PARTE II

Capítulo 4

La Inscripción en el Muro

Llegó octubre y un frío húmedo se extendió por los campos y penetró en el castillo. La señora Pomfrey, la enfermera, estaba atareadísima debido a una repentina epidemia de catarro entre profesores y alumnos. Su poción Pepperup tenía efectos instantáneos, aunque dejaba al que la tomaba echando humo por las orejas durante varias horas.

—Ginny, realmente no te ves bien —dijo Hermione mientras caminaban de camino a la sala común.
—Estoy bien Hermione, solo... relájate —dijo la menor de los Weasley malhumorada.
—Ginny...
—¡Hermione Basta! estoy bien ¿Okey?

"¿Harry estás ahí?"

"Claro"

"Necesito artillería pesada con Ginny, sus hermanos quieren que tome la poción Pepperup porque se ve mal, pero la terca no quiere"

"Tengo una idea para eso, pero necesito que me garantices tiempo con ella, últimamente sus hermanos la tienen tan vigilada como un Alcón"

"Hecho, pero enserio has algo, si que se ve mal, no quisiera que enfermara"

"Tengo un plan, asegúrate que se vaya a su dormitorio, yo me encargo desde ahí"

"Hecho"

Hermione dejó de pensar en hablar con Harry, y sintió el canal desvanecerse, esta modificación tan chula que Lily les había hecho a los anillos era lo mejor que Hermione había visto, ahora no tenía que preocuparse por que se le escapara algún pensamiento para Harry, ya que el canal solo se abría cuando tenían la intención de hablar con el otro, y era como si tocara la puerta cada que Harry quería hablar con ella, como si pidiera permiso, eso garantizaba cierta privacidad definitivamente.

—Ginny... no voy a obligarte a tomar la poción —declaró Hermione—. Con una condición.
—¿Cuál?
—Que llegando a la sala común se subas directo a tu dormitorio, así puedo decirles que te la tomaste e irás a descansar, lo único que pido es que duermas algo, tienes unas ojeras de muerte, pareces un mapache andante.
—Bien Hermione, es un trato.

Ginny cumplió su parte del trato, nada más llegar se fue a los dormitorios, así fue como Hermione pudo decirles a los gemelos y a Ron que había logrado que la chica se tomara la poción. No es que las últimas semanas fueran sencillas para ella, seguido se despertaba por Harry, quien la llamaba y le notificaba acerca de las voces, ella lo había registrado en un calendario, pero entre toda su lógica no encontraba que hubiera un patrón, era totalmente al azar. Y era gracias a Lavinia que ella misma no parecía un mapache andante, les había mandado a ella y a Harry los ingredientes e indicaciones de una poción bastante efectiva para eliminar las odiosas bolsitas de los ojos. Un éxito total en su experiencia, ella feliz avalaría a Lavinia si decidía hacer su propia línea de productos de belleza para brujas.

Hermione se dedicó a vigilar que ninguno de los hermanos de la menor de los Weasley buscara a Ginny, ella les aseguró que no habría problema, que ella iba a estar descansando. Solo esperaba que Harry pudiera hacer algo por ella. Aunque si uno lo ponía así, era más fácil que Ginevra cediese con Harry que con nadie más en ese castillo.


Ginny llegó malhumorada a su habitación, últimamente ese era su sentimiento más importante, sentía un mal humor de perros, dejó sus cosas sobre su cama y sacó lo único que le daba un poco de consuelo, el curioso diario que su mamá había empacado para ella, lo dejó en la cama, subió y sacó su pluma, cerró sus cortinas y se dispuso a escribir, había comenzado a escribir acerca de cómo sus hermanos parecían al fin notar que ella existía de alguna forma, pero cómo lo hacían de la peor forma posible, cómo ellos eran totalmente irritantes acerca de que ella era pequeña y no sabía muchas cosas, también tenía la intención de contarle a Tom sobre Hermione y Harry, que habían estado muy misteriosos y juntitos todo el tiempo, teniendo escapadas cada que podían librar a Hermione del ojo de Linfred y Ron... iba comenzando con las primeras cuatro letras del nombre de Hermione, cuando un viento fuerte le tiró el tintero en el diario.

