Hola amigos ya tengo concluido el capítulo 12 del Conjuro Secreto.
Sin más que agregar los dejo con la segunda parte del capítulo anterior.
Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.
El Conjuro Secreto: Capítulo 12: Sameh El Escriba Real Parte 2
Para Yuriko el tener abrazado a Sameh en sus brazos tratando de hacerle sentir su cariño era una nueva sensación. Podía reconocer que adoraba a Takeru, Jordán, Raeden y Yamato pero con ninguno de ellos había formado un vínculo tan estrecho como los que poseía actualmente en el Antiguo Egipto.
Sameh y Mahad eran como los hermanos mayores que siempre deseó.
Kisara era como la hermana que la vida le negó.
Mireya era su mejor amiga aquella que en Ciudad Domino carecía.
Jono era su mejor amigo la persona con la que se sentía libre de hacer la mayoría de cosas que le pasaban por la cabeza, ya que ambos eran muy impulsivos, necesitaban a alguien que los detuviera a cada momento.
Seth era su amigo más leal. Le sorprendía darse cuenta que lo era. Es más lo llegaba a comparar con el gruñón de Seto Kaiba solo que el era menos arrogante.
Luego pensó en el Faraón. Sintió su corazón latir con fuerza al pensar en él. Era su amigo, aunque ella sentía a veces que era más allá de eso. Un hermano no lo podía considerar, mucho menos un mejor amigo. Ella sentía que su afecto sobrepasaba todo lo anterior mencionado.
Y finalmente Bak. Ese joven que la hacía enojar a cada momento, era al único que trataba con un grado más alto de confianza, puesto que era al que más agredía verbalmente, aunque él no se quedaba atrás al hacerle comentarios sobre su cuerpo.
Extrañaba a sus amigos futuristas, en estos momentos estaba segura que Takeru y Jordán tratarían de hacer que Sameh tuviera su primer juego de cartas con ellos mientras Raeden y Yamato se encargarían de darle discursos de amistad.
Dejó sus reflexiones de lado. Tenía que hablar con dos de los presentes no podía dejarlo pasar más tiempo. Se separó lentamente de su amigo, le hizo señas de que hablaría con el Sacerdote y El Escolta.
-Trata de hacerte amigo de los demás ¿Sí?. Me voy por un momento. Necesito hablar urgentemente con ya sabes quiénes. Le dijo mientras sonreía con dulzura sentía su corazón más tranquilo. Solamente con Yugi, su padre era con quién no lograba alcanzar la paz, últimamente le estaba haciendo sentir emociones negativas que jamás pensó que él pudiera causarle.
Amaba a su padre más que a nadie en el mundo, pero sus acciones le hacían dudar, si tan solo Yugi le explicara que estaba pasando, ella podría entenderlo, comprender su silencio. Pero no podía obligarlo a nada, quizás su madre podría proporcionarle más respuestas que el mismo aclamado "Rey de Los Duelos"
Caminó hasta que llegó al grupo que los observaba, cruzó los brazos sobre su pecho mientras Jono se escondía detrás de Mahad. Yuriko sonrió con ironía, tomó del brazo al rubio mientras procedía a jalar su oreja izquierda.
-Ven aquí. Necesito hablar contigo primero. Mahad quédate aquí, no te muevas. Luego vendré por ti. No quiso decir nada intimidante pero la manera en la que lo habló hizo que Mahad se asustara un poco.
-¡Yuriko! ¡No me jales mi oreja! ¡Ay! Jono estaba exagerando un poco el panorama quería que ella se siguiera riendo de sus tonterías.
-Jono, no seas dramático, ni siquiera te estoy haciendo daño. Siguieron caminando mientras se alejaban lo más posible de sus compañeros.
La chica de ojos verdes suspiró profundamente mientras trataba de usar las palabras correctas. No quería ofender a el rubio de ojos rojos. Ni hacerle sentir que se estaban peleando. Porque lo de hace un momento no fue una pelea, solo fueron diferencias, se había precipitado al decir las cosas. Sameh ya se lo había dicho, "la sensatez es una de las mayores virtudes" Yuriko había demostrado falta de madurez, era imprudente lo que hizo en su afán de querer proteger a sus amigos. Alejarse como lo estaba haciendo no era la respuesta tampoco, se dio cuenta que había herido sin planearlo a su mejor amigo y a su mago.
-Perdóname Jono. -Las palabras comenzaron a brotar de su mente, de su corazón, de lo más profundo de su ser- No quise lastimarte, sé que te debo una explicación: Sameh no fue quien me aconsejó que me alejara de ustedes, yo tomé esta decisión sola. Me di cuenta que mis acciones te han puesto en peligro en más de una ocasión. No es justo que por mis impulsos de idiotez, tú estés pagando las consecuencias de mis actos. Recordó las crueles palabras de Aknadin cuando le reprochó su desaparición en el Nilo.
-Yuriko… El rubio la interrumpió mientras le hablaba.
-Déjame, terminar, por favor. Jono yo te quiero mucho, eres mi mejor amigo, mi escolta personal, una de las personas más allegadas a mí. No podría soportar que algo te pasara. ¿Recuerdas cuando invocaste a el Dragón Negro de Ojos Rojos la primera vez? Yo confíe en ti a pesar del peligro inminente. Te pido perdón por mis malas decisiones. No culpes a Sameh, ustedes tienen tanto parecido en algunos aspectos pero en otros son tan diferentes. ¿Me darías un abrazo?
