Hola amigos ya tengo listo el capítulo 7 de "El Conjuro Secreto" Espero sea de su agrado.

Sin más que agregar doy por iniciado este capítulo.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Advertencia 1: Menciones sobre intento de violación.

Advertencia 2: Lenguaje vulgar.

Sin más que decir espero disfruten el capítulo.

El Conjuro Secreto: Capítulo 7: El Ladrón, La Princesa y El Faraón.

Los trotes del caballo solamente eran acallados por la arena del desierto. Iban despacio por pedido de la tricolor. Tenía que reconocer que le estaba dando demasiados privilegios a la cortesana. Ella seguía abrazada a él. No entendía porque le temía a los equinos.

-Oye "enanita" ¿Por qué le tienes miedo a los caballos? Es un temor estúpido el que tienes en realidad. Lo único que pueden hacer es matarte a pisotones. ¡Jajaja! Trató de sacarle plática aunque se estaba burlando de su temor.

-No había pensado en eso.-Respondió viéndole fijamente a sus ojos lilas- Simplemente no me siento cómoda, en cualquier momento podría caer y lastimarme. ¡No seas grosero! ¡No te burles de mi, idiota!

-¡Jajaja! Me gusta cuando me insultas. Es tu verdadero ser. ¿Qué diría tu madre si supiera que estás con un extraño y encima lo vienes toqueteando? Respondió sarcástico, quería conocerla aunque fuera a base de gritos y reclamos.

-¡No seas mentiroso! ¡No te vengo toqueteando! Me estoy sujetando de ti. Además a mi mamá le agradarías. Siempre le son bienvenidos mis amigos. Le sonrió con sutileza. Su única acción fue salvarla pero para ella, ya consideraba a este joven su amigo.

-¡No soy tu amigo! ¡Yo no soy amigo de nadie! ¡Y mucho menos seré amigo de alguien tan estúpida como tú! Su grito hizo estremecer de susto a la chica, ella lo soltó y colocó sus manos en su regazo.

-Lo siento. Susurró mientras agachaba su cabeza en silencio, limpió la pequeña lágrima que se deslizó por su mejilla.

No le respondió más. Era la primera vez que sentía culpa al insultar a alguien. Bakura se había acostumbrado a ser hiriente y cruel, trató de deshacerse de esas emociones "de mujeres" tenía que acostumbrarse, esa niñita no sería parte de su vida. El no lo permitiría.

Bakura estaba equivocado desde el momento en que le salvó la vida, ella había formado parte de su ser y directa o indirectamente lo seguiría siendo.

No estuvieron mucho tiempo en silencio. Ya que la tricolor fue la primera en hablar.

-¿Lo dices porque mi color de piel es diferente al tuyo? Los gritos e insultos de otras personas no le habían lastimado tanto como lo había hecho este tipo. Ni siquiera cuando peleó con el Faraón había quedado tan herida.

-¿Qué? -Detuvo la marcha con el caballo- ¿De que demonios estás hablando? Alzó la voz con dureza, si ella pensaba que su rechazo se debía a su exótico color, estaba equivocada. El lo hacía porque ella realmente no le importaba. De eso se trataba de convencer el famoso ladrón.

-Actúas así conmigo porque soy blanca. Me dirás lo mismo que las demás personas, que soy alguien que traerá maldición y desgracia a la tierra egipcia. Le respondió sin alzar la mirada, estaba empezando a creer que Mana tenía razón, desde que llegó a el palacio del Faraón le había causado muchos problemas.

Bakura la observó con sorpresa, la gente donde ella vivía eran unos completos idiotas. ¿Cómo se atrevían a decirle esas crudas palabras? Había estado con muchas mujeres pero debía reconocer que frente a él estaba una mujer sumamente bella, su piel pálida le daba un toque dulce, parecía una perla en medio del desierto pero era insegura al mismo tiempo. Sintió enojo y asco por ese tipo de seres humanos tan ignorantes.

- Niña, escúchame, seré directo. Nunca me quedo en el mismo lugar. No me interesan los amigos. Créeme que no es por tu color de piel, la verdad es que no me importa lo que digan y piensen sobre mí, tú eres hermosa en realidad. Tú color de piel y el color de tus ojos es perfecto. No necesitas cambiar para que te acepten. Al terminar de hablar se quedó sonrojado, había hablado de más.

-Eso quiere decir que te agrado. Respondió sintiéndose mejor. Aunque debía admitir que el hombre frente a ella le parecía que le ocultaba algo importante.

-No te emociones Chiquilla. Trató de contrarrestar el momento pero ya era tarde. La vio sonreír en silencio y supo que había perdido la guerra ante esa misteriosa chica.

Desde que había perdido a su familia y su hogar debía reconocer que la vida de las personas que conoció ni siquiera le importó, vio a varios hombres y mujeres morir y fue indiferente ante sus sufrimientos. Pero esta cortesana le hacía sentir sensaciones que ya creía perdidas.

-No me digas así. ¡Vanidoso!

-Dime algo niñita ¿De quién eres hija? Quería saber todo de ella. Sería su único recuerdo de esa desconocida.

-Mis padres y yo, venimos de un lugar muy lejano. No somos Egipcios en realidad… Sabía que no podía decirle de donde venía con exactitud.

-Creí que alguno de tus padres era de raza Egipcia.

-No. En realidad somos de… Se quedó callada al ver que el moreno la escuchaba atentamente.

-Continúa…

-Es un lugar muy lejano. Mi padre se llama Yugi.

-Tiene un nombre horrible igual que el tuyo ¡Jajaja! Sonrió con sarcasmo, esa información podría servirle de mucho en el futuro.

-¡No te burles de su nombre! ¡Hazlo de nuevo y te golpearé! ¡Así como lo hice con ella! Le reclamó exaltada aún se sentía molesta con Mana pero se quedó en silencio sin continuar su oración.

-Dime algo. ¿Por qué estabas en el Nilo? Quería saber si había sido lo suficientemente torpe para caerse.

-No quiero hablar de eso, lo siento Bak, pero no puedo decirte que fue lo que pasó. Cerró sus ojos con lentitud, no quería que el Faraón se enterara. Sabía que podría encerrar en el calabozo a la castaña o peor aún exiliarla.

-Eso quiere decir que tu caída no fue un accidente. -Dedujo con rapidez el panorama- Trataron de asesinarte. Sintió un nudo en la garganta, tal y como le aconteció hace tantos años atrás.

-Peleamos. Estoy segura que no quería hacerme daño.

-¡Oye! nadie en su sano juicio haría lo que esa persona hizo. Trató de matarte, aunque trates de negarlo. Y gracias a ese "accidente" pude conocerte. Sí me esfuerzo podré conseguir lo que quiero de ti. Pensó mientras consideraba el quedarse una temporada oculto en el pueblo, su objetivo estaba cerca. Las personas de esta región no conocían su verdadera identidad.

Se quedaron en silencio mientras una pensaba guardar en secreto lo que había ocurrido y el otro solo pensaba en que debía dejar a esa desconocida en el pueblo más cercano.

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Silencio total había en el palacio real del Faraón Atem. Los rumores ya estaban presentes en el pueblo y parte del reino. La Princesa Yuriko estaba desaparecida, y el Faraón estaba desesperado por encontrarla.

