.

Disclaimer: Los personajes de Naruto y Naruto Shippuden son propiedad de Masashi Kishimoto.

.


[CORREGIDO]

Unbreakable

CAPITULO VII

Esencia en el Cuerpo de Otro

.

No podía decir que estaba orgulloso de lo que hacía, pero eso es lo que menos le importaba. Ahora, Sakura Haruno dormía en su alcoba, la había encontrado en el mismo bosque de su primer encuentro y también donde había podido corromperla. Se sentía culpable, se había comportado de una manera tan salvaje que la conciencia no era algo que él hubiera puesto a prueba en ese momento. No tenía planeado llevársela, de hecho, no esperaba volverla a ver, aun así, la trajo a una posada donde se hospedaba por el momento, ya que no tenía a nadie, de todas maneras, todos los miembros de su equipo ya no estaban, algunos habían muerto, como Karin, y otros simplemente se habían ido, a quien sabe dónde. Ahora solo era Sasuke Uchiha, el único sobreviviente del clan, renegado de Konoha y el asesino de mirada carmesí.

El cuerpo de la chica se removió, como si algo en sus sueños la inquietara, como lo que estaba murmurando en aquel bosque. ¿Qué estaría haciendo ella en ese lugar todavía, habrá escapado? Era algo que él no sabía con certeza, pero tampoco le era de mucha importancia. Cuando dedujo que había dejado la aldea se preguntó cómo había sobrevivido en el bosque sin parecer un cavernícola, incluso su ropa era otra, una menos convencional para un ninja, pero más afeminada, remarcando sus curvas femeninas. Concéntrate, por dios.

Se frotó la cabeza con las manos, tanto tiempo hacía que dejara de conocerlos como antes lo hacía, Sakura ya no se sonrojaba cuando lo miraba, tampoco le brincaban los ojos con ese brillo tan especial y tampoco usaba el sufijo kun que desde la niñez estaba acostumbrado a oír después de su nombre. Había cambiado, eso sin duda. Sin razón aparente recordó ese momento donde Sakura lo abrazó, todavía sentía ese aroma que ella impregnaba.

Decidió salir de la habitación para no despertarla, pero quiso mirar su rostro una vez más. Era extraño volver a verla en ese estado, mejor dicho, era extraño volverla a ver. Estaba acostumbrado a cosas lúgubres y personas perversas como la serpiente de Orochimaru, o a personas deseosas de sangre y lucha como lo eran Suigetsu y Yugo, Sakura era… diferente, que al verla su vista se volvió más esplendorosa y brillante, y al olerla te recordaba el agradable olor del bosque combinado con flores silvestres, el aroma de la naturaleza le era tan familiar debido a que su hermano era alguien que también pasaba mucho tiempo en el bosque.

Salió de la choza y se dirigió hasta la orillas del bosque, el cual ahora ardía en llamas. Las inmensas flores ardientes danzaban juntas alrededor de los árboles por todo el suelo y abrazaban con su calor a todo lo que se encontraba. Por accidente un aldeano había alcanzó a reconocerlo mientras cargaba a la chica hacía la aldea, y él por precaución le había lanzado una llamarada, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en todo un infierno. El fuego, que era tan cálido, abrazador, tan adictivo. Quizá a ella le gustaría sentir ese calor, quizá.

Dejó de pensar en aquello, y dio vuelta hacía la posada, sin decir nada subió las escaleras y al abrir la puerta una lámpara de mesa chocó a unos pocos centímetros de su cabeza. Sakura, quien estaba descalza, le miraba con odio de nuevo, y Sasuke se limitó a mirar ese brillo de nuevo en sus ojos. Después ella se le abalanzó en golpes y manotazos, y más de un rasguño había llegado a las mejillas de Sasuke. Los dos cayeron al suelo, Sakura encima de Sasuke y con las rodillas a los costados de su abdomen, le volvió a dar bofetadas hasta que él se las detuvo tomando sus blancas y delgadas muñecas.

— ¿Por qué estoy aquí? —Sakura se sacudió bruscamente sobre Sasuke, frustrándole—, ¿¡Qué es lo que quieres!?

Las sacudidas de Sakura siguieron avanzando, y en un pequeño momento Sasuke quedó arriba de ella, igual, con las rodillas a un lado de su vientre. Ella a pesar de la situación le tenía la mirada fija, tratándolo de intimidar, lo cual no era nada efectivo en Sasuke. Apretó sus muñecas y ella gimió, quejándose.

—Eso debería preguntarte yo a ti —susurró de una manera tenebrosa, que heló la piel de Sakura—, ¿Qué hacías en el bosque todavía?

