Hola amigos, por fin después de tanto tiempo tenemos el tercer capítulo de "El conjuro Secreto" Esperamos sea de su agrado.

Damos algunas advertencias a continuación.

Advertencia 1: Lenguaje vulgar.

Advertencia 2: Habrá un intento de lemon, a quienes no les guste pueden evitar leer el capítulo o saltarse la escena en cuestión.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

El Conjuro Secreto: Capítulo 3: Encuentros.

Se sentía cansada, realmente le dolía mucho el pecho y la cabeza, estaba demasiado débil para reaccionar, podía sentir los brazos fuertes del Faraón abrazándola y protegiéndola. Sonrió suavemente no podía negar que el Faraón era una persona sumamente atractiva, pero a pesar que se sentía protegida en esa posición, recordó que estaban en una batalla. Habían lanzado un tercer ataque, ella no tenía más fuerza para hacer otra invocación y por la forma en que la estaba sosteniendo el Rey, no podía alzar su brazo y detener el ataque. Él tenía razón, había sido imprudente y por culpa de ella, lo lastimarían a él. Se sentía mal por lo que había ocasionado.

Cerró los ojos esperando recibir el ataque del intruso, pudo sentir como el Faraón intensificaba el abrazo que le daba. Más el ataque no llegó a lastimar a ninguno de los dos.

-¡Dragón del cuerno blanco, ataque de brisa celestial! La voz de Kisara retumbó en toda la habitación.

Un rayo destructor salió de la boca de ese Dragón que se parecía tanto al dios egipcio Slifer, Yuriko abrió sus ojos y se sorprendió al ver que Kisara tenía un DiaDhank, a pesar de que eran amigas, Yuriko no se había tomado la molestia de preguntarle si ella también podía utilizar la herramienta de batalla que parecían poseer todos los allegados al Faraón. El dragón desvío la energía del ataque causando una onda expansiva en toda la habitación, la cual derrotó al intruso.

-¡Faraón! ¿Se encuentra bien? La voz del Sacerdote Seth fue fuerte y clara. Se podía ver que tenía su cetro en alto y estaba dispuesto a luchar junto a Kisara.

-Lo estoy. Gracias. Respondió Atem, su preocupación desapareció en el instante. Los dos estarían bien después de todo.

Dándose cuenta que el monarca estaba a salvo, se sintió más tranquila, dio un pequeño suspiro y finalmente pudo quedarse dormida, habían sido demasiadas sensaciones por ese día. Debía recuperar su energía.

-¡Yuriko! Exclamó Kisara cuando había repelido el ataque no se había percatado que ella estaba en los brazos del Faraón.

Shimon, Shada, Karim, Isis, Mahad y Aknadin entraron en la habitación, habían logrado neutralizar a los otros tres enemigos. El más preocupado ante esto era Mahad, había olvidado por completo que le había entregado a Yuriko su DiaDhank al momento de luchar no lo tenía consigo y tuvo que combatir de la manera tradicional: combate cuerpo a cuerpo. No podía entender en qué momento los intrusos habían podido ingresar y atacar el palacio. La argolla milenaria había estado fallando últimamente, no podía sentir la presencia de extraños alrededor.

-Ella va a estar bien, mi rey. -Isis le hizo señas a Atem para que él le entregase a la chica- Mi collar me lo ha mostrado todo, está cansada después de haber estado entrenando con Mahad y haber hecho esa invocación es normal que se haya desmayado. Mi Señor ¿Desde cuándo le dieron un DiaDhank a la invitada?

-Yo no le dado uno. El que ella tiene en el brazo, es de Mahad. -Respondió Atem retirando el artefacto del lugar donde ella lo tenía y procedió a devolvérselo a su verdadero dueño- Mahad te ordeno que me des una explicación al respecto.

-Mi Faraón, yo le estaba enseñando conjuros a Yuriko cuando ella me pidió el DiaDhank para verlo, yo lo coloqué en su brazo, y es cierto que le mostré como se usa, mi Rey. No lo hice con el afán de que se lastimara. ¿De que invocación hablas Isis? Se sentía muy nervioso no lograba entender algunas cosas que le estaba preguntando su Señor.

-Mahad, Yuriko utilizó tú DiaDhank, e invocó a la Sacerdotisa…

-¡Imposible! ¡La única que podía llamar a la Sacerdotisa era la Reina Shani! -Exclamó Aknadin con rudeza- Maldita niñita es una lástima que hayas sobrevivido, estarías mejor muerta- Pensó con malicia pero al ver que había interrumpido a su rey, guardó silencio.

-¿Mi DiaDhank? Mi Señor eso no es posible. Nuestras herramientas son personales. No puedo creer que ella haya podido hacer tal cosa. Una punzada de incertidumbre pasó sobre su corazón.

-¿Acaso dudan de mi palabra? Acabo de decirles que ella salvó mi vida antes de que ustedes llegaran. Atem se enfadó no porque dudaran de él, lo que le molestaba era que Mahad fuese tan descuidado con ella. No debió dejarla sola y mucho menos prestarle algo que ella no entendía.

-Perdóneme mi Rey. Yo no quise poner a Yuriko en peligro. Yo… Mahad tragó en seco. Le había fallado a las dos. Otra vez había fallado en su deber de proteger a quienes quería.

-Mi Señor, ella va a estar bien, solamente necesita descansar. Entréguemela, yo la llevaré a su habitación para que pueda dormir a gusto. Repitió Isis de manera pausada ella no quería que el Faraón destituyera a su pareja de su cargo.

-¡No!- La abrazó de manera protectora mientras se levantaba y la tomaba en sus brazos- No será necesario Isis, yo la llevaré a sus aposentos. Es lo mínimo que puedo hacer, después de lo que ella hizo por mí.

Los Sacerdotes no entendían que estaba pasando, porque su Rey se comportaba de esa manera tan ruda. La hija de Yugi, ya no corría más peligro, ninguno de ellos la lastimaría. Shimon era el único que no cuestionaba a su Faraón, la chica tenía algo especial debía reconocerlo, había una leyenda que se contaba de generación en generación la cual mencionaba que si alguien lograba usar el DiaDhank de otra persona y hacía una invocación con éxito, eso significaba que había una conexión ancestral entre almas. Nunca entendió a que tipo de relación se refería, no había visto ese fenómeno manifestarse ante él, únicamente lo había escuchado de otras personas que habían tenido el privilegio de ser testigos de lo mencionado. ¿Qué tipo de unión tenían Mahad y Yuriko? Amorosa no era, eso quedaba más claro, Shimon los había observado durante estos días y ellos parecían tener una relación de hermanos.

La segunda cosa que lo tenía pensativo era la invocación realizada, Aknadin tenía razón, la única persona que había tenido el poder suficiente para invocar a la Sacerdotisa, era la Reina Shani. La madre de su Faraón. Esposa del Faraón Aknamkanon. Siempre que pensaba en ella solía sentir nostalgia ya que la reina murió siendo muy joven. Fue una valiente guerrera nacida y crecida en una aldea lejos del reino, La Sacerdotisa y otros Monstruos similares a ella, habían sido invocados muy pocas veces. Pero solo escuchaban el llamado de los que tenían mucho poder y eran dignos de ser escuchados. Tenía mucho que investigar si quería llegar a obtener las respuestas.

