Hola amigos ya tengo listo el capítulo 15 del conjuro secreto. Espero sea de su agrado.
Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.
La mayor parte está narrado desde la perspectiva de Yugi y Bakura.
Advertencia 1: Lenguaje vulgar.
Advertencia 2: Violencia implícita.
El Conjuro Secreto: Capítulo 15: Rumores Errados Parte 2.
Yugi sintió que su respiración se detenía al darse cuenta quién era el hombre que en ese momento estaba cargando a su hija sobre su hombro mientras ella gritaba desesperada sobre algo que no escuchó con plenitud. Sus ojos Amatistas emitieron un brillo amenazador ante el moreno de cabellos blancos. ¿Quién se creía que era para cargarla de aquella manera? ¡Podía lastimarla! Además ¿Por qué Atem no hacía nada ante esto? Tenía que resolverlo el ahora por su propia cuenta. Nadie podía tomar a su hija de esa manera, más parecía que la estaba secuestrando.
Los ojos verdes de su hija le observaron con preocupación al notar su mirada sobre ellos. Atem tenía un brillo que Yugi denominó como extraño, pero comprendió que estaba enojado al igual que él.
Comenzó a caminar lentamente mientras todos los presentes lo observaban acercarse ante el Invitado. Yuriko dejó de forcejear con el hombre de cabellos blancos y ojos lilas.
-Bájame. Susurró débilmente, no quería ser grosera frente a su padre, no quería decepcionarlo tal y como ocurrió cuando su padre la regañó por pelear con el Faraón la primera vez que fue obligada a recibir clases de modales, aún podía recordar con plenitud cuando Isis la golpeaba con el abanico cuando no hacía las cosas bien.
-¿Quién es el hombre que viene hacía nosotros? ¡El tío del Faraón! ¡Está feo como el Soberano! Bakura seguía riendo con burla ante el hombre que caminaba sin importarle nada más que su hija.
-Bak, bájame, es en serio. Él es mi Papá. ¡Oye! ¿A quién le estás diciendo feo?
El tricolor de ojos amatistas notó que su hija estaba a punto de reclamar algo a Bakura, ¿De donde conocía su pequeña a ese ladrón? Si, era un ladrón que se estaba llevando a su niña como un criminal.
-¿Tu qué...? Bakura no pudo terminar de hablar porque el hombre antes mencionado había llegado frente a él. Sin decir nada más sonrió, pero aquella mueca solo demostraba cortesía, el brillo no llegaba a la mirada del tricolor, lo cual le indicaba solo una cosa, su sonrisa no era sincera ni estaba complacido de verlo.
-Buenas tardes tenga usted caballero. ¿Sería tan amable de indicarme porque tiene a mi hija cargada de esta manera? Mi niña no es una mercancía a la cual se le pueda tratar de esta manera.
El albino de ojos lilas no supo que responder al ser interrogado por el hombre de piel blanca, alto, cabello tricolor similar al de Yuriko, había llegado con intención de molestar al Faraón, la opinión del mismo le daba igual, ya que solo lo hacía para hacerlo rabiar, sabía por medio de sus informantes secretos que el Monarca había rechazado todas y cada una de las propuestas para ceder la mano de la Princesa. Él había reenviado su "propuesta" día tras día sabiendo que sin ser leído el pergamino había sido desechado.
Debía reconocer que la idea que le dio Tadeo era grandiosa al saber que el Faraón estaba molesto con las propuestas matrimoniales. Fingir ser uno de los pretendientes de la mujer considerada por algunos la más linda del reino y por otros racistas la más grande maldición de la tierra egipcia resultó divertido cuando cruzó la puerta del palacio engalanado con una gran comitiva solicitando una audiencia con el Rey de Egipto.
-Papá, el es mi amigo. Respondió Yuriko quien aún no había sido bajada de la posición en la cual se encontraba.
