Esta historia está basada en la obra de Eichiro Oda. Los personajes le pertenecen y algunos son inspirados en ellos.
CAPÍTULO CUATRO
RISA AMARGA
No se lo esperaba...la última vez que un imbécil trato interrumpirlo lo pagó muy caro. Siempre había hecho lo que se le pegaba en gana, papá y mamá nunca estaban. Se dividían como buen equipo: uno en los negocios y otro en los ámbitos sociales. Él pasaba largas temporadas solo ... El servicio hacía lo que mejor sabía hacer: ignorarlo. Alguna vez su abuela lo visitaba, y le traía todas la chucherías que el médico le prohibió ¡por eso le agradaba! Le cumplía hasta el más mínimo capricho. El día que le dijeron en la escuela que el sol era el centro del universo, el gritó que no era cierto. Cuando le cuestionaron porque había alzado la voz tan abruptamente, no les contestó. ¿Que sabían ellos? Ellos no tenían un ser que los idolatrara hasta besar el rastro de polvo que sus costosos mocasines dejaban.
Eso fue hasta el día que llegó Noland Mont Blanc a sus vidaquéll entonces si, se quedó completamente solo. La servidumbre nunca contaba ¿que eran? Sólo seres muertos de hambre inferiores desempeñándose en un trabajo para seguir vivos. Encontrar alguien eficiente, hoy en día, era difícil.
Les había dicho : " después de la función, asegúrense de que no haya nadie ni nada que me interrumpa..." ¿Que tan difícil era? ¿Y que fue lo que sucedió? Aquí viene un bichejo ( dizque armado) creyéndose superheroico ( ¡para colmo enano! ) Con pintas de momia del siglo pasado ¿quién se creía? ¡ nada más le faltaba el sombrero para parecer Bogart en CASABLANCA! Debía reconocer que los tenía bien puestos para ponerse en frente de él ¡las cosas que hace la gente ignorante!
-No se que eres lo que pretendes - le dijo - Pero, yo soy Henry Bellamy y nunca nadie me llama "malparido"...¡ a mi nadie me amenaza !
Tronó los dedos, acto seguido, sus guardias dejaron a un Iceburg maltrecho y desvanecido en el suelo. No podía hacer nada más que seguir esperando su turno. La chica, que se había refugiado tras las escaleras, al ver que lo soltaron corrió a su lado, apenas si podía cubrirse con los jirones de su ropa, pero no le importaba con tal de estar cerca de él y aprovechar la situación para huir. Descarto la idea ya que Iceburg ni siquiera podía ponerse en pie. Lo que más le extrañó fue que aún no se produjera algún disparo habiendo un arma de por medio ¿que esperaba? Y si algo la descolocó fue que un abrigo largo y negro cayó sobre sus hombros, vio una silueta ( casi una sombra) saltarlos y e ir tras los guaruras (quiénes ya apuntaba a Lind con sus respectivos revólveres ) y escucharle decir:
-¡Te dijo Mal nacido! ¡No malparido! ¡sordo!
Les lanzó una tapa de un cubo de la basura a modo de boomerang, la cual les dio certeramente en las cabezas, provocándoles una caída inesperada. Como sintió que eso no era suficiente ( sentimiento que corroboró al ver que se reincorporaban) les atestó sendas patadas a la mandíbula con sus largas piernas enfundadas en botas de piel con casquillo en las puntas: un auténtico knockout para ambos tipos. Por precaución, tomó las armas, buscó las corbatas, las anudo entrelazándolas de tal forma que fuese difícil desatarse ( ¡lástima! No usaban zapatos con cordón)
Como si todo hubiese transcurrido en cámara lenta, Henri Bellamy se vio de pronto superado en una situación en la que siempre salía ganador. Parpadeo varías veces para ver qué su vista no le engañaba. Nunca le había pasado algo así...la primera vez que le dio una lección a una mujer ¿como se llamaba...? ¿Mero o Ishilly? ¡daba igual! Nadie se atrevió a interferir. Se le pasó la mano, ya que la susodicha murió en el hospital por derramamiento de quien sabe que. No fue citado a declarar ¡claro! Su padrino era el alcalde de Niza en su recién estrenada época de adolescencia. Ni siquiera salió la nota en periódico alguno ¡y eso que hubo varios testigos!
