Hola amigos ya tengo el noveno capítulo de "El Conjuro Secreto"

Espero sea de su agrado.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Es la primera vez que redacto un gran acontecimiento, espero lo disfruten tanto al leerlo como yo al escribirlo.

El capítulo estará narrado desde dos perspectivas principales: Kisara y Yuriko. Y dos perspectivas secundarias: Seth y Atem.

Sin más que agregar doy por iniciado el capítulo.

Advertencia 1: Narraciones sobre asesinato.

Advertencia 2: Lenguaje Vulgar.

Soundtrack recomendado a escuchar en este capítulo: Tu Me Cambiaste La Vida. Versión Río Roma. Año 2011.

El Conjuro Secreto: Capítulo 9: La Doncella y El Sacerdote.

Hacía dos días que los preparativos para el gran acontecimiento en el Reino de Egipto estaban siendo alistados. Yuriko observó a las cocineras y a los escoltas ir de un lado hacía el otro llevando todo lo necesario para la gran celebración: La boda del Sacerdote Seth y la Doncella de la corte Kisara.

Ella suspiró ilusionada, tenía que reconocer que en su época admiraba los vestidos en tonos blancos, cremas y negros que se utilizaban en las bodas, ver como dos personas que se amaban unir sus vidas por la eternidad, era algo que le impresionaba y le gustaba.

A pesar de que solo tenía 15 años habían veces donde se imaginaba con un hermoso vestido blanco, a su padre llevándola del brazo para casarse con el hombre soñado y escogido por ella. Sonrió con felicidad, se dirigió a los aposentos de su mejor amiga, iba a ayudarla a vestirse para la ocasión, Mireya y ella habían sido las elegidas. No todos los días se casaba uno de los Sacerdotes del Faraón. El primero de los mencionados en hacerlo fue Mahad con la Sacerdotisa Isis, hacía dos años que su matrimonio había sido noticia en todo el Reino.

Ahora era el turno de Seth. El Consejero Real de Egipto y Guardián de El Cetro Milenario. Para muchos la unión era sinónimo de alegría y para otros era sinónimo de muerte. Yuriko se hallaba más tranquila después de el ataque que habían sufrido ella y Jono, consiguió el permiso de su padre para poder seguir entrenando junto a su Mentor. Seguía sin poder llevarse bien con Mana, le había pedido que se alejara de ella y la mencionada no lo cumplió. Lo único que hacía la tricolor era ignorarla.

Tocó la puerta con cuidado, una vez y la dejó entrar la doncella de cabellos blancos y ojos azules. Se podía notar que la futura novia estaba nerviosa pero muy feliz. A pesar de que el día de mañana era la festividad Yuriko había decidido pasar la noche en los aposentos de Kisara. Era la última noche en la cual ella dormiría en esa habitación, ya que al casarse con el hombre que amaba, dormiría con él en su habitación.

-Mireya vendrá por la mañana. -Anunció la doncella de ojos azules a su mejor amiga- Está noche estaremos solas tú y yo.

-Está bien. Déjame desenredar tu cabello. Dijo la tricolor mientras tomaba un pequeño peine hecho de marfil. Gracias a sus clases de historia sabía que los mismos eran de uso personal y nadie más podía utilizarlo.

-Yuriko. Tú eres mi mejor amiga y hoy quiero compartir contigo una parte importante de mi pasado. Dijo Kisara mientras tomaba la mano de la tricolor deteniendo su acción de peinarla.

-Tú también eres mi mejor amiga, Kisara. Te escucho. Tenemos toda la noche para que me cuentes lo que tú desees. Respondió sonriéndole con ternura, sintió dentro de su corazón que algo muy delicado le sería contado.

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Azraq

Una pequeña aldea llamada así es el inicio de esta historia. Situado en las orillas del río Atbara, se escondía un gran secreto que era callado por los aldeanos de ese lugar. Un Majestuoso Dragón Blanco de Ojos Azules. Custodiado por generaciones en este místico lugar se llevó consigo un consejo para mantenerlo a salvo de las miradas curiosas del mundo. Algunos veían al mismo como una maldición. Debían encerrarlo dentro del cuerpo de la persona más poderosa del lugar. Para que el mismo custodiara al individuo.

Los aldeanos siempre vivían con el estigma de su color de piel blanca como las estrellas del firmamento, cabello con tonalidades blancas, azules, aquas y aguamarinas y ojos con matices azules, turquesas, celestes. El Dragón era una especie de deidad para ellos. Pero ya era el momento de que pudiese ser guardián de alguien más.

Durante dos días estudiaron a los posibles candidatos y candidatas, creían en la igualdad de género. Y ya tenían a la elegida para esta misión tan especial.

La pequeña niña de 5 años sonreía con dulzura ante sus padres. Era la hija única de un matrimonio mayor, habían pasado tantos años intentando tener un descendiente, le rogaron al Dragón Blanco que les concediera el anhelo de sus corazones, tal parecía que habían sido escuchados y bendecidos con la llegada de una pequeña niña. Cuando nació una hermosa luz brillante la rodeaba, haciendo casi celestial el momento.

Una preciosa niña a quien nombraron Kisara. Había nacido con un aura tan pura y grande que se asemejaba a los dioses. La escogida por designio para custodiar al enigmático Dragón Blanco.

Khaled, padre de Kisara un hombre de avanzada edad, cabello blanco y ojos color azul se negó a tal petición, y Zahra, madre de la pequeña estaba conmocionada por las palabras del consejo de su aldea. La mujer que tenía cabello azul y ojos color turquesa sollozó suplicando que su hija no podía ser sometida a ese ritual.

-Khaled. Entiende que tu hija es la más adecuada para esta misión. Dijo el líder del consejo tratando de convencer al preocupado padre.

-¡Es solo una niña! ¿Cómo se atreven a siquiera proponerla como víctima de sacrificio? ¡Aunque digan lo contrario, mi hija podría morir durante el ritual! Exclamó tratando de no sobresaltarse por su estado de salud. Se encontraba tenso por la situación.

-Sabes perfectamente que ella desde su nacimiento, fue dotada con un aura tan poderosa que se asemeja a nuestros dioses. Será la indicada para cuidar al Dragón y sobre todo el mismo será su Guardián. Ella no estará desprotegida. Comentó otro de los hombres que trataba de convencerlo.

-¡Es mi hija!

-¡Nuestra aldea está en peligro! Debemos encerrar al Dragón Blanco dentro de ella. ¡Y quieras o no nos llevaremos a la niña! Exclamó la única mujer del grupo, tomando a la niña en brazos.

-¡No! ¡Devuélvanme a mi hija! Gritó Zahra tratando de sujetar a Kisara.

-Cuando terminemos la traeremos de vuelta. Que tengan un buen día, señores.

Se llevaron a la pequeña mientras sus desconsolados padres se abrazaban mutuamente mientras veían como su más grande tesoro era alejado de su lado.

La pequeña niña de ojos azules y cabello blanco no entendía que era lo que estaba pasando, la habían alejado de sus padres, llevándola hacía un lugar que ella no conocía, quería correr y regresar a su hogar, pero la mujer que la tenía cargada no se lo permitía, la tenía fuertemente apretada contra su pecho. La mayoría de los aldeanos solo observaban a la comitiva oficial llevándose a la niña.

Kisara observó que era llevada hasta el templo de color blanco donde le rendían tributo al Dragón Blanco de Ojos Azules. Necesitaban hacer una prueba con la niña si el Dragón la aceptaba dejaría que el ritual fuese iniciado, si no lo hacía devoraría a la infante. Lo sabían por experiencia, la criatura ya había asesinado a dos aldeanos que no consideró dignos de él.

