PARTE II

Capítulo 3

La voz

Puntuales como siempre Harry y Hermione estaban en la sala de Menesteres a las 11:27 listos para recibir la llamada de Lavinia.

—¿No quieres que Ginny sepa? —inquirió Hermione.
—Supongo que no quiero meter a nadie más en esto, basta y sobra con tres preocupados.
—Es bueno que lo aceptaras, me refiero al hecho de que te gusta.
—Tenemos 12 y 11 Hermione...
—¿Y eso qué? eso no impide que te guste ella.

—¿Hola, hay alguien ahí? —escucharon la voz de Lavinia desde la chimenea.
—Hola Livie —saludaron ambos niños.
—Dijiste que tenían algo que decirme, estoy escuchando.

Harry y Hermione se miraron, en el verano habían evitado a toda costa el tema, pero luego de lo sucedido con Dobby el elfo... bueno, se habían replanteado todo. En un acuerdo tácito y silencioso, Hermione comenzó a relatarle a Lavinia sobre el viaje-castigo al bosque prohibido y cómo el centauro había mencionado el nombre de Harry Potter más de una vez, luego Harry retomó para contar acerca de lo sucedido con Quirell, Linfred, la Piedra y Voldemort.

—Díganme que no están pensando lo que creo que están pensando —dijo Lavinia.
—Creo que ya sabes cuáles son nuestras suposiciones —dijo Hermione.

—Todo podría estar de cabeza, Harry podría ser el Niño-que-Vivió y no Linfred —declaró Lavinia sin titubear.
—Eso es lo que tememos, Dobby vino conmigo... el Centauro habló de mí...
—¿Alguien más sabe de esto? —inquirió dudosa Lavinia.
—No, solo nosotros tres.
—¿Dices que Voldermort no te vio? Me refiero al año pasado —preguntó de nuevo Lavinia.
—Asumo que no, pero parecía sentir algo, su mirada era insistente, pero no creo que viera a través de la capa de invisibilidad.

—No podría, es la capa del manto de la muerte... pero si buscaba algo y miró hacia tí, definitivamente puedes ser tú. Es posible que ni siquiera el mismo Voldemort sepa de esto —replanteó Lavinia.
—Lo sabemos —dijo Hermione.
—Y no pueden dejar que se entere, chicos, deben asegurarse de que él no se entere, podría ser la clave para que finalmente terminen con él, el arma secreta.
—Me agrada tu perspectiva de mí —masculló Harry.

—Lo digo enserio tonto, si Voldemort llegara a enterarse... estarías en el mismo peligro que Linfred ahora... ¿Estás seguro que quieres eso?
—No —respondió Harry automáticamente.
—Harry, tienes que prepararte, todos debemos prepararnos para eso, si sus suposiciones son correctas... tenemos un largo viaje por delante.
—¿Todos?
—No creerás que vamos a dejarte solo en esto ¿O sí? —inquirió Hermione con un tono que no aceptaba reclamos.

—Bien, ahora tenemos dos cosas en las que pensar, alejar a Harry de Voldemort y conseguir información de las Maledictus —dijo Hermione resuelta—. Este año si que va a ser interesante, más si Dobby el Elfo tenía algo de razón en sus palabras.
—Dejen las maledictus por ahora, podemos dejar eso para después, cuando descubramos a qué peligro se refería el elfo... Manténganme informada, y procuren alejarse de las cosas raras.

—Como si mi vida fuera muy normal Livie —se burló Harry.
—Bueno, en la medida de las posibilidades —declaró Lavinia.
—Mantendré la mente abierta para Harry —declaró Hermione y ambas chicas hicieron un pacto silencioso.


Durante los días siguientes, Linfred, Ron y Hermione pasaron bastante tiempo esquivando a Gilderoy Lockhart cada vez que lo veían acercarse por un corredor. Pero más difícil aún era evitar a Colin Creevey, que parecía saberse de memoria su horario. Nada le hacía tan feliz como preguntar «¿Va todo bien, Linfred?» seis o siete veces al día, y oír «Hola, Colin» en respuesta, a pesar de que la voz de Linfred cada vez sonaba más irritada.

