Hola amigos. Ya tenemos listo el capítulo 2 de "El Conjuro Secreto"

Esperamos sea de su agrado.

Advertencia: lenguaje vulgar.

Yu-Gi-Oh Le pertenece a Kazuki Takahashi.

Yu- Gi- Oh: El Conjuro Secreto: Capítulo 2: El Tesoro De Un Lirio.

-¡Alto! ¡Deténgase! ¡No lo haga, por favor, no! Gritó sin importarle que toda la multitud la viera correr hacia el hombre.

- ¿Y tú quien te crees que eres maldita? A mí nadie me detiene de hacer lo que quiera con mi esclavo. El hombre la amenazó con la espada colocándole la punta filosa de la misma en la cara.

Yuriko estaba tensa, a pesar de saber que llevaba todas las oportunidades perdidas no se daría por vencida.

-Señor, escuché que nadie le ofertó nada por el joven. Yo estoy dispuesta a pagar por el. Pero quíteme la espada de la cara. Le dijo ella estaba muy nerviosa, sintió que su garganta se secaba por la tensión.

-Jajajaja no me hagas reír. A mí me gustan las putas y no las niñitas sin nada que ofrecerme. Jajajaja, a menos a qué tengas oro disponible. Y para serte franco, este sujeto no vale ni una mierda. El hombre reía y se burlaba de la chica frente a él.

¿Oro? Ella no tenía oro para pagarle, ella no había tomado nada de lo que el Faraón le había entregado a Isis y Kisara. Dirigió su mano derecha hacia su rostro donde aún tenía la espada y rozó sus preciados aretes. Esa era su respuesta, era la única forma en la que podía salvar a ese joven. Tomó uno de los mismos y lo colocó en su mano derecha.

-Señor, todas las vidas son sagradas, desde la humana hasta la animal. Sí oro quiere, oro le daré. Le ofrezco este arete que es de oro. Tiene un jaspe rojo en el centro. Esto será suficiente para salvar a ese joven. Se lo ofreció mientras estiraba su mano esperando que el hombre aceptara su oferta y no los parara asesinando a los dos.

El hombre retiró su espada y procedió a tomar lo que le ofrecía la chica. Lo revisó, el arete era de oro real y ese jaspe al centro le daba un valor extremadamente fuerte. Si conseguía que la niña tonta le diera ambos aretes podía llegar a ser el esclavista más rico de la región, llegaría casi al nivel del Faraón.

-Niña, con este arete solo pagas el que le perdone la vida a esta mierda. Pero él seguirá siendo mi esclavo a menos de que tengas más oro. Sonrió maliciosamente esperando que ella le ofreciera el otro arete.

-Muy bien, si con un arete puedo salvar su vida, con los dos puedo comprar su libertad. Dijo ella entregando su segundo arete a pesar del dolor que sentía por entregar el único recuerdo de sus amados bisabuelos.

-Perfecto. Aunque has hecho una inversión perdida. -Cortó las cuerdas que amarraban las manos y pies del joven; lo levantó y lo lanzó a los brazos de Yuriko quién no pudo soportar su peso y ambos cayeron hincados en el suelo- ¿Cuál es tu nombre niñita? Preguntó mientras se preparaba a escribir en un pergamino.

-Mi nombre es Yuriko Muto. Dijo ella mientras acariciaba lentamente la cabeza del joven de ojos rojos.

-Muy bien. Este es el pergamino que acredita que esta porquería te pertenece. Le lanzó el mismo el cual le dio en la cara a Yuriko

-¡Aa! ¡Eres un idiota! Gritó ella tomando el pergamino mientras acariciaba su rostro.

-Agradece que estoy de buen humor asquerosa extranjera, porque de no estarlo te cortaría el cuello de oreja a oreja. El hombre se marchó sin esperar más respuestas de parte de la chica.

Normalmente Yuriko no diría ese tipo de palabras pero cuando se sentía agredida solía reaccionar de esa forma. Jordán y Takeru eran quienes más solían cuidarla en ese aspecto evitándole muchas veces problemas, habían cosas que ella nunca le había dicho a Yugi. El acoso que sufría de algunas personas en su escuela era un secreto a voces. El llanto cansado del joven entre sus brazos le hizo reaccionar y calmarse. Él le recordaba tanto al Señor Joey Wheeler.

-Ya paso todo. Tranquilo. Nadie volverá a lastimarte, es una promesa, conmigo estás a salvo. Dijo mientras colocaba sus manos en las mejillas de él, mirando sus ojos rojos llenos de lágrimas de agradecimiento, limpiando delicadamente aquel rostro.

-Pensé que era mi final. Llevaba varios días tratando de venderme y nadie había ofertado nada por mí. Gracias, muchas gracias, yo te serviré en agradecimiento. Le dijo mirándole fijamente a sus ojos verdes.

Sus palabras quebraron el corazón de Yuriko. ¿Qué tanto daño le había hecho ese hombre para que el joven estuviese tan agradecido con ella? Sentía que había hecho lo correcto al entregar sus aretes por él. Sabía que dónde quiera qué estuvieran Arthur y Solomon estarían orgullosos de ella.

-No será necesario-Le dijo con la voz quebrada- Dime ¿Cuál es tu nombre? ¿Por qué ese hombre te tenía en su poder?

-Mi nombre es Jono. Mi padre me vendió con él hace un par de días por una jarra de cerveza. Y si lo es. Arriesgaste tu vida por mí sin siquiera conocerme. El pudo haberte matado con su espada. Estoy en deuda contigo, Yuriko. Le dijo con determinación.

¿Su padre lo había vendido? ¿Qué clase de hombre si le podía llamar así le hacía ese tipo de bajezas a su propia sangre? Tuvo que contener sus lágrimas frente a Jono. Después habría tiempo para llorar. Lo primero que debían hacer era encontrar a los Sacerdotes del Faraón y luego llevarían al joven al palacio y… El palacio no era su hogar. Era propiedad del Faraón, tendría que arreglárselas para que el monarca le permitiera a su joven amigo quedarse. Tal vez su padre podría pedirle ese favor al que era su amigo. De no permitirlo ella se quedaría con Jono en el pueblo.

-Jono, ¿Puedes caminar o necesitas ayuda? Le dijo ella mientras se ponía de pie.

-Si, Yuriko. Sí puedo hacerlo. Le dijo el levantándose al igual que ella.

-Muy bien, salgamos de aquí. Supongo que tienes hambre, vamos, busquemos a unas personas que me trajeron aquí, ellos tienen fruta que se que te va a gustar. Le tomó de la mano mientras le pedía que le siguiera. Esperaba encontrar pronto a alguno de los Sacerdotes para volver al Palacio.

Seth y Kisara estaban preocupados, se habían distraído por un momento y ahora no encontraban a la hija del Invitado del Faraón.

No se habían dado cuenta en que momento Yuriko se había alejado de ellos y era necesario que le buscaran. Al Faraón no le gustaría saber que uno de sus invitados se había extraviado en el pueblo y sin supervisión.