Jono guardó silencio sintiéndose culpable, ella le estaba pidiendo perdón cuando en realidad la ofendida era ella, el dudó de sus intenciones, la había llamado traidora indirectamente, creyó que el chico de cabello morado había influenciado en ella; que sería reemplazado de inmediato. Pero no era así, su Princesa le estaba ocultando algo demasiado grave para decírselo. Se dio cuenta que para Yuriko cada uno de los que vivían, trabajando en el palacio del Faraón, eran apreciados por ella, excepto el Sacerdote Aknadin.
Corrió a abrazarla con fuerza, pudo sentir el aroma de su perfume de gardenia, por una razón en particular esas flores eran sus preferidas, se sentía como un niño pequeño que se había portado mal con su mamá, uno que corría para abrazarla pidiéndole perdón por sus travesuras cometidas. Jono tenía que reconocer que estaba asustado, no quería volver a las calles de Egipto, ni volver a ser esclavo de nadie, con la tricolor el había conocido la libertad y porque ella había llegado a su vida fue que pudo conocer al amor de su vida, a Mireya.
-Perdóname tú a mí. Me dejé llevar por los celos. Dije cosas que te hirieron.
-¡Oh Jono! Eres un tonto, ¿Sabías? No te remplazaré, eso lo sabes a la perfección. Y con respecto a lo otro es difícil aceptar que muchos me ven de manera diferente, pero no será la primera ni la última vez. Vamos tengo que hablar con Mahad.
Lo tomó de la mano mientras regresaban con los demás, Jono quiso desaparecer por arte de magia ya que notó que el Faraón lo observaba con recelo, tenía que darle gracias a Ra que no era un enemigo del Rey, si no ya hubiera sido encarcelado en el calabozo, exiliado de sus tierras o peor aún ejecutado. Jono no era ingenuo, se había dado cuenta que el Monarca estaba enamorado de Yuriko desde el primer día que puso un pie en el palacio, por el abrazo que se dieron frente a él fue que lo pudo notar. Lástima que el Visir Shimon Muran hubiera interrumpido el momento, al principio creyó que sería tratado con rudeza por la fama de los antiguos Faraones que eran despiadados y sin misericordia para sus súbditos, pero el joven Faraón era todo lo contrario a lo que le habían dicho en el pueblo.
-Mahad. Ven aquí. Necesitamos hablar. Aquellas palabras hicieron estremecer al castaño mientras evitaba acercarse, a pesar de que la situación en este momento era diferente sentía como su corazón se sobresaltaba ante sus palabras. Por un momento se vio a si mismo con 16 años otra vez y podía verla a ella, diciéndole aquellas palabras mientras le reprochaba el tomar de pretexto su responsabilidad para no cumplir sus deseos.
Mahad se sentía pequeño ante Yuriko lo cual era irónico ya que el hombre musculoso medía un aproximado de 1.83 centímetros de estatura y la chica ante él medía cerca de 1.56 centímetros. Era un poco más pequeña que Atem, estaba seguro que tenía la misma estatura de su hermana. Si tan solo su piel fuese más oscura, su cabello fuese de un solo color y sus ojos en vez de ser verdes fuesen celestes sería idéntica a ella.
Ante su silencio, ella se desesperó, le gritó en voz alta:
-¡Mahad! ¡No te lo voy a repetir dos veces! ¡Vienes aquí o yo voy por ti!
El castaño al darse cuenta que la chica de ojos verdes se estaba acercando el miedo se apoderó de él, caminó lentamente mientras se encontraba con ella, debían hablar, lo sabía, no quería perderla otra vez. Porque en sus pensamientos aquellos que no le había compartido ni si quiera a Isis su esposa, reconocía plenamente que el temor, el miedo y el dolor lo habían hecho sentir el peor de los guardianes de Egipto. Toda la seguridad del País estaba a su cargo, incluidos los invitados de honor de Egipto, todos debían ser protegidos.
Podía recordar como sentía su corazón literalmente partirse en dos cuando vio con impotencia como Mana empujaba a Yuriko con la magia de su báculo hacía las frías aguas del río, a pesar de que hizo lo posible por tratar de hacerla levitar con su magia no pudo hacerlo, vio como ella caía, como le pedía ayuda a la castaña mientras la fuerte corriente la arrastraba haciéndola desaparecer en un solo momento. Le buscó día y noche en las orillas de las arenas. Aún se preguntaba cómo había logrado salir de aquella situación.
Mahad a pesar de ser considerado alguien frío de carácter fuerte, una persona que no sonreía si la ocasión no lo ameritaba, era todo lo contrario cuando aquella niña estaba a su lado. Y ya estaba cansado de negarlo su afecto por ella superaba la curiosidad inicial por la cual se le acercó. No era un amor romántico lo que les unía, si en algún momento esto hubiera sido así le habría puesto distancia desde el inicio, el amaba a su esposa. Y aunque ella aún no lo comprendiera o aceptara, estaba seguro que su corazón le pertenecía a Atem, el Faraón de Egipto. Su lazo de amistad era más fuerte que ser su alumna, su aprendiz, su pupila. Su futura Reina de Egipto.
