Hola a todos ya tengo listo el capítulo 10 del "Conjuro Secreto" espero sea de su agrado.

Sin más que agregar doy por iniciado el capítulo.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Advertencia 1 : Lenguaje Vulgar.

Advertencia 2: Menciones de racismo y violencia

Advertencia 3: Intento de homicidio.

El Conjuro Secreto: Capítulo 10: El Misterioso Hombre de Tierras Lejanas.

Atem veía los pergaminos ante si con una sonrisa irónica. 3 días habían transcurrido desde las festividades de la boda de Seth y Kisara. Y durante los mismos días el había recibido muchos pergaminos. Deseaba con todas sus fuerzas tomar de las túnicas a cada uno de los hombres que le habían hecho las propuestas y ahorcarlos libremente a cada uno de ellos. A otros quería encerrarlos en un calabozo y a los más atrevidos tenía deseos de asesinarlos o de enviarlos de vacaciones sin retorno al Reino de las Sombras.

¿La razón de su enojo? Había recibido muchas propuestas para ceder en matrimonio la mano de la Princesa de Egipto. ¿Quién se creía cada uno de esos hombres? El no era quien debía decidir sobre estas cuestiones, en primer lugar y en segundo lugar estaba celoso. El Monarca no quería que desposaran a su Yuriko. Su Princesa y de nadie más.

Yugi estaba molesto cruzado de brazos viendo los pergaminos en un lenguaje que el no comprendía, pero no necesitaba saberlo para entender de qué se trataba todo.

-¡¡Me niego!!-Respondió el hombre de ojos amatistas rompiendo algunos papeles frente a la mirada sorprendida de Atem y Shimon Muran- ¡Mi hija no se va a casar con nadie! ¿Qué rayos les pasa a todos aquí? ¡Mi niña es una bebé todavía, apenas tiene 15 años!

-Señor Yugi, disculpe en nuestra Nación es normal que las mujeres se casen a la edad de la niña Yuriko. Quizás debería analizar algunas ofertas por… Shimon Muran no pudo seguir hablando porque el tricolor mayor lo veía de manera amenazante.

-¿Dijiste analizar las ofertas? ¡Mi hija no está a la venta! ¡He dicho y no cambiaré de opinión! Su semblante serio hizo que Shimon temblara un poco, el Invitado del Faraón era sumamente tranquilo a excepción de las veces en las cuales se enojaba.

Era la primera vez desde hacía 25 años en los cuales Atem veía a Yugi actuar de esta forma tan contundente, una parte de el sonreía por la victoria de que el amatista no permitiría que nadie se acercara a ella con intenciones de desposarla, pero otra parte de él se sentía con frustración. Si él era quien hacía la propuesta matrimonial, su " compañero" ¿Aceptaría? ¿O lo mandaría al demonio como a las propuestas escritas en el pergamino?

-Señor Shimon entendemos que son muchas las peticiones para que nuestra hija sea entregada en matrimonio, pero entiéndanos a nosotros también. Somos extranjeros en su tierra y no pensamos en comprometer a nuestra hija. De donde nosotros provenimos los matrimonios no son un acuerdo entre desconocidos. Exclamó Rebecca colocando su mano en el hombro derecho de Yugi para tranquilizarlo a él y ella sentirse segura. Ella tampoco quería que un desconocido se llevara a su hija lejos de ellos.

-¿Además quieren decirme porque le están solicitando a el Faraón la mano de Yuriko? ¡Atem no es nada de ella! Volvió a exclamar el hombre de ojos amatistas dándose cuenta que sus palabras calaron hondo en el corazón del monarca.

-Tal parece que hubo un malentendido Señor. Creen que ella es pariente cercana del Rey. Respondió Mahad, pudo ver que el padre de su aprendiz, lo veía con enojo a él también. ¿Qué había hecho para molestarle? Desde la boda de Kisara y Seth, el Señor Yugi lo observaba con culpabilidad como si alguna de sus acciones hubiesen provocado daño a alguien en particular.

-Y tenías que hablar tú. Por tu culpa mi hija está sufriendo. Ella te ama y tu bastardo no tienes idea del daño que le haces. ¿Por qué tenía que conocerte? ¿Por qué tiene que amarte como te ama? Y encima estás casado. Y no puedo alejarte de su vida, porque ya es demasiado tarde para remediarlo. Pensó viéndolo con muchos deseos de golpearlo, sabía que Mahad no tenía la culpa de nada, pero no podía evitar sentir la molestia y enojo con el joven Sacerdote.

Antes que pudiera replicar más el enojado padre, un nuevo saco lleno de pergaminos y papiros fue colocado frente al trono del Faraón. Sus ojos se abrieron con fuerza al ver que se desbordaba por el contenido.

-¿Más solicitudes? Preguntó Shimon sabiendo que su Rey y el padre de la llamada princesa reaccionarían con enojo otra vez.

-Si, lo son.

Definitivamente hoy sería un día muy largo.

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La chica de ojos verdes no estaba poniendo atención a su clase del día de hoy. A pesar de que había mejorado notoriamente en lectura y escritura de jeroglíficos, en estos momentos saber cuál era la diferencia entre un saludo de cortesía y uno de ironía no le era importante. Tal y como había predicho Shin'aina no estaba segura de que poder hacer. ¿Quién podría orientarla en este camino? ¿Alguien tendría la respuesta a sus interrogantes? La persona más sabía que conocía y le tenía mucha confianza, era Mahad, pero no podía ir y decirle lo que pasaba en su cabeza y en su corazón. ¿Qué pensaría el castaño si ella le decía que iba a morir? A parte de considerarla una loca podría perder su amistad con él y eso ella no lo soportaría.

-…Y así es como pueden distinguir si los saludan con cortesía. Recuerden Señoritas que una dama de la corte nunca es grosera al hablar. Yuriko ¿Algo que quieras agregar a la clase de hoy? Preguntó Isis notando que todas sus palabras con ella habían sido ignoradas.

-No, tutora. No tengo nada que agregar. -Dio un pequeño suspiro antes de continuar- Tutora Isis, disculpe si no es indiscreción, ¿me permite usted retirarme antes de la lección? No quiero que pierda el tiempo conmigo hoy. Realmente no estoy poniendo atención. Esperó la respuesta de su maestra mientras sus ojos verdes carecían de brillo.

-Claro, puedes retirarte. Isis se preocupó por esta manera de actuar de ella. Jamás había solicitado irse en plena clase por más cansada que estuviera la Princesa.

-Gracias, tutora. Con su permiso. Mireya te veo después. Respondió para finalmente salir de la habitación. Necesitaba aire fresco para pensar mejor las cosas.

