N.A.: Holanda mis vidis, no sé qué bicho me picó para darme las energías no sólo para escribir un fic, sino para publicarlo y ¡actualizarlo en menos de un mes! Hasta yo misme me sorprendo.
En fin, que empiece esto.
Disclaimer: Haikyuu y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del queridísimo maestro Furudate.
Capítulo I: Recordando.
Hace poco más de dos décadas, el quinto día del décimo mes del año, una mujer dio a luz a un niño, y luego se dio cuenta que debía tener a otro más. Pues, en las ecografías sólo se mostraban a un feto dentro de la placenta y, debido a la negligencia médica para ese entonces, confundieron el segundo latido del corazón con el de la madre. Fue grande la sorpresa cuando llegando al mediodía, dos horas luego de tener al primer bebé, la mujer volvió a entrar en labor de parto. El segundo niño nació un poco más pequeño que el primero y con el cordón umbilical enrollado por el cuello y brazo. Fue una dura pelea poder sacarlo a salvo.
Los padres llevaron a revisión las anteriores ecografías con un ginecólogo que no era de cabecera, el médico les explicó detalladamente lo que sucedió: uno de los gemelos siempre se escondía tras otro, además las ecografías estaban mal analizadas, en algunas podía notarse una pierna o hasta una cabeza de más. Después de ello, la madre juró que demandaría al ginecólogo que siguió su control prenatal, y su marido, blando cual pan recién horneado, le aconsejó que lo mejor fuese no precipitarse. La atajaron entre tres médicos para que no llamase a la policía ni le tirase una camilla al guardia.
A pesar de todo ello, ambos padres estaban contentos por sus primeros hijos. Tras ser una pareja joven recién mudada a un sector residencial de Kawanishi, los vecinos no tardaron en expandir el rumor que los gemelos recién nacidos. Día a día los padres primerizos se encontraban a puerta a las vecinas amas de casa con bolsas con panes o pescado, la pareja agradecía con la frente pegada al suelo y prometía devolverles el favor cuando pidiesen, aunque las señoras, ya llegando a medio siglo de vida y con el cabello adoptando el color ceniciento, siempre les respondían que no debían de molestarse. El padre podía respirar un poco más tranquilo, pues su miedo mayor era que no alcanzase el dinero para mantener a su familia, ya que no tenían en sus planes otro hijo más en la casa.
La historia de esta pareja es muy curiosa. Ella es completamente coreana, vino a Japón tras terminar sus estudios pero hubo un problemón y no logró regresar a casa. Él es japonés y la conoció tras perder a su perro en un barrio, en plena búsqueda se cruzaron frente a una tienda de ropa, justo donde ella trabajaba. Por si se preguntan nunca encontraron al can, pobrecito de él. Bueno, sí lo encontraron, pero al parecer él recogió al animalito de una perrera y esa perrera rescató el perrito de, sorpresa, ¡ese mismo barrio! El perro reconoció el lugar y regresó con su antigua familia, quienes había sido sin querer lo dejaron escapar tras dejar el portal del edificio de apartamentos abierto.
Mucho blablá, aquí y allá, ellos también, luego de compartir un café. Se enamoraron por muchas razones y se casaron lejos de la familia. ¿Digo lejos? Sí, lejos por ella y también por él, porque adivinen… ¡Ambos son de Sur Corea! Sólo que el padre es hijo de un japonés que se mudó para allá; vino al país poco después de cumplir diez años, así también luego descubriría que toda su ascendencia proviene de Alemania. Un papelón, con razón no se le nota los rasgos asiáticos, se me hacía raro que tuviera los ojos verdes (ahora mismo lo estoy viendo mientras relato esto, se está riendo de mí porque escribo unos segundos y lo miro, es un chiste el hombre) y que tuviera un acento más raro que el de Kansai que se le sale porque sí.
En fin. Tuvieron gemelos, la máxima sorpresa de padres primerizos, "pero al menos no fueron quintillizos" dijo una vez la señora madre una de esas primeras veces que visité su hogar allá en Hyogo y nos reíamos todos juntos en las cenas.
