PARTE II
Capítulo 2
Persecución del Tren
No fue necesario hacer un hechizo de peso pluma, los baúles simplemente tenían la función integrada, aparentemente Newt había pensado en todo.
—Si muero por volar en esta cosa, te mato Harry —avisó Hermione mientras subía a su escoba.
—Me doy por avisado, pero no vas a morir, estás sentada en una Chitah Y5, es una escoba profesional americana, de la mejor calidad posible, tiene une estabilidad perfecta para un vuelo en tormenta eléctrica. Ahora Cookie, hay que salir disparados al cielo y subir lo más que podamos para perdernos de los ojos de los Muggles.
—¿Mencioné que no he superado mi pánico a las alturas totalmente?
—No y eso hubiera sido útil y razonable en otra ocasión, pero justo ahora, tenemos un tren que alcanzar. Así que solo no mires abajo y te prometo que todo va a estar bien.
Hermione descubrió que la escoba no era su forma de viaje favorita, pero Harry tenía un punto, era necesaria justo ahora, siguieron el norte lo más cerca del tren que pudieron. Forzando las escobas lo más que podían con la intención de alcanzar el tren.
Pronto Londres quedó atrás y fue reemplazado por campos verdes que dieron paso abrézales de color púrpura, a aldeas con diminutas iglesias en miniatura y a una gran ciudad animada por coches que parecían hormigas de variados colores.
A pesar de la poca experiencia de Hermione en una escoba, pronto encontró el modo recordando todo lo que Lavinia le había enseñado y tanto Harry como Hermione encontraron un ritmo constante. Con Harry recordándole constantemente a Hermione que no mirara abajo.
—No puedo creer que estas escobas puedan correr a la velocidad que el Expreso de Hogwarts —se maravilló Hermione.
—Te dije que eran de las mejores escobas que podrías encontrar —dijo Harry con orgullo.
—¿Por qué no pudimos entrar en el andén?
—No lo sé Cookie, pero mi prioridad es abordar ese tren.
—Si eso deja de adormecer mi trasero, tenemos un objetivo Potter.
—Que bueno entonces, porque se aproxima una curva en unos 800 metros más, lo que significa que si forzamos las escobas otro poco podríamos coincidir con el tren pues este tiene que bajar la velocidad.
—Yo te sigo, tu eres el experto en escobas, no yo.
Harry y Hermione siguieron el plan, Hermione estaba sorprendida de que efectivamente ahora estaban ambos en el tren, no en un compartimento, pero al menos habían logrado bajar de las escobas.
—Hay que entrar ahora, necesitaré quedarme en tu compartimento para acomodarme mi cabello.
—No tengo compartimento —dijo Harry confundido.
—No, pero tu pelirroja dijo que buscaría uno, si la encontramos a ella, encontramos tu compartimento.
Aprovecharon cuando pasaron por el vagón de los baúles para dejar los suyos, no sin antes desactivar el peso pluma.
—Livie me dijo que te recomendara abrir el tercer compartimento y que sacaras una bolsa color lila si necesitabas un arreglo rápido.
—¿Livie lo puso ahí?
—Lavinia tiene un equipo de arreglo de emergencia, mencionó que estaba en el compartimento tres, el color lo sé porque ella es precisa con su código de colores.
—Bien, ahora saca los anillos y vámonos, tenemos que encontrar una pelirroja pecosa.
—Usarás la capa al menos hasta que estemos en el compartimento con Ginny o solos en defecto —dijo Harry mientras le ponía la capa a Hermione.
—Bien.
Comenzaron a cruzar vagones hasta que por fin encontraron uno donde estaba Ginny Weasley llorando.
Harry abrió el compartimento y recibió una mirada furiosa de la pequeña de los Weasley, pero cuando vio que era él cambio su cara a una de sorpresa.
—Está sola Cookie, rápido —dijo Harry haciéndose a un lado de la puerta para que Hermione pasara, una vez estuvo dentro, Harry bajó las cortinas y echó el Muffliatus a la puerta.
—Bien, espero que Livie de verdad echara algo útil a la bolsita esta —entonces Hermione se quitó la capa de invisibilidad de Harry y Ginny ahogó una exclamación.
—¿No eres tú Hermione Granger? —inquirió viendo a Harry.
—Lo soy y el hecho de que soy amiga de Harry es un asunto super secreto —declaró la castaña mientras vaciaba la bolsa en el asiento.
