Hola amigos ya tengo listo el capítulo 14 de "El Conjuro Secreto" espero que sea de su agrado.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Advertencia 1: La letra cursiva son diálogos en recuerdos.

Este capítulo está narrado desde la perspectiva de Yugi la mayor parte de las escenas

El Conjuro Secreto: Capítulo 14: Rumores Errados Parte 1

Yugi se hallaba observando el pueblo desde aquel balcón del palacio, si alguien le hubiera dicho a los 18 años que volvería de nuevo al mundo en el cual pertenecía Atem, jamás lo habría creído. Aún no entendía porque habían llegado precisamente a esta época tan distante de su verdadero hogar. 25 años habían pasado desde la última vez que había estado junto a Atem compartiendo lo que fue el duelo ceremonial.

El tricolor de ojos Amatistas había dejado de ser inocente desde hacía muchos años, pero eso no impedía que se pusiera una venda en los ojos negando lo evidente ante él. Se estremecía al pensar que habían muchas en las cuales debía pensar, debía reconocer que estaba vez se le había pasado la mano al golpear al Sacerdote más anciano de la Corte Real de Atem.

Pero no pudo evitarlo aunque lo intentó, sería mentir si ante el recordaba que no estaba arrepentido de lo que había hecho, había llamado "Prostituta" a su hija, entendía que en estos años era normal que las chicas de la edad de Yuriko iniciaran su vida sexual desde jóvenes, pero Yugi confiaba en su "Pequeña Lirio" sabía que ella no tenía esas intenciones aún.

Además estaba seguro que jamás se fijaría en Atem, prefería aferrarse a la idea de que su hija tenía un enamoramiento con Mahad. Mahad el Hechicero Real de la Corte, que ya era un hombre adulto mucho mayor que ella, casado con una hermosa mujer que le recordaba a Ishizu Ishtar. Más bien se estaba dando cuenta que muchos de los Sacerdotes eran reencarnaciones futuras de las personas que pertenecían a su época.

Pero su instinto, su conexión ahora rota con el Faraón le hacía sentir que se estaba negando ante las probabilidades que se le presentaban. No desconfiaba de el Monarca, pero quería saber sus intenciones con su Yuriko.

No iba a negar que el hecho de que le cumpliera todas sus peticiones le hacía pensar que trataba de agradarlo a él al principio de todo. Sinceramente al ver todos los privilegios que tenía la chica de ojos verdes se convenció que no era por eso, lo que menos le gustaba a Yugi eran los rumores que llegaban hasta sus oídos. Podía recordar cada uno de ellos.

- ¿Desde cuando tenemos una princesa en Egipto? Preguntaba uno de los Guardias a otro creyendo que no eran escuchados por nadie más que ellos dos.

-Desde que el Faraón la nombró así. Respondió el otro individuo al que realmente no le interesaba la vida privada de su Rey.

-¿Tu crees que ella sea su amante?

-No lo sé, realmente no me interesa si el Rey tiene una amante. Solo recuerda que estamos aquí para cuidarlo, no para cuestionarlo.

-Es que a mí si me interesa mucho "La Princesa" me gustaría poder cortejarla.

-Si sabes lo que te conviene mantén tu distancia. Respondió el soldado dando por terminada la conversación.

-¿Una Princesa? ¿Una Princesa de piel blanca en Egipto? Preguntaba una mujer del mercado a otra de sus acompañantes.

-Si, es una Princesa. Tiene un nombre muy extraño, se llama Yuriko. Parece que es la nueva concubina del Faraón. Le respondió la acompañante a su Señora.

-Pues es muy bonita, pero si es una amante del Faraón es mejor no acercarse a ella. Nos podrían ejecutar si le hacemos daño. Respondió dándole aquella orden a sus sirvientes, no quería sentir la ira de su Rey si llegaba a ofender a esa mujer.

-¿Ella es la nueva querida del Rey? Es muy joven es verdad. Pero parece que a esa mujer le gusta el Hechicero Real. Susurraban dos ancianos mientras terminaban de construir una casa.