-Seth, debemos encontrarla antes de que regresen los demás. No debimos distraernos. El Faraón nos pidió que la trajéramos. Se enojará sí se entera que la perdimos. Dijo la doncella de ojos azules levemente alterada.

-Mi brillo de sol, la vamos a encontrar es imposible que se haya alejado demasiado. Dijo el mientras tomaba su mano para tranquilizarla.

Parecía que sus súplicas habían sido escuchadas. Frente a ellos apareció Yuriko, pero les llamó la atención que ella no estaba sola. Venía acompañada de un muchacho de ojos rojos cual rubí.

-¡Kisara! Oh, por favor, dime qué tú aún tienes dátiles o granadas contigo. Exclamó la chica de ojos verdes mientras esperaba respuesta.

-Yo tengo una granada. respondió Seth entregándosela a Yuriko.

-Muchas gracias Sacerdote Seth.

La chica le entregó la granada a Jono quien se la comió de prisa. Al parecer llevaba varios días sin comer. Seth y Kisara observaban la escena sin entender que estaba pasando. ¿De donde había salido ese joven y porqué la invitada de honor lo trataba con tanta estima? No sintieron en que momento llegaron Shada, Karim e Isis con las cosas que le habían comprado a la chica; pero ahora los 5 veían a la tricolor sonreírle al rubio mientras seguía comiendo con velocidad.

-Te vas a ahogar si sigues comiendo así. Jajaja. Yuriko reía a todo pulmón al verlo comer sin parar.

-Claro. Se va a ahogar como un perro.

Ambos guardaron silencio y voltearon a ver de dónde había salido esa voz burlonamente autoritaria.

-Sacerdote Seth. Ya había olvidado que estaba presente. Lo siento.

-¡Oye! ¡No soy un perro! Mi nombre es Jono por si no lo sabías. Exclamó mientras dejaba de comer por un momento. Luego ignoró al Sacerdote y siguió comiendo con rapidez.

-No me interesa como te llames. Señorita Yuriko, despídase de esa cosa y vámonos debemos volver al palacio. Dijo Seth mientras comenzaba a caminar sin esperar respuesta.

-Sacerdote Seth. No puedo. En realidad no puedo dejarlo aquí. Dijo Yuriko comenzando a ponerse nerviosa.

-¿Por qué?

-Paso algo hace un momento. Yo no podía permitir esa injusticia y… mejor lea esto. -Le entregó el pergamino ya que ella no podía leer el mismo- Es que no puedo leer los jeroglíficos del antiguo lenguaje egipcio.

-¿Antiguo Lenguaje Egipcio? Seth vio a la chica con una mirada fría y confundida. Esta niña está loca. Pensó mientras suspiraba pesadamente.

-Sacerdote olvide lo que dije. Solo lea el pergamino.

Seth tomó el pergamino en sus manos y comenzó a leerlo. En el mismo se especificaba que "Yuriko Muto" le había comprado a Gahiji "El Esclavista" al esclavo Jono. Había entregado en forma inmediata como garantía un par de aretes de oro.

-Entonces, este joven ahora es su sirviente, señorita Yuriko. Le dijo Shada observando que ella ya no poseía los aretes que le había visto en la cena real.

-No es mi esclavo, no es mi sirviente. Es mi amigo. Le respondió mientras le entregaba otra granada a Jono.

-Señorita, entiendo su buena voluntad, pero debe saber que para que su perro se quede en el palacio, el Faraón debe autorizarlo. Le dijo Seth devolviéndole el pergamino.

-¡Qué no es un perro! Entiendo que está demasiado delgado como uno de los mismos, pero no lo es. -Alzó la voz un poco fastidiada- Y sí, ya sé que debo pedir la autorización del Faraón, ya que solo soy su invitada.

-¿El Faraón? ¡Eres una invitada del Faraón! ¡Conoceré al Faraón en persona! Exclamó Jono comenzando a atragantarse con la fruta.

-¡Te dije que ibas a ahogarte! Sacerdote Karim ayúdele que no se ahogue por favor. Le dijo ella mientras se angustiaba por su amigo.

Después de que Karim ayudó a Jono, prosiguieron el camino de regreso al palacio. Todos sabían perfectamente que esa niña había cometido una gran locura por un desconocido. Pero al mismo tiempo se podían dar cuenta que ella tenía una gran nobleza y su corazón era puro. Seth y Shada iban al frente mientras que Yuriko iba atrás de ellos hablando muy animadamente con Kisara y Jono, mientras que Isis y Karim iban al final. Aunque Yuriko se veía animada en realidad estaba muy asustada. Tenía que hablar con su padre primero.

Sin darse cuenta habían llegado ya al palacio. Jono, Kisara y Yuriko se quedaron juntos en el jardín.

-Muchas gracias Sacerdotes, gracias Isis por haberme acompañado al pueblo. Y también por haber escogido estas cosas que necesitaré más adelante. Les dijo dándoles una pequeña sonrisa.

Los cuatro le miraron y asintieron suavemente, para finalmente entrar al palacio. Yuriko volteó a ver a sus nuevos amigos y sonrió ahora ya no se sentiría tan aburrida en el palacio.

-Kisara ¿Podrías quedarte con Jono en lo que busco a mi padre?

-Claro que si. Vuelve pronto.

Yuriko suspiró era mejor hablar con su padre lo más rápido posible. Caminó lentamente hasta quedar cerca de la fuente de agua que tenía el jardín y cuando iba a entrar por la puerta principal apareció Yugi, venía solo al parecer estaba buscando a Rebecca. Sin que Yuriko y Yugi supieran alguien estaba del otro lado del pasillo y escucharía su conversación.

-Papá, necesito hablar contigo. Le dijo ella sin poder verle directo a los ojos.

-Mi pequeña, ¿Qué sucede? -Le respondió el mirando que ella no le alzaba la mirada y se dio cuenta que ella no llevaba sus amados aretes- Hija ¿Dónde están los aretes que te dieron tus bisabuelos?

-Papá, ya no los tengo más. Pasó algo y tuve que entregarlos…

-¡¿Qué hiciste que?! Yuriko te dije anoche que no alteraras las cosas.

-Papá, escúchame. Cuando fuimos al pueblo me separé un momento de los sacerdotes del Faraón y vi cuando un esclavista estaba a punto de matar a un joven. No pude contenerme y corrí para detenerlo. Llegamos a un acuerdo, el me pidió oro y lo único que yo tenía eran los aretes. Se los di a cambio de la vida y libertad de mi amigo. Papá necesito que lo veas se parece tanto a…

-¡¡No me importa a quien se parece!! ¡Eres una irresponsable! ¿Por qué entregaste esos aretes? ¿Acaso no valoraste el gran amor con el que te dieron los mismos? ¡Solomon y Arthur pasaron meses confeccionándolos para ti! Y tú en un momento de estupidez los entregaste sin más. Yugi le alzó la voz demasiado fuerte a Yuriko.

