N.A.: Holandaaaaa. Este cap me iba a quedar larguísimo así que lo dividí. No va a afectar mucho al conteo de caps pero... it's ok.
Bueno, sin más que agregar... disfruten babussss
Dislaimer: Haikyuu y sus personajes no me pertenecen, son propiedad del queridísimo maestro Furudate.
Capítulo V: Sorprender
Voy escribiendo lentamente lo que mi mente va recapitulando, va encontrando, va armando.
Esta vez es un recuerdo que navega en lo más profundo de mis memorias, casi no sale a la luz, pero a veces cuando cierro los ojos puedo verlo claramente reproducirse como si de una película se tratase. Normalmente se borra gran parte de lo que ocurre antes de despertar, son contadas las veces que puedo aclarar mi percepción y contarle a alguien por la mañana lo que mi subconsciente construyó. Como cuando, por segundos donde me distraigo o simples reojos, lo veo recorrer el edificio donde vivo, las calles del barrio, en el tren, o sentado en las graderías de los partidos que pasan por televisión. Con su pura presencia abarcando cada espacio de mi vida.
No sé cuándo empezó este delirio, no puedo marcar un antes o después. Lo único que sé es que esta no era la primera, que lo sentía, que lo vivía.
Me encontraba en un evento, una fiesta, un matsuri con infinitas tiendas de comida callejera y juegos con caramelos como premios. No tengo idea con quién me encontraba, si fui solo o con mis compañeros, cómo iba vestido, en qué punto exactamente estaba. Sólo recuerdo esas míticas las luces rojas que parecían luciérnagas y cómo me tomaban de la mano para arrastrarme lejos de la multitud. Nada perdía su color a pesar de estar entre las sombras, en lo íntimo, donde el bullicio no perturbaba nuestras almas.
Atsumu no soltaba mis manos, yo olvidé cómo respirar. A lo lejos, pude ver cómo el cielo se llenaba de fuegos artificiales, de colores, y todas las personas se detenían unos segundos a ver el espectáculo, nadie percatándose de nosotros. También estallas pero en silencio. Miré cómo le brillaban los ojos mientras soltaba dos palabras casi en un susurro, le leí los labios, atrapé su corazón entre mis manos, él enredó sus dedos entre los últimos mechones que resbalaban por mi nuca. La escena se construyó fragmento por fragmento como una de esas gigantescas obras de arte dignas de museo.
El cielo dejó de resplandecer, el silencio abrumó y un calor se apoderó de todo mi cuerpo, mi ser. Me temblaban las manos, las piernas, el alma.
El roce en mi rostro es real…
—Kageyama…
¿Qué debería responder? Si es que algo debo responder. Algo.
—¿Kageyama?
Me quedaba sin aliento y…
Un segundo, él no suele llamarme por el apellido.
—¡Kageyama!
La imagen de Atsumu se desvaneció cuando abrí los ojos. Vi la nariz de alguien cerca de la mía, también unos ojos saltones y la bola de pelos amarilla. Me estremecí y quedé como un palo de escoba apoyado por el asiento, la risa de Hinata hizo que me despierte completamente y que mis músculos reaccionen.
—Kageyama-senpai, tienes el sueño pesado— dijo Yaotome colocando ambas manos bajo su mandíbula y adoptando mi misma pose.
—¡Yo también quiero tener ese don de poder dormir cómodamente donde sea! — apoyó Nishinoya tomando el asiento a mi derecha, pasando desapercibida mi existencia.
—¡Sí, además te veías muy feliz durmiendo, Kageyama!— exclamó Hinata subiéndose al lado de Nishinoya (cabían los dos perfectamente y sobraba espacio como para meter una mochila más), tenía un mote burlón que chispeaba peligrosamente, tomé todas mis precauciones que ni sé por qué tenía —Seguro soñabas cositas ¿no? Estabas sonriendo… ¡A ver, cuéntanos!
No los mandé a volar a cada uno por la ventana porque vi a Ennoshita cruzando la puerta con una maleta por los hombros. Tuvieron suerte pero a penas pongamos un pie fuera del bus no habrá dios o capitán que los salve.
—Apúrense, tenemos que estar en el gimnasio antes de las doce, es decir, tenemos apenas hora y media para dejar las maletas, almorzar y llegar justo. No pierdan mucho tiempo acomodando sus cosas, en diez minutos tenemos que estar en el comedor— se paró frente a nosotros y puso énfasis a su mirada autoritaria hacia Nishinoya, quien se puso a silbar distraído —Diez contando ahora, Noya.
—Lo sé, lo sé, no repetiré lo que pasó en primer año.
—Y Hinata, ¿trajiste tus zapatos esta vez?
—¡Dos pares por si acaso!
Una vez que Ennoshita desapareció de mi radar estiré las extremidades y conté hasta tres antes de agarrar de la pata al último que intentó escapar de mi aura maligna, por razones de la vida ese alguien era Hinata, quien suplicó con la risa atorada que no lo asesinara. No lo hice porque Tanaka aterrizó sobre nosotros con el pecho inflado por su título de senpai y, al separarnos, Hinata escapó como una rata. Nishinoya se destornilló de risa mientras le explicaba a Yaotome que, ahora sin nuestro ex capitán Sawamura, esto es más común que encontrar un trébol de tres hojas. Y mientras nuestro kouhai lanzaba mil y un preguntas sobre la generación anterior, ajusté la correa de mi mochila y me dirigí al ryokan donde nos quedaríamos (aunque sea sólo para dormir, ducharnos y dejar maletas) durante ese fin de semana.
Almorzamos ligero en un comedor que estaba frente a nuestro alojamiento, Ukai se encargó de hacer unos cambios en el club y, con ello, parte de nuestra rutina, incluida la dieta. Mientras acabábamos las últimas raciones de fideos soba, los de tercero comenzaron a relatar cómo era el equipo de Karasuno en su primer año, captando rápidamente la atención de los kouhais.
No presté tanta atención a la charla por más animada que estuviese porque aún tenía retazos del sueño atormentándome y una burbuja de aire atascándose en mi diafragma, así que simplemente me dediqué a sorber algo de fideos, asentir a cada cosa que me dijesen y perder la mirada a los detalles tallados en las columnas de madera del comedor. Eran espirales que formaban otros espirales, unidos como un infinito junto con otras ornamentaciones que confundían justamente los inicios y finales de esos espirales.