Al gemelo mayor lo bautizaron con el significado de gobernar, porque ansiaban que sea quien logre todas sus metas propuestas; y al segundo lo nombraron con un gesto similar al estar hambriento, para que busque saciarse con sus victorias. Pues claro, aunque sus padres tuvieron buenas ideas se dieron cuenta, al paso de los años, que todo fue completamente al revés.
Osamu, el gobernador, siempre estaba hambriento; y Atsumu, el hambriento, tenía lo suficiente para gobernar donde sea.
Todos sabemos a dónde llegó cada uno, cuáles fueron sus fortalezas y debilidades, cuáles fueron las razones que los impulsaron a conseguir lo querían en sus vidas. Pero quizá, así como la gente común, sólo sabemos hasta ahí. Hasta ese punto, la punta del iceberg, y nada más.
Somos humanos de carne, huesos y alma. Vivimos muy poco tiempo en comparación de lo que conocemos como historia. ¿O será que nuestras vidas son muy cortas porque no damos la oportunidad de contarlas, de grabarlas, de analizarlas?
Reflexiono esto, y justo se me viene a la cabeza esa vez cuando estaba empezando el tercer año de preparatoria, nos dieron en nuestra clase un trabajo sobre realizar un árbol genealógico que abarque al menos cuatro generaciones. Yo me desesperé porque para ese entonces mi padre y yo no teníamos una de las mejores relaciones, ni siquiera podría categorizar como una buena. Fue uno de mis compañeros quien se acercó a mí después de clases y me contó que estaba muy ansioso por el trabajo, yo inocentemente le pregunté por qué, y ahora que lo relato me doy cuenta que su respuesta me provoca un escalofrío hasta la médula:
-Porque somos muy cortos al vivir ¿te das cuenta? Apuesto que sabes poco de tus abuelos o bisabuelos, y de sus abuelos seguro que nadie sabe nada. Una vez que te vas ya no eres nada, se acordarán de ti unos años y luego desaparecerás.
Esa tarea la entregué tarde porque tuve que hacer varias llamadas para contactarme con mis tíos paternos, quienes me recibieron con el amor suficiente que te pueden dar desde el otro lado del país. De mi padre seguía sin saber nada, mamá no me hablaba mucho así que tampoco recibí mucha información, Miwa sabía poco más que yo pero hasta ahí. Al menos me salvé de sacar una nota baja.
Esa noche me la pasé escribiéndole a Atsumu por LINE, no recuerdo mucho nuestra conversación pero una frase sigue rebotando en mi cráneo hueco:
"Yo sé mucho sobre mi familia, por ejemplo: ¡Papá es de Alemania!"
Y yo ahí recién me enteraba, se me volcó el pecho entero.
Regresando… Sangre alemana, coreana, japonesa. Quién sabe qué más. Estos gemelos eran una locura total.
Por ejemplo, Osamu pasó por muchas desgracias por culpa de Atsumu y otros tantos factores que hicieron que su infancia sea un campo de minas, pero también lo convirtió en un hombre precavido. Una vez, a los tres años, una prima lo subió a una motocicleta y al pequeño se le atoró la pierna entre las cadenas y casi perdió un pie, literalmente pendía de un hilo; también se cayó de las escaleras tras una carrera con Atsumu y se quedó sin poder mover el cuello como por seis meses, y en un viaje se intoxicó comiendo pan con moho y tuvieron que internarlo en una prefectura que desconocían.
Bueno, Atsumu tampoco se salvaba, quizás lo pasó peor que su hermano gemelo pero supo sobrellevar todas sus desgracias con un optimismo imborrable, sonreía de una forma como si le burlara de la vida con un "¿eso es todo lo que tienes?" y se emocionaba bastante cuando volvía a colocarse de pie tras cada tropezón.
A Atsumu lo conocí en un campamento de entrenamiento, historia que quizá muchos ya conozcan. No sé si deba entrar en detalles o resaltar ciertas cosas, pues no hay mucho que decir. Más allá de su clara aparición como una bomba que hizo temblar la base que me sostenía en la vida.