—Esperen ¿Qué les pasó a ustedes dos?
—La barrera se cerró, y hemos venido en escoba hasta que alcanzamos el tren en la curva que es cuando baja la velocidad...
—Sí... eso lo resume —dijo Hermione rebuscando entre las cosas.
—Dame eso —dijo tomando la botella verde y poniéndosela en las manos, luego comenzó a acariciar el cabello de Hermione, quien se dejó hacer—. Ahora pásame el cepillo.
—Dime que sabes lo que haces —dijo Hermione en un puchero.
—Le he cepillado el cabello a Livie desde los cuatro, claro que se lo que hago y más aún, sé para qué se usa cada una de estas cosas mejor que tú.
Ginny no dijo nada mientras Harry terminaba de cepillar el cabello de Hermione.
—Listo Cookie —dijo Harry pasándole un espejo.
—Wow... ella tiene que decirme qué es este milagro embotellado.
—Apuesto a que sí, pero ahora debes irte.
—Cierto, dame mi anillo.
Harry sacó los anillos del estuche y le pasó uno a Hermione, ambos se colocaron su anillo en la mano derecha.
—¿Cuál va a ser la coartada?
—Para mi mamá, la verdad, para todos los demás... que te estabas arreglando en algún cubículo.
—¿Arreglarme para qué?
—Eres inteligente Cookie... ¿Para qué se arregla una chica?
—Pero no me gusta nadie aquí.
—Ellos no lo saben, además, está justificado con el Crush por cierto profesor de Defensa —dijo él con voz cantarina, Hermione hizo cara de asco pero asintió.
—Bien, pero esta me la pagarás Harry. Por cierto, ¿Qué hago si Parkinson me pregunta por tí?
—Le dices donde estoy y punto, solo si Malfoy no está cerca.
—Bien.
Una vez Hermione salió del compartimento fue que Ginny miró a Harry a los ojos.
—Creí que me habías dejado sola, a propósito.
—Oh créeme, no fue mi idea estrellarme contra la barrera y no poder pasar, Hermione y yo apenas llegamos aquí en una pieza.
—Está bien, te creo, pero ¿Cómo es que no pudieron pasar la barrera?
—Estábamos pensando en eso, pero nos rendimos al menos hasta no estar bien descansados y sin tanta adrenalina en nuestros cuerpos, además hay muchas cosas que hablar Gin-Gin.
—No puedo decir nada por lo visto... de que eres amigo de Hermione.
—No, no puedes.
—¿Lograron avanzar con los anillos?
—Oh... hasta ahora creo que vamos mejorándolos, son para poder hablar con Hermione sin que nadie lo sepa, puedo pensar en lo que quiero decirle y ella lo escucha en su cabeza y al revés, ahora tienen un alcance bastante grande, pero hasta antes del verano solo funcionaba a veinte metros.
—¿Podría tener uno también? Obvio cuando ya funcionen totalmente —inquirió la pequeña Weasley con una sonrisa en los ojos.
—Sí, claro que sí, Hermione y yo seguiremos trabajando en ellos y cuando todo esté listo, te aviso y hacemos los tuyos.
—¿Podemos hablar de alguna cosa más interesante? Como los libros que leí en verano.
—Soy todo oídos.
Harry y Ginny pasaron lo que quedó del viaje hablando sobre libros.
No fue sorpresa para nadie que Ginny fuera seleccionada en Gryffindor y a pesar de que ella quería correr hacia Harry, se detuvo gracias a la mirada de Hermione. Eso no le impidió mirarlo sonriente, sonrisa que Harry le devolvió.
—Creí que no nos salvábamos —dijo Hermione cuando estuvo segura que estaban solos en la sala común.
—Y yo también —contestó Harry.
—¿Le has escrito ya?
—¿Te parece que tenía el tiempo acaso? —preguntó con ironía el chico.
—Deberías hacerlo, deberíamos poder hablar los tres, Harry ella necesita saber qué pasa, sé que acordamos guardar esto como secreto, pero... al menos Livie debería saber lo del Bosque prohibido y los centauros y lo que pasó allá abajo, porque lo del Elfo doméstico no creo que sea casualidad, y estoy bien segura de que si lo dejó pasar fue porque todos necesitamos dormir, pero no creo que vaya a dejar el tema por la paz.
—Voy a escribirle, pero no hoy, no se cómo esté tu trasero Granger, pero el mío si que duele del vuelo.
