Hola amigos. Tenemos ya el primer capítulo de "El Conjuro Secreto" Esperamos sea de su agrado.

Yu-Gi-Oh: Le pertenece a Kazuki Takahashi.

Yu- Gi- Oh: El Conjuro Secreto: Capítulo 1: Egipto.

Despertó en medio de un calor insoportable. Lo último que recordaba era que el rompecabezas en su cuello había brillado con tal fuerza que le había asustado. Vio a su niña tomar el objeto y tratar de quitárselo mientras su esposa, corría tratando de darle alcance a su hija. El brillo los había envuelto a los tres y… No sabía donde estaba. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver a su familia inconsciente en la arena.

-¡Rebecca! Sacudió suavemente a su esposa mientras ella despertaba por el contacto.

-¡Yugi! Ella lo abrazó al instante y escondió su cabeza en su pecho mientras se sentía más calmada al ver que él estaba bien.

-¿Mamá? ¿Papá? -Susurró una voz débilmente mientras se sentaba en la arena- ¿Qué fue lo que pasó?

Yugi y Rebecca se vieron mutuamente. No sabían que responderle a su hija. Además no tenían idea en qué lugar podrían estar. Estaban en un desierto, eso era seguro pero en Ciudad Domino no habían desiertos ni nada parecido, además a las salas virtuales de Kaiba, pero el calor que se sentía era demasiado real como para ser solo hologramas virtuales. Lo único que podían hacer era caminar y poder encontrar algo o alguien que les dijera donde podían estar.

Caminaron un par de horas en silencio, horas que les parecieron meses en realidad. Yuriko sentía un pequeño peso encima de su estómago, al principio creyó que era hambre lo que tenía, hasta que colocó su mano sobre el mismo. Lo que sintió fue algo triangular. Ella tenía el rompecabezas del milenio colgado encima de su cuello y el mismo era el que le estaba haciendo ese peso en el estómago.

-¡Aaaaa! Gritó sin pensar que asustaría a sus padres en el acto.

-¿Qué pasa Yuriko? Exclamó alarmado Yugi, rápidamente pensó que a su hija la había picado algún animal del desierto.

-¡Papá! ¡Mira lo que tengo puesto encima! ¿En qué momento esto pasó a estar conmigo, sí estaba contigo?- Dijo ella sin dejar de mirar fijamente a su padre.

-Mi amor. No tienes nada puesto encima. Respondió Rebecca, quién también se había alterado con su grito.

-Tu madre tiene razón. No tienes nada encima, mi pequeña. Yugi se sintió confundido. El no veía nada encima del cuello de su hija.

Yuriko se sintió asustada. ¿Acaso solo ella podía ver y sentir dicho objeto sobre sí misma? Prefirió no decir nada, tal vez el calor estaba haciendo estragos ya en su mente, por las horas, ya transcurridas. Finalmente pudieron ver lo que parecía ser una pequeña ciudad. Entraron y se sorprendieron al ver como vestían las personas. Túnicas y sandalias. Ellos eran los únicos que tenían una vestimenta completamente diferente al resto.

-Rebecca, Yuriko. Saben una vez me pasó esto hace muchos años. Dijo Yugi mientras seguían caminando entre las personas.

-¿De verdad? ¿Y como fue esa vez cariño? Respondió Rebecca observando a las personas alrededor.

-Sí, solo que esa vez, nadie nos podía ver. Lo más probable es que en esta ocasión sea lo mismo.

-Papá, a mí me parece que si nos pueden ver. Dijo Yuriko pero en su tono de voz se sentía su temor.

Las personas rodearon a la familia dejándolos atrapados en una multitud que los observaba estupefactos y con miedo al ser diferentes a ellos.

-¡Miren! ¡Ese hombre se parece al Faraón!

-¡Las mujeres que lo acompañan tienen la piel blanca!

-¡Qué prendas tan feas tienen!

-¡Deben de ser espías de los hititas!

-¿Hititas? Preguntó Yugi tanto a la multitud como a su propia familia.

-Papá, creo que estamos en problemas. -Dijo Yuriko preocupándose aún más- Los hititas eran enemigos del Imperio del Antiguo Egipto.

Yugi se estremeció con las palabras de su hija, sí de verdad estaban en el Antiguo Egipto, estaban metidos en un grave problema. Se colocó enfrente de su familia en forma protectora, sí la multitud iba a atacarlos, el no permitiría que le pusieran una mano encima a su esposa y a su hija. Rebecca por su parte abrazó a su hija con fuerza, ella también estaba dispuesta a todo para no permitir que algo le pasara a ella. Yuriko sentía miedo y temor, por un momento sintió ganas de llorar, pero tenía que ser fuerte y si era necesario pelear al lado de sus padres, lo haría sin pensarlo. Ella tampoco permitiría que algo dañara a sus progenitores.

-¡Alto en el nombre del Faraón! Gritó un hombre que sobresalió en la multitud, por la forma en la que estaba vestido, entendieron rápidamente que pertenecía a la escolta real del Faraón.

La multitud dejó de gritar y se hicieron para atrás.

-¿Qué pasa aquí? Preguntó otro de los escoltas reales.

-Encontramos a estos extraños en nuestro Pueblo. -Respondió un hombre de avanzada edad- Visten de forma muy extraña, tienen piel blanca y uno de ellos, se parece al Faraón. Creemos que son espías del Pueblo Hitita.

El Escolta observó a la familia, cuando vio a Yugi se sorprendió al ver su extraordinario parecido. El resto de los escoltas se acercaron y con lanzas amenazaron a la familia.

-¡Quedan arrestados en el nombre del Faraón!

-¿Bajo qué delito? ¡No hemos hecho nada! Respondió Rebecca mientras tenía una lanza muy cerca de su rostro.

-¡Sus delitos son intento de usurpación del trono, por parte de este hombre y el de ustedes mujeres, espionaje! ¡Amarren sus manos! Tenemos que llevarlos ante los Sacerdotes del faraón para que sean juzgados y castigados.

Antes de que pudieran reaccionar, ya tenían sus manos amarradas hacia atrás y se encontraban caminando detrás de los escoltas, mientras otros los amenazaban con las lanzas para que caminaran más rápido. Sí no podían mostrar su inocencia podrían ser ejecutados en el acto. Grandes multitudes los observaban mientras eran guiados hacia el Palacio Real.