-Karim, Shada. Les ordeno que hagan una investigación. Necesito saber quién conspiró en mi contra.

-Si, mi Faraón.

Atem salió de la habitación cargando a Yuriko en sus brazos, detrás de él iban Seth, Kisara, Isis y Mahad. Tenía que llevarla a su habitación y debía dejarla descansar. Aunque tenía muchas cosas que hacer pero por esta vez las dejaría de lado. Rápidamente llegaron a la habitación, la recostó suavemente en la cama y la cubrió con la sábana, se veía tan tranquila en su descanso.

-Faraón, es necesario que sigamos con los deberes pendientes. Dijo Seth, no habiendo más peligro, ya no era necesario seguirla cuidando solo bastaba con ponerle uno o dos guardias afuera de la habitación.

-Ustedes pueden retirarse sí lo desean. Me voy a quedar aquí hasta que despierte. Después hablaré contigo Mahad. Era más una orden que una petición.

-Pero mi Señor, los deberes… Seth se estaba dando cuenta de que la chica significaba algo más que solo una invitada común del palacio.

-Los deberes puedo verlos después Seth, no contradigas mis órdenes. Retírense. Estaba perdiendo la poca paciencia que tenía en esos momentos.

-Si, mi Faraón. Los cuatro salieron rápidamente de la habitación. El Faraón era justo y noble pero cuando se enojaba llegaba a ser soberbio y muy impulsivo.

Se quedó parado al lado derecho de la cama y se dedicó a observar a la chica que dormía plácidamente y sin saber lo que ocurría alrededor. Eso aparentaba ya que dentro de su mente se estaba dando uno de los acontecimientos más importantes de su vida.

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No sabía dónde se encontraba sentía que llevaba horas y horas caminando, que no lograba a avanzar por más que movía sus piernas al caminar. Todo se encontraba en una absoluta oscuridad, lo último que recordaba era que el Faraón estaba a salvo.

-¿Hola? ¿Se encuentra alguien allí? ¡Creo que estoy perdida! Alzó la voz tal vez podría haber alguien más que la podría ayudar en ese lugar.

-No hay nada a lo que le debas temer. Ya que estamos dentro de tu subconsciente.

Reconoció la voz al instante. Y frente a ella estaba la Sacerdotisa, más esta vez no estaba sola junto a ella estaban la Espiritista y el Visionario. Los tres Monstruos más poderosos de su Deck.

-Yuriko. Hemos sido llamados aquí para probar que eres digna de ser portadora de nosotros tres. Hoy pudiste invocarme por un breve momento, pero en tu época no nos das el valor que nos corresponde, únicamente somos adornos en tu Deck. Hoy te vamos a demostrar que somos más que un simple cartón que colocas en un disco. ¡Te reto a un duelo! Exclamó la Sacerdotisa en su brazo apareció un disco de duelo de los que Yuriko había usado anteriormente.

-Acepto tu duelo. Pero no tengo un disco de duelo y mucho menos un Deck. ¿Cómo vamos a enfrentarnos? Dijo ella no tan segura de haber aceptado. Tenía que reconocer que estaba asustada. No solía tener sueños tan raros.

La Sacerdotisa movió su báculo sagrado y en el brazo de la chica apareció un disco de duelo y un Deck. Con eso estaban iguales y podían enfrentarse en batalla.

-¡Hora del Duelo! Dijeron al unísono Yuriko y la Sacerdotisa, esta prueba acababa de comenzar.

Ambas tienen 4,000 puntos de vida. El primer turno lo tomó la sacerdotisa al ser la retadora.

-Coloco un monstruo boca bajo en modo de defensa. Ahora descarto de mi mano una carta de mi juego. El cual es el "Comandante del Cuidador de Tumbas" al mandarlo a mi cementerio, puedo utilizar su habilidad especial, la cual me permite tomar mi carta de campo: "Necrovalle" y activarla en el campo de batalla. Doy por terminado mi turno. Dijo la mujer demostrando su habilidad en los duelos.

-Mi turno. -Dijo la chica tomando una carta de la baraja- Un momento conozco esta carta a la perfección. Pertenece al Deck de mi padre. Eso quiere decir que ella tiene mi Deck, y yo debo tener el de papá. Eso es una gran ventaja ya que conozco cada una de las estrategias del Rey de los duelos. Será fácil ganar el desafío al parecer- Invoco al "Guardián Celta " en modo de ataque . ¡Guardián Celta ataca a su monstruo boca abajo! Exclamó la tricolor haciendo su primera jugada.

-Atacaste a mi monstruo "El Espía del Cuidador de Tumbas", el cual tiene 2,000 puntos de defensa. Cuando pasa a estar en modo de ataque, tu monstruo y tú pierden la diferencia. Como tu monstruo tiene 1,400 puntos son restados de su defensa, y son restados 600 puntos de vida en el acto. Activo la habilidad especial del "Espía" el cual me permite llamar a un nuevo Cuidador de mi Deck " El Reclutador del Cuidador de tumbas" El cual tiene un poder de ataque de 1,200 y un poder de defensa de 1,500.

Yuriko se sorprendió por la jugada. No recordaba que eso podía hacer su deck, con ese nivel de poder, podría ganarle a Jordán en las batallas fácilmente.

-Rayos, debí invocar al "Guardián Celta de Almas nobles" que está en mi mano. Debí haberlo sabido no soy tan buena como papá. La Sacerdotisa me está destrozando en el campo de batalla. Invoco al "Guardián Celta de Almas nobles" en el campo y termino mi turno.

-Bien. Sigue mi turno. Tomo una carta e invoco a "El Descendiente del Cuidador de Tumbas" con una defensa de 1200 y 1500 de ataque. Activo mi carta "Tributo Real" Está carta solo la puedo utilizar sí tengo en el campo de batalla la carta de campo "Necrovalle" su efecto especial hace que descartes toda tu mano al cementerio. Dijo la Sacerdotisa, debía ser imparable sí quería que Yuriko aprendiera la lección que le estaba dando con cada turno jugado.

- Oh no. He perdido a el "Mago Oscuro" y a la "Chica Maga Oscura" no voy a poder invocarlos en el próximo turno. Dijo la chica de ojos verdes preocupándose en realidad.

-No ganarás Yuriko. No has practicado como es debido. Por eso tus estrategias son demasiado débiles. Activo el efecto del "Descendiente" al sacrificar a uno de mis monstruos puedo destruir en el acto a uno de los tuyos. Así que sacrifico a el "Reclutador" para destruir a tu "Guardián Celta de Almas nobles" La Sacerdotisa estiró su brazo dando la orden del ataque.

-¡Oh no! ¡Mi monstruo más fuerte! Exclamó la tricolor no estaba lista para la batalla.

-Cuando el "Reclutador" es enviado al cementerio puedo agregar a otro miembro de la familia de cuidadores. Así que elijo a la "Espiritista del Cuidador de Tumbas" la conoces bien ya que ella es tu segundo monstruo favorito después de mi. Así que sabes cuál es la siguiente jugada. "Espía" y "Espiritista" hagan un ataque doble ahora.

La "Espiritista" destruyó al "Guardián Celta" y "El Espía" atacó directamente a Yuriko.

-¡Aaaaa! ¡No! Gritó Yuriko al recibir el ataque directo en su piel, se sentía tan real el dolor.