La niña temblaba de miedo cuando vio ante ella a tan majestuoso ser. El Dragón estaba sujetado con dos cadenas de oro sólido, había un gran círculo blanco en el suelo con inscripciones que para ella eran desconocidos.

-Pequeña Kisara, vamos entra en el círculo. Vamos el no te hará daño. Le dijo la mujer del grupo. Le mintió a la niña ya que ni ella misma sabía cómo actuaría el monstruo con ella.

Kisara se acercó a la criatura con lentitud, el Dragón retrocedió hacía atrás al verla. Pero no hizo el ademán de intentar lastimarla o herirla. Ella sentía que le estaba llamando al verse a los ojos. Pronto escuchó una voz que le susurraba en el oído en un idioma que solo podía entender ella y nadie más.

-Veo que te han enviado conmigo. -Respondió El Dragón Blanco- Tu aura es muy parecida a la mía y a nuestros dioses.

-Hola. Soy Kisara, tengo 5 años. ¿Me vas a comer? Preguntó la niña con cautela su madre le había enseñado a ser cortés y precavida.

-No, en realidad me gustaría saber si tienes buenas intenciones. El Dragón concentró su energía en la habitación, se conectó con el aura de Kisara mientras sentían sus corazones y almas sincronizarse.

La había aceptado para ser su portadora, el sería su Guardián y ella era la elegida para guiarlo entre los hombres. El ritual había dado inicio en ese momento. El Dragón Blanco exclamó un gruñido de júbilo mientras se adentraba en el cuerpo y en el alma de esa pequeña niña. Ella tenía sus ojos azules abiertos mientras podía sentir al mismo acomodarse dentro de ella sin dañarla, una luz blanca y resplandeciente cubrió su pequeño cuerpo mientras su cabello se tornaba de color azul, de su cuerpo su aura de color blanco se mezclaba con el aura azul del Dragón haciendo que la misma se viera de color celeste resplandeciente.

Cayó al suelo quedándose dormida por el poder recién recibido en su diminuto cuerpo. El Consejo de la aldea sonrió victorioso porque habían logrado encontrar a la persona que guiaría al Dragón entre los hombres. Pero no podían devolver a la criatura a sus padres.

Cuando la pequeña despertó no podía creer lo que le decían los hombres y la mujer del Consejo, le habían dicho que sus padres habían sufrido una emboscada cuando la iban a pasar recogiendo en el templo y ambos habían sido asesinados. Kisara lloraba creyendo que dichas palabras eran verdad, solo la única mujer del grupo se sentía culpable por haber hecho llorar a la pequeña con esa cruel mentira.

A los padres de la niña de ojos azules les hicieron creer que ella había muerto durante el ritual y los desterraron de la aldea, si ellos permanecían en la misma se darían cuenta del engaño y que su más grande tesoro estaba vivo y custodiaba al enigmático Dragón Blanco que era parte de sus deidades.

Khaled y Zahra se marcharon del lugar con el alma rota y el corazón hecho pedazos creyendo que su hijita había muerto. Ninguno de los dos sabría la verdad y el matrimonio anciano murió creyendo que verían a su hija en la otra vida.

Kisara tenía 5 años cuando la nombraron: "Suma Sacerdotisa Guardiana" en el templo. La vistieron con ropas elegantes y discretas y le enseñaron a leer y escribir, le enseñaron bordado y clases de etiqueta. Llorando prometió algún día reencontrarse con su familia cuando le llegara el momento. Por ahora se dedicaría a cuidar al Dragón Blanco dentro de ella y ser su guía en este mundo lleno de secretos.

Pasaron 7 años. Ahora era una adolescente de 12 años recién cumplidos y lo único a lo que se había dedicado era a seguir las órdenes del Consejo.

-Buenos días, Kisara. Le respondió la única mujer con la que había tenido contacto en el último tiempo transcurrido.

-Buenos días, Nuria. Dijo con su voz delicada mientras jugaba lentamente con la manga de su vestido.

-¿Lista para tus clases de bordado? A pesar de los años sentía mucho remordimiento por haberla alejado de sus padres y por mentirle cada día y ver la tristeza reflejada en sus ojos azules.

-Lo estoy. Vamos. Respondió ella sin poder sonreír el Dragón hoy se hallaba muy inquieto, como si presintiese algo.

La Adolescente y la mujer salieron despedidas hacia atrás en el instante en que un ataque dio contra ellas en el suelo donde se hallaban paradas las dos. Ambas cayeron en las escaleras del templo mientras veían incrédulas la situación, vieron a un grupo de hombres armados con monstruos de las sombras, con espadas, y flechas mientras incendiaban la pequeña aldea.

Saqueadores. Estaban siendo atacados y robados por un grupo liderado por un hombre que solamente buscaba riquezas. Uno a uno fueron cayendo asesinados los miembros del consejo incluida Nuria quien protegió a Kisara con su cuerpo cuando las atacaron con una lluvia de flechas.

Kisara no podía creer lo que estaba viendo, habían asesinado a la mitad de la población presente, y los que habían sobrevivido así como ella eran llevados prisioneros. Al principio llevaban una caravana de 10 recluidos, pero poco a poco se fueron deshaciendo de ellos. Dejándolos vendidos en los pueblos que visitaban.

Hasta que solo quedó Kisara. Los había oído varias veces hablar sobre ella, preferían haberla dejado con los demás en alguno de los poblados. Por el extraño color de su cabello, su piel blanca y sus ojos azules cual zafiro, habían decidido seguir llevándola con ellos hasta que les hicieran una buena oferta por ella. La tenían encerrada dentro de una jaula pequeña, ella se sentía muy triste por esta situación, había perdido a sus padres siendo tan pequeña y ahora lejos de su hogar, secuestrada por esta caravana de hombres, solo sentía deseos de querer llorar.

-¡Auxilio! ¡Alguien ayúdeme por favor! ¡Tengan piedad déjenme ir! Suplicaba la chica al borde del llanto.

-¡Ya cállate asquerosa puta! ¡Has sido una molestia desde que te capturamos! Respondió uno de los hombres con fastidio.

-Si tienes suerte alguien te comprará en el próximo poblado. Ya deja de llorar, si no te callas te voy a dar verdaderas razones para que llores. Respondió otro de los hombres haciéndole el ademán de que la golpearía si ella no guardaba silencio.

-¡Ya cállense los tres! ¡Primera y última vez que se los digo! ¡No tomen prisioneros en las aldeas que saqueamos! ¡La próxima vez le rebano el cuello a quien lo haga! Gritó el líder del grupo completamente exasperado.

Se quedó en silencio mientras pequeñas lágrimas resbalaban por sus ojos azules. No se percató que alguien se acercaba dispuesto a ayudarla, hasta que lo vio a él. Un joven de su edad aproximadamente cabello castaño, piel morena y ojos azules, se acercó con sigilo a el lugar donde ella se hallaba encerrada.

-¿Qué estás haciendo?. Respondió la niña de ojos azules, estaba asustada y no quería que lastimaran al joven.

-Shhh. Estoy salvándote.- Le dijo mientras abría la puerta de la jaula- ¡Vámonos! Volvió a decir mientras la ayudaba a salir de la jaula con rapidez.

Cuando la logró sacar de ese lugar, apareció uno de los hombres, descubriendo así la huida de Kisara y el misterioso joven.

-¿Pero que mierda estás haciendo…? Preguntó mientras el castaño lo tomaba del brazo y lo alzaba por los aires haciéndolo caer boca arriba directo al suelo.

