Hola amigos ya tengo listo el capítulo 13 de "El Conjuro Secreto" espero sea de su agrado.
Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.
Sin más que agregar doy por iniciado el capítulo. Este capítulo estará narrado desde la perspectiva de Atem y de Yugi. Al ser el segundo protagonista ya era momento de que brillara, casi todos los capítulos están narrados desde el punto de vista de Yuriko. Además de que Yugi es un protagonista menor.
El Conjuro Secreto: Capítulo 13: Oasis.
Advertencia 1: Lenguaje vulgar.
Advertencia 2: Insinuaciones entre líneas de asesinato premeditado.
Advertencia 3: leves insinuaciones sexuales.
Atem era una persona de pocas palabras. A pesar de tener 17 años, en un par de meses cumpliría 18 en realidad, tenía sobre sus hombros el gran peso de ser el gobernante de su tierra. Debía mostrarse fuerte ante todos, solo había una persona que lograba sacar a flote sus verdaderos sentimientos. Yuriko, a quién el mismo había nombrado su princesa, la persona de la que estaba enamorado.
Atem sabía a la perfección que sus más allegados estaban enterados de su enamoramiento con respecto a la niña de ojos verdes. Ella contaba con 15 años, pero era inocente en muchos temas, el lo había comprobado al ver en cuántos problemas se había metido la chica en los últimos seis meses que tenía de vivir en su palacio.
Varios de los mismos habían sido resueltos por el como Rey que era. Algunas veces tuvo que saltarse las mismas reglas en las que vivían solo por verla sonreír. Actualmente estaba a cargo de tres personas adicionales en su corte real que no necesitaba, pero sabía que ella estaba dispuesta a rescatar de una o otra forma a aquellas personas de su miseria.
Jono, Mireya y Sameh. Tres personas que estaban en el palacio por ella. Para cuidarla y acompañarla cuando no podía hacerlo el en persona. El rubio como su guardián y escolta personal, la rubia como su doncella quién debía ir con ella a los lugares donde no podía ir Jono por ser hombre y el chico de cabello morado a quién le asignó ser el escriba real del Pueblo.
Reconocía que los cargos eran solo pretextos. A excepción del cargo de Sameh. Como Rey de todo Egipto el podía decidir si se quedaban o no sin que nadie le cuestionara, podía pagarles o simplemente tenerlos como servidumbre en su hogar. Pero al ver los ojos verdes de Yuriko suplicándole que les permitiera quedarse no se negó. Las primeras dos veces existieron dos intermediarios: Yugi, su "compañero" y Mahad su mejor amigo y hechicero real de la corte. La tercera ocasión ella abogó en persona. Aún podía recordar cuando Yugi y Shimon Muran escondían los pergaminos de solicitud de matrimonio. Dichos papeles ardieron en el fogón de la cena esa misma noche. Solo de recordar que habían sujetos solicitando su mano en matrimonio le hacía sentir enojado.
El Faraón a pesar de estar recostado en su espaciosa cama mientras pensaba en los acontecimientos de los últimos días suspiró pensando en que debía hacer para comprobar lo que le había insinuado su más reciente escriba.
Atem no quería esconder sus sentimientos con la hija de su compañero. Existía una persona dentro de su palacio que le hacía sentir inseguro de lo que representaba su amor por ella: Mahad, su mejor amigo. Porque desde el principio notó que se habían vuelto amigos cercanos. Y a pesar de que Atem había estado presente en la boda del castaño, sabía que el no engañaría a Isis con ni una sola mujer, su corazón se sobresaltaba al verlos juntos.
Yuriko quería a Mahad como un hermano. Al menos de eso se trataba de convencer con las versiones recibidas de sus allegados el Faraón. Había tenido varias conversaciones con Yugi y el le había contado en confianza que Rebecca y el no habían tenido más hijos. Aunque estaban planificando tener un hijo o hija más. Yuriko pasó toda su niñez y parte de su adolescencia compartiendo con sus amigos de su época: Jordán Wheeler, Takeru Taylor, Yamato Gardner, Raeden Bakura y el pequeño Noah Kaiba.
Para el Faraón no era ni una sorpresa el enterarse que Joey y Mai habían terminado juntos se podía notar su amor mutuo a pesar de la notoria diferencia de edades. Mai era ocho años mayor que Joey. Lo otro que no le sorprendía era el hecho de que Tristán y Serenity se habían casado. Entendió desde el primer momento que su otro amigo estaba enamorado de la hermanita de Joey. Lo que si le sorprendía era el hecho de que Mokuba a pesar de que solo era un niño la última vez que lo vio, tenía un hijo. Siendo Seto el único que no tenía una familia como tal. Hasta Tea y Ryou tenían sus propios hijos. Quizás Seto estaba destinado a estar solo o podía ser que aún no hubiera encontrado a su pareja, sabiendo que Seth es la reencarnación pasada de Kaiba era posible que aún no encontrara a la encarnación futura de Kisara.
Mientras que para Yugi habían pasado 25 años, una vida entera casi, para el Monarca solo habían sido unos meses. Se hizo la pregunta de qué cuando ellos pudiesen volver a su época, si los años pasarían de distinta forma. Cuando Yugi y Yuriko se fueran.
Sus ojos violetas se agrandaron y la tristeza llenó su corazón. Su Princesa se iría de su lado, volvería a su verdadero hogar, ellos no se verían de nuevo, su miedo creció al darse cuenta que ella pertenecía al futuro, él al pasado. Además de que su vida corría peligro, si era cierto que Aknadin estaba conspirando en su contra olvidaría que era su pariente, lo mandaría a ejecutar en el acto o el se encargaría de la situación con sus propias manos.
No iba a resignarse debía existir alguna forma en la cual ella pudiese quedarse con él, estar a su lado y gobernar Egipto juntos. La otra opción era que el renunciara a su cargo como Faraón cederle el trono al más apto de sus Sacerdotes en este caso era Seth e irse con ellos al futuro. Ya había estado en Ciudad Domino, conocía los lugares donde poder trabajar. Suspiró al darse cuenta que su enamoramiento lo estaba haciendo pensar en demasiadas probabilidades y el aún no había conquistado el corazón de su Yuriko.