Yuriko se había quedado con 2,100 puntos de vida y ni una carta en su mano.

-Por favor Corazón de las Cartas ayúdame a demostrar que no soy una novata y que si soy una duelista. Sacó una carta de su Deck y sonrió, aunque tenía que dar la mitad de sus puntos de vida para invocarlo.

-Sacrifico la mitad de mis puntos de vida para Invocar a "Gandora, El Dragón de la Destrucción" y aunque ya sé que es una jugada sin sentido, elijo atacar tus puntos de vida directamente. ¡Gandora! ¡Ataca a la Sacerdotisa! El monstruo obedeció la orden y después de atacar a su objetivo desapareció.

-Yuriko perdiste tu oportunidad de derrotarme. Invoco al "Espiritualista del Cuidador de Tumbas" Como aún está en juego la carta de "Necrovalle" puedo utilizar la fusión sin necesidad de usar "polimerización" para unirlos, así que decido usar al "Espiritualista" y al "Espía" para formar al "Supernaturalista Cuidador de Tumbas" está nueva fusión le da un total de 2,800 puntos y como no tienes ni un solo monstruo o carta que te proteja, ordeno que mi ataque sea directo. ¡Supernaturalista! ¡Ataca y dame la victoria en este duelo!

Yuriko cerró los ojos antes de recibir el ataque. Había perdido el desafío. Simplemente podía confirmar que era una pésima duelista. No era digna de ser llamada "hija del Rey de los Duelos" Recibió el ataque directo, y sus puntos de vida cayeron a 0. Perdiendo el duelo. Cayó de rodillas y agachó la cabeza, ni siquiera en el Antiguo Egipto era digna de llevar un duelo al final y ganar la batalla.

-Yuriko -levantó la cabeza al ver a sus tres Monstruos frente a ella- Esto es una lección, no eres una mala duelista. Solo que no nos has dado el valor que tenemos. Desde que estabas en el vientre de tu madre fuimos escogidos para ser tus guardianes y tienes una misión que cumplir aquí. Entrena pequeña lirio ya que viene una fiera batalla. Somos más fuertes que el "Mago Oscuro", la "Chica Maga Oscura" y el "Dragón Blanco de Ojos Azules" pero es necesario que sepas luchar. Hoy demostraste coraje y valentía pero te falta estrategia. Estaremos atentos a tu llamada cuando nos invoques en batalla. Has pasado la prueba. Al finalizar sus palabras los tres desaparecieron de la vista de la tricolor.

Sonrió, la decepción fue cambiada por la ilusión de ser alguien mejor.

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Abrió sus ojos de manera pausada, lo que había vivido le dejaba una valiosa lección. Sintió la emoción y la adrenalina de lo que sientes al luchar poniendo el corazón de las cartas y la estrategia en juego. Aunque no logró ganar el desafío, reconocía que no le daba un verdadero valor a sus cartas. Para ella simbolizaban únicamente su inexperiencia en su duelo. La única estrategia prestada que utilizó fue haber llamado a Gandora en su último turno, se sentía más tranquila. Ahora estaba segura que podía confiar su vida a su Sacerdotisa, su Visionario y su Espiritista. Bueno si es que podía volver a llamarlos verdaderamente para luchar.

Se sentó en la cama y observó que alguien se había quedado dormido a la par de ella. Pero solo pudo ver que la persona que se había quedado dormida tenía recostada la cabeza y la mitad de su cuerpo en la parte que ella no estaba ocupando de la sábana. No sabía con exactitud cuanto tiempo se había quedado dormida, lo que sabía era que había pasado demasiado tiempo, la habitación se encontraba oscura. Sonrió débilmente siempre sería la niña de papá, puesto que al ver ese cabello era imposible confundirlo.

-Papá, despierta no es necesario que duermas así conmigo. Vamos mamá te ha de estar esperando. Lo movió suavemente tratando de despertar a quién ella creía que era su padre, puso su mano sobre su cabello. Al mismo tiempo pudo sentir que la tomaban de las mejillas.

La persona suspiró pero se levantó lentamente, cuando ambos se vieron a los ojos, ella comprendió que no era su padre a quien había tocado hace un momento.

-¿Faraón? Preguntó sintiendo que sus mejillas se tornaban calientes y lo más probable es que estuvieran rojas, además las manos del monarca seguían sobre su piel.

Esta vez su visión le había fallado. Reconociendo la verdad solamente conocía una persona con un cabello tan exótico y ese era su padre. Al menos hasta ahora. Se le fueron las palabras, ya no sabía que más decir. No podía creer que el rey de Egipto la hubiese estado cuidando en la habitación que él le asignó.

-Me alegra ver que te encuentras bien. Le respondió Atem, sí la habitación hubiera estado iluminada ella habría podido ver que el se hallaba sonrojado también.

-Gracias Faraón. ¿Está bien? Dormir en esa posición no ha de ser cómodo. -Respondió ella tratando de no escucharse nerviosa- Un momento, Faraón, ¿Por qué está en mi habitación? Sentía que estaba olvidando algo importante.

-Yuriko. Tú me salvaste la vida. Utilizaste el DiaDhank de Mahad e invocaste a la Sacerdotisa. La voz del Faraón trataba de escucharse autoritaria más con ella no lo lograba. Siempre le hablaba con un dejo de ternura que no tenía con nadie más. Ni siquiera con la que alguna vez fue su prometida.

-¿Entonces funcionó? ¡En realidad funcionó!-Dio un pequeño aplauso para sí misma y le sonrió con una gran emoción- No creí que lo pudiera realizar, pero me alegra haberlo podido ayudar.

-¿Me estás diciendo que no tenías la certeza de que tu acción tuviera algún éxito? Sus palabras sobresaltaron el corazón de Atem, volvió a sentir la preocupación que pudo percibir cuando la vio caer después de recibir el segundo ataque.

-Pues, Faraón… No. Mahad me explicó que es un artículo personal. Me sorprende que si funcionara al final. -Trató de levantarse de la cama, pero un fuerte dolor en el pecho se lo impidió. El golpe que le dieron le había afectado más de lo planeado- ¡Aaaaa!

-¿Estás bien? Preguntó tratando de ayudarle.

-Me sigue doliendo. Tal parece que no me he recuperado del todo. Intentó que su voz no se quebrara pero fue en vano.

Un golpe seco se escuchó afuera de la habitación, Atem se levantó y procedió a abrir la puerta, cuando lo hizo, dos figuras entraron corriendo en la misma. Yugi fue el primero en entrar, pasó ignorando a Atem y no se detuvo hasta que abrazó a su hija. Rebecca y Yugi habían salido a conocer el pueblo, acababan de regresar cuando Jono, el amigo de su hija les informó lo que había pasado. No lo dudaron en ningún momento y ambos corrieron hasta la habitación de ella. Sobre todo Yugi quien fue el primero en llegar y entrar.

-¡Oh mi pequeña! ¿te encuentras bien? Dime, estás mejor? ¿Te duele algo? Yugi seguía apretándola entre sus fuertes brazos, no podía evitarlo siempre que la veía de manera vulnerable no podía evitar imaginarla cuando ella tenía 3 años y le estrechaba sus manitas para que él la tomara en brazos.

-¡Papá! ¡Me… estás… asfixiando…! Le costó mucho decir las palabras realmente sentía que le faltaba el aire.

