran incontrolables cuando se sentía impotente, como en ese momento lo estaba.
Itachi pasó un brazo por la cintura de Sakura, atrayéndola más a su torso, y con la otra le abrazó el cuello, pero hubo un inconveniente. Sakura sintió un dolor punzante en el cuello que antes no había sentido. Se separó de él con delicadeza, y sin decir mucho fue al baño para mirarse al espejo. Quiso gritar, pero lo único de lo que pudo ser capaz fue de taparse los labios con las palmas de sus manos. Moretones, marcas, cicatrices. Sakura estaba llena de esas marcas ahora que se había puesto una ropa menos abrigadora. Su cuello tenía una inmensa marca de una mordida, de un tono purpura muy oscuro. En sus hombros solo había manchas lilas, sus piernas tenían rasguños y en su espalda ya sentía las costras de sus rasguños caer, ¿tanto había hecho Sasuke, tanto era el deseo de marcarla? Pudo haber sido capricho, un deseo posesivo. Eso es, Sakura debió de ser siempre una pertenencia de Sasuke Uchiha desde el momento en el que se enamoró de él.
Una lágrima cayó, y después otra. No pudo contenerse hasta el punto en el que comenzó a sollozar, y eso fue suficiente para que Itachi fuera a abrazarla por la espalda.
—Los has sentido… —murmuró ella entre balbuceos.
—Solo los rasguños… le respondió con tranquilidad—. Puedo preguntar… ¿Quién fue?
—No lo sé… —lloró nuevamente—. No pude reconocerlo, estaba en peligro, así que lo ayudé, pero…
— ¿Se rebeló ante ti? —Sakura pareció no entender—. Ese animal debió haber sido muy cruel al herir a la persona que le ayudó.
No dijeron nada más, y ella se abrazó tanto a él que terminó dormida en su pecho. Él no dijo nada al respecto, y solo se dedicó a velar por ella acariciando su cabello. Sus heridas estaban vigentes, y él sabía que no fue una mascota, pero no quería ser entrometido. Después de todo ellos no eran nada, más que un paciente y su enfermera personal. Querer tenerla a su lado era algo tan egoísta que ya no le importaba en lo absoluto, hace mucho que dejó de importarle quien era ella en realidad. No podía asegurar quien era la persona que le causó eso, tampoco quienes fueron los responsables de la guerra que estaba tan cerca de su cabaña. Tampoco podía asegurar que era lo que le pasaba a él, pero estaba claro que no quería saberlo, no quería saber absolutamente nada.
Abrazó a Sakura contra sí una vez más, como si de esa forma no hubiera escapatoria para ella, no quería dejarla, y cuando ella lo hacía él inesperadamente le esperaba, como una mascota fiel y leal a su dueño. Si, él siempre fue un perro para el mundo, para el destino, marcado desde que nació a obedecer las acciones que él no quería hacer, elegir las decisiones que él no quería, sobre todo, estar con las personas con las que él no debía de estar. Después de todo, esas manos llenas de sangre no podían tocar ni un pétalo de flor, menos la suave piel de una chica tan pura como ella.
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Amaneció, y lo primero que hizo Sakura fue levantarse para ir a tomar medicinas y hacerlas pomadas, con ayuda de Yuzuki, quien diariamente se despertaba temprano, se aplicó todo el ungüento en su espalda, cuello y hombros, que era donde tenía las heridas más notables.
—Estas heridas, ¿tienen algo que ver con lo que paso ese día, no es así? —Preguntó Yuzuki con un tono muy tranquilo, Sakura se estremeció y su piel se puso de gallina de inmediato—. Ya veo… ¿se lo dirás?
—No es necesario —respondió ella sin titubear—. Él está luchando muchas batallas por sí solo, y yo que soy la única persona con la que ha hablado por casi medio año no conozco la mayoría de sus problemas, solo sería una carga más el decirle lo sucedido.
—Pero corazón… —suspiro ella con un poco de cansancio —. Él no es el único, ¡Tan solo mírate! Tu rostro está muy pálido, y anda que casi lo confundo con la nieve.
— ¿E-en serio? —miró su rostro desde un espejo, era cierto que había descuidado su salud y apariencia, pero el problema es que ella no podía darse cuenta porque Itachi no se lo mencionaba, y en ese entonces este era el único con el que hablaba. Si no fuera porque Yuzuki les hacía comer adecuadamente, su rostro ya parecería el de un esqueleto.
—¿Cómo has estado desde entonces? Después de una violación es normal los efectos secundarios, incluso esta la prioridad de…
—No se preocupe, me hice un chequeo a mí misma por si eso pasaba, además de que he mi periodo llegó hace poco.