Hermione despertó a su hora habitual, había quedado con Linfred y Ron para ver a Hagrid esa mañana, sin embargo se sorprendió cuando después de tomar un baño y abrir el canal del anillo, escuchó la risa de Harry en su cabeza.

"¿Pasando tiempo con cierta pelirroja?" se burló ella.

"Estamos en la torre de Astronomía por si quieres unirte, Wood sacó temprano a mi hermano de la cama para practicar, pero no los veo en el campo, así que asumo que ha de estar repasando las próximas estrategias"

"Ya estoy yendo con ustedes, cerraré el canal y tocaré tres veces, por si estabas en algo importante"

Y sin esperar respuesta Hermione cerró el canal.

Ese día parecía decidido a sorprender a Hermione, pues cuando se acercó a la única a habitación permanentemente abierta de la Torre de Astronomía... escuchó música. Lavinia le había dicho que a veces, a Harry le daba por componer canciones, sobre todo cuando había cosas emocionales e importantes, ella jamás tuvo la oportunidad de escucharlo, pero ahora sabía sin duda que era Harry quien cantaba.

Ginny aplaudió sonriente cuando Harry tocó los últimos acordes de la guitarra. Estaba encantada con la forma en cómo sus manos se movían por las cuerdas, rozándolas... apenas acariciándolas y cómo estas en respuesta emitían sonidos encantadores.

Hermione cumplió, tocó tres veces antes de escuchar un Pasa.

—Hola a ustedes dos —saludó y le guiñó a Ginny cuando Harry no podría verla.
—Buenos días Cookie —saludó Harry besando su mejilla.
—Merlín, adoro que seas mucho más decente que Linfred o Ron —exclamó ella.
—¿En qué sentido?
—Más bien en cuál no —rió Ginny.

—Hablo de tomar una ducha antes de ver a cualquier ser viviente... y de que usas loción, sobre todo por la loción, alguien debe presentarles a Linfred y Ronald las lociones para caballeros.
—Lamento desanimarte, pero creo que ahí es un caso perdido —dijo Ginny quien parecía realmente afectada.

—Soñar no cuesta nada —se encogió de hombros, luego miró por la ventana e hizo una mueca mientras señalaba al hermano de Ginny—. Igual debería ir a las gradas a alcanzar a Ronald.
—Sí, yo ayudaré a Ginny con algunos deberes, a ver si esta noche podemos darnos una escapada a la SM para que Ginny vea los anillos y conozca la SM.
—Me parece una buena opción, solo ¿Podemos pasar por algo para desayunar? Tengo Hambre.

Los tres bajaron al comedor y Hermione guardó varias cosas en una bolsita para compartir con Ron y Linfred, mientras veía a Ginny y Harry platicar muy afablemente.

—No olvides tu mitad de los libros de Lockhart, Cookie.
—Ohh cielos, ni me lo recuerdes Harry.

Hermione llegó a las gradas con Ron, quien la miró como si fuera una ensoñación cuando ella le mostró la dotación de comida, Hermione rió con ello... le divertía la adoración de Ron por la comida. Comieron sin decir media palabra.

—¿Aún no han terminado? —preguntó Ron, perplejo cuando vio a Linfred salir de los vestuarios.
—Aún no hemos empezado —respondió Linfred, mirando con envidia las tostadas con mermelada que Ron y Hermione se comían—. Wood nos ha estado enseñando nuevas estrategias.

Linfred se alejó y Hermione y Ron continuaron comiendo, aunque no por mucho tiempo, pues vieron como todos bajaban para reunirse con el equipo de Slytherin.

—Ay no! ¿Ahora que pasa? —dijo cansada Hermione.
—No sé, pero no es bueno si Malfoy está involucrado —dijo mirando a Hermione con preocupación, y ella por un segundo lo vió mayor, no al Ron inmaduro que usualmente veía, sacudió la cabeza para quitarse esa idea.
—Andando Ron.

—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Ron a Linfred—. ¿Por qué no juegan? ¿Y qué está haciendo ése aquí? —Miraba a Malfoy, vestido con su túnica del equipo de quidditch de Slytherin.
—Soy el nuevo buscador de Slytherin, Weasley —dijo Malfoy, con petulancia—. Estamos admirando las escobas que mi padre ha comprado para todo el equipo.