Para fortuna o desgracia, el diario absorbió toda la pintura sin dejar que la cama se manchara. Ginny maldijo y se levantó de la cama. Se sorprendió cuando no vio ni a Claudia ni a Camilla en el cuarto, no las había escuchado salir... sin embargo cuando miró hacia la ventana se sorprendió aún mas.

—¡Harry! ¿Qué rayos haces aquí? —ella lo intentó, de verdad lo intentó, pero no pudo ocultar la alegría en su voz.
—Llevaba rato esperando que te quedaras sola Gin-Gin... no hemos tenido mucho tiempo para charlar.
—Pues por mi culpa no ha sido —dijo cruzando los brazos, de repente volviendo todo ese malhumor.
—Lo sé Gin-Gin, solo que... han sido muchas cosas últimamente, segundo definitivamente es más complicado que primero.

Ginny no estaba convencida, ella sabía que había más, se lo había dicho a Tom.

—Oye, ¿Por que no dejamos los detalles de lado y mejor vienes conmigo?
—¿Qué te hace pensar que quiero ir contigo a ningún lugar? —dijo ella con un puchero retador.
—Que tengo una fabulosa escoba que no tiene nada que envidiarle a la Nimbus 2001.

Dicho esto Harry se elevó un poco, lo justo para que Ginny pudiera ver la escoba, sus ojos brillaron y al ver la sonrisa en el rostro de Harry, supo que tenía la batalla perdida, esos ojos verdes le habían ganado. Y se sorprendió al darse cuenta que no le importaba que Harry tuviese el poder de hacer lo que solo Charley y su papá lograban, convencerla y persuadirla para hacer o no algo.

—¿Debería llevar un jersey?
—Yo lo sugeriría, el aire empieza a enfriar.

Ginny asintió y corrió a su baúl, sacó el horrible jersey rosa y se lo puso, no era su favorito, pero era el que estaba primero, se lo puso mirando de reojo hacia sus piernas solo para asegurarse de que llevara pantalón, últimamente su memoria estaba dejando mucho que desear, por lo que prefería asegurarse... no iba a saltar a volar con falda... jamás en la vida, una vez se aseguró de eso, corrió a la ventana.

—No puedo acercarme más, así que tendrás que saltar y confiar en que voy a atraparte —dijo Harry, Ginny simplemente respiró hondo antes de saltar para intentar llegar lo más lejos que podía de la torre.

Harry cumplió, la atrapó, luego cuando ambos se estabilizaron, Ginny se acomodó detrás de él. No pasó ni medio segundo cuando Harry había salido disparado con la escoba rumbo al cielo, obligando a Ginny a abrazarse a él con fuerza para vencer la resistencia del viento, ella abrió los ojos al sentir la mirada de Harry en ella, de nuevo sintió ese tirón en su ombligo cuando vio la risa en esas orbes verdes. Harry le dio un viaje de demostración formidable, la escoba era increíble realmente, pero terminó más rápido de lo que Ginny hubiera preferido.

Harry la llevó hasta un tejado cerca de la Torre de Astronomía, aterrizó ahí.

—¿Qué hacemos aquí?
—Venimos por una escoba para tí, algo me dice que vas a disfrutar más volarla tu misma —dijo Harry sonriente. Él le enseñó una escoba—. ¡Feliz Navidad Adelantada!
—Harry, es octubre.
—¿Y qué? Si quieres competir por un puesto en el equipo de Gryffindor necesitas una escoba decente, y tienes que practicar además, conocer tu escoba.
—¿Mi escoba? ¿Entonces es enserio? —ella lo miraba maravillada, y Harry decidió que definitivamente valía la pena regalarle su escoba solo por verla sonreír de esa forma, él había tomado prestada la de Hermione para este vuelo, pero la que le daría a Ginny era la suya.

Ginny parecía disfrutar realmente del vuelo en la escoba, y Harry se sentía bien con ello, solo había algo que opacaba el cuadro perfecto, aprovechó cuando Ginny estaba levitando solamente entonces el pasó de cabeza y le desató el cabello, Ginny rió.

—¿Por qué fue eso? —le dijo la niña.
—Porque me gusta tu cabello suelto, y siempre pensé que se vería como el fuego cuando volaras, solo quiero corroborar la teoría.

