—¡Que mono!
El grupo de chicas rodeaba al joven en medio de un coro de risas y comentarios de todo tipo. Sentado en un sillón de terciopelo rojo, completamente rodeado de mujeres de todo tipo pero principalmente con poquísima ropa, estaba un joven cuyo aspecto contrarrestaba por completo con el ambiente del Prostíbulo en el que se encontraba. Era un chico flaco, de cabellos tan rubios que parecian blancos, su piel pálida también resaltaba contra los tonos bronceados de las profesionales del placer que se habian reunido a su alrededor al notar su entrada al establecimiento.
—¡Es tán lindo! —exclamó una de las chicas mirando al nervioso joven, quien parecía estar acurrucado en el sillón sin poder moverse. A su alrededor una multitud de enormes pechos de todos los tamaños y colores se movían libremente y amenazaban con golpearlo de un momento a otro. Afortunadamente una mujer de unos cincuenta años, elegantemente vestida y con muchas joyas encima llegó pronto al rescate del joven.
—Señoritas, señoritas… ¿Que sucede? ¿Por qué tanta conmoción? —preguntó.
Las chicas se abrieron de inmediato para dejarle paso y que pudiera ver al nuevo cliente recién llegado.
—Es… es un niño. —exclamó la mujer mirando asombrada al joven. —¿Qué hace este mocoso aquí? ¡Llevenlo de inmediato a la salida!
El joven se aclaró la garganta y pareció tomar un poco de coraje. —No soy… hum… no soy un niño. —dijo tímidamente.
La mujer se cruzó de brazos y lo miró detenidamente. —Muéstrame tu Identificación. —exigió.
El joven sacó su tarjeta ID de uno de los bolsillos y se la alcanzó a la mujer, quien la acercó a un PAD personal y tras checkear la pantalla hizo chasquear su lengua. —Por las tetas de Afrodita… realmente tiene 18 años recién cumplidos. —exclamó asombrada.
Los murmullos de optimismo volvieron a escucharse por todo el salón. Al parecer las chicas estaban encantadas de que el chico fuera un cliente válido.
La mujer devolvió la tarjeta al joven pero no hizo ningún ademán de retirarse, en cambio permaneció de pié allí mismo examinando a la persona que tenía delante. —¿Y bien? —preguntó al cabo de un rato. —¿Con cual de mis chicas quieres pasar el rato? —pregunto.
Las mujeres soltaron un coro de gritos de alegría —¡Eligeme a mi! —gritó una joven asiática con traje de conejita. —¡Siempre quise tener un hermanito!
—Lo que este chico necesita son un buen par de estas. —exclamó otra de las chicas tomando sus voluminosos pechos mientras los subía y bajaba enseñando su elasticidad. —Nada mejor que unas buenas tetas como su primer experiencia… ¿No lo creen?
Las voces y el griterío continuaron en aumento mientras el chico se acurrucaba en el sillón cada vez más, entonces la mujer a cargo tuvo suficiente.
—Bueno, bueno, dejen respirar al pobre chico… ¿Así que va a ser tu primera vez? Bien… elige a una de mis chicas entonces, o todos nos vamos a volver viejos viéndote ahí sentado.
El chico levantó la cabeza y miró una por una a las chicas que lo rodeaban, entonces levantó la mano y señaló a una de ellas con el dedo.
—Ella…. por favor.
La persona que había señalado era una mujer de veintinueve años, de cabellos castaños y llamativamente alta, definitivamente la chica de mayor estatura de todo el grupo de profesionales que se encontraban en el salón. Vestia un deshabillé de seda casi transparente y alrededor de su cuello tenia una especie de boa de plumas de color rojo.
—Vaya… así que te gustan maduras. —exclamó desilusionada la chica de los grandes pechos. —Supongo que... está bien para tu primera experiencia.
Una vez que el joven se hubiese decidido las demás chicas se alejaron decepcionadas. No había demasiada clientela en el salón y la mayoría de ellas volvió a los enormes sofás de terciopelo a recostarse en pequeños grupos de a dos y tres mientras se abanicaban con elaborados abanicos de plumas exóticas. La siguiente en retirarse fué la "Madame" del Salón quien volvió a su escritorio para continuar bebiendo su Martini. El joven y la mujer que había escogido quedaron solos en ese sector del establecimiento.
La mujer suspiró y miró al chico con detenimiento. —¿Quieres ir subiendo a la habitación? ¿O prefieres tomar algo antes? —preguntó.