Ella sintió como si un balde de agua fría le caía encima al decirle eso. No pudo evitarlo las palabras de su padre dolían más que una puñalada por la espalda. Comenzó a llorar sin darse cuenta. Estaba conociendo un lado frío que anteriormente no conocía de su padre.

-¡No papá! ¿No entiendes lo que te estoy diciendo? ¡Papá iban a matarlo si yo no intervenía! ¡Tú me enseñaste a valorar todas las vidas! ¡Claro que me importan los aretes! ¡Me duele haberlos perdido! Pero no me arrepiento de haberlos usado para salvar a mi nuevo amigo. ¿Acaso son más importantes los aretes que la vida de un ser humano? Sus lágrimas corrían más fuerte para finalmente mirar a los ojos violetas de su padre.

Cuando Yugi vio la reacción de su hija se arrepintió de hablarle de esa manera tan dura. Y al mismo tiempo comprendió que la había criado bien. La abrazó a manera de consuelo mientras la seguía escuchando llorar.

-Perdóname mi pequeña. Me exalté sin pensarlo. Sabes al verte esos aretes, me hacían recordar tanto a Solomon y a Arthur. Pero ¿Sabes que me alegra más? Qué todo lo que te enseñaron lo has puesto en práctica y que una parte de ellos sigue viva en tu corazón. Y que sin importar el tiempo que pase seguirás recordándolos.

Yuriko sonrió entre lágrimas. Su dolor desapareció casi al instante. A pesar de lo mal que se había sentido hace un momento. Sabía que nunca recuperaría los aretes pero siempre tendría cada enseñanza en su vida.

-Está bien papá. Necesito tu ayuda. ¿Podrías hablar con el Faraón? Sus sacerdotes me dijeron que mi amigo no puede quedarse en el palacio hasta que el Faraón lo autorice, ya que es amigo tuyo. ¿Crees poder convencerlo de que le permita quedarse? Además necesito que lo veas. ¿Sí? Dijo ella suavemente mientras tomaba de la mano a Yugi y lo llevaba en dirección de Jono y Kisara.

Sin que Yugi y Yuriko supieran, Atem lo había escuchado todo, quería ayudarlos pero debía tomar una decisión primero.

Yugi no podía creer lo que estaba viendo. Ese joven era exactamente igual a Joey cuando era joven. Lo único que lo diferenciaba de su amigo era su piel morena y sus brillantes ojos rojos. Ahora entendía porque Yuriko lo había salvado sin pensarlo tanto.

-Ahora entiendes porque debía ayudarlo papá. Le dijo ella mientras veía con ternura a Jono quien solamente veía Yugi sorprendido de que se parecía al Faraón.

-Espérenme aquí, iré a hablarle al Faraón sobre tu petición pero no te prometo que lo acepte hija. Dijo Yugi mientras se retiraba.

Al quedarse los tres solos, Jono suspiró pesadamente.

-Jono, tranquilo. Estoy segura que el Faraón te permitirá quedarte. Aseguró ella tomándolo de su mano en señal de apoyo.

-No quiero volver a las calles otra vez, Yuriko. Le dijo con sus ojos inundados de lágrimas.

-Jono. No voy a dejarte solo. Sí el Faraón no permite que te quedes me iré contigo. Seremos nosotros dos contra el mundo egipcio. Le dijo ella levantando su mentón viendo sus ojos tristes.

-¡Conmigo seremos tres! Dijo la doncella de ojos azules completamente decidida.

-Perfecto, seremos nosotros tres contra el mundo egipcio. Repitió Yuriko un poco emocionada, estar con Jono y Kisara le hacía sentirse como en casa.

-Pero primero comamos. Dijo el rubio tocando levemente su estómago.

-¿Aún tienes hambre? Pero si te comiste todas las granadas del Sacerdote Seth, también casi te lo comías a él. Dijo la tricolor a modo de regaño colocando sus manos en su cintura y fingiéndose enojada.

-¡Eso sí que no! Solamente yo lo haré. Respondió la chica de ojos azules completamente sonrojada.

-¡Kisara! No te conocía esas perversiones. Dijeron al unísono Jono y Yuriko mientras veían a Kisara con fingida sorpresa.

Los tres estallaron en carcajadas que se escuchaban por todo el jardín del palacio, fueron tan fuertes que llamaron la atención de Mahad. Desde que sintió ese poder tan parecido al de su Rey, había estado investigando por su cuenta sin decírselo a nadie. Pero no lograba darle una explicación a lo que con su magia lograba sentir. No era posible que dos personas tan diferentes entre sí pudiesen compartir tan similares poderes. Sobre todo cuando uno de los involucrados es una niña extranjera de unos 15 años y su Rey que estaba próximo a cumplir los 18 años. Sería mejor acercarse al lugar en cuestión. Se sentía como un niño curioso a pesar de tener 25 años, y que al lugar donde se dirigía estaban dos adolescentes y una jovencita.

-Un momento. ¿De donde salió ese joven? Es imposible que haya podido entrar solo así. Toda la seguridad del Palacio esta mi cargo. Será mejor que con este pretexto me acerque a ellos. Pensó Mahad mientras tomaba la determinación necesaria para acercarse con la chica de ojos verdes. Se quedó detrás de un árbol esperando el momento oportuno.

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Yugi estaba nervioso. Se sentía como un adolescente otra vez, pero ya no lo era más. Tendría que hablar con su "otro yo" sobre la petición de su hija. Sí Atem no la aceptaba, no sabría cómo decirle a ella que debía dejar ir a Jono. No quería que el sacrificio que hizo con su acción fuera en vano. Llegó a la puerta principal de la sala del Faraón donde se encontraban varios escoltas cuidando de la puerta. Al verle le hicieron reverencia y le dejaron pasar. Aún no se acostumbraba a ser tratado como un invitado de honor.

Al ingresar pudo ver a Atem sentado en su trono real estaba conversando con Aknadin, Shimon y Seth sobre algo importante. Los tres guardaron silencio cuando vieron a Yugi frente a ellos.

-Yugi. Dime, ¿Necesitas algo? Le dijo Atem al verlo tan serio y nervioso.

-Mi Faraón- se inclinó frente a él mientras le hacía una pequeña reverencia- Tengo que hacerle una petición especial. Mi hija Yuriko el día de hoy entregó sus aretes de oro a cambio de la vida de un amigo suyo. Nosotros al ser sus invitados no podemos tomar decisiones precipitadas ante este caso. Solicitamos en nombre mío y de mi hija que usted le permita quedarse al joven que ella liberó. Mi hija no vino personalmente a hacer la petición ya que está esperando su respuesta, mi Faraón.

-¿Esa es su solicitud? Preguntó fingiendo que no sabía nada al respecto. Por un momento creyó que ella pediría la devolución de los aretes.

-Si Faraón. Es nuestra única solicitud. Mi hija lo "compró" hoy estuvo con su corte de Sacerdotes en el pueblo. Yugi seguía inclinado no podía levantar el rostro hasta que el Faraón diera su veredicto.