Volvió en si cuando ella lo jaló de la túnica. Aunque ella quisiera tomarle de la oreja así como lo hizo con Jono realmente no lo alcanzaba, y tal parecía que tratar de agarrar su cabello no era opción al tenerlo cubierto por la capucha de su túnica, una túnica tan querida para el hechicero, el recuerdo de su familia.
-¡Sacerdote Mahad! Si no quiere hablarme solo dígame, yo lo entenderé perfectamente, no volveré a molestarlo. Notó que sus ojos verdes estaban llenos de lágrimas. Lágrimas que él le había provocado.
-¡Mi pequeña Lirio! No es eso. Estaba distraído, voy contigo. Respondió finalmente ya no podía seguir negando la verdad, veía el recuerdo de su hermana pequeña en ella, pero estaba consciente de que eran dos personas diferentes.
Mahad se sintió observado. Volteó a ver al grupo que se había vuelto cercano a él. Tenía que reconocer que antes de la llegada de Yuriko sus únicos amigos eran Mana, Atem e Isis.
Ahora su grupo de ser un cuarteto había pasado a ser más amplió: Kisara no era su amiga anteriormente pero por ser la mas cercana a su Pequeña Lirio además de que por ella se dio su primer acercamiento, ahora era considerada como tal. Con Jono a pesar de que lo sacaba de sus casillas por comportarse como un niño se habían vuelto muy cercanos. Mireya, la doncella real era igual de seria que él, pero ambos cuidaban mucho a la Princesa. Seth y él eran conocidos, no eran amigos. En aquel momento en el cual Mahad perdió toda la serenidad al desaparecer la tricolor en el río Nilo, su apoyo le hizo ver que eran incondicionales. Solo con Sameh el "nuevo amigo" era con quién no había empezado bien al conocerse.
Mahad desconocía en aquel momento que ya conocía a una persona con la cual pelearía día y noche por proteger el corazón de su "Pequeña Lirio"
La mirada que le estaba haciendo sentir incómodo provenía de Atem. Tragó en seco al ver como su amigo lo observaba con seriedad. Por un momento creyó que se les acercaría y los separaría. El castaño ya se había dado cuenta de que al Faraón no le agradaba en lo absoluto que alguien más tuviera la atención de la Princesa de Egipto. Los celos no eran buenos, cuando pudiera hablar con él le haría énfasis de eso.
Los ojos verdes de su pequeña lirio se llenaron de emoción, la culpa le hizo sentir dolor dentro de su pecho, el no había querido lastimarla, aún a pesar de que la conocía desde hacía poco tiempo reconoció que la amaba. La amaba como llegó a amar a su hermanita. Aquella niña que por su egoísmo y su inmadurez había perdido tantos años atrás.
-Mahad, a pesar de lo ocurrido el día de hoy, tengo algo que decirte. No estoy molesta ni estoy triste por lo que dijiste. No sé qué pasa contigo pero sin ninguna explicación no me es posible enojarme contigo. No puedo hacerlo y no sé por qué. Comenzó a hablar la pequeña tricolor mientras se abrazaba a si misma. A pesar del calor sofocante que se sentía en el clima en aquellos momentos sintió un poco de frío.
-Yuriko. Yo… Se quedó sin palabras no sabía que decir ante ella. Al igual que su hermana tenía el poder de hacerlo sentir vulnerable.
-Mahad. Eres una persona muy especial, tienes una parte de mi corazón, de mi lealtad contigo. Eso no va a cambiar jamás, " Siempre te voy a querer" Yuriko no entendía lo que estaba pasando en aquel momento esas palabras que brotaban de su alma no le pertenecían a ella. Sintió que Shin'aina era quien la estaba guiando ante Mahad.
Dolor fue lo que sintió Mahad ante aquellas palabras, la última vez que la vio, ella le dijo exactamente lo mismo. Era como volver a vivir aquella escena una y otra vez. Yuriko se acercó ante el hombre que le doblaba la altura, sin esperar más respuestas a sus palabras, rodeó la cintura del Sacerdote con sus manos, recostó su cabeza en su pecho cerca de la argolla milenaria. Seguía sin entender porque con el castaño no podía enojarse cuando él le reprochaba, le regañaba e incluso cuando le hería. Sintió cuando colocó él las manos sobre sus hombros.
-Yuriko perdóname, yo le soy leal al Faraón, a su Reino.
-Lo sé siempre lo has sido. " Incluso mucho antes de ser un Sacerdote Real". Entiendo que desconfíes de mis palabras. Si de verdad eres alguien sabio podrás comprender que te estoy diciendo la verdad, solo espero no lo descubras demasiado tarde. "No siempre tienes las mismas oportunidades para reconocer lo más conveniente para ti o para el trono egipcio" Otra vez estaba hablando sin ser ella misma. Sin entender aquella sensación, la necesidad de decirle lo que realmente pensaba, se alejó de Mahad. Se sentía confundida, por un momento podía jurar que escuchaba que Shin'aina estaba llorando detrás de ella.
