PARTE I
Capítulo 6
Aprietos
—Nunca pensé que esto llegaría tan lejos, pensé que mi hermano solo estaba teniendo una paranoia.
—No te sientas mal, igual pensé eso, pero después de hablar con Hagrid... puede ser que alguien si quiera robar la piedra, aunque no estoy segura de que sea Snape.
—Solo mantente con esos idiotas todo el tiempo, eres lo más cercano a una salvación que tienen.
—Prueba los anillos ahora —dijo Hermione eludiendo lo de seguir con Ron y Linfred. Ambos se pusieron los anillos—. Cuando lo giras hacia la derecha, se abre el canal y podemos hablar, lo giras a la izquierda y se debe cerrar. O eso se supone que deberían hacer.
—¿Seguiste la Teoría Básica que mandó mamá?
—Al pie de la letra, pero es mil veces más complicado cuando hay que replantear todo el hechizo, ella mandó solamente comunicación a distancia...
—Eso dijo mamá, pero también comentó que no estábamos mal con los fundamentos que le enviamos, en teoría debería funcionar, al menos esta vez.
—Hice las modificaciones que sugirió Livie y parecen estabilizar el hechizo —aportó Hermione—. Pero sigo sin saber cómo es que ustedes dos tienen tan claro este conocimiento, o sea, sí se que tu mamá está detrás de eso, pero ¿No va contra la ley o algo inventar hechizos?
—No cuando no dañan a nadie —respondió Harry—. Y lo que estamos haciendo no daña a nadie.
—Cuando veo la libreta de bocetos que tienes y las notas que manda Livie, es dificil no pensar en magia super avanzada, gracias a ustedes he tenido que estudiar el doble o triple de lo que pensé.
—Bienvenida a la Élite —sonrió Harry.
Harry y Hermione seguían trabajando en sus anillos, con algunas aportaciones de Lavinia y otras de Lily Potter y ya habían logrado ya un alcance de veinte metros, lo que incluía sus dormitorios y ambos estaban orgullosos de ello, habían continuado investigando acerca de las leyendas y Hermione cada día pensaba que todo tenía más lógica cada vez. Felices se dieron cuenta de que la nueva modificación funcionaba, los anillos funcionaban.
—¿Entonces Harry... hoy te vi muy platicador con Parkinson... ¿Algo que decir?
—Hermione basta, ya te dije que ella es una amiga y eso es todo, si sigues preguntando voy a empezar a pensar que estás celosa...
—Y tengo derecho, soy tu hermana mayor y puedo celar a mi hermanito bebé —dijo la chica verdaderamente divertida.
—Eso no es gracioso Cookie, en realidad es triste, eres más vieja que yo.
—Sigo siendo la hermana grande aquí —concluyó ella encogiéndose de hombros y ganando esa ronda.
—¿Cuándo van a cumplir el castigo?
—Mañana —resopló furiosa—. Ya te diré como va.
—Ve el lado positivo, Malfoy los acompaña, Pansy estaba diciéndome que ahora era tu Fan.
—Wow, eso debe ser bueno, tengo una fanática, y es una Slytherin.
—Ve poco a poco.
—Odio que seamos los Nerds, ¿Qué tiene de malo que nos guste estudiar?
—No lo entienden, son unos conformistas.
Hermione se fue resignada a cumplir su castigo al día siguiente a las once de la noche, como había dicho la profesora McGonnagal
—Volveré al amanecer —dijo Filch—. Para recoger lo que quede de ellos —añadió con malignidad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo, y Hermione tuvo el gusto de notar miedo en su voz. Si bien ese día no había cantado, si que lo había hecho después con Harry como espectador.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad—. Hicieron algo mal y ahora lo van a pagar.
—Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
—Te dirá que es así como se hace en Hogwarts —gruñó Hagrid—. ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Harán algo que sea útil, o si no se irán. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.
—Bien, entonces —dijo Hagrid—. Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Síganme por aquí, un momento.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
—Miren allí —dijo Hagrid—. ¿Ven eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
—No hay ningún ser en el bosque que los pueda herir si están conmigo o con Fang —dijo Hagrid—. Y sigan el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
—Yo quiero ir con Fang —dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.
—Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid—. Entonces yo, Linfred y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Saquen sus varitas y practiquen ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tengan cuidado... en marcha.
El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Linfred, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.
Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas. Hermione vio que Hagrid parecía muy preocupado.
—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios? —preguntó Linfred.
—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.
Pasaron por un tocón con musgo. Linfred podía oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca. Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero.
—¿Estás bien, Hermione? —susurró Hagrid preocupado porque la chica no decía nada, y es que ¿cómo decir nada? Ella podría estar en la comodidad de la Cocina con Harry preparando un rico postre, en vez de ello, estaba congelándose en el bosque prohibido—. No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONGANSE DETRÁS DE ESE ÁRBOL!