-Lo siento. Disminuyó la fuerza de su abrazo.

-Si lo estoy. Solo estoy un poco adolorida pero estaré bien. Solo necesito reposar. Le sonrió a sus padres por la magnitud de la situación decidió no decir más.

-Yugi, me retiro. Le pediré a mis sirvientes que le traigan todo lo que pueda necesitar a tu hija. Será tratada como una princesa, estoy en deuda con ella. Salió de la habitación sin esperar una negativa o un agradecimiento de parte de los tres presentes.

Siendo sincero consigo mismo, debía descansar un poco había pasado parte del día e inicio de la noche cuidando a Yuriko. Estuvo observándola dormir plácidamente en la cama. Aunque llegó a un punto donde se sentó en el suelo, pero el cansancio lo venció y al recostarse sobre las sábanas de la cama se quedó dormido. Reaccionó hasta que sintió una delicada mano tocar su cabello, se levantó y procedió a colocar sus manos en las mejillas de ella. Su piel era suave y no tenía calentura. Isis le había dicho la verdad. Ella solo necesitaba descansar. No podía negar que había pensado que ella era imprudente, ingenua y tonta al haberse arriesgado de esa forma; pero tampoco podía negar que su tranquilidad estaba reestablecida por verla sana y salva. Era el mejor momento para descansar.

Tres días habían transcurrido desde los acontecimientos anteriores, aunque Yuriko estaba mejorando, se sentía muy aburrida. Tal y como el Faraón lo había prometido, le dieron los mejores tratos y atenciones, le prepararon los más exquisitos manjares.

Kisara era una de las doncellas que más le había cuidado estos días. A pesar de la regañada que le dió al exponer su vida de esa manera procedió a darle un abrazo después de que terminó su sermón. Pasaba parte de las mañanas y las tardes conversando con ella, así supo que ella al ser la pareja oficial del Sacerdote Seth era una de las dos mujeres en el palacio que poseía un DiaDhank. Otorgado por el mismísimo Faraón, era un honor tener uno de los mismos pero al mismo tiempo era una gran responsabilidad ya que era un instrumento de guerra y consumía tu energía vital.

Jono y Mahad solían llegar por la tarde. El primero rompió a llorar cuando supo que ella había interferido en esa batalla, el Faraón le había dado una oportunidad para estar en el palacio solo tenía que cuidar a Yuriko, y en la primera ocasión donde debía estar pendiente pasaba esto. Ella lo consoló diciéndole que él no tenía porque estar tan angustiado, y que el Faraón no le quitaría su cargo, eso calmó y relajó los ánimos de Jono. Adicional a la caricia que ella le depositó en la cabeza.

Mahad por su parte la primera vez que llegó a visitarla no pudo verla a los ojos. Se sentía culpable de lo que había pasado, al verla recostada en su cama, sus recuerdos del pasado volvieron a invadirlo. Sentía a flor de piel lo que había pasado hacía tantos años. Ella solo lo miró con ternura, procedió a tomar una de sus manos y le dijo que él no tuvo la culpa de sus decisiones. Qué siempre sería un excelente maestro, y que ella había sido imprudente al tomar su DiaDhank y usarlo, no entendían porque había funcionado correctamente. Se dieron un abrazo fuerte y la confianza entre ambos seguía siendo un nexo en sus corazones.

A pesar de sentirse mucho mejor se sentía aburrida, ya no quería seguir postrada en la cama, quería salir, volver a sentir el viento en su rostro. Ya que por su condición no se le permitía ni siquiera llegar al jardín. Después de desayunar, se bañó y cambió de ropa. Saldría de su recámara y caminaría aunque fuera solo por los pasillos. Había cosas que seguía sin entender, el único día que vio al Faraón fue el día que la atacaron. No entendía porque el se comportaba así con ella, le daba más atenciones de las que merecía. Conforme avanzaba llegó a la salida del palacio, se decidió a ir sola, recordando que cuando regresaba de la escuela daba ese tipo de caminatas. Y aunque esta época fuera diferente de igual manera saldría. Pero hubo algo con lo que no visualizó, los guardias de la puerta no le permitieron salir del palacio.

-Señorita, entienda tenemos órdenes del Faraón. No podemos dejarla salir. Respondió uno de los guardias colocando sus lanzas en forma de una x le impedían el paso.

-Por favor, señor guardia. Déjeme salir un momento. Estoy aburrida, quiero ir al pueblo. Le respondió ella haciendo un puchero. No podía creer que el rey hubiese dado ese tipo de orden.

-No podemos. Pídale permiso a nuestro Rey y con gusto le permitiremos el paso.

Regresó por donde había venido, tenía que hablar con el Faraón para que le permitiera salir. Según le habían informado los guardias el Rey estaba en su sala del trono. Decidió ir hasta allá, sí tenía suerte y él estaría desocupado le podría atender por un momento. Los escoltas de la puerta le observaron y le permitieron entrar. En la sala pudo observar al Faraón sentado en su trono, con él estaban Shimon y Aknadin, al parecer no era un buen momento para que él la pudiera escuchar. Dio la vuelta y comenzó a retirarse cuando una fuerte voz la detuvo.

-Yuriko. ¿Qué necesitas? El Faraón había dejado de hablar con su visir y su tío. Cuando la vio entrar ella venía caminando hacia él. Pero dio la vuelta sin decir más.

-Faraón, hace un momento traté de irme, quería dar una vuelta en el pueblo. Los escoltas no me lo permitieron. Me dijeron que usted dio órdenes que no me dejaran salir. ¿Eso es cierto? Preguntó de manera sutil, no quería molestar al Faraón.

-Si, lo es. No estás en condiciones de salir. Dio una respuesta directa, más al ver la mirada ¿Decepcionada? De ella se arrepintió de su forma de hablar.

-¡Oh, vamos! Faraón, ya me siento mejor, estoy aburrida. Quiero salir un momento. Le dijo haciendo un puchero de nuevo.

-¡Qué insolente eres niña! El Faraón está demasiado ocupado como para resolver tus caprichos. La voz de Aknadin resonó con fuerza. Quizás tenía razón, ella estaba siendo demasiado fastidiosa.

-¡Aknadin! No le hables a la invitada del Faraón así. Tú mismo lo has dicho. Es una niña, es normal que se aburra. Respondió Shimon. Ya que quería evitar un pleito frente a su rey. Ya que todos se habían enterado que Aknadin y Yuriko tuvieron un altercado verbal en el jardín.

Atem se bajó de su trono y se acercó a Yuriko. Se vieron a los ojos, el vio que ella estaba avergonzada, lo que había dicho Aknadin era de muy mal gusto. Y viéndolo bien ella ya se encontraba mucho mejor.

-Está bien. Autorizo que salgas un momento. Pero no irás sola. Te acompañará Jono como tú escolta personal que es. Kisara irá contigo y te ayudará sí necesitas algo en el camino. Le dijo mientras su voz iba bajando de tono. Nunca lograba hablarle de manera autoritaria siempre que trataba de hacerlo terminaba hablándole dulcemente.

-Muchas gracias Faraón. Le dijo ella cerrando sus ojos y sonriendo.