Harry conocía el cabello pelirrojo al viento, Lavinia siempre lo llevaba suelto cuando volaban, era puro fuego y sabía que el de Ginny se vería igual de alucinante.

—Nunca me lo dejo suelto cuando vuelo.
—Siempre hay una primera vez para todo Calabacita.

Tanto Harry como Ginny se sonrojaron ante el apodo, Harry se regañó mentalmente, así es como Lily se refería a Ginny en las cartas que intercambiaban madre e hijo, pero eso no quería decir que Harry podía decirle así.

—Lo siento.
—No, está bien, no me molesta que me lo digas tú —dijo ella totalmente roja.
—Te ves muy linda así.
—El Rojo y el rosa no combinan —dijo ella sin saber que más decir.
—A tí no se te ven mal juntos, te ves tierna de hecho, en el buen sentido, deberíamos volver a la torre de Astronomía, ya hace más aire, y no queremos resfriarnos, la poción de Madame Pomfrey no sabe nada bien.

Ginny lo siguió obediente, era sábado, así que la torre estaba vacía, cuando entraron por la ventana, aún volando, Ginny sintió un nuevo tirón en el ombligo al ver la manta de picnic con la comida, y ella sabía que ese tirón no había sido por hambre... era una Weasley después de todo, conocía bien la sensación de hambre, los Weasley siempre tenían hambre y ella no era la excepción.

Comieron hablando de todo y nada, de las clases, los maestros, sus amigos, los pocos libros que Ginny había podido leer, sobre la fantástica escoba, parecía que realmente no había pasado mucho, Harry le contaba cómo iba la investigación que estaba haciendo con Hermione, le contó acerca de cómo los muggles también sabían acerca de Arturo, Merlín y Morgana, Ginny estaba fascinada, pero comenzó a sentir sueño conforme pasaba el tiempo.

—¿Por qué no cantas algo para mí? Lo que tu quieras —pidió ella.
—Harry sonrió e invocó su guitarra, cantó la canción que le había compartido a Lavinia en el verano, esa que habían perfeccionado durante su estadía en América, esa que a Lavinia le había encantado, esa que Lavinia dijo que era una canción que a cualquier niña le gustaría escuchar, esa que Harry había escrito pensando en Ginny.

A mitad de la canción Ginny se quedó dormida con una hermosa sonrisa en los labios. La poción había funcionado, no era nada muy potente, solo un somnífero que su mamá le daba a menudo cuando no podía dormir, tomó el frasco de poción para las ojeras que preparaba para él y Hermione y le colocó un poco de poción sobre las horribles bolsas bajo sus ojos, Harry recogió todo el picnic y se sentó a esperar a que diera la hora de la cena, dejando dormir a Ginny, cuando calculó que la sala común estaría vacía, cargó con Ginny hasta allá en la escoba y aterrizó en medio de la sala común, se apresuró a acomodar a Ginny en uno de los sofás y antes de irse, para recoger la torre de astronomía y levitar la nueva escoba de Ginny hasta su cama, besó la mejilla de la niña, fue un impulso, uno que no tenía ganas de ignorar.

"Cookie, Ginny está dormida en la sala común, deberías apresurarte a llegar ahí antes que sus hermanos"

"Mensaje recibido, yo la alcanzo ahí, gracias Harry"

"Estaré en mi dormitorio"

Hermione se apresuró a alcanzar a Ginny en la sala común, comió tan rápido como podía, tanto que hasta Ron se sorprendió. Cuando Hermione llegó, encontró a Ginny Weasley dormida en el sofá con una enorme sonrisa en los labios. Se veía totalmente sonrojada y no había rastro de ojeras bajo sus ojos. Hermione sonrió feliz. Se acercó a ella.

—Despierta Bella Durmiente —dijo Hermione mientras peinaba un poco el rebelde cabello de Ginny, pero la chica solo se acomodó mejor en el sillón—. Ginny, tus hermanos ya vienen y te van a ver con Harry.

Hermione apremió el tono, a pesar de que no había nadie cerca, el efecto fue inmediato la pequeña de los Weasley brincó del sillón. Hermione no pudo evitar una risa.