A pesar de estar asustada, Yuriko veía todo con una emoción que desbordaba en su piel. Sus bisabuelos le habían contado sus expediciones, pero muy diferente era leer un libro basado en hipótesis de lo que creías que había pasado, a estar directamente en ese lugar. Y los escoltas tenían la razón al ver sus pieles y desconfiar. Todos tenían la piel bronceada y eran morenos en su totalidad. Mientras que ellos tenían la piel blanca como la leche, su mamá tenía el cabello rubio, dorado como el sol, y su padre y ella tenían tres colores en el mismo: negro, fucsia y rubio. Las cuerdas fuertemente amarradas en sus manos, empezaban a doler. Ya estaban cerca del Palacio del Faraón. Antes de que pudieran ingresar, vieron como los guardias hablaban con la escolta real, y les permitían pasar.

Al entrar a la sala, encontraron más escoltas. El que los había llevado se dirigió a un hombre de avanzada edad, medía aproximadamente 1.53 cm de estatura, tenía puesta una túnica blanca, un manto azul atravesaba desde sus hombros hasta su pecho que formaba una especie de capa en color azul. Su cabello era gris y sobresalían algunos mechones del mismo, tenía un turbante de color azul, con el ojo de Horus en el centro y algo que parecía una serpiente, se podía notar que los artefactos eran de oro. Sus ojos eran morados y su rostro estaba tapado con una pequeña mantilla de color azul.

-Visir, Shimon Muran, en usted es el único en quién podemos confiar esta situación. No queremos alarmar al Faraón.

-¿Qué está pasando? Respondió el visir mientras se acercaba al escolta.

-En el pueblo, encontramos a estos extraños, por favor no vaya a asustarse, véalos. Aseguró mientras Shimon se acercaba a los tres prisioneros frente a él.

Shimon jadeó fuertemente cuando vio a Yugi, era idéntico a su Rey, con la diferencia de que el hombre frente a él, era bastante mayor, era un adulto y su piel era pálida y sus ojos eran más grandes y expresivos que los del Faraón. Al mirar a las mujeres ellas tenían la piel pálida, una era rubia y la otra tenía tres tipos de colores en su cabello, ambas tenían los ojos verdes cual esmeraldas.

-¿De donde salieron estas personas? Preguntó finalmente cuando recobró la compostura .

-No lo sabemos visir. Creemos que las mujeres son espías de los hititas y el hombre al parecer quiere suplantar al Faraón. Aparecieron esta mañana en el Pueblo y una multitud los rodeaba cuando llegamos.

-Muy bien, dejen esta situación en mis manos. Llamen a los Sacerdotes. Iniciaremos el juicio antes de que el Faraón, vuelva de sus asuntos reales.

-Sí, Visir. El Escolta salió de la habitación pero dio señales de que hincaran a los prisioneros en el suelo.

Shimon estaba pensativo, por un momento olvidó que tenía tres prisioneros frente a él y se quitó la mantilla dejando al descubierto su rostro. Ahora fue el turno de Yugi y Yuriko jadear con fuerza.

-Se parece a mi abuelito Solomon. Dijo Yugi sorprendido, desde la muerte del abuelo, el había echo lo posible de guardar sus sentimientos al respecto.

-Sí, es tan parecido al abuelo, es verdad. Respondió Yuriko viendo dulcemente a Shimon.

-¡No soy ningún abuelo!- Alzó la voz con tanta fuerza que su grito se escuchó por todos los rincones del palacio- Soy el Visir del reino y en el pasado fui un poderoso Sacerdote.

-Claro, Señor Abuelo pero es que se parece tanto alguien... Que extrañamos mucho… Dijo ella suavemente sin dejar de verle con dulzura.

-¡Qué no soy tu abuelo, niña! ¡Mi nombre es Shimon Muran!

Una pequeña risa se escuchó en el lugar, pero no venía de ninguno de los tres prisioneros, ni del visir. Los Sacerdotes del Faraón ya estaban presentes en la sala y les había parecido graciosa la escena al ver a Shimon Muran peleando con dos de los prisioneros.

En ese momento la familia se tensó, pero el más preocupado fue Yugi, al reconocer a 6 de los 7 "Artículos del Milenio" 6 imponentes figuras estaban frente a ellos.

De los seis, el más grande del grupo parecía ser un hombre de avanzada edad, su cuerpo completo estaba cubierto por una túnica blanca de pies a cabeza. Su cabello era gris y sus ojos marrones, tenía un ojo de Horus sobrepuesto en su ojo derecho.

Al lado de él estaba parado una mujer, ella tenía un collar con el mismo ojo a la altura de su cuello, su vestido era largo y blanco, tenía un cinturón de oro, dos alhajas bañadas de lapislázuli, en su escote llevaba un collar dorado y su cabeza estaba cubierta por una mantilla y una especie de adorno en su cabeza el cual tenía un ave en el centro. Sus ojos eran azul claro.

El más serio del grupo, estaba viendo a la familia que estaba hincada en el centro. Tenía un cetro de oro en sus manos y cruzó los brazos en su pecho. Igualmente tenía una túnica blanca con azul, un cinturón de oro, en medio de su pecho tenía un signo Ankh y tenía un turbante azul en su cabeza con unas serpientes adornando el mismo. Sus ojos azules brillaron con confusión al ver que el hombre se parecía a su Rey.

Otro de los sacerdotes tenía su cuerpo completamente cubierto de pies a cabeza. Su túnica era blanca y lo que más sobresalía de él era una especie de llave que tenía en sus manos. Y su mirada fría de color azul oscuro.

Otro de los sacerdotes tenía el cabello oscuro y en sus manos portaba una especie de balanza, era el único que llevaba casi todo el pecho descubierto, de la cintura hacia abajo tenía una túnica blanca y sus ojos eran verdes.