Algunos aldeanos decidieron emprender una búsqueda por los mismos alrededores del Río Nilo y por las casas humildes de barro. Alguien tenía que haber visto, escuchado algo, era imposible que desapareciera sin dejar huella. El pueblo amaba a su Rey y harían lo posible por devolverle la sonrisa.

Mahad, Seth, Atem y Yugi habían quedado dormidos por el cansancio. Atem fue movido y acomodado en sus aposentos privados por orden de Aknadin.

Kisara, Jono y Mireya se estaban preparando para marcharse. Buscarían a Yuriko en el Pueblo, estaban seguros que se encontraría caminando en el mismo tratando de regresar con ellos. Ya estaban enterados de la situación, sabían que no la habían encontrado en el Nilo, ni en las arenas. Eso quería decir que alguien la había salvado o que ella había logrado salir por sus propios medios. De ser la segunda opción estaría desorientada tratando de regresar al palacio.

Solo olvidaron un pequeño detalle al querer cruzar la puerta principal del palacio, los guardias les impidieron salir, por la orden dada por el Faraón el día anterior: "nadie puede entrar o salir del palacio"

-¡Vamos chicos! ¡Déjenos salir! ¡Iremos a buscar a Yuriko! Dijo Jono no quería armar un escándalo pero necesitaba irse y traer de vuelta a su protegida.

-Jono. El echo de que seas el protegido de la Princesa no te da mas derechos ante nosotros. El Faraón dijo que no podían entrar o salir del palacio. No podemos. Regresa a tu alcoba. Respondió uno de los guardias su cabello era de color azul y se elevaba en varias puntas hacia arriba y hacia los lados. Su piel morena curtida por el sol le daba un toque rudo. Yohei es una copia exacta de Mako Tsunami.

-¡Yohei! ¡Eres un…! Jono levantó su puño derecho queriéndose ver intimidante.

-Jono. No compliques más las cosas. Exclamó Mireya, sabía que no podrían salir sí esas eran las órdenes del Rey.

-Olvídalo, Mireya, Jono está demasiado ocupado peleando en la entrada. No nos queda más que esperar a que nuestro Rey vuelva a salir a buscar a Yuriko. Dijo Kisara suavemente, había llorado toda la noche y le costaba mucho hablar.

Las dos vieron con nostalgia la escena. Yuriko ya habría detenido a Jono y hubiera convencido a los guardias para que los dejaran salir. Las dos se vieron a los ojos. Lavanda y azul se encontraron con tristeza. No pudieron evitar derramar lágrimas de nuevo.

Solo observaron a el rubio cayendo a sus pies. Los guardias lo habían enviado directo al suelo después de haber recibido golpes en la puerta.

-¡Y no vuelvas a tratar de salir del Palacio! ¡Te golpearemos más fuerte sí lo intentas! Gritó Yohei amenazando con su lanza.

Lo levantaron en silencio. Estaba devastado. Sus ojos rojos brillaban con tristeza y resignación, la única opción que le quedaba al trío era esperar noticias.

Kisara había conocido primero a la tricolor, la primera vez que la vio fue por una orden dada por su rey. Necesitaba a dos mujeres que llevaran a la invitada más joven al pueblo. Ella e Isis fueron las escogidas para dicha tarea y desde ahí se habían vuelto inseparables.

Jono por su parte la había conocido cuando ella corrió para salvarle la vida. A pesar de tener miedo se enfrentó a su vendedor y lo "compró" salvándole de una muerte segura y él a cambio le juró lealtad y amistad incondicional.

Mireya la conoció cuando la rescató de aquel hombre que iba a sacrificarla. A pesar de la diferencia de edad, la pequeña la había protegido con su vida, estuvo dispuesta a morir con tal de salvarla.

Los tres compartían el mismo sentimiento querían de vuelta a su dulce, inocente y caprichosa amiga. Sin ella; dos de ellos estaban seguros que serían arrojados a la calle y la otra volvería a sentirse en la más oscura soledad de nuevo, porque a pesar de que tenia a su amado, sin su amiga que la complementaba se sentía vacía por dentro.

Atem se movió lentamente entre las sábanas de su cama. El calor del medio día lo hizo despertar de repente. Por un momento creyó que era una terrible pesadilla, que en realidad su princesa estaría jugando con sus protegidos en el jardín, corrió hacia su palco privado y se estremeció al ver a los tres amigos de Yuriko solos. Sin ella.

No era una pesadilla, lo que había sucedido era real. Su princesa no estaba. El no la había traído de regreso a casa, el cansancio de su cuerpo le había hecho volver a su palacio, la había dejado a su suerte en ese lugar. ¿Y si la habían secuestrado? ¿Le habrían hecho daño? ¿Estaría herida? O peor aún muerta, comenzó a sentir dolor dentro de su pecho, le dolía su corazón no se perdonaría si le pasaba algo a su Yuriko.

Se dió cuenta que aún tenía sus prendas del día anterior, recordaba haber llegado a la alcoba de Yugi y Rebecca. Debió quedarse dormido ahí mismo y alguien más lo había llevado a sus aposentos. Tenía que arreglarse, salir y encontrarla con bien.

Se encaminó a la salida de la habitación. No regresaría hasta encontrarla, solamente se había preocupado por una persona así en su vida en el pasado: Yugi cuando tenía la edad de la tricolor, cuando lo perdió por el sello de Oricalcos, pero con ella era diferente la situación, su corazón latía con fuerza al pensar en el color de los ojos de ella. Verdes como esmeraldas, él la había colmado de privilegios no para agradar a Yugi, si no para que ella se sintiera cómoda en un mundo al cual no pertenecía.

La entendía muy bien en ese aspecto, ya que él vivió por cuatro años en el siglo XXI usando a su compañero como contenedor humano. Por eso se esmeró en que ella tuviera siempre lo mejor, Mahad no le había dado detalles de cómo había sido su caída, lo más probable es que se acercara mucho a la orilla y resbalara, sí eso fue así ¿Por qué nadie la ayudó? ¿Estaría sola cuando cayó? Las respuestas las tenía únicamente ella.

No fue consciente en que momento llegó al jardín, solo escuchó las voces asombradas de los amigos de su querida princesa, el no estaba molesto con ninguno de ellos, podía sentir que su "compañero" sí estaba enojado con Jono, se había enterado que el rubio peleó con los guardias de la entrada principal, no era el único desesperado por encontrarla.

-¡Faraón! Exclamaron los tres amigos inclinándose ante su rey.

-Si su deseo es acompañarme a buscar a mi Princesa, pueden venir conmigo. Habló tratando de que su voz no se escuchara quebrada al hablar sobre ella. Él no era una persona que se mostrara vulnerable en realidad, pero había pasado tres semanas lejos de ella y tan solo un par de horas atrás se habían disculpado los dos.

-Mi Faraón. Iré con usted, es mi deber traerla de vuelta. Y no lo hago porque sea mi obligación hacerlo, Yuriko es más que mi propietaria. Es mi mejor amiga, ella me rescató de la muerte, siempre estaré en deuda con ella. Respondió Jono con determinación había entendido que no servía de nada estar triste por ella. Aún había tiempo para recuperarla.

-Faraón, yo iré. Soy la doncella de Yuriko, mi lealtad va más allá de lo que hizo por mí. Prometí nunca dejarla sola y por eso iré con usted. Mireya era la mayor del grupo presente, no los dejaría solos sabía que su pequeña amiga estaría dispuesta a todo si alguno de ellos se extraviara.