-¡Corre! Exclamó el joven mientras tomaba a Kisara de la mano derecha y ambos salían corriendo con toda la rapidez que eran capaces con sus piernas.

-¡Alto ahí! ¡Síganlos! ¡Se llevan a nuestra prisionera! Gritaba el sujeto anunciando así la huida de la chica de ojos azules.

El joven la ayudó a subirse a un caballo que él ya traía consigo, así lograron alejarse más de aquella caravana de hombres que la tenían en contra de su voluntad. La llevó lo más lejos que pudo.

-¿Nos vienen siguiendo? Le preguntó mientras ella observaba hacía atrás.

-No, nadie viene detrás de nosotros. Respondió ella sintiéndose profundamente agradecida con el misterioso joven.

-Entonces acabó mi labor. Lleva este caballo al siguiente pueblo. Créeme, ahí la gente podrá ayudarte. ¡Cabalga de noche si es necesario! ¡No te detengas hasta que sea seguro hacerlo! Le dijo mientras le daba las riendas del equino a ella y procedía a bajarse del mismo.

-¿Y qué será de ti? Preguntó Kisara dándose cuenta que se estaba despidiendo de ella.

-No es importante. ¡Vete! Respondió dándole una pequeña palmada al caballo para que corriera más rápido.

-¿Quién eres? ¿Cuál es tu nombre? Preguntó ella mientras se alejaba más y más de su Salvador.

-¡Soy Seth! Le dijo el chico de ojos azules mientras los observaba irse en silencio.

-¡Adiós Seth! ¡Yo soy Kisara! ¡Gracias! ¡Algún día te agradeceré lo que has hecho por mí! Fueron las últimas palabras que le dijo mientras desaparecían ella y el caballo en el horizonte del desierto.

Y tal como el le recomendó no se detuvo hasta que estuvo segura. Y aquella noche también fue la primera vez que pudo hacer uso de su Guardián, pero confirmó que si lo utilizaba quedaba muy cansada casi al borde de la muerte al hacerlo.

Llegó a un poblado donde una parte de la población la ayudó a salir adelante, otra parte la repudiaba por su color de piel y cabello. Los insultos dolían más que cualquier golpe, eso hizo que ella fuera muy insegura, no solía hablar con las personas.

Estuvo en ese poblado por 5 años. Ahora era una mujer de 17 años y había decidido irse del lugar, ya estaba cansada del rechazo y desprecio que los aldeanos le profesaban. La habían llamado "maldición viviente", en los tiempos prolongados de sequía le culpaban por el hambre que pasaban en esas épocas.

Se fue solo con lo que tenía puesto, un sencillo vestido y unas zapatillas. No miró hacia atrás mientras caminaba, se planteó a ir donde el viento la guiara. Un mes fue aproximadamente lo que tardó en llegar al centro de Egipto. Lo que no esperaba era ser perseguida en el instante en el cual puso un pie en el poblado.

-¡Fuera de aquí!

-¡Solo traerás maldición y sequías a nuestra tierra!

-¡Largo asquerosa extranjera!

Kisara corría lo más rápido que podía mientras una multitud de hombres y mujeres trataban de alcanzarla. Sabía que en cualquier lugar al que ella llegara le pasarían este tipo de cosas pero nunca imaginó que las personas de este lugar fueran tan agresivas.

La multitud la alcanzó y la rodeó. Uno de los hombres la tomó de sus cabellos blancos y la aventó contra el suelo, Kisara se golpeó el rostro contra la dura arena. Las personas seguían gritándole mientras le lanzaban piedras a su cuerpo.

Kisara apenas pudo cubrir su cabeza con sus manos, mientras sentía las rocas golpeando su cuerpo. Estaba segura que la gente la mataría en ese momento, las piedras lastimaban su cuerpo y podía sentir la sangre que emanaban sus heridas.

-Tal parece que es el momento de regresar con ustedes. Mamá, papá. Después de tanto tiempo podré verlos de nuevo. Pensó mientras se resignaba esperando su destino.

-¿Qué pasa aquí? Pudo escuchar la voz de un hombre.

Los gritos de la multitud cesaron. No quería abrir los ojos, solo quería llegar al mismo lugar donde estarían sus seres queridos.

-¡Esta mujer traerá desgracias a nuestra tierra si no la sacamos de aquí! ¡No se meta en nuestros asuntos Sacerdote! Puedo escuchar que alguien le respondía al llamado Sacerdote.

Abrió sus ojos lentamente y pudo ver a un hombre envuelto en una túnica blanca con azul. Llevaba en su mano un cetro dorado. El mismo alzó el cetro y golpeó en la cabeza al hombre que le había respondido mal. El mismo se alejó sangrando de su cabeza.

Vio como otro hombre vestido de igual manera con una túnica de color blanco y una especie de signo extraño hecho de oro en la mano se le acercaba.

-¡Señorita! ¿Se encuentra bien? Le preguntó el hombre mientras ella negaba con la cabeza.

-¡Guardias! ¡Ella viene con nosotros! Denle todo el alimento y agua que desee. Debemos apresurarnos. Es una orden. Respondió el Sacerdote del Cetro mientras el hombre que la interrogaba la ayudaba a levantarse del suelo.

-¡Si, Sacerdote del Faraón! Respondieron los guardias que lo acompañaban.

-¡Y en cuanto a ustedes! ¡Lárguense de aquí si no quieren que los golpee con mi cetro! ¡Rápido o les pongo grilletes a todos y los encerraré en el calabozo! Gritó mientras la multitud huía con rapidez.

Kisara observó al Sacerdote. Por alguna extraña razón sentía que lo conocía. ¿Acaso el era el joven que la había salvado años atrás?

-¿Te encuentras bien, Kisara? Le preguntó el mientras se acercaba a ella y colocaba su mano derecha en su mejilla que aún sangraba por el golpe recibido.

-¿Seth? Preguntó ella mientras el asentía con suavidad.

Los dos se observaron en silencio mientras pensaban que el tiempo transcurrido los había cambiado a los dos. Kisara la única vez que había visto a Seth era un joven campesino. Ahora era un Sacerdote era alguien de la élite egipcia. Había escuchado claramente que trabajaba para el Faraón.

-Vamos al Palacio. Yo le explicaré al Faraón quién eres y te hago la promesa de que nadie te hará daño de ahora en adelante. Respondió Seth tomando su mano entre las suyas.

Kisara sonrió, por segunda vez en su vida; él la había vuelto a salvar.

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Yuriko tenía sus ojos verdes llenos de lágrimas. Saber parte de la historia de su mejor amiga le conmovía demasiado y su corazón dolía.

-Kisara, ¿Tu Ka interior entonces es el Dragón Blanco de Ojos Azules? Desde el fondo de su corazón guardaba la esperanza que ella le respondiera de forma negativa.

-Si, lo es. Pero no puedo invocarlo a voluntad, solo lo hice una vez. Mi Ka está disfrazado con el Dragón del Cuerno Blanco. Respondió ella sin entender porque Yuriko parecía estar tan afligida con eso.

-¿Por qué me confiaste esto a mi?

-Por que eres la persona en la que más confío eres mi mejor amiga. Y sé que ambas hemos pasado por la misma situación de desprecio. Yuriko, yo te quiero como jamás creí que podría llegar a apreciar a alguien. Mi cariño por ti no tiene límites. Eres como la hermana que jamás tuve. Respondió la chica de ojos azules mientras la tricolor la abrazaba.

-Tú también lo eres para mí. Respondió ella con una cálida sonrisa.

Aquella noche Kisara durmió con la tranquilidad de que su secreto no sería revelado jamás. Mientras Yuriko no podía conciliar el sueño. Se levantó despacio de aquella cama sin mover a su mejor amiga. En el momento en el cual ella le confesó su verdad su corazón dolía.