—Heee que nadie viene Hermione —dijo frunciendo el ceño.
—No, pero tenía que despertarte antes de que ellos llegaran.
—¿Y Harry?
—En su dormitorio —respondió Hermione simplemente.
—Tú lo sabías, sabías que Harry iría a buscarme al dormitorio.

—En mi defensa, sabía que quería hablar contigo, pero no tenía ni idea de lo que planeaba hacer, es más, ni siquiera sé cómo es que llegaste aquí.

Ginny parecía buscar en su mirada.

—Bien, él me llevó a volar en escoba.
—¿Cómo en una cita? —picó Hermione adrede y el efecto en Ginny fue inmediato, estaba tan roja como su cabello.
—Nunca dijo que fuera eso —murmuró ella con vergüenza.
—A menos que en el Mundo Mágico tengan un concepto distinto de lo que es una Cita... bueno, yo diría que fue eso —comentó Hermione a la ligera con una sonrisa.
—Harry no mencionó eso.
—Harry no necesita hacerlo, Ginny —sonrió Hermione—. Aparentemente era justo lo que necesitabas.
—¿De qué hablas? —inquirió Ginny.

Hermione sacó un espejo que llevaba consigo desde que Lavinia le hizo el hábito en vacaciones y se lo tendió a Ginny.

—Adiós ojeras, y tienes esa sonrisa tonta en la cara —dijo Hermione.
—¡Por Merlín! Tengo que dejar de sonreír así antes de que lleguen mis hermanos.
—Por el bien de la cabeza de Harry deberías... o podrías ir a tu dormitorio a terminar de disfrutar este día... cu-ña-da.

—Jamás vas a dejarlo pasar ¿Cierto?
—Tú fuiste quien lo dijo, no yo —dijo Hermione inocente.
—Bien igual tomaré la segunda opción, gracias Hermione.
—Con gusto Ginny.

Ginny subió a su cuarto, más feliz de lo que había jamás según ella recordaba... cuando llegó a su habitación se extrañó de ver a Claudia, Camille, Milly y Ollin arremolinadas en su cama, se extrañó y se acercó a ellas.

—Ginny —chilló Milly—. Mira a ver esto.
—Ha aparecido escoba aquí —dijo Ollin.

Pero lo primero que Ginny vio fue el diario abierto, con cuidado recogió el diario y lo metió al baúl.

—Oh tranquila, el hechizo de privacidad es súper bueno, de hecho debes decirme dónde lo compraste, necesito uno así —dijo Camille.
—No lo compré, me lo regalaron mis padres, tal vez mi hermano lo encantó, pero no lo sé, voy a preguntarles —respondió aliviada, no quería que sus secretos fueran expuestos a toda la escuela.

—Chicas... ¡Lo importante... La Escoba! —chilló Milly de nuevo—. Y Ginny, hay una nota...

Ginny miró donde Milly señalaba y tomó el pequeño sobrecito.

Tu cabello color fuego al viento es un espectáculo digno de ver, y la fiereza en tus ojos al volar intimida, espero hagas comer polvo a todos cuando seas la próxima cazadora de Gryffindor.

—Ahhhhhh —Ginny escuchó gritar a sus compañeras de cuarto, pero ella solo podía sonreírle a la nota y mirar la escoba con cariño, Harry hablaba enserio entonces, la escoba era suya, de ella, Ginevra Weasley y solo de ella.

Estando ahí, en ese show de gritos de sus amigas, Ginny sintió que tenía un secreto especial, y concluyó que el tirón de su ombligo era demasiado agradable, y podría acostumbrarse a él, ella podría acostumbrarse a más escapadas así con Harry.

—¿Me pregunto de dónde es esta escoba? Porque una Nimbus no es...
—Es una Chitah Y5 es un modelo americano, aquí no hay de este tipo de escobas —respondió Ginny en automático aún mirando la escoba con cariño.
—¿Y quién te la dio? La nota no está firmada, pero la letra es claramente de un niño —dijo Milly alzando las cejas de forma perspicaz.
—Un... mi mejor amigo —dijo Ginny resuelta al final. Harry no era simplemente un amigo, era el mejor amigo que había tenido jamás y a pesar de estar segurísima de que Harry era su mejor amigo, algo le dijo que no era solo su mejor amigo.
—Pues... que clase de amigos tienes Ginny... porque una escoba profesional de Quiddich no es sencillamente barata y esta en definitiva parece una escoba profesional.
—¿Puedo disfrutar de mi escoba y mis recuerdos a gusto, Milly?
—Claro...