Ella desvió la mirada, evitándole. Pero ágilmente Sasuke le forzó a volver a mirarla, esperando al menos una pequeña muestra de temor o nerviosismo, la misma sensación de querer estar con él como cuando eran niños. Pero no sintió nada, volvió a recordar el calor del abrazo de cuando eran más jóvenes. Después Sakura cambió la posición una vez más.

—Eso no es de tu incumbencia.

— ¿Dónde he escuchado eso antes? —ronroneó Sasuke con una media sonrisa.

Se miraron un rato, y por un momento Sasuke vio como la expresión de Sakura se hizo más suave. Se levantaron del suelo por su lado y Sakura trato de irse por la puerta donde Sasuke había entrado. Pero al hacerlo notó una cosa, un pergamino, por alguna razón, este no había explotado cuando Sasuke había entrado, por lo que de inmediato fue hasta el baño, y miró su estómago. Un sello idéntico al de la puerta estaba impregnado como un tatuaje en su estómago, Sasuke se recargó en la orilla de la puerta mientras ella miraba las demás partes de su cuerpo, esperando encontrar algo más. Después se acercó a ella y con su dedo índice marcó todo el recorrido de las letras.

—Es un pequeño truco que aprendí —dijo Sasuke—. Cuando los dos sellos se alejan, en pocas palabras, tú y la puerta, el pergamino detona y los dos objetivos explotan, entonces, si quieres ser libre no esperes hacerlo con vida, pero si quieres vivir un poco más, lo mejor será que regreses a tu alcoba y descanses un poco más.

Sakura le miró una vez más, enojada y llena de odio. Caminó a un lado de él sin demostrar un poco de amabilidad y de un golpe cerró la puerta y entró a su ahora habitación, Sasuke no se molestó en seguirla con la mirada. No le iba a mencionar nada sobre el incendio, ya que muchas cosas no deberían ser contadas a la persona que más te quiere ver sin vida. Se limitó a darse una ducha, tranquilo, consciente de que ella no le atacaría porque en primera, estaba desarmada y en segunda, porque aun desnudo él podía dejarla en el suelo inconsciente cuando quisiese. Salió y se vistió como si nada, aun con el cabello mojado se limitó a quedarse sentado en el sillón un par de minutos y después volvió a salir, no tenía un destino fijo o siquiera un rumbo, pero Sasuke solo quería salir un momento para darse un respiro. Él no lo admitía, pero podía ser uno de los ninjas más fuertes y temidos que había en el país del fuego, pero había una cosa que él no podía enfrentar, el pasado.

Por el momento deambularía por las calles de la aldea, quería preguntarle a Sakura unas cuantas cosas, pero aún no estaba listo, ni él ni ella. Podría tomar ese tiempo como una manera de pensar qué debería preguntarle, por qué había huido, por qué estaba en el bosque, que pretendía hacer en ese lugar; si estaba con alguien o tenía un compañero de viaje. Todo aquello le interesaba.

.

.

Sakura gritó en su almohada, golpeó varias veces la cama y por accidente le había hecho un agujero en la colcha de la posada. No había ventanas, y seguramente Sasuke lo había planeado todo al momento de llevársela. Había cometido un error, uno seguido del otro, mientras ella estaba nuevamente en el bosque sin ninguna ventaja había sido raptada por la misma persona. Sentía temor a que todo volviera a ocurrir, y también tenía preocupación por Itachi. ¿Qué estará haciendo él en ese momento? Sakura se preguntó si ya se habrían dado cuenta de que había desaparecido, pero al salir de aquella manera tan repentina habrán concluido que habrá huido. Itachi estaba ciego, y la señora Yuzuki y su esposo no podrían mantenerlo por mucho tiempo. Tuvo miedo cuando pensó que Sasuke pudo haberles hecho algo, aunque ella se había ido muy lejos de la cabaña, era posible que Sasuke la hubiera encontrado, ¿y su había encontrado a Itachi? No podía asegurarlo, pero si lo hubiera encontrado ya le hubiera interrogado en ese caso, se le retorcieron las entrañas de solo pensarlo.

Se metió dentro de la cama tapándose con las fundas, hasta hace un momento no había estado consciente de que estaba en ese camisón tan revelador, pero por alguna razón no le dio mucha vergüenza, quizá porque Sasuke nunca expresaba de forma facial sus sentimientos. Tenía que salir, y tenía que hacerlo rápido. Tenía que llegar lo más pronto a la cabaña e irse junto con Itachi lejos del país del fuego. Podían huir a donde nadie los conociera, cambiarse los nombres y nacionalidades, Sakura podía incluso teñirse el cabello, rubio, el cual siempre le había parecido muy bonito al verlo en Ino o su maestra Tsunade. Itachi podía permanecer igual, aunque con un corte de cabello diferente. Podían fingir ser unos extranjeros que venían a pedir un nuevo hogar, ella podía encontrar trabajo de enfermera e incluso poner su propia clínica, era una kunoichi después de todo. Podrían dejar su vida de lucha y sangre, podrían dejar lo que les hacía mal e incluso lo que les hacía feliz, para conseguir algo mejor.