-Mi Señor, mi deseo es ir con usted. Yo tengo más tiempo de vivir en el pueblo, aunque no suelo salir sola por mi condición en esta ocasión iré con mis amigos. No descansaré hasta que Yuriko esté de regreso con nosotros. No importa si en medio de la búsqueda me quedo sola yo no me rendiré. Exclamó la doncella de ojos azules, su mejor amiga estaba sola, perdida y desorientada.

-Muy bien, vengan entonces. Mahad y Seth se adelantaron un poco en el pueblo. Sí nos damos prisa los alcanzaremos. Dijo Atem mientras meditaba que muchas personas querían a su princesa. Estaba seguro que el Pueblo entero la adoraría si fuera la Reina de Egipto.

Dio una última instrucción a Yohei, que no le permitiera la salida del palacio a Yugi. Necesitaba que el se quedara protegido dentro de las murallas.

Salieron de nuevo en sus caballos, ya era medio día, sí caía el atardecer perderían su rastro de nuevo.

Mahad caminaba despacio por las calles del mercado. Le había preguntado a algunos mercaderes si habían visto a su pequeña lirio y la respuesta era la misma: nadie la había visto. Debía recuperarla a toda costa.

Seth por su parte no preguntaba solo observaba en silencio y al ver que ella no estaba ahí seguía su camino. Sabía que la gran parte del reino estaba enterado de lo que había pasado y temía que la tuviesen cautiva para reclamar alguna especie de premio o recompensa. El sabía que su Faraón estaría dispuesto a entregar su reino entero si algún aprovechado se lo pedía.

Se quedó parado en la entrada de lo que parecía ser una venta de vino y cerveza, la conversación que sostenían un grupo de hombres llamó su atención.

-¿Escuchaste los rumores?

-Depende de cuáles sean.

-El Rey de los Ladrones esta de regreso. Y volvió con más poder que nunca.

¿El Rey de los Ladrones? La última vez que había escuchado sobre ese rufián fue cuando él y sus hombres atacaron la aldea de Mit Rahina, saquearon todo lo que pudieron e incendiaron casi todas las edificaciones de ese pequeño lugar. Se suponía que Shada y Karim lo habían derrotado. Las apariencias engañaban entonces, sí el "Rey de los Ladrones" estaba de vuelta debía apresurarse y poder encontrar a Yuriko antes de que el lo hiciera, los rumores sobre la preferencia que tenía el Faraón con ella eran ciertos y hasta el más vulgar estafador trataría de sacar ventaja de la situación.

Sí tan solo Seth supiera que ya era tarde para evitarlo puesto que la "Princesa de Egipto" y el "Rey de los Ladrones" ya se habían conocido.

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Ya estaban cerca del pueblo, la dejaría en el primer puesto seguro que encontrara y se largaría de ahí. Lo que no esperaba era que ella se bajara rápidamente del caballo y corriera sin una clara dirección.

-¡Oye niñita! ¿A dónde demonios vas? Sin pensarlo dos veces la siguió mientras dejaba a su caballo en un lugar seguro.

A diferencia de su nuevo conocido la tricolor podía sentir cuando las personas necesitaban ayuda. Le había pasado con Mireya al rescatarla pero esta vez quien le pedía ayuda era un hombre parecía ser un anciano.

-¿Estás segura que podrás con esto? Solo recuerda que Mana te quitó tu DiaDhank y dejaste en tu recámara tu arco y flechas. Sin dejar de oír la voz de su desconocida amiga siguió su camino sin titubear.

- Ya lo sé "Shin'aina" sé que estoy sola en esto pero ese grito que escuchamos es demasiado familiar. Necesito saber si la persona está bien. ¡Rayos! Ni si quiera me despedí de Bak. El dijo que nunca volvería a verlo. Sonrió con tristeza al darse cuenta que lo había ignorado por completo.

-Ten cuidado. Sí me necesitas, iré a ti. ¿Cómo me llamaste? Preguntó viéndola con frialdad más le valía que no le estuviera insultando.

- Te llamé "Shin'aina" es querida en Japonés. Como no me has dicho tu nombre, fue el apodo que te puse por no saber cómo dirigirme a ti. Le respondió con una sonrisa cariñosa.

La misteriosa mujer la observó en silencio mientras se sonrojaba. En su vida anterior no había tenido amigas, su corta vida no le había permitido darse ese lujo. Dedicó sus días a sus hermanos y a sus padres. Y aunque ella sí conocía de toda la vida a la tricolor se sintió alagada con su sobrenombre cariñoso. Yuriko siguió caminando sin ser consciente de que la chica se había quedado pensativa atrás de ella.

- Si me has puesto un sobrenombre tan peculiar yo también te pondré uno "Amira" significa "Princesa". Para todos y hasta para mí eso eres.

Llegó a la calle donde se escuchaban los gritos. Pudo ver a un hombre de avanzada edad en el suelo, estaba herido y sangrando. Parecía que lo habían asaltado, estaba tirado boca abajo en el suelo pero eran visibles sus heridas y su cabello gris por su avanzada edad.

-¡Señor! ¿Se encuentra bien? Se le acercó para poderlo levantar y de ser posible curarlo.

El caballero abrió sus ojos lentamente. El color verdemar de sus ojos hizo estremecer a la chica. El hombre frente a ella era igual a su bisabuelo Arthur con la diferencia de que era moreno y no utilizaba un traje blanco y corbata de color rojo.

-¡Niña! ¡Huye! ¡Ellos regresarán por mi! ¡Vete! Exclamó asustado, esa niña le recordaba a su difunta hija.

-¡No! Permítame llevarlo a otro sitio. Lo levantó y colocó su brazo sobre su hombro. Sentía que si lo dejaba a su suerte, estaría abandonando al difunto Arthur.

Avanzó lentamente con el, había conseguido llegar a medio callejón cuando cuatro hombres los interceptaron en su camino.

-¿Pero que tenemos aquí? Mira a una pequeña puta tratando de robarse a nuestro cautivo. Exclamó uno de los sujetos frente a ella.

-¡Ustedes lastimaron a este hombre! Exclamó restándole importancia al insulto.

-Te haremos lo mismo, si no lo devuelves, ahora. Exclamó el segundo al mando.

-¡No voy a dejarlo solo! Respondió asustada, no tenía idea de dónde se encontraba y esta vez no había nadie que podría ayudarla.

-Perfecto. Nos perteneces ahora. Exclamó el tercer tipo tomándola bruscamente de la muñeca. El hombre parecido a Arthur cayó al suelo y por sus heridas se desmayó.

-¡Nooo! ¡Abuelo! Gritó por un momento olvidó que ese hombre no era Arthur, lo mismo le pasaba con Shimon Muran. Le decía el mismo sobrenombre aunque ninguno de los dos era su familia. Arthur y Solomon llevaban varios años muertos.

-¡Silencio! Exclamó el cuarto hombre mientras apretaba su mandíbula con fuerza. El hombre que la tomaba de la muñeca la sujetó y la acorraló contra la pared.

-Vaya, antes de deshacernos de ti, aprovecharemos tus atributos. Exclamó mientras le rompía la falda del vestido.