Ella lo había conseguido sin esfuerzo, sin obligarlo, sin siquiera usar su cuerpo o la coquetería. Lo único que hizo fue ser ella misma, aunque Atem aún quería saber porque era tan impulsiva, porque se hallaba siempre a la defensiva. ¿Quién le había hecho tanto daño que la había forzado a ser alguien completamente diferente? ¿Por qué despreciaba tanto que la llamaran hija de Yugi? ¿Por qué se enojaba tanto cuando se mofaban de su altura?
Aunque se hallaba ocupado a todas horas, este día sería diferente. Haría lo que hacía cuando no quería recibir con su tutor Shimon Muran clases sobre cómo gobernar su futuro reino, el Faraón Atem se escaparía de sus responsabilidades por un día y lo compartiría con su adorada princesa.
Lo primero que debía hacer era darse un baño, se vestiría de manera diferente, lo único que no podía dejar era su rompecabezas milenario pero haría lo posible por ocultarlo en sus prendas. Escogió una túnica de color azul con una capucha de color negro para cubrir su extravagante cabellera puntiaguda, sus joyas de oro las dejó guardadas en su habitación, lo único que no se quitó fue su DiaDhank. Ambos le eran indispensables por si lo atacaban de manera repentina, a veces se preguntaba cómo era que Yuriko solía meterse en problemas cuando iba al Pueblo.
Sentía que no podía negarle nada a la chica de ojos verdes, aún recordaba la primera vez que la vio sentada jugando con las flores del jardín, tenía el cabello húmedo posiblemente se habría bañado antes de salir y su expresión era de aburrimiento, el estuvo un tiempo observándola y sin saber el porqué la llamó desde el lugar donde él se encontraba, el balcón principal del palacio. Decidió que lo mejor que podía hacer era pedirle a dos de sus doncellas que la llevaran al Pueblo y le compraran todo lo indispensable, no lo hacía porque no tuviera nada que ofrecer, lo hacía porque sentía que lo disponible en su palacio no era suficiente para agradarla. No la conocía en aquel tiempo tanto como ahora pero creyó que necesitaría más telas para complementar sus vestiduras.
Poco a poco fue comprobando que había heredado la inseguridad de Yugi y de Rebecca más allá que los ojos verdes. No podría precisar una fecha exacta en la cual su corazón comenzó a latir con fuerza por ella.
Salió de su habitación dispuesto a estar todo el día con Yuriko, y por la hora que era sabía dónde podría encontrarla.
0000
Yuriko se hallaba sola sentada en el jardín. Desde que el Faraón le permitió entrar al lugar ella se dedicaba a visitarlo, cuidarlo por las mañanas después de sus clases con Isis y con Mireya. Por alguna razón cuidar de cada una de las flores presentes le hacía sentir en casa, su pasatiempo jamás fue la jardinería pero aquí con solo sentir el aroma de las mismas podía cerrar los ojos, sentía que se transportaba a su época, y que por las calles cercanas a su hogar corría jugando con Noah. Su pequeño Noah.
Desde pequeña sus flores preferidas habían sido las gardenias y las rosas de color rojo. Su color favorito en todo el mundo, pudo sentir la presencia de Shin'aina a su lado. A veces pensaba que se parecían mucho en sus actitudes, porque físicamente no tenían nada en común o al menos eso quería creer la tricolor. Su cabello castaño le llegaba al hombro y sus ojos celestes le hacían recordar a cierto mago que ella consideraba su hermano.
Pero no era posible que estuvieran emparentados. Mahad había mencionado que tenía una hermana, quizás pronto la conocería, porque Yuriko podía ser inocente en muchos aspectos importantes de la vida, pero con Shin'aina se había dado cuenta desde el primer instante en el que se vieron una a la otra que ella era una especie de alma que vagaba en su plano terrenal. Yuriko comprendió que si solo ella la podía ver, era porque la castaña ya estaba muerta, había algo que aún la ataba al mundo de la vida, algún asunto pendiente que no le permitió atravesar el umbral del más allá y alcanzar el descanso eterno o la reencarnación próxima. A pesar de que sus padres no le inculcaron ninguna creencia religiosa, Yuriko sabía que existían distintas versiones de lo que se creía que era la vida después de la muerte. Creía en la reencarnación, aunque no se lo hubiese dicho a sus padres, tenía su propio concepto de ello. Quería entender porque podía verla, cual era su conexión entre ellas. Pero no la presionaría dejaría que ella le hablara de su pasado cuando fuera el momento indicado.
Shin'aina observó a Yuriko con nostalgia, a pesar de que podía decirle en estos momentos la verdad de su origen, se aseguraría de que la chica de ojos verdes estaría lista para ese momento. Porque a pesar de todo ya le tenía afecto, pero no quería verla llorando cuando le dijera la realidad. Aún le dolía recordar cuando a lo lejos vio al señor Yugi abrazarla mientras ella gritaba por Kisara y por Mahad. Mahad, aún dolía a pesar de los años transcurridos. 9 años en esta época y tres mil años en la época de Yuriko. Si tuviera corazón este dentro de ella la haría estremecerse de dolor. El viento movió delicadamente el cabello negro y los mechones rubios de la chica mientras acariciaba con los ojos cerrados el collar de la anterior reina de Egipto sin saber que a ella le había pertenecido. Encontraría la forma de salvar a sus amigos, ayudaría al Faraón y si era posible haría que el enemigo pudiese enmendar su camino. Sin necesidad de ser asesinado o encarcelado.
Yuriko desconocía en aquellos instantes que en su corazón estaba reposando el futuro de aquel enemigo. Que ella ya lo había conocido anteriormente.
Así fue como la encontró Atem. Estaba meditando algo importante y el no pudo evitar sonrojarse, se veía tan hermosa con los ojos cerrados, sin poder evitarlo Atem imaginó que ella lo abrazaba mientras era su pecho el que acariciaba en lugar del collar de su amada madre.
No estuvo consciente de cuanto tiempo estuvo así imaginando que ella lo tenía en sus brazos hasta que escuchó su hermosa voz llamándolo.
-¿Faraón?