Necesitaba alejar a Yuriko de Mahad. Aún no era el momento adecuado. Era demasiado pronto para que ambos entendieran lo que ocurría con ellos. Caminó lo más rápido que pudo llevándola hacía donde estaba el Faraón.
- Mi Faraón, hace días que no practicamos con el entrenamiento sobre el DiaDhank. ¿Usted tendría tiempo para que entrenemos un poco? Sonrió esperando que el Faraón hiciera una excepción con ella.
-Claro mi princesa, tengo tiempo. Sígueme. Los ojos violetas del Rey de Egipto brillaron con intensidad al escuchar que pasaría un poco de tiempo con ella.
-Con gusto Mi Faraón. Era necesario alejarse del castaño en aquel momento.
-¿Puedo ir yo? Preguntó Sameh maravillado, por fin podría entender sobre las criaturas del "Yami no Game" que había leído con anterioridad.
-Si. Ven con nosotros. Respondió el Faraón, con elegancia.
Los tres desaparecieron con dirección a la azotea donde habían entrenado una única vez. Aquella vez que tuvieron un conflicto serio realmente, aunque había pasado aquella desagradable pelea en esta ocasión podían dedicarse plenamente a entrenar. Aunque hubiera una persona más observándolos en esta ocasión.
Mahad los observó desde la lejanía, aún estaba confundido por lo que acababa de pasar. ¿Acaso su pequeña lirio se había disculpado con él? A pesar de todo ella lo quería a su lado. Por primera vez en años Mahad se sintió culpable por no confiar en alguien más. Su lealtad estaba con su reino, el pensar que había un traidor en sus dominios le haría quedar como un descuidado. Aún así debía buscar la forma de disculparse con ella. Sus recuerdos se movieron dentro de su mente, la nostalgia llenó de tristeza su corazón. Jamás se perdonó el haberle fallado a su hermana. A Yuriko no podía hacerle lo mismo. No lo soportaría está vez.
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Sameh observó con sorpresa cada uno de los rincones del palacio, en esta área donde no todos tenían el privilegio de entrar. El Faraón iba delante de ellos dos, ya que al ser su hogar conocía muy bien todos los lugares pertenecientes a su disposición. Yuriko se había quedado callada en todo el camino, meditaba sobre algo importante, nadie sabía que le había dicho al Hechicero Real pero aquella conversación la había dejado sumida en sus pensamientos.
El había observado cuando la princesa había llamado a "La Sacerdotisa" ante aquel hombre que había sido su propietario, el chico de cabello morado sonrió recordando que aunque no lo había demostrado le parecía gracioso que el tipo saliera corriendo asustado mientras la tricolor le había hablado con sarcasmo al llamarlo: "Rey de Babilonia"
Criaturas de las sombras eran llamados aquellos seres, por lo que había leído en algunos manuscritos sabía que no todos podían controlar sus poderes. Tenía entendido que los seres nacían dependiendo el tipo de energía espiritual de la persona que los llamaba. Podían ser seres de luz o seres de oscuridad.
Observó fijamente cuando el Faraón y Yuriko alzaron sus brazos derechos en el aire notando que los discos dorados alzaban las aspas de oro de sus centros mientras el cielo antes azul se oscurecía, recordaba que cuando ella hizo su llamado en el Pueblo había pasado lo mismo.
-¡Sacerdotisa del Cuidador de Tumbas! ¡Escucha mi llamado y preséntate ante nosotros! Escuchó que la tricolor llamaba a su compañera de batallas mientras un rayo dorado descendía del cielo haciendo visible ante los tres presentes a la Sacerdotisa.
-¡Guardián Celta! ¡Ven aquí ahora! Fue el Faraón quien hizo la segunda invocación.
Sameh no pudo evitar tomar un pergamino, mientras procedía a escribir todo lo que sus ojos veían ante él. Estaba maravillado ante este "Yami no Game" conocía las leyendas y los manuscritos públicos a la perfección pero muy diferente era leerlo a verlo con sus propios ojos.
Sabía que en el Palacio del Faraón se encargaban de la seguridad del País, aún así habían cosas que el pelimorado desconocía sobre estos rituales, hoy aprendería que a pesar de que lo que se veía ante sus ojos parecía ser un simple juego de entretenimiento, en realidad era un arma de doble filo, porque estaba muy lejos de ser uno de los mismos.
Atem se sentía nervioso, no quería repetir los errores de la última vez, aquellos que hicieron que su Princesa se enojara con el, esta vez evitaría un conflicto, la invocación había sido todo un éxito, ahora debía enseñarle a luchar. Con Yugi había sido fácil su aprendizaje en menos de dos lecciones se había vuelto un experto en el DiaDhank. Pero con Yuriko las lecciones aprendidas debían ser diferentes, desconocía sus poderes, aunque se había dado cuenta que su fuerza Ba era poderosa. Recordaba que en su primera invocación ella tomó prestado el DiaDhank de Mahad. El rompecabezas milenario que solo ellos dos podían observar estaba brillando.
Aunque nunca se controlaba al luchar, esta vez debía hacerlo. No quería lastimarla, no pudo soportar el hecho de que él la última vez la había hecho enojar, el la había herido, no había podido vivir con la culpa durante 15 días en los cuales no se hablaron.