Ron miró boquiabierto las siete soberbias escobas que tenía delante.

—Son buenas, ¿eh? —dijo Malfoy con sorna—. Pero quizás el equipo de Gryffindor pueda conseguir oro y comprar también escobas nuevas. Podríais subastar las Barredora 5. Cualquier museo pujaría por ellas.

El equipo de Slytherin estalló de risa.

—Pero en el equipo de Gryffindor nadie ha tenido que comprar su acceso—observó Hermione agudamente, a pesar de que ella sabía que no era del todo cierto, pues Harry era mil veces mejor como buscador que Linfred, aún con todo, Linfred no hacía un mal trabajo—. Todos entraron por su valía.

Del rostro de Malfoy se borró su mirada petulante.

—Nadie ha pedido tu opinión, asquerosa sangre sucia —espetó él.

Enseguida se hizo el caos. Flint tuvo que ponerse rápidamente delante de Malfoy para evitar que Fred y George saltaran sobre él. Alicia gritó «¡Cómo te atreves!», y Ron se metió la mano en la túnica y, sacando su varita mágica, amenazó «¡Pagarás por esto, Malfoy!»

Hermione quería detener a Ron, su varita no estaba bien y a pesar de que era aparentemente un insulto horrible, ella estaba más preocupada por Ron, pero en el estupor, reaccionó demasiado tarde.

Ron pasó la varita por debajo del brazo de Flint, la dirigió al rostro de Malfoy y un estruendo resonó en todo el estadio, y del extremo roto de la varita de Ron surgió un rayo de luz verde que, dándole en el estómago, lo derribó sobre el césped.

—¡Ron! ¡Ron! ¿Estás bien? —chilló Hermione.

Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ninguna palabra. Por el contrario, emitió un tremendo eructo y le salieron de la boca varias babosas que le cayeron en el regazo. El equipo de Slytherin se partía de risa. Flint se desternillaba, apoyado en su escoba nueva. Malfoy, a cuatro patas, golpeaba el suelo con el puño. Los de Gryffindor rodeaban a Ron, que seguía vomitando babosas grandes y brillantes. Nadie se atrevía a tocarlo.

—Lo mejor es que lo llevemos a la cabaña de Hagrid, que está más cerca —dijo Linfred a Hermione, quien asintió valerosamente, y entre los dos cogieron a Ron por los brazos.

Les separaban siete metros de la casa de Hagrid cuando se abrió la puerta. Pero no fue Hagrid el que salió por ella, sino Gilderoy Lockhart. Linfred esperó a que Lockhart se perdiera de vista y luego sacó a Ron del arbusto y lo llevó hasta la puerta principal de la casa de Hagrid. Llamaron a toda prisa. Hagrid apareció inmediatamente, con aspecto de estar de mal humor, pero se le iluminó la cara cuando vio de quién se trataba.

—Me estaba preguntando cuándo vendríais a verme... Entrad, entrad. Creía quesería el profesor Lockhart que volvía. Linfred y Hermione introdujeron a Ron en la cabaña, donde había una gran cama en un rincón y una chimenea encendida en el otro extremo. Hagrid no pareció preocuparse mucho por el problema de las babosas de Ron, cuyos detalles explicó Linfred apresuradamente mientras lo sentaban en una silla.

—Es preferible que salgan a que entren —dijo ufano, poniéndole delante una palangana grande de cobre—. Vomítalas todas, Ron.
—No creo que se pueda hacer nada salvo esperar a que la cosa acabe —dijo Hermione apurada, contemplando a Ron inclinado sobre la palangana—. Es un hechizo difícil de realizar aun en condiciones óptimas, pero con la varita rota...

—Díganme —preguntó Hagrid, mirando a Ron—, ¿a quién intentaba hechizar?
—Malfoy... —comenzó Linfred, pero Ron lo interrumpió.
—Malfoy la llamó «sangre sucia».

Ron se apartó cuando volvió a salirle una nueva tanda de babosas.