-Eso es verdad. El esclavo de su invitada se comió todas las granadas que traíamos para la cocina. -Respondió Seth recordando la escena en cuestión- Ella tiene el título de propiedad yo lo leí y si se realizó ese tipo de cambio.

-Yugi. Actualmente yo no necesito más personas en mi palacio. Pero, puedo hacer una excepción por esta vez. Quiero que me muestres a este joven que tu hija trajo consigo y veré qué puedo hacer. -Dijo poniéndose de pie para ir al lugar donde se encontraba el joven- Seth, Shimon, síganme.

-Espere un momento mi Faraón, le va a cumplir esa solicitud a una torpe tan irrespetuosa con usted. Ella debió venir aquí y hacerle la solicitud en persona. No mandar a su padre como vocero. Esa niñita es simplemente una caprichosa que solo le genera pérdidas. Dijo Aknadin sin medir sus palabras con tono sumamente despectivo.

-Señor, le recuerdo que la "torpe irrespetuosa" es mi hija. Y le pido de la manera más cordial que puedo hacer que no se dirija a ella de esa manera. Yugi se había levantado del suelo y estaba molesto.

-Aknadin, ya tomé una decisión. No vuelvas a dirigirte de ese modo a mis invitados. Dijo para finalmente salir de la habitación en compañía de Seth y Shimon Muran.

-Si, mi Faraón. Dijo inclinándose lentamente. Maldita niñita estarías mejor lejos de aquí. Tengo que hallar la manera de ponerte en el lugar que te corresponde. Pensó al quedarse solo en la sala.

Yugi y Atem llegaron pronto al jardín, el Faraón se sorprendió al ver a una copia egipcia de Joey. La única diferencia era el color de piel y los ojos de color rojo que le hicieron recordar al Dragón Negro de Ojos Rojos. El joven platicaba animadamente con Yuriko y Kisara.

Cuando Atem se colocó frente a ellos, los tres dejaron de lado la conversación. Kisara hizo una reverencia, Yuriko recuperó sus nervios y Jono cayó de rodillas al suelo. Era la primera vez que veía de cerca al Faraón.

-¡Faraón es un honor conocerlo! Dijo Jono sin alzar la voz. Se sentía pequeño ante la imponente figura del Faraón, lo cual era en cierta manera irónica ya que Atem medía 1.60 cm y Jono medía 1.78 cm.

-Recibí una solicitud para aceptarte en mi palacio. Le informó de manera autoritaria.

-¿Y que decisión tomó si no es indiscreción Faraón? Preguntó Yuriko, se sentía nerviosa y preocupada, la incertidumbre podía sentirse en su tono de voz.

Atem la observó por un momento se veía tan frágil de esa manera. Había renunciado voluntariamente a su posesión más valiosa por ayudar a un desconocido. Menos mal que no era una reina, de serlo ya sería conocida por ser demasiado ingenua y noble. Detuvo sus pensamientos sonrojándose débilmente, para que ella fuera reina, debía casarse con alguien como él.

-Le pedí a Yugi que me trajese aquí para ver la situación, ya que realmente yo no necesito a nadie más trabajando para mí. -Yuriko, Jono y Kisara agacharon la mirada con resignación ante las palabras del Faraón- Pero haré una excepción. Autorizo que te quedes en mi palacio, serás parte de los escoltas reales, recibirás un sueldo por tus servicios, adicional a eso, te nombro escolta personal de mi invitada de honor. Deberás protegerla con tu vida sí es necesario. Seth, ordena que le traigan vestiduras nuevas, que pueda darse un baño y comer sí es lo que necesita. Asígnale una habitación permanente para que esta noche pueda descansar.

Al terminar de hablar unos brazos femeninos rodearon a Atem. Yuriko lo había abrazado en forma de agradecimiento. Su cabeza quedó a la altura de su pecho y los rompecabezas que solo ellos podían ver habían quedado juntos. Atem se sorprendió y sonrojó a la vez, no esperaba esa muestra de agradecimiento.

-Muchas gracias Faraón. Muchas gracias. Su voz se escuchaba con más tranquilidad. Escuchó los latidos del corazón de Atem y se sintió reconfortada.

-¡Niña! Nadie puede acercarse tanto al Faraón y menos tocarlo sin su permiso. Ahora suéltalo antes de que él se enoje contigo. Dijo Shimon mientras tomaba del brazo a Yuriko para que soltara a Atem. No fue consciente de la mirada fría que le lanzó el Faraón al separarlo de la chica.

-Lo siento Faraón. Lo siento abuelo Shimon. Dijo sin pensarlo mientras colocaba sus brazos detrás de su cabeza y daba una ligera sonrisa.

-¡Qué no soy tu abuelo! Dijo haciéndose el ofendido.

-Gracias, mi rey, prometo nunca defraudarlo. Muchas gracias por esta oportunidad. Dijo Jono su lealtad por su Rey crecía con cada minuto que pasaba.

Atem asintió levemente, le hizo señas a Yugi y a Shimon para que le acompañaran.

-Me retiro, aún tenemos una conversación pendiente. Dijo para finalmente salir del jardín detrás de él le siguieron Yugi y Shimon.

-Bueno, ya escuchaste al Faraón, será mejor que te bañes porque si hueles a perro. Le dijo Seth a Jono mientras lo escuchaba rabiar.

-Ya te dije que mi nombre es Jono. Lo haré pero te ordenaron que me llevaras tú.

-Sígueme, cosa. Salieron del jardín con dirección a las piletas de hombres mientras seguían peleando sin parar.

-Algo me dice que se van a llevar bien en algún momento. Le susurró Kisara al oído a Yuriko mientras las dos contenían la risa.

Kisara alzó la mirada y se dio cuenta que detrás de uno de los árboles del jardín estaba escondido Mahad, no sabía cuánto tiempo llevaba ahí, pero era claro que quería hablar con su nueva amiga, pues la veía fijamente con curiosidad. Mientras ella estuviera ahí el no se acercaría.

-Yuriko, recordé que tengo algo que hacer, te veo al rato. Le dijo para finalmente salir corriendo y dejando sola a la chica de ojos verdes quien no pudo reaccionar ante su veloz despedida.

Yuriko caminó lentamente y se sentó cerca de la fuente de agua del jardín, comenzó a jugar con el agua de la misma. Se sentía muy feliz de que Jono se quedaría en el palacio. Por lo menos se pudo hacer justicia por él.

-Veo que te encuentras muy entretenida. Escuchó una fuerte y varonil voz detrás de ella.

-Sacerdote Mahad. Qué gusto volver a verlo. No lo vi entrar con la demás corte del Faraón.

-Acabo de llegar-Mintió para que no lo descubriera- Realmente quisiera hablar contigo. Pero no me digas más Sacerdote, estamos en confianza, llámame por mi nombre.

-Esta bien, Mahad.- Le dijo sonriéndole mientras acomodaba un pequeño mechón de su cabello negro- Dime que quisieras saber, en concreto.