-Así es Señor. Déjeme presentarme, mi nombre es Bak. Soy un mercader proveniente de Nubia. Mi trabajo es importar Marfil, oro, lino, cerámica y papiro. Estoy aquí para pedirle la mano de la Princesa a el Faraón. Tengo una oferta muy tentadora que se que el Faraón no puede rechazar. Respondió para finalmente bajar a la chica de ojos verdes, quien lo observaba sin creerle lo que estaba diciendo.
-Lamento informarle que ese tema no se puede tratar con el Faraón. Porque al Rey no le corresponde hablar de esto con usted, yo soy el padre de ella conmigo es con quién deberá hablarlo. -El moreno de ojos lilas juró que el señor extranjero como la tricolor le estaba amenazando con sutileza, el hombre lo ignoró por un momento dirigiéndose hacia su amada hija- Mi Pequeña Lirio, antes de hablar con el Joven Mercader necesito hablar contigo, ven conmigo. La tomó de la mano mientras los dos tricolores se retiraban del lugar sin decir más.
El Faraón se acercó a él mercader sin esconder en su mirada la molestia que el mismo le provocaba, Bakura lo observó con asco. Muchos se habían dado cuenta que se despreciaban mutuamente, Seth se preguntó si esto se debía a su pupila, quien ya había notado la tensión en ambos hombres.
Solo esperaba que las cosas no se salieran de control está vez, Seth había notado que la última vez lo que impidió una batalla de golpes entre su rey y aquel hombre había sido la distracción que realizó Yuriko pero esta vez ella no estaba presente para evitar una pelea.
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Yugi y Yuriko llegaron a la habitación donde solía mantenerse ocupada la chica de ojos verdes, Yugi se sentó en la orilla de la cama invitando a su hija a sentarse a la derecha de él, debían hablar seriamente. .
Yugi observó a su hija mientras se sentaba a su lado, la chica de ojos verdes no fue capaz de ver a su padre a los ojos, ya que no estaba segura de que iban a platicar, no era la primera vez que alguien le hablaba de matrimonio a ella, Bak se lo había dicho como una broma, ¿Acaso el la consideraba para formar una familia? Sabía que estaba demasiado joven para casarse realmente no quería aún estar con alguien a nivel de un compromiso tan serio como era una boda con alguien que aunque parecía joven se podía notar que era mayor y más experimentado que ella. Yuriko ni siquiera había dado un beso, no necesitaba ser intelectual para saber que Bak ya tenía experiencia en esas condiciones.
-Yuriko. Mi pequeña, dime, ¿De donde conoces a tu pretendiente?
Yugi notó que su hija dudaba antes de responderle, sabía que algo serio había pasado ese día que desapareció en el río Nilo. La mentira que leyó en sus ojos, su nerviosismo evidente al ser interrogada por el Sacerdote Aknadin le decía que ella no era sincera al decir que cayó sola a las aguas, el descubriría que había ocurrido en aquella ocasión.
-¿Prometes no enojarte si te digo la verdad?
El semblante tranquilo de Yugi cambió por completo al notar que su hija cerraba sus ojitos verdes suspirando sin atreverse a verlo más, se levantó de la cama mientras le daba la espalda a su padre, sentía que si lo veía de frente no podría soportar la presión y le diría todo lo que había pasado en realidad, a pesar de que la tricolor y Mana no eran amigas Yuriko no quería que nadie más se enterara de lo que pasó entre ellas dos.
No quería que Atem, sintió su corazón latir con fuerza al pensar en su nombre se molestara con la castaña de ojos aguamarina, podría castigarla, encerrarla o peor aún ejecutarla, estaba segura que su padre sería el primero en enfrentarla por lo que le hizo, a veces Yuriko se preguntaba si había sido un accidente o había sido todo premeditado.
-¿Yuriko? El tricolor de ojos amatistas trató de todas las maneras posibles no delatar sus intenciones, ¡Lo sabía! ¡Algo grave estaba ocultando su pequeña Lirio!
Notó que su hija se abrazó a si misma sin agregar nada más, aquello le daba consuelo al parecer. ¿Cuántas veces se vio obligada a autoconfortarse ella misma? ¿Qué había pasado desde el instante en el cual había caído al Río Nilo hasta que Atem la llevó de regreso con él? Yuriko había desaparecido con un vestido negro y al volver su vestuario era completamente diferente.
