PARTE I

Capítulo 7

A través de la Trampilla

Harry y Hermione no recuerdan cómo es que lograron hacer sus exámenes, cuando ambos tenían miedo de que en cualquier momento Voldemort entrara por la puerta y matara a Harry. Linfred por otro lado, parecía disfrutar de todo, Hermione lo había escuchado hablar con Ron sobre lo interesante que sería luchar contra Voldemort. Más de una vez ella quiso traer de vuelta a Norberto y hacer que los incinerara a ambos.

Sin embargo, a pesar de todo, Hermione y Harry se la habían turnado para ir a vigilar a Fluffy, y el perro aparentemente seguía bien, Harry incluso había llevado una pelota una vez y había logrado entretener a los tres furiosos hocicos por al menos dos minutos hasta que la pelota se había ponchado.

El calor era matador en el aula en donde se examinaban, les habían permitido sentarse como ellos desearan, pero les habían dado plumas especialmente hechizadas antitrampas. Y a pesar de ambos saber que no necesitarían copiarse mutuamente, Harry y Hermione se habían decidido a sentarse uno al lado del otro, como signo de apoyo, y habían dejado sus anillos en sus dormitorios por mutuo acuerdo en cada prueba.

También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio. La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes, afortunadamente Harry y Hermione habían perfeccionado sus cajas en la sala de Menesteres.

Snape por otro lado los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras la mayoría trataban de recordar cómo hacer una poción para olvidar. Harry estaba sufriendo de terribles punzadas desde la noche en que su hermano había sido atacado en el bosque y específicamente ese día parecían ser muy fuertes, Hermione lo miraba de lejos intentar concentrarse y estaba preocupada de que pudiera fallar en la prueba, cuando ella miró a Linfred no parecía en mejor estado de salud que Harry, y estaba haciendo un desastre con la poción.

Neville comenzaba a pensar que los gemelos eran un caso grave de nerviosismo, porque no podían dormir por las noches. Cada uno lo manifestaba a su manera, pero el resultado era el mismo. Linfred se despertaba por culpa de pesadillas sobre el bosque y un encapuchado chorreando sangre y Harry sufría de los recuerdos de su vieja pesadilla, aquella en la que escuchaba gritar a Daisy desesperada.

El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos. Harry era aficionado a la historia, después de todo, la vida a su parecer se basaba en la historia, incluso la investigación con Lavinia y Hermione era pura y cruda historia. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harry estaba encantado, al fin había terminado.

—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron todo el grupo en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente.

"Te dije que eso era una pérdida de tiempo, que no era oficialmente parte del temario" escuchó a Harry decir en su cabeza.

"¿Y si hubiese venido? Mejor deja de criticar y agradéceme haberte puesto a estudiar eso" Debatió Hermione no queriendo aceptar su error.

A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fueron hacia el lago, Harry estuvo a punto de irse al castillo cuando Hermione lo detuvo con un pensamiento sobre un presentimiento y terminó quedándose a un radio prudente de ellos mientras no rebasara los veinte metros de alcance de los anillos. Ron, Linfred y Hermione se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.

—Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Linf, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.

Pero Linfred parecía no escucharlo, Hermione lo vio frotarse la frente. Y al mirar de lejos a Harry se dio cuenta que su amigo no se encontraba mejor.

—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado Linfred—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.

—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione, a pesar de que ella sabía que no ayudaría de mucho pues ya lo había intentado Harry.

—No estoy enfermo —dijo Linfred molesto con ella—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro...

Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.

—Linf, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore.

Linfred asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:

—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.

Pero Linfred estaba seguro de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore. Hagrid nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca... Pero...

Linfred, súbitamente, se puso de pie de un salto.

—¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento.

—Acabo de pensar en algo —dijo Linfred. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.

—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.

—¿No les parece un poco raro —dijo Linfred, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes?

—¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Linfred echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.

Hermione activó su anillo y le comunicó a Harry todo, mientras ella y Ron seguían a Linfred.

"No había pensado en eso, estaba tan entretenida con otras cosas que ni siquiera se me ocurrió unir las piezas, pero tu hermano tiene razón"

"Supongo que algo de la inteligencia de mamá debió haber heredado, aunque no la use muy seguido y también el tenerte alrededor debe ayudar, pero sí tiene lógica" admitió Harry.

"Hemos pasado tanto tiempo con otras cosas, que no habíamos unido las piezas" los regañó Hermione.

Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.

—Hola —dijo sonriente—. ¿Han terminado los exámenes? ¿Tienen tiempo para beber algo?
—Sí, por favor —dijo Ron, pero Linfred lo interrumpió.

—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.

Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.

—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.

Linfred se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.

—¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?
—Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.

—¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Linfred, tratando de conservar la calma.
—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...

De pronto Hagrid pareció horrorizado.

—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde van?

Linfred, Ron y Hermione no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.

—Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Linfred—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?

Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.

—Tendremos que... —empezó a decir Linfred pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo.
—¿Qué están haciendo los tres aquí dentro?

Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.

—Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con Determinación.
—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?
—Es algo secreto —dijo, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.

"¿Enserio dijiste eso?" rió Harry.

"Cálla que no todos somos su alumno favorito" dijo Hermione mordaz.

—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.

—¿Se fue? —preguntó Linfred con aire desesperado—. ¿Ahora?
—El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos compromisos...
—Pero esto es importante.

—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?
—Mire —dijo Linfred dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...

Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.

—¿Cómo es que sabes...? —farfulló.
—Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dumbledore.

La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.

—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé cómo han descubierto lo de la Piedra, pero quédense tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida.

—Pero profesora...
—Linfred sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante. Se inclinó y recogió sus libros—. Les sugiero que salgan y disfruten del sol.

Pero no lo hicieron. Ni ellos ni Harry.

—Será esta noche —dijo Linfred una vez que se aseguraron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en medio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.

—Pero ¿qué podemos...?

"Cookie, Snape va a hacia ustedes" le advirtió Harry a su amiga y ella justo a tiempo tosió. Harry y Ron se volvieron.

Snape estaba allí.

—Buenas tardes —dijo amablemente. Lo miraron sin decir nada—. No deberían estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.
—Nosotros... —comenzó Linfred, sin idea de lo que diría.

—Deben ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si los ven andando por aquí, pueden pensar que van a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?

Linfred se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.

—Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que te expulsen. Que pases un buen día.

Se alejó en dirección a la sala de profesores. Una vez fuera, en la escalera de piedra, Linfred se volvió hacia sus amigos.

—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú.

—¿Por qué yo?
—Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...».
—Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape.
—Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Linfred a Ron—. Vamos.

Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia, Linfred y Ron regresaron a la sala común, encontraron ahí a Hermione explicándoles la razón del fallo en su parte del plan. Hermione estaba preocupada, no veía a Harry por ninguna parte y no respondía al anillo, lo que significaba que probablemente se lo había quitado.

Hermione Ron y Linfred estuvieron discutiendo acerca de lo peligroso que era ir y burlar al perro de tres cabezas y recuperar la piedra, al final Hermione había terminado cediendo cuando en su cabeza la suave voz de Harry le dijo.

"Las intenciones de Linfred son poco ortodoxas, pero tiene razón en algo, si Snape o quien sea consiguen la piedra, y lo harán porque el Sapo Sabiondo no está... significa el regreso de Voldemort y no podemos dejar que eso pase Cookie, aún no sabemos si tus suposiciones son ciertas"

"¿Vendrás con nosotros?"

"No voy a dejarte bajar ahí con dos idiotas"

Y esa había sido la razón por la que Hermione había terminado aceptando.

—Tienes razón, Linfred —dijo Hermione, casi sin voz.
—Me escaparé después del toque de queda —dijo Linfred—. ¿Alguna idea de a dónde podría huír y esconderme sin riesgo a que me encuentren?

—Oh no, todos estamos haciendo esto, no solo tú —declaró Ron.
—Es cierto, estamos todos en esto —declaró Hermione—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...

—Pero si nos atrapan, también los expulsarán a ustedes.

"Es aquí donde entro yo... diles que tu sabes de un aula, si hay problemas o alguien se acerca, te lo haré saber y cambian de aula" dijo Harry.

—No lo harán, yo sé de un aula, podemos escondernos ahí —dijo Hermione.

"Debajo del cojín de donde estás sentada hay una caja musical, se supone que sería un regalo para mi mamá, pero no creo que hayan resuelto el problema de la música ¿O sí?"

"¡Por Merlín, Gracias Harry, es cierto, no había vuelto a pensar en ello" admitió la chica

—Es mejor que nos vallamos con cuidado y nos aseguremos de que no nos vean a ninguno.
—¿Qué van a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.
—Nada, Neville, nada —dijo Linfred.

Neville observó sus caras de culpabilidad.

—Van a salir de nuevo —dijo.
—No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?

"¿Enserio Cookie? No debes decir que no harás nada cuando te acusan de ello, te delatas sola"

"Cállate, y mejor ayúdame a pensar en algo"

Linfred miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.

—No pueden irse —insistió Neville—. Los volverán a atrapar. Gryffindor tendrá más problemas.
—Tú no lo entiendes —dijo Linfred—. Esto es importante.

Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.

