Hola a todos ya tengo listo el capítulo 6 de "El Conjuro Secreto" Espero sea de su agrado.

En este capítulo veremos las reacciones de los personajes ante la desaparición de Yuriko "La Princesa de Egipto" y haré la introducción de un personaje importante de la historia.

Sin más que agregar doy por iniciado el capítulo.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

El Conjuro Secreto: Capítulo 6: Búsqueda En El Nilo

Sentía como la arrastraba la fuerza del Río Nilo, trataba de nadar contra la corriente pero no lo conseguía, la fuerza del agua se lo impedía. No culpaba a Mana por lo ocurrido, solo lamentaba no poder haberse despedido de todos sus amigos, de sus padres, del Faraón. ¿Por qué tenía que pasarle esto ahora que por fin habían hecho las paces con el Monarca? El agua cristalina y las corrientes fuertes por las lluvias acontecidas hace poco tiempo, le hicieron saber que no podría salvarse, estaba demasiado lejos de la orilla.

-Oh papá. Sí tan solo pudieras escucharme, por mi irresponsabilidad es que estoy aquí. Me habría gustado decirte adiós. Faraón, ojalá hubiéramos compartido más tiempo juntos. Una pequeña lágrima derramó de su ojo izquierdo y se mezcló con el Nilo. Ya no tenía fuerzas, se había dado por vencida. Dejaría que las aguas la arrastraran al fondo del río. Con suerte su cuerpo flotaría después de muerta y si no es que la devoraban los cocodrilos podrían darle un entierro a su cuerpo.

A orillas del Nilo se encontraba sentado un joven de cabello blanco, ojos de color lila y piel bronceada. Con una caña, sedal y un anzuelo sostenido en su mano derecha.

-Ah. Estúpidos peces. ¿Por qué no muerden el anzuelo? ¿Para que me molesto? Bien podría pasar tomando "prestada" carne en el pueblo. Habló en voz alta a pesar de que estaba solo en el lugar.

Sus palabras fueron interrumpidas cuando vio como una misteriosa figura era arrastrada por la corriente , vio como trataba de nadar pero no lo conseguía. El no era alguien a quien le importara lo que pasara con las personas a su alrededor. Pero sintió una necesidad fuerte por ayudar a lo que fuera que se estaba ahogando, no sé lanzaría al agua, no era tan idiota, sí lo hacía sería arrastrado con la corriente, vio un árbol caído en las arenas las ramas fuertes del mismo colindaban con el agua cristalina. Corrió y rápidamente se subió al tronco del árbol. A pesar de que hizo lo posible por no mojar sus prendas fue imposible. Se sostuvo con las ramas y logró tomar en brazos a la misteriosa persona que había caído en el agua. Se esmeró en sacarla de prisa y la alejó de las aguas frías. Había dejado su túnica en la arena y la recostó en la misma. Hasta ese momento se dio cuenta que era una jovencita la que tenía en brazos. Por las prendas tan elegantes que tenía puestas supuso que debía ser alguien de la realeza. Alguna cortesana o hija de un mercader. Sintió que la chica no respiraba, retiró su cabello negro y mechones rubios de su rostro; se acercó a sus labios, y le comenzó a dar respiración boca a boca, colocó su mano en su escote y comenzó a presionar su pecho. El moreno se sonrojó débilmente, estaba nervioso por tocarla de esa manera. Siempre codiciado entre las mujeres, no se sentía intimidado por ninguna, solo se dedicaba a disfrutar de sus encantos y luego desaparecer. A veces se reencontraba con alguna ex amante y se sumergía en noches placenteras. Pero con esta desconocida se sentía nervioso y emocionado, dejó de presionar cuando sintió que la chica se movió, retiró su boca de sus dulces labios, lamió los suyos con deleite.

La joven abrió los ojos lentamente, sus ojos verdes vieron los ojos lilas de su salvador. Escupió agua y solo pudo distinguir su cabello blanco y una cicatriz en su mejilla derecha, se desmayó después de eso preguntándose quien podría ser esa persona. El joven sintió su interior estremecerse cuando vio los ojos verdes de la "cortesana" era la primera vez en su vida que sentía calor en su pecho y en su vientre.

El atardecer se hacía presente en el Nilo. Había decidido dejarla ahí acostada, ya que lo más seguro era que la estuvieran buscando los de su clase. Pero estaba mojada, cansada, inconsciente. Alguien podría aprovecharse de la situación si la dejaba en ese estado. Además las frías temperaturas que habían por las noches, la harían morir congelada.

La levantó del suelo y la sostuvo en sus brazos. Tomó su túnica la cual estaba mojada. Sabía dónde podría llevarla para pasar la noche. Se acercó a su caballo, se subió en el, depositó a la chica en su regazo y en sus brazos y comenzó a alejarse lentamente con su equino y la misteriosa cortesana. En el camino conseguiría comida para él y para ella.

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No podía creer lo que había pasado. Todo pasó demasiado rápido, su pelea verbal había pasado a ser física de un momento para otro, y tratando de que ella se le quitara de encima, había usado su magia, pero sus celos habían ganado la contienda, la hizo flotar con intención de que dejara de someterla y no pudo controlarse, la había hecho caer a las aguas del Nilo. Vio sus ojos verdes llenos de temor y miedo, aún podía escuchar su grito desesperado pidiendo por ayuda mientras caía y era arrastrada en la corriente. Cayó de rodillas el arrepentimiento y el dolor llenaron su corazón. La angustia le recorría la sangre, sentía la cabeza palpitarle de dolor.

-Mana. ¿Qué fue lo que pasó? La voz fría y cortante de su maestro y amigo la hizo reaccionar de manera abrupta. Levantó la cabeza y solo pudo ver el dolor y la desesperación de él.

-Maestro. Fue un accidente. Yo no quería… Su voz se quebró y sus ojos aguamarina llenos de lágrimas no le dejaron continuar hablando

-¡¡No me importa lo que tú querías!! ¡¡Lanzaste a Yuriko al Nilo!! Mana las corrientes son demasiado fuertes en esta época del año. Pídele a los dioses que ella esté bien. Nunca te perdonaré si algo le pasa a mi pequeña lirio. Vete rápido y consigue ayuda. Le ordenó de forma inmediata y dura, mientras se alejaba de ella.