Me encontraba algo distraído porque no entendía lo que pasaba conmigo, al igual que esos infinitos y espirales que dan vueltas alrededor de la madera sin terminar. Suelen molestarme muchas cosas, estar confuso es una de ellas; algunas veces exteriorizo mi enojo y otras veces no, dependiendo mis ganas. Pero eso, esto… que no sabía cómo nombrar pero que tenía que ver con cierto armador que no desaparecía de mi mente, me ponía extremadamente molesto.
Y comenzaba a sentirme pesado.
—Kageyama, ¿te sientes bien?
Aparté la vista de quien sabe donde estaba y me topé con la mirada curiosa de Yachi, ella ocupaba el asiento de enfrente.
—Um… Sí lo estoy, ¿por qué?
—Es que…— revolvió sus fideos con sus palillos —Has estado mirando fijamente la botella de salsa de soja como si quisieras apuñalarla.
Tienes una cara que querer apuñalar. Sacudí mi cabeza para librarme de ese pensamiento. Sin querer mi gesto llamó la atención de Yamaguchi, quien estaba a mi lado sin despegar la mirada de la pantalla del móvil.
—Otra vez andas un poco perdido, Kageyama— soltó Yamaguchi levantando los ojos hacia mí unos segundos, suficiente para que algo en mi interior se desenchufara de mi cerebro.
—¿Otra vez?
—Oh sí, esta mañana Kageyama estaba un poco… ido— añadió Yachi y me encogí sabiendo que no se dirigía a mí.
—¿Ido?
—Ah, ya entendí, ya entendí— cantó Yamaguchi y Yachi chilló con entusiasmo —La luna.
—¿Qué tiene la luna?
Me perdí.
—Sipi, Yams. Kageyama está en la luna.
Definitivamente me perdí.
—No entiendo de qué hablan— dije confundido pero en realidad quise gritar que por qué todos hablan en un idioma que desconozco, siempre con palabras que están dentro de mi vocabulario pero al juntarlas carecen de sentido y se forma una ensalada, o un tornado, un… tornado de ensalada de palabrerías.
—Estás en la luna, o sea…— se pegó más a mi lado para mostrarme lo que había en la pantalla de su celular, Yachi se asomó sobre la mesa en un intento de poder verlo también, aunque por su expresión deduje que ella también lo sabía. Cuando bajé la mirada me topé con la página de un manga —Estás en modo tsuki (1).
—¿La luna? — ¿o Tsukishima? Pero no me nació preguntarlo en voz alta.
—Es una forma de decir que estás…— no pudo continuar porque Yachi interrumpió con susurros que no alcancé a comprender. Yamaguchi le reprendió también en susurros, al final me vi en medio de una discusión de susurros hasta que Yamaguchi se enderezó sobre su asiento como un alfiler y me dijo: —Léete el manga.
—Qué.
— Sí, léelo.
—¡Oh! Así entenderás de qué hablamos— apoyó Yachi y, en un parpadeo, su rostro cambió de emocionado a espantado, me recordó al personaje de una vieja película de navidades y halloween. —¡Ah! Cierto, cierto. Kageyama, has perdido tu teléfono, no podrás leer el manga.
—Puedo prestarte el mío si quieres— me ofreció Yamaguchi justo antes que Yachi vuelva a arrojarse al precipicio de las disculpas, como ella misma solía decirlo. Vi como pasaba al capítulo uno y me tendía su móvil. Una arruga se dibujó entre mis cejas —Puedes usarlo cuando no estemos en la cancha, aunque no sé a qué hora lo usarás, casi nunca te he visto con el tuyo en manos.
—¡Tienes razón, yo tampoco!— como era de esperarse, Hinata se teletrasportó entre nosotros para unirse a la fuerza en la conversación —Aunque te he visto hablar por teléfono una vez frente a la sala del club y en la parada de buses y en el baño y…— voy a matarlo, lo juro, si no desaparece en el próximo medio segundo le hundo la cara en la sopa. Sentí varios pares de ojos sobre mi cabeza —¡Oh, ese manga lo conozco!
No supe si debería haber seguido con mis deseos de hacer que Hinata se vuelva polvo y que sirva de abono para mandarinas o agradecer que cambiase de tema tan repentinamente, llevándose la atención de Yachi y Yamaguchi consigo. Me quedé neutral. Mis fideos se enfriaron y no quise seguir comiendo. Un malestar se instaló en mi estómago y no se dejaría desaparecer tan fácilmente, cuando fuimos en autobús camino al gimnasio me relajé para ver si se iba, y si no lo hacía, lo ignoraría.
Al menos eso intenté.
En el primer set me encontraba estable, al segundo mis piernas empezaban a fallar antes de siquiera llegar a los diez puntos. Tras un servicio ace por parte de Tanaka, fijé mi vista desenfocada hacia el banquillo del equipo y me pregunté por qué cada vez se alejaban más y más y la cancha se volvía cada vez más grande, las luces me hacían arder los ojos, el suelo desaparecía… y dejé de contar. De pronto el malestar se esfumó y mi cuerpo flotó como espuma. Me vi siendo sujetado por el entrenador Ukai, no sé en qué momento se atrevió a interrumpir pisando la cancha, y de pronto desaparecí y resurgí dentro de paredes de azulejos vaciando todo lo que mi cuerpo no estaba reteniendo.
Una mano subía y bajaba por mi espalda, otro par estaban por un hombro y mi cabello. Me lavaron el rostro y me hicieron sentar sobre la tapa de un retrete, mi cabeza me asesinaba.
—Kageyama, llamaré a tus padres— esa era la voz del entrenador, no recuerdo si asentí o negué, de todas formas se alejó de mi vista sacando su celular del bolsillo.
—¿Será que el almuerzo te cayó mal?— por el tono suave me di cuenta de que la otra persona era Yamaguchi, se agachó frente mío y me masajeó las pantorrillas tensas. Fideos, todos almorzamos fideos. Quise decirle y no me salió palabra alguna, ni para eso me daban las energías, pero supuse que pasó la misma idea por su cabeza cuando continuó: —Cierto, nosotros estamos bien. Entonces… ¿Recuerdas lo que desayunaste hoy?
Ahí mi mente rebobinó hasta dar con la carota de mi hermana llevándose mi sudadera y diciendo que los hackers me observaban.
El viaje justo cayó sábado, día que pasa el recolector de basura orgánica. Esa mañana con mamá preparamos el desayuno, no quise hablarle porque notaba su tristeza a punto de tumbarla.