Por un momento no supo que decir, aquella mirada serena lo invitaba a hablarle en voz alta.
-Si Yuriko, soy yo. Parecía tonto pero fue lo único que se le ocurrió decir.
-¿Por qué está vestido de esa manera? ¿Alguien murió? ¡Mahad! ¡Kisara! ¿Ellos están bien? Pudo ver que sus ojos se llenaban de lágrimas mientras colocaba su mano encima de su pecho cerca de su corazón.
-Nadie ha muerto. Solamente estoy disfrazado, quería preguntarte si estás libre el día de hoy. Hizo todo lo posible para que no se escuchara como un soberano que le exigía su presencia. Era la única a la que le podía hablar con ternura.
-¿Hoy? Veamos. Mahad e Isis están en una reunión importante, así que no tengo clases de modales ni de magia hoy. Jono y Mireya tienen el día libre pero se fueron juntos al pueblo. Seth fue esta buscando unos manuscritos importantes. Kisara está terminando de arreglar su casa. Sameh está leyendo en la biblioteca. Papá y mamá están con el abuelo Shimon. Estoy libre al parecer… Respondió meditando su respuesta, recuperando su habitual tranquilidad.
-¿Te gustaría acompañarme? Voy a salir por un momento y te agradecería si puedes venir. Preguntó temiendo que ella rechazara su propuesta.
Yuriko sonrió mientras se levantaba del suelo, normalmente con quiénes más salía de paseo era con Jono, Mireya, Kisara y Mahad pero en esta ocasión se le presentaba la oportunidad de salir con el Faraón. Se sintió un poco nerviosa pero era una oportunidad que no estaba dispuesta a dejar ir. Quizás podría conversar sobre su pasado con su padre y aunque Yugi se lo tenía prohibido le hablaría sobre lo que le esperaba en su futuro.
-Me encantaría. ¿A dónde iremos?
-Lo sabrás cuando lleguemos allá. Yuriko nos tenemos que ir en este momento. Usaremos mi caballo así que tendrás que sujetarme fuerte. ¿De acuerdo? Trató de ocultar la emoción de saber que estarían juntos desde aquella vez que lo estuvieron en el jardín de su magnífico palacio. La ocasión donde casi se besaban, aunque Mana los interrumpió.
-De acuerdo.
Se tomaron de la mano. Atem notó que ella llevaba puesto un vestido sencillo de color violeta. Tenía que llevarla a la salida donde su caballo los estaba esperando. Sabía a qué lugar llevarla para que nadie les interrumpiera, se sentía como si estuvieran en una cita. Sonrió borrando tal pensamiento de su mente, con la única persona que salió obligadamente en el futuro fue con Tea. Yugi le jugó una broma que él después se encargó de cobrarle, con Mana solamente se dedicó a regalarle flores e iban a nadar al Río Nilo. Pero a donde llevaría a Yuriko era un lugar especial al cual el solo podría llevar a su futura Reina.
Él se subió al caballo primero notó que ella aún le atemorizaba. Alzó su mano para que ella pudiera subirse con el. Pudo sentir cuando sus pequeñas manos rodearon su pecho, sintiendo una sensación cálida y placentera. Ella recostó su cabeza en la espalda de él. Debía ir despacio o su princesa se asustaría aún más de lo que ya estaba. No estaba tan lejos el lugar a donde irían.
-¿Iremos solos? Preguntó Yuriko dándose cuenta que solamente ellos dos iban con rumbo a un lugar desconocido.
-No. En realidad nos están esperando en el lugar a donde vamos. Le respondió sabiendo que no le estaba mintiendo. Allá les esperaban más sirvientes que tenía a su cargo.
0000
Para Shimon Muran era demasiado tarde para que Atem siguiera dormido en su alcoba, sabía que aún era demasiado joven para reinar le hubiera gustado que el siguiera disfrutando de su juventud siendo el príncipe heredero. Pero eso ya no era posible. Aknamkanon estaba a punto de cumplir un año de que fue juzgado en el Duat. Lo único que le quedaba era seguir apoyando a Atem. Aún era considerado el Visir del Reino aunque ese puesto le pertenecía a Seth. Sabía que ninguno de los dos lo retirarían del cargo hasta que el escogiera renunciar quedando como un consejero más, pero Shimon aún se consideraba útil para la corte real.
Tocó la puerta de los aposentos del Faraón, a esta hora el solía salir listo para empezar con los deberes reales. Pero hoy llevaba varios minutos de retraso. El silencio le recibió en aquella habitación, eso le pareció extraño, notó que la puerta estaba abierta. Sabiendo que no estaba permitido que pudiese entrar solo dejó la puerta al descubierto mientras comenzaba a llamar a su rey.
-¡Faraón! ¡Rey Mío! Se encuentra retrasado de sus deberes. Por favor salga, debemos darnos prisa, hoy debemos establecer un lapso de tiempo para repartir la cosecha de alimentos entre los más necesitados. Además debemos revisar los informes de los reportes sobre el Rey de Los Ladrones… ¡Oh no! Eso aún no se lo habíamos informado. ¡No se enoje conmigo Faraón! ¿Faraón? ¡Faraón! Shimon Muran jadeó con fuerza al comprobar que su Rey no estaba en su habitación, por un momento creyó que algo le había pasado. Notó que sus vestiduras reales estaban sobre su cama. Lo único que no estaba a la vista era el rompecabezas milenario y el DiaDhank del Faraón.
¿Atem se había ido o lo habían capturado? El Rey de los Ladrones estaba suelto por las calles de Egipto, podría conspirar en contra de su Rey. Debía avisar de inmediato que su Faraón no estaba. Quería convencerse de que si se había ido saldría escoltado. Corrió sin mirar atrás hasta que llegó a la sala donde solían reunirse para hablar temas importantes de la corte, sintió que se desplomaría en el suelo al comprobar que los seis guardianes del Faraón estaban en el palacio. Si Atem había salido lo había hecho solo. Cuando era el príncipe solía hacerlo a menudo, pero la diferencia era que ahora era el Faraón y si algo le llegaba a pasar. ¿Quién se haría cargo del Reino? Atem era el único heredero legítimo de la corona de Egipto.