-¿Qué están haciendo? ¡Nooo! ¡Suéltenme! ¡Ayuda! Yuriko comenzó a llorar en silencio no quería que las cosas fueran así. Solía usar su ropa interior que confeccionaba ella misma a usar las telas que le habían proporcionado en el Palacio, como le había roto el vestido su ropa íntima quedo expuesta era de color blanco.

Se sentía asustada no quería que esos tipos la abusaran.

-¡Cállate! Exclamó uno de los hombres azotando su cabeza contra la pared, el golpe la hizo quedar inconsciente se resbaló con lentitud y cayó sentada con las piernas abiertas. Lo último que vio fue a los hombres mientras le sonreían con burla.

El sujeto trató de terminar de romper sus prendas, cuando fue golpeado por un ataque en el acto. Los otros tres hombres observaron con horror como su líder era consumido por el fuego que lo rodeaba, dirigieron su mirada de donde provenía el ataque y observaron que frente a ellos estaba el "Rey de los Ladrones" muy molesto.

-Las escorias como ustedes no merecen vivir. ¡Diabound! ¡Ataque de onda Expansiva! Exclamó Bakura acabando con los otros tres hombres en el acto.

El ataque de energía destruyó el callejón en su totalidad, Bakura aprovechó el momento y sacó a la tricolor y al anciano de ese lugar. La niñita tenía suerte que el la hubiera seguido, de no haberlo hecho esos tipos la habrían abusado y asesinado. Ya le habían roto la falda del vestido, y de no haber intervenido estaba seguro que su vida habría acabado en ese lugar.

Bakura estaba sorprendido de su actuar, ese no era su estilo, solamente lo había hecho porque odiaba a los violadores, el podía ser un vulgar ladrón, estafador y asesino psicópata pero no le gustaba ese modo de operar. Jamás se aprovecharía de una mujer y menos en grupo. Su madre no le enseñó eso.

Cargó a la chica y al anciano uno en cada hombro, con su túnica tapó las piernas expuestas de ella, él estaba feliz con el panorama que veían sus ojos pero no podía arriesgar más a Yuriko. No le llamaría así en voz alta, solo la emocionaría si lo hacía. Ella lo llamaba "amigo" y ellos no lo eran ni lo serían jamás.

Los llevó a un lugar apartado, una pequeña casita que era propiedad de su mejor socio. Tenía que reconocer que los dos vivían cómo errantes, pero podían quedarse en cualquier lugar que desearan. Tocó la puerta esperando que el idiota estuviera en casa.

-¡Ábreme la puerta! ¡Soy yo! Gritó tratando de no despertar al anciano y a la niña.

La puerta de madera se abrió con lentitud, su amigo de piel bronceada, cabello castaño, ojos color avellana lo observó con sorpresa.

-¡Bakura! ¿Qué mierda hiciste ahora? Gritó mientras el mencionado le sonreía con una mezcla de burla e ironía.

-Nada en especial. Tadeo. Salvé a este viejo y a esta niña. Dile a tu hermana que cure a este vejestorio. Dijo entrando sin ser invitado.

-Teana salió, cuando regrese le diré. ¡Oye! ¿Desde cuando estás jugando al héroe? Jajaja ese papel no te queda. Se burló de su subordinado quien lo veía desafiante.

-No soy un héroe. Tuve que salvar al anciano porque la chica se metió a rescatarlo. A ella la saqué del Río hace un día. Necesito llevarla a un lugar seguro. Respondió aunque no le gustaba dar tantas explicaciones.

-¿La sacaste del Nilo? ¡Demonios Imbécil! Te das cuenta de quién es esta persona.

-No lo sé y no me interesa. Mintió descaradamente a él le interesaba todo de esa desconocida.

-¡Ella es una invitada de honor de Egipto! ¡Es una protegida del Faraón! ¡Desapareció hace un día al caerse por torpe en el Río! ¡Todo el Pueblo la está buscando, sí la encuentran aquí nos van a encerrar! Gritó fuera de sí, sí lo atrapaban podían obligarlo a volver a su terruño y eso era lo que menos quería. No iba a volver, solo muerto regresaría.

-¿Qué? Sí esa es la verdad. Entonces está "enanita" será mi entrada a ese palacio. ¡Jajaja! Dijo mientras observaba a la chica inconsciente.

El Rey de los Ladrones estaba planeando como atacar y destruir al Faraón, y con esa información valiosa que había obtenido de su mejor cómplice, sabría donde lastimar con mayor facilidad al Rey de Egipto.

El destino es confuso. Unió a tres corazones y al final uno tendrá que escoger lo inevitable y logrará cambiar el destino de dos de ellos.

Gritos y caos habían en las calles de Egipto nadie podía explicar que había pasado en ese callejón. 4 cadáveres carbonizados en el suelo le daban un toque macabro a la escena, Seth y Mahad estaban tratando de entender la situación, los rumores decían que el Rey de los Ladrones había hecho esa catástrofe, ambos se encontraban alertas escuchando a los aldeanos que con desesperación pedían ayuda, a pesar de que no habían más víctimas que los cuerpos en el suelo, las personas se hallaban asustadas.

-¡Sacerdotes del Faraón! ¡Protejan nuestro pequeño pueblo! ¡El Rey de los Ladrones nos destruirá!

Las súplicas de las mujeres enternecieron el corazón de Seth, recordaba los tiempos cuando su madre pedía por él, cuando aquellos hombres la asesinaron, a pesar de que el fuego la rodeaba seguía pidiendo clemencia por él. Tenía dos trabajos en esos momentos tranquilizar a la población y encontrar a su pupila.

Yuriko abrió los ojos con lentitud, se sorprendió al ver que unos ojos azules la veían con curiosidad y deseo. Se asustó al darse cuenta que era una chica.

-Veo que ya despertaste. Respondió la dulce voz de esa mujer lo decía con coquetería hacia ella.

La tricolor tragó en seco. ¿Porque tenía que hablarle así? A ella no le gustaban las mujeres, le atraían los hombres morenos se sonrojó al darse cuenta que estaba pensando en el Faraón.

-¿Quién es usted Señorita? Preguntó lo último que recordaba era que estaba a punto de ser violada.

-Que descortés eres hermanita, preséntanos a nuestra nueva amiga. Exclamó una voz juguetona pero varonil.

-¡Cállate bobo! Respondió con fastidio odiaba que su hermano interrumpiera su intento de seducción.

-Si, las dos lindas señoritas terminaron de pelear, me gustaría que me dejaran ver si la "enanita" esta bien. Escuchó una voz familiar y se alegró mucho al reconocer esa áspera voz.

-¡Bak! ¡Oh me alegra tanto verte! -Sin pensarlo dos veces lo abrazó con fuerza, dejando caer su cabeza en su pecho desnudo. Ya había notado que una túnica roja cubría sus piernas- ¡Creí que no te volvería a ver! ¿Dime dónde está el hombre que estaba ayudando? Lo soltó rápidamente sin notar el sonrojo que cubría el rostro de Bakura.

-Si hablas del vejestorio, mi hermana lo curó y lo encaminó a su casa. Solo estábamos esperando que despertaras para llevarte a la entrada del pueblo. Respondió el joven de cabello castaño.