Recordaba que su papá no le había querido decir nada más sobre qué ocurriría en los eventos relacionados al Faraón. Pero ella había leído el libro de su bisabuelo Arthur y ahora su dolor era mayor al recordar letra por letra lo que decía el manuscrito: "De su Sacerdote más sabio y allegado a él, nació un Dragón Blanco de Ojos Azules, el mismo tuvo su origen en la muerte de la mujer que más amaba el Sacerdote. Ella se sacrificó por proteger a su amado en batalla" Recordaba haber limpiado sus lágrimas al imaginar el amor tan fuerte que se tenían la joven y el Sacerdote.

Y su dolor ahora era más profundo. La Doncella y El Sacerdote tenían nombres y rostros ahora. Eran Kisara y Seth. Y ella no se podría perdonar si lo escrito por Arthur se hacía realidad. No pudo seguir observando a la chica dormir. Salió de la habitación tratando de tranquilizarse, no podía encontrar la paz, sin darse cuenta comenzó a llorar. se sentía muy mal al recordar el resto del fragmento: "La leyenda cuenta que sus mejores magos murieron en batalla, ambos fueron sellados en lápidas y sus espíritus se fundieron con sus criaturas más poderosas. Son conocidos como "Mago Oscuro" y "Chica Maga Oscura"

- ¡No, no! ¡Por favor! ¡Que algo me diga que ese fragmento del libro no hablaba de Mahad! ¡No, no! Pensaba la tricolor llegando al balcón del palacio.

Mahad y Kisara eran las dos personas nombradas en el libro que se habían vuelto cercanas a ella en tan poco tiempo. Jono y Mireya no aparecían en los registros históricos. ¿Cuánto tiempo llevaría en Egipto? ¿5 o 6 meses? No estaba segura. Aún así su corazón estaba roto. ¿Acaso era esto lo que le ocultaba su padre? No esto no podía ser. Sus lágrimas recorrían su rostro su camisón de dormir se estaba mojando porque no hacía nada para limpiarlas, "Su Mago" y "Su Mejor Amiga" estaban destinados a morir en la guerra que algún momento cubriría a Egipto. Y el silencio de la noche y las estrellas del firmamento solamente la hacían ver vulnerable.

Corrió y corrió sin importar que su visión era borrosa por su llanto. Necesitaba las respuestas y las quería en este momento. Tocó la puerta del cuarto de sus padres y quién le abrió la misma era la persona a quién necesitaba interrogar.

-¡Mi Pequeña! Su padre se afligió al verla en el estado en el que estaba su hija, llorando y temblando sin poder contenerse.

-¡Por favor, papá! ¡Dime qué Mahad no es el Mago Oscuro! ¡Dime qué no es verdad que Kisara debe morir para proteger a Seth! ¡Por favor dime qué no son ellos! ¡Dímelo! Hizo lo posible por no alzar la voz, pero no pudo evitarlo.

Yugi sintió que un balde de agua fría le caía sobre la espalda. Su hija estaba inconsolable ante sus ojos amatistas. El no podía seguirle ocultando la verdad al menos en esta ocasión.

-Yuriko. Tu misma has conseguido las respuestas. -Le respondió sabiendo que la tormenta en el corazón de su hija iba a empeorar, con frialdad prosiguió hablando- Es su destino…

No dejó a su padre terminar la oración. Sintió todo el dolor y la ira dentro de si y no pudo evitar las palabras que le diría a su padre:

-¡Ya basta! ¡No vuelvas a mencionar otra vez esa frase! ¡Tiene que haber otra opción! ¡Papá no seas egoísta y dime qué se puede hacer! Lloraba creyendo que su dolor no tenía final.

-¡Yuriko! No hay nada que podamos hacer por ellos. Por favor, tranquilízate. Yugi sintió que su corazón se partía en miles de pedazos. Su hija no podía cambiar los sucesos del pasado. ¿Verdad? Por esas razones el se negaba a decirle lo de Atem, y la batalla contra Zorc Necrophades.

-¡Papá! ¡Kisara y Mahad no pueden morir! ¡No así! ¡No, no, no! ¡Ella es mi mejor amiga! ¡Él es mi mago! ¡No me pidas que me calme! ¡No puedo hacerlo! Yo…yo encontraré la manera de que esto no pase.

-Yuriko, te prohíbo que hagas algo al respecto.

-¿Y como lo impedirás? ¿Cómo? ¿Me vas a encerrar en la alcoba? ¡Cobarde! ¡Eres un cobarde! -Comenzó a golpear el pecho de su padre mientras sollozaba con más fuerza- ¡Papá! Se derrumbó en brazos de su progenitor el solo la abrazó depositando un pequeño beso en su frente.

Si tan solo Yugi supiera que su hija tenía el poder para salvar a Egipto y las secuelas de esta guerra próxima. Ambos ignoran el hecho de que el final de la historia será muy diferente a como fue en el pasado. La abrazó el resto de la noche, mientras ella se desahogaba en sus brazos.

Yugi sabía que su hija amaba a Mahad y amaba a Kisara. Lo podía ver en sus ojos verdes, cuando ellos aparecían cerca de ella, su sonrisa no tenía comparación. Sabía que tenía el mismo sentimiento por Jono y Mireya. Por algo había arriesgado su integridad física por ellos dos. Pedirle que se resignara era un castigo. En algún momento pensó que ella estaba enamorada de Mahad y esta actitud solo confirmaba sus sospechas. ¿Su hija se había enamorado de un hombre casado? ¿Acaso los celos que sentía su otro yo eran reales?

Yuriko veía el amanecer ante sus ojos, había llorado sin encontrar consuelo, no pudo conciliar el sueño, no pudo ver a los ojos a su padre, se marchó sin decirle más, llegó a la habitación y observó a la doncella de ojos azules y le hizo una promesa silenciosa.

-Kisara yo te prometo que voy a cambiar tu destino. Y si no puedo evitarlo te juro que no te dejaré morir. Mahad, a ti te juro que no permitiré que nadie te haga daño y prometo salvarte. Si es necesario daré mi vida a cambio de las suyas. Mi Faraón a usted también hago voto de que nada ni nadie lo lastimara. No mientras yo viva. Pensó acariciando la cabeza de Kisara.

El gran día de la boda había llegado. Limpió sus lágrimas de dolor, hoy era un día feliz, no derramaría más por el momento.

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Seth sonría con nerviosismo, después de todo lo que había pasado, al fin uniría su vida con la persona que más amaba en el mundo. El Faraón había mandado a confeccionar su vestuario de bodas. El se consideraba de posición sencilla así que su túnica debía ser completamente azul y tal como dictaba la tradición debía ser corta para la unión con su ahora esposa. Se sorprendió al ver que su rey le entregaba una túnica de color blanco y azul, significado que era alguien de alta élite. Recordaba que cuando Mahad se casó con Isis el Faraón les había entregado túnicas similares. El Faraón lo hacía únicamente con los allegados a él, los que él consideraba su familia. Se sentía honrado ante tal privilegio.

Solo lamentaba que su madre no pudiera estar con él. Sus ojos azules derramaron una pequeña lágrima al recordar como los bandidos tomaron represalias cuando el liberó a su cautiva.

Incendiaron la aldea completa las personas corrían de un lado hacía el otro sin cesar, el corrió para hacerle frente a esa caravana de hombres malditos, se estremeció al ver como tomaban a su madre y la amarraban de manos y pies.

-¿Qué están haciendo? ¡No! ¡Mamá! Gritó el castaño no entendía que era lo que estaban haciendo.