En mi cabeza cité: Sopa de miso, arroz, tostadas, omelletes de jamón y tomate.
El jamón estaba pasado.
—Llamé a tu madre— Ukai entró en escena sacudiendo su teléfono con una mueca cómica —Me contó todo, llevó a tu hermana al hospital.
Miwa, maldita sea. ¿Tanto te costaba tirar el jamón a la basura?
—Ya veo— dijo Yamaguchi y entre los dos me levantaron para llevarme hasta el autobús.
El jamón del infortunio, justo arruinando un viaje importante a otra prefectura. Era de película, no puede ser.
Me quedé recostado en silencio hasta que vino el profesor Takeda para decirme que me llevará hasta el ryokan, vi como Yamaguchi se subía con algo en manos, era su teléfono. No presté tanta atención a lo que me explicó, ni al viaje de regreso a la estadía, ni las indicaciones del profesor antes de marcharse y dejarme solo, ni cómo en menos de tres horas de pisar la prefectura estaba sobre un futón, sedado por no sé qué pastillas. Y por supuesto: no podía dormir.
El móvil de Yamaguchi reposaba a un lado de mi almohada y vibraba de vez en cuando, no le hice caso. Seguramente me lo dio para que le eche un ojo al supuesto manga que habla sobre lunas y etcéteras. ¿Qué tan famoso tendría que ser para que hasta Hinata lo leyera y llegara volando a meterse en conversaciones ajenas? ¿Será que Atsumu ya lo hizo también? No, no. Qué haces.
Me rodé a un lado, el paño húmedo que tenía en mi frente se deslizó barriendo mi flequillo hasta mi oreja y allí quedó. La pantalla brilló al son de una melodía muy movida y pegajosa, me acerqué un poco para leer que un tal "Toka-chan corazón florecita" estaba llamando. Intenté ignorarlo pero a la quinta vez pedí perdón a Yamaguchi por no respetar su privacidad, es que si no lo hacía una vena un mi sien reventaría.
—¡KAGEYAMAAAAA! ¡¿Estás bien?! ¡¿No te moriste?!
¿Toka-chan corazón florecita era Hinata?
—¡Hinata! No grites, seguro lo despertamos al llamarlo.
Toka-chan corazón florecita no podía ser Yamaguchi si este es su teléfono. Me fallaban los oídos o escuché a Tsukishima riendo al otro lado de la línea. Hubo muchas voces hablando a la vez, quise cortar la llamada y ponerle una almohada encima a esa cosa para no volver a escuchar el tonito que parece más un comercial de caramelos que una música de verdad, hasta que todo se silenció y percibí a alguien dirigiéndose a mí.
—¿Estás bien Kageyama? —era Yachi, le asentí y al darme cuenta de nuevo de esa mala costumbre esperé el regaño cariñoso que estaba acostumbrado de recibir. Luego de unos segundos me di cuenta que no era él con quien hablaba.
—Un poco…
Físicamente estaba estable luego del medicamento (más bien, me sentía tan relajado hasta el punto de derretirme y ser uno con el futón), pero de todas formas sentí que mentía.
Yachi se aseguró de ponerme al tanto de los partidos porque le preocupaba que me estuviera comiendo la cabeza al estar ausente, cierta parte de mí quiso decirle que había algo más ocupando mayor parte de mis inquietudes pero, como la gran mayoría de veces, me lo guardé para mí y se lo agradecí. De todas formas, nuestro kouhai Tokita era un armador bueno y seguramente habría tenido una buena oportunidad para debutar, Yachi estuvo de acuerdo, eso sí que me tranquilizó.
La llamada terminó y la pantalla quedó en el fondo de bloqueo, tenía la foto de una lluvia de estrellas encima de un pueblo, era una ilustración sencilla pero atrayente, el estilo se me hizo conocido. La una y veintisiete, si fuera entre semana a esa hora Atsumu estaría en clases, pero como es sábado debería estar en esas dos horas de descanso entre el entrenamiento, almorzando con su hermano y a veces acompañándolo Suna y Ginjima porque su casa es la que queda más cerca del gimnasio. Lo fui memorizando llamada tras llamada, mensaje tras mensaje, en conversaciones que jamás acabarían.
Pero Atsumu… seguro Inarizaki estaría jugando contra Itachiyama, se habrían saludado, Atsumu le pasaría la mano cordialmente al capitán del otro equipo ya que él lleva el mismo título, temí que el capitán fuese Sakusa. Temí.
No estaba enterado en ese entonces.
Iba a dejar el teléfono de nuevo en su lugar si no fuese por un papelito de color celeste que se desprendió del protector y cayó en mi regazo, lo levanté y era diminuto, recortado de un post-it. Tenía cuatro números escritos con bolígrafo. Uní los cabos.
—Uno, nueve, cero, dos…— dicté en susurros mientras escribía en el panel la contraseña, era la correcta. Al desbloquearla me llevó directo a la aplicación de notas que dictaba seguramente lo mismo que me dijo Yamaguchi en el bus y que yo no pude procesar porque estaba en mi punto de fusión.
"No revises mis mensajes ni mi galería, si mamá llama dile que te presté mi móvil, si te llama el hermano de Tsukki no contestes por nada en el mundo (lo digo en serio). Puedes ver usar internet y ver videos sin problema, también puedes poner música aunque no sé si te gustará mi estilo. ¡Y lee el manga si quieres, también puedes dejar tus impresiones en esta o en una nueva nota!"
Lo veía venir, lo del manga. ¿Tanta importancia tiene?
Me hizo acordar a esa vez en verano donde a Tanaka le prestaron el videojuego más famoso y lo probamos entre todos, perdimos y la consola terminó hecha pedazos pero por lo menos la mitad para arriba la pasamos bien. Bien, hasta que fuimos testigo del voraz ciclón que puede ser la mayor de los Tanaka con sus vociferas capaces de colapsar edificios enteros, la misma energía que nos alentaba en cada partido rumbo a la victoria. En fin, pensé que el videojuego sólo era famoso hasta cierto punto, sin embargo en las noticias salió que había un torneo nacional entre los jugadores, geimasu (2) creo que se les dice. Casi me caí de la silla del comedor al enterarme que no sólo en los deportes existe una gran competencia.
Llegué a probarlo y era divertido, entonces el manga también debería serlo, me arriesgué. Y mucho.
