Hola a todos ya tengo el octavo capítulo de "El Conjuro Secreto" Espero sea de su agrado.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Este capítulo especial está centrado en Jono. Espero puedan disfrutar de sus orígenes al menos en esta historia. Cómo han notado los protagonistas principales son Atem y Yuriko. En esta ocasión es el turno de mi "esclavo" favorito.

Advertencia 1: Lenguaje Vulgar.

Advertencia 2: Menciones de abuso infantil.

Advertencia 3: Intento de homicidio.

Soundtrack recomendado a escuchar para este capítulo especial: Ready, Aim, Fire. Versión de Imagine Dragons Año 2013.

Sin mas que agregar doy por iniciado el capítulo. Le doy la bienvenida a esta historia a Santiago mi Aprendiz, saludos hasta Argentina y a su amigo Luis, saludos hasta Perú.

El Conjuro Secreto: Capítulo 8: La Leyenda del Dragón Negro y su Protector.

Se hallaban luchando lado a lado sin importar si perdían su vida en la batalla. Los dos se habían entrenado en el arte de la espada y del DiaDhank. A pesar de que eran conocidos por ser alegres y amistosos en este momento habían dejado de lado esa faceta para proteger lo que más les importaba: sus seres queridos.

Había invocado a quien estaba destinado a proteger. En realidad no era una arma de batalla, pero prevaleció ante él su temor de perder lo que tanto trabajo y esfuerzo le había costado conseguir. A su lado ella había invocado a un monstruo en particular: los rumores decían que solo los más poderosos y puros de corazón podían hacer un llamado tan preciso y correspondido.

Jono y Yuriko luchaban con todas sus fuerzas. El había invocado al legendario "Dragón Negro de Ojos Rojos" y ella a "La Sacerdotisa del Cuidador de tumbas" tenían el mismo mentor en el arte de la guerra: El Sacerdote Seth.

Existe una frase que explica que muchas veces la verdad se puede leer al ver directo hacia tus ojos. Los ojos rojos del escolta real demostraban tantas cosas en este momento de la batalla: desde su más tierna infancia hasta este momento crucial de su existencia.

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17 Años antes.

Una mujer de cabellos castaños se hallaba viendo por la ventana de su humilde hogar, estaba preocupada su esposo se había marchado de casa llevándose a su hijo recién nacido. El pequeño había nacido sano y tenía algunos mechones rubios en su cabecita. Solo había un pequeño detalle que había asustado a sus progenitores: había nacido con los ojos de Color Rojo como el Carmín.

Era algo que no se había visto en esa aldea del Bajo Egipto. El padre del niño tenía ciertas sospechas sobre porque su primogénito heredó tan peculiar color. Así que había decidido llevarlo con los líderes del Pueblo. Solo ellos podían confirmar o descartar lo que había pasado.

Envuelto en tres sabanas blancas lo llevaba, tan pequeño y frágil, sin lugar a dudas su hijo era adorable. Era una noche fría lo único que engalanaba el panorama era la luna que brillaba sobre ellos: Roja como la sangre derramada en mil batallas.

Llegó finalmente a una pequeña pero elegante casa de barro. Se acercó a la puerta y tocó suavemente la misma: una, dos, tres veces. Una mujer de ojos color café le abrió la puerta. Se sorprendió al ver al hombre frente a ella y con un bebé. Le invitó a pasar mientras llamaba a su esposo.

-¿Fadil? ¿Por qué vienes a esta hora a mi casa? Preguntó el hombre recién llamado.

-Señor, solamente usted y el concejo de la Aldea pueden aclarar mis temores. Vea a mi hijo. Le respondió entregándole el bebé.

Tomó a la criatura en brazos, era un pequeño indefenso ¿porque tenía que estar preocupado el padre? Sus pensamientos cambiaron de opinión cuando vio el color de ojos del niño.

-Sus ojos son rojos. ¡Rojos! ¡Fadil! ¿Cuándo nació este niño? No pudo disimular su temor, tenía que ser una coincidencia nada más.

-Mi Señor, mi hijo nació hoy.

-¡Fadil! ¡¡Entonces él ha sido el elegido!! Devolvió al niño a su padre como si el contacto con su piel le quemara con rapidez.

Fadil sintió como si un balde de agua fría del Nilo fue derramada sobre su frente. De todos los niños que podían nacer ese día, ¿Por qué su hijo debía ser el escogido?

-Voy a darte un consejo. Escapa de la aldea. Llévate al niño lejos de aquí. Sí los aldeanos descubren quién es lo matarán sin misericordia. Sí en verdad amas a este bebé, vete. Si no entrégalo para que esta noche regrese a donde pertenece. Exclamó serio el líder le estaba dando dos soluciones posibles con el futuro de ese pequeño. Era triste saber que era el siguiente contenedor de ese monstruo.

Fadil a pesar de que estaba encariñado con ese bebé, sabía que lo mejor era entregarlo a ese hombre. No había opción su hijo estaba destinado a morir. Sin pensarlo dos veces lo entregó y se retiró para volver a su hogar. Le mentiría a su esposa, le diría que su bebé fue robado cuando se dirigía a ver a los líderes.

-¿Querido? Fadil dejó a su hijo aquí. ¿Qué harás con el niño?

-Fácil, mi querida esposa. El niño se quedará con nosotros. El será mi arma secreta para ser el único dueño de estas tierras. Jono, así se llamará, obtendré la victoria cuando el despierte al dragón que lleva por dentro.

-¿Dragón?