-¿Qué pasa Maestro Shimon? ¿Por qué está tan preocupado? Preguntó Shada al ver al visir real quien había ingresado corriendo a la habitación.
-¡El Faraón desapareció! Dijo finalmente dándose cuenta que las personas a su alrededor se sorprendieron de tal noticia.
-¿Qué? ¿Cómo que el Faraón no está? Aknadin fue el primero en interrogar al Visir.
Ellos dos eran los únicos que habían pertenecido a la sagrada corte real del Faraón anterior. Los otros guardianes ya se habían retirado de la corte, uno había emigrado a otro país y la única mujer de aquel grupo ya había fallecido un tiempo atrás.
-Lo busqué en sus aposentos, pero en su cama únicamente está su ropa. Su DiaDhank y su rompecabezas milenario no está. Creí que habría salido escoltado, pero al ver que ustedes seis están aquí no tengo idea si se fue por voluntad propia.
-Maestro Shimon, tenemos que encontrarlo. Exclamó Seth preocupado por el destino de su Rey.
-No quisiera interrumpir su reunión importante, Sacerdotes pero afuera está el señor Yugi. Parece que está buscando a su hija. Uno de los guardias se acercó mientras informaba de la situación.
-Yohei no tenemos tiempo para las tonterías de esa irrespetuosa. Esa niñita caprichosa trae más problemas que soluciones al palacio. Respondió Aknadin de mala gana. Lo más importante para él, era que su querido sobrino no apareciera, así el podía nombrar a Seth como el único gobernante de Egipto.
-¡Señor Aknadin! Le pido que no se exprese así de mi hija. Además necesito hablar con el Faraón. No he visto a Yuriko desde la mañana. Respondió el tricolor mayor conteniendo su furia debía recordar que frente a él estaba un venerable anciano. Tenía que hacerlo antes de darle un puñetazo, reconocía que a ese hombre no le agradaba su niña.
-¡Señor Yugi! Es más importante buscar al Faraón. En estos momentos se encuentra desaparecido. A su estúpido engendro se le puede buscar en otro momento. Quién sabe tal vez está por ahí perdiendo el tiempo con esa asquerosa extranjera o con las escorias que recogió del Pueblo. El anciano no pudo disfrazar el odio y asco que sentía por los protegidos de la autonombrada Princesa, sin darse cuenta había insultado su nombre.
Los otros cinco guardianes guardaron silencio, dos de ellos Seth y Mahad tuvieron que contenerse para no golpear al sacerdote anciano. Los había hecho perder la calma en la ocasión donde habían buscado a Yuriko en el Nilo. A pesar de eso se indignaron los dos, puesto que llamó a sus amigos escorias. Había insultado tanto a Kisara como a Yuriko y eso era algo que Seth no le iba a perdonar a su Maestro, apretó la varilla del cetro milenario. Si nadie iba a detenerlo, el lo haría, estaba hartándose de la situación. Nadie insultaba a su "Brillo de Sol" ni a su "Pupila".
Esa fue la gota que derramó el vaso de la paciencia de Yugi. Comenzó a caminar en silencio, llegó hasta donde estaba aquel sacerdote al cual le había tolerado las faltas de respeto hacia su hija, pero ya no lo soportaría. No le iba a permitir un insulto más. Si en su futuro no pudo defender a su pequeña en esta época estaría dispuesto a enfrentarse a todos por ella, incluso si debía hacerle frente a su "Otro Yo" lo haría sin dudas o remordimientos.
Lo tomó de la túnica, lo alzó por los aires a pesar de que Yugi era más bajo que Aknadin eso no fue impedimento para que el adulto mayor quedara a merced de el tricolor.
-¡Escúcheme bien Sacerdote Aknadin! ¡Es la última vez que insulta a mi hija! ¿Qué tiene en contra de ella? Desde que llegamos aquí pude percibir que usted la desprecia a ella y a sus allegados. Ya no le voy a permitir que la humille en mi presencia. Procedió a bajarlo Aknadin creyendo que eso era todo lo que le diría se relajó.
-Mi molestia con su hija, es porque ella es una maldita prostituta. Ofreciéndosele a El Faraón, como si él la pudiera tomar en serio. Egipto no aceptará a una reina de piel blanca en sus dominios. Solo véanse los cuatro: usted, su mujer, su engendro y la otra extranjera. Tan poca cosa, pueblerinos de un lugar tan lejano. ¡Escorias inmundas que solo le generan perdidas a Egipto! Aknadin se dio cuenta demasiado tarde que había hablado de más.
Yugi volteó mientras alzaba el brazo propinándole un puñetazo en la mejilla izquierda al hombre haciéndolo caer directo al suelo.
-¡Le advertí hace un momento que no le permitiría ni un insulto más! ¡Ya basta! ¡Con mi hija, mi esposa y la mejor amiga de ella no se meterá nadie! Somos diferentes eso es cierto, pero el único que puede exiliarnos de su tierra es el Faraón. No usted. ¡A mi me puede decir lo que le venga en gana! Pero a ellas déjelas en paz. Mi hija no es una cualquiera. ¡Atrévase a decirlo una vez más! ¡No me contendré la próxima vez! Por un momento Yugi se sentía como en un trance, la ira que sentía florecer desde lo más profundo de su alma le hacía observarlo con una mirada fría, penetrante y burlonamente sádica.
Aknadin lo observó incrédulo, ante el pudo imaginar a su sobrino observándole con desdén. Sintió un nudo en el estómago, con sus palabras había quedado expuesto como un traidor. Todos sabían que Atem estaba encaprichado con la niña estúpida.
-¡Sacerdotes del Faraón! -Habló el tricolor mientras los mencionados lo observaban como si delante de ellos estuviera su Rey- No soy quien para decirles lo que deben o no hacer. Si es cierto que El Faraón salió sin escoltas deben buscarlo y protegerlo. ¡Dense prisa! ¿Qué están esperando?
Ni una sola persona desobedeció a pesar de que el hombre ante ellos no era el Faraón. Tenía razón debían asegurarse que el Monarca estuviera bien.