- Pues ojalá sean solo rumores porque ese hombre es casado. Pueden condenarla a muerte por adúltera. Terminaron su conversación sin darse cuenta que los habían escuchado.

Rumores, todos eran unos malditos rumores sin fundamento, Yugi y Rebecca escucharon aquellos disparates que decían sobre su hija, ¿Yuriko amante de Atem? ¿En que cabeza podía caber tal pensamiento? ¿Acaso no habían cosas más importantes que estar hablando a las espaldas de la gente? Tal parecía que era lo único que no había cambiado en los últimos milenios, y que no cambiaría jamás.

Su hija era una bebé. Bueno ya no ya era una adolescente, se estaba convirtiendo en una mujer ya, pero para él siempre seria su Pequeña. Aunque ante los ojos del "Rey de los Duelos" siempre que la veía no veía a la adolescente frente a él, a quien veía era a su niñita con una apariencia de unos 8 años. Quería que ella siempre fuera su bebé, su todo, que nunca creciera, que no experimentara el dolor, la tristeza, la traición. Solo podía apoyarla, instruirla para que pudiera salir adelante sola, que no dependiera de nadie.

¿Entonces porque le era tan difícil explicarle que ella no era capaz de desafiar al Destino ya impuesto? Creía estar solo mientras que reflexionaba hasta que sintió la mano de su esposa Rebecca sobre su hombro. Estaba ahí para él siempre fue así desde que se conocieron cuando ella tenía 12 años y el tenía 17 años. La misma edad que tenía Atem en este momento.

Suspiró mientras los ojos verdes de su amada esposa lo veían con preocupación, habían sido días demasiado complicados para ambos progenitores, estaban declinando de 50 a 100 solicitudes diarias de hombres e incluso mujeres que estaban solicitando la mano de "La Princesa de Egipto" no podían acallar a todos aquellos que en los pergaminos que tanto Shimon Muran, Shada y Karim traducían lo escrito ofrecían desde colmarla de joyas y poder hasta darle una vida sencilla pero rodeada de amor eran algunas de las ofertas.

Había una que le inquietaba mucho al tricolor había alguien que a pesar de darse cuenta que lo estaban ignorando reenviaba su propuesta de matrimonio día por día. Shimon Muran aseguraba que este hombre era demasiado insistente, reconocía que su petición no había sido aceptada pero no dejaba de escribir en pergamino sus ofertas.

Ofrecía un intercambio que beneficiaría a Egipto. Si el Faraón le cedía la "mano" de su Princesa estaba dispuesto a crear un tratado de paz con el Pueblo Hitita, además ofrecía su espléndida dote de oro, plata, joyas a cambio de poder casarse con la Princesa, proponía darle una vida tan cómoda como la que llevaba actualmente la joven. Era un hombre joven aproximadamente tenía 22 años. Afirmaba que no se rendiría hasta conseguir la aceptación del Faraón para desposar a la princesa.

Yugi estaba asustado con aquella persona anónima, aún no le había dicho una sola palabra a su hija, estaba seguro de que nadie de la corte real le había informado nada a acerca de las propuestas matrimoniales, pero en el fondo de su corazón el tricolor de ojos amatistas reconocía que presentía que el hombre que estaba solicitando su mano era el mismo con el que ella estaba bailando en la boda de Seth y Kisara.

Yugi se dio cuenta demasiado tarde de la situación, cuando sintió por medio de su conexión con Atem, el enojo, la frustración que sentía su "Otro Yo" al verlos en medio del salón siendo observados por todos los presentes a la boda. El tricolor mayor de ojos violetas sintió celos al ver a su más grande tesoro mirar con sonrojo a ese hombre, al cual por la forma en la que estaba vestido no pudo ver su rostro con plenitud, solo pudo notar que tenía ojos de color lila. Notó que Rebecca estaba igual de sorprendida que él, ambos notaron que algo más allá que un baile estaba pasando frente a sus ojos.