—¡No! —bramó Hagrid volviéndose a Hermione.
—Sí —dijo ella—. Pero yo no sé qué significa. Claro que podría decir que su tono fue muy grosero...
—Es lo más insultante que se le podría ocurrir —dijo Ron, volviendo a incorporarse—. Sangre sucia es un nombre realmente repugnante con el que llaman a los hijos de muggles, ya sabes, de padres que no son magos. Hay algunos magos, como la familia de Malfoy, que creen que son mejores que nadie porque tienen lo que ellos llaman sangre limpia.

Soltó un leve eructo, y una babosa solitaria le cayó en la palma de la mano. La arrojó a la palangana y prosiguió.

—Desde luego, el resto de nosotros sabe que eso no tiene ninguna importancia. Mira a Neville Longbottom... es de sangre limpia y apenas es capaz de sujetar el caldero correctamente.
—Y no han inventado un conjuro que nuestra Hermione no sea capaz de realizar—dijo Hagrid con orgullo, haciendo que Hermione se pusiera colorada.
—Es un insulto muy desagradable de oír —dijo Ron, secándose el sudor de la frente con la mano—. Es como decir «sangre podrida» o «sangre vulgar». Son idiotas. Además, la mayor parte de los magos de hoy día tienen sangre mezclada. Si no nos hubiéramos casado con muggles, nos habríamos extinguido. A Ron le dieron arcadas y volvió a inclinarse sobre la palangana.

—Bueno, no te culpo por intentar hacerle un hechizo, Ron —dijo Hagrid con una voz fuerte que ahogaba los golpes de las babosas al caer en la palangana—. Pero quizás haya sido una suerte que tu varita mágica fallara. Si hubieras conseguido hechizarle, Lucius Malfoy se habría presentado en la escuela. Así no tendrás ese problema.

"Hermione Jean Granger Puckle Evans ¿Es cierto lo que se dice en la escuela?"

Hermione brincó en su silla, ella nunca había escuchado a Harry tan molesto.

"¿Qué parte?"

"¿Malfoy de verdad te llamó... Sangre sucia?"

"Lo hizo sí, pero yo no sabía lo que significaba, así que no importa Harry... ¿Harry?... ¿Harry?"

Hermione comenzó a morderse el labio nerviosa cuando Harry no respondió a su voz.


Mientras en el castillo, una Ginny muy nerviosa intentaba correr tras un furioso Harry.

—¿Qué sucedió? ¿Qué dijo ella?
—Es cierto —dijo Harry deteniéndose abruptamente, causando que Ginny se estrellara contra él—. Malfoy la llamó Sangre Sucia.
—¿Lo de Ron también es cierto?

Harry la miró con culpabilidad.

—Eso no se lo he preguntado, lo siento.
—Está bien, supongo que no pasará más allá de que vomite babosas por algunas horas.
—Debo encontrar a Malfoy.
—No hagas nada estúpido Harry —pidió Ginny.
—Si nadie se entera de dónde ha venido el hechizo... no hay nadie a quien puedan castigar —dijo aún molesto.

Ginny solo pudo seguirlo hasta que vieron a Malfoy en un pasillo rodeado de varios alumnos de distintas casas. Entonces ya no pudo ver a Harry y se dio cuenta que debía haberse puesto la capa de invisibilidad, a pasos vacilantes se acercó a la multitud. Estaba escuchando la versión de Malfoy cuando un haz de luz verde salió de la nada a un lado de ella y le dio de lleno a Malfoy en el pecho. Ginny no supo en que momento, pero ahora todos la miraban sin verla, ella ahora estaba siendo abrazada por Harry, quien con su brazo izquierdo la rodeaba y con el derecho mantenía la Capa en su lugar.

Ella iba a decir algo, entonces la mano de Harry se movió ha su boca.

—Es invisible, no insonora Gin-Gin —susurró en su oído mandando destellos eléctricos por todo su cuerpo.

Todos dejaron de mirar cuando Malfoy comenzó a vomitar sapos en cualquiera de sus etapas vitales, entonces todos se echaron a reír del Slytherin.

Harry tiró de Ginny hasta que estuvieron lejos del pasillo donde Malfoy vomitaba sapos.

