N.A.: Holanda mis vidissss, he aquí una actualización de esta pequeña historia que realmente me cuesta mucho realizar ya que escribo muy... básico, coloquial, quebrado (? Pero qué le voy a hacer, es un POV de un personaje al que cuesta llegar a su esencia.

Nada más, ¡disfruten!


Disclaimer: Haikyuu y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del queridísimo maestro Furudate.


Capítulo II: Dime cómo.

-Una compañera se metió con un profesor y ahora están dando una charla sobre relaciones y todas esas cosas en clase, ayuda.

-Hoy han invitado a un equipo de Yamagata a jugar contra nosotros, ganamos varias, perdimos otras.

-¿Te das cuenta que las arañas tienen ocho patas pero en realidad no necesitan tantas? Lo sé porque vi hoy una araña con sólo cinco patas y no tambaleaba, hasta cazó una mosca la muy salvaje.

-La leche que me ha tocado hoy en la máquina expendedora estaba pasada, hay veces que no entiendo cómo no cambian a tiempo los cartones. Deberían establecer correctamente los límites.

-Esta mañana cuando me levanté encontré una moneda en mi alfombra, pensé que sería de buena suerte pero al salir de casa ¡se me cayó! Por eso no hay que creer en la fortuna, Tobio.

-Hablando de dinero, acabo de contar mis ahorros y creo que con esto me compraré un equipo de invierno para trotar.

-¿Cómo puedes correr en invierno? Pero dime… ¿Se pueden cocinar papas fritas en una tostadora?

-No lo sé. No encuentro mi libro de matemáticas…

Éramos unos sinsentido.

Al principio nos acostumbramos a llamarnos todas las noches, siempre a la misma hora, porque sabíamos de alguna forma que el otro no estaría ocupado ni tampoco durmiendo; nos contábamos cosas que sucedieron en el día, casi sin opinar lo que le otro le decía, usábamos ese medio para descargar nuestra rutina relatando y disfrutar de lo que el otro relataba, sin pausas. Bueno, en realidad nunca supe cómo diferenciar una plática real de lo que hacíamos.

-Sé que nunca pido tu opinión pero ahora la necesito, ¿rojo o azul?

-Azul.

-Siempre escojo el azul, elegiré rojo.

Luego lo oí lloriquear porque perdió en una partida online de carreras.

-A la próxima te creo, Tobio. Perdóname.

Y al final, acabamos conversando en cada hueco entre nuestros horarios, ya fuese por llamadas o simples mensajes de texto.

Ciertas partes del día pensaba «ah, esto debo contárselo» y luego lo hacía, se lo decía. Logré personalizar su contacto para que tuviese una vibración especial y así yo sepa que era él quien me escribía, aunque igual lo reconocía ya que solía enviarme varios mensajes de seguido, incluso letra por letra. Lo silencié un día completo y le advertí de ello, no lo volvió a hacer. También, registré a Atsumu con su apodo de EC (sin corazón) luego de que me haya explicado que esas iniciales eran por su banda favorita.

-¿Esquimal calvo?

-¡Nononono! -Se rió bajito y amortiguado. Esa vez el muy tonto me llamó cuando aún estaba en aula, suerte que en su instituto permitían los celulares, porque en Karasuno no lo hacían y yo tenía que esconderme en los cubículos del baño o en la biblioteca para apenas sacar el móvil fuera de la mochila -Eskimo Callboy. Espera, te voy a enviar algunos temas.

Me llegaron enlaces, videos, múltiples mp3 que llenaron mi memoria extraíble por un tiempo, algo que me arrepiento mucho de perderlo. Hoy me recuesto en mi colchón y reproduzco las músicas en bucles, rememorando ese sentimiento que se afloraba en mi pecho sin sentirlo.

Al salir de mis prácticas me propuse comprar unos auriculares, no en plan como los de Tsukishima porque preferiría sufrir tres días degollado y morir antes de parecerme un poco a él, sino unos pequeños que pueda llevar a todos lados y pasar desapercibido. Cuando los conseguí me dediqué a disfrutar de los álbumes que Atsumu me había pasado.

EC (22:10): ¿Qué te ha parecido?

Tobio (22:11): Tienen buen estilo, digamos.

EC (22:11): ¿Tienen o tienes? Porque tengo buen estilo, Tobio, sólo dímelo.

No le contesté y me dormí con los auriculares puestos, al día siguiente me desperté con los cables enredados por mi cuello, me prometí no volver a hacerlo. Y hace poco me enteré que hasta yo mismo puedo romper mis propias promesas.