-Es una larga historia.
-Yuriko, tenemos que hablar de esto, no importa que nos llevemos todo el día, soy tu padre puedes confiar en mí, no te defraudaré, te apoyaré en todo lo que necesites. Confía en mí, mi amor. Dijo para finalmente estrecharla en sus brazos sintiendo como ella recostaba su cabeza en su pecho cerca de su corazón, besó la coronilla de su cabeza con amor. Sintió la respiración de su pequeña rozando su túnica.
Tenían todo el tiempo del mundo. Ella era su prioridad en ese momento. El Faraón y El Mercader podían matarse si lo deseaban hacer, mientras su Yuriko, su pequeña lirio estuviera bien todos los demás podían irse al demonio.
Yuriko sonrió a pesar del dolor que recordaba de aquellos días, era el momento de contarle a papá lo que había pasado, omitiría algunos detalles pero debía comentarle que Bak, era su amigo y quién le había salvado la vida.
Sintió sus mejillas tibias al pensar en el albino de ojos lilas, la sensación de las llamadas mariposas en su estómago se hizo presente al imaginarlo la primera ves que lo vio en su vida.
-Me acerqué demasiado al río y me resbalé- Yuriko desvió su mirada mordiendo ligeramente su labio inferior una clara señal para Yugi que ella le estaba mintiendo por una razón que aún no comprendía con plenitud- Estaba a punto de ahogarme cuando Bak me sacó del agua, después de eso me desmayé y no supe con exactitud qué había pasado hasta que desperté. Él, sus amigos Tadeo y Teana estuvieron al pendiente de mí, me llevaron hasta el pueblo, después me encontré con un mercader, el Faraón me ayudó a volver en su caballo.
-Mientes. Dijiste que unos forasteros te habían ayudado. Sus ojos amatistas estaban llenos de dolor, ¿Por qué su hijita no confiaba en él?
Yuriko palideció ante su respuesta, Yugi notó que vio hacía el suelo mientras agachaba la cabeza apretando entre sus manos los pliegues de su vestido.
-Ellos me dijeron que estaban de paso, que no pertenecían a este lugar. Omitió decirle a su padre que Bak la había cuidado en una cueva, que por ser impulsiva estuvieron a punto de abusarla, que había conocido a Tadeo y Teana porque el moreno de ojos lilas en realidad la había salvado dos veces, y que el Faraón estuvo a punto de decapitar al mercader que la había lastimado en el mercado.
-¿Él era la persona que bailó contigo en la boda de Kisara?
Yugi sabía quién era realmente el llamado Bak. En realidad se llamaba Bakura a pesar de que el tricolor no juzgaba a nadie solo por su apariencia necesitaba saber la manera en que se conocieron, este Bak no parecía ser alguien malvado como la versión a la que el enfrentó a los 18 años, más bien parecía alguien común del pueblo. Además el debía de explicarle a su hija lo que estaba pasando con los hombres que estaban pidiendo su mano.
-Si. Papá, Bak es mi amigo. Salvó mi vida. No entiendo porque llegó diciendo que quiere un matrimonio conmigo. Yo no quiero casarme. Sus ojos verdes derramaron lágrimas de frustración, a pesar que le emocionaba ver a Bak tomándola en cuenta para iniciar una familia la realidad era que no deseaba atarse a nadie.
-Mi pequeña Lirio, parece que hubo un mal entendido, los aldeanos creen que eres familiar del Faraón, desde hace un tiempo han enviado manuscritos solicitando tu mano en matrimonio. Hay una persona que ha estado insistiendo demasiado, aunque no lo he comprobado estoy seguro que tu amigo es esa persona.
El tricolor de ojos amatistas notó que aquella declaración hizo que su hija lo mirara directo a los ojos. Pudo distinguir varias emociones en ellos, miedo, incertidumbre, dolor.