Terminando el undécimo capítulo vi que alguien abrió la puerta de la habitación, Nishinoya y Yaotome dieron un salto antes de que el capitán los tome por los hombros para retrocederlos hasta el pasillo. Sin contarlos a ellos, fue Ukai el primero que entró siendo seguido por el profesor Takeda. Me hicieron preguntas sobre cómo me sentía, las respondí tranquilamente pero de todas formas decidieron que descansara por el resto del viaje. En otro momento me molestaría y estaría siendo consumido por mis ganas de querer gastar toda fibra de mis músculos, sin más esa vez mis energías estaban por debajo del cero y lo último que quería era otro colapso.
En una corta ida y vuelta Ukai me trajo sopa de vegetales para cenar, no creí que me sentiría aliviado luego de unas cuantas cucharadas. Más tarde, Hinata llegó y se sentó al lado mío en el futón, traía el cabello húmedo y esponjoso.
—¿Será que yo también me veía tan desastroso esa vez en el torneo de primavera?
Lo miré unos segundos y me devolví a mi lectura.
—No, tú siempre te ves peor, además vomitaste dos veces en los viajes— contuve una sonrisa antes de saborear la victoria —Y al menos no lo vacío por detrás como tú lo haces la mayoría de veces.
Hinata estuvo a milímetros de saltar por mí y empezar una pelea a puño limpio pero se recordó que no debe atacar a sus compañeros enfermos que pueden negarle los pases en un futuro, entonces en cámara lenta volvió a su sitio y refunfuñó como un niño pequeño.
—Al menos ganamos la mayoría de sets sin ti— ah no, Hinata, eso no —Creo que ya no necesitamos un Kageyama en nuestro equipo.
Pum, energías recargadas. Salió corriendo antes de que le arrojara lo primero que tuviese a mi alcance que no fuese el teléfono de Yamaguchi, pude escuchar un hilo de sus griteríos diciendo "A la próxima te spoileo el manga" y luego un chillido y un golpe, una de las paredes tembló. La puerta quedó abierta, pude ver como por el pasillo cruzaba Tanaka sobándose el pecho con un quejido y detrás lo perseguía Nishinoya arrastrando a Hinata como un saco de papas. Segundos después Yamaguchi asomó su cabeza por el umbral preguntándome si le dije algo a Hinata porque salió corriendo y atropelló a nuestros senpais, negué con un bostezo, y luego él se auto-invitó a sentarse junto a mí para charlar, no me molestó en verdad. Se emocionó mucho al enterarse que estaba leyendo el manga.
Fui el último en ducharse y el último en dormir. Al día siguiente pude irme al otro gimnasio luego de insistir mucho pero ni me asomé a la cancha ni una vez, me quedé en el banquillo entre los entrenadores y Yachi a observar cada jugada y dándole algunos que otros consejos a nuestro kouhai armador. El día pasó bastante rápido, mi estómago se adaptaba mucho mejor a las comidas y el viaje de vuelta no fue tan cansador como pensé que sería. Bueno, seguro no lo fue porque no jugué ni una vez.
No lo hice. Y no se sentía extraño.
Me pregunté si a Atsumu le había ocurrido eso alguna vez, él solía pescar fácilmente los resfriados pero también era terco con respecto a la asistencia en las prácticas, pocas veces faltaba. Mantuve ese pensamiento el tiempo que dura un pestañeo y luego se desvaneció.
Lo primero que hice al llegar a casa fue lanzarle una mirada asesina a Miwa, la encontré en la mesa del comedor, en pijamas y acabándose un pote de yogurt semidescremado. En respuesta, ella carcajeó pidiendo disculpas. No había ni un rastro de mamá en casa, los domingos nunca estaba y esa fue la primera vez que me di cuenta ya que antes yo solía pasar día a día en el gimnasio de Karasuno.
Me encerré en mi cuarto para darme pases con la pelota y hacer estiramientos para volver a la rutina a la que acostumbraba. La rutina sin llamar a Atsumu, sin mensajes y sin revisar los correos. No quería volver a abrir la laptop y encontrarme con el último mensaje que me había dejado.
El partido contra Itachiyama. En mi mente construí el escenario de punta a punta, Atsumu y Sakusa tomándose de las manos con cordialidad, Atsumu dedicándole esa sonrisa desafiante que transmite todo lo que las palabras no pueden y Sakusa realizando un gesto repulsivo pero aún así sin intentar desprenderse de su tacto. Las maniobras, las jugadas, los puntajes, los servicios apuntando el uno al otro. Lo comparé con nuestro partido en las nacionales, ese donde dimos todo de nosotros y fue Karasuno quien obtuvo el triunfo, también lo hice con el de Itachiyama donde nos colamos entre sus fanáticos, el mismo donde vi a Atsumu desarmado.
Cerré los ojos. Allí estaba Atsumu. Pero era Atsumu pronunciando Omi con suficiente suavidad para que sólo Sakusa, a su lado, escuchase su voz. Vi a Atsumu persiguiéndolo y haciéndole bromas tontas porque eso es lo que adoraba hacer, apartándolo a un lado lejos de todos, dejando sin querer que Motoya vuelva a sacarles fotos cuando…
Le di un remate a mi balón y rebotó por todos lados, suerte que no le dio a nada que pudiese romperse, sólo echó algunos de mis libros de la estantería y la lapicera del escritorio. Oí los golpes de Miwa por la pared seguido de unos regaños amortiguados. Salí de mi habitación y decidí despejar mi mente con un largo baño.
Quise despejarme de todo, completamente todo.
A pesar de ello, mayo transcurrió de forma tranquila. Mi fuerza de voluntad no era tanta como creía, continué mandándole correos a Atsumu (me convencí de que su último mensaje antes del viaje nunca existió, ojalá pudiese aplicar esa técnica con muchas cosas que ocurren en la vida) pero cada vez de forma más pausada. Metía excusas sobre lo cerca que estaban las playoffs, luego los exámenes, luego el campamento en Tokio al que ya estábamos asegurados de asistir y que para este año no quería arriesgarme a tener clases de refuerzo en verano. Me conmovía mucho responderle, me revolvía entre palabras previendo cada error, me desesperaba hasta el punto de pensar que era una mala idea seguir hablando con él.
Y a consecuencia de mi falta de interés (quería creer que era eso, me faltaba interés, ganas, que nada me impulsaba a tenerlo en mi vida y que no ocurría todo lo contrario) Atsumu cada vez me escribía menos, no le hallaba ritmo a nuestras conversaciones, a veces incluso dejaba de responder por días enteros, yo también.