-Verás querida, cada 100 años en nuestra aldea un niño es escogido en el seno de nuestro pueblo para ser el contenedor del Gran " Dragón Negro de Ojos Rojos" dicho espécimen fue un temible monstruo que destruía todo lo que estaba a su alcance. Su primer protector fue un valiente guerrero llamado Hermos, quién selló en su cuerpo a dicho dragón, el poder de la bestia era demasiado para el portador, muchos perecieron al intentar invocarlo y muy pocos lograron llamarlo, más no pudieron controlarlo, al morir el guardián el dragón tiene un reposo de 100 años en el mundo de los monstruos, el poder de la criatura renace en las noches de luna roja, su portador siempre nace con una característica en particular: sus ojos son rojos. Su única responsabilidad es cuidar del poder del espíritu y evitar que provoque desgracias y tragedias de nuevo. Hoy se cumple el tiempo establecido desde que el último usuario del Dragón murió, así que ya ha reencarnado. Lo entrenaré para que sea un despiadado guerrero y así el poder del Dragón me pertenezca solo a mí. ¡Jajaja! -Rió con descaro el hombre. Le había mentido a Fadil, la aldea no mataría al niño al contrario lo adorarían como deidad- Empaca tus cosas, amada mía, que nuestro destino nos espera en el Alto Egipto.

Esa misma noche el matrimonio partió llevándose al pequeño Jono de esa aldea. Fadil, se arrepintió al amanecer de lo que había hecho, regresó a la casa del líder, solo para descubrir que se habían llevado a su hijo a un lugar desconocido. En medio de su dolor juró que encontraría a su primogénito, nunca se perdonaría el habérselo dado a un embustero.

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5 Años Después.

Jono lloraba sin poder evitarlo, tenía que despedirse de su madre, había estado enferma el último año transcurrido, estaba a punto de morir y lo dejaría solo con su padre. Sí es que podía llamar padre a lo que tenía como progenitor. Para el pequeño niño no era un secreto que su padre lo despreciaba, ya que lo consideraba alguien débil, estúpido y una pérdida de recursos. Desde que tenía uso de razón sabía que tenía un poder grande dentro de sí, pero era incapaz de poderlo invocar. Nunca le había comentado a su padre, que dicho Dragón había hablado con él en sus sueños. El no aparecería ante deseos egoístas, solo podía ser llamado sí el deseo de su corazón al ser portador era sincero. El no era un ser de destrucción, era alguien que tenía que ser protegido, su poder temido por unos y deseado por otros.

Poco después de la muerte de su madre, empezó su calvario, su padre no le permitió vivir su luto por la única persona que lo amaba de verdad.

-Solo las niñas lloran. Así que no lo hagas o te daré verdaderas razones para que llores. ¡Maldito engendro! -Le susurró en su oído mientras el frágil corazón del niño se rompía cada vez más- ¡Ahora lárgate y consígueme Cerveza! Exclamó tomando a Jono del brazo y sacándolo de esa pequeña casa que el llamaba hogar.

Estuvo deambulando por horas en el Pueblo. No pudo conseguir lo que su padre le había pedido, regresó con las manos vacías ante él. Furioso, hizo lo que nunca había hecho mientras su madre vivía, le propinó un fuerte golpe en la cara. El niño rubio no podía entender que era lo que estaba pasando.

-¿Por qué me odias tanto padre? Respondió mientras sujetaba su rostro adolorido por el golpe recién recibido.

-¡Porque eres un grandísimo inútil! ¡No eres mi hijo, eres solo una maldita pérdida de tiempo! ¡Debí dejarte morir hace años! ¡Lárgate! ¡Dormirás afuera hasta que me consigas lo que te he pedido! Lo tomó de los cabellos mientras lo lanzaba a la calle.

Fue la primera de muchas noches en las que Jono tuvo que dormir en las calles y luchar por su supervivencia. Se recostó en una esquina húmeda y fría, deseando con todas sus fuerzas poder despertar al lado de su madre o entender porque su padre lo odiaba tanto. También le suplicó al Dragón que lo ayudara a salir de esta situación. El dragón lo escuchó pero sabía que faltaban años para que ambos fueran finalmente libres. Era la primera vez en siglos que la criatura tenía una conexión con su protector. Cuidaría del niño para que no muriera en las noches frías del desierto, lo protegió con su poderosa sombra, así advertía a quien tratara de hacerle daño que con él no se debían de meter.

Desde ese día para Jono las calles de Egipto se habían convertido en su verdadero hogar. Su padre era un ser despiadado al cual solamente le interesaba beber hasta emborracharse, apostaba fuertes sumas de oro y siempre perdía en las mismas. En más de una ocasión el rubio tuvo que pagar las deudas de su progenitor, desde arreglar casas hasta buscar comida que no le estaba permitido consumir, no se sentía feliz con la vida que llevaba, únicamente deseaba irse lejos de ese lugar.

Había tratado de escapar varias veces, pero siempre era detenido por los "amigos de su padre". Al devolverlo el hombre lo golpeaba hasta el cansancio y lo dejaba varios días sin comer. Le prohibía cualquier tipo de interacción con los allegados a él.

Su único consuelo era mirar hacia la imponente luna y las estrellas del firmamento. Deseaba entender porque el hombre que debía protegerlo y amarlo, estaba empeñado en herirlo y destruirlo. Había conseguido cerveza para él y por primera vez en tanto tiempo le había permitido al niño de ahora 7 años dormir en casa.