Isis ya no pudo continuar con la clase, se sentía inquieta con la niña. Su collar milenario podía ver el futuro dependiendo de la situación. Pero con la tricolor le cubría una especie de neblina tanto en su pasado como en su futuro. Hablaría con ella, Isis solo sentía molestia cuando Yuriko estaba cerca de su esposo, pero independientemente de eso, no la rechazaba.

Sentada en la fuente introdujo sus pies en el agua cristalina, movía los mismos sintiendo como un poco de tranquilidad reinaba en su corazón. El rompecabezas que descansaba sobre su estómago brilló tenuemente. En algunas ocasiones recordaba tenerlo y en otras situaciones lo olvidaba por completo. La primera vez que había brillado con fuerza fue cuando salvó la vida del Faraón. Aún se preguntaba porque no se cayó de su cuerpo mientras la corriente del Nilo la arrastraba con fuerza, el brillo la había protegido cuando regresó de dónde quiera que estaba con su Shin'aina. Pero este brillo era tenue, muy débil. ¿Acaso el mismo reaccionaba conforme a sus emociones? Tanto había sido su afán de encontrar las respuestas que no le había dado importancia a lo que ellos llamaban "Artículos Milenarios" según había entendido eran de suma importancia y al parecer solo existían 7. En medio de su reflexión no se dio cuenta que una chica la observaba y decidió acercarse. Sabía que la chica de ojos verdes siempre estaba a la defensiva con ella. Dándose cuenta que estaban solas, decidió hablarle.

-Señorita Yuriko. La voz la hizo salir de sus reflexiones, volteó a ver de dónde provenía la voz.

-Mmm. Eres tú. La última vez te pedí que no te me acercaras. ¿Por qué no cumples con eso? Preguntó Yuriko mientras observaba a Mana con fastidio.

-Se que no estamos en buenos términos, pero pretendo que podamos conocernos mejor. Respondió la castaña esperando que la chica le diera una segunda oportunidad.

-No sé si pueda. Trataste de matarme. -Respondió viendo como los ojos aguamarina de Mana se llenaban de lágrimas- ¡Oh tampoco es para que llores! Ven siéntate a mi lado. Hablemos entonces. Le hizo ademán para que se sentara junto a ella.

Mana se sorprendió al ver que le permitía acercarse tanto, la única vez que estuvieron juntas fue cuando se agarraron a golpes en el suelo.

-Yo, quería disculparme contigo. Se que cuando mi Maestro nos presentó te traté de la peor manera. Mana agachó la cabeza al decirse esas palabras, se sentía tan culpable por todo el daño que le había hecho por los celos.

-Eso sin contar que me discriminaste, trataste de golpearme con tu báculo y no desaprovechabas ni una sola oportunidad para hacerme sentir inferior a ti. Respondió Yuriko recordando cada una de las ocasiones donde las dos chicas se frecuentaron.

-Lo siento yo estaba celosa. De ti y de lo que significas para El Faraón. Se estaba sincerando con ella.

-¿Lo que significo para el Faraón? Solo somos amigos. Respondió sonrojándose fuertemente podía reconocer que el amigo de su padre le parecía alguien atractivo, aunque estuvieron a punto de besarse en el jardín no habían vuelto a tocar el tema.

-¿Me estás jugando una broma? ¿Acaso no te das cuenta que tú eres demasiado importante para el Príncipe? Preguntó ella dándose cuenta de muchas cosas con esa pequeña frase.

-¿El Príncipe? Preguntó la tricolor con duda. ¿Había un príncipe en el Palacio? ¿El Faraón tenía un hermano?

-Oh lo siento, así le llamábamos al Faraón antes de ser el Rey. Respondió la chica de ojos aguamarina, era obvio que ella no conocía el apodo anterior de Atem.

-Mana, necesito una respuesta y creo que tú podrías decirme lo que necesito saber. Le respondió cambiando de repente el tema, sabía que si seguían hablando de temas así, la tricolor podría llegar a enterarse de algo que la podría lastimar más de lo que su adolorido corazón estaba.

-¿Qué necesitas saber?

-Explícame que son los "Artículos Milenarios"

-Me temo mi pequeña Lirio, que Mana no sabe nada con respecto a ese tema. Respondió una voz que las dos conocían muy bien.

-¡Mahad! -Exclamó la tricolor sacando los pies de la fuente, ni siquiera se preocupó por ponerse sus zapatillas corrió y abrazó al hombre a quien consideraba parte de su familia- ¡Me alegra tanto verte!

-¿Por qué preguntas sobre los Artículos Milenarios Yuriko? Le preguntó el viendo que Mana y la tricolor estaban demasiado cerca la una de la otra sin intentar destrozarse entre ellas.

-Tengo mucha curiosidad sobre ese tema. No estaba mintiendo con respecto a eso.

-Se que eres curiosa por naturaleza, pero no sabía que era un tema que tú y Mana podrían tratar. Acarició su cabeza mientras observaba a Mana aún con recelo. No la había disculpado después de lo ocurrido con Yuriko en el Nilo.

-Fue la primera persona a la cual se me ocurrió preguntar.

Los dos seguían abrazados, para cualquier persona que no los conociera podrían llegar a imaginarse o creer que eran enamorados, pero esas suposiciones estaban fuera de contexto y lejos de la realidad. Dándose cuenta que la Argolla Milenaria le estaba haciendo cosquillas cerca del rostro, se alejó de su Mago. Ella era la única que seguía diciéndole "mi Mago" en secreto. El la había llamado mi "Pequeña Lirio" frente a toda la Corte Sagrada del Faraón y aunque fingiera no saberlo había notado que muchos estaban confundiendo su amistad con algo más.

-Mahad, voy a ir al Pueblo con Jono. ¿Quisieras venir con nosotros? Le preguntó en otro momento podría obtener las respuestas sobre los Artículos Milenarios.

-Lo siento. No puedo ir. Voy a salir con mi esposa. Le respondió el con sinceridad. De saber que Yuriko lo invitaría le habría dicho a Isis que saldrían otro día.

-Esta bien Mahad, no te preocupes. En otra ocasión será. Aprovecha a disfrutar de este día con Isis. Respondió sonriendo con dulzura.

-¿Puedo ir yo? Preguntó la castaña esperando que ella la tomara en cuenta para salir.

-Claro. Si quieres venir. Regreso en seguida, voy a traer a Jono. Con su permiso. Dijo Yuriko, quizás debía distraerse un poco los últimos días le había pasado muchas cosas que debía resolver y quién sabe tal vez podría encontrarse con Bak. Necesitaba enfrentarlo y preguntarle porque había visto con tanto odio al Faraón.

-Si tratas de hacerle algo de nuevo a mi Pequeña Lirio, juro que olvidaré todos los años que hemos compartido juntos y no tendré misericordia contigo. Dijo Mahad cruzándose de brazos ante Mana su mirada tierna al estar presente la tricolor desapareció dejando solo una postura fría.