-¡No me quiero casar! ¡No quiero! ¡Papá! Gritó sin importarle que podía verse su reclamo como un capricho. ¿Por qué las personas creían que era familia del Faraón? Su padre y el Monarca se parecían demasiado eso era verdad incluso cualquier persona podría creer que eran familia, recordaba que Bak, pensó que su padre era el tío de Atem.
-Suficiente. ¡Ya había hablado con el Faraón de esto! Y en este mismo momento voy a exigirle que no tome decisiones que no le corresponden. Nadie se casará contigo. Sobre mi cadáver harán algo así. Yugi salió de la habitación dejando sola a Yuriko quién sintió el peso del rompecabezas en su vientre a veces olvidaba que lo llevaba consigo, tenía que alcanzar a su padre.
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Bakura sintió asco al notar que el Faraón lo estaba ignorando al hablar con su corte sagrada en vez de entablar una conversación civilizada con él. ¿Tan molesto estaba porque había "pedido" la mano de Yuriko? Deseaba tanto pedirle disculpas a la tricolor por haber comparado a su padre con el Rey bueno para nada que gobernaba el país entero. Con el descendiente de quién le trajo dolor a su vida al arrebatarle a su familia, notó que el Sacerdote que lo había enfrentado la última vez estaba presente al igual que el hombre que se estaba casando cuando se presentó de incógnito en la boda. Quería conocer mejor el terreno para atacar a su presa, al haber un acontecimiento de suma importancia en el Reino los guardias estaban alertas con las personas que ingresaban a la celebración por los rumores que escuchó no todos los años se casaban los Sacerdotes de la Sagrada Corte del Faraón dos Sacerdotes y una Sacerdotisa eran los que se habían unido en el Reino, aunque no quisieran reconocerlo muchos esperaban ansiosos la boda del Faraón. No fue difícil entrar a la festividad, comer, fingir que se embriagaba con el vino y la cerveza que dieron para los presentes, hasta que vio al Faraón bailando con su "Prometida" como vitoreaban los presentes al verlo danzar con una mujer de ojos aguamarina y cabello castaño. Pudo notar que en la multitud estaba Yuriko, siendo la única mujer de piel blanca además de la ahora esposa del Sacerdote, el tiempo se detuvo para él en ese momento, la tricolor tenía un vestido azul, al igual que los presentes veía danzar al Rey, supó que estaba incómoda no con lo que veía notó que era la única doncella que no era parte del baile, sonrió aunque su rostro estaba cubierto sus ojos lilas brillaron al pensar que sería una estupenda idea arruinar el momento especial del Soberano y su aparente novia.
Actuó sin pensar que ella podría rechazarlo, golpearlo e ignorarlo pero no le importó la tomó de la mano distraída llevándola al centro de la pista, al inicio ella no lo reconoció, trataba de huir de aquella danza que estaban protagonizando los dos, Bakura la acercó a su cuerpo impidiéndole que se alejara de él, hasta que le hizo saber que era la persona que le había salvado la vida. Eso hizo que se tranquilizara al notar que era él, el moreno sonrió ante los rumores que los presentes hacían sobre ellos dos, que era el Pretendiente de la Princesa, quería que el Faraón se acercara a ellos dos, que todos notaran que su apariencia de ser un buen Rey quedara al descubierto como lo que era realmente, un farsante.
Pero todos aquellos pensamientos se fueron de su mente en el instante en el cual los ojos verdes de Yuriko vieron directo a los suyos después de hacerla sonrojar con sus palabras con doble intención. Su sonrojo fue evidente al decirle que el le agradaba, su molestia al ver que ella solo lo veía como un amigo y no como un futuro amante. ¿Qué no tenía él para no gustarle? Aquel momento mágico se perdió después de que el Faraón llegara a interrumpirlos, casi lograba su objetivo de que se golpearan en el salón pero el Sacerdote Imbécil tenía que entrometerse en lo que no le importaba.
Después de eso ya no vio a Yuriko, quiso convencerse de que no le dolía ese momento, debía concentrarse debía recordar que solo le interesaba conocer los puntos débiles de su enemigo El Faraón de Egipto, ya que el verdadero culpable de su desgracia había muerto antes de que pudiera vengarse, aunque le hubiera encantado destrozarlo, bailar sobre su sangre ya no había nada que hacer, debía hacer pagar a su descendencia.