El rubio de ojos rojos no conocía las verdaderas intenciones de su padre, esa noche.

Lo observó dormir en la esquina del cuarto, el hombre borracho, estaba cansado de llevar esa carga bajo sus hombros, nunca debió quedarse con el niño. Creyó que era el portador del Dragón pero nunca lo despertó. Lo más probable era que se había equivocado de persona. No tenía humor ni ganas de devolverlo a sus padres, lo meterían preso por rapto injustificado, haría lo más fácil matar al niño y lanzaría su cadáver en algún lugar del desierto.

El niño dormía sereno sin saber lo que pasaba a su alrededor, el hombre empuñó la daga que siempre llevaba consigo, sería certero, le daría una muerte indolora y rápida. Lo que él no esperaba era que de la sombra de Jono, dos ojos grandes y rojos como la sangre lo vieran fijamente, dicha acción lo hizo retroceder asustado.

-Humano. Aléjate de él en este momento. Pudo escuchar una voz dentro de su cabeza, no había nadie más que ellos dos en la habitación.

-¿Dragón Negro de Ojos Rojos? Preguntó conteniendo la emoción que lo embargó en el acto.

-Así es maldito. Trata de hacerle daño a mi protector y me encargaré de partirte por la mitad. Respondió la criatura lanzando un poco de fuego como advertencia.

-¡Tú poder debería pertenecerme a mí! Exclamó altivo el hombre.

-¡Mi poder le pertenece a Jono! Jamás será tuyo, pronto el y yo seremos libres. El Dragón alzó su garra cortando la mejilla del "padre" de Jono.

El hombre despertó creyendo que era un sueño. Pero al tocar su rostro pudo ver la sangre que recorría desde su ojo hasta su mentón, no había sido un sueño. Lo que había visto era una realidad. Su odio por el niño creció aún más.

Una vez más lo había enviado a las calles, no lo soportaba más. Y no podía matarlo porque había comprobado que sería cortado en dos sí lo hacía.

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10 Años después

Jono suspiró con pesadez, aún así había aprendido a sobrevivir en las calles de su país, aunque estaba cansado de esa situación. Ya no era un niño pequeño, ya era un adolescente había pasado su tierna infancia trabajando sin descanso para poder llevarse un trozo de pan a la boca y no morir en las calles.

Había pasado por muchos trabajos pesados desde cargar piedras gigantes para hacer construcciones, pescar con sus manos en el Río, aprender a hacer utensilios de barro cocido hasta a hacer dagas clandestinas.

Sin amigos ni nadie que se preocupara por el, solo podía comunicarse con el Dragón. Su padre volvió su permanencia en las calles como un diario vivir. Solamente le permitía quedarse en casa cuando lo apostaba en sus estúpidos juegos. Ya le había tocado hacer trabajos gratis por culpa de él.

A penas tenía un juego de ropa limpia y cuando le tocaba lavarla se quedaba escondido detrás de una roca, hasta que se secara.

Por alguna razón sentía que este día sería diferente al resto de los que había tenido y no se equivocaba en su intuición.

Había visto a un grupo de hombres en la puerta de la casa de su padre. Y no entendía porque ellos lo veían a él con interés, vio a su progenitor en el suelo, mientras trataba de ponerse de pie.

-Ya deja de tratar de levantarte. Aquí está lo que me solicitaste. Vengo a recoger lo que me pertenece. Exclamó un hombre de mediana edad.

-¡Ahí afuera está! ¡Llévatelo de una maldita vez! Exclamó recibiendo su pago.

Jono los observó en silencio no entendía nada, hasta que los hombres lo sujetaron con fuerza y lo sometieron.

-¡Oigan Señores! ¿Qué pasa? ¿Por qué me sujetan de esa forma?

-¡Cállate inmunda basura! ¡No hablaras hasta que yo, tu dueño lo autorice! Exclamó el hombre dándole un puñetazo en la cara dejándole un ojo morado.

-¿Qué?

-¡Cállate hijo de puta! -Recibió un puñetazo en el estómago- Tu padre te ha vendido conmigo por una jarra de cerveza me perteneces ahora. ¡Está demasiado flaco! No sirve ni para cargar el heno de los caballos. Ya veré de qué manera sacaré beneficio sobre ti. Lo jaló de los cabellos con dureza.

Lo último que Jono supo antes de desmayarse era que su padre lo veía con burla y el deseaba estar muerto.

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El primer día como "esclavo" había sido el más difícil de su vida. Gahiji así se llamaba su nuevo "dueño" lo había llevado a una pequeña casa abandonada y sucia, lo había despojado de sus vestiduras, le había dado un baño con agua fría, le dio un pequeño taparrabos y la parte de abajo de una túnica. Dejando su pecho descubierto, amarró sus manos y pies.

Mandó a quemar sus prendas anteriores mientras sus ojos rojos observaban incrédulos lo que había hecho.

-Ni una pieza de oro tenías. ¡Patético! ¡Ojalá valgas algo! Olvídate de tu vida anterior siempre estarás destinado a servirle a alguien más.

El rubio de ojos rojos se sentía atemorizado con lo que veía al ser llevado con los demás esclavos. Habían desde bebés hasta ancianos. Muchos de ellos vendidos como él, otros secuestrados de sus lugares de origen. Rotos, alejados de su hogar.

El no era el único hombre del séquito de esclavos. Pero se horrorizó al escuchar los rumores de las mujeres cautivas. Hombres que no eran comprados en un lapso de 5 días eran asesinados en público. A las mujeres solía tenerlas más tiempo ya que la mayoría eran compradas para trabajar en los burdeles como prostitutas. La minoría era para ser servidumbre de la élite egipcia.