Esa noche Ginny durmió más feliz que lo que había dormido en mucho tiempo.


Gotas de lluvia del tamaño de balas repicaron contra las ventanas del castillo durante días y días; el nivel del lago subió, los arriates de flores se transformaron en arroyos de agua sucia y las calabazas de Hagrid adquirieron el tamaño de cobertizos.

—¿Para qué quiere uno celebrar el día en que ha muerto? —dijo Ron, que iba por la mitad de su deberes de Pociones y estaba de mal humor—. Me suena a aburrimiento mortal.

La lluvia seguía azotando las ventanas, que se veían oscuras, aunque dentro todo parecía brillante y alegre. La luz de la chimenea iluminaba las mullidas butacas en que los estudiantes se sentaban a leer, a hablar, a hacer los deberes o, en el caso de Fred y George Weasley, a intentar averiguar qué es lo que sucede si se le da de comer a una salamandra una bengala del doctor Filibuster. Fred había «rescatado» aquel lagarto de color naranja, espíritu del fuego, de una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas y ahora ardía lentamente sobre una mesa, rodeado de un corro de curiosos. Linfred parecía querer decirles algo a Hermione y Ron, cuando de pronto la salamandra pasó por el aire zumbando, arrojando chispas y produciendo estallidos mientras daba vueltas por la sala. La imagen de Percy riñendo a Fred y George hasta enronquecer, la espectacular exhibición de chispas de color naranja que salían de la boca de la salamandra, y su caída en el fuego, con acompañamiento de explosiones, aparentemente distrajeron lo suficiente a Linfred, pues cualquier cosa que pareciese querer mencionar, se evaporó.

El colegio estaba preparando la fiesta de Halloween; habían decorado el Gran Comedor con los murciélagos vivos de costumbre; las enormes calabazas de Hagrid habían sido convertidas en lámparas tan grandes que tres hombres habrían podido sentarse dentro, y corrían rumores de que Dumbledore había contratado una compañía de esqueletos bailarines para el espectáculo.

—Lo prometido es deuda —recordó Hermione a Linfred en tono autoritario—. Y tú le prometiste ir a su fiesta de cumpleaños de muerte.

Así que a las siete en punto, Linfred, Ron y Hermione atravesaron el Gran Comedor, que estaba lleno a rebosar y donde brillaban tentadoramente los platos dorados y las velas, y dirigieron sus pasos hacia las mazmorras.

"Que se diviertan tu y Ginny" dijo Hermione a Harry a través del anillo.

"Primero debo encontrarla, pero gracias Cookie, espero se diviertan igual"

"Y Harry, cualquier cosa, me avisas, por favor, cualquier tipo de... voz o algo"

También estaba iluminado con hileras de velas el pasadizo que conducía a la fiesta de Nick Casi Decapitado, aunque el efecto que producían no era alegre en absoluto, porque eran velas largas y delgadas, de color negro azabache, con una llama azul brillante que arrojaba una luz oscura y fantasmal incluso al iluminar las caras de los vivos. La temperatura descendía a cada paso que daban. Al tiempo que se ajustaba la túnica, Harry oyó un sonido como si mil uñas arañasen una pizarra.

—¿A esto le llaman música? —se quejó Ron.

Al doblar una esquina del pasadizo, encontraron a Nick Casi Decapitado ante una puerta con colgaduras negras.

—Queridos amigos —dijo con profunda tristeza—, bienvenidos, bienvenidos... les agradezco que hayáis venido... Hizo una floritura con su sombrero de plumas y una reverencia señalando hacia el interior.

—¿Damos una vuelta? —propuso Linfred, con la intención de calentarse los pies.
—Cuidado no vayas a atravesar a nadie —advirtió Ron, algo nervioso, mientras empezaban a bordear la sala de baile.