-¡Mi Faraón! ¿Qué debemos hacer ahora? La voz de ella lo hizo salir del trance en el cual se hallaba el Rey de Egipto.
-Debo enseñarte a luchar. Cuando invocas tu Ka debes aprender a utilizar sus poderes, en pelea, en defensa sin gastar tu energía, si toda tu energía se consume puedes… El Gobernante de Egipto sintió su ser estremecerse de miedo de solo pensar lo que le podría pasar si su nivel llegaba a 0.
- …Morir, lo sé Mahad me lo dijo cuando hablamos de estos artículos la primera vez. Me parece muy extraño que esto pase, de dónde yo provengo tenemos duelos por diversión. Aunque no son peligrosos ni duelen tanto cuando te atacan de imprevisto. Respondió sonriendo a pesar de que sabía que las peleas eran demasiado peligrosas, eso no le quitaba lo emocionante a las mismas. Hasta ahora había ganado casi todos sus duelos. Su verdadera preocupación debía ser cuando no pudiera combatir a su oponente tal como le pasó la primera vez.
-¿Cuándo te dijo eso? Atem apretó los puños con fuerza mientras el Guardián Celta volteaba a ver a su anfitrión, su energía había cambiado drásticamente al escuchar que su mejor amigo era demasiado imprudente por decirle las consecuencias de sus actos.
- Cuando nos hicimos amigos. Si vamos a luchar, ¿Quién ataca primero? ¿Usted o yo? Preguntó no queriendo dar detalles de aquella ocasión. No podía explicarle al Faraón que en aquella ocasión ella le había hablado solo porque se parecía al Mago Oscuro, realmente quería mantener esa parte en secreto para todos incluido Mahad.
-Atácame Yuriko. Demuéstrame hasta donde puede llegar tu poder. Atem estaba nervioso pero aún así debía enseñarle hasta ahora ella solo podía usar un ataque. Defensa o pelea debía aprender a utilizar ambos en la batalla.
El chico de cabello morado y ojos violetas siguió escribiendo lo que estaba escuchando, viendo ante él. Estaba seguro que una pelea digna de recordarse estaba a punto de ser vista.
-Esta bien. ¡Sacerdotisa utiliza El Conjuro de Magia Ancestral! Exclamó mientras alzaba su brazo, la Sacerdotisa se alzó contra el Guardián Celta del Faraón.
-¡Guardián Celta! Esquiva el Conjuro, usa "La Espada de Acero" para derribar a mi oponente. El Faraón dio su orden, su Guardián Celta esquivó el ataque mientras blandía su espada hacia la Sacerdotisa.
-¡Sacerdotisa! ¡Activa el Escudo del Milenio! Con tu báculo sagrado invoca a las "Arenas del Desierto" para camuflajearte del Adversario. Ordenó la tricolor mientras su criatura le obedecía.
Atem se sorprendió por lo que acababa de hacer Yuriko. La Sacerdotisa había desaparecido de su vista, más no del campo de batalla. No la vio venir hasta que ya era demasiado tarde. El monstruo Ka de la chica apareció en frente del Guardián, le proporcionó un golpe con su báculo, haciendo que el Monarca jadeara por el dolor, el golpe no había sido fuerte, de haberlo sido lo habría derrotado sin problemas.
-¡Mi Faraón! ¿Está bien? ¡Lo lamento no quise lastimarlo! La chica de ojos verdes se asustó al ver que el Rey se sujetaba con una mano el pecho.
El Guardián Celta volteó a ver de nuevo a su anfitrión, pudo sentir que se encontraba molesto por haber sido golpeado desprevenido. Trató de acercarse para hacerle saber que no era una batalla real como tal. Pero las acciones del Monarca, hicieron que la criatura solo pudiera seguir sus órdenes.
-¡Guardián Celta! ¡Ataque De Espada Silenciosa! Atem olvidó por completo que estaba en un entrenamiento sencillo con la tricolor, su ego lastimado por haber sido casi derrotado lo hizo actuar sin pensar en las consecuencias de sus actos.
El Guardián utilizó su espada, mientras la Sacerdotisa usaba su báculo para detener el ataque, la criatura y su portadora creyeron que podían detener el ataque, pero la espada rompió el báculo sagrado atravesando el cuerpo de la Sacerdotisa, Yuriko sintió como si el ataque lo estuviera recibiendo ella, sujetó su pecho mientras evitaba por todos los medios gritar, abrió sus ojos con fuerza, mientras un pequeño hilo de sangre, descendía de su boca, aunque trató de hacer que la invocación durara más tiempo, no pudo hacerlo, su cuerpo salió despedido hacia atrás mientras su Sacerdotisa desaparecía del campo.
Sameh se sorprendió al ver que el ataque que parecía sencillo había lastimado a Yuriko. Los juegos de las sombras eran peligrosos en realidad. Corrió soltando su pergamino, logrando sujetarla con sus brazos. Ella sollozó en silencio mientras el acarició su cabeza tratando de hacerla sentir mejor.
El Faraón sintió culpa al ver que su "Guardián Celta" lo observó con molestia. ¿Acaso las Criaturas de la Oscuridad, tenían pensamientos propios? El Guardián alzó la espada a manera de despedida esperando ser regresado a su lápida. Atem procedió a devolverlo del lugar donde lo llamó, se acercó a Sameh y a Yuriko. Tenía que reconocer que se había sobrepasado con la chica de ojos verdes, si el chico de ojos rojos no hubiera estado presente ella se había dado un golpe directo con el suelo, lastimándose más de lo que se encontraba en aquel momento.