Mahad nunca le había hablado de esa forma tan estricta, siguió llorando en silencio mientras tomaba el DiaDhank y el collar de Yuriko del suelo y los llevaba con ella. Debía reparar el daño que había causado.

Mahad corría con rapidez, sentía que el corazón se le saldría del pecho, otra vez los recuerdos dolorosos de su pasado se hacían presentes. No podía aceptar que por su descuido había pasado una tragedia. Porque esto lo era. Yuriko, su pequeña lirio; la niña a la que veía como su hermana menor, ya no estaba. No debió dejarlas solas a las dos. No debió confiarse. Sintió como débilmente las lágrimas resbalaban de sus ojos celestes pálidos. Les había fallado, debía encontrar a Seth, el era el único que podría ayudar. Debía recuperar la compostura y usar su coraza de fortaleza de nuevo. No podía olvidar lo que había pasado cuando tenía 16 años. Aquella ocasión no pudo hacer nada, no logro resolver la situación y la perdió para siempre. Esta vez no sería así. Limpió sus lágrimas y aguantó la frustración que sentía por dentro. Su lealtad y corazón dividido en dos.

Finalmente vio al grupo de escoltas. Seth y Jono estaban conversando con cortesía algo que no era común en ellos dos.

-¡¡Seth!! Gritó sin modular su tono de voz. La desesperación era notoria en sus palabras.

Seth dejó de hablar con el chico de ojos rojos y corrió al escuchar el grito desesperado de Mahad. En los años que llevaba conociéndolo no lo había visto actuar de esa manera. Siempre había conocido el lado serio de el hechicero de la corte, a pesar de que tenían casi la misma edad. Y verlo actuar de esa forma significaba una sola razón. Algo delicado estaba pasando.

-Mahad. ¿Qué sucede? Alzó su cetro en el aire dispuesto a luchar en batalla sí esa era la razón de su actuar.

-Seth. Necesito que vengas conmigo. Trae los caballos. ¡Ayúdame a buscar río abajo! Tomó de los hombros a el Consejero Real y lo sacudió con fuerza sin darse cuenta.

-¿Para que necesitas que haga eso? ¿Qué ocurre? A pesar de que no le gustaba que lo tomaran y agitaran con brusquedad decidió no aventar a su compañero.

-Es Yuriko. Cayó al Nilo. Seth, tú conoces a la perfección los alrededores y las orillas del río. La corriente se la llevó, ¡Seth vámonos ya! Gritó fuera de sí, su voz se quebró al decir lo último.

Seth no podía creer lo que estaba escuchando. Yuriko, su pupila había caído en las aguas frías del río. A diferencia de Mahad el no perdió la compostura. No porque el no estuviese igual de afectado que el hechicero sino que alguien debía ser el consolador aquí y el lo sería tanto para Mahad como para su Rey.

-¡Guardias, traigan los caballos! La mitad de ustedes vendrán con nosotros. La otra mitad regresen al Reino. Escolten a el joven y a las señoritas al palacio ¡Rápido! ¡No tenemos mucho tiempo! Dio la orden para que fuese cumplida con rapidez.

Jono alzó la mirada confundido cuando Seth lo llamó "el joven" ya estaba acostumbrado a que lo llamara "perro" y "cosa" ¿Porque diría que él, Mireya y Kisara fueran escoltados al palacio? ¿Dónde estaba Yuriko? Se suponía que solo iría a traer a Mahad e irían todos juntos al puesto de flores. Se acercó dispuesto a preguntar.

-Mentor Seth. Mahad. ¿Qué pasa?

La mirada fría de Seth le hizo saber que no era el momento de resolver sus dudas.

-Jono... Yuriko cayó al Nilo. Debemos buscarla lo más pronto posible, no tenemos tiempo para cuestionarios. Tuvo que trabajar en la modulación de la voz. No permitiría que nadie escuchara su voz quebrarse.

La sensación de vacío que inundó el pecho de Jono fue instantánea. Era la primera vez que Seth lo llamaba por su nombre. Pero la frase que le siguió lo quebró por dentro. Yuriko, su amiga y salvadora estaba desaparecida. ¿Qué había pasado?

-Yo puedo ir con ustedes. Déjame ir ella es mi protegida. Me necesita… mi deber es cuidarla. ¡Seth! Lo llamó sin su título. Sintió que no podía respirar.

-Jono. Necesito que te lleves a Mana, Mireya y Kisara al palacio. Necesito que le des la noticia al Faraón y a los padres de Yuriko. Esa es mi orden. Cumple en este momento y deja de quitarnos el tiempo. ¡Anda ya! Fue lo único que le dijo.

Seth y Mahad se subieron a los caballos mientras comenzaban su búsqueda en el Nilo. Los guardias los siguieron en silencio.

Jono los vio marcharse con los ojos llenos de lágrimas. Sus ojos rojos carecían de brillo. Se dio la vuelta debía darle la noticia a las chicas y llevarlas de prisa al palacio. Solo esperaba que la pudieran encontrar con bien. Sana y Salva.

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Llevaba una hora montado en su caballo. Había pasado "comprando" provisiones y ropa nueva. Estaba cerca de llegar al lugar donde había dejado a la cortesana. Seguía sin entender que fuerza lo había llevado a hacer semejante locura. Salvar a alguien que no conocía, una mujer de extravagante cabello de tres colores. Piel blanca como las perlas y el marfil. Debía ser hija de padre egipcio y de madre extranjera. Y por lo que había podido sentir mientras estaba sentada en su regazo era una niña aún debía tener de 13 a 16 años. Llevaba todo lo necesario para pasar la noche, solo esperaba que la mujer lograra sobrevivir la noche.

Debía mantener un bajo perfil ya que no quería llamar la atención, era momento de volver y observar si la cortesana había despertado. Tenía mucha curiosidad por saber porque estaba ella en el río en primer lugar. Llegó a las afueras del pueblo y se dirigió hacía una pequeña cueva.

Entró con sigilo al lugar, la fogata que había dejado preparada en el centro de la cueva daba una sensación cómoda y agradable en la misma. En una esquina cercana a la madera caliente estaba recostada la misteriosa chica. El chico de ojos lilas la había acomodado de manera que a su parecer se veía dormida. Varias sábanas le cubrían su cuerpo, le había quitado su elegante vestido y solo le había dejado el pequeño y delgado camisón que usaban debajo de la prenda principal. No sabía exactamente qué tanto tiempo había estado sumergida en las aguas, lo que necesitaba era que la mujer recuperara el calor corporal. Que no muriera por el frío, quiso convencerse a sí mismo que su interés por su supervivencia fuera para resolver sus inquietudes y no por otros motivos.