"En la cancha es bastante santurrón"
Fue como una bofetada, de esas que te sacan del trance donde has estado perdido por mucho tiempo. Pero al final ese insulto muy amargo fue una especie de halago que me confundió mucho más, me salí de órbita y me estrellé.
En fin, como el nombre del campamento lo dice nosotros sólo entrenamos, conocimos jugadores de alto calibre, nos tomamos el tiempo en conocer nuestras habilidades (yo) o tomarnos el pelo (todos los demás, especialmente él). Pues, tras malentendidos, partidos, felicitaciones, terminamos formando un grupo muy extraño que, siendo sincero, no creí que iba a mantenerse.
Fue Motoya con su sonrisa tranquila, o sus cejitas redondas que me daban tanta extrañeza y ternura a la vez, quien me convenció para poder darle mi número de teléfono; al parecer también juntó el de los treinta y pico jugadores que estuvieron junto con nosotros en esa semana. Motoya, corazón blando y aura amigable, creó un grupo que por dos días enteros tuvo a mi celular convulsionando sin parar hasta que descubrí el botón de silenciar chat, muy bien escondido en un ícono gris pálido. Suerte que el bullicio de un grupo virtual se desencadenó sólo por unos días, la llama se fue apagando y apagando, y yo creí que hasta ahí las brasas estarían reposando hasta que llegase la fecha del inicio del torneo de primavera.
Hasta que mi celular volvió a vibrar como loco.
Me estaba cepillando los dientes esa mañana y traté de rebobinar mis recuerdos para saber si silencié el grupo por un año entero o por sólo una semana, es que a veces soy tonto y mis dedos presionan mal algo y termino dándole "me entristece" a una publicación de facebook a la cual le quería poner "me divierte". Suerte que dejé de lado esa red social carroñera, no llegaron a mis tripas.
En fin, no era el grupo que pensé quien hacía que mi pobre móvil tuviera un ataque intenso, sino que era otro grupo, pero con cinco participantes en vez de cincuenta y tantos. Pero bueno, tampoco entendía cómo es que un chat de menos de diez personas sea más interactivo que un chat de sesenta y pasados. Y aumento yo mis números, y ellos aumentan los mensajes.
Tomé mi móvil y busqué el ícono del megáfono con la línea diagonal que lo destroza, ni quiero saber quien creó el pictograma ni quien diseñó la plataforma del chat, porque su gran plan de que las iconografías sean en gris claro frente a la pantalla blanca era una pésima idea. Ese despiste en cuanto a armonía gráfica en aplicaciones de conversaciones en línea, me hizo perderme por un segundo, uno sólo, así completo; tiempo suficiente para poder ver como resaltaba el nuevo mensaje que acababa de llegar:
"Alguien de ustedes al menos tiene que conocer esta música, no puede ser"
El número no lo tenía registrado, de hecho, no tenía registrado ningún número de ambos grupos además del de Motoya; sin embargo, resalté que esa persona era un completo desconocido de entre todos los demás. Además, su nick de "EC" con un corazón al lado no funcionaba. Me fijé en las fotos de perfiles de todos los participantes del grupo para poder registrarlos, no quería enrollarme teniendo que adivinar quién era quien y no se me daba la cara ni las ganas para tener que estar saliendo del grupo de chat, si me agregaron debe ser por algo, y tener cerca a jugadores de alto calibre quizás no sea malo, o no tan malo. Pillé rápido quienes eran los demás, Sakusa sin foto de perfil pero con su nick que simplemente decía su nombre completo, Hoshiumi lo descubrí rápido porque llenó todo el chat con fotos de su cara y varios audios de él gritando más que hablar. Al que restaba, justamente quien era EC corazón, tenía como foto de perfil a dos personas posando como superhéroes de espaldas en la oscuridad de una playa. Ni una pista. No lo registré.
En fin, después de su mensaje, EC envió justo después un link que tiraba a un video. Me dio curiosidad, lo admito, fue por eso que entré a ver que era. Y me reí.
Eso, me reí. Porque… ¿qué más podía hacer? Debió ser una broma, lo único que se me ocurría.