-¡¡Mi Princesa!! ¿Estás bien? ¡No medí mi fuerza al luchar! ¡Perdóname! Exclamó el moreno de ojos violetas mientras se inclinaba ante su amada Princesa.
-Lo estoy Mi Faraón. Gracias, me duele el pecho, pero no es tan fuerte el dolor como aquella primera vez. Deberíamos entrenar más seguido ¿No cree? No es necesario disculparse, yo lo asusté; es normal que me haya vencido, usted lleva años practicando esto. Gracias por tu ayuda Sameh. Respondió limpiando las pequeñas lágrimas que recorrían su rostro. Se levantó sin ayuda de ambos hombres, si quería salvar a sus amigos, debía ser más fuerte. Las palabras dichas anteriormente por el Faraón eran ciertas: "No siempre estarán tus sirvientes para defenderte"
Sameh asintió levemente sin dejar de observar al Faraón, ¿Había escuchado bien? ¿Le había pedido perdón a Yuriko? ¿Acaso solo el había notado que El Guardián Celta estaba molesto con su anfitrión? Tenía que reconocer que si había sido brusco con la tricolor, pero en realidad le había atacado sin ser violento. Si ella algún día enfrentaba a otro tipo de rival, ellos no durarían en matarla lo más rápido posible. Lo que más le sorprendía era que le había pedido "perdón" a la chica de ojos verdes. ¿Desde cuando el Faraón y Rey de todo Egipto le pedía perdón a una invitada? Lo máximo que estaba seguro que hacían los monarcas era disculparse.
Yuriko sonrió a pesar del dolor, debía ser más fuerte, la única razón por la cual no se había desmayado era porque su condición física no se lo permitía, estaba segura que si no hubiese entrenado en su época, estaría desmayada en el piso.
-Debes descansar mi Princesa. Los ojos violetas del Faraón veían con culpa, con amor a la pequeña tricolor.
-Lo haré mi Faraón. Iré a mi habitación en este momento. Respondió ella desviando la mirada sonrojada desde que había pasado lo del Río Nilo, el Faraón se había vuelto muy sobreprotector con ella. Le agradaba la sensación cálida que el le hacía sentir dentro del pecho.
-¿Necesitas ayuda? Preguntó el chico de cabello morado, aún se preguntaba cómo era posible que ella siguiera de pie ante el ataque recibido.
-No Sameh, puedo ir sola. ¿Por qué no te quedas aquí con el Faraón y tratan de conocerse? Sonrió esperando que ambos buscaran una manera de conocerse, hizo una pequeña reverencia procediendo a salir de la azotea con dirección a su habitación.
El Faraón observó al nuevo amigo de su princesa. Según le había explicado ella, este joven era sabio en toda la extensión de la palabra. Para tener bastos conocimientos debió haber leído desde su más tierna infancia, se podía notar que no pertenecía a Egipto. Debía venir de las tierras lejanas aunque su piel era morena como la de los demás presentes. Según le había informado Jono, lo habían sacado de un grave apuro ya que estuvieron a punto de ejecutarlo en un juicio.
-¡Mi Faraón! Exclamó Sameh mientras se inclinaba ante el Rey de Egipto. A pesar de que en su aldea solo existían líderes sabía que los lugares donde gobernaba un Rey debía mostrar siempre respeto ante aquel ser que era considerado la viva encarnación de Ra. El dios de la mitología egipcia.
-No tienes que postrarte ante mí. Veo que tienes una gran amistad con Mi Princesa. Respondió sintiendo que por un breve momento los dos se consideraban como hermanos. Había notado que Yuriko había heredado la bondad de su "Otro Yo" aunque había heredado la valentía de su madre, Rebecca.
-Si, en realidad ella me liberó de mi cautiverio. La Princesa Yuriko es muy valiente. Se preocupa mucho por todas las personas que la rodean. Aunque es un poco impulsiva y torpe, quiere resolver todo por su propia cuenta pero hay situaciones que están fuera de su alcance. El chico se quedó callado al ver que el Monarca lo observaba fijamente.
-¿Situaciones? ¿Qué tipo de situaciones están fuera de su alcance?
-Faraón. ¿Alguna vez ha sido atacado de manera repentina? Usted es el Rey de este lugar, su palacio está rodeado de Guardias y Escoltas que deben morir para protegerlo si lo amerita la situación. ¿No le parece que de ser así que alguien entrara con tanta facilidad para intentar matarlo no tiene sentido? La razón de que eso haya sido posible es porque hay un traidor en su séquito de seguidores? ¿Alguien que conspira desde las sombras para derrocarlo del trono que le pertenece desde su nacimiento? Sameh sabía que estaba cometiendo una imprudencia al decirle esto al Rey pero al ver tan preocupada a la niña, debía hacer algo él, sabía que ella por su forma de ser podía hacer que la situación se complicará más.
