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Nuevo comienzo
Chapter III
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La luz que se coló por la ventana despertó a Juvia. Sin ánimos se cambió de ropa, no era más que otro día común y corriente. El desayuno sería servido a las nueve, lo que le dejaba treinta minutos para ir a la sala de arte y relajarse dibujando o pintando.
La clínica de rehabilitación seguía una estructura en forma de U. Juvia salió de su cuarto ubicado en el ala derecha conocido también como sector A. Para llegar hasta la sala de arte debía ir al ala izquierda del edificio o sector B, el cual se dedicaba exclusivamente a la recreación a diferencia del A, donde únicamente estaban las habitaciones. La manera de rápida de llegar un extremo a otro era travesando el sector C, ahí se ubicaban las instalaciones médicas y sala de "aislación".
Juvia nunca antes vio que usarán en ese cuarto, creía que era un rumor para asustar a los problemáticos. La muchacha se detuvo al distinguir a un guardia fuera de la puerta, en ese momento llegó su relevo y pudo escuchar con claridad su conversación mientras pasaba por fuera.
—El chico gritó toda la noche, y yo que pensaba que me quedaría dormido en mi turno.
—Este trabajo es una mierda. Escuché que un idiota hará servicio comunitario aquí, como si no tuviéramos suficiente.
La joven Lockser pasó frente a ellos con paso acelerado, no tenía intenciones de cruzar palabras con nadie solo quitarse de la cabeza el paisaje con el que había soñado. Cuando por fin dio con su adorada sala de arte se percató de una cabeza rubia.
—¡Juvia! Te levantaste temprano esta mañana ¿Escuchaste los rumores sobre una tortura?
—Juvia no está segura que sea del todo cierto —respondió tomando un lienzo en blanco, aunque le parecía extraño que luego de que el tipo que intentó aventarle la silla a Mavis no volvió a aparecer en las terapias de grupo, sin mencionar que habían transcurrido dos días completos.
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Con tan solo dos días de ingreso sentía como si hubiese descendido al mismísimo infierno, no conseguía dormir, su cuerpo sufría temblores involuntarios. De momento empezaba a tolerar nuevamente la comida, pero al estar deshidratado le dieron suero "con sabores" que era peor que ingerir agua directa del inodoro.
—Gray tu medicina —dijo Mavis al entrar al cuarto donde tenían al muchacho—. Antes de que conozcas a los demás primero debes tomar una ducha.
La psiquiatra en compañía de un guardia, llevaron al joven a la que sería su nueva habitación para que tomase una muda de ropa, la que su madre había empacado para él. En el segundo piso del sector A estaban las duchas por lo que no tardaron demasiado en llegar a las instalaciones.
Al principio el agua de la regadera salió fría y lentamente fue calentándose. Miró el sobre de jabón líquido que le dio Mavis. Antes de desparramarlo por su cuerpo, pensó en todas las comodidades de su casa y por unos escasos segundo las extrañó como nunca antes en su vida. Por el momento tendría que conformarse y disfrutar de los escasos diez minutos que tenía para asearse.
Finalizada su ducha, se cambió de ropa y estaba listo para conocer al "grupo de dementes". El muchacho se sentía débil por el malestar general que ganó como consecuencia de la desintoxicación. A pesar de haber tomado una ducha con agua caliente su cuerpo no lograba conservar su calor y las enormes ojeras le daban un aspecto bastante deplorable, además sus ansias e irritabilidad le jugaban en contra, mientras más agresivo se mostrará más tiempo pasaría aislado.
De camino a la sección de comida se llevó la mano al pecho, lo había hecho incontables veces desde su llegada al centro de rehabilitación y en todas aquellas ocasiones su mano no encontraba el colgante, perdió su tesoro sin darse cuenta…
Levy había apartado un lugar en la mesa con sándwich de queso, juego de naranja, un vaso de agua y una manzana. No sabía mucho de nutrición, pero lo que era bastante obvio es que necesitaría algo ligero y líquidos luego de pasar por el síndrome de abstinencia.
—Buenos días —sonrió la interna al verlos entrar—. Gray este es tu desayuno, toma asiento por favor —la voz de la muchacha tembló al pronunciar la última palabra tras recordar el incidente de hace unos días.
Natsu quien ya había desayunado se acercó a saludar a Levy, no esperaba que ambas psiquiatras estuvieran pendientes de lo que hacía ese muchacho de cabello oscuro.
—¡Natsu! —saludo la estudiante, levantándose de su silla parándose junto a Dragneel— te presento a Gray Fullbuster —el heroinómano le dedicó una mirada que no se podía interpretar como amigable— Gray. Este es Natsu Dragneel.
—No me interesa —bufó el adicto, dándole una mordida a su sándwich.
—¿¡Qué dijiste!? —replicó el chico de cabellera rosa.
Las mujeres no se percataron de como los muchachos empezaron una discusión sin sentido, los ánimos se estaban calentando demasiado así que fue necesario que el mismísimo director tuviese que intervenir, su castigo: limpiar y ordenar la sala de arte.
Lucy se sorprendió al ver a Natsu realizando una actividad productiva, a diferencia de Juvia que no había levantado la vista del lienzo, la rubia se aterró con la mirada fría del nuevo chico.
Gray comenzó a sentirse ansioso con el aroma de oleo fresco, antes de ser el desastre actual en el que se convirtió solía estar en el club de arte de su escuela, había ganado algunos premios, pero decidió cambiar su único y posible talento a explotar por el alcohol y las drogas.
—¿Cómo te llamas? —preguntó Lucy al desconocido.
—Gray —contestó a secas. Caminado por sala y observando los lienzos.
Su vista se quedó en la chica que retocaba con blanco el brillo de las flores que pintaba. Juvia al sentirse observaba se dio media vuelta encontrándose con unos profundos y oscuros ojos azules. No pudo evitar sentirse atraída por esa mirada vacía tan similar a la suya.
Hola.
Espero que sea de su agrado. No se olviden de comentar :v
Saluditos Bye! n.n