Después de un buen rato tomó su ropa, y se dirigió a la ducha, la cual estaba mojada, por lo que Sasuke seguramente se había metido ya hace rato. Silenciosamente se quitó la ropa interior y la dejó con las demás prendas en un pequeño mueble, se metió a la ducha y abrió la llave, dejando que el agua caliente se escurriera por su cuerpo, después cogió el jabón y se lavó el cabello, para después hacerlo con su cuerpo. Tocó sus heridas, las cuales ya tenían pequeñas capas hechas en el cuerpo. Sasuke había cambiado tanto. Ya no era el Sasuke Uchiha del que Konoha esperaba algo más, ya no era aquel pequeño niño del cual todas las niñas chillaban de emoción por él. Ya no era el Sasuke que Sakura amaba, y decía amaba porque admitía sus sentimientos, aunque no lo quisiera hacer realmente. Por culpa de Sasuke Uchiha veía su rostro en el de Itachi, en ocasiones en las que incluso se repugnaba tanto que terminaba por odiar a Itachi. Por culpa de un lazo de sangre, por culpa de un pasado indeseado, ellos sufrían.

No lo vio, pero sintió como una lagrima caía por su mejilla, era doloroso pensar en aquello, pensar que su amor estaba destinado a un Uchiha. Dolía, porque sabía que en el fondo enamorarse de uno de ellos le traería consecuencias, el haberlo hecho con los dos era una real estupidez y posiblemente una situación masoquista que ella misma se había buscado. Por décima vez volvió a pensar en Itachi.

—Quiero verte… —susurró bajito, para que ni siquiera ella misma se escuchara, se arrodillo en el suelo mojado y dejó que la ducha siguiera enjabonando su cuerpo—, quiero que estés aquí… conmigo.

Tardó aproximadamente más de media hora para salir de la dicha ya cambiada y con los ojos rojos e hinchados. Su cabello todavía estaba húmedo y ya que no había ningún cepillo para poderlo tratar, peinó su cabello con sus propios dedos. Esperaba que Sasuke no llegara, porque lo había buscado por toda las habitaciones y no había rastro de este, aunque tampoco esperaba encontrarlo. Pero era impredecible y su mayor habilidad se podría decir que era el silencio, era tan sigiloso como un gato, tan tranquilo como uno y desconfiado como tal. Sonrió amargamente al imaginarlo de esa manera.

Todos sus pensamientos se despertaron cuando escuchó la puerta cerrarse y ver a Sasuke entrar a la habitación donde ella descansaba. Parecía más serio, pero por alguna razón no iba hacia ella, solo se le había quedado mirando un rato, y ella, acostada en la cama ya cambiada y con la mirada antes en la pared, se sentó junto a ella.

— ¿Ahora qué quieres? —preguntó disgustada—. Y no me vengas con el interrogatorio de por qué estoy aquí, mi vida, mi existencia y todo sobre mí, eso dejó de importarte cuando te fuiste, cuando intentaste asesinarme ¡Y cuando me hiciste lo que hiciste!

Su cuello fue atrapado un movimiento veloz, y después sus manos fueron amarradas a la cabecera de la cama, Sasuke encima del cuerpo de Sakura. Por un momento vio el rostro enojado de este, aunque en ese pequeño lapso no pudo asegurar si estaba enojado o serio. De cualquier manera, daba terror su mirada.

—Por algo te he tenido en el hotel atrapada —susurró Sasuke muy seriamente, apretando sus muñecas amarradas—. Si yo quiero saber qué hacías en el bosque, tienes que decírmelo.

Si le decía todo acerca de Itachi, incluso insinuárselo, él la mataría. Primero por habérselo ocultado, y segundo por sentirse una idiota de no haberlo matado la primera vez que se encontraron. Sasuke apretó una vez más las muñecas de Sakura, y a pesar de haber gemido de dolor, ella le dio una sonrisa de lo más arrogante.

—Puedo vivir sin manos si es lo que te apetece —articuló con una sofocada voz—. De mis labios no saldrá… ni una palabra.

.

.

Todo había ocurrido tan rápido. No supo por dónde había salido de la cabaña, pero estaba seguro de que era por una ventana, tampoco supo que fueron de sus armas o las de Sakura porque no se preocupó por salvar nada en ese momento, tampoco supo nada de nadie más, el solo salió de la casa al escuchar el grito y el sonido de las cosas desmoronarse. Por el gélido viento del ambiente supuso que era de noche, los gritos de la señora Yuzuki despertaron pánico en Itachi al no poder saber lo que pasaba, y detrás de él sentía un calor que lo abrazaba cada vez más, él se levantó y se alejó lo más que pudo de aquel sentir. Era fuego.