Su estado había cambiado desde que la había sacado de las aguas frías. Pero aún faltaba tiempo para el amanecer. Se quedó observándola un momento, solo esperaba volver a ver sus ojos verdes y escuchar su verdadera voz.

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A Jono le tomó más de 10 minutos poder calmar a su amiga y a quien consideraba su próxima pareja. Mana se quedó callada mientras sollozaba con fuerza sentada sobre un caballo. Mireya y Kisara se abrazaban mutuamente mientras lloraban y caminaban en silencio.

La doncella de ojos azules no podía creer lo que le había dicho Jono. ¿En que momento había pasado esta desgracia? ¿Porqué Yuriko se había acercado tanto al río? No lograba entender, la sensación de dolor se extendía en su corazón. Por un momento pensó en llamar a su guardián. Pero la angustia "selló" sus poderes.

Mireya sintió que una parte de su alegría había muerto en ese momento. La tricolor era muy impulsiva, a veces lo atribuía a su juventud, ya que la chica de ojos verdes era la más joven del grupo, la única que contaba con 15 años, aún se le podía considerar como una niña; aunque ya era una doncella. Sus lágrimas habían corrido su maquillaje, no le importaba el estado de su piel. Sí Yuriko no regresaba con ellos, sabía que las cosas cambiarían para mal en el reino.

Divisaron el palacio del Faraón. Jono era quien debía darle la noticia, le pidió sabiduría a los dioses, que el dios Thot escuchara su plegaria para que al anunciar la terrible situación, lo hiciera de manera sensata. De equivocarse temía ser ejecutado en el acto. El rubio de ojos rojos cual carmín era el escolta personal de la chica de ojos verdes, el simple hecho de haberla dejado sola en las orillas del Nilo, ya era considerado una falta grave; ¿Qué pensaría el gobernante de todo Egipto al saber que su princesa había desaparecido en el río? Que se hallaba sola, que el único que la vio cayendo fue Mahad y que su escolta personal no se hallaba cerca de ella para socorrerla y de ser preciso dar su vida para que ella estuviera bien.

Dentro del palacio se desarrollaba otra historia.

Dos figuras muy parecidas se hallaban entrenando en el jardín del palacio. Uno era mayor que el otro pero en sabiduría ahora ambos eran similares, para el mayor se habían acabado los tiempos donde necesitaba ser protegido por su contraparte, utilizaban los dos sus respectivos DiaDhank, el más joven había invocado a "Gaia El Caballero Feroz Rebelde" y el mayor había invocado a la "Maga Silenciosa"

Atem sonrió ante Yugi, su adversario. Los dos eran comparados como un mismo ser, aunque pertenecían a diferentes épocas. Compartían aún su conexión espiritual, podían sentir cuando estaban molestos o cuando se hallaban felices.

Este nuevo entrenamiento le recordaba los viejos tiempos. Atem podía cerrar los ojos y visualizaba a Yugi, con 18 años, enfrentándose a él. En aquel duelo ceremonial que lo había devuelto a su época, aunque el precio de aquel acto fue que algunos recuerdos permanecerían sellados en el tiempo y seguirían siendo un secreto.

Yugi sonrió sutilmente. A pesar de que habían transcurrido 25 años desde su última interacción en un duelo, el ya no era un débil adolescente, era un adulto con responsabilidades. Con una hija tan parecida a él y al mismo tiempo tan diferente.

-¡Maga Silenciosa! ¡Ataca con tu Cetro del Silencio! Ordenó el mayor mientras su orden era seguida.

-¡Gaia! ¡Esquiva el ataque y contraataca con tu lanza de poder! Ordenó el menor mientras un choque de ataques se daba entre ambos Monstruos.

Habían terminado en un empate. Los dos seguían luchando para demostrar quién era el mejor en este arte moderno para uno y cotidiano para otro.

Una figura femenina se acercó a los dos hombres. Les llevaba dos pocillos de barro y un pequeño cántaro con vino. Sabía que ambos estaban entrenando desde inicios de la tarde y ya era necesario que tomaran un descanso. Rebecca sonrió con dulzura al ver a su esposo tan entusiasmado con su duelo, su emoción era tan similar cuando tenía los torneos mundiales. Los observó hablar por un momento.

-Muy bien, Yugi. Has mejorado mucho con el DiaDhank. Solo recuerda cuando luchamos no puedes invocar los mismos Monstruos que yo.

-Gracias, Atem. Quién diría que este arte es más complicado de entender que un duelo de cartas.

-¡Yugi! ¡Faraón! Deténganse un momento y vengan; les he traído una bebida. Interrumpió la rubia de ojos verdes el momento. Ya era necesario que descansaran.

Los dos terminaron sus invocaciones y procedieron a acercarse a la bondadosa mujer, le recibieron los pocillos y rellenaron los mismos con la bebida ofrecida previamente. El dulce sabor del vino refrescó sus paladares.

-Muchas gracias, Rebecca. Le respondió Atem con una pequeña sonrisa.

-Gracias amor. Susurró Yugi mientras se acababa su bebida.

Ella sonreía con una pequeña pisca de tensión, tenía un mal presentimiento. Su más grande temor se volvió realidad al ver a los amigos de su hija llegar sin ella y completamente abatidos.

Atem y Yugi observaron a los jóvenes. Podían ver qué habían estado llorando. Mireya y Kisara se abrazaban mutuamente sin dejar de sollozar en el hombro de la otra. Mana solo se sentó en el lugar más lejano de la fuente del jardín y Jono al ver tanto al Faraón como a Yugi se derrumbó de rodillas. Elevó de nuevo sus oraciones al dios Thot. La prueba más difícil estaba a punto de comenzar.

-¡Mi Faraón! ¡Señor Yugi! El rubio sollozó con fuerza y derramó lágrimas en silencio.

-Jono. ¿Qué sucede? ¿Por qué se encuentran abatidos el día de hoy? ¿Puedo ayudarlos? El monarca le preguntó de manera sutil. Notó que Yuriko no estaba con ellos.