-¡Maestro! ¡¡No voy a hacerle nada!! ¿Cuándo va a entender que fue un accidente lo que pasó en el Nilo? ¡Nunca quise lastimarla!

-¡Mentiras! ¡Desde que la conociste has sido grosera con ella! No se qué te propones. Solo recuerda mi advertencia. Por el cariño y lealtad que te tengo no le dije nada al Faraón de esto y se que ella tampoco lo hizo, porque ya habrías sido exiliada del reino. ¡O peor aún Mana! El Faraón casi asesina a un mercader que estuvo a punto de herirla en el Pueblo. Si Atem llega a saber que por tu culpa, ella estuvo a punto de morir y estuvo desaparecida por un día entero, él podría olvidarse de lo que representaste para él y condenarte a muerte por lo que hiciste. Dijo finalmente Mahad, eso era lo que el pensaba con respecto al tema. Yuriko no le había contado a nadie lo que había pasado ese día. Solo decía que unos forasteros la habían ayudado a salir del Río. El sospechaba que había pasado algo más ya que al encontrarla llevaba un vestido completamente diferente al que tenía cuando desapareció.

-¡Maestro! Exclamó la chica de ojos aguamarina al borde del llanto. Si tan solo el supiera que los remordimientos de su aprendiz eran más grandes de lo que ella aparentaba.

-Ya estamos aquí. ¡Hey! ¿Vienes o te quedas? Preguntó el rubio de ojos rojos a Mana. No estaba muy entusiasmado de que la mujer los acompañara a los dos.

-¡Ya voy…! ¿Eh? No se cómo te llamas en realidad. Respondió limpiando las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.

-Soy Jono. ¡Date prisa que no tenemos tu tiempo! Respondió bruscamente mientras él y Yuriko caminaban adelantándose en el camino.

-¿No crees que fuiste muy duro con ella? Preguntó la Princesa notando que su mejor amigo fingía estar feliz, cuando en realidad estaba molesto.

-Eso y más se merece. Es una hipócrita. Si trata de lastimarte, no me voy a contener con ella.

-¡Jono! No digas esas cosas. Trató de reprender a su mejor amigo. El no sabía que ellas dos ya se habían agarrado a golpes y la tricolor sonrió con ironía al recordar que físicamente ella era más fuerte que la castaña. Ya que en magia era obvio que la aprendiz de Mahad era superior a ella.

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Mana observó en silencio tanto a Jono y a Yuriko. Los iba siguiendo atrás de ellos dos podía ver la cercanía que tenían, notó rápidamente que la tricolor lejos de tratar a Jono como un esclavo se refería a él como un igual.

Paso tras paso una sonrisa sincera engalanaba el rostro de la chica de ojos verdes como jade, podía notar que las joyas sobre ella la hacían lucir única y divina, casi una diosa. El rubio de ojos rojos cual rubí solía hacer comentarios que parecían ser graciosos ya que el y ella estallaban a carcajadas cada cierto tiempo. Lo más llamativo de su atuendo eran los extraños aretes de oro con jaspes rojos en el centro.

Había hecho la promesa de cuidarla si ella sobrevivía a la caída. Pero sabía que no sería un camino fácil de recorrer, Yuriko le tenía mucha estima a sus amigos más cercanos y su relación con Atem iba prosperando más y más. Pero la castaña notó la verdadera situación que aún la lastimaba: Atem estaba enamorado de Yuriko. Pero Yuriko no estaba consciente de sus sentimientos. Parecía que quería mucho al Monarca. Y aunque se sonrojaba al verlo o nombrarlo en su presencia, se podía notar que aún le faltaba mucho para corresponderlo.

Aunque para estas alturas no era un secreto que él Faraón estaba muy entusiasmado e ilusionado con la extranjera.

-¡Mira Jono! Estas manzanas son perfectas. Podemos comprar algunas para Mireya. ¡Y mira este vestido! Ella se verá hermosa luciéndolo puesto. Exclamó soñadoramente la tricolor.

-Tienes razón. Ella se ve muy linda, sin importar lo que tenga puesto. Respondió el rubio sonrojándose al darse cuenta que su mejor amiga lo había escuchado claramente al hablar.

-¡Oh! ¡Alguien está enamorado! ¿Cuándo vas a decírselo a ella?

-Pues tengo algo planeado.

-¿Necesitas ayuda con eso?

-Lo que deseo hacer es…

Los gritos y murmullos de una multitud les hicieron guardar silencio. Por un momento habían olvidado que Mana estaba con ellos. Al ver que rodeaban a una persona que se hallaba en el suelo tratando de ponerse de pie, inmediatamente supieron que algo grave estaba pasando. Verde y Rojo se vieron con complicidad, debían ver que estaba pasando y si era necesario intervenir en la situación estaban dispuestos a hacerlo.

-¿No creen que deberíamos irnos? Lo que pasa ahí no es asunto nuestro. Dijo Mana algo temerosa, no le gustaba cuando las personas hacían este tipo de reuniones. Una vez vio como apedreaban a una mujer en público acusada de infidelidad.

-Mana. Eres libre de irte si lo deseas. Nosotros nos quedaremos. Respondió Yuriko mientras ella y Jono seguían observando la situación.

Notaron que era un hombre el que se hallaba en medio de aquella multitud. Sus ropas se notaban que estaban rotas y desgastadas. Su cabello de color morado lo hacía resaltar entre las personas que lo rodeaban. Su piel era morena, pero se podía distinguir que tenía algunos moretones y rasguños en su rostro, manos y pies.

-Hermanos, nos hemos reunido hoy aquí, para hacer un juicio. A este traidor. Exclamó una voz grave y fuerte de un hombre de avanzada edad.

-No soy un traidor. Solamente pienso diferente a todos ustedes. Respondió aquel hombre alzando su mirada sin ningún tipo de temor. Sus ojos rojizos brillaban con valor.

-¡Cállate! ¡No estás autorizado a hablar, esclavo inmundo! Respondió el aparente "propietario" del juzgado mientras le propinaba un golpe en la espalda con un palo de madera el cual lo hizo jadear por el dolor.

-¿De que se le acusa a este sujeto? Preguntó un tercer hombre que no se inmutó ante la situación.

-Es un traidor. Afirma que existen más autoridades iguales a nuestros dioses. Dice que existe un tal "Alá" que también es un dios al nivel de Ra.

La mayoría de los presentes jadearon en voz alta indignados por las palabras de los hombres presentes.

-Les repito de manera cordial lo que dije anteriormente. Les afirmé que respeto sus creencias. Pero para mí hay más de un dios. Mi visión y conocimientos son más extensos que los suyos. No soy un traidor por decir lo que realmente pienso. Ra, Anubis y Osiris no son los únicos dioses que existen en la mitología.

-¡Eres un blasfemo! ¿Cómo osas llamar a nuestros dioses de esa manera errada? Exclamó el hombre mayor proporcionándole un puñetazo en su rostro.