Mahad sintió una fuerte presión en el pecho, dudó de las intenciones de su maestro Aknadin. Recordó las palabras dichas por su pequeña lirio: " Hay un traidor entre nosotros" tenía que reconocer que hablaría con su maestro. Ni una sola persona en todo Egipto le faltaría el respeto a uno de los suyos, mucho menos a la futura Reina de Egipto.
Seth seguía muy molesto con su Maestro, le agradecía al señor Yugi haber defendido a su esposa, esa no era la actitud que conocía de Aknadin. Lo mantendría vigilado, si se atrevía a insultar nuevamente el nombre de Kisara lo mataría con sus propias manos.
Aknadin no pudo soportar la mirada gélida de Seth. Porque era su hijo quién lo veía con desprecio. Maldecía la hora en la cual Seth se enamoró de Kisara, el momento en el cual nació en segundo lugar. Si Aknamkanon hubiera sido el hermano menor, él sería el Faraón, su hijo su sucesor. Pero el cambiaría las cosas. Solo debía eliminar a quienes estaban en medio de sus objetivos. Después Seth y él gobernarían a Egipto y un nuevo reinado dominaría sus tierras.
Yugi trató de calmarse, sentía que estaban difamando a su hija, incluso insinuó que ella podría volverse la Reina de Egipto, cuando el trataba de convencerse de que Atem jamás pondría sus ojos en ella, sospechó que Yuriko estaría involucrada en la supuesta desaparición de Atem.
Yugi esta vez estaba equivocado. Porque Yuriko no era la que había tomado la decisión está vez era el destino quien había tomado las riendas de la situación.
0000
Habían llegado a él único lugar donde Atem sabía que no lo buscarían. La última vez que había venido fue con su padre cuando tenía 15 años, su princesa estuvo muy tranquila en todo el camino. Abrazándolo cuando el caballo corría con prisa, ella se apegaba más a él. Llegó un momento en el cual pudo sentir los pechos de ella presionándose contra su espalda, se excitó por ese roce involuntario de sus cuerpos. Aunque lo disimuló, no dijo nada. Solamente los trotes del caballo era lo que le mantenía con la mente puesta en el camino. Esa era la razón por la cual ella se había quedado callada, porque le avergonzaba preguntarle a El Faraón si había sentido su cuerpo frotándose al de ella. Pudo sentir la fuerte espalda del joven Monarca, era la primera vez que sentía el cuerpo de un hombre demasiado cerca de ella. A pesar de que todos sus amigos en su época futurista eran hombres, lo máximo que habían hecho era tomarla de la mano o rodearla de la cintura para bailar cuando se trataba de un baile de música clásica. Aunque Bak la había apegado a él la última vez que se vieron en la boda de Kisara no había sentido tanta cercanía como en este momento.
Había recibido clases de anatomía humana así que sabía cómo estaba formado el cuerpo de un hombre. Al menos hasta donde le habían indicado en sus clases, tenía que reconocer que Atem era un hombre demasiado atractivo, aunque fuera amigo de su padre.
-Llegamos. Voy a bajarme primero y te ayudaré. Salió de sus pensamientos hasta que escuchó su fuerte voz hablándole.
Le ayudó a bajar del caballo, mientras el colocaba sus manos en su diminuta cintura y ella lo tomaba de los hombros. Se apegó de nuevo a él sintiendo esta vez su fuerte pecho cerca de su cabeza. Se sonrojó débilmente al observar los labios del Faraón recordando que estuvo a punto de besarlo.
-¿Dónde estamos? Preguntó tratando de disimular los nervios que sentía por estar tan cerca de el monarca.
-Estamos en un lugar seguro. Es un Oasis, propiedad de la familia real. No solemos utilizarlo con frecuencia pero solo un número determinado de personas cuidan aquí. Omitió el pequeño detalle de que solo el Faraón y su Reina podían entrar en ese lugar. Sus ancestros lo habían hecho con anterioridad.
Yuriko sonrió mientras observaba el lugar con sorpresa. Ante ella estaba un lugar lleno de vida, había un pequeño estanque de agua en medio de las arenas del desierto, unos hermosos árboles, flores y palmeras adornaban todo a su alrededor. Vio que había una especie de casa de barro que por fuera se veía pequeña pero estaba segura que por dentro era grande y cómoda. Observó dos casas más, probablemente ahí vivían los encargados de cuidar el hermoso lugar.
-Es un lugar muy hermoso, Mi Faraón. Exclamó maravillada la chica mientras juntaba sus manos como si estuviese haciendo una plegaria.
-Atem. Ella era la única persona que desconocía su nombre, desde que se convirtió en el Rey de su Pueblo, la mayoría solo lo llamaban con su nombre de nacimiento cuando estaban solos por el protocolo real. Ahora era la encarnación de Ra en la tierra. Y no era bien visto que se le llamara por su nombre humano.
Yuriko se sorprendió al escuchar su verdadero nombre. Sabía por las anécdotas de sus abuelos que los Reyes de Egipto no eran llamados por sus nombres al ser los gobernantes. Era una falta de respeto llamarlos por sus nombres de nacimiento, porque eran el contenedor humano de los dioses. ¿Atem era su nombre? Sintió cosquillas en el estómago al escucharlo.
-¿Su nombre es…? Sus nervios la traicionaron sin poder concluir la oración.
-Mi nombre es Atem. Puedes llamarme así cuando estemos solos tu y yo. -Sabía que sus súbditos estaban presentes, en un momento hablaría con ellos, necesitaba que no salieran de su casa- Regreso en un momento. Iré a hablar con mis súbditos.
La dejó sola rodeada de sus pensamientos. Emocionada con el lugar, con la oportunidad de que ella pudiera hablar a solas con el, sin que les pudieran interrumpir terceras personas.
0000
Kisara y Sameh observaron con sorpresa a Seth. ¿El Faraón y la Princesa se habían ido juntos? Ese era el informe final que habían recibido de los guardias que custodiaban la puerta trasera del jardín, ninguno de ellos siguió a su Rey porque creyeron que su comitiva lo estaba esperando.