No soy una persona que vive estando pendiente de las músicas actuales, los cantantes, las bandas, etc., tampoco es que conozco demasiado, tampoco nunca fui a un concierto; tengo muchas cosas por la cual concentrarme (como el vóley, hasta ahí llega mi lista) como para centrarme en la música todo el rato. Y me parece gracioso porque a veces pienso que mi mundo, ese que construyo yo sólo con las cosas y sentires que más me gustan, es muy pequeño, es diminuto, microscópico. No sé si es porque soy muy básico o es porque me atrae más de lo que debería algunas cosas que a los demás les atrae normalmente, como beber leche, cortarse las uñas, trotar en invierno.
Es gracioso, pienso yo de nuevo, repitiendo necesariamente porque busco convencerme. Y quizá también porque no me resisto a cantar en voz baja.
Broken, this fragile thing now
And I can't, I can't pick up the pieces…
Bebo leche en cartón porque es más fresca hasta incluso más que las de botellas de vidrio, le doy mucha dedicación a mis uñas porque juego en una posición en el vóleibol donde las yemas de mis dedos tienen bastante contacto con el balón, prefiero trotar en invierno porque el sudor no se pega a mi piel y me siento más libre cuando la ropa no se me suelta en distintos pliegos flojos. Así también, me gustan las canciones donde hablan de algo simple pero, luego de escuchar y escuchar, se convierten en un sinfín de historias complejas que son hasta imposibles de descifrar sin un nivel de atención suficiente.
Fui a la cocina y dejé reproduciendo el video en mi móvil sobre la mesa del comedor, recargué agua en mi botella y fui preparando mi bento sin prisas, y en ese momento el tiempo dejó de existir por alguna razón, mi mente estaba fuera de mi cuerpo, mi alma tocaba el cielo. Mamá entró al comedor cuando la música justo terminó, quedó el eco suspendido en el aire antes de que regrese el silencio, ella me sostuvo la mirada un rato para después de dirigirse al estante a su izquierda y sacar sus frascos con frutas secas, semillas y avena. Ella es fanática de esas cosas que a mí me dan estreñimiento con solo verlas.
-¿Qué estabas escuchando? -Me preguntó. Esperé unos minutos mientras terminaba de colocar los trozos de zanahoria y las fetas de queso en mi bento, a la vez, ella llenó una taza con yogurt de durazno para acompañar su seco desayuno.
-Algo que me gusta mucho.
Eran pacíficas esas pausas entre conversaciones, similares a los espacios en blanco que dejan en los libros para airear la vista entre tantas letras o a esos diez segundos entre punto y punto en un partido para poder recuperar el aliento luego de un intercambio largo. Es algo necesario mantener el silencio antes de responder al otro, porque siempre las personas hablamos mucho sin pensar exactamente qué debemos decir y, debido a eso, podemos cometer muchos errores. Hasta podemos herir sin saberlo.
Y recuerdo de nuevo. Santurrón.
-¿Qué es lo que te gusta Tobio?
Guardé mi bento, mi botella de agua, me coloqué el abrigo y la bufanda, y me sumí en un corto mutismo. Saludé y despedí con la mano a Miwa que bajaba somnolienta de las escaleras, fui al genkan para colocarme los zapatos y me detuve unos segundos al mirar las agujetas. Mamá se acercó a mi lado para abrirme la puerta. La miré y le dije:
-Las cosas normales.
Más que los demás.
Por el camino me di cuenta que dejé mi teléfono en casa, justo cuando estaba pensando en mandarle un LINE a EC para decirle que sí conocía la canción. Se me olvidó en lo que restó el día, incluso cuando volví a casa ni le eché una mirada al chat, ni siquiera toqué mi celular. Y es aquí que pienso si de verdad me arrepiento o por haber hecho eso, las cosas siempre suceden por alguna razón suelen decir, ya que después de cenar fue que descubrí una llamada perdida que se dio a las dos de la tarde. Un número desconocido.
Comparé y de hecho era EC quien me había llamado, entré al LINE para ver el grupo raro que siempre cambiaba de nombre, en ese momento se titulaba "3 geniales, 1 bicho y 1 fantasma". Quien habrá sido el genio que puso aquel nombre, ni me lo pregunten. Entré a revisar.
