Capítulo dos
NEGRA CABELLERA.
Los personajes son de la autoría de Eichiro Oda. Algunos son inspirados en su obra.
Respiró frescor. Abrió los ojos, la luz se filtraba por las persianas. De una cosa estaba seguro: no era temprano. Esa luz intensa debía ser de mediodía o quizás más tarde. ¿Donde estaba? ¡Ah! ¡Cierto!... De alguna forma terminó en el hotel que antes fue la escuela de equitación en la época de Francisco José I ; la cama era espaciosa y mullida. Sintió que algo le movía el cabello, giró la cabeza hacia la izquierda...¡casi pega un grito! ¡El extraño de ayer! ¡dormido a su lado! Hundía sus dedos entre sus rizos. Tenía una sonrisa deslumbrante, se ocurrió que quizás le recordará a a alguien en sueños. Y si hacía memoria, la mayoría del tiempo no despegaba los ojos de sus ensortijados cabellos. ¡vaya ojos los del extranjero! Sus singulares pupilas parecían taladrarlo: adentrarse en sus carnes, examinar sus huesos y mirar su alma.
El seguía dormido plácidamente. Su mente descansaba, pero no su cuerpo. Repetía las acciones de un pasado, en el que ese era un gesto de suma complicidad, íntimo y amoroso. Brook escuchó repentinamente una argentina risa, se volteó al lado contrario: era la chica de cejas rizadas y pelo color magenta. No tenía su vestidito de blanco de lunares azules, usaba una bata beige que a duras penas cubría sus kilométricas y bellas piernas. Una cosa se le antojó segura: el no olvidaría finales de octubre de 1964.
HORAS ANTES...
Se sentía algo nostálgico, decidió dar una vuelta para despejar su mente... Era un niño cuando tuvo que abandonar su natal Linz. 1933 fue un año malo para el pequeño Brook : la sombra del nazismo y el facismo acechaban a pasos agigantados. Encima de eso sus padres se divorciaron. Por así decirlo, ya que Franz y Larissa nunca se casaron. Ellos se conocieron cuando el viajó a Río de Janeiro para empaparse de los sonidos locales, la samba, la rumba... Sentir la fuerza y la alegría. Porque para Franz, el francés podría ser el lenguaje del amor pero, el portugués era el lenguaje del erotismo. Y así lo sintió, en cuanto estuvo en contacto con la humedad, el aire caliente lleno de sal y escuchar ese colorido idioma. Nada era como se lo contaron: la gente era alegre y apasionada, pero no al grado de sentirte acosado y tener miedo de que se te acercaran. O es que el era un europeo raro, o sus compatriotas exageraban. Años locos, años del jazz. Y eso era lo que buscaba, CALIDEZ. Con letras mayúsculas, algo que le proporcionará alma y cuerpo a su música. Fue niño cantor en Viena, capital de la música, de hecho nació el día de Santa Celia, patrona de ese noble arte. Tocó a Morzat, Schubert y Strauss...quienes eran los orgullos locales. Practico hasta el cansancio, hasta llegar a ser el mejor violinista, pero eso no le bastaba. Una llama surgía de sus venas, busco en otros instrumentos, otros compositores, otros países cerca del suyo... Y no se sentía pleno. Fue por casualidad, tocando de Lisboa con la orquesta que lo supo. Los invitaron a una velada, y en un rincon oscuro escucho una tonada amorosa, llena de ritmo y vida...
Brook se perdía en esos recuerdos, al doblar una esquina tuvo que frenar en seco. Alguien caminaba en medio de la calle, parecía extraviado. Cuando lo alumbró se llevó un tremendo susto: ¡sus ojos! ¡los ojos reflejaron la luz! ¡como si estuviera poseído! Grito, pero el sujeto no parecía haberse percatado de su presencia. Espero un momento, o por lo menos hasta que su corazón se tranquilizó. Sólo era un turista que se había aventurado a deshoras. Aquel tipo lo miro repentinamente. No hablo, se quedó clavado en su lugar. Brook le hizo ver que lo había asustado. Fue entonces, que se dio cuenta que no lo miraba a los ojos, sino a su pelo ¡cosa curiosa!
Se aparcó a su lado, el individuo pareció cobrar conciencia de la realidad:
-Estoy perdido- dijo sin más. Hablaba perfectamente alemán. Sin acentos, limpio, como si hubiese vivido mucho tiempo en Austria. Ya que hay mucha diferencia entre el alemán austriaco y el otro de cuyo lugar era mejor no mencionar.
-¿Nuevo en la ciudad?- a Brook le empezaba a incomodar que no lo mirará a los ojos. Sin embargo, asintió ante su interrogante.
-Me alojó en el hotel Stefanie ¿ lo conoce? Esta en el centro.
-¡Yohohoho! ¡si que está algo lejos de su destino!- espero que dijese algo, pero no fue así. Seguía empecinado en mirarle el cabello. Brook suspiro ¡Que hacer! De seguro era un fetichista de cabello. Aunque, a primera vista, no parecía muy peligroso.
-si esta en el centro, será fácil dar con el- Brook le dio el casco- ¡sube! ¡te llevaré!.
El extraño aceptó, subió a la moto, y se ajustó el casco.
-A todo esto ¿como te llamas?- Brook encendió el motor para arrancar.
-Ford- le dijo- Ford Lindbergh.
-¡Puedes llamarme Brook!
Ambos se perdieron en la noche con un rumbo fijo.
Corto, pero preciso... Quiero agradecer a Takka, sólo por ti es que lo he publicado en esta plataforma, aunque se me dificulta un poco. Los palabras fueron bálsamo en una situación insostenible, gracias de corazón.