-Deberíamos llevarlo ante el Faraón para que el se encargue de esta basura inmunda.

-No será necesario nosotros haremos justicia por mano propia. ¡Hermanos, es momento de darle su merecido a este hereje de mierda! ¡Merece la muerte!

Yuriko observaba la situación indignada. En este lugar todo lo que era diferente era maltratado y humillado de la manera más cruel, observó con enojo a todas las personas de la multitud que estaban llenas de prejuicios sociales, raciales y culturales. Apretó sus puños con tanta fuerza que se pusieron blancos en el acto. Pero antes de que ella pudiera gritar algo, su mejor amigo se le había adelantado.

-¡Oigan! ¿Qué les pasa? ¿Por qué no le permiten defenderse de manera justa? ¿Por qué deben agredirlo en grupo? Exclamó Jono mientras le hacía frente a los tres hombres el solo.

Yuriko corrió y se hincó frente al hombre de cabellos morados mientras hacía lo posible por levantarlo del suelo.

-No lo toques ¡Asquerosa Extranjera! Le gritó una mujer tratando de evitar que ella tocara al extraño. La tricolor sintió su sangre hervir al ser llamada de esa manera. Tal parecía que las personas no se sabían otro insulto para ella.

-¡Basta! ¡A mi nadie me da órdenes y mucho menos una desconocida como usted! Alzó la voz con fuerza haciendo que el pelimorado alzara la mirada y la viera fijamente con asombro. Notó que la persona frente a él. Era una niña.

-¡Ustedes dos son unos entrometidos! ¡Merecen ser castigados también! Respondió altanero el propietario del hombre, se dio cuenta que el rubio y la tricolor no se inmutaron ni retrocedieron ante sus palabras.

-¡Atrévete! ¡No te tengo miedo! Si te sientes valiente solo porque la multitud piensa como tú, adelante. ¡Demuéstrame tu fuerza! Exclamó Jono mientras alzaba sus brazos y se colocaba en posición de ataque, para pelear cuerpo a cuerpo.

-¡Aléjate de esa escoria! ¡Estúpida! Volvió a gritar la mujer mientras tomaba de la mano a Yuriko y trataba de alejarla de él.

-¡No lo haré! ¡Déjenlo en paz! ¡Suélteme Señora! ¡No me obligue a ponerla en su lugar! Exclamó la tricolor conteniéndose de no golpear a la persona que la estaba tocando. El que pensaran diferente no era un pretexto para iniciar una pelea.

-¡Alto! ¡Quién se atreva a tocar a la Princesa sentirá mi furia! ¡Atrás, señores! Exclamó Mana alzando su báculo frente a la multitud. La mujer soltó a la tricolor como si el contacto le quemara la piel. Asustada se escondió entre la población que veían ahora con asombro la situación.

-¿La Princesa de Egipto?

-¡Oh no! ¡Debemos irnos!

-¡Si el Faraón se entera, nos encerrará en el calabozo!

-¡Larguémonos de aquí!

-¡Tonterías! ¡Si está enana muerta de hambre es la Princesa, yo soy El "Rey de Babilonia"! Exclamó burlón el propietario del esclavo.

-¿Cómo me has llamado?

Mana y Jono tragaron en seco al ver como la "Princesa" se levantaba y se dirigía hacia el hombre quien dejó de reír al ver como ella lo enfrentaba con la mirada. Los dos reconocieron que la tricolor resultaba ser muy intimidante cuando se enojaba.

-Te he dicho enana muerta de hambre.

-¡No soy ninguna enana! ¡Señor racista! Y si quiere voy a demostrarle que soy la Princesa de Egipto.- Alzó su brazo mientras su DiaDhank abría lentamente sus aspas, el cielo se oscureció de pronto- ¡Sacerdotisa del Cuidador de Tumbas aparece ante mí, ahora y saluda al Rey de Babilonia! Su monstruo insignia apareció frente a la multitud que se quedó en silencio observando como la sacerdotisa tenía su báculo en sus manos, mientras lo alzaba a manera de saludo. Yuriko había sido sarcástica en todo momento.

-¡La Sacerdotisa! ¿Eso quiere decir que tú eres…? El hombre no terminó su oración salió corriendo creyendo que la tricolor lo atacaría por blasfemo.

A su vez la multitud lo siguió, huyeron por distintos callejones del pueblo. Era demasiado obvio que los presentes creerían que los encerrarían en el calabozo. Yuriko suspiró con calma al ver que en el lugar solamente quedaban Mana, Jono, el desconocido y ella.

No le gustaba hacer demostraciones en público siempre que la llamaban "enana" solía molestarse y actuaba sin pensar, debía aprender a controlarse, ya había tenido problemas con el Faraón anteriormente por no saber distinguir los panoramas. Regresó al lugar donde se encontraba el hombre, volvió a hincarse frente a él y con su daga procedió a cortar las cuerdas que lo tenían prisionero.

-¡Oye! ¿Te encuentras bien? Preguntó Jono acercándose al hombre, verlo así en el suelo y herido, podía verse reflejado así mismo cuando el era esclavo. No quería ver a nadie sufrir ese martirio.

-Lo estoy. Gracias. Respondió el pelimorado mientras trataba de levantarse pero no pudo hacerlo. Se sentía muy cansado. Llevaba horas hincado en la misma posición.

-¡Cuidado! Te ayudaremos. ¿Tienes hambre? ¿Sed? Te conseguiremos algo que podría gustarte. Respondió la tricolor mientras la castaña la observaba incrédula. Estaba comenzando a entender cómo era que se ganaba el cariño de las personas. Realmente le parecía increíble que en tan poco tiempo se ganara el afecto de Atem, Mahad y Seth considerando que los tres eran muy fríos para expresar sus emociones.

-Princesa, no es necesario que se preocupe por mi. No pertenezco a este reino, ni siquiera debería preocuparse por mi existencia. -Respondió sintiendo que el rubio lo levantaba del suelo y procedía a llevarlo en su espalda- ¡Oye niño bájame!

-Hemos dicho que te vamos a ayudar. No seas dramático, no te haré nada. Respondió Jono un poco fastidiado con el hombre. ¿Por qué lo llamaba de esa manera?

-Llámame por mi nombre: Soy Yuriko Muto. Desde que pusiste un pie en el Pueblo, aunque seas extranjero, formas parte del reino. ¿Cuál es tu nombre? Yuriko le sonrió sutilmente mientras Jono, Mana y ella regresaban al Palacio.

-Soy Sameh.

Los cuatro guardaron silencio el resto del camino. Era necesario ayudar al hombre de tierras lejanas, se podía notar que poseía más conocimientos que muchos en el Reino de Egipto.