Le parecía que lo había visto en algún lugar pero no podía precisarlo. Al principio su hija trataba de escapar de él, hasta que le dijo algo por lo cual ella se quedó con el hombre, para finalmente gritar alejándose de él, quiso acercarse al ver que el tipo la tomaba de la cintura alzándola en el aire aunque no llegó a lastimarse pudo notar que su Yuriko le reclamó al hombre. Hasta que Atem llegó separándolos.

Rebecca sonrió tratando de tranquilizar a su amado esposo, llevaba 18 años de estar casada con el aún mundialmente conocido "Rey De Los Duelos". Rebecca acarició sus cabellos tricolores con dulzura, ella estaba asustada al igual que Yugi. Ambos padres se vieron directo a los ojos, los dos sabían que solamente el Faraón podría proteger a su hija de esas propuestas matrimoniales, debían confiar que él iba a evitar que un hombre se la llevara de su lado.

Tenían que confiar en que Atem la cuidaría como lo haría él. De nueva cuenta Yugi se cegó quería creer que el la veía como amiga, seguía negando la realidad, Yugi dentro de su corazón reconocía que Atem era un buen Faraón, que en el tiempo que aún le quedaba como Monarca había demostrado que su reino, su gente era muy importante para él, sus allegados era un Rey que gobernaba con justicia a su cada uno de los que habitaban los rincones de su país, también podía admitir que actuaba como un niño cuando estaba cerca de Yuriko, de por si ella aún era una niña apenas había cumplido los 15 años. Atem también era un niño realmente tenía 17 años aunque estaba obligado a actuar como un adulto.

Aunque el no le decía nada sobre su hija podía notar que "Su Otro Yo" se emocionaba al tenerla cerca, la ocasión donde desapareció en el Nilo fue el peor día de su vida, recordaba haber golpeado a Jono aquel joven por el cual ella había entregado sus preciados aretes.

Suspiró esperando que Atem y Yuriko volvieran pronto, debía hablar con su pequeña lirio sobre su actitud el día de hoy, no debió llevarse a El Faraón de esa manera, el Monarca tenia responsabilidades con sus súbditos. Si quería salir a algún lugar debió hacerlo con Jono, Mireya o Sameh quienes eran los encargados de cuidarle día y noche.

-Señor Yugi, Señora Rebecca. Disculpen que les interrumpa en este momento, pero hay alguien que desea hablar con ustedes, no se irá del palacio hasta que lo escuchen, desea esperar a el Faraón para que sus súplicas sean atendidas. Tanto Yugi como Rebecca voltearon a ver a Mahad quien les estaba informado sobre lo que estaba pasando.

Mahad llevaba cerca de 10 minutos tratando de escoger las palabras correctas para decirles a los padres de su "Pequeña Lirio" lo que debía indicarles al no estar Atem presente, podían permitir que quien deseaba hablarle le esperara al solicitar una audiencia con el Rey. Pero se sentía nervioso ya que quien había llegado al palacio llevaba una espléndida dote en regalos de diferentes materiales, comida y sirvientes.

Yugi tuvo un presentimiento, algo le decía que lo que iba a escuchar no le iba a agradar en lo absoluto, el ver a Mahad de aquella forma no le daba ni un solo momento de tranquilidad, ante el estaba el vivo retrato de su carta predilecta cuando era más joven. Carta que aún conservaba en el corazón principal de su Deck. El hombre al cual desesperadamente trataba de aferrarse a la idea de que su hija lo amaba en un sentido romántico, pero al mismo tiempo le aterraba que ese falso rumor que se escuchaba en el pueblo llegara a los oídos de la Sacerdotisa que era la esposa de aquel Guardián.

En ese momento Yugi comprendió que debía ponerle una distancia a el Hechicero Real de Egipto, aunque en el futuro fue su carta más leal por un tiempo debía mostrarse fuerte y proteger a su pequeña hija.