Mahad fue el único que no se sorprendió, Atem ya se había tardado tanto en hablar con ella, quiso creer que el le diría sus sentimientos pero estaba seguro que su mejor amigo quería hablar con su pequeña lirio de algún tema en particular, seguramente ver cómo seguía en su entrenamiento del DiaDhank.
Shada y Karim eran los encargados de encontrarles. Se habían ido al pueblo, a los alrededores para hallarlos más rápido.
Solo había una persona que sospechaba donde podrían estar, le pedía a sus dioses que no hubiesen ido a ese lugar. Si su sobrino había llevado a la estúpida niña al oasis familiar no había vuelta atrás. En ese lugar solo había servidumbre que obedecían las órdenes del Faraón.
Podía acostarse con ella, si ese era el deseo del Rey, nadie lo impediría, si eso pasaba, y la pueblerina quedaba preñada, un heredero lanzaría al demonio sus planes.
Aknadin estaba equivocado su sobrino no había llevado a la chica a ese lugar con esas intenciones.
Quería vengarse de Yugi por golpearlo, pero había confirmado sus sospechas, sabía dónde tenía que atacar para que en verdad le doliera. Sus ansias por deshacerse de la estúpida niña ahora estaban más que justificadas. Kisara y Yuriko debían morir.
Se encargaría de que fuese una muerte lenta y dolorosa, que ni si quiera Anubis pudiera reconocer quienes habían sido en vida.
0000
Yuriko comenzó a jugar con el agua del Oasis que la rodeaba mientras esperaba que El Faraón, no,Atem regresara con ella. ¿Por qué la había traído a este lugar que al parecer era muy importante para él. Lo vio regresar mientras se quitaba aquella capucha que cubría su cabello.
-Listo. Veo que estás jugando con el agua. Respondió mientras se sentaba cerca de ella, era la primera vez que se observaban sin que hubieran tantas personas presentes.
-Es la primera vez que veo un oasis. En Japón no existen estos lugares. Cubrió sus labios recordando que su padre le tenía prohibido decir algo sobre su lugar de origen.
-Lo sé, ya estuve ahí hace muchos años.
-¿Usted estuvo en Japón?
-Cuando conocí a tu padre.
-Faraón. Es decir… Atem. ¿Cómo se conocieron usted y mi padre? No logro comprender de que manera se dio esta situación. No quiero ofender a nadie pero usted no es más grande que yo. Mi papá es un hombre adulto y para que ustedes se hubieran conocido alguno de los dos tendría que haber viajado en el tiempo. De otra manera no entiendo cómo se conocieron. Papá nunca me habló de usted. Quienes lo hicieron fueron mis bisabuelos. A pesar de estar solos le dolía reconocer que su padre era como una pequeña cajita de secretos con ella.
La pregunta le tomó por sorpresa, así que Yugi no le había contado nada sobre él a su hija. Eso quería decir que ella no estaba enterada de que Atem y Yugi eran una reencarnación como tal. Mucho menos sabría que su espíritu estuvo encerrado por tres mil años en su rompecabezas milenario, que el mismo le había pertenecido a su padre a su vez permitiendo que el pudiera usar su cuerpo como contenedor. Que si en estos momentos el estaba vivo con parte de sus memorias reestablecidas era porque los dioses le habían dado una segunda oportunidad de recuperar la vida que perdió. A cambio de los recuerdos de su último enemigo. Porque Atem recordaba casi todo. Excepto su última batalla contra quién se enfrentó antes de el duelo ceremonial que finalmente le permitió separarse definitivamente de Yugi. Lo mejor era aún no ponerla al tanto de dicha información.
-Tu padre y yo somos amigos. Lo conocí por medio de un viaje en el tiempo, yo estuve con él hace 25 años. Fui uno de sus mejores amigos cuando el contaba con 14 años, estuve conviviendo con sus amigos y con él por cuatro años. Fue lo único creíble que se le ocurrió decir, ella no entendería que fue en forma de espíritu que tomaba posesión de su padre.
-¡Eso quiere decir que conoce a todos los amigos de mi papá!
-Si, los conozco. Finalmente volví a mi época, aunque para mí han sido solo unos meses los que han transcurrido, para Yugi han sido 25 años toda una vida. La última vez que lo vi el tenía 18 años. Yo acababa de cumplir 17 años.
-¡Increíble! Susurró ella creyendo cada una de sus palabras.
Atem se sintió culpable por mentirle de aquella manera, las cosas no habian pasado de la forma en la que él le había explicado.
-Ya te contesté una de tus preguntas, ahora es mi turno. ¿Me dirías porque no te gusta que te digan "Hija de Yugi"? ¿Y qué te llamen por el sobrenombre de "enana"?
-¿Promete no decirle a mis padres, si lo hago? Pudo notar que la tristeza llenaba los ojos verdes de la tricolor.
-Lo prometo. Te doy mi palabra de Faraón que no diré una sola palabra. Quería escucharla ser el hombro en el cual ella pudiera hablar de sus sentimientos, de su dolor, de todo aquello que le hacía feliz o aquello que le atemorizaba.
-Está bien, confío en ti Atem. -Respondió mientras se levantaba del suelo procedió a darle la espalda al moreno tricolor no quería que el la viera llorar- Es algo que no le he dicho a nadie. Solo no me juzgue por favor.
-Te escucho. Su corazón latió con fuerza al escuchar que su princesa confiaba en el.
-Desde que tengo uso de razón, he vivido opacada entre las sombras de mis progenitores, en mi época todos me nombran "La hija de Yugi" no saben mi nombre. Únicamente me reconocen como su pariente porque heredé el color de su cabello, ya que siempre voy detrás de ellos. ¿Sabe algo? Ni siquiera soy buena en el juego de cartas. La tecnología que es el área de mi madre no es algo que me guste a mí en realidad. Me gusta la arqueología, como a mis bisabuelos. Pero para el mundo solo existe Yugi y Rebecca Muto. Muchos se sorprenden cuando alguno de los dos les informan a las personas que tienen una hija en común. Pero independientemente de eso… No soy nada para la gente. Me consideran tonta y débil. No me gusta que se burlen de mi altura porque me hace recordar que solo ven en mi a una versión defectuosa del "Rey de los Duelos". Hay tantas cosas que le quisiera decir… pero no son importantes… No lo pudo evitar estaba llorando mientras le contaba a él una pequeña parte de su dolor.