El Faraón actual era un chiquillo que no sabía llevar las riendas de un país entero a su parecer, lo odiaba con todo su ser por lo que le había pasado a su gente, ser uno de los pocos sobrevivientes de su aldea le dolía tanto en lo más profundo de su ser. Quería fingir que no notaba el interés del Faraón en Yuriko pero eso era como decir que no podías ver la arena del desierto sobre ti después de una tormenta, de solo pensar que el Faraón estaba cerca de ella que podía tocarla, abrazarla e incluso besarla hizo que se sintiera molesto.
-"Mi Faraón" no debería pensar tanto las cosas. Cédame la mano de la princesa, a cambio del matrimonio yo le ofrezco a usted formar una alianza con el pueblo Hitita. No se preocupe por su destino ella será tratada como lo que es una verdadera princesa, no trabajará un solo día, tendrá cientos de sirvientes a su disposición, y le daremos descendientes fuertes a su imperio.
Guardó silencio al sentir la mirada llena de desprecio que el Monarca le estaba dirigiendo en aquel momento, había tocado una fibra sensible del corazón del rey.
Los ojos violetas del Faraón demostraban lo que realmente sentía: celos en toda la extensión de la palabra, ira porque su tesoro más preciado quería ser llevado de su lado. Atem no iba a permitir que se llevaran a su Princesa, a su futura Reina de su lado.
No dijo una sola palabra, se acercó al albino de ojos lilas proporcionándole un golpe que dejó a más de uno sorprendido al ver que el puño del Soberano se estampaba en la mejilla izquierda del mercader. Bakura se cubrió la parte afectada mientras sentía la sangre derramarse de su labio ahora partido, esto era lo que el quería, había conseguido que lo golpeara sin importarle que fuese el Faraón le devolvió el ataque, de una patada lo hizo caer al suelo sentado.
Atem sonrió con burla en el suelo mientras Mahad y Seth trataban de detenerlos. Sin darse cuenta los dos rivales se enfrentaban, Bakura anhelaba cortarle el cuello al Rey, Atem sentía que debía mandarlo a ejecutar.
Esto a penas comenzaba.
Atem se levantó, procedió a darle un golpe en el estómago al mercader mientras Mahad sostenía a Atem por la capa, sin que pudieran detenerlos los dos morenos se dieron de golpes, el castaño de ojos celestes quiso defender a su amigo y lo único que consiguió fue darle un puñetazo en el estómago a Atem, el Faraón se sujetó el vientre mientras que Seth observaba la escena evitando por todos los medios reírse de lo que acababa de ocurrir.
-¡Perdóneme Rey mío! Exclamó el castaño asustado al darse cuenta que había lastimado a su amigo en lugar de golpear al contrario.
-Ni para defender a tu Rey eres digno Sacerdote Imbécil. Se mofó el moreno albino mientras los dos Sacerdotes no agregaban nada más.
-¡Silencio Aldeano! Seth elevó su puño estrellándolo en el mentón de Bakura, pero antes de realizar ese ataque no notó que al levantarse de aquella manera le había lastimado el hombro a Mahad.
-¡No se metan en esto! ¡Esta batalla es entre su Soberano Estúpido y yo! ¡Voy a conseguir que el padre de la Princesa me ceda su mano en matrimonio, me la llevaré lejos de aquí, será la madre de mis hijos! Le devolvió el golpe al Consejero de ojos azules quien solo se defendió al lanzar una patada que recibió el hechicero real en la pierna, mientras el mercader y el Faraón estaban en el suelo sin dejar de atacarse uno al otro.
-¡¡No voy a cederte la mano de mi princesa!! ¡Ni dejaré que Yugi lo permita! ¡¡No lo haré!! ¡¡Ya que ella es mi Prome…!!
-¿Qué está pasando aquí?