-¡Seth! ¡Por favor tengan piedad con mi hijo! ¡No le hagan nada! ¡Tengan piedad! Gritaba la madre de Seth llorando sabiendo que era la última vez que vería a su hijo en esta vida.

-¡Cállate ya! -Exclamó uno de los hombres tomando con fuerza los cabellos castaños de la mujer, la hizo caer dentro de la casa donde vivía ella, y la encerraron dentro de su antiguo hogar- ¡Despídete de tu maldito hijo! ¡Y esto que te quede de experiencia nadie nos roba a nosotros y queda impune de esta ofensa! Procedió a acercar una antorcha a la pequeña casa de barro.

-¡No! ¿Cómo pudieron? ¡Mamá! ¡Malditos! Gritó Seth sin poder contenerlo al ver como el fuego consumía su hogar y poco a poco se llevaba la vida de su madre.

-¡Seth! ¡Tengan piedad de él! ¡Aaaaa! Se escuchaban los gritos de la madre de Seth mientras él no podía hacer nada por ella.

-¡Nooo! ¡Mamá! Las lágrimas caían de sus ojos azules impotente solo pudo observar como los gritos de su madre se iban acallando mientras el fuego lo arrasaba todo a su paso.

-¡Ahora es tu turno bastardo! Pero morirás bajo el filo de mi espada. Exclamó uno de los hombres mientras empuñaba la misma listo para cortar el cuello del joven.

Se resignó al igual que su madre a morir, no podía hacer nada ante el grupo de bandidos que sin importar nada habían asesinado a su madre y a la mayor parte de la población. En medio del fuego en el cielo, se hizo presente una visión casi celestial: un Dragón Blanco de Ojos Azules hizo su aparición en medio de las llamas, su aura pura llenó de una luz brillante todo a su alrededor.

Los hombres asustados retrocedieron en silencio, soltaron a Seth y lo dejaron caer al suelo.

-¿Qué es esa cosa?

-¡Un monstruo!

-¡Salgamos de aquí!

Seth incrédulo de la situación solo pudo ver como el Dragón lanzaba un ataque hacia los hombres que habían destruido su hogar y su familia pulverizándolos en el acto. El solo se dedicó a observarlo mientras el mismo emitía un gruñido y desaparecía en las sombras. Las llamas consumieron todo a su paso. Cuando el fuego fue detenido ya no había nada que hacer por las personas que se hallaban heridas y por las que habían quedado atrapadas en el incendio.

Esa fue la primera noche en la que Seth lloró sin poder contenerse. Su madre había muerto. El y muchos aldeanos perdieron más que solo un patrimonio económico.

El Faraón Aknamkanon fue informado del ataque y se presentó en la aldea personalmente. Debía ayudar a su pueblo a pesar de que habían logrado vencer a sus enemigos 10 años atrás, aún habían ladrones y saqueadores que destruían todo a su paso. Le dolía ver qué muchas vidas se habían perdido en esta aldea.

El Faraón observó con dolor parte de su reino destruido, caminó junto a sus escoltas reales, a su lado estaba su mano derecha y Sacerdote Real Shimon Muran. Consoló y dio ayuda a sus súbditos sabía que los que había perdido a sus familiares solo pudo reconfortarlos. Sus ojos violetas se encontraron con unos ojos azules que se hallaban destrozados mientras lloraba frente a lo que quedaba de su hogar.

-¡Joven! ¿Hay algo que pueda hacer por ti? Le preguntó Aknamkanon al ver que sus ojos habían perdido todo el brillo que alguna vez tuvieron.

-Mi Rey. Lo perdí todo. Mi madre, mi hogar. No hay nada que usted pueda hacer por mi. Respondió Seth con amargura creyendo que su vida estaba acabada por esto.

-Si hay algo que puedo hacer por ti. -Respondió sin saber que a su sobrino era a quien le hablaba- Veo que tienes un gran potencial dentro de ti. Si en algún momento quieres formar parte de mi Corte Real, te estaré esperando. Colocó su mano derecha en su hombro, Seth solo lo vio sorprendido al ver que su Faraón le estaba dando una importante oportunidad.

- ¡Mi Faraón! Cuando esté listo iré con usted. Me esforzaré para ganarme un lugar. Respondió con orgullo le demostraría al Monarca que era digno de confianza.

El Faraón Aknamkanon lo invitó a formar parte desde ese momento pero Seth le pidió tiempo para pulirse en el arte de la guerra, del conocimiento, de las artes, aunque el ya tenía un maestro que lo entrenaba en sus tiempos libres, 2 años le solicitó antes de ser parte de la élite egipcia. El rey le permitió esos años de entrenamiento

Finalmente se presentó ante el Rey de Egipto cuando superó a su maestro y por la capital Egipcia corrían ya los rumores de que un humilde campesino formaría parte de la Corte Sagrada. Había nacido en una cuna humilde, no conoció a su padre porque él se marchó de casa cuando era muy pequeño y no podía recordarlo. Desde que puso un pie en la corte supo que le esperaba un gran futuro sobre todo al ver que era ascendido a "Guardián y Sacerdote" en menos de tres meses, un logro muy importante para alguien tan joven como lo era él.

Se inclinó ante su Rey mientras el visir del reino lo presentaba ante El Faraón y El Príncipe de Egipto.

-A nombre del Rey Aknamkanon, demos la bienvenida al nuevo Guardián del Cetro del Milenio. El maestro Seth, aunque fue criado entre campesinos, alcanzó la excelencia pasando sus pruebas con las más altas puntuaciones.

-Bienvenido a mi Sagrada Corte, te había estado esperando. Exclamó el Faraón mientras se hallaba sentado en su trono a su lado izquierdo se hallaba de pie observando a su futuro Consejero el príncipe Atem quien contaba con la tierna edad de 11 años.

-Muchas gracias por este gran honor Rey mío, lo serviré bien. Desde este día seré su humilde servidor.

-Como el "Guardián Real más joven" Te sentarás a la derecha de mi hijo, el futuro Rey como su futuro Consejero y próximo Visir.

-Se lo agradezco Alteza. Respondió orgulloso de que su esfuerzo fuera al final recompensado.

Un pequeño golpe en la puerta de madera, lo hizo salir de sus recuerdos lejanos. Fue personalmente a abrirla y a quien vio del otro lado era el maestro Aknadin.

-¿Puedo pasar? Preguntó el Sacerdote anciano mientras esperaba que el joven se lo permitiera.

-Adelante, maestro. Respondió Seth sin entender porque el mencionado lo estaba buscando precisamente el día de hoy.

-Veo que ya es un hecho el que te casas, Seth. Respondió el hombre manteniendo la compostura ante su hijo.

-Si, maestro. Me casaré con la mujer de la cual estoy enamorado. Sonrió mientras daba un pequeño suspiro de emoción.

Aknadin deseaba poder decir lo que realmente quería, abrazarlo y poder hacerle ver que no estaba solo. Que su padre estaba aquí para este momento especial en su vida. Quería exigirle que no tomara como esposa a una mujer tan insignificante para el, que tomara por mujer a otra persona. También quería preguntarle cómo estuvo su día y sobre todo pedirle que juntos derrocaran al Faraón actual. Porque el era más digno que Atem para gobernar a su gente. No fue consciente de cuánto tiempo estuvo observando al castaño de ojos azules. Reaccionó hasta que el mismo se comenzó a alejar de la habitación.

-Maestro. Ya es hora, si gusta puede acompañarme al gran Salón. Hoy es un día muy especial. Sé que si mi madre estuviera aquí, estaría muy emocionada y feliz de ver que estoy a punto de formar mi propia familia.