El último de los sacerdotes llamó instantáneamente la atención de Yuriko. Le parecía profundamente familiar a pesar de que era la primera vez que lo veía. Tenía de igual manera una túnica blanca que le cubría todo el cuerpo. En su cuello descansaba una especie de argolla gigante. Su cabello estaba cubierto por una manta y tenía un adorno de oro al igual que unas hombreras. Sus ojos eran de color celeste pálido. Este último se asemejaba demasiado al "Mago Oscuro"

-Maestro Shimon. Nos dijeron que tenías algo importante que mostrarnos. Dijo el hombre más serio empuñando con fuerza su cetro.

-Sí. Cómo pueden observar tenemos 3 prisioneros. Uno de ellos se parece al Faraón.

Los 6 vieron con detenimiento a Yugi y corroboraron lo que decía el Visir.

-¡Usurpador! Gritó el más anciano del grupo señalando a Yugi

-No soy un usurpador. No conozco a su Rey. Contestó Yugi suavemente sin alzar la voz.

-¡Silencio! Gritó la única mujer del grupo.

-¿De qué se le acusa a esas mujeres? Preguntó el Sacerdote que tenía la llave en sus manos.

-De espionaje. Parece que el pueblo Hitita las mandó. Respondió Shimon con cautela.

-¡Nosotros no somos Hititas! Exclamó Rebecca alzando la voz.

-¡Que guarden silencio hemos dicho! Repitió el Sacerdote que tenía el cetro en sus manos.

-Es la verdad Señores y Señora, no somos enemigos, no somos parte de los hititas. Estamos de paso en este lugar. Respondió Yuriko sin quitar su mirada del hombre que se parecía tanto al "Mago oscuro"

-No podemos confiar en desconocidos como ustedes. Dijo el hombre que tenía la balanza en su mano derecha.

-Debemos empezar con el juicio, antes de que el Faraón regrese. Dijo el Sacerdote parecido al Mago.

-Sí. De ser encontrados culpables, serán ejecutados. -Volvió a decir el Sacerdote más anciano- Empezaremos con el Usurpador. Ustedes dos quédense con el rostro al suelo.

Yuriko y Rebecca tuvieron que obedecer en el acto.

-Shada, usa la llave milenaria y lee lo que está dentro de la mente de este usurpador.

-Sí, maestro Aknadin.

Colocó la llave frente al rostro de Yugi, pero antes de que la llave pudiese adentrarse en su mente, un fuerte grito detuvo a todos en la habitación.

-¡Alto! La voz era fuerte y todos los sacerdotes voltearon en dirección de donde había venido la orden.

-¡Faraón! Regresó pronto de sus deberes reales. Respondió el hombre que tenía el cetro milenario en sus manos.

-¿Qué pasa aquí? Respondió el Faraón.

-Nada de que preocuparse mi Faraón, tenemos la situación bajo control. Respondió la única mujer del grupo.

El Faraón y el prisionero se vieron fijamente y ambos se reconocieron en el acto .

-¿Yugi?

-¿Faraón?

-Mi Faraón ¿Acaso usted conoce a este usurpador? Preguntó Aknadin sorprendido de la escena en cuestión.

-Es un amigo. Libérenle. Es una orden inmediata.

-Sí Faraón.

Le quitaron las cuerdas a Yugi quien rápidamente se levantó, ahora él era un poco más alto que Atem.

-Faraón. No vengo solo. Mi familia está aquí conmigo.

-Yugi. ¿vienes con el abuelo?

-No precisamente. En realidad son mi esposa y mi hija.

-Liberen a su familia. Ellas también están bajo mi protección. Respondió el Faraón.

El Sacerdote que se parecía al Mago Oscuro quitó primero las cuerdas en las manos de Rebecca. Ella se levantó y vio fijamente al Faraón, la última vez que ella lo había visto recordaba que él y Yugi compartían el mismo cuerpo, no habían terminado bien la última vez que se vieron, ella le había reclamado qué por su culpa, el sello de Oricalcos se había llevado el alma de Yugi. Se colocó al lado derecho de su esposo.

-Faraón. ¿Recuerdas a Rebecca? Ahora ella es mi esposa.

-Un gusto. Respondieron ambos al unísono. Realmente no tenían ganas de hablar entre ellos.

Finalmente el Sacerdote le quitó las cuerdas a Yuriko. Ella se levantó más lentamente que su madre. Muchas dudas rondaban por su cabeza, ¿Acaso él era el Faraón que había tenido esas aventuras con su padre? Cuando sus ojos verdes enfocaron bien al Faraón se quedó inmóvil, todo lo que habían dicho los aldeanos y los Sacerdotes era verdad, su padre y el Faraón se parecían mucho físicamente pero también eran distintos. El Faraón tenía una mirada fría y penetrante capaz de desnudar el alma en un solo instante. Su cabello era idéntico al de su padre, con la diferencia que el tenía tres mechones dorados hacia arriba. Tenía una túnica blanca, más corta que el resto de su corte, y tenía más artefactos de oro que todos juntos en la habitación. Tenía un cinturón, pulseras, una especie de aretes gigantes en forma de cruz, hombreras, una especie de collar y su corona de Rey tenía un ojo de Horus al centro. Poseía una capa azul que le llegaba desde los hombros hasta los pies. Tenía el rompecabezas del milenio colgado en su cuello y le llegaba cerca del estómago. Ella Caminó lentamente y se colocó a la izquierda de su padre.

-Faraón. Quiero presentarte a mi hija: Yuriko. Yuriko él es "El Faraón"

Violeta y verde se encontraron por primera vez. Ella lo miraba con curiosidad, con muchas dudas en su mente. Él con sorpresa. Ella era físicamente parecida a su madre pero sus expresiones y su cabello era como ver a Yugi joven otra vez. Pero algo llamó aún más fuerte la atención de Atem. Del cuello de ella hasta su estómago, ella tenía un rompecabezas, igual al suyo. Parecía que solo ellos dos estaban en ese momento en la habitación.

-¿Niña? ¿De dónde sacaste ese rompecabezas? Preguntó el Faraón a la chica mientras ella tocaba dicho artículo.

-¿Usted también puede verlo? Respondió ella, con lo que había pasado últimamente había olvidado que llevaba ese extraño artefacto en el cuello.

-¿A qué te refieres con eso?

-Mis padres no pueden verlo y aquí entre nos, creo que nadie más puede ver que yo tengo esto.