Yugi no podía creer lo que estaba viendo. ¿De verdad su otro yo y el mercader estaban peleando? ¿Acaso sus escoltas eran solo adornos? ¿Qué estuvo a punto de decir Atem? Si no le daban una respuesta pronto iba a golpear a los dos adolescentes frente a él.
-¡Yugi! No pasa nada solamente estábamos hablando de comercio. El tricolor mintió mientras esperaba que Yugi le creyera su excusa mientras tenía sujetado al albino de su túnica roja mientras la sangre corría de su labio inferior mientras el tenía un moretón visible en el pómulo.
-Faraón deberá decirme una excusa más creíble, porque nadie habla civilizadamente en el suelo, mientras se dan de golpes como animales salvajes. Solo espero que ninguno solo de los presentes esté diciendo estupideces sobre "Mi" Hija. La mirada fría de sus ojos amatistas delataban que se estaba conteniendo en realidad. Sus palabras podían interpretarse como una amenaza al igual que una advertencia.
Los cuatro morenos se sintieron asustados por la forma en la que hablaba el extranjero como un león dispuesto a proteger a su cachorra de los cazadores. Se escucharon pasos que hicieron que los cinco hombres estuvieran en alerta en ese momento, Yugi fue el primero en comprender que su hija se estaba acercando, a pesar de que se encontraba en una situación delicada no iba a dejar solo a su padre, podía estar nerviosa.
-¡Papá! La voz de la tricolor se escuchó con fuerza en el lugar.
Bakura y Atem se levantaron del suelo, ambos fingieron que no había pasado nada para no asustar a la chica de ojos verdes. Mientras Seth y Mahad fingían que sus heridas no les dolían en aquel momento.
-¿Qué sucede mi pequeña Lirio? La mirada de Yugi se suavizó ante su hija a ella la veía con amor ternura y cariño. Pero si se dirigía a ver a su "Otro Yo" o al Mercader parecía que los amenazaban.
-Quería ver si estás bien. -Abrazó al tricolor con fuerza mientras le susurraba cerca del oído- Por favor no seas tan duro con el, al final de cuentas Bak es mi amigo, me salvó la vida, mi agradecimiento con él es muy grande.
Yugi besó la frente de su hija, intentaría no ser tan cruel con el albino.
-Mi amor los adultos tenemos que hablar será mejor que nos dejes solos.
Shimon Muran escuchó rumores de que uno de los cientos de Pretendientes de la princesa había pedido una audiencia con el Faraón llegó corriendo al lugar debía apoyar a su Rey pero al escuchar que era necesario llevarse a la chica de ojos verdes decidió que lo mejor era ayudar de aquella manera. Se acercó a los dos familiares, tomando delicadamente la mano de ella, antes que pudiera decirle algo la niña al padre.
-¿Abuelo Shimon? Preguntó sin dejar de observar a su padre.
-Será mejor que vengas conmigo, tu padre tiene razón ellos deben hablar. Te mostraré algo que puede gustarte.
Yuriko sintió en aquel momento que era a Solomon a quien estaba viendo lo extrañaba tanto al ver reflejado a su bisabuelo en aquel visir no pudo negarse a irse con él.
-Esta bien. Vamos abuelo Shimon. Papá te veo después. Tomó de la mano al visir mientras dejaban solos a Yugi y a los demás en el lugar.
La mirada de Yugi volvía a ser fría en aquel instante. Era momento de dejarle en claro las cosas a Bakura y a Atem, esto de la estúpida propuesta se acababa en este momento.
-Voy a dejarles las cosas claras a los dos. Digo los dos porque estoy cansado de que el Faraón no haga nada al respecto.
-Yugi… yo… Atem se estremeció al sentir por medio de su conexión espiritual que su "Compañero" estaba muy enojado no solo con el mercader presente.
-¡Silencio Faraón, quien está hablando en este momento soy yo!
-Muy bien señor, demuéstrele quien manda. Exclamó Bakura quien se quedó callado al notar que el padre de Yuriko lo veía a él con la misma molestia que al Faraón. Era la primera vez en años que alguien le hacía sentir miedo. Debió quedarse callado.