-Mi Rey, Señor Yugi. Les he fallado. Perdónenme, yo debía cuidarla y no pude… No pudo continuar hablando. Su voz se quebró en el acto.

-Jono. Déjate de rodeos. Dime de una vez que está pasando. Se estaba impacientando y esa sensación no le gustaba.

-Muchacho, tranquilízate y responde mi cuestión. ¿Dónde esta Yuriko? Déjame adivinar ¿otra vez se distrajo en el camino con Mahad? Preguntó Yugi con fastidio, podía sentir la impaciencia de su "otro yo".

Al escuchar su nombre las chicas se abrazaron con más fuerza. Jono golpeó el suelo con fuerza, lastimando en el acto sus puños.

-¡Jono! ¡Habla de una maldita vez! ¿Qué está sucediendo! Finalmente Atem dejó salir su frustración, quería las respuestas a sus interrogantes.

Jono suspiró profundamente, sintiendo un valor que no tenía habló con fuerza y seguridad.

-Faraón. Yuriko cayó a las aguas del Nilo. Nadie sabe que fue lo que pasó. Mahad y el Mentor Seth la están buscando río abajo. Y… ya no pudo continuar ya que un golpe lo calló en seco pero el mismo no provenía de su Rey.

-¡¿Qué Yuriko que…?! ¡Jono! ¿Cómo pudiste ser tan descuidado? ¡Cómo te atreviste a dejarla sola! Ya sabes cómo es ella de curiosa e impulsiva. Yugi tomó de la túnica a Jono mientras lo agitaba con dureza. El lo había golpeado sin pensarlo.

-¡Yugi! ¡Suéltalo! Tratarlo de esa forma no va a traerla de vuelta. Rebecca sostuvo con suavidad a su esposo. -Su voz se quebró a media oración- ¡Mi pequeña! ¡Oh mi niña! ¡¡Ella nos necesita a los dos!!

Los ojos amatista de Yugi Muto se llenaron de lágrimas, procedió a soltar al muchacho. Rebecca tenía razón, golpear y maltratar al escolta no la traería de regreso.

Atem veía la escena perplejo. Dolor y desesperación llenaron el corazón y la mente del Rey. La princesa. No, su princesa, estaba perdida en las aguas del Nilo. El río era benevolente cuando lo deseaba. Pero también era despiadado. Debía salir y buscarla, llevarla de regreso a su hogar, debía estar a su lado, sí había conseguido salir de las aguas, se encontraría desmayada en las orillas y si era así, algún propio o forastero podía aprovecharse de su vulnerabilidad.

-¡Guardias! ¡Necesito que formen 12 escuadrones! 6 se prepararán para irse conmigo y los otros 6 cuidarán todo el palacio no está permitido que nadie más entre o salga de este lugar, a partir de este momento. ¡Aknadin! ¡Shada! ¡Karim! ¡Vengan conmigo es una orden inmediata! Jono te ordeno que escoltes a Yugi y a Rebecca a su habitación. No pueden salir por ningún motivo que no sea para usar los baños. Mireya, te ordeno que les prepares comida y de ser necesario oblígalos a comer. Isis, Shimon Muran, Kisara y Mana deberán quedarse aquí y cuiden de mis invitados y de los protegidos de mi princesa. Esa fue la única orden que dio.

Todos en el acto comenzaron a seguir las órdenes de su Monarca. Excepto Yugi.

-¡No, Faraón! ¡No pienso quedarme aquí! ¡Déjame ir contigo! ¡Mi pequeña me necesita! ¡Soy su padre, no me quedaré de brazos cruzados! Fue el único que se reveló ante las palabras de su "otro yo"

-¡No Yugi! ¡No vas a venir! No estás en condiciones de salir, por el estado en el que te encuentras podrías perderte en los caminos o caer al río. Mi princesa no me perdonará si te pasa algo. Respondió el con autoridad, no lo iba a dejar abandonar la seguridad del palacio.

Por la tensión del momento Yugi ignoró un pequeño detalle. Atem había llamado "mi princesa" a su hija y pudo notar que se había escuchado como un prometido preocupado por una novia desaparecida.

-¡Faraón! ¡No me contradigas! ¡Iré contigo!

Los guardias, escoltas y Sacerdotes del Faraón llegaron con antorchas encendidas listos para alcanzar a Mahad y Seth.

-No y es mi última palabra. -El Monarca ignoró a su "compañero" y se subió a su mejor caballo- ¿Listos Señores? ¡Vámonos! La comitiva salió detrás de su Faraón.

-¡Faraón! ¡No! ¡Llévame contigo! Gritó el hombre mientras era sometido por Jono y Shimon Muran.

El primero logró colocar los brazos hacia atrás del padre de la tricolor, dominándolo completamente.

-Tranquilo, Señor Yugi o me veré obligado a encerrarlo en el calabozo. Vamos lo escoltaré a sus aposentos. Dijo mientras obligaba a caminar a el padre de su amiga.

-¡Suéltame Jono! ¡Mi Yuriko me necesita! ¡Faraón! Gritó mientras trataba de soltarse y correr detrás del Faraón.

No le hizo caso y se lo llevó en silencio. Todos entraron al palacio y lo único que les quedaba era esperar noticias.

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Llevaban horas buscándola en las orillas del Río. La oscuridad de la noche y las estrellas ya habían caído en el reino. No había ni un solo rastro de la pequeña mujer de cabellos negros. Los dos Sacerdotes presentes tenían sentimientos encontrados en ese instante. Mientras que a uno sí se le podía notar su tristeza y desesperación, el otro hacía todo lo posible por mantenerse en una postura rígida que no permitía que sus verdaderas emociones desbordaran de su rostro.

Seth suspiró con pesar. Ya habían pasado demasiadas horas buscándola. Estaba perdiendo la esperanza de hallarla con vida. Yuriko ya se habría ahogado si no consiguió salir de las aguas. Y si lo logró, alguien tendría que habérsela llevado. No había otra explicación para no haberla encontrado en las arenas.

Mahad aún no perdía la esperanza. El presentía que su pequeña lirio aún estaba con vida. No la habían encontrado inconsciente en las arenas ni habían visto algo que les indicara la muerte de ella.

Algunos de los guardias susurraban entre sí, sí ya era el momento de regresar al palacio. Los susurros se quedaron en silencio al ver que El Faraón se aproximaba en su caballo blanco y seguido de aún más escoltas, soldados y guardias. Todos los presentes se inclinaron ante su rey, la chica debía ser importante para que el gobernante viniera en persona a buscarla.