Antes de darme cuenta diciembre estaba en sus etapas finales, junto con el año. Mi cumpleaños no fue nada grande, sólo una cena en familia. Los senpais me prepararon un pastel con demasiada crema que nos dejó a cada uno al menos con la glucemia por los cielos. Hinata me regaló rodilleras nuevas, Yamaguchi me obsequió una caja con magdalenas saladas, Yachi me hizo un dibujo que usé como foto de perfil por mucho tiempo, y Tsukishima se olvidó por completo de mi cumpleaños. No lo culpaba, yo también lo haría a propósito con él, pero al final del día se me acercó con esa cara suya que emana problemas y me dio una caja cerrada. Cuando llegué a casa la revisé y me quise caer de cara al suelo, me regaló unos auriculares de cascos parecidos a los suyos, no los boté a la basura porque se notaba que eran de calidad.

Atsumu no se enteró de mi cumpleaños porque no se lo dije. Recibí una llamada suya la noche siguiente para contarme que encontró un yogurt pasado en una máquina expendedora y se acordó de mí, quedó en demandar a la empresa de lácteos y a los sujetos que hacen el mantenimiento a las máquinas en toda la región de Hyogo y Miyagi. Me dieron ganas de contarle algo en recompensa por recordarse de mi existencia por un yogurt (sonase como sonase, no pienso bien las cosas y cuando las digo pues ya está, no hay vuelta atrás), así que le comenté lo que me regalaron en mi cumpleaños y que, aunque odié el obsequio de Tsukishima, me pareció perfecto tener auriculares nuevos para disfrutar de los álbumes. Y eso que el estilo de la banda da para oírlos con cascos cerrados.

Me tragué un regaño de su parte por no avisarle lo de mi cumpleaños. Me prometió un pastel de chocolate que me vi obligado a rechazar porque ya sentía las caries trepando por mi boca.

Las festividades pasaron volando y un nuevo año inició. Durante los feriados el gimnasio cerró y me vi obligado a entrenar por mi cuenta, pero por alguna razón siempre hallaba distracciones como encontrarme con Hinata, Tanaka y Noya, y nos lanzábamos bolas de nieve o jugábamos con lo que estuviera a nuestro alcance. Quizá por eso, por no abrumarme mucho encerrándome únicamente en el mundo del vóley durante esos días, fue que llegué fresco al torneo de primavera.

Pero hubo un punto en donde todo se dio vuelta, se torció, se revolvió.

EC (07:12): Tengo que hablarte de algo.

Boom. Es lo peor que alguien puede decirte justo cuando estás a mitad de un viaje de más de cuatro horas y te duele la espalda porque tienes que recostarte ladeado ya que tu compañero de asiento se le surgió dormir por tu hombro. No sé cuantas veces empujé a Hinata para que no me babeara pero era un pesado al cuadrado y no podía tampoco cambiarme de asiento, así que lo dejé. Igual, mejor eso a que se despierte, se maree y me vomite. Pues, no soy Tanaka.

Tobio (07:12): ¿Estás nervioso?

EC (07:13): Claro que no, por qué lo estaría si ya fui al torneo nacional antes, a cambio de ti.

Suerte que no lo tenía cerca, suerte. Desinflé mis nervios guardando mi móvil y cerrando los ojos para dormir también. Pero don vibraciones hizo temblar mis bolsillos y a Hinata y al autobús entero.

-¿Por qué tanto bzz bzz, Kageyama? -Me atrapó Sugawara, quien iba en el asiento del frente, se agitó exageradamente para enderezarse y poder alcanzar a verme la cara -¿Tienes a algún pretendiente llenándote de mensajes? Pero qué pillo.

Hizo una coreografía con las cejas que me mareó. El capitán le llamó la atención pero el otro ni caso, mantuvieron una conversación que sólo ellos dos entendían y acapararon la atención de todos los pasajeros, así que aproveché en silenciar mi teléfono que se me llenaba de globos de chat por segundo que hasta podía verlos volando en el aire.

Y así pasé…

No recuerdo bien si fue antes o después de cruzar la perimetral de Tokio, pero paramos en un lugar para comprar jugos y algunas golosinas para aguantar el viaje, teníamos buena hora así que el profesor Takeda y Ukai nos dejaron recorrer un poco la zona. Aproveché para hacerme cargo de la lluvia de mensajes, que seguramente era el deletreo, y acerté. Claramente era "no me ignores Tobio, te lo pido de rodillas y con la nariz al suelo" letra por letra.

Tobio (07:14): Dime qué sucede.

EC (07:14): POR. AMOR. A. KAMI. Al fin.

Envió la frase en uno sólo mensaje pero separándola por puntos, se dio cuenta que había pecado haciendo su juego del deletreo. No le dije nada respecto a eso.

EC (07:15): Mira, sí estoy nervioso… ¡Pero no es por el torneo! Es que hay algo que me molesta.

Tobio (07:15): ¿Y qué es?