Nunca nos encaramos, nunca preguntamos qué nos ocurría.
Para cuando estábamos puertas de junio nosotros dejamos de hablar.
Esta es una de las cosas de las cuales me arrepentiré toda mi vida. Pues, yo no era el único que se comía la cabeza pensando en el otro, creyendo que sea lo que anduviese mal era con uno mismo.
Tuve en mi interior esa idea quemándome por bastante tiempo, me repetía contantemente "ya no hablamos, estas cosas pasan, ya no hablamos". A veces me cruzaba con la novia de Yaotome por los pasillos, ella me saludaba sacudiendo su teléfono haciéndome recordar nuestra promesa.
Un día la encaré.
—Dejamos de hablar.
—Estás jodiéndome, no inventes— y se le daba reclamarme. Yaotome estaba a su lado disfrutando de un pan de yakisoba, actuaba como una barrera entre las garras de ella y mi persona. Al verme encogerme de hombros ella estalló —¡No puede ser! Al menos ganen el torneo este y llévenme a Tokio con ustedes, me inscribiré en el club de porristas.
—No hay club de porristas.
—Crearé uno.
Me libré un poco de ella, la responsabilidad de conocer a Atsumu ya no caía sobre mí. Bueno, no del todo, caía sobre el equipo. Suerte que sólo Yaotome y yo estábamos al tanto de esa información.
Las playoffs fueron un torneo igual de intenso que los otros. Con Karasuno, al haber sido los representantes de la prefectura en las nacionales de primavera, nos saltamos las dos primeras rondas y jugamos oficialmente el segundo día. Nos enfrentamos primero a Wakunam, luego a Kakugawa. En las semifinales jugamos contra la artillería explosiva que venía cargando Johzenji para ese año, nos robaron el primer set pero acabamos triunfando en los siguientes dos, no nos enfrentamos contra Seijoh porque se eliminaron en cuartos justamente contra ellos. La final fue contra Dateko, pasamos los treinta puntos en el último set pero igual no pudimos derrotarlos. Después de once años, Dateko consiguió por primera vez boleto para ir a la Interhigh.
Como costumbre pasamos a comer en el izakaya donde el entrenador siempre nos invitaba, no sentí el aura de tristeza como en el torneo de verano del año pasado ni tampoco la pesadez como cuando perdimos las nacionales de primavera. Tokita y Shoji no se veían tan abrumados, ambos tuvieron sus oportunidades dentro de la cancha y supieron manejárselas, quien sí lloraba a borbotones era Yaotome porque entró al último set contra Dateko debido a que a Nishinoya le dio un mal estirón en la rodilla, y la última recepción no salió del todo bien.
—¡No te culpes tanto!— Nishinoya no conocía el concepto de hablar normalmente, estaba algo apartado porque tenía que subir la pierna sobre los asientos para ponerle el hielo —Mira Yaoyao, al menos no perdimos teniendo la pelota hacia nuestro lado de la cancha, no iba a ir hacia ti de ninguna forma, ¡así que no hay de qué preocuparse!
—Ahora yo me siento mal, fue mi remate el que se desvió para afuera y por eso perdimos— comentó Tanaka con la energía al suelo, plantó su cara sobre la mesa —Me sentí al fin como la estrella pero me estrellé.
Nadie se esperó que ese comentario haya hecho reír a Yaotome, Nishinoya felicitó a Tanaka y éste se puso a roncar. No me sorprendí porque él fue uno de los pocos que no tuvo cambios en todo el partido (al igual que Ennoshita y Shoji) pero al estar en la posición del ace muchas de mis colocaciones fueron hacia él. Y no digo que haya sido mala idea, íbamos anotando bien y Tanaka era una máquina difícil de detener.
Pero claro, igual perdimos.
—Sé que el año pasado no me hicieron caso, esta vez lo digo en serio— anunció el entrenador cuando nos reunimos de vuelta en el gimnasio. Yaotome ya no lloraba y la inflamación en la rodilla de Nishinoya había bajado, Hinata cabeceaba del sueño a mi lado —Tendrán tres días libres para descansar (especialmente tú, Nishinoya, no quiero que apenas vuelvas a pisar cancha y tengamos que amputarte la pierna) y recuperar sus energías, no les estoy negando a que hagan calentamientos o pases en casa pero por ahora no hay que estresarnos.
Todos pusimos mala cara. Al notarlo el profesor Takeda miró al entrenador, éste se estremeció antes de dar un paso hacia atrás concediéndole la palabra.
—El descanso es también parte del entrenamiento, si se saltan una parte importante del entrenamiento como lo es el descanso entonces no podrán avanzar.
Ahí caímos derechitos cada uno a casa. Miwa me recibió diciendo que prepararía canelones caseros y yo levanté una ceja, faltaban meses para el cumpleaños de alguien la familia. Me dijo que al fin aprobaron su tesis y va a defenderla en octubre, mañana viajaría a Sendai a realizar todos esos papeleos que me dan dolor de cabeza con sólo pensarlo y luego iría de nuevo en octubre para la defensa. Por eso la deliciosa cena de celebración, no me quejé.
—Tengo pensado mudarme a Tokio después de año nuevo.
Mamá y yo dejamos quietos nuestros palillos cuando ella hizo esa mención, papá aún no estaba en casa, mis preocupaciones no se disipaban. Mamá sólo le preguntó qué haría con su trabajo en la peluquería, tras recibir una respuesta convencible no dijo nada más, se me hizo un nudo en la garganta. Ya más tarde, me colé al cuarto de Miwa y en silencio me senté a su lado, ella puso pausa a la serie que estaba viendo en su tableta y me acarició la cabeza como si tuviese seis años de nuevo.
—¿Estás preocupado por algo, nene?
Me quedé en silencio tratando de acomodar mis ideas mientras ella aprovechaba para revisar algunos mensajes de texto en su celular. Mis preocupaciones. El rostro de Atsumu fue lo primero que se me vino a la cabeza, no quería contarle nada sobre eso, no porque quisera negar que algo malo estaba sucediendo, sino porque no tenía idea de cómo empezar a estructurar la historia sin que quedaran huecos. Así que solté lo que me estaba abrumando desde la cena:
—¿Estarás segura viviendo sola?