Gahiji se acercó a sus nuevos esclavos, viéndolos con asco dio sus instrucciones:

-¡Atención Escorias! El día de hoy sacaré ganancias con sus inservibles cuerpos. Y hoy es el último día para que se hagan efectivas las ventas de estos tres hombres. Sí nadie los compra ya saben cuál será su destino.

Uno a uno fueron presentados los esclavos ante la multitud interesada en comprarlos, las mujeres más bellas fueron las primeras en ser vendidas. De los hombres los más fuertes y en mejores condiciones físicas fueron los siguientes en ser adquiridos.

Jono solo podía ver impotente como eran llevados a la fuerza por sus nuevos propietarios. Finalmente llegó su turno de ser presentado, solamente recibió miradas de desprecio y burla.

-¡Está demasiado delgado!

-¡Parece un perro!

-¡No sirve ni para proteger mi casa!

Gahiji lo observó con asco, y le propinó un puñetazo en la cara haciéndole sangrar la nariz en el acto.

-Escúchame alimaña tienes solo 4 días para que mejoren las ofertas. Si no esté será tu próximo destino. Le susurró cerca de su oído izquierdo.

Hizo señas para que trajeran a los tres hombres por los cuales ya se cumplían los 5 días límites de compra. Nadie hizo una oferta por ellos, los hincó en el suelo y alzó su espada por los aires, de un solo tajo cortó la cabeza del primer hombre, y así lo hizo hasta que los tres hombres estaban muertos en el suelo.

Jono observó horrorizado lo que el esclavista ante el había hecho. Había asesinado a tres personas frente a una multitud que lejos de escandalizarse parecían disfrutar de la muerte de esos hombres inocentes.

El quería su libertad pero no a costa de que sus últimos momentos de su vida fueran una diversión ante un grupo de psicópatas sedientos de sangre.

Gahiji no le permitió comer ni beber nada en esos días donde era presentado ante la multitud, pero solo recibía la misma respuesta, nadie quería a alguien tan delgado como él. Jono se resignó a morir al ver que ya era el quinto día y no habían ofertas sobre él.

Se despidió del Dragón Negro en su interior, le pidió perdón por no ser digno de él, por no poder protegerlo y no ser alguien fuerte.

El Dragón guardó silencio puesto que el ya sabía que el día por fin había llegado, este día serían libres los dos. Después de tantos años de sufrimiento, la libertad tan soñada había llegado.

Hincado en el suelo, cansado, lastimado, sin esperanza y dando por hecho que este día moriría Jono deseo con todas sus fuerzas poder reencontrarse con su madre. La única persona que lo había amado en verdad. Con hambre y sed, con el cabello sucio, humillado, solo estaba esperando su destino.

-¡No he recibido ni una sola oferta por este esclavo bueno para nada! De ser así no me queda más que deshacerme de él. Exclamó Gahiji con gozo, ese sujeto le gustaba acabar con la vida de las personas. Pudo sentir que alzaba la espada para decapitarlo.

-¡Alto! ¡Deténgase! ¡No lo haga, por favor, no! Escuchó una dulce voz femenina. Jono y el Dragón Negro alzaron la mirada sorprendidos ante ellos corría una jovencita, tenía la piel blanca como las nubes, su cabello era de color negro con reflejos fucsia en las puntas, fleco de color amarillo y sus ojos de color verde como el jade. Su vestido de color blanco con azul era sobrio y elegante. Corrió hasta quedar enfrente de el esclavista sin importar que la multitud la observaba y murmuraban en silencio.

-¿Y tú quién te crees que eres maldita? A mí nadie me detiene de hacer lo que quiera con mi esclavo. Gahiji la amenazó con la punta de la espada filosa acercándola a su rostro.

La multitud notó que la chica estaba tensa en esa posición. Y aunque el hombre llevaba todas las opciones de ganar, ella no se daría por vencida.

-Señor, escuché que nadie le ofertó nada por el joven. Yo estoy dispuesta a pagar por él. Pero quíteme la espada de la cara.

Jono no podía creer lo que escuchaba, esa chica estaba dispuesta a comprarlo. Ante el estaba su salvadora. Solo esperaba que su "amo" aceptara la oferta.

-Jajajajaja no me hagas reír. A mí me gustan las putas y no las niñitas sin nada que ofrecerme. Jajajaja, a menos a que tengas oro disponible. Y para serte franco, este sujeto no vale ni una mierda. El hombre se burlaba de la chica creyendo que su oferta por el esclavo de los ojos rojos era su cuerpo.

-Señor, todas las vidas son sagradas, desde la humana hasta la animal. Sí oro quiere, oro le daré. Le ofrezco este arete que es de oro. Tiene un jaspe rojo en el centro. Esto será suficiente para salvar a ese joven. Le ofreció su prenda que quitó de su oreja mientras estiraba su mano esperando no ser rechazada y asesinada en el acto.

El hombre retiró su espada y procedió a tomar la oferta de la misteriosa chica. Jono esperaba con ansias su libertad.

-Niña, con este arete solo pagas el que le perdone la vida a esta mierda. Pero el seguirá siendo mi esclavo. A menos a que tengas más oro disponible. Respondió con malicia.

El rubio sintió frío al escuchar que no recuperaría la libertad. Solo le estaban perdonando la vida. Pero por cuántos días le sería alargada la agonía. ¿Uno o dos días?

