En un campo de entrenamiento, se veía a una joven de pelo negro, entrenando con un sujeto, ya con mucha edad y cara de experiencia, ambos eran padre e hija, y los dos tenía la misma profesión, ellos eran luchadores.
La hija del luchador, practicaba sus movimiento, y el padre, se defendía de ellos, eso lo hacía para visualizar lo avanzada que estaba su joven hija, en lo referente a las artes marciales.
—Hija, eres fuerte, has avanzado mucho—sonrió el padre a su hija y preguntó—¿Veo que quieres ser aventurera?
—Exacto, quiero ser una aventurera como tu, querido padre—Sonrió la luchadora a su padre, mientras atacaba con una patada a su padre.
El padre de la luchadora, con una sonrisa en su rostro felicito a su hija, por su decisión de convertirse en aventurera y por su avance en las artes marciales.
—¿ y entonces, cuál es la razón de seguir mi camino? —Pregunto el padre a su hija y volvió a preguntar—¿La gloria, reconocimiento o la fortuna?
—Quiero proteger a las personas—Le contesto la joven a su padre y agregó—Como tu, padre, que ayuda a las personas, con tus habilidades.
El padre, le sonrió a su hija, por su pensamiento amable, pero en ese momento su gesto cambió a una mueca de dolor.
—Padre, ¿que sucede?—Pregunto la joven luchadora a su progenitor y maestro.
El padre, cayó de rodilla al suelo, mientras se tocaba su pecho, el dolor que sentía, era insoportable.
—Padre—volvió exclamar la joven luchadora y agregó—Aguanta, iré por ayuda.
Pero aunque la joven luchadora, fue por ayuda, era tarde para salvar a su progenitor, el experimentado luchador, había sucumbido a una extraña enfermedad, que le había afectado el corazón, esto provocó un fuerte infarto que le provocó su muerte.
En el funeral la joven luchadora, volvió a repetir su promesa, de que ella se volverá una aventurera. Tiempo después ella había salido de su lugar de origen, junto con su amigo espadachín y su amiga la hechicera, después cuando llegaron al gremio de aventureros, pudieron reclutar en su grupo a una sacerdotisa novata, al igual que ellos y fueron a su primera y última misión, la cual era rescatar a unas jóvenes que fueron raptadas por los goblin.
Sus amigos, fueron derrotados por aquellos diabólicos seres verdes, que ha pesar de ser debiluchos, habían logrado vencer a su grupo, esto fue porque su estimaron a aquellos bicharracos, que todos los aventureros encontraban débiles, y no eran un reto para los veteranos. Al ver cómo sus compañeros, eran derrotados por aquellas criaturas de ojos perversos y de caminar gracioso, la luchadora, peleó con toda su fuerza y determinación, para vengar a su compañero caído, y para salvar a sus compañeras, pero se había encontrado con un obstáculo, y fue aplastada por la realidad, había sido derrotada.
La luchadora, fue atacada por sus perversos enemigos, los cuales aprovecharon que estaba débil, para despojarle de sus ropajes y de su dignidad, pero ella se preocupo más de sus compañeras y le grito, que escapasen.
La sacerdotisa, se escapó llevándose a la hechicera, mientras que los goblin, la usaron como un juguete de trapo, y le clavaron sus uñas en su piel, esto le dolió a la luchadora, que grito tan fuerte, que aquel lastimoso grito, se escucho por toda la cueva.
Los goblin, después de divertirse con la aventurera, se la llevaron hacia una parte de la cueva, en la cual conservaba y utilizaba a las mujeres, que secuestran, y hay siguieron utilizando a la novata aventurera, hasta que ella, no sintió más y las llamas de vida de sus ojos, se apagaron.
«Solo quiero morir», pensaba la luchadora, mientras estaba tirada en el suelo, y observaba como un montón de Goblin, se estaba riendo de ella, en aquel momento el único sentimiento, que preservaba fue la humillación.
Había pasado algunos minutos, tal vez diez o media hora, tal vez una hora, en esos momento, los detalles que correspondía a tiempo, ya no era de mucha importancia para ella, cuando aquellos perversos seres verdes, fueron masacrados por un tipo de armadura completa, acompañando a aquel sujeto, estaba la sacerdotisa, que había reclutado.
La sacerdotisa, preocupada por la luchadora novata, se acercó a ella y la abrazo, le dijo que todo estará bien, aunque su cara no lo expresaba, sentía un tipo de alivio al ver que por menos alguien resultó ileso de aquella fallida aventura, y agradecía que el abrazo de la sacerdotisa.