—No dejaré que lo hagan —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con ustedes!
—¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!
—¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigan faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!
—Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.

Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Trevor, que desapareció de la vista.

—¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levantando los puños—. ¡Estoy listo!

"No aseguro que funcione, pero podría darle un petríficus desde aquí" dijo Harry.

"Olvídalo, nadie debe saber que vas con nosotros, lo haré yo, no tengo tanta práctica, pero te vi lanzárselo al chico en las cocinas"

Linfred se volvió hacia Hermione.

—Haz algo —ordenó desesperado. Hermione puso los ojos en blanco ante la orden pero dio un paso adelante.
—Neville —dijo—. De verdad, siento mucho, mucho, esto.

Levantó la varita.

—¡Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.

Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus piernas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.

Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.

—¿Qué le has hecho? —susurró Linfred.
—Es la Inmovilización Total —dijo Hermione angustiada de haberlo hecho mal—. Oh, Neville, lo siento tanto...
—Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mientras se alejaban. Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio.

"Tranquila, aturdiré a Neville y lo llevaré al dormitorio, los alcanzo enseguida, lleguen a Transformaciones y si no escuchan ruido, sigan" Harry dijo tranquilizando a Hermione.

Cuando llegaron al pasillo del tercer piso la puerta ya estaba entreabierta.

—Bueno, ya lo ven —dijo Linfred con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.

Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse.

—Si quieren regresar, no se los reprocharé —dijo.
—No seas estúpido —dijo Ron.
—Vamos contigo —dijo Hermione... "De no hacerlo es 80% probable que mueras"

"¿Y el otro 20%? Inquirió Harry divertido.

"Que no muera pero que tampoco logre nada"

Hermione les mostró la caja de música diciendo que era de ella y así fue como básicamente libraron al perro, Harry esperó hasta que ambos hubieron saltado cuando entró a la habitación guiado por Hermione todo el tiempo. Cuando cayeron Hermione le dio gracias a Merlín de que la hubiera iluminado para acercarse a Harry esa noche en las cocinas, gracias al sabelotodo de su amigo que la había hecho repasar libros extra de Herbología ella sabía lo que era la "suave" planta en la que habían aterrizado. Ella giró al anillo y decidió dejarlo así lo que restara de esa locura.

—¡Dejen de moverse! —ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!
—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.

—¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione entrando en crisis, Harry seguro aún estaba más lejos de los 20 metros.
—¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Linfred, mientras la planta le oprimía el pecho.

—Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... Le gusta la oscuridad y la humedad...
—¡Entonces enciende un fuego! —dijo Linfred.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.

—¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?
—¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione.

"¿Algún hechizo?, no tengo idea de cómo prender fuego que si queme... ¡HARRY!"

"Alza la varita, y diles que cierren los ojos, yo haré el hechizo"

Hermione alzó su varita, e hizo lo que Harry le había dicho. Luego una luz cegadora y muy caliente llenó la habitación y la planta los soltó a todos.

—Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Linfred, quien sonaba sincero, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara.

—Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que Linfred no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...

"Se que lo detestas, pero él tiene un punto" Harry no esperaba respuesta de ella y no la obtuvo.

—Por aquí —dijo Linfred, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.

Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.

Después de lo que a Harry le pareció un verdadero circo lograron atrapar la llave y pudieron pasar la habitación. Hermione estaba furiosa porque él seguía riéndose en su cabeza.

La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.

Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas.

Harry observó a su hermano, a Ron y a Hermione ser piezas del un gigantezco tablero de ajedrés y luego a Ron sacrificándose para que Linfred pudiese poner en jaque al Rey. El chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado.

Parecía desmayado.

Linfred se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Linfred. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Linfred y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo, con Harry siguiéndoles, no sin antes recibir un aviso de la reina blanca.

Tienes suerte, tres juegan, tres pasan, pero aún así es trampa. Escuchó Harry en su cabeza.

—¿Y si él está...?
—Él estará bien —dijo Linfed—. ¿Qué crees que nos queda?
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...

Habían llegado a otra puerta.

—¿Todo bien? —susurró Linfred.
—Adelante.

Linfred empujó y abrió.

Un tufo desagradable los invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica. Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.

—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Linfred, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.

"Concuerdo con mi hermano..."

Abrieron la próxima puerta, los dos casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.

—Snape —dijo Linfred—. ¿Qué tenemos que hacer?

Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellos. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante. Estaban atrapados.

—¡Mira! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas. Harry miró por encima de su hombro para leerlo:

El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás, dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres, una entre nosotras siete te dejará adelantarte, otra llevará al que lo beba para atrás, dos contienen sólo vino de ortiga, tres son mortales, esperando escondidos en la fila.