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-¡Ya les he dicho que no! ¡Faraón será mejor que hagas un edicto donde especifiques que mi pequeña no se casará con nadie! ¡Ella se casará algún día lo sé, pero no en estos momentos! La voz de Yugi resonaba en toda la habitación. Tal y como lo esperaban las solicitudes no se habían detenido y parecía que no se iban a detener si no lo hacían ellos mismos.

Rebecca observó a los dos tricolores. Ella siempre había sido una mujer sumamente inteligente, por algo había estudiado la universidad a los 12 años. Sabía que su esposo trataba desesperadamente de proteger a su hija, en todas las cartas se hacía la misma proposición: La mano de la Princesa en matrimonio a cambio de poder, riqueza, tratos con comercio, joyería y arte. Hasta habían cartas humildes donde aceptaban que no le podían dar nada más que amor, cuidado y protección.

Pero Rebecca no trataba de hacerse la ciega ante la situación que estaba pasando. Ella ya había notado que Atem o El Faraón como solían llamarlo en esta época sentía algo más que un cariño de amigos por su hija. Ella era madre y no podían engañarla fácilmente.

Se dio cuenta desde el principio y sus sospechas se confirmaron aquella tarde que hablaron por primera vez. Lo podía recordar claramente y estaba segura que era algo que nunca podría olvidar.

Rebecca estaba sentada en la sombra del jardín. Debajo de un pequeño árbol. Se hallaba más tranquila de que su hija no hubiese resultado herida por defender al Faraón de su atacante.

Un día llevaba su pequeña descansando de aquel enfrentamiento, la rubia de ojos verdes sonrió con orgullo, su hija había heredado la valentía de los Hawkins adicionalmente al color de ojos que los hacía reconocibles a simple vista.

A su pequeña le esperaba un gran futuro por delante, aunque no había heredado los intereses tecnológicos y en los juegos como era el caso suyo y el de Yugi, sabía que lo que llamaba al Corazón de su hija era ser Arqueóloga como sus bisabuelos. Sabía que los dos tenían la culpa por ilusionarla con las expediciones que ellos habían hecho en su juventud. A veces se preguntaba si estaba bien que ella se fuera de Japón un día no muy lejano, ya que si se convertía en una de ellos, viajaría por el mundo, aunque su hija estaba más entusiasmada con la cultura Egipcia que con cualquier otra a su parecer.

Dejó de lado sus pensamientos al ver que se le acercaba el Faraón. No venía solo, detrás de él venía su comitiva custodiándolo. Reconoció al hombre con el cual su hija llevaba una relación de amistad más parecida a una hermandad con ella.

-Buen día, Señora Rebecca. ¿Me permitiría hacerle algunas preguntas? Preguntó Atem con cortesía ante ella. Despertó su curiosidad al instante ¿Qué podría necesitar el Rey de ella?

-Eso Depende Faraón. ¿En que necesita que le responda? Yugi es más amigo suyo que yo en realidad. Respondió ella un poco cortante. A pesar de los años no había podido olvidar lo que había pasado el tricolor de ojos amatistas a causa del joven que se hallaba frente a ella.

-Yugi, no debe saberlo. Es una sorpresa que estoy preparando para su hija. Respondió el Monarca con nerviosismo palpable en su rostro.

-¿Para Yuriko? Si desea sorprenderla me gustaría saber que tiene en mente.

-Quisiera darle un presente. Pero no conozco los gustos en gemas para ella. ¿Usted podría ayudarme a escoger las que ella preferiría?

Se quedó callada al ver que Atem se sonrojaba al pedirle ayuda para eso. ¿Tan agradecido estaba con ella para pedir ayuda en un regalo? Rebecca observó al joven y asintió en silencio mientras se levantaba del lugar donde estaba sentada.

-Las gemas favoritas de mi hija son los rubíes y las esmeraldas. El rojo es su color favorito. Y el verde lo suele escoger por ser el color predominante de mi familia. Respondió Rebecca viendo cómo Atem sacaba de su túnica un collar de oro decorado con dichas gemas. El mismo era sencillo pero estaba bien elaborado.

-¿Este le podría gustar a ella? Preguntó esperando sereno su respuesta.

-Faraón. Este collar le encantaría a mi hija ¿Cómo lo confeccionaron tan rápido? Se sentía sorprendida de que algo tan hermoso pudiese ser hecho en tan poco tiempo.

-El collar le perteneció a mi madre. Muchas gracias por su ayuda. Me retiro, con su permiso. Vio como el Rey de Egipto se dirigía hacia la cocina.

Tragó en seco al escucharlo. El collar era de la Reina Anterior. ¿Por qué el le regalaría algo tan íntimo a su hija? ¡Ella le interesaba para algo más que una amistad!

Con forme fueron pasando los meses solo confirmó lo que ya sabía. Atem estaba enamorado de su hija. ¿Cómo reaccionaría Yugi al enterarse de esto? Y Yuriko, su hija ¿cómo reaccionaría al saber la verdad sobre el pasado de Yugi y Atem?

Siguió observando a su esposo reclamar que su hija no se casaría. Suspiró resignada a veces Yugi se comportaba como un niño cuando las cosas se relacionaban con su hija. Y no lo culpaba ella estaba exactamente igual o más tensa que él. Solo que Rebecca no tenía la confianza para gritarles y mandar al demonio a todos los presentes. Incluyendo a su esposo y a su "amigo" el Faraón.

Mientras tanto Atem sonreía triunfante ante la situación. Ni un solo hombre podría desposar a la chica de ojos verdes. Y el se encargaría de ganarse su corazón.

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No habían tardado mucho en llegar al Palacio. Yuriko tenía que reconocer que siempre que salía a pasear le pasaban muchas aventuras. A Jono y Mireya los había conocido en medio de un paseo en el Pueblo. Y a Bak lo había conocido en una cueva. Tendría que preguntarle alguna vez como fue que la llevó hasta ese lugar. Quizás debía autonombrarse: como "La Princesa Heroína de Egipto"

Yuriko sin consultar a nadie le había asignado una habitación al chico de cabello morado. Había pedido que le trajeran ropas nuevas, comida y agua.

-¿Sameh? ¿Te encuentras mejor?

-¿Por qué me ayudaste? No era necesario traerme hasta acá. Quizás a tu hermano no le guste verme aquí.

-¿Mi hermano? Yo no tengo hermanos. Soy hija única. Considero a Mahad como uno pero esa es otra historia. Respondió mientras tocaba su rostro pensando en cada una de sus palabras.

-¿El Faraón no es tu hermano? Preguntó sorprendido para que ella pudiera ostentar el título de Princesa tenía que ser la hermana del Rey o en el caso más obvio su hija, pero el anteriormente había investigado que el Rey de Egipto era un joven de 17 años.

-Claro que no. No lo es. Mi título de Princesa es solamente eso. No sé quién me llamó así, es una larga historia en realidad.