El Faraón tomó el rompecabezas en sus manos, aunque para todos los demás parecía que él estaba sosteniendo algo invisible. Luego miro a Yuriko directamente a los ojos y ambos se perdieron en el color intenso del otro.

-Faraón con el debido respeto que se merece. ¿Por qué tiene sus manos en el aire como si estuviera sosteniendo algo? Preguntó el hombre parecido al Mago. Sacando a ambos del trance en el que estaban hace un momento.

-Mahad. ¿Acaso no puedes ver lo que estoy sosteniendo? Preguntó El Faraón a su Sacerdote.

-No. En realidad usted no tiene nada en sus manos, Mi Rey.

¿Mahad? Con que ese era el nombre de ese Sacerdote parecido al mago oscuro. Cada vez más dudas quedaban en su mente conforme pasaban los segundos.

-Le dije que nadie más podía ver, lo que usted y yo estamos viendo, Faraón. Respondió Yuriko retirando de las manos del Faraón el segundo rompecabezas del milenio.

Uno es del pasado y otro pertenece al futuro.

-Se quedarán como invitados de honor, mi casa es su casa. Mahad, Isis, Seth, prepárenle habitaciones a nuestras visitas y proporcióneles prendas más cómodas. Dijo Atem mientras salía de la habitación, aún tenía deberes reales pendientes.

-Si, mi Faraón. Respondieron al unísono los tres mencionados.

-Señor Yugi, Señora Rebecca, síganme por favor. Dijo Isis llevándolos a una sala especial en el Palacio.

Los dos siguieron a la mujer. Yugi no quería provocar molestias, pero sabía que si volvían a poner un pie fuera del palacio, podrían ser atacados nuevamente. No quería poner en riesgo la vida de Rebecca y Yuriko. Las amaba con locura a las dos. Una es su compañera, la mujer con la que había decidido pasar el resto de su vida. Y la otra es el fruto de su amor. Su pequeña hija.

-Hija de Yugi, sígueme. Dijo Seth mientras le hacía señas a la chica para que le siguiera. Mahad iba en silencio detrás de ellos.

-Señor, mi nombre es Yuriko. Respondió ella sintiendo un pequeño malestar. ¿Acaso aquí tampoco podría quitarse el apodo que por tanto tiempo le ha hecho sentir insegura?

-Muy bien, Hija de Yugi, sígueme.

No tenía sentido pelear con este hombre, él la condujo hasta una habitación, la cual tenía una cama al centro de la misma. La habitación era de color verde con algunos tonos amarillos, al lado derecho había una especie de mesa pequeña. Habían pequeñas ventanas en los alrededores. Las mismas eran para ventilar la habitación, las noches eran muy calurosas por ser una área desértica.

-Niña, esta será tu habitación. La de tus padres está a cuatro puertas de la tuya. En un momento Isis te traerá ropa limpia. Me retiro.

-Gracias, Señor…

-Puedes llamarme Sacerdote Seth.

-Gracias Sacerdote Seth. Le dijo regalándole una pequeña sonrisa.

Yuriko se quedó sola en la habitación. Se sentó en la cama y pudo sentir la suavidad de las sábanas hechas de algodón. Se sentía más confundida conforme pasaban los minutos en silencio. Sus bisabuelos nunca le explicaron sobre que persona era el "Faraón", ella creía que era un tipo de apodo de algún amigo de su padre que al parecer era millonario. Pero frente a ella estuvo un verdadero Faraón, envuelto en oro y lino. Alguien que sobre todo era parecido a su padre. ¿O su padre se parecía al Faraón? Ya no sabía que pensar. Inconscientemente tocó su cuello y sintió de nuevo el extraño objeto. Recordaba que su padre había visto el objeto con sorpresa y había mencionado una tumba. Se quitó la cadena y dejó de un lado el rompecabezas. Caminó hacia una pequeña ventana de adobe para tratar de ver algo en la misma, pero vio algo que la sorprendió dentro de la habitación. El rompecabezas estaba flotando en el aire y la cadena se colocó en su cuello de nuevo y el mismo quedó encima de ella. Finalmente hizo algo drástico, tomó la cadena y la lanzó al otro lado de la habitación cayendo en la puerta de la misma. Lo que pasó a continuación fue que una fuerza invisible la levantó de la ventana, su cuerpo atravesó toda la habitación y cayó sentada con fuerza en el mismo lugar donde había lanzado la cadena con el rompecabezas, el cual volvió a quedar encima de ella.

-¿Qué Demonios…?

Un pequeño golpe en la puerta hizo que dejara de maldecir en voz baja.

-Señorita, le he traído ropa limpia.

Reconocía esa voz. Era de la única mujer que había estado presente en el juicio de hace un momento. Se levantó sobando suavemente sus muslos y su trasero que era lo que se había lastimado al caer y le abrió la puerta a la mujer.

-El Faraón le mandó estás prendas, vístase. Mi amo solicita su presencia al igual que la de sus padres, ya que dará un anuncio importante. Le dijo mientras le entregaba varios conjuntos de ropa y una especie de zapatillas blancas.

-Gracias, Sacerdotisa. Ahí estaré.

-Puedes llamarme simplemente Isis. Pequeña Yuriko.

-Entonces, gracias Isis. Le sonrió al igual como lo hizo con Seth.

La mujer se retiró y de los conjuntos a Yuriko le gustó más un vestido blanco con líneas horizontales en azul. La tela era simplemente excepcional. Procedió a retirarse la falda de color negro y la blusa de color rojo que tenía puesto, al igual que sus zapatos negros, quedando únicamente en ropa interior. Se colocó su "nueva" vestimenta. El vestido tenía un escote no tan pronunciado, y le llegaba un poco arriba de las rodillas. Las zapatillas blancas le quedaban perfectas. El único detalle que no le gustaba era que no podía desprenderse del rompecabezas que era invisible para todos, menos para ella y el Faraón. Lo único que conservó de su vestimenta anterior, fueron sus preciados aretes de oro, regalo de sus amados bisabuelos.

Salió de su "nueva habitación" y procedió a buscar a sus padres para que al menos le explicaran algo de esta situación. Pero se encontró con alguien en su camino. Qué retrasó su ida.