-Mahad. Seth. ¿Qué novedades tienen? Preguntó autoritario el Faraón. Lo que el necesitaba escuchar era que ya la habían encontrado con vida.

-No hemos encontrado ni una señal de ella, mi Rey. Respondió Seth se encontraba cansado pero se negaba a demostrarlo.

-Mi Señor, hemos estado buscando desde antes del atardecer. Y no tenemos novedades. Comentó Mahad, Atem pudo notar que su hechicero y mejor amigo había estado llorando en silencio.

Antes de que Atem pudiera responder alguien más lo hizo por él.

-Eso quiere decir que la enana ya se ahogó y nosotros estamos perdiendo el tiempo en buscarla. Lo más probable es que el dios Anubis ya recogió su alma y lo que deberíamos esperar a encontrar es un cadáver. Mi Faraón deberíamos regresar al palacio y esperar novedades ahí. Respondió Aknadin, por dentro se hallaba feliz. Si de verdad la chiquilla estaba muerta el se encargaría de festejarlo.

Los guardias y escoltas guardaron silencio mientras veían a su Faraón enojarse. Seth alzó su Cetro Milenario, y lo acercó al cuello de su Maestro. La Argolla Milenaria del cuello de Mahad alzó sus agujas de manera amenazante.

-¡Maestro Aknadin! ¡Retráctese de lo que acaba de decir! Amenazó el Consejero del Faraón, sin saber que estaba enfrentando a su propio padre.

-¡Maestro Aknadin! Usted es un hombre muy respetable pero lo que acaba de decir es nefasto. ¡Ella no está muerta! No le permito que se exprese así de Yuriko. Mahad se estaba conteniendo para no golpear a su maestro.

Por un momento los guardias creyeron que se daría una pelea entre los Sacerdotes. Comenzaron a sentir temor cuando vieron que los ojos Violetas de su Faraón se tornaron de color Carmesí y como del rompecabezas del soberano se podía ver un aura negra y espesa.

-Aknadin, escucha lo que diré. Sí en dado caso es cierto que mi princesa está muerta, encomienda tu alma al dios Sobek. Porque la suerte de ella será la misma que correrás. Guardias, los que estaban buscando junto a Seth y Mahad pueden volver al palacio o a sus aposentos si es su deseo. Los que vienen conmigo nos corresponde buscar. ¡De Prisa! Fueron las únicas palabras que dijo. Nadie se atrevió a contradecir a su Rey.

Seguirían buscando hasta el amanecer. Atem dirigía la búsqueda, seguido de Seth, Mahad, Shada, Karim y Aknadin. El último comenzó a elevar oraciones a el dios Sobek. Porque aunque despreciara a la niñita, no quería morir junto a ella.

En el Palacio se sentía un ambiente tenso, en la habitación de Yugi y Rebecca solo se podía escuchar el llanto de la rubia y los golpes en la puerta que estaba propinándole el tricolor.

-¡¡Jono!! ¡¡Déjame salir!! ¡Dame mi DiaDhank! ¡Necesito salvarla! ¡¡Jono!! Los gritos del adolorido padre se escuchaban en todo el pasillo. Los escoltas que el rubio había dejado vigilando la puerta estaban preparados para enfrentar cualquier situación.

Jono, Mireya, Kisara y Mana se hallaban en la habitación de Yuriko. La castaña depositó el DiaDhank decorado con joyas y el collar de la tricolor en su cama. Ella era la única culpable de lo que estaba pasando.

-¡Maldición! Exclamó Jono propinándole un puñetazo a la pared lastimando su mano aún más en el proceso.

-¡Jono! Gritó Mireya mientras lo detenía y procedía a abrazarlo con ternura.

-¿Por qué tenía que pasar esto? Yo tengo la obligación de cuidarla y no pude. Ella me salvó de la muerte y yo no pude protegerla ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! Dijo para finalmente derrumbarse a llorar.

Mireya le dio un suave beso en la frente mientras acariciaba su cabeza, ella lloraba suplicándole a lo que fuera que la escuchara; que su amiga estuviera bien y pudieran seguir viviendo juntas nuevas aventuras.

Kisara veía únicamente por la ventana, podía ver la luz de la luna. Pedía con toda sus fuerzas poder volver a ver a su amiga y seguir compartiendo y aprendiendo de la otra. Las dos eran las únicas personas que se entendían en silencio. Y también era la primera amiga que había hecho desde que llegó a Egipto. Debía reconocer que Mana e Isis no formaban parte de su grupo cercano y las cosas cambiaron cuando Yuriko formó parte de su vida. Las lágrimas que derramó dejaban un camino de dolor que reflejaban sus verdaderos sentimientos.

Mana salió de la habitación, la única persona que podía decir que le deparaba el destino esa noche a la chica de ojos verdes era Isis. El Collar Milenario era lo único que podía calmar o aumentar su culpa. Llegó a una sala donde sólo podían entrar los Sacerdotes del Faraón. Los únicos que estaban presentes cerca de un círculo de piedra y fuego eran Isis y Shimon Muran. La primera estaba frente al fuego meditando con los ojos cerrados y el segundo estaba sentado mientras lloraba, para nadie era un secreto que le tenía cariño a la chica y era a la única a la que permitía decirle "abuelo" aunque fingía enojarse cuando ella lo llamaba así.

-Isis. Le llamó suavemente a la Sacerdotisa.

La mujer abrió los ojos lentamente y vio a Mana frente a ella. Pudo ver culpa y angustia en los ojos de la ex prometida del Faraón.

-¿Qué deseas Mana? Preguntó la Sacerdotisa fríamente, no estaba interesada en responder dudas sobre el tema que la castaña siempre le preguntaba.

-Necesito que me respondas algo. Por favor. ¿Dime qué destino le depara esta noche a Yuriko? Su súplica era sincera debía saber si ella regresaría con vida.

Isis la observó en silencio. Aunque ella no era más que la tutora de la tricolor, debía reconocer que le preocupaba su situación. Había conocido una faceta nueva de su Faraón al verlo salir tan rápido a buscarla. No había querido ver el futuro porque tenía miedo de observar que podría pasar con el reino. Pero su curiosidad prevaleció sobre su temor.