La chica lo observó en silencio. Tenía que reconocer que esas dos personas se parecían mucho al Señor Tristán Taylor y a la Señora Tea Gardner. Solo que este hombre actuaba con demasiada confianza y la mujer era muy coqueta.

-No le llame así. ¡Usted! Señor….

-¡No soy un señor! A lo mucho tengo tu edad. ¿21 o 22 años? Preguntó con educación, aún recordaba sus tiempos diplomáticos.

-No soy tan mayor. En realidad tengo 15 años. Y esa no era mi pregunta. Bak, lo que dice el chico ¿Es cierto? Preguntó a la única persona que creía conocer en esa habitación.

-Si, lo es. Te presento a Tadeo. Ella es Teana, su hermana, te regalará un vestido para que dejes de exhibir el trasero como prostituta. Lo decía molesto al ver que su socio y la mujer presente, la observaban con descaro. ¿Tenía celos de sus camaradas?

-¡Bak! ¡Deja de mirarme así! ¡No tengo la culpa que esos idiotas me rompieran la falda!-Gritó sonrojada de que le estuviera juzgando la ropa- ¡No me digas eso! ¿Quieres que me cambie? Entonces tú y tu amigo salgan de la habitación y me pondré otro vestido. Dijo para finalmente sacarlos a los dos mientras recibía la vestimenta de Teana.

-Para ser una niñita, está bien dotada. ¡Oye Bakura! ¿Crees que ella me regale un besito? Preguntó sin darse cuenta que su compañero estaba viéndolo con fastidio.

-Acércate con esas intenciones y te romperé la cabeza contra la pared. Dijo con un toque sombrío hacia él.

Tadeo se quedó en silencio, la amenaza lo tenía sin preocupación, lo que le sorprendía era darse cuenta que su camarada parecía celoso. Y prefería no provocarlo más. La chica salió de la pequeña casa con un vestido de color rosa, demasiado ceñido del área del pecho.

-Ya está lista. Dijo Teana con una sonrisa sincera, ojalá pudiera volver a encontrar a la chica con brevedad, no sé detendría hasta plantarle un beso. Y ni siquiera Bakura o Tadeo lo evitarían.

-Muy bien. Dúo de idiotas, despídanse, voy a llevarla a la entrada del pueblo. Exclamó Bakura con frialdad no le gustaba la idea de que alguno de esos dos le pusieran las manos encima.

-¡Oye! ¡No les digas así a tus amigos! ¡Un gusto haberlos conocido! Espero podamos vernos un día. Gracias por su ayuda. ¡Adiós! Exclamó Yuriko despidiéndose de los hermanos.

Acostumbrada a que la rechazaran a cada momento se sentía incómoda de ser el centro de atención. La habían acosado cuatro sujetos. Bak, Tadeo y Teana le estuvieron viendo las piernas y la ropa interior, solo esperaba que al reencontrarse con sus amigos pudiera estrecharlos en sus brazos. Los extrañaba a todos y sobre todo quería ver a sus padres y a su Faraón.

-Muy bien, hasta aquí te acompaño. Entrando ya estás a salvo. Dijo Bakura disimulando la amarga sensación que le dejaba la despedida.

-¿Volveré a verte? Preguntó con inocencia, realmente era la primera vez que un amigo se despedía de ella.

-Lo más conveniente es que no. Pequeña. Dijo hablando con suavidad, habían sido demasiados insultos para ella.

-Oh. -Respondió resignándose ante sus palabras. Nunca podría olvidar que gracias a él estaba viva- Ojalá te pueda volver a encontrar. Gracias Bak, estoy en deuda contigo. ¡Adiós! Le dio la espalda entrando al poblado.

-¡Adiós! Nos encontraremos más rápido de lo que piensas. Pensó mientras la veía irse en silencio, mientras más rápido se alejara de ella era mejor. No dejaría que le despertara emociones que no le correspondían.

Caminó sin saber hacia dónde se dirigía, esa parte del pueblo no la conocía en realidad. Llegó a la esquina. Vio hacia adelante pensando si podría llegar al Palacio del Faraón, sin darse cuenta se tropezó con un puesto de frutas y al suelo cayeron las manzanas del vendedor frente a ella.

-¡Eres una estúpida! Exclamó el vendedor tirando de sus cabellos negros.

-¡Señor! ¡Me lastima! ¡Suéltenme! Gritó tratando de no llorar, eran demasiadas cosas vividas en un día.

-¡Claro que no! ¡Arruinaste mi cosecha! Tendrás que pagarme ahora.

-Señor le puedo pagar con trabajo, dinero no tengo en estos momentos.

-Se me ocurre algo mejor. Te reto a un "Yami no game"

-¿Un Yami no game? Había leído ese término en los libros del Abuelo Arthur pero no los había entendido del todo.

-Si. Sí ganas te dejaré ir sin cobrar la pérdida. Pero si pierdes te quedarás a mi servicio hasta que pagues el último grano de oro que me debes. Niña.

-Esta bien. Respondió no muy segura de lo que acababa de aceptar.

-¡Yami no game! Exclamó el hombre un juego de las sombras acababa de comenzar.

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Atem y sus escoltas reales buscaban entre los puestos de aquel mercado. Le acompañaba Kisara quién era la única que no se hallaba sentada sobre su caballo. Jono y Mireya habían ido a buscar cerca del Nilo por si habían novedades.

Podía sentir que Yugi estaba cada vez más desesperado y enojado con él. No podía negar que el estaría en la misma situación si su hija estuviera extraviada. Atem cayó sus propios pensamientos, el no tenía hijos aún. Seguiría preguntando, tenía que encontrar a su princesa. Y al hacerlo no la dejaría ir sola jamás. Le pondría una centuria de guardias de ser necesario o hacer que sus Sacerdotes la acompañaran a cada momento. El no permitiría que esto ocurriera de nuevo, sentía que estaba siendo demasiado protector pero no se arriesgaría a perderla de nuevo, en su vida había sufrido muchas pérdidas. A su madre cuando era muy pequeño y hacía casi un año a su padre. Sí perdía a Yuriko estaba seguro que perdería la razón. Cuando perdió a su "compañero", a Yugi casi se sumergió en la locura y en la desesperación.

Tenía 17 años. Aún era un adolescente, demasiado joven y con tantas responsabilidades que llevaba en sus hombros. A veces le parecía que sus más allegados querían verlo casado y con el "príncipe heredero" en camino. Después de que rompió su compromiso con Mana, se armó un gran escándalo de grandes proporciones. Su padre apoyó su decisión en cada momento, en aquel tiempo era el Príncipe, podía recordar que el padre de Mana llegó a amenazarlo mientras su padre ofreció una compensación por lo ocurrido. Poco después de eso El Faraón Aknamkanon enfermó gravemente, aunque lo trataron con brebajes y magia, no sé recuperó del todo, pasó sus últimos días postrado en cama.

Cuando murió su padre y fue coronado como el "Nuevo Faraón" prometió que culminaría los planes que su padre no pudo. Mana trató de seducirlo para que regresaran pero el se negó, estaba de luto, no estaba de humor para romance o sexo. Pasó casi 6 meses confinado en las paredes del palacio. Se ganó la aceptación del pueblo y su prioridad no era buscar una reina. Había heredado el trono al ser hijo legítimo del Faraón sin necesidad de casarse, su padre no tenía más hijos y después de que su madre murió no volvió a tener otro consorte.