Miwa me miró sin dejar peinar mi cabello con sus dedos, muchas veces me había repetido que debía pasar por la peluquería después de clases para cortármelo, pero yo siempre terminaba en las prácticas más temprano de lo habitual (como reflejo automático) o haciendo pases extras con Hinata, Tanaka y Yamaguchi. Paseé la mirada por su brazo, ya no había rastros de golpes y cortaduras, tampoco en su rostro, lo único que quedaba era la cicatriz que va de la mandíbula al cuello, la misma que hoy en día permanece sutil y desaparece bajo una fina capa de maquillaje.
—Lo estaré, te lo juro.
En ese momento quise enviarle un mensaje a Atsumu preguntándole qué debo hacer. Qué debo hacer para estar tranquilo sabiendo que mi hermana volverá a estar lejos, qué debo hacer si ella se enamora de la persona equivocada de nuevo y comienza a perdonar demasiado, qué debo hacer si se repite ese mismo día cuando tuve once años y papá la trajo a casa con la cara destrozada y diciendo que se había separado de su pareja para siempre.
Qué debo hacer.
Nadie puede estar preparado para las peores situaciones, ni las mejores. Repito lo mismo que dijo uno de mis profesores uno de esos días de clases antes de las vacaciones de verano, el calor se colaba por los pasillos y achicharraba los cerebros, esa frase fue lo único que capté.
—Seguro a ustedes les dieron la misma tarea— comentó Yamaguchi. Estábamos ambos en el comedor esperando a que llegasen Tsukishima y Hinata de comprar melonpan, Yachi no llegaba aún porque tuvo una reunión con los capitanes y los entrenadores —Es mejor trabajarla en conjunto, suerte que podemos hacerlo con estudiantes de otras clases.
—La verdad no entendí…— dije sin soltura, apenas escuché lo que me relataba Yamaguchi —Quizá consulte con Yachi.
Se puso a comer con apuro.
—¿Qué tal vas con el manga?
—Oh— qué manera de cambiar de tema repentinamente —Lo terminé.
—¿En serio? ¿Ya entiendes lo de la luna?
—Tsuki— dije frunciendo la nariz en un intento de reordenar los paneles dentro de mi cabeza —Ella dijo eso frente a él con una reverencia, él respondió que era verdad, que la luna estaba hermosa esa noche. No le veo otra lógica.
Yamaguchi suspiró cansador y me comentó que no me explicaría lo que en verdad significaba, aquello me fastidió pero al instante mi mal humor se esfumó. Los demás llegaron y almorzamos juntos, suerte que Yachi nos confirmó que podíamos hacer juntos la tarea, de nuevo la última frase del profesor resonó en mis tímpanos. Justo cuando di el último bocado de mi bento, y me preparaba para buscar algunas monedas y conseguir algo de la máquina expendedora, llegó un compañero de clase diciendo que me buscaba y me pidió que lo acompañase. A pesar de arrugar el rostro no me negué.
Fuimos a un lugar apartado, en las escaleras que llevan al último piso donde estaban los clubes artísticos, allí vi a una de nuestras compañeras de curso, le temblaban las piernas y sus puños estaban cerrados por los pliegos de su falda. Mientras yo la veía confundido mi compañero huyó, el muy desgraciado. Tardé en darme cuenta lo que pasaba.
—K-Kageyama…— me quedé como concreto —Me gustas.
Y justo, justo en ese momento porque la vida me odia y quiso condenarme, algún ente místico movió las piezas correctas para que la imagen del sueño apareciese frente a mis ojos. No era en un matsuri de noche, no hubo fuegos artificiales, ni personas deteniéndose a ver el espectáculo en el cielo e ignorándonos, no hubo una mirada llena de luces de colores.
No era Atsumu, no lo era. Una parte minúscula de mí quiso cambiar el escenario que estaba viviendo.
Con la mente atrofiada, lejos, no modulé bien y respondí más seco de lo que quería con un:
—No puedo.
No puedo. ¿Qué significa? No tengo los mismos sentimientos por ti sería lo más correcto, un tú no me gustas quizá, hasta un simple no también. Pero un no puedo… no puedo qué.
Con esa duda ahogándome llegué a casa ese día y noté una caja nueva encima de mi escritorio, me habían conseguido un nuevo celular. Cuando le pregunté a mamá qué sucedió ella me contó que papá pasó temprano a dejármelo, se quedó a almorzar y luego se fue, pregunté cuándo volvería pero no me escuchó, eso pretendí. No reclamé y volví a mi habitación.
El nuevo teléfono era un poco más actualizado pero no era complicado de usar, en poco tiempo recuperé todas mis aplicaciones y era como nacer nuevamente. Los mensajes en LINE reventaron el doble siendo que los grupos no estaban silenciados, lo que me faltaba. Entré al grupo que compartía con Motoya, Sakusa, Hoshiumi y Atsumu (que me costó un poco encontrarlo porque cambiaron la imagen de perfil por una de un quinteto de patos con pelucas de colores y el nombre del grupo era "Los simpáticos") con la intención de silenciarlos, quiero encontrar a un culpable que me llevó a leer la conversación que estaban teniendo pero sinceramente sólo puedo culpar a la curiosidad que me acechaba.
Para qué miento, sé que esa vez no fue eso.
Motoya (20:17): Antes de irnos secuestraré a Hoshi para asegurarme que comprará las gomitas gigantes que nos debe.
Hoshiumi (20:17): ¡No se vale! Con tantos viajes hacia Tokio me voy a quedar más seco que una uva pasa.
EC (20:17): Para que aprendas a no apostar más.
Motoya (20:18): Eso queso.
Hoshiumi (20:18): Todo aquel que se llame Miya Atsumu no tiene el derecho de reclamarme sobre apuestas.
Motoya (20:18): Pero Hoshi esta vez te pasaste, dijiste que estarías en yukata, prometiste que lo usarías si Kamomedai no ganaba la Interhigh y no pasaron de la segunda ronda.
Hoshiumi (20:19): ITACHIYAMA TAMPOCO GANÓ.
Sakusa (20:19): No me lo recuerdes o te sacamos del grupo.
EC (20:19): Omi-omi llorón.
Sakusa (20:19): Habla. Ni clasificaron capitán.
Hubo algo de pelea, porras por parte de Hoshiumi y conejitos por Motoya, Sakusa estuvo saliendo dos veces del grupo y Atsumu ignoró su existencia enviando audios cantando sobre lo mucho que deseaba probar las gomitas gigantes que llevará Hoshiumi. Me quedé a medias.
Atsumu cantando.