—Voy a caminar como pingüino por una semana y serás el culpable... debí atravesar la barrera con Linfred y Ron.
—Debiste hacerlo Cookie.
—Anda ya Harry, buenas noches, es hora de ir a dormir —añadió Hermione divertida.
Ginny había estado escuchando desde las escaleras de los dormitorios y se sorprendió de escuchar un tercer nombre, Livie... era un nombre que había escuchado desde el tren y que Harry jamás había mencionado en las cartas, pero si Hermione la conocía, debía ser alguien importante, de repente Ginny se sintió demasiado perdida, al parecer Harry no la había actualizado en todo, y si bien lo entendía, había algo muy dentro de ella que seguía diciéndole que era injusto que Hermione supiera más de él que ella.
Al día siguiente el techo encantado estaba de un triste color gris, las cuatro grandes mesas correspondientes a las cuatro casas estaban repletas de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y beicon.
Harry se sentó en la mesa de Gryffindor junto a Hermione, que tenía su ejemplar de Viajes con los vampiros abierto y apoyado contra una taza de leche.
—Es la primera vez que te veo leyendo en el desayuno, o adoras la lectura de Lockhart o la detestas.
—Es la segunda opción en realidad, después de lo que tu madre nos dijo sobre Lockhart... bueno, no ayuda mucho el comentario a mi lectura.
—Ya le he escrito a Livie, pero he quedado con ella para una llamada a las 11:30 de aquí, 5:30 de allá para mañana.
—Perfecto entonces mañana haremos los deberes en la SM, espero que Snape no sea demasiado duro con nosotros este año.
—Pierde las esperanzas Hermione, eso no pasará.
—No sé de qué te quejas, si no es que te vaya tan mal.
—Solo por que Pansy es mi compañera de Caldero y es una Slytherin, si estuviera con cualquier otro sería un desastre mi calificación.
—Por cierto, si que preguntó por tí, pero como estaba cerca Malfoy le dije que no te había visto, tu hermano y Ron hicieron lo mismo.
—Bien, ya hablaré con ella mañana en Pociones.
—No sé como voy a lograr terminar los libros de Lockhart después de escuchar las historias de Newt y Tina en vacaciones ¿Cómo es que lo haces tú? —inquirió Hermione.
—Pensando en que luego podré tener tiempo de leer algo realmente interesante.
—Hola Harry —saludó Ginny y ambos chicos la miraron.
—Hola Gin-G... Ginny —se corrigió a tiempo y Hermione casi se ríe de la cara de Harry.
—Hola Ginny, he escuchado muchas cosas de tí —comentó Hermione alegre.
—¿Cómo cuáles? —preguntó la pelirroja sentándose junto a Harry.
—Como que te encanta leer y que eres demasiado perspicaz también y si no fuera porque lo he visto en persona, dudaría que con una carta hagas reír tanto a alguien como Fred y George.
—Hermione seguido estaba presente mientras abría las cartas Ginny, no se si recuerdas que te comenté que estábamos en una investigación —dijo Harry sonriendo a Hermione.
—Lo hiciste, y me prometiste dejar que me uniera una vez estuviera aquí.
—¿Oh entonces ella está invitada también mañana?
"Cookie no, eso no, aún no"
"Bien, capté el mensaje"
—¿Invitada a qué?
—Oh es que tenemos una sala secreta donde tenemos todos los datos de la investigación que estamos haciendo y posiblemente puedas acompañarnos... mencionaba mañana porque posiblemente hoy estemos atascados de tarea con Harry, pero igual te avisaremos cualquier cosa.
—Chicas, ahí vienen Ron y mi hermano, iré con la Profesora McGonagall por mi horario y te veo en clases Cookie.
—Claro Harry.
—¿Te veo luego para ver tu horario Gin-Gin?
—Sí, sin problema.
Ambas chicas observaron a Harry ir a encontrarse con la Profesora McGonagall.
—Bueno, bueno... ¿Por qué ninguno de tus hermanos saben que hablas con Harry?
—Podría preguntar lo mismo —dijo a la defensiva Ginny.
—Porque alguien tiene que vigilar sus patéticos traseros para que no se metan en demasiados problemas y porque Harry es básicamente mi hermano.
—¿No tienes?
—Solo a Harry, este verano Lily Potter se convirtió en mi guardiana, mi núcleo mágico está unido al de ella, como el de Harry y Linfred, es básicamente mi hermano mágico, o eso fue lo que entendí.