Corrió hacía el primer lugar donde no sintiera dolor ni calor, a un lugar donde sus primeros sentires fueran las hojas húmedas y el aire frío. Tosió varias veces y en unos momentos no tuvo el aire puro para poder respirar, no sabía dónde estaba Jack o su esposa, pero ya no escuchaba sus gritos en ninguna dirección, quizá ya estaban siendo carbonizados en la cabaña. Chocó con el tronco de un árbol, más se volvió a levantar y siguió corriendo. Cayó muchas veces y su ropa ya se empezaba a rasgar con cada cosa a la que se atoraba. Su piel sudaba frío y su corazón latía muy rápidamente, no por todo el recorrido que ya ni siquiera sabía cuánto era, si no por el temor de morir en el fuego.

Pensó un momento en Sakura, más bien, no había dejado de pensar en ella cuando escuchó el grito de Yuzuki. Pero ella sí podía correr con libertad, ella estaba a salvo, algo se lo decía. Por lo que trató de no preocuparse —aunque siguió estándolo— y siguió corriendo. No tenía armas ni comida, no era como aquella vez en la que Sakura se previno y se había llevado bastantes cosas para sobrevivir, él no podía hacer eso porque no había tenido tiempo de memorizar la casa con el tacto, más que la habitación para ese entonces el fuego ya entraba por su puerta. Aquella vez él estaba vulnerable y ni siquiera ante el clima era capaz de luchar, tenía que estar con Sakura, mínimo apretar su mano para saber que todo estaba bien. Inconscientemente se había vuelto dependiente a ella.

Dejó de tocar troncos y de pisar raíces de los árboles, de pronto el suelo era suave, pero inestable. Era arena, pensó Itachi. Por lo que por fin había conseguido llegar al camino de Suna, por lo que no lo pensó dos veces y siguió caminando, Sakura tenía que estar allá, ya que era una de las aldeas más cercanas que había. Siguió caminando, ya no escuchaba el sonido de las hojas y ramas quemarse, tampoco el sonido del fuego que era como una brisa fuerte. Ahora solo escuchaba sus pisadas, lo único que sentía en ese momento era su cuerpo temblar y sus dientes chocando incontables veces por el frío. Era increíble la baja temperatura de un desierto al caer la noche.

Hubo un momento donde no resistió más, y se dejó caer de la nada en la suave arena que le rodeaba. Era posible que lo encontrasen, que lo identificaran y que lo ejecutaran al reconocer su identidad, pero también era probable que lo encontraran muerto en ese mismo lugar. Imaginaba su cuerpo inmóvil siendo arrastrado sin piedad hasta alguna aldea, donde el líder de aquel lugar sería el mismo que lo mataría. Él abriría los ojos lentamente y el arma de pronto le atravesaría. Fingiría que puede ver, más no estaría seguro de quien fuera, le enviaría una mirada de miedo, con alguna frase perturbadora que marcase su vida como el asesino que había sido y seguirá siendo. Pensaría en Sakura, y en su mente se disculparía, le diría que no había sido una buena persona y que lamentaba muchas cosas que seguramente a ella la lastimaron. Todos esos pensamientos llevaron a Itachi a cerrar los ojos y dormir, sabía que esa noche no soñaría tan bien como cuando Sakura dormía con él, pero ya era hora que volviera a esas pesadillas continuas.

Ya era la hora de su muerte, y era hora de que tenía que despedirse de Sakura, a pesar de que ella no estuviera con él, era el momento de volver a estar solo una vez más. Como Itachi Uchiha, el asesino del clan Uchiha.

.

.

Los gritos en su cabeza no dejaban de cesar, y Sasuke miraba como Sakura volvía a ponerse inquieta en sus sueños. Después de los gritos vinieron los golpes, miles de golpes hacía objetos huecos, como un pequeño animal acorralado mientras un lobo golpea fuertemente su madriguera. Sakura se sentía como aquel pobre animal, una figura oscura apareció en sus pensamientos y la envolvió, y en un momento a otro ya no se encontraba en su habitación de la cabaña y más bien estaba en la posada de esa misma noche. La figura era Sasuke, con una mirada seria y aterradora, diferente a todas las que había visto a lo largo de su vida, y esta vez con solo mirar sus ojos rojos su cuerpo se derrumbó. Recordó lo ocurrido en el Bosque de la Muerte, aquella vez donde ella y Sasuke habían sido atrapados por una ilusión y su cuerpo no tenía movilidad. Sasuke se empezó a cercar a ella con lentitud, cada paso hacía chirriar a la madera que estaba debajo de ellos y hacían que Sakura sentada en el suelo retrocediera como el conejo asustado que parecía. Ya no podía mover sus manos porque Sasuke se las había atado, y tampoco sus piernas, porque estaba sentado en ellas. Su rostro estaba siendo fuertemente tomado por su mano y sus ojos obligatoriamente tenían la mirada puesta en Sasuke.