El chico asintió con la cabeza y se levantó del sillón. La mujer observó que llevaba una pequeña mochila en bandolera como si hubiese vuelto de trabajar. ¿Tal vez era un oficinista? Volvió a suspirar y lo tomó de la mano. —Ven. —dijo. —Sígueme.
Los dos cruzaron el salón atrayendo las miradas divertidas de las chicas e incluso una de ellas se atrevió a pellizcar el trasero del chico en cuanto pasaron junto a uno de los sofás. —¡Hey! —la amonestó la compañera del chico. —Es mi cliente ¡Las manos fuera!
—Procura darle una buena impresión. —exclamó una joven de tez negra como el ébano con una sonrisa que resaltaba el inmaculado color blanco de su dentadura. —Si se vuelve un cliente recurrente podremos disfrutarlo todas.
Abandonaron el salón y subieron por las escaleras de mármol blanco que conducían al piso superior, donde un pasillo los condujo hasta una serie de habitaciones destinadas al desempeño de las actividades más privadas del establecimiento.
La pareja entró a una de las habitaciones y el joven miró con nerviosismo la enorme cama que ocupaba el centro de la habitación mientras la mujer se quitó la boa de plumas y la colgó en el respaldo de una de las sillas. —¿Y bien? —preguntó cruzándose de brazos..—¿Vas a quitarte la ropa o que?
El chico tragó saliva. —Vengo… vengo por… por lo de…
—¿Que? Habla más fuerte chico, no se te escucha nada.
—Vengo por… la.. la muñequita… de…. de Minmay. —dijo el chico casi entre susurros.
La mujer sonrió y acercó aún más al nervioso joven. —¿Así que tu eres el Hacker? —preguntó. —¿Solo un mocoso?
La mirada del joven se llenó de furia. —Yo no soy…
—Se lo que eres. —respondió la mujer. —Y también se lo que haz venido a buscar. —dijo mientras se sentaba en la cama. —Ya me estaba cansando de llevar esa cosa de plumas alrededor del cuello para que supieses quien era, realmente pensaba que no ibas a venir… ¿Como te llamas?
—Neo. —respondió el chico.
—Por supuesto. —dijo con una sonrisa. —Típico nombre de Hacker… ah por cierto, yo me llamo Margarita… si, no es necesario que digas nada, sé muy bien lo que estás pensando; "También es un nombre típico de puta".
Neo desvió la mirada incómodo. —No es verdad… es… es un lindo nombre.
—Claro que lo es… en fin Neo… supongo que quieres esto. ¿Verdad? —preguntó la joven introduciendo su mano entre sus pechos. El joven hacker abrió los ojos de par en par cuando vió el pequeño dispositivo de almacenamiento tipo FLASH que la mujer había sacado de aquel sitio. —¿Eso es…?
—Las claves que te prometí. —respondió Margarita. —¿Las quieres?
El joven tragó saliva. —Si… si las quiero. —dijo avanzando en dirección a la cama mientras extendía la mano para tomar aquello que tanto deseaba, pero la mujer levantó una pierna y apoyando su pié en el pecho del joven lo apartó sin dificultad. —Entonces tienes que hacer algo más por mi. —dijo mientras se relamía con placer.
—Pero… ya he pagado lo que…
—Lo que quiero es otra cosa. —respondió la mujer abriendo sus piernas. (Y en ese momento Neo observó que no llevaba ropa interior debajo del camisón)
Sin decir otra palabra mas, Margarita tomó el dispositivo de memoria y lo introdujo entre sus partes íntimas con un suave movimiento. —Ah…. bueno, aqui lo tienes… pero sólo puedes utilizar tu lengua para sacarlo ¿Vale?
—Mi… ¿Mi lengua?
—Y no hagas trampa. —exigió la mujer mientras se reclinaba. —O te quedarás sin nada esta noche.
Neo dudó unos segundos, pero necesitaba esos datos… estaba desesperado por ellos ademas… ¿Que tan difícil podía ser? Se acercó a la cama nuevamente y se puso de rodillas. Margarita tenía sus piernas abiertas por completo y su entrepierna húmeda era perfectamente visible, como una puerta abierta a un mundo que Neo desconocia en persona y que solo había explorado por medio de fotografías y videos.
—Aprisa chico, no tengo toda la noche.
El joven se acercó y olfateó el perfume de la mujer. Había un aroma punzante por debajo de la embriagadora fragancia, algo que no podía describir con palabras. Se acercó aún mas, fascinado con lo que estaba viendo y sintió el calor y la humedad que emanaban de allí. Margarita sintió la respiración del joven en su sexo y decidió darle un último empujón; tomó la cabeza del chico entre sus manos y lo atrajo de un tirón.