-¡Silencio Mercader, usted tampoco puede hablar en este momento, el único que puede y lo hará soy yo! Me molesta mucho la actitud que tienen ustedes dos con respecto a tomar decisiones que no les corresponden. En primer lugar yo soy el padre de Yuriko. Aquí nadie tiene que hablar con el Faraón ni siquiera el puede tomar una decisión sobre el futuro de ella.
Bakura se sintió pequeño al darse cuenta de su error y lo que conllevaba hacer una propuesta de matrimonio, quería molestar al Faraón hacerlo enojar que lo atacara, así defenderse y matarlo sin que pudiesen acusarlo de un delito grave pero había olvidado en medio de su plan que Yuriko le había dicho con anterioridad que tenía familia y era a él a quien debía convencer que le diera su mano pero le estaba quedando claro que él no le iba a consentir la propuesta.
-Como sabrán nosotros somos extranjeros en este lugar, el Faraón ha sido muy amable en permitirnos vivir en su palacio con comodidad lo cual creó el falso rumor que somos familia del Rey. Entérese de una vez por todas que mi hija no es nada del Faraón. Nada. Y yo como su padre no voy a permitir que nadie en este lugar despose a mi pequeña. ¡Solo tiene 15 años y a mi no me importa que esto sea normal aquí! ¡Ella no quiere casarse! ¡Respeten su deseo y respétenme a mi al pedirles que dejen de hacerle ofrecimientos al Gobernante de Egipto. El no cederá su mano y si lo hace me veré en la penosa necesidad de enfrentarlo. Sus ojos amatistas brillaron con valentía si tenía que matarlos a ambos lo iba a hacer.
-¡Compañero! ¿Me estás amenazando? Atem sintió que aquella batalla feroz que habían tenido en el valle de las almas perdidas volvía a repetirse solo que esta vez Yugi no perdería para darle una lección.
Esta vez Yugi estaba dispuesto a ganar.
-Tómalo como quieras Faraón. La misma advertencia es para usted jovencito. Estoy muy agradecido de que le haya salvado la vida a mi amada hija pero eso no le da derecho a creer que tiene atribuciones con ella. No lo quiero cerca de ella si esas son sus verdaderas intenciones.
-Señor… Bakura sintió que sus planes corrían peligro el Faraón podía irse a la mierda en este momento debía convencer al Rey que le permitiera seguir viendo a la tricolor.
-Le suplico que se marche de este lugar. Vuelva otro día. En este momento no me interesa hablar con ustedes dos. Váyanse de aquí que tengo asuntos pendientes con el Sacerdote Mahad.
-Mi Faraón, será mejor que escoltemos al invitado a la salida del palacio. Seth debía llevarse a su Rey y al intruso de aquel lugar era lo mejor, después podían arreglar sus riñas de otra manera.
-¡Señor no me prohíba ver a su hija! ¡Por favor! Se tragó su orgullo solo quería que esa punzada de dolor e incertidumbre se alejara de su corazón. ¿Por qué le dolía esa amenaza?
Yugi ignoró a los tres hombres frente a él mientras Mahad lo seguía en silencio. Habían dejado una conversación pendiente y la resolverían en aquel momento.
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Yuriko se encontraba nerviosa al pensar en lo que podía estar pasando en aquel momento. Solo esperaba que su papá no fuera rudo con Bak, era su amigo al final de cuentas pero el tenía la culpa por meterse en ese embrollo, merecido por idiota se lo tenía.
-¿Abuelo Shimon? ¿A dónde vamos?
-Niña Yuriko necesito presentarte a un amigo cercano además queremos hacerte unas preguntas.
Los ojos verdes de la tricolor brillaron con fuerza cuando reconoció al hombre frente a ella, corrió sin importarle que ya sabía que no era aquella persona a quien ella quería tanto. Tan parecido a Arthur Hawkins pero ya sabía que no era su amado bisabuelo.
-¡Tú! ¡Eres tú! Exclamó el hombre de cabello gris y ojos verdes mientras era abrazado por Yuriko.
-¡Abuelo! ¡Me alegra verlo bien! Cuando desperté Tadeo me dijo que lo habían llevado a su casa.