Elige, a menos que quieras quedarte para siempre, para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:

Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga; Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte hacia delante, ninguna es tu amiga; Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano ni el gigante guardan la muerte en su interior; Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.

Hermione dejó escapar un gran suspiro y Linfred, sorprendido, vio que sonreía, lo último que había esperado que hiciera.

—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.

—Pero nosotros también, ¿no?

—Por supuesto que no —dijo Hermione irritada. Somos dos cabezas contra esto y seguro ya tienes la mitad de esto igual que yo—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.

—Pero ¿cómo sabremos cuál beber?
—Dame un minuto.

Hermione y Harry analizaron el papel varias veces, ella murmuraba y solo esperaba que Linfred no la tachara de loca. Cuando ambos hubieron resuelto el enigma se dedicaron al siguiente problema. Había suficiente cantidad para dos tragos, así que o iba Hermione o iba Harry.

"Alguien debe ayudar a Weasley y no puedo ser yo, además de que no te dejaré ir allí, ¿Te imaginas si Voldemort es quien está ahí y no Snape? No Cookie, no irás"

"Y ¿Qué excusa le pondremos a tu hermano genio?

"Que alguien debe ayudar a Ron, oh y asustale, dile que solo beba lo justo para un trago que si quien lo bebió antes...

—...no se la ha tomado toda, puede ser peligroso tomar más de un trago Linfred —dijo Hermione repitiendo la lógica de Harry, después de discutir con Linfred que lo mejor para ella era volver con Ron y mandar una lechuza a Dumbledore. Y ambos amigos vieron al gemelo menor de los Potter cruzar por el fuego.

—Bien Cookie, debes volver con Ron, deben tomar las escobas, así podrán salir, asumo que la caja musical sigue tocando, así que no tendrán problemas, a partir de aquí yo me encargo de mi hermano, no voy a dejar que pelees una batalla que no es tuya.

Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre Harry y lo abrazó, ambos estaban preocupados, y Herminoe no tenía intención de soltar a Harry, de todas formas, el chico parecía compartir el sentimiento, pues no hacía mucho por apartarse de ella. Harry solo quería que ella estuviera a salvo. No supieron cuanto tiempo duró el abrazo cuando ambos se separaron con nuevas energías.

—Harry.. Eres un gran mago, ya lo sabes.
—Tú también lo eres, llegamos hasta aquí.
—¡Oh, Harry, ten cuidado!
—Bebe primero y manda una lechuza a mi mamá, solo por si a caso —dijo Harry.

—Buena suerte... ten cuidado... y regresa por favor, jamás tuve un amigo que me entendiera tanto como tú...
—Tengo que volver con mi hermanita.
—Soy mayor que tú, tonto.
—Sigues siendo mi hermanita Cookie, mi mamá lo dijo, no yo.

—Bien, pero solo porque lo dice Lily.
—Si Hedwig no está coge otra lechuza para la carta.
—¿Por qué Hedwig no estaría?
—En la tarde le he mandado una carta a la Chica de la librería y otra a Lavinia, quería decirles lo que iba a hacer esta noche, no podría con mi conciencia si algo me pasa y ellas no lo saben, son mis amigas.

—Tienes un corazón enorme, y de cierta forma me alegra que no le hayas informado a Parkinson también.
—Ella no es una amiga tan buena como tu o ellas.
—Bien, si Hedwig no está la mando en otra lechuza. Pero prométeme que no seré yo quien les escriba a esas chicas avisándoles de tu repentina muerte.

—No lo harás —dijo él y Hermione respiró tranquila hasta que Harry volvió a abrir la boca—. Las cartas ya están escritas, en caso de emergencia, están en mi baúl, eres una chica, así que puedes entrar a mi habitación.
—¡¿QUÉ?!

—Bebe eso Mione y vete, prometo tratar de volver —dijo antes de darle un beso en la frente a la chica, mientras llevaba la botella hacia sus labios y la empujaba levemente para que bebiera.
—Pe... pero...
—¡VETE! Antes de que se acabe el efecto.

Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.

Harry respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.

—Allá voy Linf, solo no hagas tonterías —dijo, y se bebió el contenido de un trago.

Era realmente como si tragara hielo. Dejó la botella y fue hacia delante. Se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no lo quemaban. Durante un momento no pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontró al otro lado, en la última habitación.

Penúltimo capítulo de la Parte I, fielmente siguiendo los libros originales, casi terminamos esta parte de la historia y estoy emocionada ¿Ustedes? Lamento decirles que lo más frecuente que podré actualizar será dos (máximo tres) veces por mes, el trabajo me come, pero aquí estoy al pendiente de sus reviews, saben que amo leerlos, así que cualquier cosa, dejen un mensajito.

Ale