Hagrid cogió a Linfred y Hermione y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Sacó una flecha, la puso en su ballesta y la levantó, lista para disparar. Los tres escucharon. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas.
Parecía como una capa que se arrastrara por el suelo. Hagrid miraba hacia el sendero oscuro pero, después de unos pocos segundos, el sonido se alejó.
—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debería estar.
—¿Un hombre lobo? —sugirió Linfred.
—Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio —dijo Hagrid con gesto sombrío—. Bien, síganme, pero tengan cuidado.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo? De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Linfred parecía tan perplejo como ella.
—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás?
Se acercó y estrechó la mano del centauro.
—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Tenía una voz profunda y acongojada—. ¿Ibas a dispararme?
—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid, tocando su ballesta—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Linfred Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.
—Nos hemos dado cuenta —dijo débilmente Hermione, ok estaba nerviosa, solo agradecía que Harry no estuviese ahí con ella, seguro se hubiera burlado por décadas.
—Buenas noches —los saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprenden mucho en el colegio?
—Eh...
—Un poquito —dijo con timidez Hermione.
—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Torció la cabeza y miró hacia el cielo—. Esta noche, Marte está brillante.
—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?
Ronan no respondió de inmediato. Se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.
—Siempre los inocentes son las primeras víctimas —dijo—. Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora.
—Sí —dijo Hagrid—. Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?
—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.
—Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros —dijo Hagrid—. Entonces ¿no has visto nada extraño?
Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Hasta que, finalmente, dijo:
—El bosque esconde muchos secretos.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.
—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?
—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?
Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo.
—Esta noche Marte brilla mucho —dijo simplemente.
—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, si alguno ve algo, me avisan, ¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.
Linfred y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mirando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.
—Nunca —dijo irritado Hagrid— traten de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrólogos. No se interesan por nada más cercano que la luna.
—¿Y hay muchos de ellos aquí? —preguntó Hermione.
—Oh, unos pocos más... Se mantienen apartados la mayor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho.
—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Linfred.
—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios... Nunca he oído algo así.
Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Linfred seguía mirando por encima de su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione se aferró al brazo de Hagrid.
—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!
—¡Ustedes esperen aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quédense en el sendero, volveré a buscarlos!
Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asustados, hasta que ya no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.
—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurró Hermione, olvidando por un momento que era Linfred a su lado y no Harry.
—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville...
Los minutos pasaban lentamente. Les parecía que sus oídos eran más agudos que nunca. Hermione detectaba cada ráfaga de viento, cada ramita que se rompía. ¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaban los otros?
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y Fang estaban con él. Hagrid estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.
—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que hicieron. Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Hermione, Linfred, van con Fang y Neville, tu te quedas conmigo y este idiota. Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a Linfred y Hermione.
Así que Hermione y Linfred se internaron en el corazón del bosque, con Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos.
—La sangre parece más espesa —comentó Linfred, pero Hermione no tenía ganas de decir nada.
Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Hermione pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.
—Mira... —murmuró ella, levantando un brazo para detener a Linfred. Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más. Sí, era el unicornio y estaba muerto. Hermione nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.
Linfred había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho. Linfred, Hermione y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
—¡AAAAAAAAAAAAAH!
Linfred dejó escapar un terrible grito y Fang salió corriendo. Hermione no podía creer su suerte. La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Linfred a unos pasos de ella. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia Linfred quien estaba paralizado de miedo.
—¡QUEMA! —gritó Linfred tocándose la cicatriz, retrocedió dando traspies al igual que Hermione. Oyó cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.
Hermione vio a Linfred caer de rodillas y se acercó a él, se sostenía la cicatriz. Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levantaron la vista, la figura se había ido. Un centauro estaba ante ellos. No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
—¿Están bien? —dijo el centauro, ayudándolos a ponerse de pie.
—Sí... gracias... ¿qué ha sido eso? —preguntó Linfred.
El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros. Observó Linfed con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Linfred.
—Tú eres el chico Potter —dijo—. Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época en especial para ti. ¿Pueden cabalgar? Así será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas delanteras, para que ellos pudiera montar en su lomo. Linfred subió y como todo buen caballero... no se ofreció a ayudar a Hermione, la chica solo puso los ojos en blanco.
Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.
—¡Firenze! —rugió Bane—. ¿Qué estás haciendo? ¡Tienes dos humanos sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?
—¿Te das cuenta de quién es? —dijo Firenze—. Es el chico Potter. Mientras más rápido se vaya del bosque, mejor.
—¿Qué le has estado diciendo? —gruñó Bane—. Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?
Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo.
—Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible —dijo, con voz sombría.
También Bane dio una patada, enfadado.
—¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!
De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Hermione tuvo que aferrarse a Linfred para no caer.
—¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze a Bane—. ¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los planetas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo.