—¿La madre de Harry hizo eso? —preguntó sorprendida Ginny.
—Sí —respondió Hermione algo insegura por el tono de Ginny.
—Bueno, entonces es un placer conocerte cuñada Hermione.
Y con eso Hermione estalló en carcajadas que sorprendieron a Ron y Linfred cuando llegaron a donde estaban ellas. Ginny estaba tan roja como su mismo cabello.
—Hablaremos sobre eso más tarde, no voy a dejarlo pasar —advirtió Hermione a Ginny.
—No esperaba que lo hicieras —sonrió divertida la pelirroja, aún roja de la vergüenza.
—¿De qué hablan ustedes dos? —inquirió Ron.
—No te incumbe Ronald —respondió Hermione en un tono serio practicado. Era parte de la cobertura que había planeado con Harry.
No hubo mucho tiempo más para discutir porque la profesora McGonagall recorría la mesa de Gryffindor entregando los horarios. Hermione cogió el suyo y vio que tenían en primer lugar dos horas de Herbología con los de la casa de Hufflepuff. Hermione se levantó y dejó a Ron y Linfred en la mesa.
—Adiós Ginny, queda pendiente esa charla.
Estaba abandonando el castillo cuando se encontró con Harry, cruzaron la huerta por el camino y se dirigieron a los invernaderos donde crecían las plantas mágicas. Vieron al resto de la clase congregada en la puerta, esperando a la profesora Sprout. Harry y Hermione acababan de llegar cuando la vieron acercarse con paso decidido a través de la explanada, acompañada por Gilderoy Lockhart.
La profesora Sprout era una bruja pequeña y rechoncha que llevaba un sombrero remendado sobre la cabellera suelta. Generalmente, sus ropas siempre estaban manchadas de tierra. Gilderoy Lockhart, sin embargo, iba inmaculado con su túnica amplia color turquesa y su pelo dorado que brillaba bajo un sombrero igualmente turquesa con ribetes de oro, perfectamente colocado.
—¡Hola, qué hay! —saludó Lockhart, sonriendo al grupo de estudiantes—. Estaba explicando a la profesora Sprout la manera en que hay que curar a un sauce boxeador. ¡Pero no quiero que penséis que sé más que ella de botánica! Lo que pasa es que en mis viajes me he encontrado varias de estas especies exóticas y...
—¡Hoy iremos al Invernadero 3, muchachos! —dijo la profesora Sprout, que parecía claramente disgustada, lo cual no concordaba en absoluto con el buen humor habitual en ella. Se oyeron murmullos de interés. Hasta entonces, sólo habían trabajado en el Invernadero 1.
En el Invernadero 3 había plantas mucho más interesantes y peligrosas.
La profesora Sprout cogió una llave grande que llevaba en el cinto y abrió con ella la puerta. A Harry le llegó el olor de la tierra húmeda y el abono mezclados con el perfume intenso de unas flores gigantes, del tamaño de un paraguas, que colgaban del techo.
Se disponía a entrar detrás de Hermione cuando Lockhart lo detuvo sacando la mano rapidísimamente.
—¡Linfred! Quería hablar contigo... Profesora Sprout, no le importa si retengo a Linfred un par de minutos, ¿verdad?
—Él no es Linfred, soy yo —dijo la voz de su hermano y eso salvó a Harry de tener que quedarse allí, así que corrió dentro lo más rápido que pudo hasta colocarse al lado de Hermione.
Para cuando Linfred entró la Profesora Sprout ya había emparejado a todos, tocándoles juntos a Hermione y Harry.
La profesora Sprout estaba en el centro del invernadero, detrás de una mesa montada sobre caballetes. Sobre la mesa había unas veinte orejeras.
—Hoy nos vamos a dedicar a replantar mandrágoras. Veamos, ¿Quién me puede decir qué propiedades tiene la mandrágora?
Sin que nadie se sorprendiera, Hermione fue la primera en alzar la mano.
—La mandrágora, o mandrágula, es un reconstituyente muy eficaz —dijo Hermione—. Se utiliza para volver a su estado original a la gente que ha sido transformada o encantada.
—Excelente, diez puntos para Gryffindor —dijo la profesora Sprout.
"Parece que te has tragado el libro de texto"
"Ja Ja Ja que gracioso, si haces lo mismo"
—La mandrágora es un ingrediente esencial en muchos antídotos. Pero, sin embargo, también es peligrosa. ¿Quién me puede decir por qué?