—¿Es una versión del hechizo que Ron le intentó hacer? —inquirió divertida la pelirroja.
—Nadie le dice Sangre Sucia a mi Hermana y sale impío —respondió Harry—. Y escogí ese porque era similar al de Ron, quien tiene coartada pues está con Hagrid junto a Hermione y Linfred.
—Bien.

Entonces alguien pasó cerca de ellos llevándose a Ginny consigo.

—¡Oh Merlín! Lo siento mucho Ginny —dijo una chica de largo cabello rubio y grandes ojos grises.
—Está bien Luna, descuida —dijo Ginny quitándole importancia, entonces sonrió—. Luna, te presento a Harry, él va en segundo año, con mi hermano, Hermione y su gemelo Linfred. Luna es mi compañera de año, solo que ella va en Ravenclaw.
—Mucho gusto Luna —saludó Harry y le tendió la mano a Luna, quien aceptó la mano, pero la retiró enseguida.
—Mucho gusto Harry... yo... debo irme alguien ha escondido mis calcetines de nuevo y necesito encontrarlos.

—¿Necesitas ayuda? —inquirieron ambos niños.
—Oh no... esto pasa muy seguido, estaré bien buscándolos, aunque si los ven... se los agradecería si los guardaran para mí.

Y dicho esto salió corriendo de ahí.

—¿Ella está bien? —preguntó Harry.
—La molestan mucho, todo el tiempo en realidad... supongo que es por eso que es algo reservada, pero descuida, dentro de sus ideas algo extrañas de animales increíbles, ella es normal.
—Bien, voy a creerte, ahora volvamos a la biblioteca a terminar esos pergaminos para Flitwick.

Harry había decidido cerrar el canal del anillo, no quería una reprimenda de Hermione cuando se enterara de lo que le había hecho a Malfoy.


Hermione, Ron y Linfred se despidieron de Hagrid y regresaron al castillo, con Ron hipando de vez en cuando, pero vomitando sólo un par de babosas pequeñas. Apenas habían puesto un pie en el fresco vestíbulo cuando oyeron una voz.

—Conque estáis aquí, Potter y Weasley. —La profesora McGonagall caminaba hacia ellos con gesto severo—. Cumpliréis vuestro castigo esta noche.

Hermione los miró con reproche, ¿Qué habían hecho esta vez?

—¿Qué vamos a hacer, profesora? —preguntó Ron, asustado, reprimiendo un eructo.
—Tú limpiarás la plata de la sala de trofeos con el señor Filch —dijo la profesora McGonagall—. Y nada de magia, Weasley... ¡frotando! Ron tragó saliva. Argus Filch, el conserje, era detestado por todos los estudiantes del colegio.

—Y tú, Potter, ayudarás al profesor Lockhart a responder a las cartas de sus admiradoras —dijo la profesora McGonagall.
—Oh, no... ¿no puedo ayudar con la plata? —preguntó Linfred desesperado.
—Desde luego que no —dijo la profesora McGonagall, arqueando las cejas—. El profesor Lockhart ha solicitado que seas precisamente tú. A las ocho en punto, tanto uno como otro.

—Filch me tendrá allí toda la noche —dijo Ron apesadumbrado—. ¡Sin magia! Debe de haber más de cien trofeos en esa sala. Y la limpieza muggle no se me da bien.
—Te lo cambiaría de buena gana —dijo Linfred con voz apagada—. He hecho muchas prácticas con mamá. Pero responder a las admiradoras de Lockhart... será una pesadilla.


Era bastante tarde y Harry y Ginny habían estado por varias horas en la biblioteca, Harry había terminado ya sus tareas, pero Ginny seguía trabajando en Transformaciones y Defensa y se reusaba a que Harry hiciera el pergamino con ella, aunque no se negaba a que le revisara lo que ya llevaba. Harry sabía que se estaba quedando dormido, se estaba dejando caer en la inconsciencia cuando oyó algo. Era una voz, una voz capaz de helar la sangre en las venas, una voz ponzoñosa que dejaba sin aliento, fría como el hielo.

Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte...

Harry dio un salto, y un manchón grande de color negro apareció sobre la esquina de su tarea de Historia de la Magia.