1909 mensajes nuevos. Ni muerto leo.
Pasé por alto el grupo, todos los grupos, incluso ignoré los múltiples mensajes que siempre me enviaba Hinata y que yo le respondía con monosílabos. Bajé y bajé para marcar como leído todos los chats, es que poseo una patología extraña que me hace que las tripas se me licuen cuando veo demasiadas notificaciones a la vez. Maldigo una y otra vez a los diseñadores de plataformas en aplicaciones, tendrían que poner una regla estricta sobre la iconicidad, que los colores grises no son efectivos para mezclarse en pantallas y que las notificaciones en rojo son lo más horrible creado después de la choco-leche de soja.
Mientras pensaba me detuve en el número desconocido, reconocí la foto oscura. Era EC, me había enviado un mensaje privado. Entré a revisar qué demonios y realmente fue un qué demonios que solté en voz baja cuando leí claramente:
Desconocido (10:05): ¿Eres Tobio, verdad? Porque creemos que Komori anotó mal tu número y Hoshiumi asegura que eres un indocumentado que escapa del gobierno y por eso no nos hablas. Hicimos una apuesta y si no eres un desconocido… ¡Hoshiumi nos comprará esos algodones de azúcar gigantes con formas de pokemones!
Desconocido (10:06): Todos me dicen que no reconocen tu foto de perfil pero en tu nick se lee claramente "Tobio", en cambio, ¡yo no puedo ver nada! ¿Es porque no registraste mi número? Eres malo.
Desconocido (12:25): Si eres un desconocido borra esta conversación o llamo a la policía, aunque no sé cómo me voy a enterar si lo borras a no ser que me lo digas pero-
Desconocido (12:25): No importa.
Desconocido (20:16): Si eres Tobio responde por favor :(
Me quedé en blanco.
Me perdí cuando leí apuesta y azúcar, luego me recuperé cuando la palabra policía resaltó en mis pupilas con todas sus letras.
Tobio (22:24): ¿Policía?
Y su respuesta me sorprendió demasiado, incluso sentí como si me lo gritara a la cara.
Desconocido (22:24): ¡TOBIO! ¡Rápido dime si eres tú porque nos quedan exactamente seis minutos para ganarle a Hoshiumi!
Desconocido (22:25): CINCO.
Fue como un espectáculo dramático, muy dramático pero también patético, y cómico. Y cuando pensé que no podía ser peor, porque nadie piensa realmente que las cosas pueden empeorar, la pantalla de mi móvil resaltó una llamada entrante justo cuando estaba dispuesto en responder el mensaje con un simple "sí lo soy", me dejaron en la segunda ese. Ingenuo, contesté sin saber lo que vendría.
-¿Hola?
-¡Tobio! Dime por favor que eres tú. Y no me mientas que yo reconozco tu voz.
No tenía sentido.
-Si reconoces mi voz entonces no dudarías de que sea yo.
-¿Dudar? -Empezó a reír de una forma muy extraña, diría nerviosa pero más bien sería como una risa de alguien quien se está desmenuzando en cosquillas. -Yo no dudo, Tobio.
Perdía el tiempo hablando con él. Pero algo me hizo no cortar la llamada y es una palabra bonita que a veces suelo odiar, a veces la paso por desapercibido y otras veces me asusta. Se llama: curiosidad.
-Bien que puedas o no reconocer mi voz pero no puedo reconocer la tuya- y la pregunta de oro no salió de mis labios. Más bien, él se me adelantó.
-¿Sabes quién soy, Tobio? -Negué con la cabeza, luego recordé que no podía verme así que negué en voz baja pero con firmeza. Él en respuesta lanzó un quejido parecido a un gruñido de zorrillo, luego se rió, incluso sin verlo sus expresiones se me hacían muy de película. -Tobio, soy yo.
-Eso no me sirve.
-Bien, bien. ¿Quién crees que no puedo ser?
Lo pensé un buen rato. Estaba jugando conmigo.
-Puedes ser cualquiera.
-¡Tobio, algo de esfuerzo te pido!
-Das muchas vueltas.
-Entonces no me dejes dar tantas vueltas.