Luego procedió a hacer algo que nadie en esa habitación esperaba, se acercó al rostro del Monarca y le plantó un beso en la mejilla. Fue un momento breve pero para Atem se sintió como si fuese una eternidad. Se sonrojó fuertemente. Shimon se quedó viendo la escena con suma impresión, el Faraón no permitía ese tipo de interacciones con él. Jamás se lo permitió a su ex prometida. Cuando se trataba de Yuriko el Rey cambiaba por completo. El la había nombrado "su princesa"

Aknadin quiso gritarle a la chica que se alejara del Faraón. Estaba molesto por la situación, se indignó cuando vio que el se estaba tomando tantas molestias por ella. Ni si quiera con la mujer con la que estuvo comprometido tenía tantas atenciones. Sí las cosas seguían así sus planes no se realizarían. Su rey no podía casarse y menos tener descendencia. El se encargaría de ello, para que así, Seth; su hijo fuera el rey. Aunque el mencionado no estaba enterado de su lazo de sangre. Debía deshacerse de la niñita a cualquier precio.

Yuriko reaccionó ante lo que estaba haciendo, se separó del Faraón y se sonrojó.

-Lo siento Faraón no volveré a hacerlo. Con permiso y muchas gracias. Salió de la habitación pensando que tenía que aprender a ser menos impulsiva.

Atem la vio salir de la habitación. Seguía sonrojado por lo acontecido, era la segunda vez donde ella lo tomaba por sorpresa y se acercaba demasiado. La primera vez fue un abrazo y ahora era un beso suave. Tocó su mejilla recordando el momento en que ella posó sus labios sobre él.

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Se sentía feliz. Tomó de la mano a Kisara mientras caminaban dando pequeños brincos, Jono iba a la par de ellas, sentir de nuevo el viento y el insoportable calor le hacían sentir de mejor humor. Lo único que no le agradaba era que los aldeanos que alguna vez la miraron con extrañeza, ahora le hacían reverencia como si fuera una princesa.

Simplemente no lo entendía. Con cada paso que daban escuchaban los murmullos de las personas.

-¡Miren es la princesa de Egipto!

-¡Es muy hermosa nuestra princesa!

Ella se ruborizó mientras pensaba que todo era un error. Ella no se consideraba bonita, los únicos que solían llamarla de esa forma eran sus amigos más cercanos y sus padres.

No estuvo consiente que tanto habían avanzado en el pueblo, hasta que reconoció el lugar donde se hallaban, estaban cerca de donde ella había comprado a Jono, la primera vez había llegado por casualidad, pero está vez sentía que algo o alguien la estaba atrayendo a ese lugar.

-Yuriko ¿Pasa algo? Preguntó Jono había estado pendiente en todo el camino. No permitiría que ella se volviese a arriesgar bajo ningún motivo.

No respondió la pregunta, cerró sus ojos lentamente y canalizó su magia, sentía que algo no estaba bien, que algún tipo de energía oscura estaba pasando cerca de ese lugar, sintió miedo y desesperación que desprendía alguien en particular.

-¡Ayuda! ¡Suéltenme! ¡Alguien ayúdeme por favor!

Un grito desesperado los hizo sobresaltar a los tres. Alguien estaba en problemas, y la tricolor no se quedaría de brazos cruzados.

-Jono, Kisara. Debemos ayudar a esa persona. El grito se escuchó por esa casa, vamos.

-Yuriko, no es prudente que vayamos a ese lugar. Respondió Kisara, su amiga acababa de recuperarse y ella no quería que se lastimara de nuevo.

-Lo sé, Kisara pero no la podemos dejar a su suerte. Sí no quieren ir, lo entiendo, iré sola y veré qué puedo hacer. Respondió ella poniéndose seria, no permitiría injusticias.

-No. Los tres estamos en esto. No te abandonaremos, vamos. Respondió Jono colocando su mano en el hombro derecho de Yuriko. Kisara tomó su mano en señal de apoyo.

Los tres empezaron a caminar sigilosamente. Sí querían ver que era lo que estaba pasando debían ser cautelosos. La casa de dónde provenían los gritos era una que se veía deshabitada, abandonada y sucia, Jono encontró una puerta en la parte de atrás de la misma, entraron gateando, para no hacer ruido. Se escondieron detrás de lo que parecían ser unas vasijas de barro pesadas y viejas. Los gritos de la mujer se escuchaban cada vez más desesperados. La mencionada era una mujer rubia, de piel bronceada y ojos de color lavanda llenos de lágrimas, sus manos y pies estaban atados con sogas, tenía un vestido blanco y en el cuello llevaba una especie de collar de oro con un zafiro al centro. Dos hombres la tenían sujetada de los hombros mientras ella trataba de alejarse en vano. Un tercer hombre estaba parado frente a una especie de mesa de piedra, tenía un libro en sus manos mientras recitaba algunas palabras en un lenguaje desconocido. Finalmente recostaron a la mujer, quien ya casi se encontraba afónica de tanto gritar.

-Amado dios Baal, escucha mi plegaria. Te entrego a esta mujer en sacrificio para agradarte. Empuñó un cuchillo dispuesto a encajarlo en el pecho de la víctima del sacrificio.

Eso era lo último que iban a escuchar los tres, Jono había decidido enfrentar al hombre que tenía el cuchillo, mientras Yuriko y Kisara distraerían a los otros dos presentes. Jono empujó al hombre hacia atrás mientras le quitaba el cuchillo, los otros dos trataron de atacar pero las chicas los empujaron adentro de los jarrones quedando atrapados en los mismos.

La tricolor y la doncella de ojos azules se acercaron a la mesa y le quitaron la sogas a la mujer, mientras le ayudaban a bajar del lugar donde estaban haciendo el ritual.

-Estamos aquí para ayudarte. No dejaremos que te hagan daño. Dijo Yuriko sonriéndole de manera tierna.

Un golpe fuerte y un quejido, resonó en el lugar, las tres voltearon a ver y observaron a Jono inconsciente en el suelo.

-¡Jono! Gritaron ambas mujeres con preocupación.

-Esta maldita mierda interfirió en mi ritual y ustedes malditas putas, no evitarán que ofrezcamos nuestra ofrenda a mi dios. Exclamó el hombre furioso. Alzó la mano dando un puñetazo el cual le dio a Kisara en el estómago haciéndole caer desmayada.

-¡Kisara! -Gritó Yuriko con fuerza- ¡Quédate detrás de mí! Le dijo a la misteriosa mujer de cabello rubio.

-Devuelve mi ofrenda, estúpida perra. El hombre se acercaba de manera peligrosa hacia ella.

-No lo haré. Alzó los brazos protegiendo a la mujer.

-¡Maldita! Empuñó la mano y le propinó un golpe certero en la mejilla derecha.

Era el golpe más fuerte que le habían propinado en su vida. Podía sentir la sangre coagularse en el lugar donde la habían dañado. Se sujetó la parte afectada, sintió sus dientes temblar en su boca. Escupió un poco de sangre, estaba segura que le había roto el labio superior de la boca también.

-¿Eso es lo mejor que puedes hacer? Lo retó sabiendo que no tenía posibilidades de ganar está vez.

Solamente vio al hombre empuñar el cuchillo, se preparó mentalmente para recibir una puñalada, solo lamentaba no poder ver a sus padres y al Faraón. Cerró los ojos imaginando que se despedía de sus padres, de quién ella consideraba su hermano, sus dos mejores amigos y que depositaba un beso en la mejilla del Faraón.