—¿Qué? —gritó.

Harry comenzó a mirar en todos lados y no lograba ver a Ginny por ningún lado, sin embargo sus cosas seguían perfectamente en la biblioteca, todo estaba dispuesto como si la chica estuviese haciendo su tarea de Defensa, Harry se levantó y comenzó a buscarla entre las estanterías, pero no la encontraba, se topó de lleno con el reloj, estaban cerca del toque de queda, así que volvió a la mesa donde había estado con Ginny y comenzó a guardar sus materiales y los de la pelirroja, estaba tomando todo cuando vio a Ginny caminando hacia él, la chica se sostenía la frente y traía una cara de fastidio y confusión.

—¿Estás bien? ¿Dónde estabas? —inquirió el chico preocupado por la voz que no hacía mucho había escuchado.
—Me duele la cabeza, supongo de estarla forzando en el pergamino de defensa, descuida —dijo ella cogiendo sus cosas de los brazos de Harry para llevarlas ella misma—. Y fui al baño, nada de cuidado, pero no quise despertarte.
—Está bien Ginny.

—Creo que he terminado por fin mi tarea de Defensa y estoy lista para el visto bueno —dijo Ginny, pero cuando vio que Harry no la había escuchado se paró en seco en el pasillo—. ¿Qué te sucede a tí?
—¿No escuchaste una voz? Cuando fuiste al baño —inquirió inquieto Harry mirando para todos y ningún lado—. ¿O viste algo raro?
—Ni voces ni cosas raras.

Ginny miró a Harry primero con un poco de preocupación, pero luego le sonrió de una forma nueva que Harry nunca le había visto, entonces Ginny acomodó todas sus cosas en un solo brazo y con la mano libre le apartó el flequillo que tapaba su cicatriz, todo sin dejar de sonreírle.

—Mira Harry no hay voces, ni cosas raras ¿Bien? Posiblemente te has quedado tan agotado este día por hacer tus deberes y ayudarme con los míos que tienes más sueño del que tu mismo supones, es tarde ya, debemos volver a la torre y debes descansar bien, hoy fue un día complicado, hechizar a Malfoy debió darte en definitiva mucho estrés también, vayamos a descansar Harry, tal vez las voces solo fueron alguna pesadilla por dormitar en la incómoda mesa de la biblioteca.
—Tienes razón —dijo Harry mirando el reloj. Hermione iba a matarlo, tenían que encontrarse para ir a la Sala de los Menesteres para trazar un plan alternativo.


Llegaron para encontrarse con Hermione en la sala común.

—Harry que bueno que llegas, tenía una duda en pociones que espero me puedas ayudar a resolver —dijo ella, era extraño que no hubiera nadie en la sala común. Pero Harry no replicó—. A menos que estés muy cansado, podemos dejarlo para mañana.
—No Cookie, estoy bien, de hecho, me haría bien despejarme con Pociones.
—Te veo luego entonces —dijo Ginny sonriente antes de besar la mejilla del chico, aún le causaba un leve rubor, pero el hecho de que Harry o Hermione no se burlaran de eso, la ayudaba en gran medida a superar esos episodios de vergüenza—. Gracias por la ayuda y no se duerman muy tarde chicos. Hermione mándalo a dormir temprano, tiene más sueño del que admite.

Entonces Ginny subió las escaleras del dormitorio de chicas.

—Tienes una cara horrible —declaró Hermione apenas consideró que Ginny había subido lo suficiente para no escucharlos—. ¿Qué sucedió?
—Escucho voces Hermione y no me gusta.
—Harry, esto es un castillo mágico, siempre hay voces, hasta los retratos hablan.
—No es como eso Cookie —dijo eso serio y ella dejó de lado la burla.
—¿Quieres ir a la SM?
—Preferiblemente, esto no es algo que comente con la gente en una plática casual.

Ambos se pusieron la capa de invisibilidad y salieron de la sala común, recorrieron el ya tan habitual camino que casi ya sabían de memoria. Hermione notó que Harry estaba más nervioso de lo habitual y eso le preocupó, el canal estaba cerrado, pero no lo necesitaba para sentir los nervios de Harry.