-Muy bien, sí con un arete puedo salvar su vida, con los dos puedo comprar su libertad. Dijo ella entregando su segundo arete el dolor en su mirada demostraba que los artículos entregados eran importantes para ella.

El Dragón Negro suspiró con fuerza dentro de Jono. La libertad que tanto ansiaban los dos había llegado por fin. El rubio cansado y lleno de agradecimiento sonrió, no volvería a estar solo, nunca más.

-Perfecto. Aunque has hecho una inversión perdida. -Cortó las cuerdas que amarraba sus manos y pies, lo levantó y lo lanzó hacia su nueva propietaria, la chica de ojos verdes no pudo soportar su peso y ambos cayeron hincados en el suelo.- ¿Cuál es tu nombre niñita? Preguntó mientras se preparaba a escribir en un pergamino.

-Mi nombre es Yuriko Muto. Respondió ella acariciando lentamente la cabeza de Jono. Sus manos eran tan suaves y delicadas.

-Muy bien. Este es el pergamino que acredita que esta porquería te pertenece. Jono observó que el lanzaba un pergamino en el aire. El mismo le dio en la cara a la chica.

-¡Aa! ¡Eres un idiota! Exclamó ella sujetándose el rostro adolorida por el golpe.

Jono se estremeció y sus ojos se llenaron de lágrimas, sí ese hombre se acercaba la mataría por su osadía de hablarle de esa manera grosera.

-Agradece que estoy de buen humor asquerosa extranjera, porque de no estarlo te cortaría el cuello de oreja a oreja. Respondió el esclavista marchándose con los aretes que ella le había entregado en el intercambio.

Ella lo observó con enojo y con molestia, el estaba seguro que ella estaba a punto de responderle algo más a el hombre que se marchaba, pero el rubio comenzó a llorar cansado entre sus brazos.

-Ya pasó todo. Tranquilo. Nadie volverá a lastimarte, es una promesa, conmigo estás a salvo. Dijo mientras colocaba sus manos en las mejillas de él, mirando sus ojos rojos llenos de lágrimas de agradecimiento, limpiando delicadamente aquel rostro sin saber que en realidad también acariciaba y curaba el dolor del Dragón Negro de Ojos rojos.

En ese momento y por la eternidad el le juró lealtad y fidelidad por salvarlo. Ella lo llevó al Palacio del Faraón y logró hacer que el consiguiera techo y comida. Nunca olvidaría lo que ella hizo por el. Había sido nombrado su escolta personal y el nunca permitiría que le hicieran daño a su mejor amiga.

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Tiempo Actual

Desde que puso un pie en el palacio podía escuchar los rumores de las cocineras y los jardineros que trabajaban para el Faraón. La mayoría creía que la invitada de honor y el Faraón tenían algún tipo de relación especial. Ya que el Monarca no necesitaba más personal en sus dominios, el haber contratado a un escolta más para proteger a esa chiquilla de exótica piel era sorprendente. El no podía negar que se había quedado boquiabierto al ver al Rey en persona. Se sintió pequeño frente al gobernante. Después de que el lo aceptara en el palacio, pudo ver que su ahora amiga abrazaba al Faraón agradeciéndole su petición.

Yuriko en ningún momento le llamó esclavo, sirviente o algo parecido. Ella fue la primera en tratarlo como lo que era en realidad. Una persona en toda la extensión de la palabra. Solamente había alguien con quien había empezado con el pie izquierdo: El Sacerdote Seth.

El hombre le llamaba "perro" y "cosa" haciendo tenso el ambiente que compartían los dos. Jono se había hecho amigo de la novia del Sacerdote y dentro de sí se reía de el al ver que el mencionado se enojaba al ver al trío jugando en el jardín real. Porque eso hacia el con la albina y la tricolor, la pequeña Yuriko resultó ser un mar de sorpresas. Después se volvieron un cuarteto cuando el Sacerdote Mahad se unió al grupo. Por varios días lo entrenaron en el arte de la espada y el combate cuerpo a cuerpo.

Siempre que era entrenado por el Sacerdote Seth, el mismo lo derrotaba en cada entrenamiento.

-Oye "Cosa" debes tener cuidado al luchar. No debes dejar desprotegida el área de tu pecho ni de tus piernas. Podrían matarte fácilmente. Además tienes que tener agilidad para acabar con tu oponente y proteger siempre a quien escoltas. Tienes suerte que sea yo quien te entrene y no sea tu enemigo. Ya estarías muerto sí lo fueras. Le aconsejó en medio de uno de sus entrenamientos.

Para Jono era fundamental cuidar de su protegida. El dolor inundó su corazón cuando a ella le dieron un puñetazo en la cara al salvar a una mujer llamada Mireya.

Jono se sonrojó al recordar la primera vez que vio a la doncella de ojos lavanda y cabello rubio. Tal y como le había dicho el Sacerdote Seth lo habían vencido rápidamente al no proteger sus puntos débiles, al despertar pudo ver a la mujer. Se sintió inútil, ya que tanto Kisara, Yuriko y el habían resultado heridos por salvar a la desconocida, tan bella, tan noble, tan hermosa. Después de que Mahad los rescató a los cuatro, la había invitado a salir, siendo rechazado en el momento. Pero no se daría por vencido.

Sus años viviendo en las calles le habían ayudado a ser valiente y a luchar por lo que quería, tenía que reconocer que se había enamorado de Mireya. Y había notado que en el Palacio del Faraón había alguien más enamorado aunque lo negara abiertamente.