EC (07:15): Te vas a reír. Es un problema que empieza con "Sa" y termina con "kusa Kiyoomi"

Pues, ante su pronóstico no me reí, sino me asombré al leer que Sakusa no le provocaba problemas, sino que era un problema en sí. He visto cómo era el sujeto, leí sus cortas entrevistas en las revistas de deporte y analicé lo suficiente los grupos de chat como para saber que sólo se trataba de un chico muy reservado que escribe por LINE una vez al día para pedir a todos que cierren el pico, y que no era un alienígena que necesita estar bañado en alcohol desinfectante para sobrevivir. Bueno, no del todo.

Recuerdo que llegué a pensar que tenía un problema de la piel o algo por el estilo, ya que en el campamento lo pillé abriendo las puertas con un pañuelo de papel sobre los pomos. Al principio me aterré, creí que alguien había untado algo por los pomos en forma de broma, luego me di cuenta que no me pasaba nada al tocarlos. De ahí concluí que quizá Sakusa sufriera algún tipo de anomalía como tener epidermis de cristal, como los huesos de cristal pero afuera, en la piel. Torpe yo del pasado, tardé mucho en calcularlo, mi cabeza echó humos.

-Eres demasiaaaaaaado precavido, Kiyoomi- le había dicho Motoya en un almuerzo en uno de esos días del campamento. Justo yo estaba pasando cerca de ellos para ir a devolver mi bandeja, los oí sin querer.

-No recitaré de nuevo lo peligrosos que son los neumococos, los estreptococos y los estafilococos.

Luego se quedó en silencio oyendo atentamente todo lo que Motoya decía a un metro de él, en la misma mesa. Mientras comía arroz blanco de un tupper con cubiertos desechables.

Sakusa, quien en ese momento era la estrella número uno de entre todas las preparatorias de Japón, no coincidía con el concepto de "problema" más allá de sus habilidades en la cancha; pero como yo todavía no diferenciaba el vóley de la vida misma, ya que no notaba que había vida más allá del confort que me daba el deporte, pensé que sólo se trataba de una opinión de jugador a jugador sobre un rival en común.

Pero no concordaba del todo. Atsumu indicó que no lo relacionaba con el torneo, borré esa duda de mi cabeza.

Tobio (07:16): Sakusa es un buen jugador. De hecho, todos en su equipo son buenos.

Me devolví al autobús con una bolsa de frituras secas sabor jamón. Su respuesta tardó en llegar.

EC (07:42): Sí. Lo es.

Después de ello no volvimos a escribirnos en todo el día, ni a llamarnos. Me extrañó un poco ir a la cama esa noche sin tener que oír su voz, pero el bullicio de la presentación de los equipos estuvo en el ambiente por un buen rato, así que lo tomé como distracción y me dormí.

Ganamos en nuestro primer partido, en el primer día. No me fijé en el público esa vez, al parecer Atsumu estuvo al tanto de nuestra victoria, me lo hizo saber tras una llamada. Me alivié al escuchar su voz amortiguada por el auricular.

-Deberías de dejar de hacer esa cara como si fueras a apuñalar a todo el mundo.

Hablaba despacio, susurrando, como si estuviera dirigiéndose al viento o a un ente divino. Algunas veces suelo oírlo de esa forma, cuando las noches se me hacen largas o cuando me pierdo en la profundidad del cielo, suelo ver las estrellas y pensar su brillo, de dónde proviene, de dónde proviene esa voz. Si es él, si es alguien más. Atsumu tiene una voz serena cuando susurra, es cómoda, de algodón. Esa noche seguramente estaba en su futón entre sus compañeros dormidos, escondido bajo la frazada para que los demás no perturben sus sueños con el brillo de la pantalla y murmullos que apenas se perciben, como una floja pincelada de acuarela.

-No voy a apuñalar a nadie, y llevar armas al estadio es ilegal- hablé bajito también, porque yo sí me escondía entre los pliegos de las frazadas que me protegían de la helada nocturna.

-¿Si fuesen legales lo llevarías acaso?

-¿Qué? Por supuesto que no, nunca lo haría.

-Sería gracioso, entonces.

-Sería peligroso.

-No, no es eso- me interrumpió, o eso supuse. La noche avanzaba, yo estaba en una carrera donde el sueño me ganaba. -Sería gracioso ver otra cara tuya que no sea esa, la de tratar de apuñalar. No me lo imagino.

Trato de hacer memoria sobre qué otros temas solíamos conversar para aquel entonces, pero todo me falla. Seguramente cortamos llamada al recibir un regaño por parte de nuestros capitanes, o quizá nos quedamos sumidos al sueño y con el móvil consumiendo todos nuestros datos al quedarse encendido por horas. Pues al despertar pasábamos de largo nuestras conversaciones, desayunábamos pensando en nada más allá de lo que estaba en nuestra mesa; ya sería en el resto de la mañana donde caminamos por las calles donde nos acordamos de la existencia del otro. Pero me adelanté esa vez, fue sin querer, cuando me levanté en la mañana del segundo día escuché a los senpais hablando de ti.