—No sabes cómo me tranquiliza escuchar eso —resopló llena de alivio la señora, y después de terminar de poner los vendajes en la espalda y en los hombros Sakura regresó a donde Itachi.
La habitación estaba algo desordenada, algunos muebles habían sido recorridos y una que otra cosa estaba en el suelo. Escuchó golpes huecos en el baño y Sakura lentamente se acercó. Itachi estaba tocando todo a su alrededor a la vez que tiraba más de una cosa como la pasta dental y algunos objetos puestos ahí. No pudo evitarlo y soltó una pequeña risa que Itachi percibió.
—Esto… bueno —Sakura no supo si estaba nervioso, ya que su expresión estaba muy tranquila—. Estaba memorizando las cosas de la habitación, ya sabes, para poder estar cómodo al menos en la habitación.
—Será mejor que no nos acostumbremos —comento Sakura un poco más seria—. Le estamos causando muchas molestias a una adulta pareja, creo que dentro de unos días lo mejor será entrar desapercibidos en alguna aldea pequeña y conseguir al menos un cuarto en alguna posada.
Itachi dejó de hacer lo que estaba haciendo, y atraído por un olor herbal olfateo el cuello de Sakura.
—¿Te has curado las heridas? —Sakura enrojeció por la vergüenza.
—S-sí, la señora Yuzuki me ha ayudado.
Itachi comenzó a acariciar las vendas de Sakura, para darse una mejor imagen de cómo se vería ella en ese momento. Posó sus manos en su cuello rodeándola sin acercarse, pero sin aplicar fuerza alguna, y estas manos bajaron hasta llegar a sus hombros, Sakura en ese momento solo llevaba un top color negro puesto, para tener más libertad de tratar sus heridas. Itachi se dio cuenta de que las heridas seguían incluso un poco más debajo de sus hombros, y que toda su espalda estaba llena de gasas y curitas puestos, además del olor a medicina que irritaba la nariz a ambos. Sakura apartó dulcemente las manos de Itachi, y con lentitud lo llevó hasta la cama como un pequeño niño para hacerlo dormir. Ella se recostó en el respaldo de la base de la cama y dejó que Itachi se acostara en el regazo de ella.
—Me pregunto qué será de mí cuando tú y yo nos separemos —empezó a decir de repente Sakura, cuando lentamente comenzaba a acariciar el cabello del muchacho—. Lo más seguro es que tenga que ir a Suna para conseguir trabajo, o quizá podría irme más lejos, no lo sé… la Aldea de la Lluvia, el Sonido, quizá puedo incluso quedarme en el país de los Campos de Arroz.
Sakura dejó de hablar un momento, esperando escuchar que Itachi no se había quedado dormido, últimamente él se había vuelto todo un holgazán, así que le miró el rostro por un momento y vio que este estaba despierto, solo que con la mirada algo perdida.
— ¿Itachi…?
—En el país de los Campos de Arroz hay mucha vegetación —murmuró este, muy calmado y con una forma de hablar algo adormilada—. La comida de ahí es generalmente casera, hay pocas tropas ninjas, pero son fuertes, además de ser un lugar con un clima húmedo.
— ¿Has estado en ese lugar? —preguntó ella curiosa.
—Sí… estuve por unas cuantas semanas por un… encargo —Sakura dejó de acariciarle el cabello de repente, se quedó inmóvil por un momento y después recordó.
Akatsuki. La organización más temida por todo el país del fuego y muchas partes más. Itachi, aunque aparentara ser una persona buena no podía borrar su lista de crímenes, ni los que conoce Sakura ni los que ella y la ley desconocía. Incluso si era una buena persona, incluso si su presencia es agradable para sus ojos, aún si le gustasen sus besos, caricias y palabras dulces, él estuvo en Akatsuki. Lo único por lo que una persona puede estar ahí es para cometer crímenes, asesinatos, delitos y muchas faltas tanto a la ley como a la moral. Esa apariencia tan vulnerable y callada de Itachi podría ser una distracción y arma que él siempre usa para seducir presas, y ahora, al estar herido, debió haberla seducido a ella para que estuvieran como ahora, ella dependiente él y este siendo cuidado y alimentado gracias a ella.
Una lágrima se derramo, después otra, después todo su cuerpo se volvió rígido y se apartó de él de inmediato, se hizo ovillo, le gritó, le insultó. Él quiso acercársele, pero ella de un manotazo le apartó el tacto. A final él se quedó quieto, frente a ella encima de la cama, viéndola llorar como una pequeña que ha tenido un mal sueño. La mirada de Itachi no tenía nada en particular, pero de que sus brazos querían envolverla era seguro, quería cantarle una canción y tranquilizarle, mecerla mientras le reconfortaba con palabras de aliento en susurros a su oído. Pero ella no le tenía permitido acercársele, le había rechazado una muestra de apoyo de todas las que le ha dado. No supo deducir cual fue la razón, quizá un arranque de emociones le había llegado en ese momento.