Se sintió honrado al ser nombrado "de la realeza" junto a Mireya. Ahora era parte de la corte real del Faraón Atem. Su DiaDhank era una prueba de que ya no era alguien común del pueblo.

Y aunque él no era de los que despreciaban a las personas, no pudo evitarlo cuando la "Señorita Mana" le hizo ese desplante a Yuriko. Trató de consolarla aunque ella no habló con nadie más del tema.

Las clases de modales vinieron después para los dos rubios y la tricolor. Jono estaba cansado al ver que su ahora "Mentor" lo instruía día y noche sin descanso. Fueron días difíciles pero había logrado mejorar en cada aspecto. Poco a poco desarrolló una rivalidad/amistad con su propio Mentor.

Sus modales habían mejorado aunque no dejaba de lado el ser alguien tan ocurrente.

Cuando Yuriko desapareció en el Río Nilo la buscaron sin cesar por dos días seguidos. Sintió que había fallado al protegerla, el era su escolta real y no pudo evitar que ella desapareciera. Aún podía recordar el golpe que el padre de la tricolor le había dado en el rostro y como lo había sujetado con fuerza. Aquella noche esperando noticias de ella había llorado junto a su amiga Kisara y a su amada Mireya. Hasta pudo ver a la castaña de ojos aguamarina llorar por ella. Y por alguna razón sintió ganas de gritarle y reclamarle su actuar.

-¡Ya basta Señorita Mana! ¡Deje de ser tan hipócrita! ¡Usted es la menos indicada para estar fingiendo que ella le importa! Alzó la voz mientras la rubia y la doncella de ojos azules le observaban.

-¡No estoy siendo hipócrita! ¡Yo… yo… en realidad estoy preocupada! Gritó Mana sin poder soltar su báculo.

-¿Por qué miente? Usted trató de lastimarla cuando se conocieron. ¡Salga de este lugar! O me veré forzado a sacarla con mis propias manos.

-¡No lo haré!

-Mana, por favor. Vete. Susurró Kisara en voz baja.

-Pero Kisara… Exclamó sorprendida al ver que no le permitían quedarse.

-¡Vete! No es momento para que estén peleando en estos momentos. Jono tiene razón, tus lágrimas falsas no son bien recibidas. Respondió Mireya observando la situación con silencio.

Mana abandonó la habitación y se dirigió a buscar a Isis.

Fue la noche más amarga que vivieron en los aposentos del palacio.

Cuando por fin regresó Yuriko a donde pertenecía pudieron notarla diferente. Algo le había pasado en su travesía y ella lo estaba ocultando con esmero.

Jono observó en silencio a su protegida. Yuriko llevaba dos días sin decir ni una sola palabra ante los demás. Se había sentado lejos del Faraón y jugaba con la comida que estaba servida en su plato.

-Señorita Yuriko. Hoy es un excelente día para salir en caballo ¿no cree? Escuchó que le hablaba Mana a la tricolor, la cual solo la observó con fastidio a la doncella de ojos aguamarina, sin responderle. Notó que ella sonrió fingiendo que no estaba alterada.

-¿Qué pasa Señorita? ¿Acaso los ratones le comieron la lengua o se ha quedado sorda? Preguntó burlón Aknadin mientras ella lo veía con enojo.

Dejó su comida en la mesa y salió del comedor sin responder a ninguna cuestión. Jono salió corriendo detrás de ella para saber que le pasaba. Por su prisa no notó que todos los presentes en la sala los habían seguido.

-¡Yuriko! Le gritó alcanzándola en la salida del palacio tal parecía que ella quería irse.

-Jono. -Respondió con una sonrisa fingida.- ¿Necesitas algo?

-Saber que tienes. Desde que volviste no has sido la misma. No dices nada y noté que hay una fuerte tensión entre tú y Mana. Respondió directo y sin rodeos era su deber cuidarla y protegerla.

Notó que ella sonrió mientras trataba de negar lo evidente.

-Jono, estoy cansada. Eso es todo solo necesito aire fresco. Y un abrazo. ¿Tú me lo darías? Respondió con una sonrisa triste y sincera.

El rubio de ojos rojos no lo pensó dos veces, abrazó con fuerza a su amiga tratando de consolarla sin saber porque estaba así de lastimada y dolida. Sí Jono pudiese ver detrás de si vería que dos personas estaban cruzadas de brazos y viéndoles con celos. A pesar que la única relación que tenían la tricolor y el era solo amistosa. Atem y Mireya los observaban incrédulos de la situación.

Mientras esto pasaba un hombre escondido entre los árboles del palacio sonrió con burla al ver a la chica tan vulnerable. Porque llevaba 9 años buscándola, y le parecía patético el ver dónde se estaba escondiendo su presa.

-Es ella. Después de tantos años podré terminar lo que empecé. Solo necesito llevarme al contenedor, con o sin vida. Susurró mientras apuntaba con su arco y flecha a la espalda de ella.

-Jono. Mueve a la chica. ¡Rápido! Escuchó que le decía su Dragón desde el interior de su corazón.

Alzó su mirada y vió cuando una flecha era disparada desde los árboles, con dirección hacia su pequeña amiga. Jono se lanzó al suelo mientras protegía con su cuerpo a la tricolor y con su DiaDhank desvío la dirección de la flecha.

-¿Qué esta pasando? Preguntó ella incrédula de la situación.

-¡Nos están atacando! ¡Protejan al Faraón! Gritó Seth tratando de proteger a su Rey.