Atem sabía que muchos de sus súbditos creían que el se casaría con Mana. Estaba consciente que algunos no aceptaban a su "compañero" a su esposa y a su princesa por su tono de piel, estaba cansado de esos estúpidos prejuicios sociales que tenía su pueblo. Hasta ahora no había escuchado a sus más allegados hacer desplantes hacia Yugi o Yuriko pero si había escuchado a algunos pueblerinos decir que era mejor que se marcharan porque solo acarrarían muerte y tragedia. Estaba desesperado por encontrarla sí alguien con esos prejuicios la veía podían atacarla. Ya estaba enterado de cómo su gente recibió a la familia, estuvieron a punto de lapidarlos.

Los gritos de una multitud llamaron la atención del Monarca y sus seguidores, algunos apoyaban a un hombre y otros a una niña. Se acercaron con sigilo y el Rey de Egipto se congeló al ver lo que ocurría.

Un hombre acababa de invocar a un gran insecto de color verde, ojos rojos parecía una especie de hormiga gigante.

-¡Ay! ¡Un insecto! ¡Qué asco! Exclamó la tricolor asustada al ver el gran tamaño que tenía el monstruo o Ka como le había enseñado Mahad.

-¡Niña miedosa! ¡Insecto atácala con tus garras! Dijo el hombre mientras su monstruo lo obedecía.

Yuriko logró esquivar el ataque al agacharse, dio un brinco a la derecha. Ese monstruo casi la lastima. No tenía su DiaDhank para luchar. ¿En qué estaba pensando cuando aceptó ese duelo? Estaba sola ya lo sabía, tenía que concentrarse para salir del problema en el que se había metido. Su corazón latía con fuerza y solo pensó en como superar esa situación.

-¡Pelea Niña Estúpida! Si no me atacas te destrozaré con facilidad. Lanzó a su insecto contra ella al atacarla con su brazo la hizo caer contra el suelo.

Yuriko sintió dolor en sus piernas al caer y rasparse con el contacto rápido. Si no hacía algo rápido perdería la contienda. Concentró su magia, si no lograba invocar algo debía usar las enseñanzas de su mago.

-¡Sacerdotisa del Cuidador de Tumbas! Ven a mí, ahora. La llamó, se sentía cansada así que no estaba segura de que durara mucho, no tenía idea de que si se podía hacer una invocación sin su instrumento de batalla.

La Sacerdotisa apareció y acercó su cetro con frialdad al cuello del insecto.

-¡Invocó a la Sacerdotisa! ¿De dónde salió eso niña? Gritó el hombre sorprendido al darse cuenta que había perdido la batalla.

-¡Sacerdotisa! ¡Utiliza el Conjuro de Magia Ancestral! Contestó ignorando la primera pregunta, la Sacerdotisa utilizó su técnica y el insecto desapareció al acto. Ganando así el duelo. Yuriko cayó de rodillas al suelo, tenía muchos deseos de quedarse dormida.

-¡No puede ser que una estúpida cría me halla ganado! ¡Esto no se quedara así! -El hombre saco una daga y se acercó dispuesto a degollar a la chica- La humillación que me has hecho la pagarás con sangre.

Yuriko solo pudo cubrir con sus manos su rostro, aunque quisiera salir corriendo no podía hacerlo sus piernas no le dejarían avanzar muchos pasos. Esperando que el hombre terminara con su vida, guardó silencio. Un fuerte golpe resonó cerca de ella.

Alzó su mirada, una mezcla de alivio y alegría llenó su pecho y corazón. Frente a ella estaba El Faraón quien había golpeado al hombre haciéndolo caer hacia atrás.

-¡Faraón! Gritó la multitud al ver a su Rey.

-¡Mi Señor! Exclamó el mercader de manzanas cayendo hincado frente a su gobernante.

-¡¿Cómo te atreves a ponerle una mano encima a Mi Princesa?! Atem gritó fuera de sí, sus ojos se tornaron de color carmín, su rompecabezas brillaba con fuerza y una aura oscura lo rodeaba dándole un aspecto sombrío al Faraón.

-¿Ella es la princesa? ¡Oh Faraón! ¡Yo no tenía idea! ¡Echó a perder toda mi cosecha de manzanas! ¡Por eso la reté a un duelo! ¡Perdón! ¡Misericordia mi Rey! Exclamó postrando su rostro en el suelo.

-¿Y eso te daba derecho a tratar de matarla? ¡Ella te ganó el duelo limpiamente! Si dinero quieres, lo tendrás – De su túnica sacó un pequeño bolso lleno de monedas de oro, acto seguido lo lanzó al tipo que estaba en posición de adoración hacía él- ¡No te servirá de nada en el lugar donde te enviaré! ¡Tu castigo es la muerte por tratar de lastimar lo más valioso de mi reino! Atem empuñó su espada dispuesto a decapitar al tipo.

-¡Faraón! ¡Nooo! ¡Deténgase Mi Rey! -Yuriko con las pocas fuerzas que tenía logró abrazar a Atem por la espalda, al sentir su piel de esa manera, se tranquilizó en el instante- No lo mate, yo estoy bien. Por favor mi Faraón. Recostó su cabeza en la espalda del Monarca, ya estaba cansada de la odisea vivida realmente quería irse a casa. A su verdadera casa.

-Solo porque ella me lo pide tu miserable vida es perdonada. Pero no te quedarás sin castigo. ¡Guardias! ¡Arréstenlo! ¡Su castigo es ser encerrado en el calabozo! Los guardias siguieron las órdenes de su Rey. No querían sentir la ira de su Faraón por desobedecer.

Atem ignoró a la multitud que lo veía con asombro. Jamás habían visto a un Gobernante detenerse ante las palabras de alguien más o cambiar su sentencia por deseos de terceras personas. Los ojos violetas del Faraón vieron con amor a su protegida. La estrechó contra su pecho y colocó sus manos en su espalda, la chica de ojos verdes tenía un vestido completamente diferente al que estaba usando cuando desapareció. Temblaba en sus brazos el no entendía sí era por frío o por miedo, le dio un suave beso en su frente, ella se tranquilizó con ese gesto.

- Yuriko. Mi Yuriko. Mi amor. Pensó sin decir una palabra más.

-¡Oh Faraón! Gracias, muchas gracias. Estaba tan asustada. No quería que usted se lastimara. Respondió ella viéndolo directamente a los ojos, podía ver su dolor.

Sin decirse más el Faraón la cargó en sus brazos, pudo ver sus rodillas lastimadas, raspadas por el golpe que había recibido hace un momento.

-¡Yuriko! Exclamó Kisara mientras corría hacia ellos. Se detuvo al ver las heridas de ella. Entrelazó su mano con la de ella sintiendo la calidez de la otra.

-Kisara. Estoy tan feliz de verte, querida amiga.

-¡Oh Yuriko! Mi pequeña. Me alegra tanto ver qué estás a salvo. ¡Oh! ¿Por qué te acercaste tanto a la orilla? Le regañó maternalmente, la chica de ojos verdes sonrió mientras fingía serenidad.

-Eso ya no importa. Vámonos a casa. Exclamó mientras recostaba su cabeza en el pecho del Faraón los latidos acelerados de su corazón la tranquilizaban con facilidad.