Fue como una lluvia fresca, a la que uno va acostumbrándose, a la que se va tomando tacto. Como cuando uno se despierta un fin de semana esperando la cálida salida del sol, pero tampoco se queja de la humedad tranquila que alivia el ambiente con su perfume a cielo, tierra, vegetación en medio de la urbanidad.

Obviamente estaban detallando los datos que nos ofreció el entrenador Ukai sobre el equipo de Inarizaki, ya desde el día anterior sus nombres estaban en nuestras bocas, pero yo no tenía la cabeza por el cuerpo y me imaginé cosas que no existían. Está aquí.

Pienso entonces, Atsumu, que en donde sea que yo esté allí tú estarás, no físicamente en toda ocasión pero estarás. Y no sé cómo no me di cuenta antes, para esos momentos yo sólo estaba vigente en mi propio mundo, pensando en los acontecimientos, en el torneo. Sin embargo, empezaste a formar parte de mis días, sin razón que explicar. Las cosas suceden y yo no lo puedo controlar, y si Daichi y Suga te mencionaron justo cuando desperté podría haber sido una mera coincidencia que hasta hoy en día no quiero aceptar.

Dime cómo, Atsumu. Dime cómo puedes aparecer en todas partes, eres como el cielo que siempre está presente en ese inmenso azul, un color que tanto atrae, pero que nadie nota hasta que se atreven a alzar la vista hacia arriba y perderse en la infinidad. Disfrutarla.

No nos enviamos mensajes ni llamadas en el segundo día. No era necesario porque nos cruzamos varias veces, justamente esa fecha tocaba jugar Karasuno contra Inarizaki, partido cual nos dejó secos como uvas pasas. Mientras calentábamos en las arenas de entrenamiento, Atsumu nos encontró a Hinata y a mí, su presencia me hizo recordar que éramos rivales y sus palabras con sabor cínico me dejaron algo desconcentrado de nuevo. Me vengué en el partido, varias veces. Demostré mi ambición de ganar y mis destrezas junto con Hinata, demostré que tengo compañeros que confiar, demostré que puedo ser mejor. También hubo veces en que Atsumu me lanzó directo a la cara la fuerza de su equipo, que hay una cúspide del éxito que esta vez no pudo alcanzar pero no dudaba en que algún día llegaría.

Pero no sé por qué, entre todas nuestras jugadas, quise plasmarle a Atsumu que he cambiado. No lo sé, nunca supe. No fue lógico haber hecho eso ante Atsumu, quien recién me estaba conociendo, sin querer abrí el libro que describe mi vida, un libro que está escrito en una idioma que desconozco y narra de una forma incomprensible. Al revés.

Atsumu encontró ese libro abierto en el suelo, en medio de una cancha vacía, frente a una corona de oro desgastada. Lo levantó, lo leyó, lo comprendió sin tenerlo previsto.

El bloqueo final que hicimos con Hinata quebró toda respiración, y cada alma presente se detuvo para observarnos al menos unos segundos, de reojo. Mientras, Atsumu caía de rodillas al lado de su hermano, de su equipo, de su familia que duró un sólo año. De su vida.

-Unos hermanos que nunca pude tener, así los siento yo.

Hago memoria, me acuerdo que en una primavera visité Hyogo y me encontré con Kita Shinsuke, el ex capitán de Inarizaki, bajo los pimpollos de cerezo. Fue una mañana templada, caminamos tranquilamente por las calles pintadas de un rosa tenue que se mezclaba con el alba. Su anular resplandecía tímidamente, ciertas veces ocultaba sus manos bajo las mangas por el frío, con cuidado, siempre delicado.

-A él, ¿lo amabas mucho?

Abril es suave, es de colores pasteles, es de grises tenues. De sentimientos que permanecen, y esa permanencia a veces duele.

-Más de lo que creo, la verdad. Mucho más.

Con Atsumu nos encontramos en los pasillos del estadio luego de nuestro partido, él tenía las mejillas y la nariz moteada en rosados y rojos, no lo acompañaba nadie, sus manos se resguardaban en sus bolsillos. Su semblante lo hacía verse pequeño. Me pidió que lo acompañase a ver el partido de Itachiyama antes de que terminara el primer set, nos compramos unos jugos y nos sentamos en un diminuto hueco que había entre las graderías que apoyaban al equipo rival y los fanáticos de otro equipo que estaba jugando en la cancha de al lado.

-Felicidades- me dijo luego de darle un sorbo a su lata de sabor naranja, que alzó y la chocó con la mía, de uva -En la próxima no se van a salvar.

-Gracias- le dije sin comprender del todo sus intenciones -Ya veremos, no sabremos cómo serán nuestros equipos sin los de tercero.

-¡Agh, no me hagas recordar que Kita ya no va a estar!

-Lo seguirás viendo por dos meses más.

-Sí, pero ya no estará en el equipo y eso… No sé, me deprime.