Después de todo eso despertó con un gran grito de terror. Seguía en la misma habitación, y ahora de día ya era capaz de mirar todo con más contemple. Se levantó de la cama corriendo hasta el cuarto de baño, levanto su blusa y miró el sello de nuevo. Sakura se quedó unos momentos de pie en frente del espejo, mirándose a sí misma.

—No era un sueño entonces… —se arrodillo en el suelo, acurrucada entre sus rodillas y sus brazos—. Él no está aquí.

— ¿Quién?

Sakura no se molestó en levantar la cabeza, porque sabía que Sasuke estaba en la entrada del cuarto de baño con los brazos cruzados, recargado en los bordes. Al preguntar eso, Sakura no hizo nada, y se quedó en la misma posición fetal escondiendo su rostro. Sasuke se irritó.

— ¿Acaso estabas con alguien en aquel bosque? —dio unos pasos, igual que en su sueño, y Sakura rápidamente se alejó de él lo más que pudo, hasta dar con la tina del baño que estaba detrás de ella. Se levantó rápidamente, pero al momento de dar su movimiento, Sasuke le detuvo, tomándole las manos y chocándola con la pared—. Dime, ¿estabas con alguien?

—No es de tu incumbencia…. ¡Ah! —un pequeño grito salió de su boca cuando Sasuke le clavó un kunai en la pierna, Sakura inconscientemente cerró los ojos y cuando los abrió, el rostro del hombre pelinegro estaba en frente del suyo.

— ¿Es Naruto? —le volvió a preguntar, hundiendo el kunai—, o quizá era ese nuevo capitán suyo, o ese pintor, bueno… no, de haber sido ellos estarían vivos.

— ¿Qué? —la voz de Sakura se quebrantó, ¿qué era lo que acaba de insinuar? Cerró fuertemente sus ojos, tratando de borrar imágenes en su mente que le aturdían, Itachi, la señora Yuzuki y su esposo, muertos—. ¡¿Qué has hecho?! —Sacudió su cuerpo una vez más, y Sasuke sonrió levemente, progresando con su interrogatorio. Tomó el kunai que seguía clavado en su pierna y lo removió un poco hacía arriba, haciendo el dolor más grande que cuando estaba incrustada, Sakura solo rugió más no gritó por estarse mordiendo el labio.

—Entonces sí estabas con alguien —dijo con voz complaciente, algo que le causó repudió a Sakura. La mano de Sasuke se quedó en su rodilla y Sakura instintivamente la apartó como pudo. Pero al estar acorralada no sirvió de mucho, porque Sasuke le forzó tomándole de las dos rodillas, quedando en medio de sus muslos—. Hace poco el bosque dónde estabas empezó a arder en llamas, quienes hayan sido, no creo que sobrevivieran después de tal incendio.

—Tú… ¡Tú hiciste! ¡cómo pudiste! —Sakura maldijo una y otra vez, cosa que no le sorprendió mucho a Sasuke por tener esos vagos recuerdos del temperamento de la chica de cabello rosado. Le tapó los labios con su mano y ella se quedó en silencio de inmediato, consciente de la situación en la que estaba y la posición tan comprometedora.

—Volveré a preguntar —ordenó Sasuke aun con su mano en los labios de Sakura—. Y cuando yo quite mi mano de tu boca, quiero una respuesta, ¿Quién más estaba contigo?

La mirada de Sasuke hizo que la piel de Sakura se erizara de los pies a la punta de su cabello, el agarre de Sasuke lentamente se deshizo y Sakura bajó sus manos del mismo modo, y lo primero que hizo fue sacarse por completo el kunai de su pierna y presionar fuertemente sobre la herida para evitar el sangrado. Gruñó un poco, más por el chico que por la herida, y después de sanar su herida con su chakra se dirigió a Sasuke.

—Hace apenas medio año que no vivo en Konoha —empezó a contar Sakura, y Sasuke levanto una ceja—. Iba de camino a la aldea de Ame cuando había sido atacada por ninjas rebeldes —recordó sus heridas pasadas, el incendio de su primer cabaña, que en realidad había sido Sasuke quien accidentalmente quemó por completo, y la poca escases de comida cuando se refugiaban en la cueva mientras Itachi estaba enfermo—. Me robaron, y de no hubiera sido por una humilde mujer que me recogió, nunca nos hubiéramos encontrado —su mirada desprevenidamente se volvió feroz—, mucho menos ese día.