Rebecca acarició su hombro en señal de apoyo, sabía sin que el le dijera las cosas que su querido Yugi quería hablar con el Sacerdote, la rubia de ojos verdes sabía que el tricolor sospechaba de un enamoramiento de su hija hacía el mago por el tipo de relación que tenían pero era mejor que lo descubriera por su cuenta que el corazón de su hija aún no latía por nadie en específico, se alejó para no escuchar la conversación que tendrían los dos hombres en aquel jardín.

-Sacerdote Mahad. Antes de hablar con la persona que usted nos indica, debo hablar con usted.

Su voz fuerte hizo que el castaño se detuviera en seco a pesar de que el señor Yugi era un poco más pequeño en altura, ya había comprobado que tenía mucha fuerza al derribar a el Maestro Aknadin. El Señor Yugi llevaba varios días actuando con frialdad con el, como si su presencia le incomodara a cada momento.

-Dígame ¿en que puedo ayudarlo? Mahad no era alguien a quien se podía tomar por sorpresa pero había tenido muy pocas interacciones con el Padre de quién consideraba una hermana.

Celeste y Amatista se encontraron directamente sin intimidarse entre ellos, uno de los dos debía ceder ante la situación de la cual hablarían.

-Sacerdote Mahad. Usted no es un jovencito para estar jugando con las personas. Ya es un adulto, me gustaría saber ¿Cuál es la cercanía que tiene con mi hija? Antes de hacer cualquier advertencia debía saber en que terreno estaba pisando.

-Su hija es mi aprendiz. Le dijo con seguridad, no estaba mintiendo en aquellas palabras, era su aprendiz, su hermana, su todo. La amaba tanto como alguna vez la amó a ella.

-La manera en la que actúan ustedes dos no parece ser la relación clásica de un maestro y una aprendiz. Sacerdote, usted suele abrazarla con frecuencia, pasan demasiado tiempo juntos. Si usted fuera soltero no habría ningún inconveniente, pero usted es un hombre casado.

-¿Qué está tratando de decirme? ¡Sea más claro Señor Yugi! No quiso alzarle la voz al hombre frente a él, la sensación de que había retado a su propio Rey era notoria, pero el solamente hombre frente a él, era un adulto parecido a su mejor amigo.

-¡Sacerdote Mahad! ¿Usted está enamorado de mi hija? Esa espinita no podía quitársela de la cabeza al ver como su hija lloraba por él.

Yugi estaba harto, cansado, desde la boda de Kisara sentía que ella estaba obsesionada con salvarlo, eso ya no le parecía bien, su pequeña bebé estaba intentando todo lo posible, para rescatarlo, hasta había tomado el atrevimiento de gritarle a él, le dijo que era un cobarde mientras lloraba suplicando las respuestas para evitar su triste final.

-¡Que! ¿Qué? Repitió el Sacerdote incrédulo, el no estaba enamorado de la tricolor, la quería como hermana, ese era el amor que el le profesaba, reconocía que la chica de ojos verdes era muy hermosa, Mahad amaba a Isis la mujer que el tomó por esposa hasta que sus vidas terrenales terminaran.

-¡Ni siquiera se le ocurra hacerse el sordo! ¡Deje de enamorarla! Ella no merece ser amante suya, ella merece tener a alguien que la respete, que le dé su lugar.

-Yo amo a Yuriko, pero… No pudo terminar su frase al ver que los ojos amatistas del padre de Yuriko empezaban a tornarse de color carmín.

-Lo sabía. Eres un… Antes que pudiera empezar a maldecir a insultar al Hechicero frente a él, mientras se alzaba para golpearlo una voz preocupada le detuvo en seco.

-Sacerdote Mahad, el Faraón ya regresó con la Princesa pero el invitado se ha adelantado a hablar con ella. Karim corría con prisa mientras Shada y Seth trataban de controlar la situación que se estaba dando en las escaleras del palacio.

Dejarían aquella conversación para después, lo importante era saber que había pasado que tenía tan preocupado a uno de los Sacerdotes más fuertes y sabios de Egipto.