"Esta es tuya Harry"
—El llanto de la mandrágora es fatal para quien lo oye —dijo Harry instantáneamente.
—Exacto. Otros diez puntos —dijo la profesora Sprout—. Bueno, las mandrágoras que tenemos aquí son todavía muy jóvenes.
Mientras hablaba, señalaba una fila de bandejas hondas, y todos se echaron hacia delante para ver mejor. Un centenar de pequeñas plantas con sus hojas de color verde violáceo crecían en fila.
—¿Qué quiso decir con «el llanto de la mandrágora»? —inquirió Ron.
—Ni idea, parecen completamente vulgares —respondió Linfred.
—Pónganse unas orejeras cada uno —dijo la profesora Sprout. Hubo un forcejeo porque todos querían coger las únicas que no eran ni de peluche ni de color rosa—. Cuando les diga que se las pongan, aseguraos de que vuestros oídos quedan completamente tapados —dijo la profesora Sprout—. Cuando se las puedan quitar, levantaré el pulgar. De acuerdo, poneos las orejeras.
Harry se las puso rápidamente. Insonorizaban completamente los oídos. La profesora Sprout se puso unas de color rosa, se remangó, cogió firmemente una de las plantas y tiró de ella con fuerza.
Como Harry y Hermione ya sabían, en lugar de raíces, surgió de la tierra la figura de un niño recién nacido, pequeño, lleno de barro y extremadamente feo. Las hojas le salían directamente de la cabeza. Tenía la piel de un color verde claro con manchas, y se veía que estaba llorando con toda la fuerza de sus pulmones. La profesora Sprout cogió una maceta grande de debajo de la mesa, metió dentro la mandrágora y la cubrió con una tierra abonada, negra y húmeda, hasta que sólo quedaron visibles las hojas. La profesora Sprout se sacudió las manos, levantó el pulgar y se quitó ella también las orejeras.
—Como nuestras mandrágoras son sólo plantones pequeños, sus llantos todavía no son mortales —dijo ella con toda tranquilidad, como si lo que acababa de hacer no fuera más impresionante que regar una begonia—. Sin embargo, los dejarían inconscientes durante varias horas, y como estoy segura de que ninguno de ustedes quiere perderse su primer día de clase, asegúrense de que se ponen bien las orejeras para hacer el trabajo. Ya les avisaré cuando sea hora de recoger.
»Dos por bandeja. Hay suficientes macetas aquí. La tierra abonada está en aquellos sacos. Y tened mucho cuidado con la Tentacula Venenosa, porque les están saliendo los dientes.
Mientras hablaba, dio un fuerte manotazo a una planta roja con espinas, haciéndole que retirara los largos tentáculos que se habían acercado a su hombro muy disimulada y lentamente.
Harry y Hermione compartieron su bandeja.
"Este es el momento en que agradezco la existencia de nuestros anillos, algún consejo útil de Tía Lily" dijo Hermione.
"Nunca lo hice, pero si que la vi hacerlo una vez, debes tomarlas con fuerza y sacarlas rápido, no les gusta salir y se aferrarán a la tierra, lo malo es que una vez fuera, tampoco querrán volver a quedar cubiertas"
"Mira que bipolares"
"Tira con todas tus fuerza Mione, es la mejor opción"
"¿Y si nos ayudamos un poco con esto?"
"¿Qué sugieres?"
"Yo saco la mía y tu le echas tierra mientras yo la empujo dentro de la maceta, luego lo hacemos al revés"
"Tenemos un trato Cookie"
Al final de la clase, todos estaban empapados en sudor, les dolían varias partes del cuerpo y estaban lleno de tierra. Volvieron al castillo para lavarse un poco, y los de Gryffindor marcharon corriendo a la clase de Transformaciones.
"Parece que a Ron y a tu hermano se les ha olvidado todo en el verano"
Harry los miró, tenía que convertir un escarabajo en un botón, pero lo único que Linfred conseguía era cansar al escarabajo, porque cada vez que éste esquivaba la varita mágica, se le caía del pupitre. A Ron aún le iba peor. Había recompuesto su varita con un poco de celo que le habían dado, pero parecía que la reparación no había sido suficiente. Crujía y echaba chispas en los momentos más raros, y cada vez que Ron intentaba transformar su escarabajo, quedaba envuelto en un espeso humo gris que olía a huevos podridos. Incapaz de ver lo que hacía, aplastó el escarabajo con el codo sin querer y tuvo que pedir otro. A la profesora McGonagall no le hizo mucha gracia. Pero Hermione y Harry estaban a la mar de divertidos.
