Querida Maite:
Me alegro de que prepares una exposición, porque significa que estás siendo capaz de pintar, de encontrar belleza en lo que te rodea. Yo, sin embargo, apenas he trazado algún garabato desde que te fuiste, y dudo que fuera capaz ni siquiera de tomar un lápiz ahora, inquieta como estoy por la situación de Ildefonso: siento que el desenlace de tu historia con Ángela va enlazado al final de la mía con él.
Tuya, Camino
Querida Camino:
Tu lacónica carta me ha dejado preocupada. Te noto mustia, melancólica, y no sé si ello se debe a los problemas que tienes en Acacias, o a mí. No me perdonaría que estas cartas hubieran agudizado tu tristeza. ¿Por qué empecé a escribirte, me pregunto? Te confieso que hubo algo de egoísmo en ello, porque al saberte casada, no pude soportar la idea de que podrías olvidarme, como Liberto me sugirió en una ocasión. Debí confiar más en ti: sé, después de conocerte, y de todo lo que ocurrió mientras estuve en prisión, que tal cosa jamás podrá ocurrir, y que de la misma manera que yo te llevo tatuada en cada poro de mi piel, tú llevas en tu alma y tu cuerpo la impronta de mis manos, y mis palabras.
Después, al contestarme a vuelta de correo, me alegré de que al menos así podíamos seguir juntas, compartiendo lo suficiente para hacernos llevadera esta existencia nuestra, y seguir experimentando la maravilla del amor verdadero, aunque fuera en la distancia: al escribirte, te amo; de igual manera que al escribir de Ángela, de alguna forma sigue viva.
El verano interrumpió muchas de nuestras rutinas, y nos costaba más que nunca encontrarnos a solas porque Elena había acabado el colegio, y estaba en casa por las mañanas, al igual que Joaquín, que había vuelto muy espigado del internado. Apenas conseguíamos charlar un rato y robarnos algunas miradas cuando nos hacíamos las encontradizas por la calle.
Vi el cielo abierto cuando mi abuela volvió a reclamarme para que pasara unos días con ella en el balneario, por lo que hablé con Elena para que procurara convencer a su padre de que dejara marchar allí a la familia, como el verano anterior. Al día siguiente me comunicó la negativa rotunda del juez, que no aprobaba la moda del veraneo, nido de malas costumbres según él, ni el despilfarro que ello suponía. Mi amiga me contó, con cierto orgullo, que se había enfrentado a su padre, quizá por primera vez en su vida, al recordarle lo bien que le habían sentado las aguas el año anterior, y cómo también su madre había recuperado el buen ánimo; pero no había servido de nada.
La cara de Ángela cuando al fin pude verla y le pregunté por ese mismo enfrentamiento fue muy diferente. Se la veía tensa, distante, y ante mi insistencia, acabamos por discutir.
-Tienes que dejar de presionarnos, Maite. Esto que tenemos... no es real, y no lo entiendes.
-¿Cómo puedes decir eso? - no sé si estaba más dolida o sorprendida de que volvieran sus reticencias, que ilusamente yo había creído superadas.
-¡Porque es así! No podemos seguir engañándonos. Nuestra relación no tiene futuro. Hemos vivido momentos maravillosos - y aunque sus palabras me estaban hiriendo, me consoló ver que ella también cerraba los ojos e inspiraba profundamente, rememorando nuestros encuentros-, pero tienen que acabar. Cada día me es más difícil mantener la mentira, no ya con Joaquín, sino ante mi hija. Y si ella dejara de respetarme, se alejara de mí y tuviera que recurrir a su padre... ella no puede pasar por eso, o sufrirá la misma opresión que he vivido yo estos años.
-¡Y de la que has conseguido salir! ¡Conmigo!
-No te equivoques, Maite. Aquí, en el desván, parece que todo está bien, pero en el mundo real no lo está. Tú has renunciado a tu sueño, la pintura. Y yo tengo miedo, mucho miedo.
Se me rompió el alma al verla venirse abajo, buscando el apoyo de nuestro diván para no deslizarse al suelo. En mi eufórico enamoramiento del último año, sentí que había olvidado el lastre de su traumático pasado, y cómo para ella era mucho más difícil que para mí entregarse a la pasión, porque yo no conocía el precio que se paga por ella.
-No tengas miedo, amor mío. Yo voy a estar siempre contigo para protegerte.- me arrodillé ante ella, apoyando mis manos en su regazo mientras la miraba con adoración, ansiosa por eliminar su angustia.
-¿Cómo, Maite? ¿Cómo podrías protegerme de una palabra malintencionada que llegara a oídos de Joaquín? ¿Cómo me protegerás del desprecio de Elena, si se entera de que la llevo usando dos años como excusa para verte? ¿Cómo protegerías a tus padres si tu nombre apareciera en ciertos rumores?- la miré, alarmada, no porque no hubiera pensado nunca en esas posibilidades, sino por el desgarro con que ella empezó a sollozar.- ¿Cómo nos protegerás del paso del tiempo, cuando tú estés en la plenitud de tus veinte años, y yo ya no tenga energía para seguirte?
-Yo te prestaré mis fuerzas...- no supe qué más decirle para consolarla o aplacar sus temores, así que hice lo único que se me ocurrió. La besé, apenas un roce de labios, incorporándome frente a ella. Pero sentí que sus sollozos cesaban, sus manos acariciaban mis mejillas y la fiebre volvió a consumirme. Era, aún hoy soy incapaz de discernir qué proporción de excitación sexual, de maravilla por sentirme elegida y deseada, de cariño protector y altruista, y de pulsión egoísta y posesiva me conducía en ese momento, pero sé que esa extraña mezcla de sentimientos que es el amor volvió a ganarle la partida a la razón, la lógica o la realidad. Me deshice de su blusa a la par que me enlazaba con sus brazos, y la recosté en el diván para ahuyentar el miedo y la pena a base de piel y suspiros.
Era 8 de agosto.
¿Qué días quedan en nuestra memoria, Camino? ¿Qué días celebramos, qué día celebraremos tú y yo como nuestro aniversario, cuando podamos volver a reunirnos? ¿El día que nos conocimos, el de nuestra primera clase, el primero que nos besamos, el primero que yacimos, el primero que tuvimos que defender ante el mundo nuestro amor? Sólo quisiera olvidar uno, el de nuestra despedida.
Tuya, todos los días, Maite
Feliz día de mañana, 8 de marzo (día de la publicación original).
Well behaved women rarely make history. Laurel Thatcher Ulrich
Disclaimer: los personajes pertenecen a la serie Acacias 38 de RTVE y Boomerang Televisión.