Algunas horas más tarde, la vistieron con una túnica blanca, y la subieron a un carro, con la demás mujeres, que fueron rescatadas. Ella quería ser una aventurera, pero terminó en una lista de mujeres rescatadas.
La ex aventurera, ingresó a un templo de recuperación, en donde atendía a las aventureras con traumas.
La sacerdotisa de pelo rojizo, estaba limpiando el lugar, cuando la puerta se abrió y ingresaron varias mujeres al lugar, para la joven sacerdotisa, eso era lo acostumbrado en aquel templo, mujeres, que fueron secuestradas por goblin, terminaba en templos de recuperación, para superar sus traumas, la joven sacerdotisa, había visto esto desde hacía ya un años, pero por alguna razón, se fijó en una joven de pelo negro, la cual tenía sus ojos muerto.
—Pobre chicas—comento una de sus compañeras, la cual se puso al lado de la joven sacerdotisa y pregunto—¿Qué ser despreciable, ha provocado en ellas, tal trauma?
—Según veo eres nueva en el tempño—la sacerdotisa, le contesto a su compañera y agregó con suspiro de frustración—La mayoría, son víctimas de los goblin.
—¿goblin? —pregunto la sacerdotisa de menor rango y comento—pero ellos son seres débiles, incluso un niño puede matarlo.
La sacerdotisa de pelo rojizo, simplemente sonrió al escuchar el comentario de su compañera, y pensó, que ella estaba subestimando a aquellas criaturas.
—Si fuesen tan débiles, aquellas mujeres, que ves, no estaría desfilando en este templo—Le comentó la joven sacerdotisa a su compañera y agregó—Aquellas criaturas, son como las hormigas, tal vez en solitario, son fáciles de matar, pero si se unen, bueno nosotros somos los grandes insectos, que son devorados por ellos.
La sacerdotisa de menor rango, observó algo asustada a su compañera, y se imagino siendo atacada por aquellos goblin, por alguna razón le dio miedo.
—Los goblin, solo viven para matar, alimentarse y reproducirse con las mujeres de otras razas, incluso los hijos de estas criaturas, heredan la furia de sus padres—siguió hablando la joven sacerdotisa y agregó—Son criaturas detestables.
La sacerdotisa de pelo rojizo, continuó con su labor de barrer el piso del templo, dejando a su compañera un poco pensativa.
Había pasado un par de semana, y la luchadora, se despertó con un miedo en su mente, se sentó en su cama y con temor miró su cuerpo, su estómago estaba más hinchado de lo acostumbrado, deslizó su mano y lo pudo sentir, había un ser desarrollándose en su cuerpo, el miedo que tenía al despertar se intensificó más, sabía lo que estaba desarrollándose en su extraña, y aunque para muchas mujeres, tener un hijo era una gran felicidad, para la luchadora, esto representaba un gran temor, la criatura que se gesta a en su cuerpo, era un goblin.
«Lo siento, pero n quiero tenerte» pensó la luchadora y agregó a su pensamiento, «Te odio, eres el hijo de aquellos seres»
La luchadora, no sabía que hacer y entonces miró sus puños, era la única forma para poder deshacerse de aquel ser., así que procedió a golpear su estómago y para asegurar que aquel ser no naciera, se aseguró que los golpes fuertes y dolorosos para los dos. La luchadora, se golpeó su estómago, una y otra vez, hasta que vómito y las sábanas de la cama se mancharse de sangre.
Unas lágrimas salieron de los ojos de la luchadora, no quería matar a su hijo, pero tampoco quería dar a luz, a un demonio perverso, como aquellos seres verdes.
Las sacerdotisa, al entrar a la pieza de la luchadora, para realizar el cambio de sabana, se fijaron que la luchadora, estaba acostada en la cama, llorando, y pidiendo perdón,varias veces, mientras un charco de sangre manchaba la cama, las sacerdotisa, llevaron a la luchadora a un cuarto, que servía como sala de curación, y después le contaron lo que vieron a la sacerdotisa superiora, la cual hizo que quemarse la sabanas de la cama, la superiora, observó a las sacerdotisa, las cuales parecía tener una cara de enfermas, por lo que había visto.
—Estos sucesos son normales, en este santuario—la superiora , le comentó a la sacerdotisa y agrego—Después de quemar las sábanas entierren las cenizas.
La superiora, hizo que la sacerdotisa, se fueran de la habitación, para cumplir con las órdenes dada por ella.
«Esto es normal en este santuario», pensó la superiora y después de suspirar, volvió a pensar, «Pero, aún tengo lástima por aquellas mujeres, que sufren esto»
La superiora, se paro y se acercó a la ventana, y observó una zona del patio del santuario, en la cual había varias tumbas, unas pequeñas y otra un poco más grandes.