-¿Quién es el Joven que Seth acaba de llevarse consigo? Le preguntó viendo como Yuriko abría sus ojos verdes con sorpresa.

-Pues es Jono. Es mi amigo y el día de hoy, lo salvé de morir. Bueno técnicamente lo "compré" pero no es mi sirviente y mucho menos mi esclavo. -Le hizo señas para que sentará a su lado- El Faraón autorizó que se quedara en el palacio. Será parte de los escoltas reales y mi escolta personal. Me siento muy feliz de que se haya podido quedar. Le volvió a sonreír a Mahad al terminar de hablar.

-¿Mi rey autorizó que el se quedara así de fácil? Le dijo mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y sobre la argolla milenaria.

-En realidad se lo pedí yo. Aunque mi papá fue el que habló con él. Sé que solo soy una invitada pero me alegra que el Faraón me concediera mi petición.

Yuriko cerró los ojos con confianza y tranquilidad, el viento sopló levemente y su cabello suelto se movía con el mismo. Mahad la observó en silencio, pudo ver que ella ya no tenía los aretes que le vio cuando le cortó las cuerdas que amarraban sus manos en su primer encuentro. Pudo notar que tenía levemente hinchados los párpados señal de que había llorado en algún momento del día, y seguía sintiendo ese poder tan similar al de Atem. Pero él seguía sin ver algún objeto donde se concentraba el aura que sentía. Ella únicamente tenía puesto el vestido y las zapatillas, de un momento a otro, la argolla milenaria se levantó del pecho de Mahad y con sus agujas comenzó a señalar la dirección donde se encontraba Yuriko, lo que desconcertó más al Sacerdote.

-Me sorprende que El Faraón te concediera una solicitud de esa índole. Nuestro Rey es justo y amado por el pueblo, pero no suele hacer concesiones en estos casos. Sí no lo conociera me atrevería a decir que le interesas de verdad. Le dijo mientras alejaba la argolla de la chica quien aún tenía los ojos cerrados.

Yuriko abrió los ojos con sorpresa y vio fijamente a los ojos celestes pálidos de Mahad, suspiró mientras tomaba una de sus manos sin darse cuenta.

-Mahad, el Faraón lo hizo como un favor, no es que yo le interese a él. ¿Eso te parece a ti?

Por un momento un recuerdo pasó por la mente de Mahad, y vio a otra persona ser la que le tomaba la mano. Los rasgos de esa persona eran similares a los de Yuriko. Desechó el pensamiento de inmediato y soltó la mano de ella con incomodidad.

-Lo siento Sacerdote Mahad. No debí tomarlo de la mano. No quise incomodarlo. Dijo ella borrando la sonrisa que adornaba su rostro.

-Dime, ¿Como es tu aldea? Le dijo el rápidamente para que ella no se marchara.

-¿Mi aldea? -Tragó en seco al recordar que no podía decir cómo era en realidad su hogar- Es muy linda, no es tan caliente como aquí pero el clima es fresco. Tenemos lugares hermosos pero no tenemos flores de loto tan bellas como las de tu pueblo.

-En mi pueblo no hay flores de loto, Yuriko. Tenemos lirios y narcisos. Dijo mientras sentía una pequeña punzada en el fondo de su corazón. Le traía nostalgia y dolor los recuerdos de su pasado.

-¿Entonces no eres de aquí? Preguntó ella ingenuamente.

-No, en realidad llegué aquí, cuando tenía 16 años. Mi infancia fue muy buena. Pasaba los días entrenando con mis hermanos y mi hermana. Mis padres solían decir que ella y yo éramos prodigios. Mi aldea se llama "Alwahm" y es una aldea donde desde que nacemos tenemos magia. Lo que te cuento es un secreto, pequeña, siempre les hemos hecho creer a los demás que aprendemos la magia, por seguridad de nuestra gente. Aunque la magia de igual manera se puede aprender. Mahad sentía el peso de la nostalgia en sus hombros de nuevo. Habían cosas que no se podían cambiar.

-¿Magia? Está bien, prometo guardar el secreto. ¿Puedes hacer magia? ¿Acaso sacarás un conejo del sombrero? Tapó su boca al darse cuenta que se había equivocado de nuevo.

-No. Puedo realizar conjuros, pequeña. Levitar, invocar, sanar. Déjame mostrarte.

Mahad comenzó a canalizar energía en sus manos. Yuriko lo veía sin comprender nada. La magia comenzó a tomar forma y ante los dos apareció un pequeño botón de un lirio, Mahad se concentró más y el mismo floreció ante la mirada atónita de la tricolor. Él se lo entregó en las manos a ella quien no dejaba de admirar lo que había hecho el.

-¡Wow! ¡Esto es increíble! Entonces tú eres el hechicero real del Faraón. ¿Y que más puedes hacer? Le dijo completamente emocionada. Sus ojos verdes brillaron con ilusión e intensidad.

Mahad sonrió, volvió a canalizar su energía e hizo que una corona de flores compuesta de narcisos, lotos y lirios apareciera sobre su cabeza. Yuriko sonrió enternecida mientras tocaba la corona.

-Es muy hermosa, gracias mi mago. Cubrió su boca de nuevo definitivamente Mahad la terminaría odiando si seguía tomándose confianzas de ese tipo.

-No te preocupes mi pequeña lirio. -Dijo el sin pensarlo. Podía sentir de nuevo los recuerdos y la nostalgia a flor de piel, reaccionó al ver que Yuriko lo miraba fijamente- Discúlpame, no quise llamarte así, yo…

-Mahad, ese es el significado de mi nombre. No te preocupes, está bien. Puedes llamarme así si lo deseas. Quien debe pedirte una disculpa soy yo, por llamarte mi mago sin tu permiso. Le hizo una pequeña reverencia y ahora si estaba dispuesta a irse.

-No, está bien. En realidad me gusta que me digas así. Bueno cuando estemos solos podrás llamarme de esa manera. Le dijo evitando por segunda vez que ella se marchara.

Sus ojos brillaron con ilusión otra vez, no podía explicar porque sentía un nexo con él. Se parecía tanto al "Mago Oscuro" del deck de su padre. Lo observó detenidamente, sus ojos celestes tenían un aire de nostalgia y ternura al mirarla pero ella no entendía porque la veía de esa forma. Lo que más llamó su atención fue lo que parecía ser un disco de oro con adornos en forma de alas.

-Mahad, ¿qué es eso que tienes en el brazo? Le preguntó mientras evitaba por todos los medios posibles tocar el extraño objeto de oro.

-Es mi DiaDhank. Le respondió viendo con curiosidad como ella evitaba tocar el objeto.

-¿DiaDhank? Qué nombre tan raro para el adorno que llevas puesto. Se sentía confundida, ya que para ella era similar a su disco de duelo.

-No es un adorno, mi pequeña lirio. Es un instrumento de guerra en realidad. Con el utilizo mi Ba para poder invocar ka, durante las batallas. Le dijo el a manera de lección.