—¡Varita inútil, que no sirves para nada!
—Pídeles otra a tus padres —sugirió Linfred cuando la varita produjo una descarga de disparos, como si fuera una traca.
—Ya, y recibiré como respuesta otro Howler —dijo Ron, metiendo en la bolsa la varita, que en aquel momento estaba silbando— que diga: «Es culpa tuya que se te haya partido la varita.»
"¿Qué le pasó a su varita?" inquirió Harry.
"Creo que fue en el viaje del tren... algo relacionado con Malfoy si no estoy mal, te recuerdo que no estuve presente porque iba volando en una Chitah Y5" aclaró Hermione divertida.
Bajaron a comer, pero el humor de Ron no mejoró cuando Hermione le enseñó el puñado de botones que había conseguido en la clase de Transformaciones.
—¿Qué hay esta tarde? —dijo Linfred, Hermione había perdido de vista a Harry.
—Defensa Contra las Artes Oscuras —dijo Hermione en el acto.
—¿Por qué —preguntó Ron, cogiéndole el horario— has rodeado todas las clases de Lockhart con corazoncitos?
Hermione le quitó el horario. Se había puesto roja. Harry enserio le debía una grande por esta ridícula coartada. Terminaron de comer y salieron al patio. Estaba nublado. Hermione se sentó en un peldaño de piedra y volvió a hundir las narices en Viajes con los vampiros.
Linfred y Ron se pusieron a hablar de quidditch, y pasaron varios minutos antes de que Linfred se diera cuenta de que alguien lo vigilaba estrechamente. Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño de pelo castaño que la noche anterior se había puesto el sombrero seleccionador. Lo miraba como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía una cámara de fotos muggle normal y corriente, y cuando Linfred miró hacia él, se ruborizó en extremo.
—¿Me dejas, Linfred? Soy... soy Colin Creevey —dijo entrecortadamente, dando un indeciso paso hacia delante—. Estoy en Gryffindor también. ¿Podría..., me dejas... que te haga una foto? —dijo, levantando la cámara esperanzado.
—¿Una foto? —repitió Linfred sin comprender.
—Con ella podré demostrar que te he visto —dijo Colin Creevey con impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera—. Lo sé todo sobre ti. Todos me lo han contado: cómo sobreviviste cuando Quien-tú-sabes intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en la frente la cicatriz en forma de rayo (con los ojos recorrió la línea del pelo de Linfred). Y me ha dicho un compañero del dormitorio que si revelo el negativo en la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento.
—Tal vez tu amigo querría sacárnosla para que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?
—¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter? —En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por Crabbe y Goyle, sus amigotes.
Hermione se quedó ahí poniendo los ojos en blanco ante la escena. Intentó hablar con Harry pero no obtuvo respuesta, seguro tenía el canal cerrado. Terminó rindiéndose a encontrarlo hasta Defensa, ella básicamente había corrido y no le sorprendió en absoluto ver a Harry hablando con Ginny, Hermione sonrió hasta que recordó que todos iban tras de ella... corrió hasta donde estaban.
—¿Estás bien Hermione? —preguntó Harry.
—Sí, pero Ginny, debes irte, ya vienen todos hacia acá.
—Rayos, los veo luego entonces chicos, y gracias Harry —dijo ella dándole un beso en la mejilla a Harry antes de salir corriendo.
—No digas nada —dijo Harry serio.
—No iba a hacerlo —se defendió Hermione divertida—. Pero ahora tiene sentido que cerraras el canal del anillo.
—Eres una pesadilla total GrangerDanger.
—Anda ya, hay que entrar... Ron me preguntó del horario con corazones... iiiuggg.
—Funcionó ¿No es así?
Ambos se sentaron adelante pero con varios asientos de diferencia entre ellos, por precaución.
—Más te vale que Creevey y Ginny no se conozcan, porque fundarían el club de fans de Linfred Potter —dijo Ron riéndose de Linfred
—Cállate —le interrumpió Linfred. Lo único que le faltaba es que a oídos de Lockhart llegaran las palabras «club de fans de Linfred Potter».
"Si tan solo supieran" pensó Hermione y enseguida se arrepintió, pues tenía abierto el canal de anillo.
"¿De qué hablas?"