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Yugi y Rebecca estaban en su nueva habitación, aún estaban escogiendo qué tipo de ropa utilizarían. Finalmente Rebecca escogió un vestido color crema largo con mangas y detalles dorados en el escote y Yugi escogió una túnica negra con rojo. Procedieron a quitarse la ropa y ambos quedaron desnudos. Yugi fue el primero en sonrojarse, a pesar de los años transcurridos Rebecca seguía siendo muy atractiva. Se le acercó lentamente y le plantó un suave beso en sus labios, mientras acercaba su cuerpo al de ella.

-Cariño, no podemos hacer esto. El Faraón nos espera. Le dijo ella completamente sonrojada.

-No creo que el Faraón se moleste sí nos " perdemos" un rato. Le dijo el seductoramente volviendo a besarla.

-Cariño, podemos hacer esto después. Tenemos que hablar con Yuriko. Qué vamos a decirle y que no.

-Está bien. Dijo Yugi algo decepcionado.

Y procedieron a vestirse con las prendas que habían elegido anteriormente. Ya era hora de la cena.

Afuera de la habitación de sus padres Yuriko se encontró con el Sacerdote Mahad, alias "Mago Oscuro "para ella.

-Hola, tu nombre es Yuriko, ¿verdad? Oye y ¿De donde conoce tu padre al Faraón? Son muy parecidos. ¿Cierto? Le dijo mientras veía fijamente a la chica frente a él como si estuviera estudiándola.

- Hola, Sacerdote Mahad. Sí, es correcto ese es mi nombre. Pues tengo entendido que mi papá lo conoció cuando era más joven. Sí lo son, pero al mismo tiempo son diferentes. Dijo mientras volvía a sonreír pero su sonrisa fue aún más sincera que cuando lo había hecho con Seth e Isis.

-Ya veo. Bueno estaré interesado en seguirte conociendo pequeña niña. Ya vienen tus padres. Mira. Le informó el mientras Yugi y Rebecca aparecían en escena.

-Igualmente, Sacerdote Mahad. Con su permiso. Dijo retirándose para hacerle encuentro a sus padres.

-No sé porque siento que esta niña tiene un poder como el de mi Rey. No veo ningún elemento que me demuestre de dónde viene esto que estoy sintiendo. Pero lo averiguaré de todas maneras. Pensó Mahad mientras veía a Yuriko estar muy emocionada platicando con sus progenitores.

-Ojalá pueda descubrir porque el Sacerdote Mahad se parece tanto al "Mago Oscuro" que mi papá posee en su Deck. Pensó Yuriko mientras tomaba de la mano tanto a su padre y madre para entrar juntos al salón real para poder cenar.

Procedieron a entrar al Salón real, el cuál era muy amplio y estaba decorado con adornos florales pequeños, habían una especie de mesas triangulares en todo el salón y los invitados ya estaban en sus respectivas mesas, los tres quedaron sorprendidos por todo lo que veían, habían muchos invitados en el lugar ya que les habían dicho que El Faraón haría un anuncio importante. Vieron a Karim acercarse ante ellos y el mismo los saludó a los tres.

-Por favor, síganme los llevaré a su mesa.

Él los llevó a la mesa principal, Karim le señaló a la familia los lugares que se les habían designado. Yugi quedó sentado al lado de la silla real del Faraón, Rebecca al lado de su esposo y Yuriko al lado de su madre. También estaban presentes Aknadin, Seth, Mahad, Shada, Karim, Isis y Shimon Muran.

Yugi estaba pensativo y nervioso. Ya no era un adolescente y debía comportarse como adulto, pero su nerviosismo era más por su hija, estaban 3 mil años en el pasado, precisamente en la época donde Atem reinó. Yugi ya sabía el desenlace de su "otro yo", de sus Sacerdotes. Sabía que podía advertirle más no podía cambiar la historia, las cosas debían pasar tal cual habían sido. Pero al mismo tiempo le preocupaba decirle las cosas a su pequeña, ella que es su adoración. Él la conoce perfectamente, sabe que si le explica todo y tal cual pasó, ella tratará de cambiar las cosas y no pueden hacerlo.

Sí tan solo Yugi supiera que el destino ya fue alterado, por la sola presencia de su hija y que muchas cosas nuevas están por acontecer… Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó que el Faraón estaba haciendo su entrada al salón.

El bullicio que hicieron los invitados se detuvo, y se inclinaron mientras el Faraón pasaba frente a ellos. En la mesa principal los sacerdotes estaban inclinados, Yugi le hizo señas a su familia para que se inclinaran también. El tomó su lugar en la mesa y todos los presentes seguían haciendo reverencia hasta que el Faraón comenzó a hablar.

-Los he citado esta noche para darles un anuncio importante. Quiero presentarles a unos amigos de grande estima. – Atem se acercó a Yugi y le hizo señas para que el se levantara- Escúchenme y levanten sus rostros, él es Yugi, es un invitado de honor en Egipto, nadie puede tocarlo y quién se atreva a hacerlo y lo haga será como si estuvieran retándome a mí. También presento a su esposa Rebecca y a su hija Yuriko. Los tres están bajo mi protección. Ellos provienen del "Océano del Este". Ya pueden sentarse y disfruten de esta cena especial en su honor.

Los presentes obedecieron y se sentaron. Algunos comenzaron a hablar sobre los "invitados de honor"

-Ese tal "Yugi "se parece al Faraón.

-"Océano del Este" ese es un lugar muy lejano.

-La tal "Rebecca" tiene sus cabellos dorados como el sol.

-Que bonita está la tal "Yuriko" ¿El Faraón dejaría que pidan su mano más adelante?

-Ambas mujeres son hermosas, sus ojos verdes son como jade.

Aknadin a pesar de aparentar que estaba sereno en realidad estaba furioso. No estaba conforme con lo que había decidido el Faraón. De por sí tenía que soportar que su sobrino era el gobernante de Egipto, ahora tenía que soportar a 3 personas que solamente iban a generar gastos innecesarios. Vio primero a Yugi y pensó que era un idiota parecido al Faraón. Luego vio a Rebecca y pensó que era una bruja y finalmente vio a Yuriko pensando que era una tonta que estaría mejor trabajando en un harem. Lo que él no esperaba era que ella le devolviera la mirada, con sorpresa y con una sensación de incomodidad.