-Muy bien. Dame un momento para concentrarme y ver que le depara a Yuriko. Cerró los ojos y procedió a ver el futuro.

Lo que vio la hizo estremecerse de miedo y dolor. Lo que le mostraba el collar era que la chica de ojos verdes estaba destinada a morir esa noche. Pudo ver su cuerpo; la habían dejado recostada y cubierta sobre una roca. El Faraón, Seth y Mahad debían encontrarla poco antes del amanecer. Podía ver a su Rey, a su esposo y a su compañero llorar frente al cadáver de ella. Le mostraba su visión que el Faraón mandaba a ejecutar a Aknadin. Después de esa ejecución, el Rey se volvía un tirano que solo vivía discutiendo con Yugi, y declarando la guerra a los pueblos cercanos, provocando así la destrucción y posterior muerte de todos los habitantes de Egipto.

Sollozó al ver lo que vendría.

-¡Isis! ¿Qué viste? Preguntó asustada al ver a la mujer estremecerse y llorar.

- Ella no sobrevivirá la noche y con su muerte viene la Destrucción del Reino tal y como lo conocemos. Fue su única respuesta.

Ambas mujeres lloraron con fuerza. Una porque su culpa creció y la otra porque no sabía cómo resolver el futuro que les esperaba.

Mana hizo una promesa Silenciosa, sí el futuro cambiaba y la princesa regresaba ella la iba a cuidar, amar y proteger para siempre.

Isis no se imaginaba que lo que había visto no se cumpliría porque una nueva predicción se escribía en ese momento.

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Seguía observándola en silencio mientras comía un trozo de pan con carne de ternera y tenía un pocillo de vino en su mano derecha. La mujer estaba tibia pero aún no reaccionaba. Ya había consumido dos tiempos de comida y ella seguía inconsciente.

No entendía porque deseaba que la chica despertara de su sueño eterno. Para alguien como el que había vivido años solo y sin familia, albergar ese tipo de sensaciones no era algo cotidiano para él. La observó de nuevo, haber saciado su apetito le había ocasionado sueño. Se acercó hasta donde estaba ella y levantó las sábanas; se quitó la túnica de color rojo que llevaba puesto dejando su fornido pecho descubierto, colocó su túnica encima del cuerpo de la chica, cubrió a ambos con las sábanas y rodeó con sus manos la cintura de ella. Con esa cercanía de cuerpos, se excitó un poco, debajo del camisón pudo notar las caderas de ella y sus pequeños pechos que aún faltaban por desarrollar. Era la primera vez que tenía en sus brazos a una mujer de piel blanca dormida, su lema era que la mujer debía estar despierta y dar su consentimiento para darle rienda suelta a sus instintos carnales. Esta noche solo se dedicaría a dormir y nada más.

-Niñita, sí que eres atractiva. Si estuvieras despierta te haría disfrutar del placer hasta el amanecer. Sí sobrevives me gustaría tenerte debajo de mi, gimiendo mi nombre. Pensó abrazándola con fuerza, tal vez podría brindarle calor a su cuerpo con el suyo. Cerró los ojos y trató de dormir.

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Por segunda vez en su vida no tenía idea dónde estaba. Caminaba sin rumbo fijo mientras trataba de regresar hasta donde ella creía estar. Su último recuerdo antes de desplomarse en las arenas, fue que alguien la había salvado. Tontamente creyó al ver unos ojos lilas que quien la había salvado era el Faraón pero el tenía ojos Violetas y no lilas. Debía regresar, sus padres y amigos debían estar preocupados por ella.

Lo que no esperaba al dar la vuelta en esa esquina imaginaria era que se encontraría con una chica. La misma se veía de su edad. Tenía la piel bronceada, su cabello castaño le llegaba hasta la cintura, sus ojos celestes pálidos le hacían sentir que estaba viendo a alguien conocido. Su mirada seria e inexpresiva le hacía sentir que tenían algo pendiente de que hablar. Su vestido de color rojo le llegaba hasta los tobillos.

-Te estaba esperando. Fue lo único que le dijo mientras le hacía señas de que la siguiera.

Yuriko decidió que lo más sensato era obedecer. Quizás ella le podría enseñar el camino de regreso a Egipto.

La llevó hasta un hermoso jardín, tapizado de flores de todos los colores. La tricolor se acercó a una rosa de color rojo y le depositó un pequeño beso a la misma. Adoraba las rosas, y por una razón que aún no entendía amaba a las gardenias. La otra mujer sonrió en silencio tal parecía que algunos gustos no se perdían en el tiempo.

-Yuriko. La nombró la mujer de cabello castaño.

La chica de ojos verdes se alejó de las flores y se acercó a esa mujer que ya sabía su nombre. Ella en ningún momento se lo dijo. No entendía como lo sabía.

-No te había dicho mi nombre. ¿Cómo lo sabes? Preguntó con cautela. Sabía que Isis no estaba ahí pero estaba cansada de recibir los golpes "benevolentes" del abanico.

-Es algo que no puedo explicar en este momento. Solo soy la encargada de mostrarte, que camino debes elegir.

Dos puertas se abrieron ante Yuriko. En una se podía ver adicional del hermoso jardín tapizado de flores, agua y pequeños gatitos, se pudo ver así misma con un vestido de color Carmesí jugando al lado de la desconocida.

En la segunda puerta pudo ver un panorama diferente era Egipto. Pero no el que ella estaba conociendo. Parecía ser Egipto futuramente. Una figura masculina estaba de pie a orillas del Nilo mientras observaba a dos pequeños niños. Siguió viendo lo que le mostraba aquella puerta con mayor atención. Le mostraron al Faraón convertido en un adulto. El niño y la niña que jugaban se le acercaron con dulzura mientras le llamaban "papá" no pudo ver los rostros de los pequeños. Observó que el Faraón le hizo señas a una mujer, por la forma en la que estaba vestida, pudo deducir que era la esposa de él. "La Reina de Egipto" solo vio como la figura se acercaba a él mientras él monarca la veía con amor y devoción. Colocó sus manos en la cintura de la mujer y le dio un tierno beso en los labios.

Yuriko sin darse cuenta frunció el seño. Le daba alegría saber que el Faraón no moriría al enfrentarse a su enemigo. Pero no le agradaba ver como el monarca besaba a otra mujer.

-¿Celosa? Preguntó la mujer a su lado divertida por la situación.