-El Palacio ha recibido dos ataques en diferentes tiempos. Mis Sacerdotes aún no han podido obtener información sobre quién ha conspirado en mi contra. ¿Sospechas de alguien? Atem quería encerrar en el calabozo a el hombre que estuvo a punto de matar a su Princesa, aquella vez cuando Jono invocó a su propio Ka, "El Dragón Negro de Ojos Rojos"
-Sospecho de el Sacerdote Aknadin, mi Señor. El no es alguien de fiar. Sameh sabía que estaba jugando con su suerte pero no podía permitir que ella sola se encaminara por un camino equivocado. Prefería ser él quien fuese castigado si sus sospechas estaban infundadas.
El gobernante pensó que algo grave estaba pasando. Sabía que su tío siempre había tenido segundas intenciones con respecto a su Reinado. Sabía desde que era un niño pequeño que su tío Aknadin estaba resentido con su padre, Aknamkanon, por su gobierno. Le sorprendía que no hubiese tratado de derrocarlo cuando falleció su padre. A veces pensaba que si Aknadin hubiera tenido descendencia, probablemente se hubiese desencadenado una guerra por el trono de Egipto.
Atem desconocía en aquel momento que su tío si tenía un hijo, el cual era su Consejero, el próximo Visir del Reino. Su Sacerdote más leal, Seth era su primo, aunque ambos desconocían que la sangre que corría por sus venas era la misma.
-¿Qué te hace pensar que el puede ser un traidor, un conspirador del reinado de Egipto? Debía tener cautela al tratar este tema, si lo dicho por el joven era verdad, debían tener precaución para no alertar a el implicado.
-Mi Señor, el Sacerdote aunque trata de disfrazar sus acciones, he podido notar cierta tensión entre el y la Princesa, he visto que no le agrada la esposa del Sacerdote Seth. Es claro que está planeando hacerle algo a una de ellas, o en el peor de los casos a ambas. Sameh no era tonto, había notado desde el primer día que llegó al palacio que de todos los Sacerdotes Aknadin era el único que fingía estar de acuerdo con las decisiones de su Rey, algunas las tomaba porque Yuriko se lo pedía.
-Si es verdad lo que dices, te ordeno que lo vigiles. No voy a permitir que le haga algo a "Mi" Princesa, ni que lastime a su amiga más querida. Voy a solicitar a Mahad que te entrene. Necesito que al finalizar el día me busques en la sala del trono, me des un manuscrito con la información obtenida en el día.
El Monarca no pudo dudar de las palabras de aquel joven, se veía tan sincero al decirle lo que sospechaba, debía proteger por todos los medios a la hija de su "Otro yo", sabía que si Kisara resultaba herida en cualquier momento, eso podía romper su corazón, resultando ella herida de igual manera. Tratando de protegerla podría resultar herida. Aún quería saber porque fue que Yuriko se acercó tanto al Río Nilo en primer lugar, quién la rescató de las aguas, como fue que llegó al Pueblo, y las circunstancias que la llevaron a pelear con el Mercader de manzanas. ¿Su Princesa lo sabía? ¿Acaso Yuriko tenía conocimiento de esta situación? A eso se refería Sameh al decir que la situación estaba fuera de su alcance al tratar de resolver algo que se le iba de las manos.
-Como ordene mi Señor. Así se hará. El chico de ojos rojos se hallaba sorprendido de que El Faraón le creyera.
Por un momento creyó que el desconfiaría de él, tal y como pasó con el Sacerdote y el Escolta que no le dieron crédito a las palabras de la tricolor. Si ella le hubiera dicho a él Rey sus sospechas, ¿Habría reaccionado igual o habría encerrado a Aknadin en el calabozo? Podía darse cuenta que el Faraón quería proteger a la tricolor de todos los peligros que podía correr al ser una "Protegida e Invitada de Honor"
En su alcoba sentada sobre la orilla de la cama. Yuriko suspiró con fuerza, tenía que reconocer que el golpe que le dio el Faraón le había dolido mucho.
-Parece que está vez, si te dolió el golpe. ¿Cierto Amira?
La tricolor reconoció la voz sin voltear a ver, a veces se preguntaba si él hecho de casi ahogarse en el Río le estaba permitiendo verla a ella. La primera vez creyó que había desarrollado una especie de poder que le permitiría ver a los seres del otro plano después de la muerte. Pero solo a Shin'aina era capaz de ver. ¿Por qué podía verla? Ella no era el tipo de ente que podía tomar posesión de su cuerpo. Manejarlo a su antojo. Ella parecía ser más guía espiritual que un entidad maligna. ¿Acaso la castaña siempre había estado ahí con ella?
-Shin'aina es claro que sí. Me dolió pero ya sabes que no puedo ser débil. Además recuerda que tú misma me dijiste que si volvía a Egipto, tendría muchas aventuras y desventuras en mi vida. Así que debo entrenar más. Tu sabes que no dejaré que Mahad, Kisara y El Faraón mueran. Aún tengo que mejorar mucho en mis clases de magia, en la lucha cuerpo a cuerpo. En la arquería y ahora con el DiaDhank. ¿Algún día me dirás quién eres? Le dijo mientras limpiaba delicadamente los rastros de sangre de su piel.
-Si, algún día pequeña Amira. Aún no es el momento. Respondió la castaña mientras sus ojos celestes pálidos brillaban ante ella.