El equipo que iba contra Itachiyama estaba teniendo su segundo tiempo fuera, estaban sufriendo bajo cuatro puntos ante los favoritos de las nacionales. Desde las graderías no se podía ver claramente a los jugadores pero yo logré distinguir a Motoya de entre la multitud sólo porque sus cejas resaltan más que un faro naval, fue Atsumu quien me indicó dónde estaba Sakusa, pues yo solo jamás lo encontraría.

-Dime cómo lo supiste.

Lo vi pasar la punta de la lengua por los incisivos, buscando palabras simples que al salir de su boca no sonasen tan complicadas.

-El flequillo se le pega a la frente cuando suda- y para hacerlo más visual peinó su flequillo del lado contrario a lo que usualmente llevaba -Es gracioso porque él no se da cuenta.

De una sacudida su cabello volvió a la normalidad, me dio la impresión de que se trataba de un ser desconocido que vive en su cabeza, pero lo dejé pasar. Después de ello me centré únicamente en el juego y traté de no perder de vista a Sakusa, lo cual no duró ni dos segundos, el balón atraía a mis pupilas como un imán y pronto me despisté creando estrategias en mi cabeza. El juego, las posiciones, la pelota va allí, por el capitán. El capitán es setter pero es bueno recibiendo, el de la izquierda salva el balón armándolo, Sakusa golpea, anota, celebran. Setpoint. Sakusa ahora va a servir, su servicio es potente. ¡Un ace! Itachiyama entero celebra. Ganaron el primer set. No tienen tiempo para ablandarse, el segundo set inició.

-Itachiyama se centra mucho en los ataques rápidos ¿no? -Comenté tal cual como haría cualquier espectador con buen conocimiento, esperé una respuesta que jamás llegó. Cuando me volteé a ver a Atsumu él ya no estaba allí.

Físicamente sí se encontraba a mi lado, sentado y con los codos por las rodillas para poder descansar la cabeza en las manos, con su espalda encorvada que le hacía ver más grande de lo que era. Pero su mente estaba en otro lado, quizás incluso fuera del estadio, fuera del bullicio que nos rodeaba. Apenas exhalaba cuando alguien anotaba un punto y la gente a nuestro alrededor vitoreaba a todo pulmón, sus ojos estaban fijos a un lado de la cancha y luego se devolvían al otro. ¿En qué pensabas esa vez, Atsumu? Lo vi erguirse cuando a Sakusa le tocaba de nuevo servir, estiró el cuello para verlo mejor, tuve la sensación que brincaría de su asiento e iría a aferrarse a los barrotes que separan a las graderías de una caída de casi tres metros.

Creí que el juego fue el causante de su mutismo, de esa expresión instantánea y veloz que estalla como la efervescencia deslizándose por la lengua. Quise creer además, que hubo muchos factores que lo llevaron a hacer lo que hizo.

Torpe yo, siempre creyendo, suponiendo.

-¡KIYOOMI!

Sakusa se volteó y dirigió su mirada de hielo hacia nuestra posición, yo me volví de piedra por un segundo y luego me adapté al presente. Atsumu estaba de pie y las palmas de sus manos rodeaban su boca para que su voz tuviese mayor proporción. Su lata se hallaba en el suelo, vacía. Le temblaban los hombros al repetir una y otra vez el nombre de Sakusa. Omi, omi, omi. Y fue bajando el volumen. Los brazos ahora le tiritaban, su pecho se sacudía, su respiración era irregular.

Me dio la sensación de ver un cometa estrellándose.

No pude descifrar la expresión que Sakusa hizo allí abajo pero noté claramente el gesto grosero que hizo con un dedo, y se devolvió al partido. La muchedumbre a nuestro lado creció luego de presenciar tal humillación. Atsumu se giró hacia mí reparando con mi existencia, la nariz le moteaba de nuevo en rojo. Por un instante se me enfriaron las manos, el pecho, el corazón, se detuvo. Vi cómo esos irises de chocolate estaban por fundirse, resistiéndose a apagarse, como la minúscula llama de una vela que se resiste a una inmensa ráfaga. El brillo bajos sus ojos, las luces, son las luces seguramente, ¿no? No cierres tus ojos, no me sonrías, soy muy torpe para entenderte o tú eres muy torpe por pensar que puedo entenderte.

Atsumu, te levantas siempre cuando tropiezas ¿no? Pero te hieres cuando aterrizas y no dejas que tus raspones se cicatricen, se curen. Vas y vas corriendo sin miedo y tus heridas no dejan de sangrar.

Dime cómo, Atsumu.

And I've thrown my words all around…

No noté las llagas esa vez, no las noté y eso que las tenía justo frente a mis narices. Atsumu lanzó una carcajada baja, rendida, y dijo que el partido le estaba empezando a ser aburrido. No me dejó acompañarlo a donde sea que iría, se perdió entre las personas cuando bajamos de las graderías. No volví a recibir mensajes suyos ese día.