-¿Qué hay de tu padre? Preguntó el Sacerdote sintiendo un pequeño nudo en su garganta.

-Se fue de la aldea cuando yo era muy pequeño y nunca volvió. Mamá y yo lo dimos por muerto. Si soy honesto con usted maestro, ni si quiera puedo recordar como era en realidad. Hoy no es un día para estar triste, ¿Me acompañará? Preguntó Seth sin saber que su pregunta había emocionado a su "maestro"

-Será un gusto, Seth.

Aknadin lejos de sentirse feliz por el acontecimiento más importante en la vida de su hijo, sentía una gran ira y desprecio. Ira porque nadie en la sala sabrían que el hijo del gran Sacerdote Aknadin se estaba casando. Desprecio porque la mujer de piel blanca a quien había tomado por esposa era tan débil que estaba seguro ni siquiera podría darle descendencia a su primogénito. Una sonrisa sardónica cubrió su rostro, sabía que tenía que hacer para que ,"la doncella de ojos azules" desapareciera para siempre. Y ella sería solo el comienzo. Las otras dos personas a las cuales debía "eliminar" era a esa maldita niñita caprichosa que amenazaba con estropear sus planes y a su propio sobrino. Con ellos tres fuera de la ecuación Seth podría reinar y ser Faraón. Tomar como esposa a una princesa o reina de un país vecino y gobernar como realmente era necesario hacerlo.

Kisara lucía realmente hermosa con su túnica larga de color blanco con detalles azules. Yuriko, Mireya y Mana tenían puestos vestidos de colores azul, turquesa y celeste. Las tres acompañarían a la novia. Yuriko sonrió al ver que la llamaban acompañante de la novia. En su época a estas personas se les denominaban "damas de honor" a pesar de que en realidad estaba desvelada y cansada no defraudaría a su mejor amiga.

Atem veía el salón magníficamente adornado para la ocasión especial, era la segunda vez que el mismo se engalanaba para una boda. Podía recordar cuando Mahad se casó con Isis. Su mejor amigo estaba nervioso mientras Isis caminaba con su hermosa túnica para unirse en la eternidad con él.

Ahora era el turno de Seth. Y quizás algún día Atem se casaría, siempre y cuando la persona que él tenía en mente le dijera que si. Hizo a un lado los pensamientos de su subconsciente, tenía que reconocer que estaba enamorado. Ya no podía negarlo más. Era su realidad, pero tal parecía que ella a él no lo correspondía. Además tendría que buscar la forma en la que el padre de ella aceptara darle su mano en matrimonio. Desde que casi se besaron en el jardín de su palacio no habían tenido un momento juntos, a solas. Ya que después de ese momento, Yuriko cayó al Nilo. Y sus padres la consintieron durante una semana entera. Atem lo aceptaba finalmente estaba enamorado de la hija de su "compañero" de su "otro yo" y quería saber si ella tenía sentimientos románticos por él. Y si aún no los tenía, el la conquistaría.

La primera en hacer su entrada al salón fue Kisara. La chica de cabellos blancos sonreía emocionada de que su dolor había desaparecido por completo, acompañada de sus mejores amigas sabía que ya no estaría sola. Quizás nunca podría volver a Azraq, ahora su verdadero hogar sería donde viviría junto a Seth, el gran amor de su vida. Se quedó parada frente a Shimon Muran, quien oficiaría la unión, esperando que su futuro esposo hiciera su entrada al salón.

Yuriko se acercó donde estaba Mireya y Mana, la segunda le sonrió con ademán de quererle hablar pero la tricolor la ignoró a propósito volteando los ojos. No estaba interesada en nada más que ver la boda. Sintió ilusión recorrer su corazón y con ensoñación pensó que si ella estaría igual de enamorada que Kisara al casarse. Mahad observó a su pequeña Lirio, pudo ver sus ojos soñadores y sonrió en silencio.

Unos minutos después hizo su aparición Seth, a su lado custodiándolo estaba Aknadin. El Sacerdote más anciano de la corte siempre había tenido una preferencia nada disimulada con Seth. El castaño caminó hasta quedar al lado derecho de la chica de ojos azules. Estando presentes los dos en el salón, ya podía dar por iniciada la ceremonia.

-Escuchen mi voz, invitados, ante nuestros dioses y nuestros ojos nos hemos reunido hoy aquí para celebrar con gritos de júbilo y alegría la unión de este hombre y esta mujer en la sagrada unión del matrimonio.- Shimon sonreía mientras veía como Seth y Kisara se veían el uno a otro completamente felices de poder unirse para siempre- Ante nuestro Faraón y su Real corte dejaremos que los novios digan sus votos matrimoniales.

-Yo Seth te prometo a ti Kisara: Te tomo como eres, te amo sin importar que el color de nuestra piel sea diferente, y te tomo por lo que serás. Prometo siempre escucharte y aprender de ti cada día, apoyándote y apoyándome en ti. Celebraré tus triunfos como si fuesen míos y lloraré tus perdidas por igual. Te amaré por siempre y tendré fe en tu amor por mi, a través de los años y todo lo que la vida nos traiga de hoy en adelante. Con este anillo te pido que seas mi esposa. Finalizó su promesa de voto Seth entregándole un anillo de cáñamo trenzado bañado en oro y plata a Kisara mientras colocaba el anillo en su dedo.

-Yo Kisara te prometo a ti Seth: Te elijo para caminar a tu lado y dormir en tus brazos, para ser alegría en tu corazón y alimento para tu alma. Prometo respetarte y apreciarte como individuo, como compañero y como un igual. Sabiendo que no te completo si no que te complemento, exactamente del mismo modo en que tú lo haces conmigo. Te amo incondicionalmente y sin dudas en mi interior. Con este anillo te pido que seas mi esposo. Finalizó ella sus votos colocando un anillo sencillo de cáñamo trenzado bañado en lapislázuli para colocarlo en el dedo de él.

- Invitados de honor a la Ceremonia demos la bienvenida a la nueva pareja matrimonial: Saluden a Seth Sacerdote Consejero del Faraón y a Kisara esposa del Sacerdote Real de Egipto. Si es su deseo pueden besarse en público.

Seth y Kisara compartieron un pequeño beso frente a los invitados, sellando así su promesa eterna de amor. En esta vida y en la próxima estarían unidos para siempre.

-¡Que vivan los novios!

-¡Que vivan el Sacerdote y su esposa!

-¡Que vivan Seth y Kisara!

Yuriko, Mana y Mireya, alzaron sus manos y les lanzaron arroz a la pareja mientras aplaudían con una sonrisa sincera engalanando sus rostros.

Shimon tomó el pergamino que dejaba por escrito la unión del castaño y la mujer de ojos azules. Los invitados comenzaron a acercarse a ellos mientras recibían felicitaciones y abrazos.

-Kisara, felicidades. Te quiero tanto. Te deseo toda la alegría del mundo. Exclamó la tricolor abrazándola con fuerza. Enjuagó la lágrima que amenazaba con salir de su ojo. Prometo cuidar de ti y de Seth.

-Gracias mi pequeña. Respondió ella plantándole un pequeño beso en su mejilla izquierda.

-Ve, Kisara, es momento de iniciar el baile nupcial con Seth. Respondió Mireya mientras las dos le hacían señas de que tomara de la mano a su esposo.

Se alejaron de ella y decidieron observar el baile. Si eran invitadas a bailar lo harían gustosas.