Hermione tuvo ganas de reírse, pero se contuvo, ya que era un tema de herir susceptibilidades el hecho de atravesar a un fantasma, punto aparte del escalofrío de muerte que te daba.

—Oh, no —dijo Hermione, parándose de repente—. Volvamos, volvamos, no quiero hablar con Myrtle la Llorona.
—¿Con quién? —le preguntó Linfred, retrocediendo rápidamente.
—Ronda siempre los lavabos de chicas del segundo piso —dijo Hermione.
—¿Los lavabos?
—Sí. No los hemos podido utilizar en todo el curso porque siempre le dan tales llantinas que lo deja todo inundado. De todas maneras, nunca entro en ellos si puedo evitarlo, es horroroso ir al servicio mientras la oyes llorar.
—¡Mira, comida! —dijo Ron.

No es que Hermione tuviera algo contra Myrtle, era simplemente... incomodidad.

—Os he oído hablar de la pobre Myrtle —dijo Peeves, moviendo los ojos—. No has sido muy amable con la pobre Myrtle. —Tomó aliento y gritó—: ¡EH! ¡MYRTLE!
—No, Peeves, no le digas lo que he dicho, le afectará mucho —susurró Hermione, desesperada—. No quise decir eso, no me importa que ella... Eh, hola, Myrtle.

Hasta ellos se había deslizado el fantasma de una chica rechoncha. Tenía la cara más triste que se hubiera visto nunca, medio oculta por un pelo lacio y basto y unas gruesas gafas de concha.

—¿Qué? —preguntó enfurruñada.
—¿Cómo estás, Myrtle? —dijo Hermione, fingiendo un tono animado—. Me alegro de verte fuera de los lavabos.

Myrtle sollozó.

—Ahora mismo la señorita Granger estaba hablando de ti —dijo Peeves a Myrtle al oído, maliciosamente.
—Sólo comentábamos..., comentábamos... lo guapa que estás esta noche —dijo Hermione, mirando a Peeves. Myrtle dirigió a Hermione una mirada recelosa.
—Te estás burlando de mí —dijo, y unas lágrimas plateadas asomaron inmediatamente a sus ojos pequeños, detrás de las gafas.
—No, lo digo en serio... ¿Verdad que estaba comentando lo guapa que está Myrtle esta noche? —dijo Hermione, dándoles fuertemente a Linfred y Ron con los codos en las costillas.

—Sí, sí.—Claro.
—No me mientas —dijo Myrtle entre sollozos, con las lágrimas cayéndole por lacara, mientras Peeves, que estaba encima de su hombro, se reía entre dientes—. ¿Creén que no sé cómo me llama la gente a mis espaldas? ¡Myrtle la gorda! ¡Myrtle la fea!¡Myrtle la desgraciada, la llorona, la triste!
—Se te ha olvidado «la granos» —dijo Peeves al oído. Myrtle la Llorona estalló en sollozos angustiados y salió de la mazmorra corriendo. Peeves corrió detrás de ella, tirándole cacahuetes mohosos y gritándole: «¡La granos!¡La granos!»

—¡Dios mío! —dijo Hermione con tristeza. Nick Casi Decapitado iba hacia ellos entre la multitud.—¿Os lo estáis pasando bien?
—¡Sí! —mintieron.
—Ha venido bastante gente —dijo con orgullo Nick Casi Decapitado—. Mi Desconsolada Viuda ha venido de Kent. Bueno, ya es casi la hora de mi discurso, así que voy a avisar a la orquesta.


—No aguanto más —dijo Ron, después de un verdadero encontronazo con La Caza... con los dientes castañeteando, cuando la orquesta volvió a tocar y los fantasmas volvieron al baile.
—Vámonos —dijo Linfred.

Fueron hacia la puerta, sonriendo e inclinando la cabeza a todo el que los miraba, y un minuto más tarde subían a toda prisa por el pasadizo lleno de velas negras.

—Quizás aún quede pudín —dijo Ron con esperanza, abriendo el camino hacia la escalera del vestíbulo. Y entonces Linfred se detuvo.

"Hermione de nuevo, la voz, de nuevo"

"¿De nuevo? ¿Dónde estás?"