¡ Y era tan normal! La abuela no le reprochó nada cuando "accidentalmente" disparo con el rifle de perdigones al perrito que ella y Norlan le habían escogido en su viaje a China. Una sirvienta lo había distraído ¡lo juró por mamá y papá! El pobre can se había atravesado... No faltó decir que le creyó, la sirvienta fue despedida y sin referencias. No hubo más mascotas, de una buena vez se supo que el era el único foco de atención... Aquella sirvienta se había atrevido a consolar al cachorro cuando el lo pateó hasta el cansancio; lo seco y mimó cuando lo había dejado afuera, a propósito, cuando caía una torrencial lluvia; todavía, la muy engreída le curó las heridas cuándo lo azotó con un látigo que había encontrado en uno de los cajones secretos de la cómoda de papá. Trataba a ese perro como si fuese un bien preciado, como... Si fuese un hijo... ¡ y le dio tanta rabia! ¡hasta lloró de la misma! Empezó a sentir algo desconocido dentro suyo y no le gustó. De repente el quizo ser ese cachorro, ser tratado con dulzura ... Cada vez que el animal gemía, ella corría le hablaba despacio, con mimos y ternuras. Y el parecía agradecerle meneando la cola, bailando y brincando a su alrededor. Al abrazarlo le lamía la cara y ella reía alegremente, el cachorro sacaba la lengua y la movía enérgicamente: en ese instante ambos eran el cuadro perfecto de la felicidad ¿por qué no pasaba eso con el? Cuándo miraba a su alrededor estaba solo... Una vez vio a su madre llegar cargada de maletas de su viaje anual a Milán, corrió a abrazarla y darle la bienvenida. Se veia fabulosa, bella y luminosa, pero ella lo paró en seco.
-No, Henri. Estoy usando un Dior exclusivo. Tuve que llegar arreglada. Me pilló de último momento la recepción que se le hará Trisha Blumer esta tarde a la princesa de Monaco... ¿como se llama? ¡ah! ¡ya se me olvidó! ¡Martha! ¡ven! ¡ tengo que ordenar mi equipaje!
De su casa salían Martha, el ama de llaves, y un batallón para llevar y ordenar todo lo que la señora había traído. Comenzó a dar detalles de lo que había vivido fuera de casa... En todo momento fue trafrancémelodiosa-cifuese una maceta mas del patio, un mueble más del recibidor... Lo único por lo que se interesó fue saber cómo iba en sus clases de piano. Martha le tuvo que recordar que el ya no tomaba esas clases. El padre había preferido que practicase tennis en el club todas las tardes. Y entonces ¿por que seguía parado junto ella? Martha le explicó que había pescado un resfriado debido a que estaba en el jardín, hasta altas horas, llorando por la muerte de su mascota. Su madre sólo suspiro, en su opinión el se veia perfecto, tenía que aprender a superar las cosas. Lo único bueno es que después del verano el sería inscrito en el Eton College de Londres. Martha le recordó que eso sería hasta los trece, que el apenas tenía diez...
¡Y de nuevo esa maldita sensación! lo irónico era que LA SENSACIÓN nunca lo abandonaba. Ahora estaba en desventaja frente a dos tipejos que lo miraban feo.
-¡Ustedes no saben quién soy! - gritó temiendo oírse desesperado.¡ joder! Estaba sudando pese a lo helado de la madrugada.
-¡Lo sabemos! ¡ niñito tarado! ¡Tu mismo lo dijiste! ¡ Henri Bellamy! - respondió Brook, quien ya se había ubicado al lado de Lind. Dejando ver la enorme diferencia de estaturas.
-¿ Y eso no te dice nada, baboso? ¡ es más! - se sintió envalentonado- haré de cuenta que no pasó nada, con la condición de que se vayan y no hablen de lo que vieron ¡ les daré lo que pidan! ¿ que dicen? ¡soy muy generoso! ¡negociemos!
-¡ ni de coña! ¡ reverenda mierda!- Lind se guardó la pistola- no voy ignorar lo que mis ojos han visto, lo que quisiste hacerle a esa pareja no tiene nombre.
-¡lo tiene! ¡idiota! - empezó a reír de una forma frenética, lo cual hizo que enojara más a Lind y Brook. - Se llama hacer Mi soberana gana... Se que inferiores como ustedes no lo entienden. Soy un conde francés, de rancia alcurnia. Un ser privilegiado...¡larguense ahora! De lo contrario yo usaré mis influencias en este país para...
No alcanzó a terminar, Lind se le abalanzó y le propinó un gancho al hígado, el cual le saco todo el aire e hizo que se arrodillará. Una vez a su altura, lo remató con un derechazo en la boca, Bellamy terminó en el suelo con unos cuantos dientes menos.
-Me temo que su joven alteza se pasó por el arco del triunfo la historia de la Revolución francesa.¡ ja! Por eso a mi hijo lo eduque en casa.
Brook se sorprendió ¿que edad tenía Lind? ¡no parecía tan viejo! ¡ era padre! Mientras Brook hacia cálculos mentales. Lind esculcaba el abrigo y demás bolsillos del aristócrata. Le encontró una navaja, con la cual supuso rompió las ropas de la chica. Se quedó un rato meditando, lo tomo por los pies y comenzó a arrastrarlo con intención de llevarlo hasta donde estaba la pareja.
-Oi, dejame ayudarte - Brook tomo una pierna y así ambos lo llevaron.
Iceburg logró ponerse de pie gracias a la ayuda de su chica. La cual ya se había abrochado el abrigo que Brook le había prestado.
-¡no saben cuán agradecido estoy por lo que hicieron!- balbuceó el muchacho. La chica lloraba, pero ya no de desesperación. Su mirada era de admiración hacia ellos .
-No tienes nada que agradecer- le dijo Lind- fue que abuse de la nobleza de este hombre que llegué aquí.
-¡ Yohoooo! ¡tampoco es para tanto! - Brook se sonrojó- tu fuiste el que arrancó como poseso, casi tirandome en el trayecto.