Kisara y Atem emprendieron el regreso al palacio, dando instrucciones que los demás volvieran con brevedad, la princesa de Egipto había vuelto a su hogar.

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-¡Déjenme salir! ¡Necesito ir y salvar a mi hija! ¡Suéltenme! Yugi seguía forcejeando con los escoltas de la salida. Yohei lo tenía sujetado de los brazos y otros dos lo apuntaban con sus lanzas.

-Señor Yugi. Por favor entienda que no puede irse. El Faraón dio instrucciones de que no puede salir. Yohei trataba de hacerlo entrar en razón.

-El Faraón y ustedes no entienden que se trata de mi hija. Es mi niña, mi pequeña. ¡Está perdida! ¡Podría estar sufriendo y yo sigo aquí sin poder hacer nada. ¡No! ¡No comprenden nada! Yugi sintió seca su garganta de tanto gritar, sí su hija no aparecía para el atardecer se volvería loco de dolor.

Los trotes de los caballos terminaron la pelea entre el Escolta y el angustiado padre. Los presentes hicieron una reverencia y los Sacerdotes del Faraón llegaron al escuchar que su Rey había vuelto al palacio. Mana se escondió detrás de Isis para ver lo que acontecía.

En los brazos del Faraón venía recostada su hija. Para Yugi el momento se quedó detenido en el tiempo. Sentía que viajaba en el tiempo, no veía a la adolescente frente a él.

A quién veía era a si mismo a la edad de 23 años, corriendo por los pasillos del hospital. Su madre le había llamado al trabajo, Rebecca había comenzado con dolores de parto después de que habían ido al mercado a comprar, se dio prisa llevando una maleta con ropa tanto como para su esposa y su futuro bebé. Según los doctores sería una niña.

Yugi llegó a la sala de partos. Era el padre más joven presente, algunos fumaban cigarrillos mientras otros daban vueltas por la sala. El tricolor optó por sentarse junto a su madre y la madre de Rebecca. Fueron más de doce horas esperando la noticia.

-¿El Señor Yugi Muto? Se escuchó la voz de una enfermera hablar.

-Soy yo. Respondió sintiendo que los nervios lo dominaban.

-¡Felicidades! Es padre de una hermosa bebita. Puede pasar a la habitación para ver a su esposa y su bebé.

-Gracias. Respondió con la voz cortada por la emoción.

Entró a la habitación con sigilo, pudo ver a Rebecca recostada en la cama, cansada con los ojos llorosos abrazando un pequeño bulto en sus brazos. Ahí estaba el fruto de su amor mutuo.

-Hola querido. Hay alguien que quiere conocerte. Ven y saluda a la pequeña nena. Respondió Rebecca acunando con dulzura a su bebé.

Yugi sintió su corazón estrujarse de ternura y amor, se acercó y tomó a su hija en brazos. Era tan pequeña, tan indefensa, tan bonita. Depositó un beso en su cabecita con todo el amor que le profesaba desde que supo de su existencia. La pequeña balbuceo mientras tomaba con su manita el dedo de su padre. Abrió sus ojitos lentamente y Yugi vio que había heredado el color de ojos de su madre.

-Hola mi pequeña Yuriko. -La nombró depositando más besos en su cabecita- Yo soy tu papi y te cuidaré por lo que reste de mi vida.

Después de eso su mente le hizo viajar por los momentos más importantes de la vida de su pequeña hija: su primera sonrisa, su primera palabra, sus primeros pasos. Todo lo que había vivido con ella hasta el momento.

-¿Papá? ¡Papito! Escuchó la voz de su hija que lo llamaba con alegría, ella le alzaba los brazos para que la tomara y el la cargara.

A Yugi no le importó nada más que acercarse hasta Atem y su caballo, mientras retiraba a su hija de los brazos de su otro yo.

-¡Mi Pequeña! ¡Mi bebé! Gracias Faraón muchas gracias por traerla de nuevo con nosotros. Yugi derramó unas pequeñas lágrimas en silencio. Rebecca corrió junto a su esposo y su hija abrazándola con fuerza

-¿Mamá? ¡Mamita! -Yuriko se sentía como una niña pequeña rodeada del amor de sus padres. Los había extrañado tanto, había prometido no llorar pero se sentía tan dichosa en sus brazos- ¡Estoy aquí de regreso!

Su padre la cargó como solía hacerlo cuando ella era una niña pequeña, cuando corría a buscar a sus padres cuando se asustaba con los rayos cuando llovía, cuando creía que habían monstruos bajo la cama y su padre con valentía le hacía creer que había espantado al invasor que la asustaba. Ella ya no era una niña pequeña, había aprendido tantas cosas. Pero no cambiaría a sus padres por nada del mundo. Ni a su Kisara, ni a su Jono, ni a su Mireya, ni a su Mahad. Ni a cada uno de sus amigos de su época, mucho menos a su Faraón. Ni siquiera a Seth lo cambiaría y vaya que al principio le tenía desconfianza por ser tan serio.

Mana la observó en silencio, la culpa le carcomía las entrañas, sonrió con calma, al verla de regreso. Una duda crecía lentamente en su corazón ¿La delataría ante el Faraón? Porque estaba arrepentida de su actuar. Los celos habían provocado la tensa situación y solo habían dos personas que sabían la verdad. Ella y Mahad.

Su padre la llevó hacia la habitación del matrimonio. No le importaba que su hija fuera ya casi una adulta, esta noche ella dormiría a su lado. Temía que al despertar ella no se encontrara ahí con ellos, que esto solo fuese un bonito sueño y al final ella no hubiera regresado.

Rebecca y Yuriko se encaminaron a la pileta de mujeres. Su madre quería bañarla como cuando era bebita. Y ella no pudo negarse ante su progenitora. Su madre enjabonó su cabello con delicadeza mientras el agua caliente refrescaba su cuerpo, sabía que le harían muchas preguntas cuando se recuperara de sus heridas. Tenía que pensar en una excusa por lo ocurrido.

Fue la noche más relajada que había tenido la tricolor en años. Tuvo que dormir en medio de sus progenitores ya que ambos se negaron a dejarla dormir en su alcoba. Los podía entender cualquiera vería que ambos tenían miedo de perderla, ella era su única hija al final de cuentas y aunque Yuriko sabía que sus padres se amaban con locura.

En el desayuno se dieron los reencuentros con sus seres queridos.

El primero en abrazarla fue Jono.

-Yuriko. Me alegra tanto verte. Te extrañé tanto. Exclamó el joven de ojos rojos mientras contenía la emoción, su voz se llenó de gozo al ver a su protegida de vuelta.

-También te extrañé. Sin ti mi vida sería muy aburrida mi querido Jono.- Respondió ella abrazándolo con fuerza- ¡Mireya! Ven aquí y dame un abrazo mi dulce dama rubia.

Mireya obedeció en el acto Simplemente tenía que reconocer que esa niña de ojos verdes era su adoración. La quería como a la hermana que nunca tuvo en su vida. Llenó sus mejillas de besos, al darle uno se equivocó y le plantó un beso accidental a Jono en la mejilla. El chico se sonrojó por completo mientras ella veía al suelo avergonzada. Yuriko solo atinó a reírse de la situación que se estaba dando en el comedor.