El tercer día fue el más intenso de todos, llamado popularmente como "El día del infierno". Tuvimos nuestro partido de ensueño contra Nekoma, logramos cumplir con la promesa de revivir lo que fue la batalla del basurero. Como siempre me centré en técnicas para exprimir las habilidades de mis compañeros, teniendo como resultado una victoria satisfactoria, aunque ganamos por un error del armador de Nekoma.

Al terminar el partido me desplomé sobre las graderías y me dormí, cosa que duró sólo unos minutos, pues mi teléfono empezó a vibrar nuevamente como loco. De mala gana de desperté y miré quien era el desgraciado que osaba a interrumpir mi recarga de energías. Quién más podía ser. Corté la llamada unas seis veces antes de contestar como una bomba a punto de estallar, y digo a punto porque me interrumpieron.

-Tobio, lee el grupo ahora, por favor.

Y cortó. A mi lado, Tsukishima comenzó a reírse y a mí se me infló la vena del cuello. No lo mandé a comerse su risa con pan incluido porque mi ser completo mutó y desapareció en el aire de forma gaseosa.

Hoshiumi (10:21): Mira, yo también capturé algunas escenitas justo cuando terminó mi partido.

Adjuntó como unas diez fotografías.

Motoya (10:22): WOAH, HOSHI. Es puro oro.

Entre que descargaba las fotos de Motoya y Hoshiumi, que sumaban como cincuenta en total (exagero), y veía la lluvia de mensajes, también noté cómo Sakusa salió del grupo varias veces. En eso, resaltó un globo de chat privado por parte de Atsumu pidiéndome que lo ayude por favor, no entendí hasta que me puse a revisar las imágenes.

Las primeras fotografías eran todas borrosas, había diversas personas caminando y una salida a la arena se notaba en una de las esquinas, deduje que era en algún rincón de las instalaciones del estadio. Aprecié el mismo escenario en las siguientes, sólo que esta vez se notaba a Atsumu sentado en un banquillo y a Sakusa de pie a una distancia prudente, el barbijo cubriéndole la boca. En una secuencia de varias fotografías desenfocadas mostraba el momento exacto donde Atsumu se colocaba de pie y se dirigía hacia Sakusa. Luego, en una sola imagen con zoom al cien, se apreciaba el rostro de Atsumu a corta distancia del de Sakusa.

Contuve la respiración, me seguían llegando mensajes privados de Atsumu. Las fotografías que continuaban eran tomadas desde otra perspectiva en los momentos de cuando estaban conversando, cuando Atsumu se aproximó a Sakusa y cuando Atsumu se recostó por una pared mientras Sakusa se retiraba, situación que seguramente sucedió después todo ello.

Hoshiumi (10:29): Sakusa, no puedo creer que seas tan cobarde.

Sakusa (10:29): Pondré una orden de restricción a todos ustedes.

Motoya (10:30): Bueno, suerte consiguiendo a un compañero que se asegure que nadie utilizó los baños en las prácticas antes que tú.

Sakusa (10:30): Puedo hacerlo yo solo.

Motoya (10:30): Bien. Dile adiós a los guantes esterilizados que te consigo siempre.

Nunca pensé poder ver, o leer, a Sakusa discutiendo con alguien. Yo no mencioné nada, Hoshiumi comenzó a enviar imágenes de gente comiendo palomitas, el nombre del grupo cambió para llamarse "Dilemas en Dilemalandia", Atsumu de nuevo se volvió maníaco del deletreo en el chat privado. A mí me dolía el cerebro, que se me quemaban los fusibles pronto. Vi que Hoshiumi me envió un mensaje deseándome suerte para el partido porque él daba por seguro que ganaría, simplemente lo agradecí. Entré al chat con Atsumu para decirle que miré las fotografías pero que no encontré nada raro, no esperé respuesta.

Fuimos a la arena de práctica, el entrenador nos explicó cuáles eran las técnicas del equipo al cual nos enfrentábamos: Kamomedai. Que eran un equipo con gran fortaleza en el bloqueo, con jugadores muy distintivos y que poseen a un ace que puede anotar con facilidad. Lo registré todo en mi agenda del vóleibol en donde siempre anotaba todas mis estrategias y datos de mis rivales. Hace unos meses Hoshiumi y Motoya visitaron mi departamento para ayudarme a limpiar un poco, Miwa los dejó husmear en mi habitación sin mi consentimiento y al meter sus narices entre mis cajones encontraron la dichosa libreta.

-¡Te dije que no pasabas el metro setenta en ese año!- Motoya reclamó leyendo el análisis que hice de Hoshiumi. El mencionado saltó desde mi colchón hasta la espalda de Motoya como si de un chimpancé se tratase, y el trapo que llevaba en su cabeza salió volando, yo me enfadé un poco ya que arrugó las sábanas que acababa de cambiar esa mañana.