Cuando llegaron a su guarida, fue que volvió a hablar.

—¿Qué es eso de que escuchas voces?
—No son voces normales Hermione —dijo evidentemente nervioso.
—¿De qué hablas?
—Es una voz reptiliana.

—Okey, ahora si que no entiendo nada —declaró la chica.
—Puedo hablar con las serpientes Hermione —dijo totalmente abatido.

Se veía terriblemente mal a ojos de Hermione, como si lo que ababa de decir fuera algo horrible, okey, no era normal que alguien hablara con serpientes... o con cualquier animal para el caso, pero ¿No era esto el mundo mágico? A ella no se le hacía tan loca la idea. Pero aparentemente para Harry era algo importante, ella no sabía como seguir la conversación, así que se quedó callada. Cuando Harry la miró estaba confundido.

—¿No te asusta eso? —inquirió y ella simplemente se encogió de hombros.
—No es que sea super normal... pero tampoco creo que sea algo malo.
—Oh cielos Hermione, no lo sabes... creí para este punto algo habrías leído.

Si eso hubiera venido de cualquier otra persona, hubiera sabido la razón por la que Harry la llamaba GrangerDanger, pero viniendo de Harry solo le dio curiosidad.

—¿Qué debía saber Harry? —preguntó con cuidado.
—Hablar con las serpientes no es algo... normal. No todos los magos tienen esta peculiar habilidad, pero hay uno muy MUY famoso que la tenía, Salasar Slytherin.
—Por eso su símbolo es una serpiente... en Historia de Hogwarts dice que tenía afinidad por ellas, no que hablara con ellas...
—Es algo escalofriante si a mi me lo preguntas, no es algo que haga a menudo, pero a veces con Livie probábamos hablar con ciertas serpientes, y puedo decirte que no es una voz normal.

—¿Te hablan en tu cabeza?
—No, no es como nuestros anillos, es como si hablan normal, como cualquier persona... la única diferencia es algo en la profundidad, no sé, simplemente es algo que se siento solo cuando hablo con las serpientes.

—¿Entonces dices que escuchaste una voz de serpiente aquí en Hogwarts?
—Sí, pero eso no es lo que me preocupa Hermione, no es la voz, es lo que decía.
—¿Y que decía?

Hermione vio a Harry tragar pesado antes de que sintiera un escalofrío recorrerla por completo al escucharlo hablar en lo que concluyó era idioma serpiente, era espeluznante casa sonido que salía de su boca.

Ella lo miró entre confundida y aturdida.

—Ven..., ven a mí... Deja que te desgarre... Deja que te despedace... Déjame matarte... —dijo Harry con voz lúgubre—. Eso es lo que decía, lo siseaba, como si fuera una nana de un bebé.

—Rayos Harry... Dobby el elfo tenía razón, algo grande está pasando aquí —dijo Hermione entonces se acercó a abrazar a su hermano fuerte, muy fuerte, se separó después de unos segundos y miró a Harry con determinación—. Hagamos algo, vamos a mantener el canal abierto en todo momento ¿Okey? incluso cuando durmamos, si escuchas la voz de nuevo, háblame, grítame, no importa ¿Está bien? ¿Lo prometes?
—Lo prometo Cookie.
—No estás solo en esto, yo estoy contigo —se sonrieron intentando tranquilizar al otro, algo en vano totalmente, pero abrieron su canal con los anillos antes de que Hermione hablara de nuevo—. Bueno, demasiada emoción por una noche... deberíamos volver a los dormitorios, o nos encontraremos con tu hermano y Ron.

Salieron de la Sala de Menesteres bajo la capa de invisibilidad, no hablaron hasta que estuvieron dentro de la Sala Común.

—¿Porqué nos encontraríamos con mi hermano?
—Cumplen un castigo, así que andando... cada uno a su dormitorio. Y Harry, cualquier cosa, estoy a un pensamiento de distancia.

"Gracias Mione"

"Siempre, pero jamás se te ocurra llamarme así frente a nadie de aquí" dijo la chica seria.

Bueno bueno... aquí el segundo capítulo de este libro... Espero lo disfruten mucho.