Sea quien sea, EC era un exagerado a la quinta potencia, o quizá yo fui un tonto por no reconocerlo a la primera. Pues, mi yo de esa vez no se fijó que en la foto de perfil de EC se notaba claramente que una luz reflejaba el cabello claro hacia el costado derecho y que ambas personas de la fotografía llevaban la chaqueta de su respectivo colegio. Pero tampoco culpo del todo a mi pobre yo del pasado, quiero decir, ese día justo EC se quedó ronco luego de volver tarde de su práctica el día anterior y lo alcanzó el aguanieve. Cosa que me enteraría tiempo después.
-Ya sé, apostemos algo por si adivinas.
-Pero cómo si también apostaste con Hoshiumi- miré la hora en el reloj que reposaba en mi escritorio -Ya pasaron los cinco minutos de esa apuesta, ¿no importaba eso?
Lo oí gritar, alejé un poco el auricular de mi oído.
-Esto me pasa por hacer y hacer apuestas que sé que no voy a ganar.
Vaya virtud la de reconocer errores, Ukai siempre nos decía a los del club que ser consientes de nuestros problemas nos hace avanzar pero solucionarnos nos hace crecer. Quise impulsarle a hacer algo con el tema de su apuesta con Hoshiumi y los algodones dulces y desconocidos con policías, pero no me salió. En cambio, solté otra cosa porque la mayoría de veces no me da ser conversador y además nadie piensa claro cuando el sueño lo está matando. Es mi excusa.
-¿Cómo sabes que no vas a ganar?
Para alguien como yo, o como cualquier jugador obsesivo en el deporte en el cual se desarrolla, es algo imposible intuir a algo al cual no puedes ganarle. El futuro es incierto, hay distintos tipos de fuerzas con las que uno puede pelear, yo lo sé porque lo viví a carne propia, vencimos a Shiratorizawa en una final que no creíamos que saldríamos vivos. Y yo ahora sé que vencimos muchos más, que otros que jamás pensábamos que podrían nos vencieron. Sé que él también venció a muchos y perdió ante muchos.
En ese momento no entendí eso de saber que no se puede ganar. Es porque tampoco sabía que hay veces que pueden sentir que algo se avecina, algo malo, algo bueno, algo que pone la piel de gallina a cualquiera o hace que el pecho se le infle hasta ese límite de estar a punto de reventar como un globo. Es algo que mi yo ignorante de los sentires no alcanzaba a ubicar entre sus conceptos algo abstracto que pudiese existir, porque mi corazón y alma se regían únicamente a ese instinto que sólo libero cuando el voleibol me llama y me absorbe y me quema vivo en su lumbre.
-No lo sé- me dijo pausado, le di tiempo -Creo que se da a veces, como cuando tienes hambre pero no tienes ganas de comer arroz frito porque ya lo comiste ayer y sabes que si lo comes de nuevo lo vas a vomitar.
-¿Tienes problemas del estómago?
-¡No es eso! Dios me salve, Tobio, no se me da la paciencia para explicarte con manzanitas y uno más uno.
-No entiendo cómo es que quieres explicarme algo que no sabes.
De nuevo, lo oí reír, pero esta vez fue algo espontáneo, al igual que una burbuja estallando. Y fue allí que lo reconocí.
-Jodido mocoso presumido y santurrón, tienes razón.
Hay cosas que muchos se esperan en la vida, hay cosas que no. Algo en mí sabía de quien se trataba EC, algo en mí tampoco me dejaba reconocerlo del todo. Es confuso, la verdad, tener que dar muchas vueltas tras mi falta de intuición así como mi carencia de capacidad de narración. Desastre tras desastre, confusión tras confusión, entre apuestas, llamadas telefónicas, algodones de azúcar, grupos de chat y diseños horribles para plataformas de chat; quien diría que el destino me tiró del cielo a aquel momento de mi vida para poder quebrar toda la armonía que construí en todos mis años que llevo respirando y andando en la tierra. Y es genial reconocer que la misma persona me hizo vivir eso dos veces, y muchas veces más, tantas, demasiadas.
Quiero encontrar respuesta a esto, una respuesta a una pregunta que no sé siquiera formular.