-¡Cállate! Respondió fingiendo que no lo estaba. Además ella no tenía porque estarlo. Ella y El Faraón no eran nada más que dos amigos cercanos. Quiso convencerse de eso en su propio subconsciente.

-Tienes dos opciones. Si escoges la primera puerta podrás quedarte conmigo y estaremos juntas por siempre. Sí escoges la segunda podrás volver a lo que tú llamas hogar. Pero tendrás muchas aventuras y desventuras por delante. Tú eliges. No estarás sola, siempre estaré contigo y podremos seguir hablando.

Se vieron a los ojos con complicidad. Verde y celeste se encontraron y se vieron con una sonrisa. Ambas sabían la respuesta de la otra.

-Me gustaría quedarme. Pero no puedo. Papá y mamá no me perdonarían si los dejo solos en Egipto. Gracias espero volver a verte pronto. Le hizo una pequeña reverencia a la misteriosa mujer.

-Así será Yuriko. Te veo pronto. Hazme un pequeño favor. Cuida del sensible de mi hermano. Llorará al verte con bien, aunque finja fortaleza. Ella sabía que ambas estarían bien.

Yuriko asintió sin saber a quién se estaban refiriendo. Tomó la segunda puerta y entró en ella. El rompecabezas que llevaba puesto y que por alguna razón no cayó de su cuerpo brilló con fuerza y la protegió con su magia. Desapareció dejando una estela de luces de colores dorados y plateados.

La luz del alba fue lo que la hizo despertar. Se dio cuenta que estaba en alguna especie de lugar rocoso. Pudo sentir que tenía encima de su cuerpo una especie de túnica roja, además de sábanas sobre ella. Notó de igual manera que no tenía puesto su vestido únicamente el camisón y su ropa interior que ella confeccionaba para poder usar en esa época tan distante a la que ella en realidad pertenecía.

-Veo que al fin despertaste. Escuchó a una fuerte voz varonil que le hablaba con dureza.

-¿Quién eres? Preguntó mientras restregaba sus ojos con cansancio y procedía a estirar los brazos hacia arriba.

-Pues soy el que te salvó la vida. Sin mi, estarías muerta. Cruzó los brazos sobre su pecho aún descubierto ya que su túnica estaba sobre ella.

-Gracias Señor. Dijo ella reconociendo los ojos lilas y el cabello blanco que vio al momento de ser salvada.

-No soy ningún Señor. "Enanita" Respondió el con burla.

-No me digas enana. ¡Tú! ¿Eh? ¡Vanidoso! Respondió señalándolo molesta seguía enojándose cuando la llamaban así.

-Te dije "enanita" no "enana" con lo chiquita que eres te llamaré así "enanita" ¡Jajaja!

Yuriko se levantó de la improvisada cama que el le había preparado, tomó la túnica y se acercó al muchacho, se dio cuenta que era más alto que el Faraón. Se veía mayor. Quizás tendría la edad del Sacerdote Seth o Mahad.

-Escúchame bien extraño. Mi nombre es Yuriko Muto. Y bajo ningún motivo dejaré que me digas de esa manera. Toma supongo que esto te pertenece. -Le ofreció la túnica de vuelta- Muchas gracias por haber salvado mi vida. Terminó de hablar haciéndole una pequeña reverencia.

-¡Que nombre tan feo tienes! Le dijo mientras volvía a sonreír con sarcasmo. Le agradaba verla a la defensiva, sentía que ese era su verdadero ser. Arrebató su prenda de las manos de ella y sintió un escalofrío agradable recorrer su cuerpo cuando su mano rozó la de ella- Supongo que estás hambrienta, toma te "compré" esto- Le dio unos trozos de pan y de carne de ternera en sus manos.

-Gracias de nuevo. Un día te compensaré esto. Es una promesa. Dijo aceptando de manera inmediata la comida debía reconocer que tenía hambre.

-No me debes nada niñita. Pero con un beso me conformo. Le sonrió tiernamente pero ella no lo notó por sus palabras.

-¡Eres un atrevido! Gritó sonrojada ella no había dado su primer beso.

-Si fuera un atrevido ya te habría robado uno. Bueno come de una vez hasta aquí se escucha el ruido de tu estómago por el hambre que tienes. Terminó su civilizada conversación con ella alejándose rápidamente.

Ella lo observó irse mientras empezaba a comer. No tenía idea por cuantas horas estuvo en las aguas, ni cuanto tiempo estuvo inconsciente. Debía recuperar las fuerzas para regresar con sus padres y el Faraón. Tomó un sorbo de leche en el pocillo que el le dejó cerca del suelo.

-Estuviste dormida por dos días enteros. Le sonrió de nuevo con burla, una pequeña broma no le caería mal.

-¡Dos días! Escupió lo que acababa de tomarse.

-¡Jajaja! Es broma "enanita" no tienes ni un día desaparecida. A penas es el amanecer del día siguiente.

-¡¡Mi nombre es Yuriko!! ¡Vanidoso!

-Ese no es mi nombre. Mi nombre es Bak… No seas estúpido Bakura no puedes decirle tu verdadero nombre a esta niña. Se quedó en silencio mientras pensaba en lo que acababa de decir.

-¿Bak? Y luego dices que mi nombre es feo. Bueno, me harías el favor de poder llevarme al pueblo más cercano ¿Me darías mi vestido?

No había terminado de hablar cuando el le lanzó directo a la cara un pequeño vestido de color gris. No era su vestido real, pero no podía andar caminando "desnuda" por las calles de Egipto.

-Tu vestido se arruinó por completo cuando te saqué del agua estaba roto y desgarrado. Por cierto tienes unas lindas piernas. Te conseguí ese vestido en un intercambio, tómalo como un regalo. Le dijo el coquetamente no perdería oportunidad para seducirla y llevarla a la cama.

-Gracias. -Sus mejillas se tornaron de color rojo se colocó el vestido por encima del camisón- Estoy lista entre más rápido caminemos llegaremos al pueblo pronto.

-¿Y que te dijo a ti que nos iríamos caminando? Te llevaré en mi caballo. Así llegaremos con facilidad. Reclamó él con dureza pero en ningún momento vio que ella se ofendiera con sus comentarios.

-Entonces vámonos. Muéstrame a tu caballo. Lo único que le importaba era regresar pronto con sus padres.