En el baile nupcial la pareja de recién casados danzaba lentamente al centro del salón. Uno a uno se fueron uniendo las parejas casadas, prometidas y unidas. Yugi y Rebecca bailaban con alegría sincera, a su lado estaban Mahad e Isis, seguidos de Jono y Mireya. Atem aprovechó la ocasión y decidió que era el mejor momento para dejar clara su posición con la persona que quería bailar, hacerle saber que más que su amigo, era su pretendiente. Desde que la defendió del mercader en el pueblo, no había dejado de pensar en ella y en lo que significaba en realidad para él. Caminó hasta casi alcanzar a la chica de ojos verdes, pero alguien interrumpió sus planes.

-Faraón, la señorita Mana, desea bailar, concédale está pieza de la danza. Exclamó Aknadin mientras la castaña y el tricolor le veían con molestia.

Dándose cuenta que todas las miradas estaban sobre él, decidió que solo bailaría un momento con ella. Mana tomó de la mano a Atem y procedieron a bailar con lentitud.

Los murmullos no se hicieron esperar.

-¡El Faraón baila con una joven!.

-¿Será su prometida?

-¡Que alegría el Faraón será el próximo en casarse!

-¡Que viva el Faraón y su prometida!

Yuriko alzó la mirada al ver a los invitados adular al Faraón y a Mana. Sintió un poco de nostalgia al ver que era la única chica que no estaba bailando. Recordaba que en las fiestas escolares Takeru y Jordán solían acompañarla y hacerla disfrutar de las reuniones. Pudo sentir una sensación de molestia en su pecho. ¿Acaso el Faraón y Mana eran novios? Si esto era así ahora comprendía porque la castaña estaba furiosa con ella. Al parecer nadie la invitaría a ser parte de la danza este día. Quizás lo mejor era aislarse más de la celebración, no podía retirarse porque era la boda de su mejor amiga. Además tenía que encontrar la forma de evitar que Mahad y Kisara murieran trágicamente como dictaba el libro de su bisabuelo. Tal vez podría preguntarle a su abuelo Shimon si podía ayudarle. Perdida en sus pensamientos no se dio cuenta que alguien se dedicaría a bailar un momento con ella. No fue consciente de que una persona la tomó de la mano hasta que ya estaban al centro del salón. Se trataba de un hombre con túnica roja y una especie de manta cubría su rostro, solo eran visibles sus ojos y su piel oscura.

-Espere un momento. ¡Yo no he aceptado bailar con usted! Caballero, ¿podría soltarme? Preguntó mientras todas las miradas estaban puestas en ellos dos.

-Pequeña Señorita, ¿no sería descortés de su parte si me deja parado en medio baile? Su reputación como doncella caerá por los suelos, si me deja plantado. Respondió el hombre con una voz seductora la cual hizo estremecer a Yuriko. Además le parecía profundamente familiar.

-No tengo ninguna reputación que salvar. Señor, así que sí, sí estaría dispuesta a dejarlo aquí haciendo el ridículo. Contestó tratando de ser lo más cordial posible. No quería malos entendidos con nadie, trató de alejarse del sujeto y el procedió a tomarla de la mano con fuerza, vio a los ojos al hombre y sus ojos lilas la veían con ¿Diversión? Mientras ella lo veía con enojo porque se negaba a soltarla.

-Me temo "enanita" que está pieza y las que siguen las tendrás que bailar conmigo. Respondió el hombre mientras acercaba su cuerpo al de la llamada "Princesa de Egipto" colocó una mano en la cintura de ella, mientras la obligaba a sujetar su hombro con una de sus manos y con la otra la tomaba de la mano impidiéndole huir y dejarlo solo.

-¡Hey! Solo hay una persona en el mundo que me llama de esta forma. A no ser que seas… -La chica de ojos verdes no terminó la oración puesto que el hombre descubrió su rostro en el acto- ¡Bak! -Alzó la voz con emoción y ya no hizo ademán de quererse alejar de él- Dijiste que no nos volveríamos a ver.

-Es de sabios cambiar de opinión. ¡Vaya, vaya! Quien lo diría. Eres la "Princesa". ¿Me inclino ante ti o sobre ti? Preguntó con intenciones de hacer que se sonrojara.

Y lo consiguió Yuriko lo observaba con las mejillas pintadas de color carmín. Comenzaron a bailar sin importar que las parejas habían dejado de hacerlo por observarlos a ellos, no todos los días podías ver a "La Princesa" estar completamente sonrojada y viendo con ensoñación a alguien en particular. Mahad observó a los dos con seriedad. La Argolla Milenaria brillaba tenuemente, ese sujeto desprendía de su cuerpo energía oscura. Si trataba de hacerle algo a Yuriko, lo destrozaría vivo. Isis bufó molesta con su estudiante, a pesar de todo seguía sintiendo celos de la hermandad que tenían Mahad y Yuriko.

-¡Bak! No seas grosero. En realidad soy una invitada de honor. Para serte sincera no se en que momento empezaron a llamarme "Princesa de Egipto" Respondió ella olvidando por completo sus preocupaciones.

-Cuando me toqueteabas sentada en el caballo con excusa de que te ibas a caer no estabas sonrojada como en este momento. ¿Acaso te gusto? La provocó para ver cómo reaccionaba ante sus palabras.

-¡Ah! ¡Pues… pues…! Balbuceó nerviosa mientras no sabía que decir. Bak realmente le agradaba mucho y disfrutaba su compañía aunque era un vanidoso grosero.- Tú me agradas.

Ahora fue el turno de Bakura en sonrojarse, esperaba que le dijera que era un idiota mientras lo dejaba bailando solo en el salón. Pero no esperaba que ella le dijera que el le agradaba. Pero agradar no es lo mismo que gustar. Eso lo desanimó. ¡Un momento! ¿Desde cuándo a él le importaba que a una chica no se sintiera atraída por su físico? El más deseado entre los hombres de su ejército. El que todas las mujeres buscaban para las noches de lujuria y pasión. ¿Por qué a ella no le despertaba esas mismas sensaciones? ¿Y porque a él lo excitaba el mas mínimo acercamiento entre ambos?

Un momento de silencio reinó entre los dos sin dejar de bailar. Había una persona que no les había quitado la mirada de encima desde que comenzaron a interactuar.

-¿Qué le parece Majestad? Al parecer tendremos una boda muy pronto. Quién diría que la "Princesa" Yuriko podría llegar a cautivar a ese hombre que danza con ella. Pronunció con burla Aknadin, el había corrido el rumor entre los invitados que Yuriko era una pariente cercana de Atem. Por lo tanto les había hecho creer que quien se casara con ella podría tener una entrada al trono de Egipto. Solo lo había dicho para que pidieran su mano en matrimonio para alejarla de su sobrino. Dejó de sonreír en el momento en el que vio a su Faraón tratar de acercarse a la pareja.

Atem había dejado de bailar con Mana en el instante en el que vio a la tricolor tratar de alejarse del hombre, y no pudo dejar de seguirlos con la mirada, vio como ella le sonreía con ilusión, para luego sonrojarse. ¿Qué rayos le había dicho para lograr eso en ella? Al final ambos dejaron de hablar para finalmente seguir danzando en silencio.

Comenzó a acercarse para separarlos. Los comentarios de los invitados a la boda lo hicieron enojar.

-¡La Princesa de Egipto tiene un pretendiente!

-¿Acaso habrá una boda doble? El Faraón y su prometida se casarán el mismo día que la Princesa y su Pretendiente.

-La próxima boda en el reino será entre la princesa y ese hombre.

-Empecemos a enviar las solicitudes de matrimonio para desposar a la Princesa.

Quería golpearlos en la cara a todos y a cada uno de los que hablaban en voz alta. ¿Cómo se atrevían a decir que ella se iba a casar con ese tipo con el cual no llevaba pero ni un día de conocerlo? O a siquiera insinuar que él les iba a permitir acercarse a ella. Yugi y él les partirían la boca a todos esos atrevidos.