-¿Ba? ¿Ka? Estoy confundida mi mago. ¿Qué son esos términos tan extraños? siento que me estás hablando en otro idioma.

-Te explico. Ba es mi fuerza vital al invocar Ka. Ka son mis monstruos de espíritus que puedo controlar con este objeto. Todos están sellados en piedra y solamente pueden obedecerme a mi.

-Eso quiere decir que es como un juego del duelo de monstruos. Respondió Yuriko emocionándose un poco. A pesar de que ella no tenía mucha experiencia en el campo de batalla sabía cómo formar una estrategia.

-No. Yuriko. Esto no es un juego. Sí utilizas toda la energía que tienes disponible al invocar tu Ka, puedes desmayarte y si no eres lo suficientemente fuerte, puedes morir en batalla. Le dijo el de manera seria.

-¿Qué? ¡Mueres realmente en el duelo! De donde yo provengo tenemos está clase de duelos pero nosotros no morimos. Lo hacemos por diversión. Yuriko cubrió su boca por tercera vez. Esto de no poder hablar libremente ya le estaba haciendo estragos en la mente.

-¿Diversión? ¿En qué tipo de aldea vives tú? No quiero que te expongas o lastimes, te cuidaré como cualquier hermano mayor lo haría. Ahora fue el turno de Mahad de cubrirse la boca-Olvida lo que dije- Dijo tratando de quitarle importancia a lo que sentía.

-¿Y como utilizas el DiaDhank?

-Es fácil de usar. Su única desventaja es que es un objeto personal. Solo yo lo puedo usar pero te mostraré de qué forma se invoca Ka.- Levantó su brazo y las aspas del DiaDhank se separaron mostrando su verdadera forma- ¡Mago de las Ilusiones, préstame tu sagrado poder! ¡Aparece ante mí, ahora!

Al terminar su invocación, apareció ante ellos lo que parecía ser un ente sin rostro, pero que tenía un cetro y ropa muy similar al Mago Oscuro que Yuriko solía conocer.

-¿Esto es real? Preguntó mirando al Mago de las ilusiones fijamente.

El mago movió su cetro en señal afirmativa, lo que asustó a Yuriko quién corrió a esconderse detrás de la túnica de Mahad. Se cubrió como si fuese una niña pequeña y se cobijó entre las prendas de Mahad.

-No va a hacerte nada, si no se lo ordeno. Gracias Mago de las Ilusiones. Puedes retirarte. El mago obedeció las órdenes de Mahad y desapareció de la vista de ambos.

-Eso fue increíble. Mi mago ¿Crees que puedas enseñarme las artes mágicas? Le preguntó ella muy ilusionada con poder aprender algún conjuro.

-Claro que si puedo ser tu maestro. Respondió con dulzura y de nuevo sintió el abrazo de la nostalgia dentro de sí al ver que Yuriko le sonreía con los ojos cerrados.

El momento se rompió cuando Aknadin hizo su entrada en el jardín del palacio.

-Mahad, El Faraón te necesita en… Oye ¿Por qué esta enana insolente está debajo de tus prendas? Preguntó con un tono despectivo.

-Espere un momento, no soy ninguna enana, anciano de un solo ojo. Le respondió ella ofendiéndose en verdad por el insulto.

-¿Qué?¿Como te atreves a llamarme así? Pues estaré anciano, pero al menos no soy una enana mugrosa. Respondió creyendo que la enfadaría más de lo que ya se encontraba ella.

-Pues a mi lo enana se me quita creciendo y lo mugrosa se me quita bañándome. No puedo decir lo mismo de usted. Le sacó la lengua en dejo de burla.

-Eres una….

-Jajajaja Maestro Aknadin jajajaja ahora sí que no tiene escapatoria ante esto. Jajaja rió fuertemente Shada quien había llegado sin que nadie se diera cuenta.

-No tengo tiempo para niñerías. Mahad ve de inmediato con el Faraón. Salió sin más que decir mientras seguía muy molesto con la chica de ojos verdes.

Al irse Aknadin los tres estallaron en carcajadas. Siendo la primera vez que Yuriko veía a los Sacerdotes del Faraón actuar de esa manera. Ahora parecía que su estancia sería todo menos aburrida. Al lado de sus amigos Jono, Kisara y Mahad los días serían muy divertidos.

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Atem estaba pensativo, a pesar de que Shimon Muran le estaba pasando una lista de pergaminos con deberes pendientes, él no estaba poniendo la debida atención. Siempre había sido un rey dedicado a su pueblo, pero esta vez su mente estaba en otro lugar.

No podía dejar de pensar en la hija de su compañero. En Yuriko. La había escuchado llorar con mucho sentimiento por los aretes que había entregado por el esclavo que ahora tenía. Lo que más le sorprendía era que ella no había exigido la devolución de sus prendas aprovechando que él era el Rey de todo Egipto. Sí no que su petición fue que le permitiese vivir en el palacio a su adquisición. Recordó cuando ella sin pensarlo lo había abrazado al cumplir con su solicitud. Podía sentir de nuevo a la altura de su pecho el peso que ella le había generado por un momento y el aroma a lirios que desprendía su ropa.

-…y así mi Faraón es como podemos implementar un mejor sistema de alimentación en nuestro reino. ¿Mi Faraón? ¿Escuchó algo de lo que le dije? ¡Faraón! Dijo Shimon pero se dio cuenta que había sido completamente ignorado por su Rey.

-¿Eh? Sí, sí. Cómo digas Shimon esta bien lo que propones. Respondió Atem sin saber a cual de todos los deberes respondía.

-Mi Faraón, ya regreso, acabo de recordar que olvidé otros pergaminos que dejé en otra habitación. Le dijo Shimon mientras salía a traer dichos objetos.

Cuando Shimon salió de la habitación entraron Karim y Shada. Ambos habían llegado con Atem para hablar con él sobre algunos asuntos del reino.

-Mi Faraón. -Dijeron ambos al mismo tiempo- Estamos aquí presentes por la llamada que nos hizo.

-Shada, Karim. ¿Ustedes fueron al pueblo con mi invitada más joven, verdad?

-Mi Faraón, es correcto, pero para serle sincero no estuve presente en el momento en que ella compró a su esclavo. Respondió Shada recordando que cuando el regresó, ella ya tenía al mencionado consigo.

-Respóndanme algo. ¿Alguno de ustedes sabe cómo se llama el hombre al cual ella le entregó sus aretes por la compra de su esclavo? Preguntó el haciendo lo posible por no escucharse tan interesado en el tema.

-Al parecer se llama Gahiji. O al menos eso fue lo que Seth leyó en el título de propiedad que el hombre le entregó a ella, mi Faraón. Respondió Karim aunque no entendía hasta donde quería saber su Rey.

-Karim, necesito encomendarte una misión. Necesito que me traigas a este hombre llamado Gahiji. No importa el tiempo que te demores. Dijo el siendo más una orden que una solicitud.

-Si, mi Faraón. Respondió Karim, seguía sin entender porque su Rey, quería ver a este desconocido sujeto.