Tobio (20:31): Miya, no tenía idea que cantabas.
Lo envié al grupo.
Motoya (20:31): KAGEYAMA, VOLVISTE HIJO MÍO.
Pronto entró una llamada, era Motoya. Saludó algo agitado y me llenó de preguntas, respondí algunas, puros monosílabos mientras que él escupía palabras por segundo. Me contó lo que ocurrió ante mi ausencia, palabras suyas, que no pasaban más allá que debates sobre voleibol, sobre series, sobre el manga este que sí conocían (la luna, maldita sea, él tampoco me explicó que significaba la luna) y no me dio el coraje decir que también lo leí. También me relató que mi repentina desaparición sacó a luz las habilidades policiacas de Atsumu y él, y fue provecho para ganar golosinas. También, me comentó que tenían pensado asistir al matsuri que se dará en vacaciones de verano, a finales de julio, en Tokio.
El matsuri.
—Nos acompañarás, ¿verdad? —no pude evitar fijarme en el tono esperanzador que utilizó. Tomé mi bolso y saqué mi libreta donde escribía sobre voleibol, en las páginas finales siempre anotaba mis calendarios. La semana de entrenamiento con el grupo Fukurodani caía a mitad de agosto, los otros dos fines de semana serían la primera semana de vacaciones y en la última.
—¿Para qué fecha?
—El treinta— lo oí suspirar —En mi cumpleaños.
—Vaya…— me sentí incómodo por alguna razón. Treinta caía martes, ese sábado y domingo estaríamos por Saitama con el Karasuno, no quería meterme en un compromiso, aunque… —No prometo ir pero...
—Si no puedes no importa, Kageyama.
—Pero— continué —es un más un sí que un no.
—¡Viva! —Motoya era muy considerado, alejaba el teléfono cuando gritaba, estaba a favor de la buena salud de los tímpanos ajenos —Los que no ganaron la Interhigh deben llevar yukata, es decir, todos debemos. Y no te preocupes por la estadía, mi casa tiene habitaciones extras y ya estamos acostumbrados a recibir muchas visitas.
La emoción de Motoya me envolvió en todo lo que duró la llamada. Quizá en ese momento Motoya y yo no éramos tan cercanos y no tenía esperanzas de que algún día lo seamos (sí Motoya, me caigo de cara al suelo, sé que estás leyendo esto porque hurgas entre mis cosas y mi laptop es tu lugar favorito después de mi clóset), pero algo en mí me dictaba que debería ir sea como sea, fuese por Atsumu o Motoya, o por el grupo, por mí también. Apenas corté la llamada corrí hasta donde guardaba mis ahorros y casi con desesperación me puse a contar, fui hasta la habitación de Miwa para pedirle algo prestado y consejos para ir a la capital.
—Te ves ansioso. No me digas que le debes dinero a la mafia— ojalá fuese eso —¿O alguien se te confesó y quieres darle un regalo a tu nueva novia?
Me quedé rojo. Qué pésimas decisiones tomaba como para ir a dirigirle media palabra a Miwa.
—Me reuniré con unos amigos en un matsuri en Tokio— y antes que ella se sonrojara de la emoción con un chillido de algo como "Tobio tiene amigos" me dispuse a continuar: —Necesito un yukata.
Miwa me dijo que conocía una amiga que tenía un hermano con mi misma talla, aseguró que para la semana siguiente me conseguiría lo que necesitaba. Satisfecho me devolví a mi cuarto y todo mi buen humor cayó al piso, por las escaleras, rodando por la puerta hasta la calle y siendo aplastado por una bicicleta porque por un auto sería demasiado.
Tres llamadas perdidas, EC resaltaba nuevamente en la pantalla mientras vibraba. Conté hasta diez antes de decidir contestar.
—¿Miya?
—¡Tobio!
¡Hablamos a la vez! Varios días sin decirnos media palabra y Atsumu me llenó de llamadas, y parece que perdimos la capacidad de hablar porque un silencio nos rodeó por un minuto que duró un año. Quería preguntarle si iría al matsuri, esperando un sí como respuesta, seguro que él también me lo preguntaría con el corazón en la mano y rogando al aire que lo rodeaba que mi respuesta sea afirmativa.
Pero, con Atsumu presente, yo no solía pensar bien.
—¿Qué haces cuando alguien se te confiesa?
El silencio duró otro minuto enorme. Empecé a sentirme demasiado tenso, quería decirle de todo un poco, pero las palabras de mi hermana me torturaban, mezclado con ese sueño, con esa vez que me enfermé, con la trama del manga, las lunas, el cumpleaños de Motoya, la confesión de mi compañera… el video de dieciséis segundos.
Pero al final, la ausencia de Atsumu era, es y siempre será lo que más me golpea.
Con la mandíbula tensa estaba decidido a repetir la pregunta.
—Tobio, deja de ser tan inesperado— me interrumpió con una risa escapando floja. Mi corazón volvía a latir como si hubiese pasado siglos desde la última vez que lo hizo, mi cuerpo se sintió liviano, anestesiado —¿Se te han confesado? ¿Ya tienes novia? Seguramente se besaron y fuiste horrible porque fue tu primer beso, por Dios Tobio, espero que no hayas comido cebolla.
No hay palabras que expliquen la felicidad que me inundó cuando oí su tono bromista.
—Se me han confesado pero la rechacé— me puse a la defensiva, Atsumu rió enérgico y me dejé llevar —Tampoco nunca he besado a nadie…
—¿En serio? ¡No me jodas, Tobio! Cuando tienes tu cara de no apuñalar no das tanto miedo, no estás en rango de guapo guapetón pero estás muy por arriba del rango normal.
Por Dios, basta, que no aguanto.
—Que no tengo cara de apuñalar.
—Extrañaba que me digas eso.
En aquel entonces me dificultaba entender por qué mi pecho vibraba ante sus palabras. En el presente sólo existe el recuerdo que poco a poco se irá borrando, quiero impedir que eso suceda. Quiero extrañarlo, quiero recordarlo siempre.
—Yo también.
Encendí la cámara frontal y sentí un alivio interno al saber que lo hackers no me espiaban, eso quise creer que era mi paz cuando en realidad ese concepto giraba alrededor de una mirada con ojos encapuchados y una sonrisa que crecía al pasar de los segundos.
—No nos saludamos en la llamada— murmuró y vi cómo daba un brinco a su cama —Ni en todos estos días.
—Hola.