-Esto me parece un juego de niños. Respondió Bakura para romper el hielo entre los dos.

-No lo es y lo sabes esto es una boda. Si esto fuera un juego de niños tu serías… el maestro que castiga a los niños y los deja sin recreo. Pensó la chica de ojos verdes mientras se reía de él en silencio.

-Sería tu niño y tu serías mi bebé. Aunque si lo eres. Eres una bebita a comparación mía. ¿15 años le dijiste a Tadeo que tenías?

-Si. Tengo 15 años. ¿Por qué me lo preguntas?

-Ya estás en edad de poder casarte si lo deseas.

-¡Queeee! -Exclamó Yuriko alejándose con rapidez de su amigo- ¿Estás loco? Ni siquiera tengo 18 años soy menor de edad y… Guardó silencio al recordar que estaba en el Antiguo Egipto. No en Japón. En estos años era normal que una chica de su edad se casara joven y formara una familia. Se estremeció al pensar que cualquier hombre del reino podía solicitar su mano en matrimonio. Sabía de antemano que existía la poligamia y estaba permitido tener más de una esposa.

-¿Menor de edad? ¿De qué hablas enanita? Procedió a tomarla de las caderas y la alzó hacia arriba, Yuriko no pudo evitar gritar asustada a pesar de que Bakura la tomó en sus brazos sin permitir que su cuerpo tocara el suelo.

-¡Aaaaaa! ¡Bak! ¡Eres un imbécil! ¿Por qué demonios me lanzas?

-Porque me encanta que me insultes.

-Eres un masoquista. ¿Sabías?

-¿Sucede algo "Mi" Princesa? Preguntó Atem haciendo notoria su presencia en la habitación acercándose a ella la alejó disimuladamente del Ladrón de Tumbas.

Yuriko fue consciente de la mirada llena de odio, desprecio y asco que Bakura le lanzó al Faraón. Pudo observar que Atem le devolvía la mirada llena de desprecio y desagrado al moreno. Y ese sentimiento no le gustó.

-No sucede nada " Su Real Majestad" solamente estaba jugando con mi chica. Respondió notando que la tensión entre el y el Faraón era más fuerte.

-Ella no es tu chica. No la llames así.

-¿Acaso está celoso Monarca Cretino?

-¿Cómo me llamaste Intruso?

-¡Ya lo escuchó o esta fingiendo que no entiende!

Yuriko no sabía cómo intervenir en la discusión. Estaba sorprendida del actuar de ambos, nunca en su vida sus amigos peleaban entre sí. No sabía que hacer, que decir. Temía que esos dos hicieran un escándalo en la boda. La gota que rebasó el vaso fue que el peliblanco trató de tomar al Faraón de su túnica pero quién lo detuvo de golpe fue Mahad con su brazo.

-¿Cómo te atreves a intentar tocar a Mi Rey? Preguntó molesto el castaño.

La chica de ojos verdes decidió intervenir antes de que las cosas se complicaran más. Tomó del brazo a Mahad y lo vio directo a los ojos suplicándole que no le hiciera nada al joven de ojos lilas. El castaño no entendía porque ella le pedía eso. ¿Acaso el sujeto era importante para ella? ¿Lo conocía desde antes?

-Por favor, no provoques más a El Faraón. Gracias por bailar conmigo. Yo te buscó después ¿si? Le susurró a Bak con cuidado de que Mahad y el Monarca no los escucharan hablar. Prosiguió a tomar a el tricolor del brazo mientras lo llevaba al otro lado del salón.

-Si, sabes lo que te conviene aléjate de ella. Y no provoques a Mi Rey. Fue lo único que le dijo el Sacerdote al ladrón, no esperó respuesta del sujeto mientras regresaba con ellos.

-¿Crees que te haré caso maldito Sacerdote? Nadie me dice que hacer. Y tal parece que ya encontré una razón más para destrozarte Faraón. Voy a destruir tu reino y lo que amas. Y sobre todo no dejaré que alejen a Yuriko de mi lado. No es ni será mi amiga pero estoy seguro que una ventaja sacaré de esto. --Observó a la chica de ojos verdes sonreír ante El Faraón, El Sacerdote que lo había amenazado y un hombre mayor que se parecía a ella. ¿Sería ese su padre? Sintió enojo al ver que el Faraón enlazaba su mano al brazo de ella- Maldito Faraón, juro que pagarás caro lo que le hicieron a mi gente. ¡Aléjate de ella! Su subconsciente lo traicionó mientras no apartaba la mirada del lugar donde seguían estando ellos dos.

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Bueno amigos hasta aquí llegó el capítulo 9 del "Conjuro Secreto" es el capítulo más largo que he escrito en realidad. Muchas gracias a los que leen mi historia. Y aunque que sé que son muy pocas las personas que lo leen me alegran que lo disfruten.

Explico algunas cosas a continuación:

Origen de Kisara: ya se que en el canon no tenemos ni la más mínima información de dónde vino Kisara ni como obtuvo al Dragón Blanco de Ojos Azules. En mi Canon personal me imagino su origen tal y cual lo redacté en el capítulo. Para mi Jono nació con el Dragón Negro por ser su reencarnación y en el caso de Kisara a ella le sellaron al Dragón Blanco en contra de su voluntad.

Bodas Egipcias: ya se que históricamente no existían las celebraciones en el Antiguo Egipto cuando una pareja deseaba casarse solo bastaba con que la mujer empezara a vivir con el hombre bajo el mismo techo y se les consideraba casados. Después se llevaron a cabo los manuscritos de que la unión era un hecho ante la pareja y testigos. En estas uniones se les lanzaba arroz a la pareja que significaba prosperidad. La tradición si dictaba que el novio debía usar una túnica corta y la novia una túnica larga. Las personas humildes se casaban con colores azules y las personas de la élite se casaban con colores blancos. En este caso escogí mezclar ambos colores, ya que Seth si es de la realeza aunque lo desconoce aún. El anillo de cáñamo trenzado era lo que se usaba para representar la unión y la eternidad. El anillo bañado en oro y lapislázuli es invención mía. Ya que los anillos eran sencillos en todas las bodas. Las ahora llamadas damas de honor, llevaban prendas similares a las de la novia sin opacarla para alejar a los malos espíritus.

Rio Atbara: situado en África, distribuido entre Etiopía y Sudán actualmente, es un río real. A orillas de este río es que se sitúa Azraq.

Azraq: La aldea de dónde proviene Kisara. Sus habitantes adoran al Dragón Blanco de Ojos Azules como su dios. Marginados por el color de piel y cabello, habían huido por generaciones del odio y racismo de la gente. Azraq significa "Azul" en árabe.

Diálogos: si alguno de ustedes han visto el anime de Yu-Gi-Oh en versión latinoamericana habrán notado que utilicé los diálogos correspondientes a los capítulos 205 y 206.

Actitud de Aknadin: Seré muy honesta con todos. El personaje de Aknadin siempre lo he visto como un bastardo. ¿Por qué? La razón es simple en el canon de Kazuki Takahashi el sabía que su hijo estaba enamorado de Kisara y ¿Que hizo el señor? La asesinó sin remordimientos. Acá se puede notar que el sigue con el mismo deseo de que Seth sea el Faraón y que no considera digna a Kisara de ser su esposa. Además este Aknadin sin estar corrompido desea matar a Atem que es su sobrino y a Yuriko. Porque le estorban. Aknadin es malo por naturaleza.

Muchas gracias por leer el capítulo.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.