Habían pasado 4 días desde que Atem le había hecho esa encomienda a Karim, 4 días donde había estado observando a sus invitados. Yugi se veía bastante tranquilo conviviendo en el palacio. Ya no estaba tan a la defensiva con respecto a salir al pueblo acompañado de escoltas reales. Rebecca por su parte solía acompañar a su esposo, de igual manera se había dedicado a realizar túnicas y vestiduras. Y Yuriko llevaba 4 días seguidos aprendiendo conjuros con Mahad. Parecía que con el paso de los días iba olvidando la ausencia de sus aretes. La había visto desde su palco real jugando en el jardín con Kisara y charlando con su esclavo. Jono había progresado bastante estos días siendo entrenado para manejar el arte de la espada y el combate cuerpo a cuerpo, lo había estado entrenando Seth aunque él siempre le terminaba ganando en combate. Lo que era normal, Seth llevaba muchos años de entrenamiento, desde que Atem era un niño pequeño. Podía darse cuenta que su invitada más joven ya había hecho un par de amigos estos días. Siendo los más cercanos a ella: Jono, Kisara y Mahad. Aunque había visto una cercanía más profunda con el último de los mencionados.

Mahad se estaba convirtiendo en alguien importante para ella. De los conjuros enseñados hasta ahora el que podía realizar mejor la chica era el de cambiar las vestiduras de colores. Para llevar solo unos días era un avance significativo. Los había visto una vez en el jardín, Mahad tenía un pergamino en sus manos y le estaba enseñando a ella a leer y a escribir. Mahad al ser más alto que Yuriko solía pararse detrás de ella sosteniendo el pergamino mientras con sus dedos le señalaba las letras en el mismo. Verlos así le hacía sentir un pequeño malestar. Recordó la vez que ella lo abrazó de manera imprevista y aunque no le gustara admitirlo quería que se repitiera ese cálido abrazo.

-Mi Señor, disculpe por interrumpir sus actividades pero ya he cumplido con lo que me encargó. Le dijo Karim distrayéndolo de sus pensamientos.

Atem siguió a su Sacerdote, ya que tenía asuntos pendientes con el encargo que había mandado a hacer días atrás.

Gahiji "El Esclavista" estaba un poco nervioso, no tenía la más mínima idea de que porque El Faraón le había mandado a llamar. A menos que el mismo estuviera interesado en sus esclavos.

En el instante en el que vio entrar al Faraón se inclinó, era un privilegio estar frente a él. Cuando el rey tomó asiento y le hizo señas para que le hablara fue que prosiguió a conversar.

-Mi Faraón es un honor estar el día de hoy con usted. Me honra tanto que me hubiese mandado a llamar. ¿En qué puedo servirlo? Le ofrezco lo mejor de lo mejor en esclavos. Le ofreció el inmediatamente era la única razón por la que él creía que se le había llamado.

-No te he llamado precisamente por eso. Tienes en tu poder algo que me interesa conservar. Le respondió Atem sorprendiendo al esclavista.

-No entiendo a qué se refiere mi rey. Fingió no saber de qué le estaba hablando. Gahiji era conocido por vender piezas de oro de contrabando. Robadas siempre a los esclavos que vendía u obtenidas de manera "legal" al vender a los esclavos.

-No puedes negarme algo a lo que yo tengo conocimiento. Su voz fue lenta pero segura al hablar.

-Muy bien mi Faraón. Le mostraré lo que desea ver si sabe a qué me refiero. -Dio dos pequeños aplausos, uno de sus esclavos le llevó un pequeño bulto de lino, lo estiró en el suelo y todos los objetos de oro que tenía en su poder fueron exhibidos- Le presento mi más preciada colección de artículos de oro. Es lo mejor de lo mejor. Mi Rey.

Atem vio detenidamente los artículos frente a él: copas, platos, anillos, collares, pulseras de oro. Se tardó un poco pero al ver lo que estaba buscando lo señaló de manera rápida. Ahí estaban los aretes de Yuriko.

-Mi Rey ¿Le interesan esos aretes? Son mi más reciente adquisición. Me los dio una persona aunque disculpe mi lenguaje Faraón fue una completa estúpida. Por lo menos estos hermosos pendientes pararon en mis manos y no en las de un ladrón. A usted le puedo ofrecer un precio especial por ellos. Le recalcó de manera altanera al gobernante de todo Egipto.

No le gustó la forma en la que ese hombre llamó a Yuriko. Una sensación molesta se introdujo en su pecho y su semblante pasó a ser serio.

-¿De que manera obtuviste esos aretes? Disimuló su tono molesto al preguntar.

-Muy bien Faraón le contaré cómo los obtuve. Fue exactamente hace 4 días. Estaba vendiendo a un esclavo y al no recibir propuestas de compra, iba a ejecutar a esa miserable e inservible basura, cuando me detuvo una asquerosa extranjera. Lo supe en el instante en que vi su piel blanca, me gritó la maldita y me detuvo en seco. La amenacé con mi espada y aún así no se retractó ante mí. Me pidió que liberara a mi esclavo. Al final hicimos un intercambio: sus aretes por el esclavo. Yo salía ganando ante eso y se lo hice saber, más no le importó. Al final le lancé a la cara el título de propiedad y la perra se atrevió a decirme que era un idiota por lastimarla, fui benevolente con ella porque estaba de buen humor mi Faraón. Pero si le hice saber qué de haber estado de malas le habría cortado el cuello de oreja a oreja. Aunque para serle sincero, sí debí habérselo cortado. Terminó de hablar de manera burlona y triunfante.

La ira se apoderó de Atem en un solo momento, ¿Cómo se atrevía el a amenazar a su princesa? Con que derecho le llamaba de esas formas tan groseras y encima de eso, la había amenazado de muerte.

-¿¡Cómo te atreviste a amenazar a una princesa del Reino de Egipto!? Atem se levantó de su trono, su grito de furia se escuchó en toda la habitación, los sacerdotes y escoltas presentes se sorprendieron al ver a su Rey tan molesto y enojado con el Esclavista.

-¿Una… princesa….? Mi Faraón yo no sabía que ella era de la realeza, vestida como estaba como una pordiosera no me di cuenta. Trató de justificarse pero comprendió que había complicado más su situación.

El enojo del Faraón era cada vez más notorio.

-¡No, mi Faraón! ¡Tenga piedad de mi vida! -Se hincó frente a Atem presa del miedo que lo inundó en un solo momento- Mi Faraón le entrego en tributo los aretes que me entregó la princesa de Egipto. Le suplico me perdone mi falta de respeto hacia ella y hacia usted mi rey. Tomó los aretes y se los entregó en sus manos a Atem.

-Faraón, tome en calma la situación. Le dijo Shada impidiendo que Atem pudiera atacar al esclavista.

-Por esta vez, serás perdonado. Pero si me llego a enterar que vuelves a insultar y amenazar a mi princesa, te ejecutaré en el acto. Ahora lárgate de mi palacio.