-Lo siento. No pude salvarte. Le dijo a la mujer a quien había tratado de ayudar.

Esperó el golpe más este nunca llegó. Escuchó a la mujer gritar asombrada y al abrir sus ojos vio a quien menos esperaba. Mahad la había salvado de morir apuñalada. Estaba sosteniendo el brazo del hombre y lo presionó hasta que el soltó el cuchillo.

-¡Mahad! Exclamó mientras se sentía más tranquila, esta vez corrió con mucha suerte.

-¿Qué están haciendo en este lugar? ¡No está autorizado hacer sacrificios humanos en nuestro reino! Exclamó Mahad mientras le exigía respuestas al hombre.

-Yo no necesito la autorización de nadie para honrar a mi dios. Los que interfirieron aquí fueron estos tres imbéciles, si ellos no se hubieran entrometido mi ofrenda estaría realizada. Respondió con soberbia, realmente al hombre no le interesaba nada más que presentar su ofrenda.

Yuriko se acercó a Mahad, el notó el moretón que se empezaba a formar en su mejilla y que tenía el labio roto. El mencionado se indignó, se molestó mucho al ver a la que consideraba su hermana herida. ¿Quién se había atrevido a golpearla? Tragó en seco sí el Faraón veía ese golpe en su rostro toda la corte real estaría en problemas. Además él mataría a el que hizo el atrevimiento de ponerle la mano encima. No le perdonaría jamás.

- Yuriko. ¿Quién te golpeó?

La manera tan fría en que lo dijo hizo que a la tricolor sintiera que se le congelaba la sangre al escuchar sus palabras. Notó que ella no le dijo nada y que dudó en hablar.

-Fui yo. Interrumpió mi ritual. Merecía ser castigada. - Respondió el hombre burlonamente- La zorra es bastante fuerte, fue la única que no se desmayó después del golpe que le di. Los otros dos no soportaron nada, que patéticos son.

Mahad recogió el cuchillo del suelo y lo colocó peligrosamente cerca del cuello del hombre. Su ira incrementaba con cada palabra, su pequeña lirio acababa de recuperarse de su anterior duelo y ahora estaba lastimada de nuevo.

-Repite lo que dijiste. ¿Cómo te atreves a lastimar a mi aprendiz? Voy a matarte.

-¡Mahad! ¡Noooo! ¡No lo hagas! ¡No manches tus manos con la sangre de esta bestia inmunda! Lo tomó de su brazo comenzando a llorar.

El Hechicero de Egipto se tranquilizó al sentir su pequeña mano en su brazo, ella estaba más preocupada por el que por su propio bienestar.

-El Faraón y nuestro Reino no creemos en los rituales de esta índole. Será mejor que se marchen de nuestro reino, tu llamada ofrenda se quedará con nosotros, los que te acompañan quedan exiliados de manera permanente. Exclamó Mahad mientras lanzaba al hombre hacia la pared, lastimándolo y dejándolo inconsciente.

Jono y Kisara se levantaron lentamente del suelo estaban adoloridos pero su preocupación creció al ver el moretón que tenía Yuriko en la cara. Un delgado hilo de sangre se marcaba en la comisura de sus labios.

-¡Yuriko! ¡oh por Ra! ¡No puede ser! ¡Como tu escolta personal que soy, debo protegerte y nunca lo consigo! ¡Perdóname! Jono se inclinó frente a ella mientras sollozaba con fuerza, no se sentía digno de ser su protector y amigo.

-Jono, levántate. Tú eres mi amigo, no debo perdonarte nada. Kisara, dime ¿te encuentras bien?

Ambos asintieron sin dejar de verla preocupados. Sabían que Yuriko no estaba acostumbrada a la violencia y a los malos tratos.

-Mujer ¿Cuál es tu nombre? Preguntó Mahad a la desconocida, debía saberlo ya que él se encargaría de que su Rey le permitiera quedarse en el palacio, ya que tenía un trabajo planeado para ella.

-Mi nombre es Mireya. Señor. Respondió la rubia de ojos lavanda.

-¿Mireya? Que lindo nombre tienes. Me alegro mucho que estés bien, Mireya. Respondió Yuriko emocionándose, la mujer le recordaba a Mai Valentine. La ahora señora Wheeler.

Mireya sonrió, había pasado meses encerrada en un calabozo, secuestrada al viajar en una caravana con su familia, estaba lejos de su país, más la chica frente a ella debía venir de otro lugar aún más lejano que ella.

-Gracias, Yuriko. Por favor permítame servirle en agradecimiento por salvar mi vida. Respondió ella haciendo una pequeña reverencia.

-Somos amigas ahora. Eso no es necesario. -Respondió tranquilamente- ¿Mahad? ¿Podrías usar un conjuro de sanación y uno para maquillar mi cara?

-¿Para que necesitas eso Yuriko? Preguntó él tiernamente.

-Necesito que este moretón desaparezca de mi rostro, sí el Faraón ve esto no me va a dejar salir en mucho tiempo. Por favor Mahad, evitemos decirle al Rey de Egipto este golpe que recibí en mi cara.

-No puedo mentirle a mi Rey. Respondió Mahad serio.

-No es mentira, sí evitas decirlo. Yuriko estaba manipulándolo para que no le dijera nada al Faraón. Sabía que si Mahad le contaba todo Jono y Kisara podrían ser castigados y Mireya sería exiliada.

-No te prometo nada. Ven curaré esas heridas que tienes. Mahad acercó la palma de su mano al rostro de Yuriko y susurró un conjuro en voz baja, la energía se materializó en color verde y comenzó a sanar las heridas en el rostro de su pequeña lirio. Se iba a tardar un poco de tiempo en sanarla.

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Posó sus labios lentamente en el cuello de su compañera. Acarició su entrepierna lentamente quería estimularla si quería que la pasión inundara la habitación por completo. Hacía aproximadamente 1 semana que no estaban juntos, necesitaba sentir su piel sobre él. A pesar de que pasaban tiempo solos no habían tenido la oportunidad de estar solamente ellos dos.

El deseo hacia que sintiera que sus prendas le estorbaban al tenerlas sobre su piel. Aunque éstas eran más fáciles de quitarse.

Procedió a abrir el escote del vestido de ella, dejando al descubierto sus senos. Los besó y tocó con devoción lamió lentamente en medio de ellos y alrededor de ellos, a pesar de los años transcurridos no había perdido la práctica y la sensibilidad en el acto.

-Mmmm, Yugi. No te detengas cariño. Necesito más. Gimió Rebecca agraciada.

Las palabras de ella, lo hicieron sonrojarse procedió a lamer su seno derecho, mientras acariciaba suavemente el seno izquierdo. Su suave caricia y los gemidos de ella hicieron que su miembro se endureciera debajo de su túnica. Realmente necesitaba fundirse con ella, demostrarle cuánto la amaba, cuánto la necesitaba. Introdujo su mano bajo la túnica de ella y procedió a aumentar el ritmo de su caricia íntima, pudo sentir la humedad cálida de su entrada por la estimulación que le estaba dando a su esposa.

Ella no quería ser la única en recibir placer, rompió la caricia y los besos de su esposo en su piel. Se levantó lentamente de la cama, y se sentó abrió la túnica de él y comenzó a besar y a lamer su pecho.

Ella no se detuvo solo ahí, bajo hasta quitarle la túnica por completo, posó sus labios en el miembro de su esposo.