-Sameh me ha enseñado a ser prudente, cuando desees decírmelo, te escucharé. Shin'aina voy a dormir un poco. Espero tu también puedas descansar. La tricolor no se preocupó en cambiarse de ropas, solamente se quitó los zapatos lanzándose en la cama, el Rompecabezas del milenio y el collar que se había vuelto preciado para ella fueron dejados en una pequeña mesa de madera. Necesitaba dormir, relajarse, Sameh podría ayudarle más tarde al leer los pergaminos de la biblioteca, quizás podrían encontrar algo que le ayudara a evitar la futura guerra. Incluso podría conversar con su madre, hasta Bak podría ayudarlos a ambos, ya que conocía muy bien las calles del pueblo. Pensando en todas sus futuras opciones se quedó dormida.
Shin'aina la observó dormir, a diferencia de ella que no necesitaba recuperar fuerzas debía ayudarle en todo sentido. No la dejaría sola, además que ella protegería a su hermano. Ya no tenía un cuerpo físico para hacer las cosas. Pero podía guiar a su Amira. Lo haría por él siempre por él, seguía siendo todo para ella a pesar de la muerte.
Los días avanzaron con lentitud, la relación con Jono había mejorado notablemente, Mireya, Kisara y Mana lo consideraban ya un amigo. Mahad lo había estado entrenando con el DiaDhank, había logrado llamar a su primera criatura: El Emboscador cuidador de Tumbas. Había tenido la oportunidad de conocer a los padres de Yuriko: El Señor Yugi y la Señora Rebecca.
Al mirarlos quedó maravillado al ver a la madre de Yuriko. Tan hermosa como su hija, notó que el color de ojos de Yuriko era herencia de su madre. Con su padre la situación fue diferente casi grita de sorpresa al ver que era una persona físicamente igual al Faraón, por un momento creyó que el Señor Yugi era familiar del Faraón, algún hermano mayor del Rey o tío. Luego desechó esos pensamientos, no era probable que fueran familia, no serían simples invitados si fueran familia del Faraón.
Llevaba días siguiendo a Aknadin pero no había obtenido pruebas de su conspiración.
Sameh se arrodilló ante el Faraón, aunque por una vez en su vida quería negar lo evidente estaba muy ilusionado. Su sueño se había vuelto realidad, ahora podía seguir aprendiendo más sobre tantos temas que podrían saciar su curiosidad, ahora tenía amigos aquellos que no tenia en Muracuc, tenía el privilegio de tener su propio DiaDhank, su vida había mejorado, ya no tendría que escapar ni volver a temer por convertirse en esclavo. Los seis sacerdotes del Faraón estaban presentes al igual que el séquito de la princesa: Jono, Mireya y Kisara. Yuriko sonreía con orgullo palpable, ella había cumplido su promesa de protegerlo, de cambiar su vida.
-Sameh. Te nombro mi Escriba Real. -Exclamó el Faraón mientras el Sacerdote Shada junto al Sacerdote Karim le hacían entrega de dos pulseras de oro, un pequeño collar de lapislázuli decorado con plata. A su vez le entregaron una paleta con huecos para tintas de diferentes colores, una jarra de agua, un pequeño cálamo de papiro con estuche- A partir de hoy te harás cargo de transcribir mis órdenes, calcular los impuestos y verificar los trabajos de construcción de mi Reino.
No pudo evitar sonreír mientras Yuriko lo observaba desde la multitud. Su promesa de escribir sus aventuras junto a ella seguía viviente en su corazón.
Cuidaría de su hermana pequeña, Yuriko cuidaría de él. Estaba seguro que una nueva era de esperanza estaba llegando a Egipto, la era de la oscuridad debía ser detenida, estaba seguro que junto a Jono, Kisara y Mireya protegerían a "El Faraón y a La Princesa de Egipto".
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Bueno amigos hasta aquí llegó la segunda parte de Sameh El Escriba Real. Quiero agradecer a Danilinho Ramrez y Mr Cena por leer mi historia y por sus comentarios. Gracias por su apoyo en mi historia. La historia se actualiza una o dos veces al mes dependiendo del tiempo de edición. Y quiero agradecer a Z-Arc por leerlo aunque siente que la historia perdió la emoción por qué se ha omitido los duelos, en realidad no los he omitido, solo que los duelos de DiaDhank no son como los duelos reales de Yu-Gi-Oh. Los duelos con fuerza Ba y fuerza Ka son más de fuerza que de estrategia. Aún así gracias por leerlo.
Explico algunos detalles importantes de la trama que pueden causar confusión:
Escriba Real: solían venir de dos procedencias de clase baja pero eran muy inteligentes y educados. La otra procedencia surgía de ser escogidos y formados en el entorno de la familia real. Los cargos comenzaron a heredarse de padres a hijos.
Cálamo: Es una caña hueca, cortada oblicuamente en su extremo, se utilizaba para escribir en la antigüedad.
Nombres de los ataques: Honestamente los nombres son inventados, algunos si serán de los nombrados en Yu-Gi-Oh Duel Monsters.
Muchas gracias espero les haya gustado y nos vemos en el próximo capítulo de "El Conjuro Secreto"
Atentamente,
Sharlotte Soubirous.