-¿Cómo rayos puedes leer eso? Kageyama, tienes letra de patas de araña.

Motoya aseguró que sus ojos pueden descifrar la grafía del hiragana aunque estuvieran escritos al revés, Hoshiumi aseguró con todos sus reducidos conocimientos de la escritura que eso es absolutamente imposible, yo continué estirando las sábanas pensando que las arañas pueden sobrevivir normalmente con cinco patas. Hay cosas que no se olvidan. En un parpadeo ellos comenzaron a forcejear con la libreta en sus manos, cuando me dispuse a separarlos algo salió volando de entre sus folios y cayó en seco justo entre los tres. Nos paralizamos.

-¿Es lo que pienso que es?- Motoya susurró. Yo me agaché para recoger.

-¡Sí que lo es, lo es!- Apoyó Hoshiumi con los ojos más abiertos de los que ya suele tener habitualmente -Es la famosa carta esa ¿no es así, Kageyama?

Di la vuelta el sobre para leer la fecha y la firma, no alcancé a asentir o algo. Hoshiumi se sentó a mi lado en la cama, Motoya fue a buscar algo para beber. No abrí la carta aquella vez pero sí que abrí mi alma entera, a la vista de todos, y fue Hoshiumi quien pacientemente dejó que me deshiciera en miles de pedazos para después ayudarme a recuperarme de nuevo, a juntar los trozos. Y Motoya, con su tranquilidad y cariño que va más allá de las destrezas humanas, me calmó con un batido de crema y fresa que se dignó en preparar justamente para aliviarme.

-Los dulces curan el corazón, Kageyama, recuérdalo siempre.

En el torneo nos eliminamos tras perder contra Kamomedai, Hinata justo sufrió un colapso por culpa de su fiebre y no estuvo presente en ese momento tan amargo, en ese último momento con nuestro equipo. Realmente, fue la primera vez que me sentí bastante impotente, pues ese año al fin pude formar parte de un equipo que me aceptó como soy. Y creí que la frustración no me colmaría, creí que la firmeza era algo que me pertenecería toda la vida y en todo momento, pero cuando fui a refrescarme en los lavabos y vi a Atsumu entrar justo después, supe que me calaron hasta los huesos.

-Vi tu partido, todos ustedes son unos verdaderos monstruos, maldita sea- me dijo encaminándose hacia mí, no le dirigí la mirada, dejé que el agua tibia me empapara la cabeza -Itachiyama también se eliminó.

Cerró el grifo sin mi permiso, tomó mi toalla y me la colocó sobre la cabeza. Se alejó un poco, vi su expresión serena reflejándose en el espejo. Me enderecé, me di vuelta y no rechacé cuando levemente abrió sus bazos a sus lados. Me dejé caer sobre su hombro, me fundí, morí y renací. Sigo soñando con nuestro primer abrazo. La vida seguía.

Esa noche cenamos sin presencia de Hinata, Ukai lo aisló en su habitación para que no empeorara, entre todos acordamos en dejarle un postre más tarde. Y a pesar de haber perdido, nuestras energías como equipo no se desmoronaron, esa noche sentí que éramos más unidos que nunca.

-Aunque nosotros no estemos ustedes deben continuar. ¡Sigan volando, vayan hasta arriba! -Y Sawamura se bajó un vaso de cerveza porque hace una semana cumplió dieciocho pero parece que los años se le adelantaron. "Eso es un síntoma de la sabiduría" respondía Sugawara cada vez que alguien hablaba de la vejez prematura del capitán.

Al cuarto día fuimos temprano al estadio para ver las semifinales, Tsukishima y Yamaguchi se quedaron en el hotel junto con Ukai para poder hacer guardia por si Hinata empeoraba, aunque en realidad Tsukishima decidió hacerse el ermitaño porque ya tenía suficiente lidiando de aquí para allá ya que "el vóley es sólo un club". Y una hora después los cuatro nos estaban acompañando en las graderías.

-Me obligaron- fue la excusa barata de Tsukishima.

-Pero si dijiste que no hay nada más aburrido que pasar un día entero en un hotel económico sin internet- Hinata no estaba en todas sus condiciones pero bien que se le daba toda la energía para echar a perder la estabilidad mental de Tsukishima.

-Y no me retracto.

Tsukishima le picó la nariz a Hinata y éste se revolvió como un gusano. Me cambié a dos asientos a la derecha, al lado de Sugawara, para no tener que lidiar con problemas luego.

El primer partido de la semifinal se dio rápido, el equipo que derrotó a Itachiyama en cuartos fue el ganador tras dos sufridos sets. El segundo partido fue a la tarde luego del almuerzo, Kamomedai contra Fukurodani acaparó todo el estadio, tuvimos suerte de conseguir los asientos a tiempo ya que las graderías cercanas a la cancha central estaban atestadas de fanáticos.