"Nada, luego te cuento"
Cuando todos estuvieron sentados, Lockhart se aclaró sonoramente la garganta y se hizo el silencio. Se acercó a Neville Longbottom, cogió el ejemplar de Recorridos con los trols y lo levantó para enseñar la portada, con su propia fotografía que guiñaba un ojo.
—Yo —dijo, señalando la foto y guiñando el ojo él también— soy Gilderoy Lockhart, Caballero de la Orden de Merlín, de tercera clase, Miembro Honorario de la Liga para la Defensa Contra las Fuerzas Oscuras, y ganador en cinco ocasiones del Premio a la Sonrisa más Encantadora, otorgado por la revista Corazón de bruja, pero no quiero hablar de eso. ¡No fue con mi sonrisa con lo que me libré de la banshee que presagiaba la muerte!
Esperó que se rieran todos, pero sólo hubo alguna sonrisa.
—Veo que todos han comprado mis obras completas; bien hecho. He pensado que podíamos comenzar hoy con un pequeño cuestionario. No se preocupen, sólo es para comprobar si los han leído bien, cuánto han asimilado...
Cuando terminó de repartir los folios con el cuestionario, volvió a la cabecera de la clase y dijo:
—Disponen de treinta minutos. Pueden comenzar... ¡ya!
Harry miró el papel y leyó:
1. ¿Cuál es el color favorito de Gilderoy Lockhart?
2. ¿Cuál es la ambición secreta de Gilderoy Lockhart?
3. ¿Cuál es, en tu opinión, el mayor logro hasta la fecha de Gilderoy Lockhart?
Así seguía y seguía, a lo largo de tres páginas, hasta:
54. ¿Qué día es el cumpleaños de Gilderoy Lockhart, y cuál sería su regalo ideal?
"¿Esto es enserio?" se quejó en su cabeza.
"Estoy enteramente igual que tú" coincidió Hermione.
"No puedo creer que diga esto, pero necesitamos un diez para tu examen, tendremos que hacerlo en equipo esta vez"
"Eso es trampa"
"Trampa es que nos haga un examen basándose en su ego, además, tu coartada... tienes que parecer super enamorada y encandilada por Lockhart"
Media hora después, Lockhart recogió los folios y los hojeó delante de la clase.
—Vaya, vaya. Muy pocos recuerdan que mi color favorito es el lila. Lo digo en Un año con el Yeti. Y algunos tienen que volver a leer con mayor detenimiento Paseos con los hombres lobo. En el capítulo doce afirmo con claridad que mi regalo de cumpleaños ideal sería la armonía entre las comunidades mágica y no mágica. ¡Aunque tampoco le haría ascos a una botella mágnum de whisky envejecido de Ogden!
Volvió a guiñarles un ojo pícaramente. Ron miraba a Lockhart con una expresión de incredulidad en el rostro; Seamus Finnigan y Dean Thomas, que se sentaban delante, se convulsionaban en una risa silenciosa.
"Hey, necesitamos tu cara bobalicona..."
"Uyyy de verdad detesto este plan" se quejó Hermione, pero hizo lo mejor que pudo haciendo como que escuchaba a Lockhart con embelesada atención, eso no impidió que se sorprendiera cuando éste mencionó su nombre.
—... pero la señorita Hermione Granger sí conoce mi ambición secreta, que es librar al mundo del mal y comercializar mi propia gama de productos para el cuidado del cabello, ¡buena chica! De hecho —dio la vuelta al papel—, ¡está perfecto! ¿Dónde está la señorita Hermione Granger?
"Mira nada más... sacamos un excelente en nuestro examen al parecer"
Hermione alzó una mano temblorosa.
—¡Excelente! —dijo Lockhart con una sonrisa—, ¡excelente! ¡Diez puntos para Gryffindor! Y en cuanto a...
De debajo de la mesa sacó una jaula grande, cubierta por una funda, y la puso encima de la mesa, para que todos la vieran.
"Bueno, al menos ahora tenemos 10 puntos"
"Si... esperaba que fueran más de 10" dijo Harry desanimado.
—Ahora, ¡cuidado! Es mi misión dotarlos de defensas contra las más horrendas criaturas del mundo mágico. Puede que en esta misma aula os tengan que encarar a las cosas que más temen. Pero sabed que no os ocurrirá nada malo mientras yo esté aquí. Todo lo que os pido es que conservéis la calma. En contra de lo que se había propuesto, Harry asomó la cabeza por detrás del montón de libros para ver mejor la jaula. Lockhart puso una mano sobre la funda. Dean y Seamus habían dejado de reír. Neville se encogía en su asiento de la primera fila.