-¡Oh! ¡siento eso! Entenderás que tenía prisa.
La pareja se miró extrañada, no comprendían a sus benefactores... Mucho menos lo que el mink empezó a hacer con Bellamy: empezó a cortarle la ropa con la navaja.
-Oí ¿que haces?- Brook también se extraño por lo que veía.
-Dándole una probada de su propio chocolate a este criajo engreído.
-¿Queeeeeeeeee? - grito escandalizado Brook- ¡ no me digas que tu...!
-¡ Nada de lo que te imaginas! Tengo malos gustos pero no malos ratos. - exclamó sin que se oyera enojado - sólo quiero que sienta lo que es quedar desnudo y desprotegido en un callejón vacío y oscuro . Y si me ayudas más rápido terminaré.
-¿no sería mejor si llamamos a la policía?- inquirió el rockero.
-Sería inutil- respondió la chica, aunque ronca, su voz era suave y melodiosa - como ya lo dijo, tiene influencias. Ya lo ha hecho antes, sólo le darán carpetazo y lo remitirán a la justicia francesa ¡ y ahí sí que no se podría hacer algo! - agacho su cabeza de forma desconsolada. Pese al dolor, Iceburg la abrazo brindándole su apoyo.
-Es como Gilles de Rais...¡ bueno! ¡ya terminé!- Lind sacudió sus manos.
No supieron como lo había hecho... No daban crédito a que, mientras hablaban, el mink lo había amarrado ( con trozos de su costoso traje Prada confeccionado a la medida) de la puerta trasera de la Ópera Nacional de Viena. Completamente desnudo, a sus 18 años, Henri Bellami pasaría una gélida noche, sin bailar siquiera un vals, emulando una vieja obra de Da Vinci.
Con lo que quedó de su abrigo ( de marca Sir of Sweden, desconocida hasta entonces) ataron de manos y pies a los guardias.
-Me dan lastima,- expresó Brook - ellos sólo hacen lo que el les manda.
-"Sólo cumplimos órdenes" - contestó Lind - es la excusa que todos lo criminales de guerra han usado para salir indemnes de sus juicios.
Debía admitir que tenía razón, pero el mink no le dio tiempo. Se dirigió a Iceburg.
-Bueno, muchacho, será mejor que te llevemos a un hospital, puede que tengas una o dos costillas rotas ¡amen! De algún derrame que tengamos que lamentar.
-Pero, si lo hacemos van a preguntar qué pasó ¿que diremos? No podemos relatarlo - protestó Iceburg- no quiero meterla en problemas. Pese a lo que han hecho hoy el va a buscar revancha.
-¡Primero estas tu!- respondió sereno Lind - diremos que te caíste de la motocicleta de Brook,- al mencionado casi se le cae la mandíbula- también tendrán que revisarla a ella, puede que tenga una herida, además lo que pasó no es fácil.
-¡por mi no debe preocuparse! - respondió resueltamente ella- no es mi primer rodeo ¿sabe? Mmmm ...¿cual es su nombre?
-Puedes llamarme Lind, el de allá es Brook.- lo señalo, este sólo asintió.
-Soy Corisande Vismoke, y el es Iceburg, mi prometido. Estamos en completa deuda con ustedes.
-Anotalo en el hielo, querida. Atendamos las heridas, luego veremos que hacer ¿traen auto?
-Si, no está más que a dos manzanas de aquí.
-Perfecto. Brook ve con ellos. No me late nada bien que siendo esta una ciudad segura, no haya ningún agente de seguridad aqui.
-Yo también lo noto raro- Brook se rascó su cabello - ¿ crees que el ya había premeditado este crimen y haya sobornado a las autoridades?
-No lo dudo ni tantito - metió la mano en su bolsillo y saco el reloj - creo que esto te pertenece, querida. - se lo extendió a Corisande. Sus ojos mostraron una sorpresa enorme.
-¿ de donde lo saco? ¡mira Icy! ¡ el reloj que me regalaste! ¡ apareció!
-¡es cierto! - el también estaba asombrado- después de la recepción en la embajada de Francia, ya lo dábamos por perdido...pero ¿como?- ambos lo miraron con desazón.
-Eso se los explicó después - hizo seña de irse por el lado contrario.
-¿a donde vas?- inquirió Brook- quien ya ayudaba a Corisande a sostener a Iceburg.
-Voy por la motocicleta. Vete con ellos en el coche. Será mejor movernos rápido, antes de que alguien nos pesque.
-Vamos al Hospital Estatal - señalo Brook a los muchachos - emergencias atiende todavía ¿ oíste Lind?
- no voy a perderme, Brook. No ahora que tengo tu rastro.
Brook no entendió, pero confío en que los seguiría, además tenía muchas cosas que explicar. Y por lo poco que conocía no los dejaría así como así.
Cuando los vio cruzar la esquina, Lind se dirigió hacia el aún inconsciente Bellamy. Sacó una vez más la navaja, esta brilló, como los ojos de Lind.
-Más te vale que prestes atención al mensaje que voy a dejarte, niñato despreciable...