El hombre entre los árboles bajó del mismo mientras sonreía burlón.

-Sepa usted señor, que su maldito Faraón me importa una mierda. Estoy aquí porque nada ni nadie evitará que mate a esa niñita. ¡Venom Snake! ¡Yo te invoco! -Exclamó el nombre que se cubría con una capucha negra- Córtale el cuello a esa perra y trae su cuerpo ante mí.

Ante todos apareció una serpiente de grandes proporciones, de colores amarillo, naranja y negro. Dos grandes colmillos resaltaban de su boca, sus ojos amarillos veían a su objetivo con interés, movió su cascabel de color plateado de su cola y se lanzó hacia su presa.

-¡Yuriko! Exclamó Jono tomando su espada y partiendo a dicho espécimen a la mitad.

-¡Asqueroso Perro! -Gritó el hombre al ver que habían derrotado a su serpiente- Veamos si puedes defender a tu Rey y a la mujer que está a su lado. ¡Venom Cobra! Ataca a la mujer rubia y al Faraón. La cobra salió desde las sombras con su cola atacó a Mireya y con sus colmillos atacó al Faraón.

Jono no permitiría que lastimaran a su futura novia con su espada golpeó a la cola de la serpiente tomó en brazos a Mireya y la alejó del camino de la serpiente.

-¡Jono! Exclamó Mireya asombrada de que el rubio fuese rápido para salvarla.

Ambos vieron como la serpiente estaba a punto de enterrar sus colmillos en el cuello del Faraón, una flecha que despedía un brillo dorado dio en la espalda de la serpiente y la destruyó en el acto.

-¡Eres un maldito animal rastrero! -Gritó la llamada Princesa de Egipto mientras se encontraba sosteniendo un arco y flechas en sus delicadas manos. – ¡Nadie se mete con mis amigos y mucho menos con Mi Faraón! ¡Pagarás lo que has intentado hacer!

-¡Yuriko! Exclamó Yugi preocupándose por su hija. Nunca la había visto tan enojada al punto de insultar a alguien.

-¡No es el momento papá! -Alzó ella la voz como un león recién liberado de su cautiverio- ¡Jono! ¡Ya sabes lo que tenemos que hacer! ¡Nadie retrocede…! Exclamó levantando su brazo derecho mientras invocaba a su Ka insignia: La Sacerdotisa del Cuidador de Tumbas.

-¡…Ni se rinde! ¡En el nombre del Faraón protegeremos su Reino y a sus súbditos! - Alzó su brazo mientas hacía su petición- Por favor compañero mío, sí soy digno de tu confianza, escucha mi llamado. Demuéstrame que soy tu verdadero protector- ¡Legendario Dragón Negro de Ojos Rojos, aparece ante mi, ahora! Las aspas del DiaDhank se abrieron mientras el cielo se oscurecía, el llamado había sido exitoso en medio de una nube negra y un trueno rojo escarlata apareció el mítico dragón.

-¿Listo mi Escolta personal? Preguntó la princesa de Egipto viendo con entusiasmo a su mejor amigo.

-¡Listo mi querida princesa! Exclamó olvidando por completo que solo el Faraón la llamaba así.

La tricolor y el rubio empuñaron sus espadas listos para luchar contra el hombre que había tratado de matar a lo más importante que tenían los dos: sus seres queridos.

-¡Los mataré a ambos! ¡Venom Shot! ¡Ejecútalos ahora! Exclamó invocando a una serpiente de color negro, el veneno de su boca era de color rosa, el cual expulsó para matar al dúo que se le enfrentaba.

-¡Sacerdotisa! ¡Activa el Escudo Milenario! ¡Protege a todos en el Palacio! Exclamó la tricolor mientras su monstruo le obedecía en el acto. Crearon juntas un escudo de color rosa, todos quedaron protegidos dentro de él.

-¡De nada te servirá eso, maldita mocosa! ¡En el instante en que quites el escudo morirás y me llevaré tú asqueroso cuerpo! Exclamó intensificando su ataque.

-¿Qué no se sabe otro insulto? ¡Ya deje de decirme asquerosa! ¡Idiota! Exclamó ella molesta, no estaba de humor para gritos.

Jono analizó la situación, tal y como su Mentor le había dicho tantas veces durante una pelea, pudo ver que el hombre tenía un punto débil desprotegido del lado derecho de su brazo. Tenía que atacarlo, pero para hacerlo posible, Yuriko tenía que retirar el escudo que los protegía a los dos.

-¡Yuriko! ¡Tienes que confiar en mí! ¡Retira el escudo que nos protege a nosotros dos!

-¿Qué?

-¡Tienes que confiar en mí!

-¡Jono! ¡No le pidas eso a Yuriko! ¡Ambos morirán si ella lo retira! ¡Yo no los entrené para eso! ¡Amigo! ¡No lo hagas! Gritó Seth lleno de temor. Sintió la mirada fría y penetrante del Faraón y del padre de la tricolor. Tragó en seco, no sabía que era lo más intimidante en esos momentos sí la serpiente venenosa frente a ellos o que dos pares de ojos violetas y amatistas lo veían de forma asesina.

-¡Jono! ¿Estás seguro de esto? Preguntó Yuriko a su escolta con duda en su voz.

-¡Confía en mí! Repitió el mirándola esperando una oportunidad.

Yuriko vio determinación en sus ojos rojos y asintió retirando el escudo.

-¡Nooooo! Gritaron Atem y Mireya apoderados del pánico.