-Todo lo que digas tú, es importante. Lo es para mí. Atem no pudo evitarlo, la abrazó con fuerza sintió su cuerpo tan apegado al suyo que la respiración de ella se sentía tan cerca de su cuello. El pecho de ambos estaba demasiado cerca.
-Estoy harta de que sin yo haber hecho nada me desprecien tanto. En casa no tengo amigas porque me consideran alguien inferior a papá. Y aquí en Egipto me agreden por el color de mi piel. Me llaman "Asquerosa Extranjera" estoy cansada de eso. Suspiró haciéndole cosquillas en el cuello al moreno.
-¿Quién te ha llamado así? ¡Voy a encerrar a todo aquel que te haga daño! ¡Nadie puede tratarte de esa manera! Respondió sintiendo ira por su sufrimiento porque él no podía sanar aquellas heridas que le había hecho su propio pueblo, por un momento dejó ver sus sentimientos a través de sus ojos color violeta.
Yuriko se dio cuenta demasiado tarde que había hablado de más. Se asustó al darse cuenta que Atem, quería encerrar a los que la habían lastimado, pero no quería que Mana fuese encerrada por los acontecimientos anteriores, no la culpaba por lo del Río o sus crudas palabras.
Sin responder, solo se aferró aún más a él cuerpo del tricolor, a pesar de sus lágrimas, de su dolor en brazos del Monarca se sentía segura. No podía entenderlo, normalmente era ella quien abrazaba a las personas sin preguntarles si podía hacerlo. Le había pasado con casi todos sus amigos. Pero está vez quien la había tomado en sus brazos había sido el Faraón, las dos veces anteriores quien tuvo el atrevimiento de abrazarlo fue ella, recordaba que esa primera vez fue el abuelo Shimon quien los había separado de forma abrupta. La segunda vez, fue un abrazo público, los invitados de aquella reunión solo se dedicaron a murmurar frente y a espaldas de ellos.
Por un momento comparó el abrazo de Atem, con los que solía darle su padre cuando era una niña pequeña, cuando los monstruos imaginarios que según ella vivían debajo de su cama la asustaban, su padre heroicamente los alejaba, ella con la tranquilidad recuperada lo abrazaba. La sensación era similar, pero con el Faraón se sentía diferente sentía su cariño.
Suspiró más tranquila dejando que el abrazo durara lo que tenía que durar. Ella también quería sanar las heridas del Rey. A pesar de que ellos no habían tocado el tema estaba segura que el guardaba dentro de si los sentimientos con respecto a su padre. El Faraón anterior, el Monarca que ya había fallecido, había escuchado rumores de que había enfermado.
Atem era joven no era tan mayor a ella. Estaba solo, por un momento quiso entender lo que el pensaba sobre ese tema. Ella no podría soportar si algo le llegara a pasar a sus padres, no podría continuar si se quedaba sola. Realmente él era muy valiente, las tristezas que ella llevaba por dentro no era nada a comparación de lo que el había pasado. Yuriko sin pensarlo se puso de puntillas, retiró la corona del moreno de su frente mientras el la observaba sin comprender porque lo hacía hasta que sintió los labios de la menor en su frente. Era el segundo beso que ella le daba a él, el primero se lo dio cuando le permitió salir con Jono y Kisara al pueblo, el sintió que el mismo había durado una eternidad, en aquella ocasión ella salió corriendo al darse cuenta de que lo estaba besando frente a los Sacerdotes de su reino. Pero ahora estaban solos ellos dos, podía sentir los cálidos labios de la chica de ojos verdes sobre su frente.
El trataba de consolarla, pero con ese beso el sintió que sus dolores, que su tristeza estaba sanando ante esa pequeña acción. No se había cumplido ni siquiera un año de la muerte de su padre. Le dolía, lo extrañaba cada día, noche que transcurría. Deseaba haber hecho más por su padre, los días que estuvo enfermo, postrado en cama se dedicó a cuidarlo mientras la corte le ejercía más presión sobre él. Los más crueles como su tío hacían énfasis que estaba a solo unos días de reinar sobre Egipto, porque su padre no sobreviviría ante su enfermedad.
Ahora era ella quien lo había acercado a su cuerpo era Yuriko, lo acercó a su pecho, sonrojado escuchó los latidos de su corazón mientras colocaba sus manos en su cabello tricolor acariciándolo, estaba tratando de hacer que el supiera que no estaba solo. Que ella lo apoyaba, Yuriko ya no lloraba más aunque no había podido decirle a Atem lo que estaba pasando realmente con el traidor que estaba en sus dominios, volvió a recordar su promesa, ella no iba a permitir que nada ni nadie lo lastimara.
Por primera vez en años, Atem lloró como un niño pequeño en los brazos de alguien más. Dejando salir todo el dolor que tenía por dentro por la pérdida de su padre, de alguien que necesitaba tanto. Aunque el siempre fue criado para ser fuerte para gobernar Egipto, no dejaba de ser un humano, un adolescente aún.
Ella lo confortó en sus brazos, no le preguntó la causa de su dolor, esperaría que él se lo dijera aunque ella podía entender que lloraba por su querido padre, solo se dedicó a abrazarlo, estrecharlo cerca de su corazón.
0000
Yugi se sentía frustrado mientras caminaba en el balcón del palacio, aún no podía comprender el desprecio que el Sacerdote Aknadin tenía con los de su raza, sobre todo con su hija. Su conexión con Atem solo funcionaba si estaban cerca, así que no podía estar seguro de que pasaba con él en este momento.
Había dejado de buscar a su hija al saber que Yuriko estaba con el Faraón. Pero seguía preocupado por su pequeña, ella estaba dispuesta a todo para salvar al Sacerdote Mahad y a Kisara. El tricolor de Ojos amatistas, sabía el triste destino que les esperaba a los dos amigos más cercanos de su hija, ¿Cómo se había enterado él de eso?