Pudo ver que su mejor amiga y su pareja le sonreían en silencio y a pesar de que sabía que Seth no se le acercaría en estos momentos sabía que él estaba alegre por verla de regreso. Eran Mentor y Pupila, no eran necesarias las palabras entre ellos.

Otros fuertes brazos la rodearon con fuerza mientras la alzaban por los aires. Rodearon su cintura y aunque no la soportaron y bajaron con rapidez, llenó su corazón de ternura.

-¡Niña Yuriko! ¡Me alegra verla bien! ¡No vuelva a acercarse tanto al Nilo! Exclamó Shimon Muran llorando con alegría.

-¡Abuelo Shimon! Eso quiere decir que sí me quieres. ¡Jajaja! Comenzó a reírse con lentitud. Estaba feliz por estar de regreso.

Su risa atrajo la atención del hechicero de la corte y su aún aprendiz. Mahad tuvo que contenerse al ver a su pequeña ante él. Afortunadamente había vuelto ilesa. Caminó lentamente y sus ojos se llenaron de lágrimas trataba de hacerse el fuerte.

-¡Mahad! Yuriko se acercó a él hombre que ella consideraba su hermano, dejando a los demás atrás de ella.

-Mi Pequeña Lirio. La llamó en voz alta olvidando que toda la corte del Faraón estaba presente en el lugar.

Atem observó la escena en silencio, a pesar de que Mahad era su mejor amigo, no podía evitar sentir molestia cuando el estaba con ella. ¿La había llamado mi pequeña lirio? Eso no le agradaba al Monarca, ¿Con que derecho le llamaba el así? Yugi observó a su "otro yo" sintió la molestia de Atem. ¿Celos? Imposible estaba seguro que el cuidaba de Yuriko como a una amiga muy querida.

Los dos se vieron en silencio, la tricolor vio con emoción a su Mago, y pudo distinguir que el estaba a punto de llorar, lo abrazó para reconfortarlo.

-Acá estoy Mahad. Estoy de vuelta y no me iré de tu lado. Sonrió con dulzura, como si estuviera abrazando a su propio hermano.

-Lamento interrumpir el "dulce reencuentro" pero Señorita Yuriko, usted debe responder algunas preguntas. -Dijo Aknadin provocando que el Maestro y la chica de ojos verdes se separaran, Mahad lo vio con enojo por separarlos con brusquedad-¿Por qué se acercó tanto al Río Nilo en Primer lugar?

Yuriko se congeló en su lugar al escuchar la pregunta intuía que si decía algo más la tragedia cubriría el reino de Egipto. Observó que Mana la veía con súplica para que no dijera nada.

-Fue por curiosidad Señor Aknadin. Me interesó mucho ver las aguas cristalinas del mismo. No tomé precauciones y me resbalé. Respondió segura solo habían tres personas en la sala que sabían que ella estaba mintiendo: Mahad, Mana y Yugi.

-Por tonterías es que cayó al Río y tuvo preocupado a medio Reino. Sea menos irresponsable Señorita. Gracias a su estúpida curiosidad nuestro reino y pueblo le buscó día y noche sin descanso. Escupió sus palabras con el veneno que estaba guardando dentro de sí.

-Señor Aknadin puedo aceptar que fue irresponsable de mi parte haberme acercado a un sitio que no conozco en primer lugar. Respondió tratando de no equivocarse en su mentira.

-Todos sabemos que usted no es alguien brillante. Solamente es alguien que goza de las preferencias del "Faraón". ¿Cómo sobrevivió estos dos días fuera del palacio?

-¡Que! ¿Cómo se atreve a decirme algo así? Me ayudaron unos forasteros en el pueblo. Me cuidaron los dos días, siguieron su viaje y me dejaron en el Pueblo. Tuve un pequeño problema con un mercader, pero el Faraón me ayudó con eso. Se estaba hastiando con el interrogatorio, no podía decir lo que realmente había pasado.

-Si ya lo sabemos. Por su culpa el Faraón arriesgó su vida por usted. Señorita irresponsable y buena para nada que no sabe defenderse por su cuenta.

-¡Aknadin! ¡Ya basta! ¡Deja a mi Princesa en Paz! Alzó la voz el Rey de Egipto. Era demasiada tensión para su reciente regreso.

Yuriko estaba cansada de ese hombre pero no tenía deseos de pelear, salió sin decir más palabras del comedor.

El comedor se quedó en silencio al verla irse del lugar. Solo una persona la siguió para hablarle a solas y sin miradas curiosas.

Mana corrió con disimulo y pudo darle alcance cuando ella llegó cerca de las flores que adornaba el jardín. Ella siempre buscaba ese lugar en particular. La había visto jugar en ese lugar en específico con su maestro y sus llamados amigos, que en realidad eran sus esclavos. La vio sentada de espaldas mientras tomaba un loto blanco en sus manos. Se armó de valor para hablarle.

-¿Por qué no me delataste? Le preguntó esperando su respuesta en silencio.

-Porque no soy tonta como el Señor Aknadin cree que soy. Se que eres la amiga de la infancia del Faraón y también lo eres de Mahad. Pero sé que si ambos se enteran de lo que pasó no te lo perdonarán. No conozco tus intenciones, no sé porque me lanzaste de esa manera. Tú empezaste la pelea y yo solo me defendí. No nos conocemos en realidad. No sé quién eres y tú no sabes quién soy. Estoy harta de esto. No quiero más problemas…

-¡Yuriko! La llamó dándose cuenta que ella no quería dañarla en realidad.

-¡No me llame así Señorita Mana! ¡Usted y yo no somos amigas! Le pido de la manera más cordial y atenta que no se me acerque más. No le diré a nadie lo que pasó, solamente le exijo que se disculpe con Kisara por haberla ofendido. Y que no vuelva a insultar a mis padres. Porque la próxima vez no me quedaré callada y tendrá que aceptar sus errores y consecuencias de sus actos. Se marchó en silencio tenía que irse de ese lugar y tratar de encontrar la paz en esos momentos, las palabras de Aknadin la habían lastimado en realidad, porque no tenía razón, ella no se cayó al Río por accidente y no se merecía aquellas palabras tan duras. Además ella no quería que el Faraón se lastimara por ella.

Mana la vio irse sin agregar más palabras. Ella se ganaría su perdón, había hecho una promesa y la cumpliría sin importar lo que pasara.

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Muy bien amigos hasta aquí llegó el capítulo 7 del Conjuro Secreto. Espero lo disfrutaran mucho.

A continuación explico algunos términos que usé en la trama:

Shin'aina: significa querida en Japonés.

Amira: significa Princesa en Árabe.

Yami no Game: Término utilizado en la temporada 0 cuando el espíritu de Yami poseía al Pequeño Yugi para castigar a los que le hacían daño.

Mit Rahina: Nombre árabe de la ciudad de Menfis capital del Bajo Egipto. Dividía al Bajo y Alto Egipto.

En este universo alterno el Faraón Atem no se casó con alguna pariente obligatoriamente como lo hacían en el Antiguo Egipto para gobernar el reino. En este universo el heredó el trono al ser el único hijo del Faraón Antecesor.

Se introdujeron dos nuevos personajes Tadeo y Teana. Dos hermanos que entrelazan un misterioso pasado.

Sin más que agregar espero hayan disfrutado la lectura.

Gracias a todos los que leen y comentan la historia.

Muchas gracias Bazane por tus comentarios.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.