—Tengo que pediros que no gritéis —dijo Lockhart en voz baja—. Podrían enfurecerse.
Cuando toda la clase estaba con el corazón en un puño, Lockhart levantó la funda.
—Sí —dijo con entonación teatral—, duendecillos de Cornualles recién cogidos.
Seamus Finnigan no pudo controlarse y soltó una carcajada que ni siquiera Lockhart pudo interpretar como un grito de terror.
—¿Sí? —Lockhart sonrió a Seamus.
—Bueno, es que no son... muy peligrosos, ¿verdad? —se explicó Seamus con dificultad.
—¡No estés tan seguro! —dijo Lockhart, apuntando a Seamus con un dedo acusador—. ¡Pueden ser unos seres endemoniadamente engañosos!
Los duendecillos eran de color azul eléctrico y medían unos veinte centímetros de altura, con rostros afilados y voces tan agudas y estridentes que era como oír a un montón de periquitos discutiendo. En el instante en que había levantado la funda, se habían puesto a parlotear y a moverse como locos, golpeando los barrotes para meter ruido y haciendo muecas a los que tenían más cerca.
—Está bien —dijo Lockhart en voz alta—. ¡Veamos qué hacéis con ellos!
Y abrió la jaula. Se armó un pandemónium. Los duendecillos salieron disparados como cohetes en todas direcciones. Dos cogieron a Neville por las orejas y lo alzaron en el aire. Algunos salieron volando y atravesaron las ventanas, llenando de cristales rotos a los de la fila de atrás. El resto se dedicó a destruir la clase más rápidamente que un rinoceronte en estampida. Cogían los tinteros y rociaban de tinta la clase, hacían trizas los libros y los folios, rasgaban los carteles de las paredes, le daban vuelta a la papelera y cogían bolsas y libros y los arrojaban por las ventanas rotas. Al cabo de unos minutos, la mitad de la clase se había refugiado debajo de los pupitres y Neville se balanceaba colgando de la lámpara del techo.
—Vamos ya, rodeadlos, rodeadlos, sólo son duendecillos... —gritaba Lockhart. Se remangó, blandió su varita mágica y gritó—. ¡Peskipiski Pestenomi!
"Y aquí el gran mago" pensaron ambos a la vez y rieron.
No sirvió absolutamente de nada; uno de los duendecillos le arrebató la varita y la tiró por la ventana. Lockhart tragó saliva y se escondió debajo de su mesa, a tiempo de evitar ser aplastado por Neville, que cayó al suelo un segundo más tarde, al ceder la lámpara. Sonó la campana y todos corrieron hacia la salida.
"¿Te quedas con mi hermano y Ron?"
"Es algo de bebo hacer"
"Bien, iré a buscar a Ginny"
En la calma relativa que siguió, Lockhart se irguió, vio a Linfred, Ron y Hermione y les dijo.
—Bueno, ustedes tres meteréis en la jaula los que quedan —salió y cerró la puerta.
—¿Vieron? —bramó Ron, cuando uno de los duendecillos que quedaban le mordió en la oreja haciéndole daño.
—Sólo quiere que adquiramos experiencia práctica —dijo Hermione, a regañadientes, intentando mantener su coartada, aunque esta vez coincidía completamente con la frustración de Ron.
Ella inmovilizo a dos duendecillos a la vez con un útil hechizo congelador y los metió en la jaula
—¿Experiencia práctica? —dijo Linfred, intentando atrapar a uno que bailaba fuera de su alcance sacando la lengua—. Hermione, él no tenía ni idea de lo que hacía.
—Mentira —dijo Hermione mordiéndose la lengua por tal perjurio—. Ya has leído sus libros, fíjate en todas las cosas asombrosas que ha hecho...
—Que él dice que ha hecho —añadió Ron.
"Touché" pensó ella y asumió que Harry había encontrado a Ginny cuando no recibió respuesta, ella cerró su canal en su anillo y por fin pudo coincidir con Ron a gusto... que Merlín la amparara de que él supiera eso... nadie necesitaba saber de eso más que ella.
Espero disfruten la lectura y agradecería un Review de vez en cuando, recuerden que no gano nada con escribir y que el mejor pago que recibo son sus Reviews 3
Ale