Salieron de la cueva. Ella vio al caballo más serena desde que el Faraón la había salvado en su blanco corcel ella había perdido un poco el miedo. Vio al moreno subirse, después ella se subió al caballo en sus piernas llevaba su arruinado vestido. Se pegó al hombre y colocó sus manos alrededor de su pecho.

-¡Oye yo no te di permiso para que me toquetees! ¡sinvergüenza! Respondió el sonrojado sentía como su corazón latía con fuerza dentro de su pecho.

-Lo siento pero no tengo de donde sujetarme. Por favor ve lento. Le tengo miedo a los caballos. Le susurró en un hilo de voz. Realmente estaba asustada.

-Como deseé su "real majestad". Respondió el con sarcasmo.

Comenzaron a andar lentamente. El no quería exponerla al peligro. Sintió como ella recostó su cabeza en su espalda e intensificaba su abrazo. La llevaría al pueblo, la dejaría ahí y seguiría con su vida. Tenía una misión que cumplir y nada evitaría que su objetivo y él se enfrentaran al final.

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El amanecer llegó frente a sus ojos y no encontraron nada. Atem dio órdenes de regresar al palacio. Comerían, tratarían de dormir y volverían al río a seguirla buscando. La habían buscado toda la noche.

Seth ya se sentía devastado perdió las esperanzas de encontrarla con vida. Debía ser fuerte su rey lo necesitaría, su Kisara, su brillo de sol, estaba seguro que ella estaba en su habitación llorando por su mejor amiga. Estaría devastada en el momento en el que él le explicara que ella estaba muerta.

Mahad por su parte no ocultaba lo que sentía, había vuelto a fallar por segunda vez, había perdido a la persona que más quería en el mundo, y no hablaba en un sentido romántico, había defraudado a todos. Perdió a su pequeña lirio. Perdió a su pequeña hermana. Nunca le perdonaría a Mana por esto.

Shada y Karim estaban cansados. No sabían que decir o que hacer para ayudar en esta situación. Aknadin por su parte estaba preocupado por su vida, sí la maldita niña estaba muerta, el no tardaría en estarlo.

Llegaron al palacio y entraron al jardín. Ahí les esperaban Isis y Mana. Las dos sorprendidas de ver que ellos no traían novedades.

Mahad fue el primero en bajarse del corcel. Ignoró a Mana y vió con frialdad a su esposa.

-¡Mahad! ¿Qué pasó? ¿La encontraron? Le preguntó ella preocupada a el hombre que amaba.

-No. El Faraón decidió que volviéramos para comer, dormir un poco y regresar a buscarla más tarde. Sí me permites mi "Flor del Desierto" me daré un baño, comeré y volveré a buscarla. Fue lo único que respondió mientras se alejaba caminando.

Isis no entendía que había pasado. En su visión ellos la encontraban muerta y la llevaban al palacio. Pero su predicción no se había cumplido. ¿Qué podría haber alterado el destino?

Seth fue el segundo en bajarse. Se acercó a Mana, siendo directo, le habló a la aprendiz; pudo ver cómo a la chica le había afectado el que su maestro la ignorara.

-¿Dónde está Kisara? ¿Dónde están Jono y Mireya? Seth necesitaba saber si todos estaban bien.

-Están en la habitación de ella. Fue su única respuesta. Seth se dirigió a los aposentos de su pupila para ver a su prometida y a los dos rubios que se habían vuelto sus amigos. La castaña de ojos aguamarina le siguió en silencio.

Atem fue el último en bajarse del caballo. Se dirigió a la habitación de su compañero y de Rebecca. La puerta estaba semiabierta, pudo ver a Yugi recostado en las piernas de Rebecca. Tocó con su puño levemente la puerta, la única que reaccionó ante el golpe fue la rubia.

-Pasa Faraón. Le dijo ella en un hilo de voz. Estaba afónica de tanto llorar.

Procedió a entrar a la recámara, se sentía decepcionado, casi podía remembrar cuando su padre cayó en cama y el iba a visitarlo antes de su muerte. Rebecca acarició con ternura la cabeza de Yugi. Había pasado varias horas golpeando la puerta de madera, hasta que ella logró convencerlo de que se sentara en la cama, se recostó en la misma y se quedó dormido, se podía distinguir que había llorado toda la noche.

Los ojos Violetas de Atem se llenaron de lágrimas, cayó de rodillas ante Rebecca, le había fallado a su princesa. A su Yuriko, no la había podido encontrar.

Rebecca se levantó de la cama y se acercó al Rey. Ella sabía que él y su esposo compartían esencia, pero no compartían sentimientos. Rebecca sabía que el Faraón albergaba cierto aprecio por su hija que era diferente al que guardaba por el resto de sus súbditos. El verlo llorar le dolió. Se colocó a la altura del Rey y le acarició la mejilla como toda madre haría al consolar a un hijo.

-No la pude encontrar. Yo volví para comer y regresaré a buscar a Mi Princesa… yo… No soportó más el dolor y lloró cubriéndose el rostro.

-Ella regresará a nosotros. Yo confío que así será Atem. Yuriko volverá. Lo abrazó mientras el adolescente trataba de consolar su dolor y frustración por perder a la persona que en poco tiempo se había ganado su corazón duro, como la piedra.

Atem se quedó dormido en los brazos de Rebecca. Ella lo recostó al lado de Yugi.

Hizo una última súplica en silencio, poder tener a su hija de vuelta.

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Bueno amigos hasta aquí llegó el capítulo del día de hoy. Espero les haya gustado y puedan darme sus comentarios al respecto.

A continuación explico algunos detalles importantes de la historia.

Cómo podrán notar en este capítulo introduje dos personajes muy importantes de la trama. Bakura, "Rey de los Ladrones" y un personaje que aún será un pequeño misterio que papel desempeña, lo único que puedo adelantar es que es de vital importancia para la trama.

Thot es el dios de la sabiduría en el Antiguo Egipto, inventor de la escritura, patrón de los escribas, de las artes y las ciencias.

Sobek es el dios cocodrilo creador del Nilo. Considerado el patrón de los militares y protector de los Faraones. Su dominio era sobre las aguas del Río y el Trono Real.

Anubis es el dios de la muerte y de la momificación. El cuidador del inframundo y que juzgaba las almas de los muertos.

Espero les haya gustado este capítulo. Gracias por sus lecturas y comentarios :3

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.