-No me gusta como me está viendo ese Sacerdote anciano.- Pensó ella mientras dirigía su mirada al otro lado del salón, el la veía con fastidio como si fuese un peso con el cual cargar.

-Señorita Yuriko. Esos aretes que tiene son muy llamativos. ¿Dónde los confeccionaron? Preguntó Shada mientras sacaba del trance a Yuriko.

Yugi miró fijamente a su hija haciéndole una súplica en su mirada, de que no hablara de más.

-En nuestro lugar de origen. Fue un regalo de mis bisabuelos Arthur y Solomon. Fue la única respuesta que pudo dar, mientras tocaba levemente uno de los mismos.

Ella no lo notó pero Atem estaba pendiente de lo que ella decía o la forma en la que actuaba.

-Sí, son importantes para ella. Mencionó Yugi tomando un poco de agua de la copa que le habían brindado.

Guardaron silencio cuando escucharon a Mahad hablar.

-Cuenta nuestra leyenda que hace muchos años, nuestra gente fue salvada por uno de los monstruos de duelo que a pesar de su frágil apariencia demostró tener un gran poder y valentía. Hace años un joven se encontró con Kuriboh, el mismo a través de su conexión mental le hizo saber de qué pasaría una desgracia que acabaría con todo el Pueblo. Una gran inundación. El joven pudo ver la gran desgracia que les esperaba y corrió a informarle a los líderes de su aldea lo que iba a pasar. Más nadie le creyó, al ver que estaba solo en esta situación procedió a construir un fuerte en una cueva en las afueras del pueblo. Por estar solo le tomó más tiempo del esperado. Finalmente el día anunciado llegó y la tormenta comenzó a inundar todo. Los líderes comprendieron muy tarde que el joven había dicho la verdad, más él joven junto a su Kuriboh, procedieron a evacuar a todos los aldeanos y los llevaron al fuerte en la cueva. La aldea fue destruida en su totalidad pero ninguna vida se perdió en aquella catástrofe. Les tomó años volver a construir sus hogares, se transformaron en un imperio. Esa es la historia de los cimientos de nuestro reino y la leyenda de Nuestro Faraón Amenhotep y su Kuriboh Antepasado de nuestro actual Faraón.

Todos aplaudieron cuando Mahad terminó de contar esa leyenda.

Yuriko se sentía emocionada con todo lo que había escuchado, música comenzaron a interpretar en el salón y varias bailarinas comenzaron a danzar en el centro del salón. Ella tenía una sonrisa de oreja a oreja mientras veía todo. Hasta que una pequeña explosión de fuego y humo de color rosa se hizo presente frente a ella. Mientras las bailarinas seguían danzando, apareció una joven mujer, vestía una túnica blanca en sus manos tenía un báculo de oro en forma de serpiente los ojos de la misma eran de lapislázuli. Tenía cubiertos sus ojos por una especie de madrileña trasparente azul, su cabello largo y trenzado le llegaba cerca de la cintura. En su cuello portaba un collar de oro y al centro llevaba un rubí con un cinturón de oro. Yuriko la reconoció al instante, esa mujer era exactamente igual a su Sacerdotisa del Cuidador de tumbas que ella poseía en su Deck. Aquella mujer se acercó y se paró frente a Yuriko, parecía que solo ella la podía ver. Se vieron las caras respectivamente y la mujer comenzó a hablar:

- Los sucesos del pasado están por cambiar, ya que estás destinada a ayudar.

Desde que naciste fuiste escogida y hoy yo te nombro la elegida.

poder es más grande del que puedas imaginar, y al final libremente podrás amar.

Si tu amor es correspondido podrás un día volver. Escúchame ahora y serás lo que se te ha designado hacer

Se acercó hacía ella y le susurró en el oído. Al terminar de susurrarle ella vio fijamente a la Sacerdotisa, una pequeña lágrima cayó de su mejilla.

-Ese es nuestro secreto, el día que lo utilices deberás pagar el precio. La Sacerdotisa desapareció al terminar esa última frase.

Yuriko salió del trance y se dio cuenta que las bailarinas seguían danzando pero no tenía ánimos de seguir disfrutando de la actuación. Comenzó a jugar con lo poco que quedaba de su cena, mientras pensaba en lo ocurrido, nuevamente no fue consiente de que Atem la estaba observando de nuevo.

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Solos en su habitación se encontraban pensando que podían decirle a su hija. Yugi no sabía cómo explicarle las cosas.

-Rebecca. No puedo decirle a Yuriko que soy la reencarnación de Atem. No puedo decirle tampoco que el rompecabezas fue mío también y que dentro de él estuvo encerrado el espíritu de el Faraón durante más de 3 mil años. Hay tantas cosas que no puedo decirle.

-Yugi. Tienes que explicárselo de alguna forma. No puedes guardarle un secreto así.

-Amor, entiéndeme esto es difícil para mí...

Un toque en la puerta hizo que guardaran silencio. Lo más probable es que quien estuviera afuera sería Yuriko. Rebecca procedió a ir hacia la puerta y abrirla. Su hija entro lentamente a la habitación. La cena real había terminado hace mucho, pero al parecer nadie podía dormir esta noche.

-Papá, ahora si podrás explicarme tu relación con el Faraón. Sus ojos verdes brillaron con intensidad, las dudas la carcomían con fuerza.

-Mi pequeña. El "Faraón" es… es mi amigo...

Rebecca se colocó su palma derecha sobre su cara. No era precisamente eso lo que tendría que decirle.

-Es que es eso lo que no entiendo papá, ¿Cómo conoces tú precisamente al rey de este lugar? Físicamente el se ve como de mi edad. ¿Lo conociste cuando era un niño? ¿O como es posible todo esto?

-Hija, cuando tenía tu edad viví un par de aventuras, entre ellas estuvo el Faraón, gracias a él, hoy soy la persona que ves actualmente. El y yo compartimos un lazo más allá del tiempo. Te diré las cosas resumidas. El Faraón tiene que enfrentarse a un villano que proviene de un error que se cometió en el reinado del Faraón anterior a él. Será una batalla peligrosa, y al final ambos morirán…

-¿Qué? ¡Y me lo cuentas así de tranquilo! ¡Papá debes decírselo!