Y Firenze partió rápidamente, con ambos sujetándose lo mejor que podían, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles. Los niños no entendían lo sucedido.
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó Linfed—. Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste?
Firenze redujo el paso y previno a los niños que tuvieran la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que ambos creyeron que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
—No —dijo Linfred, asombrado por la extraña pregunta y por la mención del nombre de su hermano—. Yo no so...
—En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio —intervino Hermione, por algún extraño motivo, presentía que el Centauro no les diría nada si Linfred aclaraba que él era el otro Potter.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.
Hermione clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna. Al parecer Linfred se había quedado cayado por milagro de al parecer Marte.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta Hermione—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?
—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién... —exclamó Linfed al parecer demasiado concentrado en que de nuevo el Centauro había dicho Harry y no Linfed.
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?
Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Hermione.
—¿Quieres decir —dijo con voz ronca Linfred— que era Vol...?
—¡Hermione! Lin...
—Estamos bien Hagrid —exclamó Hermione interrumpiendo a Hagrid, quien miró a Linfed.
—Estoy bien —dijo Linfed, casi sin saber lo que contestaba, Hermione notaba la confusión y el miedo en sus ojos—. El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás.
—Aquí es donde los dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio—. Ya están a salvo.
Hermione y Linfred se deslizaron de su lomo.
—Buena suerte, Harry Potter —dijo Firenze y Hermione se sorprendió de que el Centauro la miraba a ella y no al Shoqueado Linfred—. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.
Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, dejando a Linfed confundido y a Hermione temblando. Iban a medio camino de vuelta al castillo cuando Linfred explotó.
—¿Por qué me ha llamado así? Soy Linfred, ¿Es que no lo sabe? —gritaba furioso Linfred mientras que Hermione tenía la leve impresión de que el Centauro sabía que él no era Harry.
Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, y Harry no dejaba de ponerse nervioso por su hermano mientras esperaba a que volvieran.
Cuando entraron por el retrato Harry se quedó en el sillón más grande para que no le vieran.
"Quédate, necesito hablar contigo" le dijo a Hermione.
Ron gritó algo sobre una falta en quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Linfred le contaba lo que había sucedido en el bosque.
—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!
—¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterrorizado susurro, como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.
Linfred no lo escuchó. Y era lógico, desde niños sus padres les habían enseñado a no temer al nombre.
—Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
—¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.
—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Linfred—.. Entonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.
Hermione estaba asustada, y teorías recorrían su cabeza, sin embargo todos necesitaban tranquilizarse, incluso ella, por lo que exteriorizó el único pensamiento que la había tranquilizado un poco.
—Chicos, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-ustedes-saben siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-ustedes-saben no puede hacer nada. De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Hermione vio a Ron y a Linfred irse.
—¿Qué demonios le pasó a mi hermano allá? —preguntó Harry una vez estuvieron solos.
Hermione no le respondió, solo se echó a llorar a los brazos de su amigo al ver cómo la cicatriz de Harry estaba sangrando.
—El centauro habló de ti, él dijo Harry Potter, no Linfred Potter, Harry tengo un horrible presentimiento en todo esto.
—Creí que era una ciencia inexacta...
—Harry, tenía que hacerle creer eso a Linfred, estaba furioso porque el centauro lo había confundido contigo, pero yo no creo que el se confundiera, creo que el dijo exactamente lo que quería decir... Harry... ¿Y si todos están equivocados? —preguntó la chica con lágrimas en los ojos y Harry volvió a abrazarla más fuerte.
—¿De que hablas Cookie? —preguntó el chico sin saber que hacer para calmarla, porque ella parecía realmente aterrada.
—¿Qué pasaría si todos se equivocaron desde el principio? —preguntó ella zafándose un poco del abrazo, lo suficiente para mirar a su amigo a los ojos—. ¿Qué pasaría si Linfred no fuera el que venció a Quién-tu-sabes?... ¿Si fueras tú?
Harry tragó pesado, jamás había pensado en esa posibilidad, y entonces entendió el pánico de Hermione, y estaba seguro que sus ojos reflejaban el mismo sentimiento que ella, ambos estaban preocupados ahora.
—Necesitamos trabajar en el alcance de los anillos, no podemos volver a pasar por algo así y no podernos comunicar —declaró Harry—. Olvidémonos de las leyendas y todo, los anillos serán una prioridad.
—Solo después de los exámenes —dijo Hermione y Harry le sonrió.
—Solo después de los exámenes.
Okey, se supone que esto debía publicarlo hace una semana, pero el tiempo se me fué horriblemente, así que aquí les dejo este lindo y maravilloso capítulo, personalmente es uno de mis favoritos de la primera parte... y se que de muchos también... así que, por mi descuido hoy tienen dos capítulos Wiiii. Recuerden que amo los Reviews, de verdad lamenté que se perdieran con la otra cuenta :'( amaba leer sus comentarios
Ale