El grito desesperado de Yuriko les hizo saber que algo grave estaba pasando, que debían ir, apoyar al Rey que estaba de regreso.

Y la razón por la cual todo se había salido de control.

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No se habían quedado mucho tiempo en el Oasis familiar, aunque sus deseos eran mirar el atardecer no podían quedarse más tiempo. El camino a su reino era de nueva cuenta un momento silencioso, Yuriko se aferró a la capa de Atem mientras pensaba que debió haberle dicho sobre lo que estaba por pasar. Ahora sentía que su voz se había quedado en pausa sin saber que más poder decirle al Faraón, estaba segura que las cosas podían cambiar si ella le informaba lo que estaba a punto de ocurrir. Cerró sus ojos con lentitud necesitaba encontrar el momento adecuado para decirle al Monarca.

Su corazón le dolía, no quería perder a Mahad, a Kisara, y sobre todo a Atem. Aunque fuera un Soberano Soberbio. Quería hablar con su padre, no le gustaba estar enojada con el por mucho tiempo, pero su decisión no iba a cambiar, haría hasta lo imposible por salvarlos a los tres, no le importaba si a cambio debía entregar su propia vida.

Yuriko sonrió mientras el caballo seguía su curso para llegar al Palacio, aún le tenía miedo a los mismos, pero cuando Atem estaba con ella se sentía segura y protegida, aunque cuando Bak la llevo en el cabello notó que el la protegía a su manera.

Bak le hacía pensar en muchas cosas, confiaba tanto en él sin conocerlo realmente, solo había estado con él en contadas ocasiones, cuando la rescató del Río Nilo, cuando la llevó al pueblo finalmente cuando bailaron juntos en la vida de Kisara y Seth. El moreno le agradaba, aunque fuera un idiota vanidoso. Yuriko sabía que él era mucho mayor que ella, se notaba en su cuerpo musculoso, además que la ocasión donde ella se aferró a él sintió los latidos acelerados de su corazón, corazón que el albino negaba tener.

Algo le decía que Bak, sería algo más que un simple aliado, estaba segura que serían amigos, que él la llamaría así a ella. Su pequeño corazón se estaba forjando una ilusión con aquel ser que buscaba venganza contra el Faraón.

Ella sería su primera amiga era una promesa.

Recostó su cabeza en la espalda del Faraón, debía pensar que podía gustarle al vanidoso. Quizás podría buscar a Tadeo y a Teana para que le dijeran lo que sabían sobre los gustos de su amigo, ellos podían ayudarla a escoger un presente perfecto.

Atem suspiró sintiendo la cabeza de su Princesa sobre su espalda, había sido un día lleno de emociones para los dos. Ambos habían llorado en el hombro del otro sus tristezas, estuvo a punto de besarla, pero no pudo hacerlo al recordar sus ojos verdes llenos de dolor de tristeza.

Finalmente llegaron al mismo lugar donde había partido al inicio de su viaje. Atem fue el primero en bajarse del caballo alzó su mano para ayudarle a la tricolor a bajarse del equino, ella lo tomó en sus brazos bajando con lentitud, admiró en silencio al Rey de Egipto, aquel momento había cambiado su perspectiva ante él.

Quería que aquel momento fuera eterno, pero lo que no esperaba era que alguien más interrumpiera de aquella manera tan inesperada.

-Faraón -Se escuchó una voz varonil de un hombre joven, sus blancos, ojos lilas llamaron la atención del Faraón y la Princesa, sobre todo porque Yuriko no necesitó verlo dos veces para reconocerlo, se emocionó al verlo presente pero algo le dijo que estaba a punto de hacer una tontería- Le estaba esperando desde hace horas, para hablar con usted en privado pero me tomaré la libertad de decirle a lo que he venido el día de hoy. Mi Rey ¿Usted me daría la mano de la princesa en matrimonio?