La euforia no perdió su fuerza en lo que fueron tres duros sets, hasta hubo veces en que me incliné de más hacia el frente para ver hacia donde iba el balón. Los bloqueos de Kamomedai parecieron mejorar bastante tras ganarnos, Hoshiumi volaba lo suficientemente alto como para anotar donde sea, pero no fue suficiente, Fukurodani arrasó con todo. Ese día Bokuto estuvo en esa cima que cuesta llegar, resaltó con su poder y sus enormes habilidades. El partido se acabó tras una jugada que concluyó con una anotación gracias un cruzado por parte de Bokuto, Kamomedai fue eliminado en la semifinal.

Saliendo del estadio recibí una llamada por parte de Atsumu, me citó para que lo viera en los puestos de comida, cuando llegué junto con él me entregó un bombón de chocolate blanco con un papelito que decía "Feliz cumpleaños atrasado", le agradecí a pesar que insistió que el regalo era muy cutre como para dar las gracias. Estando juntos aprovechamos para encontrarnos con Hoshiumi, quien pidió en el grupo de chat para pasar un momentito de compinches, palabras suyas; y Motoya, quien agregó que sería una reunión para llorar las pérdidas. Los encontramos cerca de un puesto de crepas, Sakusa también estaba allí pero aguardaba distancia, no me percaté esa vez lo tenso que Atsumu estaba. Fuimos a recorrer hacia los alrededores.

-¡Hoshi, promesa es promesa!- Gritó Motoya de repente adelantándose frente a todos y apuntando con sus brazos a un puesto de algodones de azúcar.

-¡Una apuesta es una apuesta!- Atsumu abrazó por los hombros a Hoshiumi -Y ni se te ocurra escapar.

-¡A la mierda!- Y se escapó. En unos segundos todo el mundo fue espectador de la persecución de una comadreja y un zorro a una gaviota. Fue Sakusa quien puso un pie en medio de la carrera, causando así que Hoshiumi se tropiece y salga volando, con Atsumu y Motoya detrás de él.

-A ver si aprenden de una vez- y vi cómo Sakusa le echaba desinfectante a su zapato.

Éramos un grupo extraño, en ese momento yo suponía que sólo se tratada de una rivalidad no del todo mala, porque no era una relación como lo que tenía con mis compañeros de Karasuno. Nos mantuvimos cercanos por muchos años a pesar de la distancia física y cada vez que teníamos oportunidad nos reuníamos a jugar videojuegos, mezclar bebidas, comer frituras, jugar sets sin tomarnos del todo serio las reglas. Pero, por cosas de la vida, hoy en día ya no es lo mismo.

Nos sentamos en la acera a comer nuestros algodones dulces, no eran gigantes ni de pokemones pero al menos Hoshiumi pagó su apuesta. El concreto congelaba nuestros traseros, Hoshiumi, Atsumu y Motoya se acurrucaron como conejitos redondos, de esos que parecen simples pompones de tejido. Sakusa se mantuvo de pie en vez de sentarse junto con nosotros, a pesar de ser un bicho raro e hiperhigiénico no se negó a estar cerca nuestro, aunque sí rechazó con una cara muy arrugada el algodón dulce que le ofreció Hoshiumi. Atsumu decidió quedarse con él, doble premio porque fue el único que se lastimó tras la caída, ninguno le quitaba la mirada al raspón en su quijada.

-Se dan cuenta que…- empezó Motoya mirando su algodón y haciendo una larga pausa, al parecer todos teníamos una idea en mente acerca de lo que estaba a punto de soltar -Justo nosotros ¿no?

-Al menos la vez anterior llegamos a la final contra ustedes- mencionó Atsumu, él ya iba a la mitad de uno de sus algodones. Sakusa resopló ante su comentario.

-¡Agh, no me lo recuerden! -Chilló Hoshiumi.

-Es raro saber que perdimos, siendo que somos seleccionados de la nacional- comenté, no sé si en realidad estaba pensando en voz alta o algo así, pero la reacción de todos fue abuchearme y abrazarme. No me lo esperé. Mi algodón dulce se me pegó a la cara, a la mano, y se cayó al suelo, y eso desencadenó una carcajada en conjunto. Obviamente Sakusa no formó parte de ello, sino que sacó una toallita húmeda de sus bolsillos por arte de magia y me la entregó para que me limpiara.

-Calma, calma, pesimismo- rió Motoya.

-¡No estés triste Kageyama, a ti te quedan dos años más!- Apoyó Hoshiumi.

Éramos un grupo extraño, repito, pero un grupo de todas formas. Con algodones de azúcar, apuestas, fotografías movidas, corridas, y mucho más.

Lo recuerdo claramente, Atsumu deshizo el abrazo y me entregó el algodón extra que tenía. Su cuerpo se relajó, pensé en las fotografías, él me sonrió.

-Los dulces curan el corazón, Tobio, recuérdalo siempre.