El rostro de Neo quedó sumergido entre las piernas de Margarita y por un momento temió sofocarse. Pero la mujer era una experta y mantuvo la cabeza del joven sin presionarlo, solo para guiarlo en su primera experiencia. Por un momento pensó que el chico estaba paralizado de terror, pero entonces sintió el movimiento de su lengua allí abajo.
—¡Oh! —exclamó al sentir los primeros movimientos del chico. —Muy bien… asi… vas muy bien.
Neo comenzó a buscar con la lengua tratando de encontrar aquel dispositivo y se sorprendió no encontrarlo en su primer intento.. ¿Qué tan profundo podía estar? Empujó su rostro un poco mas y trato de extender su lengua lo mas que podía.
—Ohhh… si… siiii. —exclamó la mujer contorsionandose.
El rostro del joven estaba empapado en los fluidos de Margarita, pero no sentía nada con su lengua… continuó explorando cada milímetro de aquel lugar como un explorador que atraviesa una remota caverna sin luces ni equipo de exploración.
Margarita rodeó con sus piernas la espalda de Neo y lo atrajo aún más. El joven comprendió que estaba atrapado y al absoluto merced de la mujer. ¿Podría salir vivo de allí? Se sentía sin aire y el calor era terrible. Su corazón latía como si fuera a salirse del pecho.
—Ohhhh ohhhh. —gemía Margarita. —¡Mas… !¡Más profundo! ¡Casi lo tienes!
Con aquel último empujón Neo pudo sentir algo con su lengua. Abrió la boca lo mas que pudo y trató de succionar aquello con todas sus fuerzas.
—Ahhhhh
Margarita llegó al clímax y soltó al pobre Neo, quien cayó hacia atrás de espaldas mientras sostiene el dispositivo de datos FLASH con sus dientes.
—Eso fue… grandioso. —exclamó la mujer casi sin aliento. —Tienes unos pulmones increíbles Neo. —dijo.
El joven estaba empapado pero increíblemente extasiado por lo que acababa de hacer. Escupió el dispositivo en su mano y lo miró a la luz rojiza que proyectaban las lámparas de la habitación. —Lo tengo. —dijo.
Margarita se sentó en la cama y se arregló un poco el peinado. —Te lo has ganado. —dijo sonriente. —¿Y qué piensas hacer con eso, si se puede saber?
Neo se incorporó y tomó su mochila. Dentro había una pequeña computadora portátil que el joven llevó hasta la cama y sentándose junto a la mujer la encendió para que pudiera ver el contenido de la pantalla. —Estas claves son la última barrera que se interponen entre mi y la fama. —explicó el joven.
—¿Fama? —preguntó Margarita.
—Cuando eres un hacker, lo que necesitas es un gran acto para darte a conocer… algo grandioso. —dijo insertando el dispositivo de memoria en una de las ranuras de la PC. —Algo que te vuelva legendario.
—Ya… ya veo. —respondió confundida la mujer. —¿Y qué es exactamente lo que tienes planeado hacer?
—Esto. —dijo el joven presionando la tecla ENTER.
Un gráfico en tres dimensiones apareció en la pantalla y las formas eran inconfundibles.
—¿La SDF-1? —preguntó la mujer.
—Con estas claves que me diste puedo conectarme directamente a la sección de ingeniería de la nave. —explicó Neo. —Y voy a poder disparar el Cañón Principal.
—¿El cañón…?
El gráfico de la pantalla mostró como el enorme cañón de la fortaleza comenzaba a rotar en posición de disparo.
—Oye Neo… eso es…
—Descuida, solo voy a disparar "al aire", o mejor dicho al espacio…. no pienso destruir nada. —se justificó el chico.
La mujer no respondió y continuó observando mientras la terrible arma terminaba de posicionarse y la energía dimensional comenzaba a cargarse.
—Las caras de la tripulación del Puente de Mando en este momento deben ser épicas. —se rió el joven. —Pero para cuando reinicien el sistema de disparo y recuperen el control manual ya va a ser muy tarde... y mi nombre entrará en la historia.
Mientras tanto los indicadores comenzaron uno a uno a ponerse en verde. El cañón Dimensional estaba casi completamente cargado.
—Y ahora… mi momento de fama. —dijo Neo nervioso poniendo su dedo sobre la barra espaciadora. —3,2,1… ¡Fuego!