-Rebecca. Susurró el con la voz ronca. Ella le estaba haciendo suspirar con la caricia de su lengua en un área tan sensible de su cuerpo.

Terminó de desnudarse, mientras seguía dándole ese placer íntimo. Se sentía como una adolescente enamorada de nuevo. Llevaba 18 años con él. 18 años disfrutándose uno al otro. Habían formado una pequeña familia y eso era lo único que necesitaba, sentirse amada por el único hombre al que había amado desde que tenía 12 años.

Se recostó en la cama y abrió las piernas para él. Necesitaba sentirlo dentro de ella. Sentir que él la llenaba, sentir el vaivén de sus caderas al unir sus cuerpos.

Yugi se acomodó encima de Rebecca, besó sus labios con pasión, tomó su miembro con su mano, rozó su entrada con la punta del mismo dándole placer, dándose placer. Comenzó a introducirse lentamente en ella. Podía sentir su miembro ser apretado en el interior de Rebecca.

-Yugi.

-Rebecca.

Sus voces roncas llenas de placer, inundaron la habitación. Al inicio las embestidas era lentas y suaves, cuando las sensaciones de pasión los inundaron las embestidas fueron cada vez más rápidas e intensas.

Sus cuerpos se movían en sincronía, el miembro de Yugi, entraba y salía de su interior, ambos suspiraban agraciados, sentían una sensación agradable en todo su cuerpo. Sus gemidos ahora eran más rápidos y la única manera de acallarlos era por medio de los besos que recibía de Rebecca. Se vieron a los ojos: Violeta y Verde se encontraron como tantas veces había pasado anteriormente. Se veían con amor, con lujuria con deseo.

-Yugi… estoy cerca… muévete más rápido. Suplicó ella llena de placer mordiendo levemente su labio.

-Como pidas amor. Le dijo él moviéndose más rápido.

Las embestidas eran cada vez más rápidas. Unió sus labios con ella nuevamente al sentir su placer derramándose sobre él. Su interior se contrajo con fuerza dándole más placer posible a Yugi. Ella sintió una sensación agradable en su vientre al sentir que inundaba a Yugi con su humedad. Se sintió llena en el momento en el que él se derramó dentro de ella. Llenándola con su semilla caliente. Rebecca lo amaba con todo su corazón.

-Te amo Yugi. Le dijo en el momento en el que sintió que el salía de su interior relajándose.

-Te amo Rebecca. Respondió dándole un beso en su mejilla. Cubriendo su desnudez y la de ella con las sábanas de la cama.

Era el momento de descansar.

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Se encontraban en el jardín del palacio. Mahad había tardado un tiempo aproximado de 25 minutos en curar la mejilla y el labio dañado de Yuriko. Con Kisara y Jono había tardado menos de 5 minutos. El camino de regreso lo habían pasado en silencio, nadie había dicho una sola palabra, cada uno iba perdido en sus propios pensamientos.

-Esperen aquí un momento. Iré a hablar con mi Rey. Dijo Mahad. Sí todo salía como lo planeado, Mireya se quedaría con ellos.

-¡Mahad! Por favor, espera. Haz todo lo posible para que el Faraón le permita a Mireya quedarse. Pude conseguir que él le permitiera quedarse a Jono, pero no estoy segura que le permita quedarse a ella. Te lo suplico, mi mago. Es importante para mí que lo consigas. Colocó sus manos en forma de súplica viendo con esperanza a quién consideraba su hermano.

-Haré lo que pueda. Respondió el fríamente, tenía que estar sereno y no perder la compostura. Salió y se dirigió a la sala del trono del Faraón.

Los guardias lo dejaron pasar sin más, esta vez el Rey de Egipto estaba de pie y se encontraba conversando únicamente con su Visir, Shimon Muran.

-Mi Señor.-Se inclinó frente a Atem, debía escucharse seguro.

-¿En qué puedo ayudarte, Mahad? Levántate de ahí, eres mi amigo desde que era un niño, no es necesario este tipo de protocolos reales. Le respondió Atem observando a su amigo, cuando actuaba de esa manera era porque necesitaba comunicarle algo importante.

-Faraón. ¿Usted cree que nuestros dioses tienen el destino de cada uno en sus designios? Preguntó el cautelosamente.

-Mahad. Claro que lo creo. ¿Por qué me preguntas esto? Algo demasiado serio tenía que ser para que le preguntara por sus dioses.

-Mi Señor. Estos días he estado conviviendo con su invitada de honor más joven. Más allá del afecto que le he tomado en nuestra convivencia he podido percibir algunas virtudes que me hacen pensar que ella es una enviada de los dioses. Mi rey, ¿A usted le parece coincidencia que ella haya podido usar mi DiaDhank e invocar un Ka tan poderoso que solo la anterior Reina podía invocar? Mahad aunque se veía sereno por dentro, se sentía nervioso.

Atem se quedó pensativo, no había pensado eso con respecto a ella. Mahad podría tener razón. Habían cosas que solo ella había logrado en este corto tiempo en su reino. Lo había salvado a él. Había salvado a Jono y también logró que Kisara fuera más segura, Mahad quien siempre estaba serio cuando los había visto juntos actuaba de manera más expresiva. ¿Sería ella una enviada de los dioses? Ella venía del siglo XXI realmente no pertenecía a esa época.

-Mahad. ¿Ha pasado algo? Para que me digas está reflexión personal. Respondió Atem quería saber la verdad.

-Mi Faraón. Yuriko en su salida con Jono y Kisara, ayudó a una mujer que estaba a punto de ser sacrificada a el dios Baal. Yo estaba haciendo unas diligencias en el pueblo, así que al final yo decidí que la mujer se quedara en el reino con nosotros. Quiero pedirle que vea a la mujer y que le permita quedarse. Ella puede ser la doncella personal de Yuriko. La compañía que puede tener tiempo completo. Jono es su escolta personal pero él no puede acompañarla a lugares privados y esta mujer sí podría hacerlo. Mahad terminó su petición. Estaba tratando de no escucharse nervioso y preocupado.

-Muéstrame a la mujer. Y si es alguien de confianza se quedará. Vamos Mahad. Le respondió mientras ambos salían de la sala.

Solo una persona se quedó pensando de manera más determinada. Sí ella era una enviada de los dioses, debía darse prisa para averiguar la verdad, y para ver cuál era el nexo que compartía con su Rey y el Hechicero real.

Shimon Muran era un visir muy sabio. Había cargado en brazos a su Faraón actual cuando nació y lo entregó a su padre el Faraón Aknamkanon poco después de que la Reina Shani murió. Lo había visto crecer y ascender al trono de manera inmediata luego de la muerte de Aknamkanon. El príncipe ahora Faraón era todavía un adolescente que tenía más responsabilidades de las que debería llevar. Lo cual lo había convertido en una persona de carácter frío y soberbio en algunas ocasiones. Pero desde que Yuriko llegó al palacio, vio un cambio en él. Siendo tierno con ella, y haciendo cosas que nunca hizo por nadie más, permitiéndole privilegios.

Con Mahad vio una actitud que no le había visto en los años que había servido a su corte real. Shimon no conoció la vida anterior del hechicero real. Así que no tenía idea si el se comportaba así.

Suspiró decidido averiguaría quién era realmente la persona que se hacía llamar Yuriko Muto.