Sasuke se quedó en silencio, y se reincorporó de nuevo para salir de la habitación del baño, dejando a Sakura sola, tumbada en el suelo y recargada en la tina del baño. Junto sus piernas y las abrazó, queriendo simplemente olvidarse en donde estaba, olvidarse de con quien estaba. Quería volver a soñar con aquella cabaña, fresca e iluminada con una ventana con vista al bosque como la que tenía en su habitación en Konoha. El agradable olor a comida casera de la señora Yuzuki y el sonido de los leños cortarse cuando el esposo de Yuzuki estaba fuera. Recordó que Itachi nunca pudo ayudarle en nada a su esposo porque al no tener vista hacía que su puntería fuera nula. Las pocas veces en las que Sakura le enseño a la señora Yuzuki cómo usar plantas medicinales, al igual que la función de cada una, cosas simples como limpiar una herida y mantenerla sin sangran cuando era grave. Cada día que pasaba ahí era un centímetro más cerca de lo que Sakura e Itachi podrían llamar "hogar" desde hace mucho tiempo. Pero ya no.

Se levantó con lentitud, y no quiso salir por miedo de ver a Sasuke esperándola. Por lo que se quitó la ropa lo más tardado posible y se metió a la tina de baño después de llenarla de agua caliente. Afuera hacía frío y estaba nublado, y por alguna razón recordó las veces en su primera cabaña cuando Itachi estaba más grave. Ella se dedicaba a mantenerlo dentro del futón mientras ella leía un libro y algunas veces ella le leía en voz alta, ya que Itachi usualmente se cansaba de no hacer nada. Después vino el primer encuentro no directo con Sasuke, y precisamente ese día Sakura había comprado varias cosas con las cuales compartir tiempo con Itachi. Por un momento pensó, ¿Y si nunca se hubiera encontrado con Itachi? era muy probable que nunca hubiera pasado por cosas similares, pero también seguiría sometida a la depresión de antes, e Itachi siempre le había hecho sentir muy feliz a su lado. Ahora mismo estaría ya en la aldea de la lluvia, con un departamento rentado y con un trabajo de enfermera un algún consultorio de alguna persona humilde.

Pero eso significaba nunca haber curado a Itachi, y probablemente habría muerto. En ese entonces Sakura no estaba al tanto de qué tipo de persona era, pero si en esos momentos se enfrentara a la misma situación, sería lo mismo, incluso más intenso que la primera vez que se conocieron directamente. Sasuke jamás los hubiera atrapado, porque Sakura cubriría sus identidades y se refugiarían en alguna aldea, un lugar público donde toda la gente crea que son alguien más. Incluso… Sakura habría sido capaz de por fin ser capaz de amar a Itachi, y olvidar a Sasuke.

El baño terminó después de cuarenta minutos dentro de la bañera, y Sakura con sus mismo movimientos tristes y sensibles se cubrió el cuerpo con una toalla, salió del baño con un poco de temor, pero no había nadie en la sala de estar y tampoco en la habitación. Agradecía un poco que Sasuke no fuera hogareño, porque sería mucho peor lidiar con alguien con el que nunca te separas ni un momento. Más sin embargo no encontró su ropa, fue a buscarla al baño y tampoco estaba —el cual era el lugar donde desde un principio se encontraba— y al entrar a la habitación, encontró algo.

Un kimono negro, con flores rosas, rojas y moradas estampadas en ellas, la cinta de la cintura era rojo y el broche de cabello era un ornamento floral de flores de cerezo. Sakura se quedó mirando el traje durante minutos, admirando ese atuendo tan divino que no era aún capaz de procesar que era para ella, aunque en un principio no lo creyó y pensó que se trataba de alguna amante o juguete para pasar el rato. Pero había una pequeña nota dentro del vestido.

"Tu ropa es un desastre, así que la he tirado a la basura, te he comprado esta ropa y supongo que cuando la veas no estaré porque has tardado mucho dándote un baño, no es obligatoria usarlo, pero si quieres andar desnuda por la casa no será ningún problema para mí."

La letra era perfecta, tan clara como el agua y tan bella como la caligrafía de un monje. Sakura no recordaba haber visto la caligrafía de Sasuke alguna vez, porque haciendo el trabajo de Ninja muy pocas veces tenías que mandar recados, cartas o algo parecido, a menos que tengas que usar una paloma mensajera o un águila. Tiró la carta al bote de la basura y por una vez más le dio una ojeada al kimono, era suave, de muy buena calidad y con accesorios de plata pura, ¿de dónde había sacado el dinero para comprar aquello? Pensó Sakura y quizá su oficio de asesino le había servido para algo más aparte de volverlo más "fuerte".