-Yuriko, hay cosas que no se pueden cambiar. Es su destino morir joven por su pueblo.

Ella tragó en seco sentía que las lágrimas se acumulaban en sus ojos y sintió un nudo en la garganta.

-Papá… no seas tan cruel… Tú qué sabes del destino… me siento cansada, iré a dormir, buenas noches. Salió de la habitación y corrió hacia la suya sin detenerse a ver hacia atrás.

-Cariño. Porque le dijiste eso. Le dijo Rebecca mientras le daba un abrazo cálido a su esposo.

-Es mejor así, mi amor. Ella no puede saber las cosas. Al menos no aún.

Esa noche no pudieron conciliar el sueño con facilidad. El calor, los pensamientos y emociones hicieron estragos en sus mentes.

Yuriko sintió los cálidos rayos del sol en su rostro, le había costado mucho poder dormir durante la noche. No podía entender a su padre, sí el Faraón era su amigo porque no podía advertirle su prematuro final. Era cruel y egoísta, el Faraón tenía aproximadamente 17 o 18 años, era demasiado joven. Al parecer no tenía reina o descendencia, le faltaba mucho por vivir. Se levantó de la cama y la arregló, no sé encontraba de ánimo para hacer nada más, así que salió y se dirigió a la pileta de mujeres, debía darse un baño antes de continuar con lo que tenía pendiente. Se dio un baño rápido y sonrió débilmente mientras salía al jardín del palacio su cabello húmedo se mecía con el viento, y se sentó cerca de los lotos, narcisos y caléndulas del bello jardín. Sin arrancar ni una sola de las mismas suspiró y comenzó a jugar con ellas.

En el balcón principal se encontraba Atem observando el jardín, se había levantado temprano ya que tenía algunos asuntos pendientes por resolver. No fue consciente de cuánto tiempo transcurrió hasta que vio a la "hija de Yugi" caminar lentamente y sentarse cerca de las flores . Llevaba el cabello húmedo, la observó un largo tiempo, ella jugaba con las flores, su expresión era de aburrimiento. El rompecabezas que solo el podía ver le combinaba muy bien a su vestuario. Tenía mucha curiosidad por saber porque ella tenía uno igual a el que poseía él, que era el gobernante de Egipto. Sin saber porque le habló desde donde se encontraba.

-¡Hija de Yugi! Al llamarla así ella dejó de hacer lo que hacía y se levantó de inmediato.

-¿Es a mi Faraón a quien le está hablando? Preguntó ella a su alrededor, pero solo se encontraban ellos dos en el lugar.

-Quédate ahí por favor. Fue lo único que le dijo antes de desaparecer del balcón.

Yuriko se quedó en el lugar sin poder moverse. ¿Acaso el Faraón le había pedido favor de que no se moviera? Alguien que estaba acostumbrado a dar órdenes y nada más que eso. Pasaron aproximadamente 5 minutos hasta que aparecieron El Faraón junto a dos mujeres frente a ella. Una de las mujeres era Isis, quién llevaba un vestido de color café y le sonrió al verla, pero la otra mujer llamó la atención de Yuriko. Sus cabellos eran blancos como la nieve y su color de piel aún más blanco que su propio color, sus ojos azules destellaban mientras le daba una cálida sonrisa. Vestía un hermoso vestido color amarillo.

-Yuriko. Quiero presentarte a la Señorita Kisara. Ella pertenece a la corte de doncellas. Dijo Atem suavemente aunque su voz siempre era autoritaria.

-Es un gusto Señorita Kisara. Su cabello es muy bonito. Dijo Yuriko sonriendo con dulzura Kisara se sonrojó por el cumplido. No estaba acostumbrada a esa clase de halagos.

-El gusto es mío Yuriko. El día de hoy nuestro amo nos ha pedido que la llevemos al pueblo. Respondió Kisara haciéndole una pequeña reverencia.

-¿El Faraón les pidió eso? Se sonrojó débilmente al pensar que el Faraón estaba teniendo un detalle de cortesía con ella. Ella lo observó y él sonrojado desvió la mirada.

-Me retiro, tengo cosas que hacer. Te dejo en buenas manos. Exclamó Atem dejando a Yuriko en compañía de Kisara e Isis. Las tres vieron al Faraón retirarse del jardín.

- Sí. También nos ordenó que le compremos todo lo que usted pueda llegar a necesitar sin escatimar en gastos.

Yuriko estaba completamente roja cuando Kisara termino de hablar. Realmente no esperaba tantas atenciones del Rey tomando en cuenta que solo habían cruzado un par de palabras.

-Kisara, se supone que no debías decirle eso. Dijo Isis mientras se reía por un momento.

-Oh, lo siento. ¿Era sorpresa?

- Señorita Kisara, Isis, por mí encantada iría pero debo pedirle permiso a mis padres. Respondió sutilmente emocionada.

-¿Qué esperamos? Vamos con el Señor Yugi y la Señora Rebecca. Dijo la doncella de ojos azules tomándola del brazo y llevándola a toda prisa.

Isis sonrió, Kisara solía ser demasiado tímida con los invitados del Faraón y demás miembros de la corte; pero al parecer se llevaría de maravilla con la hija del invitado de honor de Egipto. Kisara solía ser atacada por las personas por su color de cabello y piel, pero la dulzura de Yuriko había ablandado rápidamente su lastimado corazón.

Yugi y Rebecca salieron juntos al jardín. Estaban dispuestos a aprovechar el tiempo que pasarían juntos. Yugi trabajaba tiempo completo con Kaiba así que su tiempo era limitado, tomados de la mano vieron que una mujer de cabellos blancos llevaba del brazo a su hija y detrás de ellas venía caminando Isis.

-Buenos días Señor Yugi y Señora Rebecca. -Saludó la doncella de ojos azules- El día de hoy nuestro amo, nos pidió que lleváramos a su hija al pueblo y que le compremos todo lo que ella pueda necesitar. Estamos aquí para pedir su permiso de llevarla con nosotras, no iremos solas. Nos acompañarán Shada, Seth y Karim.