-Tengo tiempo de sobra. Contestó Sameh mientras se acomodaba en el camastro que le habían asignado. Tenía años de no dormir en un lugar tan cómodo.

-¿Podríamos dejarlo para después? Debes descansar después de todo lo ocurrido. Respondió ella sonriendo con dulzura, sabía que el Antiguo Egipto fue una época sanguinaria.

Dolía reconocer que todos y cada uno de los que conocía habían pasado por una tragedia. Jono fue vendido como un esclavo y estuvo a punto de ser asesinado. Mireya había pasado meses encerrada en un calabozo. Kisara había sido secuestrada, alejada de su hogar. No estaba segura del pasado de Mahad ya que no habían hablado del tema más allá de que tenía hermanos y una hermana. Sin darse cuenta una pequeña lágrima resbaló de su mejilla izquierda.

-¡Princesa! ¿Por qué llora? El moreno acercó su mano derecha a su rostro limpiando su mejilla pudo distinguir dolor en aquella mirada.

-Por que mis amigos corren peligro y no se cómo poder salvarlos. La única persona que me puede ayudar se niega a decirme que hacer. Su única respuesta es que "ese es su destino" y ya me cansé de esa estúpida frase. Respondió sintiéndose derrotada y sin esperanza.

-Para obtener información debes ser discreta. Debes aprender a no ser tan directa para obtenerlas. Debes buscar las respuestas donde crees que no puedan estar.

Pudo ver un brillo de esperanza en aquellos ojos verdes que dejaban de observarlo con tristeza. Observó que trató de decirle algo pero guardó silencio. Como si pensara las cosas de otra manera, tratando de buscar la respuesta a sus inquietudes.

-¿Podrías enseñarme a hacerlo? Claro después de que consiga que el Faraón te permita quedarte.

-Claro que si, princesa.

Ella le sonrió mientras procedía a abandonar la habitación. Debía hablar con su Faraón.

Era la primera vez en que ella le hablaría personalmente para solicitarle su permiso. Recordaba que su padre había intercedido para que le permitieran quedarse a Jono y en el caso de Mireya quien le había hablado había sido Mahad. Y pues ella necesitaba pedirlo ahora. A veces sentía que El Monarca le daba tantos privilegios y regalos y ella le había dado tan poco. Solo le había dado el conjunto de la capa y la túnica. Además de que solo sentía que le provocaba problemas desde que había llegado a su vida.

Quizás Aknadin tenía razón. Quizás ella era muy caprichosa e insolente y debía mejorar en ese aspecto. Aún se preguntaba porque el Rey le tenía tantas consideraciones con respecto a su forma de actuar. La consentía y la trataba como a alguien de la realeza. El peso del rompecabezas en su estómago le hizo regresar a la realidad.

Casi llegaba a la habitación donde sabía que desde temprano tenían una importante reunión. No sabía de qué trataba solo estaba informada de que sus padres y El Faraón estaban leyendo unos pergaminos y papiros importantes para el Reino de Egipto.

Los guardias la observaron en silencio, sabían que la Princesa solo se hacía presente cuando buscaba hablar con el Faraón.

-Buenas tardes, Señores Guardias. ¿Podrían anunciarle al Faraón que necesito hablar con él? Si está muy ocupado volveré en otro momento. Dijo tratando de no escucharse nerviosa, siempre se sentía así cuando estaba a punto de hablar con el Monarca. Seguía sin entender porque su corazón latía con tanta fuerza por él.

-Le diré tu solicitud, Yuriko. Espera un momento. Respondió Yohei haciendo una pequeña reverencia ante ella. Era uno de los pocos guardias del palacio que le hablaba con mucha familiaridad a la chica de ojos verdes.

Se quedó esperando mientras el guardia procedía a entrar en la habitación. Solo esperaba no interrumpir algo importante. No fue necesario que esperara tanto tiempo ya que quien le abrió las puertas de la habitación fue su madre.

-Hola Mamá. ¿Puedo pasar? Preguntó la tricolor a su madre mientras le sonreía con dulzura.

-Si, pasa el Faraón te espera. Le respondió Rebecca mientras suspiraba con lentitud. Yuriko no estaba enterada de que los hombres del pueblo estaban pidiendo su mano en matrimonio y era mejor que no se enterara todavía.

La chica de ojos verdes se sorprendió por dos cosas que sucedieron en esa habitación. Vio a su padre recoger y esconder apresuradamente una gran cantidad de pergaminos de su vista y lo segundo fue que vio como el Faraón la observaba desviando su mirada mientras se sonrojaba. Después le preguntaría a su padre que era lo que le estaba escondiendo.

Se inclinó ante el Rey, ella seguía siendo una doncella de la corte aunque ya no estaba obligada a recibir clases de etiqueta. Lo seguía haciendo porque era la única manera de aprender más sobre el Antiguo Egipto. Cuando regresara a Japón sería la mejor alumna de la secundaria.

Pero cuando regresara a su hogar, ya no podría ver más al Faraón ni a uno solo de sus amigos. Los separarían 3 mil años de diferencia. Es más en su tiempo todos estarían muertos. Y le dolía darse cuenta de eso. Mordió su labio inferior con frustración. No debería estar pensando en eso, si no en como ayudar a Sameh.

-Mi Faraón. -Susurró débilmente mientras seguía estando inclinada. Había notado que los ojos violetas del monarca brillaban con emoción cuando ella lo nombraba de esa manera- Se que últimamente no me he comportado de manera adecuada con usted. Pero necesito hacerle una solicitud.

-Dime, ¿Qué es lo que solicitas mi Princesa?

-Pues verá…

No fue difícil convencerlo de que le permitiera conservar a Sameh en el palacio. Yuriko tenia un talento sorprendente para conseguir que el Monarca le cumpliera sus deseos. Quizás solo por esta vez ambos negarían lo evidente.

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Una semana había pasado desde que Sameh había llegado al Palacio del Faraón. Y hoy sería el primer día que le enseñaría a la Princesa de Egipto a obtener información con la más alta discreción. Había estado todo ese tiempo en la habitación que le habían asignado recuperando las fuerzas perdidas de todos sus años de vagar por el desierto.

Los escoltas reales le habían mostrado como llegar al jardín del Palacio. Tal parecía que ese lugar era importante para Yuriko. La vio sentada debajo de un árbol mientras jugaba con las flores que adornaban el paisaje. Había notado que la tricolor era una persona sumamente curiosa e impulsiva. Podía recordar cuando el era más joven y quería obtener las respuestas de una u otra forma. Recordaba cuando su familia le compartían sus conocimientos, algunos lo miraban maravillados y otros como la multitud que estuvo a punto de asesinarlo lo veían con desprecio. Pero el no podía mentir, simplemente el a veces dudaba de la existencia de los denominados dioses.