— ¡Déjame sola! —Exclamó entre sollozos— ¡Ya he tenido suficiente, no quiero saber nada más de ti!
La mano de Itachi quiso acariciarle la mejilla, pero ella le aparte bruscamente.
—Quiero entender… quiero saber el porqué de tus razones… —lloró ella mientras se secaba las lágrimas que poco a poco brotaban mucho más—, ¿por qué no quieres ser curado, acaso no quieres conocer el mundo como lo conocías antes, o mejor aún, de una manera diferente? Tampoco sé nada de tu pasado, nada de tu verdadero pasado, me tengo que conformar con lo que todos dicen de ti, y tú no haces nada por cambiar eso.
—Eso es porque es lo único que debes de saber.
— ¿Por qué? ¿Acaso no soy lo suficientemente cercana a ti para saber más allá de "el asesino Itachi Uchiha"? ¿Por qué simplemente no me dices que no te intereso y qué lo único que haces es jugar conmigo? ¿eh? ¡Seguramente solo estuviste disfrutando de todo esto!
Un golpe, una bofetada en su mejilla.
Itachi inconscientemente alzó una mano contra Sakura y golpeó su mejilla. No hubo palabras ni regaños después de eso, pero si pasó que Sakura se levantó de la cama para salir corriendo de la cabaña hacía el bosque una vez más. Itachi apretó su puño lentamente, y después lo golpeó contra la pared.
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Él le había pegado, y lo había hecho por razones correctas, había pensado Sakura. No lo había con una mala intención, Itachi no le había hecho daño en ningún momento hasta ahora, y esa bofetada era tan justa después del drama que ella había causado. Pero ella no evitó correr y salir de la casa, ni siquiera se puso zapatos por lo que sus pies estaban ya sucios de lodo y hierbas que se pegaron en el camino.
¿Por qué ella le empezó a gritar de esa manera tan desconfiada contra él? Ahora lo recordaba, ella había distorsionado toda la historia desde el comienzo. Ella le había insistido curarle quisiera o no quisiera, Sakura había sido quien había suplicado que él quisiera curarse e incluso estuvo a punto de hacerlo, si no fuera porque no había funcionado. Sakura era la tonta ilusa que se había enamorado de un Uchiha una vez más, y ella en ese momento le había echado toda la culpa a Itachi por sus estúpidas descargas de enojo. Una vez más Sakura Haruno había creado una fantasía por encima de su realidad.
No estaba enojada pro el golpe, es más, ella misma se golpearía si se viera gritando estupideces otra vez, incluso más fuerte y en el mero centro de su rostro para al menos romperse la nariz. No estaba enojada con Itachi en ese momento, estaba enojada con ella misma, por sentirse tan alejada a él en ese momento, por no saber nada aparte de los rumores, por dejarse llevar por ellos, por haberlo confundido con Sasuke en cada segundo. No lo estaba tratando de comprender en ningún momento, era ella quien no estaba dispuesta a entender. Sentía furia, furia de su doloroso recuerdo que lo único que hacían era causarle problemas.
—Soy la peor persona que puede existir… lo soy.
Sus lágrimas no se habían detenido desde entonces, e incluso sus ojos ya rojos de habérselos frotado tanto ya no estaban húmedos. La noche comenzó a llegar, y Sakura inconscientemente se había quedado fuera todo el tiempo inmersa en sus pensamientos. Ahora ya no quería regresar, quería dormir por siempre en aquel pastosa superficie. Quería que la noche la envolviera y la desapareciera, para que ninguna persona cercana a ella volviera que tener que hacer entender a la bruta y torpe Sakura Haruno a golpes. Los grillos comenzaron a sonar, las luciérnagas empezaron a iluminar el bosque y las cigarras comenzaron a tocar una canción.
—Soy una tonta…
El crujido de ramas romperse le llegó en un débil sonido, después se volvieron más fuertes. Quizá era el esposo de la señora Yuzuki, pensó Sakura. Y lentamente este cuerpo le cargó sus brazos. Sintió frío, pero una tela le fue cubierta para calentarla.
—Lo siento tanto…
Una mano acarició su cabello y después lo llevó hacia atrás, lentamente un beso le fue depositado en la frente con mucho cariño.
—Soy una molestia…
—Tú nunca serás una molestia.
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