-Mireya, dijiste que es tu nombre. ¿Estarás libre está noche? Me gustaría invitarte a cenar. Dijo Jono mientras le guiñaba un ojo a la rubia.

-No salgo con niñitos. Respondió ella cruzando sus brazos sobre su pecho.

-No soy un niñito. Ya soy un hombre. Respondió ofendido por la infantil comparación.

Kisara y Yuriko veían la escena mientras pensaban que Jono se veía gracioso en su intento de salir con Mireya. Realmente ella era una mujer muy atractiva. La doncella de ojos azules y la tricolor rieron disimuladamente al ver a su amigo fallar al recibir un rotundo no, por décima vez en el día.

Las risas se detuvieron cuando Mahad llegó junto al Faraón. Atem vio con asombro que la mujer a la que se refería Mahad era una copia exacta de Mai Valentine. No veía ningún vestigio de maldad en ella. Aceptó de buena manera, que ella se quedara como doncella real de Yuriko.

Tres días habían transcurrido desde que Yuriko tenía una doncella nueva. Mireya era la encargada de llevarle su ropa limpia y acompañarla a los baños de mujeres para que pudiera asearse. Le acompañaba en todo momento al igual que Kisara, Jono seguía entrenando con el Sacerdote Seth. Y las clases con Mahad seguían aumentando su conocimiento en magia y en los aspectos cotidianos de Egipto. Pero había notado que este día en particular los sirvientes de la cocina corrían de un lado para otro. Estaban preparando comida en grandes cantidades como si tuvieran una gran celebración.

-Kisara. ¿Tú sabes a qué se deberá está gran celebración? Preguntó Yuriko viendo a todos correr sin parar.

-En realidad no. Lo único que sabemos es que es importante para El Faraón. Respondió Kisara mientras veía directamente a los ojos de Yuriko.

Jono y Mireya se acercaron a las dos pensativas mujeres. Ellos no entendía que estaba pasando. Solo sabían debían estar disponibles en el momento en el que El Faraón solicitara la presencia de todos en su sala de fiestas.

Yuriko escogió utilizar un vestido azul de manga corta, el mismo le llegaba arriba de las rodillas, el escote que tenía dejaba expuesto su cuello, este lo había confeccionado Mireya, ella era una excelente confeccionista de prendas. Hacía poco más de 10 minutos que el Faraón había mandado a solicitar la presencia de Yugi, Jono, Mireya y Yuriko en su sala. Los 4 mencionados no entendían el porque se les había mandado a llamar.

-Papá, ¿Sabes porque nos mandaría a llamar el Faraón? Le pregunto Yuriko a su padre viéndolo a sus ojos violetas.

-No lo sé. Pero pronto lo averiguaremos. Respondió Yugi serenamente conocía a su "otro yo" algo estaba preparando para ellos.

Los cuatro entraron en la habitación lentamente, la sala estaba llena de personas importantes, los sacerdotes del Faraón estaban cerca de él y entre el público estaban Kisara y Rebecca.

Los cuatro se inclinaron ante el Faraón. Y esperaron que el decidiera hablar.

-Los he reunido aquí a los cuatro, porque he decidido brindarles el honor de poseer su propio DiaDhank. Yugi levántate primero. Resonó la fuerte voz autoritaria de Atem en toda la habitación.

Yugi obedeció en el acto mientras su "otro yo" le colocaba su nuevo instrumento en su brazo como si de un disco de duelo se tratase. Hizo lo mismo con Jono y Mireya. Únicamente quedaba Yuriko inclinada, ella estaba sorprendida de que el Faraón la tuviera en consideración de poseer un DiaDhank, ahora comprendía porque la Sacerdotisa le había pedido que entrenara, tendría la oportunidad de volver a comunicarse con ella y con la Espiritista y el Visionario.

-Yuriko. Levántate. Escuchó la voz del Faraón, a nadie le pasó desapercibido que el Faraón había bajado su tono autoritario a un tono mas tierno.

Ella obedeció en el acto y se levantó. Tocó el rompecabezas que aún cargaba encima de ella, siempre olvidaba que lo llevaba consigo. Hasta que veía el que poseía el monarca, recordaba que ella no había descubierto porque tenía uno similar al suyo.

Se acercó quedando bastante cerca del Faraón. Pero vio que el DiaDhank que le iba a ser entregado era muy diferente a los tres entregados anteriormente. El suyo estaba decorado con rubíes, además habían otros dos artefactos más, lo que parecía ser un collar y un par de aretes que ella conocía a la perfección.

-Yuriko. Te hago entrega de tu DiaDhank, solo te informo que la formación de este arte con respecto a ti quedará a mi cargo. Te haré entrega de este collar como un reconocimiento de que salvaste mi vida y la deuda permanente que tengo contigo. Adicionalmente te hago entrega de lo que diste a cambio de tu escolta real. Dijo Atem colocando en su cuello un collar de oro decorado con rubíes y esmeraldas. Y dándole en sus manos los aretes que había recuperado poco después de que ella los hubiera entregado. Tomó su brazo derecho y le colocó el DiaDhank.

Yuriko estaba muy emocionada por tener de vuelta sus preciados aretes. El recuerdo de Solomon y Arthur estaba vivo en ellos.

-Muchas gracias Faraón. Respondió ella olvidando por completo que estaba en una sala llena de personas que lo observaban todo. Se acercó y abrazó al Faraón, lo rodeó con sus brazos y recostó su cabeza en su pecho. Sintió los latidos acelerados del Faraón.

Trató de separarse del mismo. Ya había prometido ser menos impulsiva y no lo había conseguido esta vez. Lo que ella ni nadie esperaba era que el Rey correspondió la muestra de afecto que ella le estaba brindando, ya que procedió a rodear la cintura de ella, fundiéndose en un abrazo completo.

Unos pasos se escucharon lentamente mientras se dirigía a entrar a la sala. No podía creer lo que estaba viendo. Había pasado cerca de tres meses entrenando con los demás aprendices de magia para mejorar su desempeño y al regresar se encontraba con semejante escena. ¿Quién era la chiquilla a la cual Su Faraón estaba abrazando tan cariñosamente?

-Ya te habías tardado en venir. Escuchó la voz de Aknadin hablarle duramente.

-¿Quién es esa niñita? Preguntó ella sintió enojo de lo que estaba observando.

-Es una larga historia. Solo puedo adelantarte que si no haces algo pronto, ella reinará en el corazón del Faraón. Así que date prisa, Mana. Respondió el maliciosamente.

Mana, la recién llegada, sonrió, nadie le iba a arrebatar al hombre que ella amaba.

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Bueno amigos hasta aquí llega el tercer capítulo del "Conjuro Secreto". Esperamos que haya sido de su agrado.

El Lemon entre Yugi y Rebecca es el primero que redacté en mi vida, ya que anteriormente no había escrito algo similar.

Baal es un dios y divinidad de algunos pueblos antiguos: babilonios, caldeos, cartagineses, fenicios, filisteos y sidonios.

Los sacrificios humanos de la época antigua al menos en Egipto se tienen registros de que lo hacían cuando un Faraón fallecía y sacrificaban sirvientes para que lo siguieran sirviendo en la otra vida.

Los esperamos en el próximo capítulo.

Atte.

Sharlotte Soubirous y Hagers.