-¿El Faraón les pidió eso? Dijo Yugi ampliamente sorprendido, a pesar de que convivieron cerca de 4 años, no le había visto tener tantas atenciones con alguien.

-Si, papá. Por favor déjame ir al pueblo con ellas, te prometo que no voy a tocar nada del dinero del Faraón, sí eso es lo que te preocupa.

-Vamos cariño déjala ir. Le vendría bien salir un momento.

-Amor, no quiero que le causemos molestias al Faraón.

-Señor Yugi, sí lo desea, su esposa puede venir con nosotros también. Dijo Isis un poco nerviosa, sí el invitado no aceptaba la voluntad del Faraón tendrían un pequeño inconveniente por rebelarse.

-Esta bien. Tienen mi permiso para ir. ¿Amor tú irás? Dijo Yugi mirando a Rebecca.

-No, cariño. Quiero pasar tiempo contigo. Dijo guiñándole un ojo a su esposo mientras el se sonrojaba.

Kisara sonrió, tomó de la mano a Yuriko y se fueron juntas, mientras Isis, Seth, Shada y Karim iban detrás de ellas.

Solo una persona estaba molesta en el jardín. Aknadin. El Faraón se estaba tomando demasiadas molestias con esa pueblerina. Porque eso era ella, les gustara o no. Esa niña le estaba estorbando más de lo planeado. Al igual que Kisara.

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Caminando juntas, Yuriko veía las ventas del mercado completamente sorprendida habían variedad de productos en el mismo. Pero siendo fiel a su palabra de no excederse, no sabía que podría pedir para que el Faraón no se enojara con sus sacerdotes. Veía los puestos que tenían a su disposición: cerámica, lino, papiro, pescado seco, incienso, aceite de oliva, habían artefactos de plata, oro y marfil. En los puestos de tela solo habían disponible hechos de lino y algodón. En los puestos de comida habían: trigo, cebada, escanda, lentejas, garbanzos, lechuga, pepino, ajo, cebolla, dátiles, uva, granada, sandía, melón, algarroba y sicomoro.

-Dime Kisara, tú eres extranjera, ¿Verdad? Dijo Yuriko suavemente.

-Si. Vengo de un lugar muy lejano en realidad de una aldea llamada "Azraq". Dijo ella con nostalgia.

-¿Y tienes novio? Preguntó la tricolor pícaramente.

La chica de ojos azules se sonrojó sutilmente pero asintió suavemente.

-Si. Mi pareja es el Sacerdote Seth.

-¿El Sacerdote Seth? Wow el es muy serio. Dijo la tricolor volteando a ver al mencionado.

-Cuando lo vayas conociendo te darás cuenta que es alguien de noble corazón. Su seriedad es solo su coraza externa. Le dijo ella mientras seguían viendo las ventas. Al final compraron algunas telas para que Yuriko pudiese confeccionarse ropa. Y unas granadas para refrescarse.

-Señorita Yuriko. ¿En realidad necesita solamente telas? No quiero sonar autoritario pero el Faraón nos ordenó que le compráramos lo que necesitara sin importar el costo. Dijo Seth mientras había estado observando la convivencia de su pareja y la invitada del Faraón.

-Si. Mi papá me pidió que no abusara de la buena voluntad del Faraón. Realmente no sé qué más pueda necesitar.

- Sí nos permite Señorita, Shada y yo podemos conseguir algunas cosas que creemos sí pueda necesitar. Dijo Karim mientras él y Shada esperaban la respuesta de Yuriko.

-Esta bien Sacerdote Karim y Sacerdote Shada, pueden hacerlo. Respondió ella mientras les sonreía.

-Muy bien, pero yo les acompañaré. Hay cosas que ustedes no saben diferenciar que puede llegar a necesitar una chica. Dijo Isis mientras se retiraba junto a Shada y Karim.

Yuriko sonrió mientras los veía irse. Volteo a ver y vio que Seth y Kisara conversaban muy animadamente, decidió darle espacio a la pareja y comenzó a caminar sola en el mercado. Aún podía sentir las miradas de extrañez que le lanzaban las personas del pueblo. Aún no asimilaban que su color de piel era muy diferente al de ellos o su exótico cabello de tres colores. Cuando se dio cuenta se había alejado demasiado del lugar donde debían estar el Sacerdote Seth y Kisara. Se había perdido en un lugar donde no conocía a nadie y no sabía cómo regresar sola al palacio.

Un fuerte grito llamó su atención, una multitud rodeaba a un hombre que se hallaba de pie. A la par de él había un joven, estaba amarrado de pies y manos; lo tenían hincado, pero se veía en mal estado, estaba cansado, lastimado y sus ojos rojos se veían demacrado y sin brillo. Su cabello rubio estaba sucio y solamente estaba cubierto de la cintura para abajo.

-¡No he recibido ni una sola oferta por este esclavo bueno para nada! De ser así no me queda más que deshacerme de él. Dijo aquel hombre, empuñando su espada mientras se acercaba a el muchacho, iba a asesinarlo en público.

Yuriko se horrorizó por lo que estaba viendo. Había tomado una decisión, ella cambiaría el destino de ese joven de ojos rojos.

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Muy bien amigos hasta acá llega el primer capítulo de nuestra historia: "El Conjuro Secreto".

Las cosas que se describen que vendían en el mercado son cosas con las que comercializaban en el Antiguo Egipto.

El Ankh era un símbolo de mucho reconocimiento en el Antiguo Egipto. Significaba llave de la vida y Cruz de la vida. Es parte del periodo dinástico arcaico.

El nombre del Faraón Amenhotep es un nombre real tomado de el Faraón Amenofis III padre del Faraón Akenatón, quien fue padre del famoso Faraón Tutankamón.

El término "Océano del Este" fue un término que se utilizaba para referirse a Japón en la antigüedad.

El nombre " Azraq" que es el nombre de la aldea de Kisara, en esta historia significa " Azul" en Árabe.

Esperamos hayan disfrutado este capítulo. Nos leemos pronto.

Atte.

Sharlotte Soubirous y Hagers.