Por Arthur Hawkins. El bisabuelo materno de su niña de ojos verdes, Yugi estaba recién casado con Rebecca cuando su abuelo Solomon y el adulto mayor de ojos verdes regresaron de su última expedición en Egipto. Los dos reconocían que ya no podían seguir trabajando juntos con los jóvenes arqueólogos de la región. Llevaban años instruyéndolos para que se pudieran quedar solos.
Yugi esperaba que su abuelo le contara algo de su viaje, pero se quedó dormido al sentarse en su sillón favorito. Arthur Hawkins tomó sus libros de color azul y rojo en los cuales llevaba años escribiendo, se lo entregó a Yugi, el lo observó sin entender porque quería que lo leyera.
-Hace años no hablas de el Faraón. Pero encontramos una tablilla llena de jeroglíficos egipcios, escribí dos versiones de los mismos. En este libro azul está la versión resumida de aquellos acontecimientos que tradujimos los dos. En este libro de color rojo está traducida la cruda realidad de lo que pasó en aquella época. Pero no te preocupes joven Yugi. Lo que he traducido no habla sobre el Ser Sobrenatural que te acompañó años atrás. En realidad descubrimos el Origen del "Mago Oscuro" y del "Dragón Blanco de Ojos Azules" puedes tomar el libro, leerlo y devolvérmelo cuando termines. Respondió Arthur entregando aquel libro que el tricolor de ojos amatistas había conservado con los años. El mismo estaba en la recámara principal de su hogar.
Yugi desconocía que el otro libro que contenía la historia resumida estaba en la habitación de su hija en Japón. Que de ahí era donde había obtenido la respuesta de lo que estaba por acontecer.
Yugi leyó varias veces la historia de la Creación de su Mago Oscuro, que el Hechicero real de la Corte llamado Mahad murió en medio de una fiera batalla, utilizó lo poco que quedaba de su poder para fusionar su alma con su "Mago De Las Ilusiones" volviéndose así en la legendaria criatura que era en el Futuro.
El Dragón Blanco de Ojos Azules había nacido cuando Kisara fue asesinada al defender con su cuerpo al Sacerdote Seth, ella dio su vida por su amado. Fundió su alma con el monstruo ambos volviéndose guardianes de Seth y sus reencarnaciones futuras.
Ambos estaban condenados a ser Monstruos sellados en tablillas en algún futuro, su hija no iba a poder hacer nada para evitarlo, ese era su destino. Había sido demasiado frío, cruel y egoísta al decirle que no podían ayudarlos, su corazón de padre quería evitar su sufrimiento, por años evitó de todas las maneras posibles hablarle sobre Atem, Bakura y Zorc Necrophades. Creyó que si lo hacía aquella magia milenaria y ancestral podría venir a su época y reclamarla como su sucesora en aventuras similares que estuvieron a punto de llevarlo a la muerte.
El Faraón era parte de sus recuerdos más preciados pero al haberse ido para siempre debía dejarlo ir, él siguió su vida, se enamoró, se casó con Rebecca y de esa unión había nacido su hija.
En su época ellos eran personas normales, Yugi seguía siendo el Rey de los Duelos, aunque en algún momento debía pasarle la estafeta a la nueva generación de duelistas. Aunque su Rival eterno y amigo aunque el otro mencionado se negaba a reconocer públicamente su amistad era Seto Kaiba, junto a Joey Wheeler eran considerados los tres mejores duelistas del mundo.
Yuriko no era duelista de tiempo completo como su amigo Jordán, es más Yugi estaba seguro que su hija se sentía insegura por la fama que lo rodeaba, el había notado que ella se ponía tensa cuando los reporteros le preguntaban descaradamente quien era ella, porque se había teñido el cabello como el gran Yugi Muto o porque tenía los ojos de color verde si eran naturales o si eran lentes de contacto, los más irrespetuosos se atrevieron a insinuar que su fanatismo por el matrimonio Muto la estaba haciendo "disfrazarse" como si fuera parte de ellos dos.
Yugi siempre recalcaba que su cabello era natural, que sus ojos verdes eran los más hermosos que había visto en su vida y que ella no tenía que disfrazarse de una Muto. Porque ella verdaderamente lo era. Ella era su hija, su adoración y no permitiría que nadie le haría daño. Aquel reportero sintió miedo al ver que el Rey de los duelos lo veía con furia contenida, estaba seguro que solo porque la niña estaba presente y el camarógrafo grababa la escena el hombre le habría dado un golpe por hacer preguntas fuera de contexto.
Yugi era un ser humano, un hombre que podía equivocarse, quería proteger a su hija de todo y todos. No se perdonaría jamás si le pasaba algo a su bebé. Cuando ella defendió a Atem no entendió porque pudo usar el DiaDhank de Mahad, fue notando con los meses transcurridos que ella estaba ganando amigos, de igual manera enemigos. Yugi sabía diferenciar cuando su hija decía la verdad o mentía. Ella no se había caído accidentalmente al Río Nilo, estaba seguro que alguien la había empujado, su pequeña Lirio siendo como era de buena había decidido cubrir a quien fuera que la había arrojado.
Si en algún momento el descubría quien la trató de matar, se encargaría de torturarlo hasta la muerte.
Yugi muy pronto vería sus más grandes temores hacerse realidad. Su cordura, su amor, su devoción todo se vería transformado cuando ante él, su más grande tesoro se enfrente a lo que el destino sin ella pedirlo le ha sido otorgado.
0000
Bueno amigos hasta aquí llega el capítulo 12 del Conjuro Secreto. Tuve un poco de tiempo libre por eso la actualización fue más rápida en estos días.
Quiero agradecer a Danilinho Ramrez por su comentario y respondiendo a tu pregunta: si me preguntas por el cambio de clasificación de T a M es porque próximamente se vienen escenas más fuertes. Si es cambio de categoría la historia tiene muchos momentos de aventura y escenas sobrenaturales. Si he respondido tu duda házmelo saber en un comentario.
Quiero hacer más seguidas las actualizaciones pero por motivos de trabajo me tardo aproximadamente de 3 a 4 semanas en redactar. La historia casi cumple un año, aún queda mucho que contar.
Espero les haya gustado esta actualización.
Atentamente,
Sharlotte Soubirous.