-Buenos días, Sameh. Le dijo ella sacándolo de sus pensamientos. Se hallaba parado enfrente de la chica de ojos verdes.

-Buenos días, Yuriko. Empezaremos con la lección. Pero antes necesito que respondas algo muy importante.

-Dime y te responderé lo que necesites saber.

-¿Alguna vez te has preguntado la razón del porque te encuentras en este preciso momento aquí y en este lugar?

No entendía la razón de su pregunta. Desde que era muy pequeña tenía muchas interrogantes en su mente y corazón. Pero la mayoría estaban relacionadas con "El Faraón amigo de Yugi" como lo llamaban sus queridos bisabuelos.

-Si, pero no suelo hacer preguntas de ese tipo.

-Yuriko… En mi tierra teníamos un dicho antes de la llegada de los musulmanes: "Preguntas tontas no existen, solo tontos que no preguntan" Respondió de manera seria y directa. Notó que ella lo observó con un poco de molestia, pero le sonrió con una sonrisa sardónica.

-¿Insinúas que soy tonta? Entonces, corrígeme. ¿Por qué crees que me encuentro en este lugar? Pudo notar que ella estaba controlando su tono de voz.

-Estás aquí para ayudar, tienes un aura pura, que se entremezcla con las sombras. Tu poder puede ser usado tanto para hacer el bien como para hacer el mal. Solo debes ser menos impulsiva y aprender que no siempre se puede hacer tu voluntad.

La tricolor abrió los ojos con sorpresa ante dicha declaración. ¡No había pensado en eso! Ella no creía tener tanto poder en su interior hasta ese día que aquel hombre la atacó con sus serpientes. Jono salvó su vida al protegerla como su escolta personal que es. Recordó las veces en las cuales se había metido en problemas en el Pueblo al ser demasiado impulsiva. Tuvo suerte que el esclavista al cual había comprado a Jono no le cortara el cuello cuando lo insultó. El extranjero que quiso apuñalarla cuando salvaron a Mireya, si Mahad no hubiese enfrentado al sujeto, otra historia sería la que se contaría en los alrededores, el hombre que la atacó cuando protegió al Faraón era otro caso. Y los dos acontecimientos más recientes, el hecho de que Mana la lanzara al Río estuvo a punto de morir en esa ocasión y tal cómo le había dicho Bak, si él no la hubiera sacado del Nilo, estaría muerta. El intento de violación que sufrió en la aldea había sido otra situación dada por su imprudencia al tratar de salvar a ese hombre desconocido, aún no tenía idea de cómo se había salvado de eso. Lo más probable es que Bak habría sido quien la ayudara. Y su duelo "El Yami no Game" que había ganado ante el mercader de manzanas.

Sus acciones habían arriesgado la vida tanto de Jono, Mahad, Kisara y del Faraón en persona. Sintió su cuerpo estremecer de miedo. Ella no soportaría que le pasara algo a alguno de ellos.

-¿Y qué puedo hacer para no ser impulsiva y evitarme problemas?

-Yo puedo ser tu maestro de artes discretas si le quieres llamar así.

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Mahad necesitaba hablar con su Pequeña Lirio. El día de hoy podía disponer de lo que harían, ya que sus estudiantes estaban ocupados con sus nuevos conjuros. Le llenaba de orgullo ver que todos ellos tenían grandes potenciales para ser Sanadores, doctores y guerreros. Hasta Mana había mejorado mucho en sus actitudes estos días.

La vio sentada en el comedor mientras jugaba con su comida sin ningún interés. Se le acercó por atrás mientras cubría sus ojos con sus manos, haciéndola estremecer posiblemente la habría asustado por esa manera de acercarse.

Ella logró quitar sus manos de su rostro, le sonrió con ternura mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho.

-Hola. Respondió con seriedad. No agregó ni una sola palabra adicional.

-Mi pequeña Lirio. Hoy sí puedo acompañarte a donde tú desees ir. Tengo el día libre. La abrazó con fuerza pero se dio cuenta que ella no correspondía el abrazo.

-Mahad, lo lamento pero hoy no puedo estar todo el día contigo. Sameh me está enseñando su cultura. Y le prometí que estaría con él. Con tu permiso, me retiro.

Dejó su plato en la mesa y salió sin decir nada más. Jono llegó a la puerta con una sonrisa sincera la cual se borró al ver que su protegida lo ignoraba.

-¡Yuriko! Te estaba buscando. Seth necesita que lo ayudemos hoy buscando materiales para nuestras nuevas espadas. Trató de tomar su mano pero la única respuesta que obtuvo fue que la tricolor no le permitió tomarle de la mano.

-Lo sé Jono. Pero el día de hoy tengo libre la clase con Seth. Pero, estaré con Sameh por si necesitas algo más.

Yuriko cruzó la puerta mientras corría con prisa, hoy el chico de cabello morado le iba a explicar sobre Alá y ella quería aprender sobre el dios mencionado, sobre todo quería ampliar su conocimiento en su clase secreta.

Al estar de espaldas no pudo notar las miradas llenas de confusión y dolor que le lanzaban su mejor amigo y su mago.

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-¿En serio? ¡Cuéntame cómo fue! ¡Jajaja! Se escuchó a la lejanía la voz de la tricolor. Estaba muy entusiasmada con sus lecciones.

Mahad se acercó sutilmente a la escena. Desde que habían llevado al tal Sameh al Palacio y Atem le había permitido quedarse, Yuriko se había alejado mucho de él. A veces pensaba el castaño que se debía a que ella estaba muy entretenida por conocer los lugares y anécdotas que el le narraba. El también era extranjero como ella.

La curiosidad de Yuriko no tenía límites, eso lo había reconocido desde la primera vez que ella le cuestionó sobre los DiaDhank, el Ba y el Ka. Eso los había unido mucho a su vez que el transmitía su conocimiento a ella.

Pero desde que se había quedado el chico de cabello morado y ojos rojos ella lo había dejado a un lado. Ya no lo buscaba en las mañanas ni siquiera lo volteaba a ver cuándo se hallaban en las comidas principales ni siquiera le ponía atención a las clases de magia como solía hacerlo antes. Para el hombre de ojos celestes pálidos solo había un culpable: Ese extraño de tierras lejanas. Se sentía como un niño al cual le habían arrebatado su tesoro más valioso.

¿Le habría hablado mentiras sobre él o que sería lo que le había dicho para que ella se alejara de su lado? No se dio cuenta en que momento su esposa se colocó a su lado. Solamente fue consciente de su presencia hasta que ella le habló con cariño.

-Comparten mucho tiempo juntos. ¿No crees? Le preguntaba Isis con una sonrisa sincera. El sentía sus palabras amargas como si hubiese probado agua con arena.

-Si, demasiado para mi gusto, "Mi Flor Del Desierto" Respondió cruzando los brazos sobre su pecho.