Apretó la tecla y la pantalla parpadeó un segundo. Todos los indicadores volvieron a cero de inmediato.
—¿Ya está? —preguntó Margarita desde la puerta del baño mientras se secaba el sudor con una toalla.
—Ya está. —respondió una voz de mujer junto a Neo. —La simulación está completada.
El chico sintió que se le helaba la sangre. Estaba tan excitado con su acto de Hackeo que no había sentido la presencia de la mujer que había ocupado el lugar de Margarita hacía solo unos momentos.
—¿Quien...?
La mujer de anteojos miraba atentamente la pantalla de la computadora. Tenía el cabello rubio recogido y un semblante duro, pero lo que más aterró al joven era el uniforme militar que llevaba puesto. Reconoció de inmediato las insignias del departamento de ingeniería de la SDF-1.
—Nunca me imaginé que utilizaran el protocolo de purgado del sistema de refrigeración para inyectar paquetes en la Red Interna de Ingenieria. —observó la mujer acariciandose la barbilla. —Por supuesto que a fin de cuentas tenemos una rutina de "olfateo" de paquetes sospechosos o fuera de lugar en nuestros sistemas, pero debo admitir que el punto de acceso que eligió fué uno que no me hubiese esperado —reconoció mientras revisaba los reportes de la computadora que el joven había utilizado para hackear la red de Ingeniería.
Neo se volvió hacia la mujer que lo miraba divertida desde la puerta del baño. —Me… ¿Me vendiste a los militares? —preguntó.
—Los militares son mis mejores clientes. —respondió Margarita. —Pero no, realmente no te vendí a nadie Neo, a decir verdad fué Sempai quien me pidió que te ofreciera esas claves, realmente fué idea de ella "pescarte" con esto.
—¿Sempai…? —preguntó el joven volviéndose hacia la mujer que tenia sentada al lado.
—Gina Bartrow es la jefa de Ingeniería de la SDF-1. —explicó Margarita. —Pero nos conocemos desde mucho antes que la ASS-cayera en La Tierra. —¿Verdad, Sempai? —preguntó con una sonrisa.
La mujer se acomodó los anteojos con la mano. —Ten cuidado con lo que dices, Margarita. —dijo. —Nuestro amigo el hacker Neo va a pensar que fuí yo la que te enseñe todo lo que sabes de las artes en la cama.
—Aún así, siempre serás Sempai para mi. —respondió la mujer encogiéndose de hombros.
Neo miró la pantalla y se sintió desfallecer. —Entonces… ¿Fué una simulación? —preguntó.
—Por supuesto… jamas dejaria que un mocoso dispare el cañón principal de esta nave. —respondió la mujer. —Tienes agallas para haber intentado algo así a pesar de las consecuencias, debo reconocerlo.
El joven tragó saliva. —van a…. ¿Van a denunciarme?
—¿Y a ti qué te parece? —preguntó la Jefe de Ingeniería.
Margarita se acercó al joven y Neo vió que tenía un par de esposas abiertas en una de sus manos. El joven suspiró y extendió las manos. —Lo intenté al menos. —dijo.
La mujer colocó las esposas en las manos del joven y las cerró con ambas manos. —Claro que lo intentaste. —dijo con dulzura. —Ahora debes asumir la responsabilidad de lo que haz hecho. —agregó guiñando un ojo. —Solo procura no gritar mucho o asustarás a los clientes de abajo… ¿Vale?
Neo miró a la joven sin comprender. —¿Que…? Entonces sintió que alguien le ponía un pie en la espalda y lo empujaba al suelo.
—¡Ouch! —exclamó. —¿Pero que…?
Se dió la vuelta en el piso y quedó boca arriba, entonces vió a la Jefa de Ingeniería Gina Bartrow de pié sobre él mientras sostenía en la mano algo que parecía ser una especie de puntero de esos que utilizan los profesores en las aulas.
—No lo lastime mucho, Sempai. —dijo Margarita encaminandose a la puerta.
La terrible Jefa de Ingeniería se volvió hacia su amiga.—Solo lo ablandaré un poco. —prometió la mujer mientras golpeaba el puntero contra su muslo repetidamente. —Si va a trabajar para mi, tiene que primero aprender a seguir órdenes.
—No podía esperar menos de mi Sempai.—dijo la joven con una sonrisa. —Diviertanse.
La puerta se cerró entonces y la noche de terror comenzó para Neo…. quien eventualmente se volvería un habitué de aquel salón de placer.