Blanco, todo lo que vi en ese instante fue blanco. Me quedé sin hablar unos segundos, y no lo entendía porque ni siquiera estaba asombrado ni nada por el estilo. Fue como si el mundo se pusiera pausa para poder saborear la situación adecuadamente, para que yo pueda carburar mis engranajes y decir:
-Miya, eres tú.
Y me sentí en una película de monstruos falsos y perros que hablan donde desenmascaro a alguien.
-Tardaste.
Y se le daba aún las palabras para reclamarme.
-Tú también.
-No tardé, sólo dudé.
No quería dejar de hablar.
-¿No era que no dudabas?
No era lo mío conversar, hacer bromas, seguir la corriente. No formaba parte de mi naturaleza.
-Bah. ¡No me digas eso! Cambiemos de tema.
Pero a veces llegan otros a rompernos los esquemas.
-Bien- me recosté en mi cama pasando por alto mi sueño, la hora que era, hasta la razón por la cual inició toda esta conversación. Sólo se me vino a la cabeza que quería justamente preguntarle algo a él hace tiempo -¿El video que enviaste la otra vez?
-¡Ah sí, amo esa canción! ¿Llegaste a verlo?
-Sí, ya lo vi antes.
-¿En serio?
No pude decirlo esa vez, no te dije que siempre escuchaba esa canción, como ahora. Lo reproduzco en bucle a veces, así como a veces canto entre estrofas o el coro, también lo escucho para calmarme cuando las lágrimas me inundan hasta el cuello o sino cuando necesito llorar porque siento que me asfixio al tener el alma tan estrujada. No soy el único que lo escucha, Miwa reconoce la melodía rápidamente y me lo dice al instante, Hinata lo canta en voz baja cuando está a mi lado, a veces tu hermano también lo reproduce en su coche cuando la soledad lo domina y quiere verse acompañado por algo que lo transporte a un mundo donde nosotros aún no hemos llegado.
Leo la letra, la repito con mi voz como si me perteneciera, como si fuese escrita para narrar lo que no puedo. Es completa, es perfecta, es algo que en mucho tiempo no pude reconocer más allá de una simple música que solamente está allí para existir, para ser disfrutada por algunos y nada más. Es como lo que escribo, está aquí sin saber quien lo leerá y quien no, si será leído siquiera. Pero hago que me pertenezca, que nos pertenezca, y que con lo poco que tengo pueda lograr llegar a almas que seguramente buscan algo al cual puedan verse reflejados, puedan pertenecerse, puedan hallar unos brazos donde acobijarse.
Atsumu, naciste el quinto día del décimo mes sin que nadie supiera que vendrías, pisaste este mundo con la intención de sorprender a cualquiera que se te cruzase, te burlaste de la intuición, aceptaste muchos errores, pero de todas formas te sumías en la duda aunque lo negases a escudo y espada. Pero viéndote como todos los hacían, sólo apreciando esas pocas veces que resaltabas de entre las estrellas con un efímero resplandor, cualquiera diría que eras un hombre común.
Creo yo, por la forma que apareciste en mi vida, insultándome para alagarme y con un apodo como EC que pueden significar mil cosas para los demás pero para ti significaba una sola muy especial, que eras el ser más extraordinario que pude haber conocido. No por sobresalir en los partidos, no por tus logros que hiciste y estabas por hacer, no por el simple hecho de coincidir en un mundo de deporte donde competimos incluso por un título de ser mejores en una sola posición.
Sino porque me abrumabas.
Y, esa vez, fue que le diste al clavo.
-Es mi música favorita.
Luego de eso, nuestras noches empezaron a ser largas. Tantas que me cuesta recordar.
Pues lo único que sé, porque se ha quedado registrado en la nube de mi primer teléfono, es que empezamos a hablar un diciembre. Un diciembre que perdía lentamente su color en el frío. A pocos días de mi cumpleaños número dieciséis.
N.A.: Pienso... Ah- perdón si tengo errores de tipeo u horrores al escribir, porque no veo nada, aún conseguí mis lentes jsadgld
Eso es todo vidis, ¡nos vemos!