Secó su cuerpo con la toalla, y con el espejo a cuerpo completo miraba su cuerpo desnudo, con marcas moradas. Los raspones habían desaparecido y algunos eran simples rozaduras de lo que antes habían sido cortes de anteriores batallas. Después trató de alcanzar la vista de su espalda, y fue un tremendo espanto encontrarse con una mancha morada enorme. Los cortes y los rasguños estaban muy juntos de los otros, y los moretones eran enormes, no recordaba haberse lastimado tanto, o que Sasuke le haya lastimado tanto, era raro ver aquel color su espalda, y más con el hecho de que no sintiera ningún dolor, como si fuera una mancha de pintura, pero era su piel.

Tembló al escuchar la puerta abrirse, y rápidamente tomó el kimono que estaba en la cama. Con movimientos apresurados, torpes y confusos ella se puso la prenda y después de ponerse la cinta medio floja, Sasuke entró por la puerta. Sakura miró su espalda con el rabillo del ojo gracias al espejo, y agradeció que la mancha violeta no se mirara.

— ¿Aún no te lo has puesto? —preguntó como si nada, Sakura no le hizo ningún caso y siguió amarrando su cinta roja.

—Déjame en paz —se quejó, ya que no sentía ningún interés en tratarle bien, ni siquiera tenía el derecho de recibir amabilidad. De pronto unas manos le rodearon la cintura y le quitaron la cina de las manos—, ¿¡qué estás haciendo!?

—Los kimonos levan un moño en la espalda a la altura de la cintura, deberías saberlo —surcó un sonrisa arrogante en ese momento, y Sakura previno alguna burla—. Después de todo eres una mujer, ¿verdad?

Sakura abrió su boca para protestar, pero Sasuke calmadamente acabó de hacerle el moño, quedando de una manera hermosa que incluso Sakura se sonrojo ante tal preciosidad. Después tomó su cabello y lo recogió, usando el broche de plata para sostenerlo, se miró en el espejo unos momentos, y resultó verse más hermosa de lo que esperaba. Sasuke evitó el contacto visual con Sakura, pensando que estaba haciendo alguna mueca extraña viéndola.

Sakura en cambio, se sintió una muñeca de cristal cuando se vio, una de esas figuras talladas a mano que resultan ser muy caras debido a todo el trabajo y valor en ellos. El kimono delineaba las curvas de su cuerpo con ayuda de la cinta, un pequeño escote escondía su pecho haciéndola ver con un busto menos pronunciado y su cabello recogido lucía más resplandeciente, dejando a ver su blanca y pulcra cara, Sasuke se dio cuenta de todo eso cuando miró el vestido, y no dudo ni un segundo en comprarlo. Sakura ya ni siquiera recordaba su atuendo original, podría ser confundida con la hija de algún feudal o quizá una princesa de algún país oriental, ella apenas se estaba dando cuenta de lo hermosa que era en realidad, y Sasuke también.

Sasuke le indicó que la comida estaba en la pequeña mesa de la sala de estar. Eran simples dangos, lo cual dejó a Sakura desconcertada.

—Sasuke… —le llamó con voz calmada, inusual—, pensé que no te gustaban los dulces.

Sasuke se quedó en silencio, lo cual solo atrojó el interés en Sakura. Se puso de pie después de echarse a la boca todos los dangos que le quedaban y dejó el plato blanquecino en el fregadero. Sakura apareció frente a él en cuanto dio la vuelta. Ella con una sonrisa empezó a caminar, moviendo sus caderas tan provocativamente —lo peor era que lo hacía inconscientemente—.

—No sabía qué era lo que te gustaba a ti, por eso he comprado dangos —Sakura paró en seco sus pasos tan sensuales y se reincorporó derecha y firme, mirando extraño a Sasuke.

Sasuke recordó vagos momentos de su infancia, aquellos momentos donde el equipo siete no era más que niños. Sakura siempre se quedaba parada mirando puestos de dulces, y él algunas veces observaba su perfil distraído con los caramelos, a él nunca le habían gustado, pero mirarla a ella disfrutar aquellos alimentos le hacían recordar a Itachi, él también disfrutaba de los dulces, y en aquel entonces su comportamiento era cálido, dulce y acogedor, como si fuera un bollo de pan dulce recién horneado.

Sin saber el porqué, muchos de los comportamientos de Sakura le empezaban a recordar a Itachi. Desde las pequeñas costumbres que tenía para levantarse —solía ronronear como un gato, igual que Itachi— hasta la forma tan educada en la que comían. Pero había algo que le desconcertaba, y no era un idiota por lo que era obvio que lo notara, era su olor.