-¡Dragón Negro de Ojos Rojos! ¡Ataque de Media Noche Carmesí! Exclamó el rubio mientras el ataque destruía el veneno, a la serpiente y alcanzó al hombre que había atacado a Yuriko.

-¡Esto no se quedara así! ¡Volveré y me llevaré a esa perra conmigo! ¡Jajaja! Exclamó mientras desaparecía en medio del ataque recibido.

Jono y Yuriko cayeron de rodillas al suelo. Se vieron fijamente y alzando sus pulgares se felicitaron en silencio. Sus monstruos al verlos bien, desaparecieron en silencio

-¡Jono! -Exclamó Mireya abrazando al rubio y plantándole un beso en la mejilla que lo hizo enrojecer en el instante- ¡Eres un tonto! ¡Creí que te había perdido! ¡Niño tonto! Repitió ella comenzando a llorar.

-Mireya, yo estoy bien, tranquila. Respondió el viéndola con ternura.

-¡Yuriko! ¡Mi Princesa! ¿Estás bien? ¿Estas herida? Exclamó el Rey de Egipto mientras depositaba besos en la frente y en las mejillas de la chica, abrazándola con fuerza.

-¡Faraón! No estoy herida. Estoy bien, gracias. Respondió tomando de la mano al Faraón. Para nadie era un secreto que la chica de ojos verdes daría la vida por sus amigos.

Todos sonrieron en silencio.

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-¡Papá! ¡Ya estoy grande para este tipo de castigos! Exclamó la chica haciendo un pequeño puchero.

-¡Quédate en la esquina y guarda silencio! ¡Verás la pared hasta que aprendas a no exponerte! Respondió el padre molesto no quería verla en peligro otra vez.

-¡Oh vamos papá! ¿Era necesario castigar a Jono? Replicó de nuevo Yuriko mientras se veía que a su lado estaba el rubio.

-Si, lo es. Aunque te salvó la vida, dos veces, casi te golpean por su culpa. Replicó Yugi mientras los veía cruzado de brazos.

-¡Papá! ¿y a Seth? ¿Por qué lo castigaste a él también? Preguntó por tercera vez. El mencionado estaba junto a Jono cruzado de brazos y con su cetro milenario en su mano derecha.

-¡Ya basta de tantas preguntas! ¡Silencio! ¡El también está castigado por enseñarte el arte de la guerra sin mi permiso!

-¡Señor Yugi! Esto es ridículo. Respondió el castaño mientras veía la pared.

-¿Qué dijiste jovencito? Respondió viéndolo con furia.

-¡Ay! ¡Nada! Respondió el Consejero real realmente asustado. El padre de su pupila daba miedo cuando se enojaba.

-¡Jajaja! ¡Ya te regañaron Seth! Río Jono divertido.

-¿Algo que quieras agregar muchachito? Preguntó viéndolo de la misma forma.

-¡No, Señor! Respondió escondiéndose de su mirada tan penetrante.

El padre de Yuriko cuando se enojaba era más intimidante que el mismo Faraón.

Yugi salió de la habitación dejándolos solos a los tres. Atem entró a la habitación en silencio. Observó y sintió con la conexión que tenía con su compañero como habían pasado las cosas dentro de la recámara.

-¡Faraón! -Susurró la tricolor al verlo entrar- Será mejor que se vaya, mi papá está tan enojado que podría castigarlo a usted también.

-Eso no pasará. Venía por los tres, vámonos antes de que Yugi, regrese. ¿Nos vamos? Preguntó tomando la mano de su princesa.

-¡Vamos mi Faraón! Exclamó mientras los dos salían corriendo de la habitación con rumbo hacia la puerta principal de la salida del palacio.

-¡Faraón! ¡Señorita! Gritó Seth mientas los perseguía con rapidez.

-¡No me dejen solo aquí! Exclamó el rubio mientras era el último en salir de la habitación.

-¡Faraón! Gritaron los escoltas al ver a su Rey correr como un niño mientras reía al lado de la tricolor dirigiéndose hacía la fuente del palacio.

Jono y el Dragón sonrieron cómplices de la situación, por primera vez en años; se sentían en paz y armonía; sabían que sus aventuras lejos de terminar, estaban por comenzar, ya eran libres y no estarían solos nunca más.

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Muchas gracias a todos por sus comentarios y palabras sobre mi historia.

Cabe resaltar que Jono es mi segundo personaje favorito semi original. El no es canónico y su primera aparición se dio en el videojuego "Forbidden Memories" del año 1999. Honestamente me habría gustado que fuera parte de la saga de Duel Monsters en la época del Antiguo Egipto.

Cómo pudieron notar elegí la canción "Ready, Aim, Fire" para él ya que lo considero un guerrero sin precedentes. Además que su Ka insignia es el Dragón Negro de Ojos Rojos.

Hay dos personas que aman el personaje y realmente me alegra que les parezca un buen personaje.

La relación de Jono y Yuriko solo es de amistad. El nombre de la misma es "Fidelityshipping" por la fidelidad que él le juró a ella cuando se conocieron. Habrán muchos momentos con la temática amistosa de ellos dos.

Con Mireya sí los unirá una relación amorosa. Su relación se llama "Desertshipping" porque los dos vinieron del desierto.

El hombre que trato de atacar a Yuriko guarda un misterio que próximamente se resolverá y tiene que ver con "Shin'aina" la amiga que le guarda un secreto a la tricolor.

Sin más que agregar nos leemos en el siguiente capítulo.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.