Hermione tenía intención de irse cuando sintió que alguien la tomaba del brazo, era Ron. Ella lo miró, pero el chico solo miraba a Linfred.

—Linfred, ¿qué...?
—Es de nuevo esa voz... Cállense un momento... ¡Escuchen! —dijo Linfred, y Ron y Hermione se quedaron inmóviles, mirándole.

"Harry... Linfred también la escucha"

"Se aleja Hermione, la voz"

—¡Por aquí! —gritó, y se puso a correr escaleras arriba hasta el vestíbulo. Allí era imposible oír nada, debido al ruido de la fiesta de Halloween que tenía lugar en el Gran Comedor. Linfred apretó el paso para alcanzar rápidamente el primer piso.

"La estamos siguiendo con Linfred"

Ron y Hermione lo seguían.

—Linfred, ¿qué estamos...?
—¡Chssst!

"Hermione no la sigan, habla de sangre, salgan de ahí, ¡YA!"

"No puedo, Ron me jala"

—¡Va a matar a alguien! —gritó, y sin hacer caso de las caras desconcertadas de Ron y Hermione, subió el siguiente tramo saltando los escalones de tres en tres, intentando oír a pesar del ruido de sus propios pasos.

"¿Dónde están?"

"Segundo Piso"

"Voy para allá"

Linfred recorrió a toda velocidad el segundo piso, y Ron y Hermione lo seguían jadeando. No pararon hasta que doblaron la esquina del último corredor, también desierto.

—Linfred, ¿qué pasaba? —le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara.

"Harry" exclamó Hermione gritando y en estado de pánico "Tenías razón, si hablaba de sangre"

—¡Miren! —esta vez sí para Ron y Linfred.

Delante de ellos, algo brillaba en el muro. Se aproximaron, despacio, intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas palabras pintadas de más de un palmo de altura.

LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA. TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.

—¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? —preguntó Ron, con un leve temblor en la voz.

Se acercaron despacio a la inscripción, con los ojos fijos en la sombra negra que se veía debajo. Los tres comprendieron a la vez lo que era, y dieron un brinco hacia atrás. La Señora Norris, la gata del conserje, estaba colgada por la cola en una argolla delas que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una tabla, con los ojos abiertos y fijos. Durante unos segundos, no se movieron. Luego dijo Ron:

—Vámonos de aquí.

"Esto debe ser una joda" dijo Harry. Hermione sabía que estaba usando la capa.

"Lenguaje"

"La Gata de Filch cuelga de la cola y hay una inscripción en sangre en la pared... y te atreves a criticar mi lenguaje, Hermione ¿Enserio?"

—No deberíamos intentar... —comenzó a decir Linfred, sin encontrar las palabras.
—Háganme caso —dijo Ron—; mejor que no nos encuentren aquí.

"Ya no hay tiempo" dijo Harry y era cierto, era demasiado tarde.

Un ruido, como un trueno distante, indicó que la fiesta acababa de terminar. De cada extremo del corredor en que se encontraban, llegaba el sonido de cientos de pies que subían las escaleras y la charla sonora y alegre de gente que había comido bien. Un momento después, los estudiantes irrumpían en el corredor por ambos lados. La charla, el bullicio y el ruido se apagaron de repente cuando vieron la gata colgada. Linfred, Ron y Hermione estaban solos, en medio del corredor, cuando se hizo el silencio entre la masa de estudiantes, que presionaban hacia delante para ver el truculento espectáculo. Luego, alguien gritó en medio del silencio:

—¡Temed, enemigos del heredero! ¡Los próximos serán los sangre sucia!

Era Draco Malfoy, que había avanzado hasta la primera fila. Tenía una expresión alegre en los ojos, y la cara, habitualmente pálida, se le enrojeció al sonreír ante el espectáculo de la gata que colgaba inmóvil.

Bueno, aquí tienen ya un poco de Harry y Ginny... ¿Algún Review? Recuerden que son mi pago por escribir esta historia y recuerden (los que releen) que veremos más de la maldición hasta la parte III... sin más los dejo por ahora, hasta la próxima actualización. Me Disculpo por no haber actualizado, pero estaba en temporada de exámenes y tuve un par de complicaciones personales.

Ale