Conoció a Sakura durante años, desde la academia para ser exactos, pero en ese entonces solo eran compañeros que se miraban a distancia. Al formar los equipos, él empezó a conocer más a la gente que le rodeaba. Kakashi era holgazán, aunque era realmente fuerte, sus actitudes eran calmadas y su forma de hablar le hacía parecer algún filósofo ebrio. Naruto era abierto a los demás, soltaba todo pensamiento que surcase por su cabeza y no tenía ninguna pena en demostrarlo a los demás, él quería que su sueño fuera conocido por todo el mundo y Sasuke no contaba nada acerca de aquello, ni siquiera sus gustos. Recordaba pocas cosas de Sakura, su mal genio con respecto a Naruto, la poca atención que le daba a los entrenamientos en aquel entonces, y por sobre todo su olor a flores.

Sentía la suavidad de un campo floral cuando estaba junto a ella, imaginaba que los pétalos de una rosa acariciaban su piel cuando su cabello accidentalmente tocaba sus mejillas a causa del viento. Sentía ese aroma fresco y femenino alrededor de ella y qué decir de cómo era su piel, suave y tierna como la piel de un recién nacido.

Pero ahora diferente, y lo confirmó en el momento cuando le arregló cabello. Olía a pinos del bosque, su aire fresco y herbal emanaba de su piel y su cabello incluso a larga distancia. Era una esencia nostálgica y diferente. Y había pocas personas en su vida que tenían ese olor, ese olor que solo había olido en una persona durante muchos años.

Pero él estaba muerto, muerto a manos suyas desde que tuvieron una lucha que terminaría con su largo camino de dolor. Era imposible que toda la esencia que Sakura emanaba proviniera realmente de él, que ella en algún momento hubiera tenido algún contacto cercano con su hermano —con el cual seguro ni conocería— muchos menos uno tan cercano que hiciera su cuerpo emanar tan similar aroma. Quizá era olor del bosque que se impregnó a ella poco a poco durante su estancia, después de todo, sus reencuentros habían sido todos en el bosque. Tenía que serlo.

— ¿Sucede algo?

Sasuke despertó de sus pensamientos, y la imagen de Itachi fue reemplazada por la de Sakura sentada frente a ella, esta le miraba como si fuera a pedirle algo, y él se quedó esperando a que ella prosiguiera.

—No, ¿qué es lo que sucede?

—Bueno veras… —ella se puso un poco incomoda, lo cual atrajo más la atención de Sasuke— Has tirado toda mi ropa y…

En ese momento recordó mejor, no tenía absolutamente nada aparte de ese kimono. Ropa interior, medias, zapatos y alguna otra blusa, todo con lo que ella había llegado él lo había tirado con la intención de comprarle algo con mejor calidad y cómodo también, para que al menos estuviera más cómoda en aquella habitación de la posada, que no era grande. Sasuke pensó un momento, y bajo la mirada de Sakura se le ocurrió una idea.

—Te llevaré a la plaza comercial —soltó Sasuke, Sakura se quedó con la boca en el suelo—. Escogerás la talla de la ropa que necesitas y yo te lo compraré.

¿Acababa de escuchar bien? Se preguntaba Sakura, él prácticamente le compraría ropa, zapatos, accesorios y cosas por el estilo como si nada.

Sasuke tomó una bata color verde olivo y se metió al baño unos minutos, momentos después tenía puesto un yukata de hombre color azul oscuro, con unos getas de madera oscura, al final su bata de color olivo un haori negro. Este se acercó a Sakura, y su palma quedó en su estómago, justamente en el centro, Sakura sintió un remolino en este, como si todo se estuviera revolviendo en su interior y empezó a tener nauseas. Después, sintió una opresión como la de un golpe, y el chico se separó para abrir la puerta.

—Listo —dijo simplemente—. Puedes salir.

Sakura apenas y le miró entendiendo.

— ¿Me dejarás ir, así como así? —confundida, avanzó hasta donde Sasuke estaba—. No te entiendo.

—Creer que puedes escapar tan fácil es ser demasiado ingenua.

Le empujó para hacerla caminar por las escaleras y juntos bajaron hasta la primera planta donde la gente maravillada por el atuendo hermoso de Sakura y Sasuke —que dejaba lucir su escultural pecho— también causaba sensación en la recepción. Sakura se incomodó demasiado después de unas mirada demasiado obvias, hasta que Sasuke le tomó de a cintura y la apegó a él.

—Será mejor que no te separes de mí —le murmuró mientras caminaban hacia la salida—. Después de todo no tienes ropa interior puesta.

Sakura trago muy duró. Estaba en manos de Sasuke quisiera o no.

Y lo peor es que ella pensaba que con ese yukata se veía tremendamente sexy.

.

.

.