-Al menos ella ya no te distrae de tus obligaciones. Isis no quería ser cruel pero le daba mucho alivio ver que la tricolor había puesto distancia entre su amado y ella.

-Jamás me distrajo. Le estaba enseñando al igual que lo he hecho con cada uno de mis aprendices. ¡Dices eso porque la ves como una carga para el Reino! Vio a su esposa con seriedad como si lo dicho anteriormente fuera una blasfemia para él.

-Mahad, querido, no te enojes conmigo. No lo dije con esa intención. Se quedó callada mientras el castaño seguía observándolos a la distancia.

No fue el único en darse cuenta de la situación. Kisara, Jono y Mireya los observaban desde la puerta principal del jardín. La tricolor seguía conviviendo con Kisara y Mireya, pero si era muy notorio su cambio con respecto a "El Hechicero de la Corte" y "Su Escolta Personal". Ya no solía compartir tanto con los dos.

Jono solamente suspiró nostálgico y apretó sus manos con fuerza dejando sus nudillos blancos por la presión ejercida. No podía creer que su mejor amiga lo hubiera cambiado por "El Sabelotodo". Tan concentrado estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Seth estaba frente a él, hasta que le colocó la mano derecha en su hombro izquierdo.

-Lamento informarte, mi querido "Cosa" tal parece que te han reemplazado. Pero vamos no te acongojes en mi casa hay espacio para un "Cachorro" como tú. Seth trató de escucharse bromista pero lo único que consiguió fue que Jono se sentara en el suelo mientras abrazaba sus piernas y escondía su cabeza sin decir una sola palabra.

-¡Jono! Era una broma no te pongas así! Exclamó Mireya abrazándolo con fuerza. Sabía que Seth no lo había dicho con intención de lastimarlo pero el rubio de ojos rojos estaba muy sensible con la situación.

Seth se dio cuenta muy tarde de que sus palabras lo habían lastimado en verdad. Se inclinó al suelo al lado derecho de Jono y le susurró al oído:

-¡Perdóname! No lo dije con intención de lastimarte. Era una broma. Ya sabes que ella jamás te reemplazaría. Ella te adora.

Tanto Jono como Mireya observaron con sorpresa a Seth. Lo veían tan frío y distante. Habían escuchado por parte de Kisara, que esa coraza externa solo era una medida para protegerse. El en realidad era alguien afectuoso con los que consideraba cercanos a él. Jono limpió sus lágrimas de su rostro. Sintiéndose mejor sabía que algo debía estar planeando su mejor amiga.

-Tienes razón, Seth. Pero aún así me duele su lejanía. La extraño.

Sameh había estado al tanto de la situación sin dejar de prestarle atención a la Princesa. Ya estaba preparando los escritos que narrarían sus aventuras. Pero primero debía hablar con cierto castaño y cierto rubio que los observaban en la lejanía.

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Yugi abrazó a su hija con mucho cariño. La conocía perfectamente bien y sabía que ella estaba guardando sus sentimientos y emociones por dentro. El no había podido quitarse de la cabeza el recuerdo del llanto, lágrimas y gritos que Yuriko hizo el día anterior de la boda de Seth y Kisara.

Verla tan triste y rota llorando hasta el cansancio, toda la noche estuvo en sus brazos sin poderse consolar ante la circunstancias de la verdad. Su pequeña, su niña, estaba decidida a proteger al Hechicero y la doncella. Lo tenía con el corazón roto ver que se había presentado a la festividad sin demostrar el cansancio que tenía solo quien la viese directo a los ojos podía ver lo que pasaba.

La vio bailar junto a un desconocido en el baile nupcial y no pudo evitar sentir celos paternos, su niña empezaba a llamar la atención de los hombres del pueblo y quizás pronto tendría algún "novio". Lo cual no debía pasar, ellos no eran de esa época cualquier relación que ella tuviera no iba a prosperar porque en el momento en el que ellos descubrieran porque habían viajado en el tiempo, volverían a su verdadera época. 3 mil años en el futuro. Una época donde ya no existían los Faraones ni los reinos. Su hija aún era una niñita solo tenía 15 años, todavía le faltaba mucho por crecer, debía estudiar, graduarse y finalmente ser lo que ella quería ser: "Arqueóloga o Egiptóloga" conocer algún buen hombre que la amara y ella a él y finalmente casarse y tener su propia familia.

Pero eso no pasaría en Egipto. Si el cedía su mano a cualquier idiota del pueblo ¿Qué destino le depararía a su bebita? Lo más obvio es que el "esposo" exigiría sus derechos sobre ella. La forzarían a tener sexo y su hija sería una mujer llena de hijos obligada a servir a el hombre y sus pequeños. Dependería solo de él al no tener una dote propia por no ser nativa de Egipto. Además de que podría sufrir maltrato por parte de aquellos que despreciaban a las personas de piel blanca. Y eso el no lo permitiría.

Ella siempre sería su niña y el la cuidaría sin importar a quién debía enfrentarse. Conocido o desconocido, amigo o enemigo. Plebeyo o de la realeza. Solo esperaba que nadie cercano a él estuviese interesado en su pequeña niña. Y le pedía a quien fuera que lo escuchara que ella nunca conociera a Bakura. Y qué su amistad con Atem, solamente fuera eso. Dos amigos que se tenían mucho cariño uno por el otro.

¡Oh Yugi! ¡Si tan solo supieras que el destino de tu pequeña Lirio está unido tanto a Bakura "El Rey de Los Ladrones" y a Atem "El Rey Faraón y Gobernante de Egipto"

Si tan solo dejaras de negarte a ti mismo lo evidente, porque ya te diste cuenta que "Tu otro yo" tiene interés en ella. Y aunque tu hija es curiosa e impulsiva es muy distraída en los temas del amor. Que quieres convencerte de que ella ama a ese Hechicero llamado Mahad, cuando sabes que solo son como hermanos.

El tricolor mayor no sabía cómo reaccionar ante esta situación no podía ayudar a su hija. Se sentía tan impotente ante su dolor.

Sellando su promesa de siempre cuidarla, la besó en la frente. Yuriko no estaría sola él siempre estaría para ella. Era su padre y ese era su deber, no importaba si tenía que defenderla de sí mismo. Pensó mientras la imagen de Atem se hacía presente en sus recuerdos.

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Bueno amigos hasta aquí llegó el capítulo número 9 de "El Conjuro Secreto" he decidido añadir un nuevo personaje, llamado Sameh. El cual esta inspirado en un personaje original que ha creado Santiago mi Reader Beta y Aprendiz.

Espero hayan disfrutado de este capítulo. Como han notado el conjuro secreto es mi historia más reciente. Y aún nos falta mucho camino por delante, espero que todos puedan estar interesados y emocionados cuando lleguemos al final de la historia.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.