—Hola— se pasó una mano por el pelo, las luces de colores estaban encendidas pero al cruzarse con la luz de la lámpara se perdían —Me tenías preocupado, maldita sea. Estabas… en mi mente por tanto tiempo que hasta llegué a mejorar en mis servicios pensando en ti, estaba seguro que dejaste de hablarme para concentrarte en las prácticas y entonces me juré que no me quedaría atrás, pero también me quitaste el sueño, y mucho muchísimo más. No quiero culparte pero… ¡Ahg! ¡¿Puedes creer que no clasificamos?! Bonito primer torneo como capitán. Ahora tengo que ponerme yukata y seré conejillo de indias para el Instagram de Komori.
Otra vez sus palabras corrieron más rápido que sus pensamientos, los sentimientos le ganaban en esa carrera interna donde él siempre estaba.
—Tienes tanto en mente de nuevo— fue la primera vez que lo mencioné en voz alta —Cálmate.
—¿Cómo que de nuevo? —en vez de sonar ofendido se mostraba bastante encantado.
—Hablas de mucho en tan poco tiempo— expliqué como si estuviese leyendo un párrafo de simple teoría.
—Sí, pero de nuevo— recalcó sonriendo —Tienes en cuenta esos detalles, no sabía que fueses así, digno de un armador. Vienes con todo hoy, ¿no?
—No es para tanto.
—No, sí lo es. Y no me ganarás en eso, me fijaré en los detalles también y te sorprenderé.
—Entonces— dudé un segundo en donde aproveché para ver si en la miniatura se veía alguna anomalía en mi rostro —¿Estás sorprendido en serio?
Ni medio segundo después Atsumu se desarmó en risas, su cámara temblaba por todos lados hasta caer, revolverse entre las sábanas y luego regresar al rostro sonrojado de su dueño. Yo también me reí ligero por la repentina reacción del que fui testigo. Cuando las risas y los movimientos borrosos cesaron, Atsumu me miró con esa expresión suya que puede derrumbar todas las murallas que rodean mi corazón.
—¿Sorprendido? —Repitió con la voz ronca a consecuencia de las risas —Lo estoy desde el día en que te conocí, pequeño presumido y santurrón.
Me quedé sin aire.
¿Por qué hacías esto, Atsumu? A veces me hacías creer que naciste para irrumpir en mi vida y arrastrarme a la tuya a la vez, que estábamos hechos de distintos materiales pero que al juntarnos encajábamos a la perfección, parecíamos incluso ser en mismo ente, una misma alma que en algún punto de la existencia se dividió en dos. Tantas veces quise decirte esto, tantas veces busqué alguna manera de poder sacarme el corazón del pecho y dejar que lo veas, que lo examines. Pero tú ya lo sabías, te arriesgabas a ciegas, preferías entregar tus sentires sin la necesidad de ver a través de mis barreras, tú me aceptabas incluso con ellas.
El libro de mi vida estaba escrito en un idioma que desconozco, al revés, tú lo leíste y lo comprendiste sin querer. Yo no noté las llagas que tenía al frente, tú ocultabas tus raspones que van sangrando, finges que no duelen. No pude prometer sanar tus heridas porque tú mismo decidiste cicatrizarlas con el tiempo, el poco tiempo que quedaba.
I just want to tell you so you know...
Discúlpame por no haber hecho nada más.
—¿Irás al matsuri, verdad? —Preguntó mientras jugaba con el cordón de su sudadera, yo asentí, al verme él ensanchó su sonrisa —¿Ya conseguiste un yukata? Espera, no, no me digas cómo es, lo quiero ver con mis propios ojos.
—¿Te gustan los yukatas, Miya? —dije incrédulo —Nunca he usado uno antes.
—No puede ser… ¿Eres de verdad japonés? Con Samu usamos yukata en todos los veranos, una vez que te acostumbras es fácil.
—Me acostumbraré entonces.
Su risa por más corta, baja o embobada que sea, me contagiaba.
—Por cierto Tobio, ¿no te ha llegado algo en estos días?
—¿Qué tipo de algo?
Apagó la luz de la lámpara, me embelesé con su mirada tímida bajo las luces de colores.
—Bueno, nada de nada. Que sea una sorpresa.
Luego de ello, Atsumu y yo volvimos a nuestra rutina de hablar por las noches, entre descansos, con mensajes cortos en cualquier hora del día. Pero ahora agregamos algo más, él solía decir que ese fue como un escalón cual debíamos pasar.
EC (05:39): Buenos días Tobio.
Tobio (05:46): Buenos días Miya.
Un paso pequeño que fue un gran cambio.
No quería volver a pasar por ello, por su ausencia, ni se me daba poder imaginarlo. Quería olvidarme de mis preocupaciones con su presencia, quería que el mundo desaparezca durante esos minutos donde me dejaba abrazar por su paz.
Atsumu, quiero que me vuelvas a hablar, que me vuelvas a sonreír, quiero volver a despertar cada mañana y que me saludes con un mensaje, quiero que te conviertas en mi rutina una vez más, que me llenes la galería de fotos y me robes los minutos del día con llamadas infinitas. Quiero poder abrazarte, poder hablarte cara a cara y sentir tus manos por mi rostro, quiero sentir mis propias manos por tu cabello cuando no podías dormir de los nervios.
Quiero que vuelvas a mirarme detenidamente, tomándote todo el tiempo que necesites, y decirme que te sorprendo…
Quiero que regreses.
Mientras rememoro voy comprendiendo muchas cosas. A pesar de haberte marchado, hoy estás presente en todos lados, estás más cerca de lo que creo, vas por allí apareciendo de repente en los recuerdos de quienes más te aman.
Estás aquí, en este escrito que utilizaré como una máquina del tiempo para cuando las noches se hagan largas. ¿No te emociona, Atsumu? Eres capaz de trascender en el tiempo, entre las personas, entre letras que van formando palabras, relatos y sentimientos.
Eres increíble, Atsumu. A diferencia de muchos, tú sigues sorprendiéndome hasta ahora.
Lo sigues haciendo…
1: Tsuki significa luna, si lo pronuncias rápido suena como "suki", que significa te quiero o me gustas. Sip, es una referencia a Koe.
2: Geimasu es como una (¿mala?) pronunciación de "gamers" en japonés.
N.A.: No se imaginan como este cap me hizo sudar... ENFIN espero que no hayan llorado como ya jajan't. Nos leemos bbys.