Yuriko cubrió su boca por la sorpresa de la propuesta. ¿Qué estaba tramando el idiota de Bak? La última vez si no hubiese sido por Mahad, esos dos se habrían agarrado a golpes y el moreno habría parado en la cárcel o peor aún ejecutado. Sintió que el aire le faltaba en los pulmones, debía hablar con el en privado. Si era una broma se estaba pasando de los límites, además estaba segura que lo hacía por molestar a alguien en particular.

Bakura no esperó ninguna respuesta mientras se acercaba a la Princesa de cabellos Tricolores.

-Veo que no aceptas mi propuesta pero tampoco la descartas. Una sonrisa burlona y seductora adornó su rostro.

-¡No seas idiota! ¿Qué estás haciendo aquí? Susurró sonrojándose levemente.

-¿Acaso no te alegra verme?

-Si me alegra, pero eso no resuelve las cosas. ¿Por qué estas pidiendo mi mano en matrimonio? ¿Acaso no dijiste que no eras de los que se quedaban en el mismo lugar toda su vida?

Se acercó a ella mientras besaba delicadamente el dorso de su mano derecha. Atem observaba la escena sin agregar ni una sola palabra, quedó en silencio observándolos mientras sentía celos de ese sujeto que le hablaba como si se conocieran desde antes.

Bakura sonrió con burla al notar que el Faraón lo observaba con asco. No le sorprendió en realidad sabía que el Monarca lo detestaba desde que los vio bailando juntos, el moreno de ojos lilas no era idiota sabía que algo había entre estos dos por los rumores del pueblo. Que malos gustos tenía Yuriko. El era mil veces mejor que el Rey. Se lo iba a demostrar, pero esto solo era un capricho.

Si, solo uno.

Porque la "Princesa de Egipto" no le interesaba realmente, solo la quería utilizar para destruir al Faraón. Al menos eso quería creer, sintió que sus mejillas se sonrojaba cuando ella lo observó fijamente mientras sonreía, sus ojos verdes brillaban y su cabello se movía ligeramente con el viento.

Shada y Karim decidieron quedarse cerca porque notaron que su Rey estaba tenso, que el invitado se sentía de la misma forma, y que la Princesa al parecer estaba en peligro.

El moreno de cabello blanco sonrió con malicia cuando cargó a la Princesa, la alzó mientras la dejaba sobre su hombro, tal y como aquella vez cuando la rescató a ella y a ese hombre del pueblo.

-¡Oye! ¡Bájame! Esto no es divertido. Reclamo ella mientras a Bakura le parecía gracioso su caprichosa actitud.

-No. Tú y yo vamos a platicar de muchas cosas. Ven demos una vuelta en mi caballo.

Aunque estar con Bak y el caballo le daba un poco de seguridad, estaba vez estaba cansada de estar viajando, prefería caminar con él.

-No, gracias. Mejor bájame. Y caminamos.

-No, el caballo es más seguro.

-No gracias. -Yuriko tembló cuando el caballo la observó negarse- ¡Aaaa! ¡Dile a tu equino que no me vea así me da miedo Bak! Gritó con desesperación.

Sin imaginar que su grito seria mal interpretado. Se estremeció al notar que Atem veía a Bak con desprecio, que el moreno lo observaba con burla que Shada y Seth estaban listos para luchar, que Mahad llegó corriendo con suma preocupación y que su padre Yugi, la veía como si estuviera corriendo grave peligro.

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Queridos lectores hasta aquí llega el capitulo de hoy. Se que debía haber actualizado hace unos dos meses, motivos de fuerza mayor me lo impidieron. Se que normalmente mis capítulos son extensos pero a partir de este los mismos serán más cortos, dividiéndose en dos partes.

Gracias a todos los que le han dado oportunidad a la historia, hoy se cumple un año de que publiqué el primer capítulo. Gracias a todos aquellos que les han gustado mis Ocs: Yuriko Muto Hawkins y Shin'aina.

Quiero que sepan que el actualizar para mí es una gran ilusión ya que me apasiona la ficción y escribir como Hobbie.

A todos muchas gracias. Espero hayan disfrutado este capítulo que es el primero del año.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.