El Faraón apenas había terminado la frase, cuando el esclavista salió corriendo de la sala estando muy asustado y sin mirar atrás.

Nadie le preguntó al Rey porque había reaccionado de esa forma. Solamente lo observaron al verlo sonreír, mientras veía los aretes en sus manos. Se sentía más tranquilo por haberlos recuperado. Luego encontraría el momento adecuado para entregárselos a ella personalmente.

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Uno, dos, tres. Alzaba la mano y concentraba su energía; cuatro, cinco, seis. La sensación de hormigueo en sus dedos era cálida y le dejaba un dejo de tranquilidad. Siete, ocho, nueve y Diez. Frente a ella el color de la prenda cambió, de ser un color blanco puro, ahora pasaba a ser de color azul. Un azul que le recordaba a cierto imponente Faraón.

Cuatro días llevaba repitiendo ese hechizo de manera consecutiva, Mahad le había dicho que este era el hechizo más sencillo. Debía canalizar dos tipos de magia: La magia verbal y la magia mental, para después proseguir con los cetros, tenía que aprender con todos los escenarios posibles si quería llegar a ser una hechicera de la élite, así como lo era su ahora maestro. Realmente no quería ser de la élite, ella solo tenía curiosidad y quería aprender cada vez más, desde que era pequeña y gracias a sus bisabuelos, era que ella tenía tantas ansias de conocer el antiguo Egipto.

-Buen trabajo Yuriko. Esta vez te tomó menos tiempo cambiar el color de estas prendas. Puedes tomar un pequeño descanso. Le felicitó levemente su maestro.

-Gracias, Mahad. Le sonrió un poco cansada ya que desde temprano estaban repasando el conjuro.

Su mirada se centró en el DiaDhank. Le recordaba a su disco de duelos que se había quedado en casa. Lo único que había traído consigo era su deck. A pesar de que ella no era una duelista como tal, sintió deseos de tener uno de los mismos.

-Mahad, ¿Me prestarías un momento tu DiaDhank? Le preguntó un poco nerviosa e indecisa con la petición.

-Yuriko. Ya te expliqué que no puedes usarlo, ya que es un objeto personal. Pero lo que puedo hacer es dártelo para que puedas observarlo mejor. Lo retiró de su brazo y lo colocó en el brazo de ella.

Ella admiró en silencio el DiaDhank, que tenía sus aspas cerradas, a pesar de estar hecho de oro sólido, no le generaba un peso extra en su brazo. Una explosión los sorprendió a ambos. Eso sólo podía significar una cosa, estaban atacando el palacio.

-Yuriko, ve y escóndete. Es peligroso. Ve de una vez. Él la apresuró a correr. Ambos olvidaron por completo que ella tenía el DiaDhank de Mahad en su brazo.

4 puntos del palacio estaban siendo atacados. 4 hombres tenían en su poder a los llamados " Soldados Insectos del cielo" su estrategia era separar a los escoltas reales para que dejaran desprotegido al Faraón y atacarlo. Hasta ahora tres de ellos habían conseguido separar una buena parte de la protección y los escoltas se hallaban dispersos por todo el palacio. Los Sacerdotes del Faraón se habían separado tratando de resolver la situación.

Atem se encontraba dando órdenes a sus escoltas, que se dispersaran por las habitaciones y protegieran a Yugi y su familia. Ellos eran vulnerables ya que no tenían forma de defenderse ante los ataques. No fue consciente de que uno de los infiltrados al ver que el monarca estaba distraído, lo había atacado con su monstruo.

Yuriko iba corriendo con dirección hacia la habitación de sus padres. El rompecabezas que llevaba en su cuello comenzó a brillar, eso detuvo su marcha. Al alzar su mirada vio como un hombre atacaba al Faraón. Pudo ver que el rey estaba distraído y cuando fuera a reaccionar sería demasiado tarde, no le importó nada alrededor y corrió llegando a tiempo para colocarse frente a él.

Respiró hondo. Recordaba lo que le había dicho Mahad, pero aún así valía la pena hacer el intento. Levantó su brazo con dirección hacia el cielo, concentró su energía y su mente pudo pensar en un solo monstruo que le había acompañado desde que tenía uso de razón.

-¡Sacerdotisa del Cuidador de tumbas! ¡Escucha mi llamado! ¡Préstame tú sagrado poder y ayúdame a proteger al Faraón!

El DiaDhank que pertenecía a Mahad, abrió sus aspas lentamente, en la aspa del centro se grabó la silueta de la Sacerdotisa. El rompecabezas del milenio colgado de su cuello, brilló intensamente, el cielo se tornó negro y un rayo dorado inundó la habitación y de el apareció la Sacerdotisa. Al mismo tiempo en la pirámide de lápidas de la Reina Shani, madre del Faraón actual, la lápida de la Sacerdotisa brillaba con fuerza.

-¡Sacerdotisa, usa tu báculo sagrado, y devuelve el ataque a quien lo ha enviado! Dio la orden mientras le obedecían en el acto, el ataque fue desviado y regresado a quien lo había lanzado.

Atem veía todo sorprendido, debía aceptar que se había distraído y confiado demasiado, cuando se dio cuenta de que estaba siendo atacado no iba a poder defenderse. Hasta que ella apareció y lo defendió con su invocación. Conocía ese DiaDhank, le pertenecía a Mahad, ¿Cómo rayos ella había sido capaz de utilizarlo y sobre todo lograr invocar a uno de los monstruos protectores más difíciles de llamar?

Otro ataque salió del intruso y este le dio de lleno a la Sacerdotisa en su estómago. Yuriko jadeó y se tomó del pecho. El dolor que sintió fue insoportable y no pudo evitar lanzar un grito de dolor. Era una agonía constante y sentía que con cada latido de su corazón, se desgarraba por dentro. Mahad no le había dicho que era tan doloroso recibir un ataque. Su invocación desapareció después de ese ataque. Había perdido la concentración por el dolor, y todo se había desmoronado. Volvió a ponerse de pie, y decidió que si no podía volver a invocar un monstruo defendería al Faraón con su cuerpo, más ella se desplomó hacia atrás y el Faraón la tomó en sus brazos.

-Faraón. Váyase y póngase a salvo, suélteme y déjeme aquí. Susurró débilmente se sentía cansada y estaba a punto de desmayarse.

-Eres una imprudente. No voy a dejarte aquí. Trató de hacer que su tono de voz, se escuchara autoritario más no lo logró, estaba preocupado.

Un tercer ataque fue lanzado hacia ellos dos. Pero esta vez no había un monstruo que pudiese detenerlo.

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Bueno amigos hasta aquí llegó el capítulo 2 del conjuro secreto. Esperamos hayan podido disfrutarlo. Realmente me estoy divirtiendo mucho al escribir esta entretenida historia.

"Alwahm" Significa Ilusión en árabe.

Gracias a los que están pendientes de la historia. Nos leemos en el siguiente capítulo.

Atte.

Sharlotte Soubirous y Hagers.