-¡Oye! ¿Por qué le dices abuelo a él? ¡Yo soy tu abuelo! Exclamó Shimon Muran mientras el amigo y Yuriko reían con ternura.
-Lo conocí en el pueblo pero no sé su nombre. Es una larga historia.
-Cierto. Me presento mi nombre es Asim. Soy un escriba del pueblo y Shimon es un amigo de mi juventud. Pero estoy aquí para hacerte unas preguntas importantes.
Yuriko asintió debía responder aquellas preguntas si estaba en ella poderles ayudar a sus abuelos. Abuelos tan bonita que sentía aquella palabra era tan pequeña cuando ellos se fueron, aún le dolía reconocer que los extrañaba día con día. No es que el abuelo Kai Muto y el abuelo Charles Hawkins no fuesen importantes ella los amaba tanto pero sus bisabuelos le hacían tanta falta, sonrió ellos eran irremplazables, Shimon y Asim no eran remplazos eran otras personas maravillosas a quienes conocer.
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Yugi siguió observando a Mahad con molestia, reconoció que casi golpearlo no era la manera de resolver las cosas, pero eso estaba a punto de cambiar lo iba a destrozar con sus palabras, quizás con Atem y Bakura se había contenido pero con él no lo haría.
-Sacerdote Mahad. En este momento se acaba lo que sea que tenga con mi hija no lo quiero cerca de ella con otras intenciones. Voy a exigirle a él Faraón que sea otra persona quién le de clases de magia. Usted ya no.
-¡Señor Yugi! ¡No puede separarme de mi aprendiz yo la amo como una hermana! ¡No hay nada romántico entre nosotros no lo habrá jamás!
-¡Cállate! ¿Por qué no buscas a tu verdadera hermana donde quiera que esté? ¡Mi Yuriko no te necesita! ¡Déjala en paz! ¡Ella es mi hija es mi bebé! ¡Y no dejaré que ningún bastardo como tú le haga daño a "Mi" Pequeña Lirio! Esta advertido intento de Sacerdote. Déjala en paz tomaré medidas drásticas. A ti sí te estoy amenazando.
El corazón de Mahad se rompió en dos, el Señor Yugi no podía estar hablando en serio ¿Verdad? Yugi sonrió al verlo de aquella manera, a Yugi Muto nadie lo desafiaba y se salía con la suya.
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Yuriko veía a Asim y a Shimon sin entender nada de lo que le estaban preguntando en aquel momento.
-¿Podrían repetir las preguntas? Se sentía confundida, sentía que no podría dormir en algunos días.
-Esta bien. Yuriko. ¿Recuerdas algún momento clave que solo viva en tu subconsciente? ¿Puede ser algún gusto o anhelo? Asim veía la confusión en sus ojos verdes. Ella no estaba segura ni entendía las preguntas.
-Me gustan las gardenias. Los Narcisos. Y me gustaría mucho tener un hermano o hermana menor. No me gusta estar sola, quisiera que mis padres pudiesen cumplirme ese anhelo.
-Yuriko, ¿De donde provienes hacen magia? ¿O luchan con el DiaDhank?
-No. De donde yo vengo no hacemos nada de eso. Nosotros…
-¡Yuriko! La voz de su padre la hizo quedarse callada. Sin agregar nada más se fue con él, el atardecer ya estaba presente cuando se dio cuenta.
Asim y Shimon se vieron obligados a analizar sus respuestas, estaban ante un posible caso de reencarnación. Aquella revelación ponía entre dicho sus creencias pero no podían negar la evidencia, Yuriko estaba relacionada de alguna manera con Mahad y ambos iban a averiguar lo que estaba pasando con ellos dos, aunque tuvieran que investigar la vida entera del Sacerdote de ojos celestes.
Aquella noche Yuriko no pudo dormir con plenitud. Debía ir a buscar a Bak, al día siguiente tenían mucho que platicar. Cerró sus ojos tratando de dormir. Mañana sería otro día.
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No pudo conciliar el sueño el alba apenas se hacía presente en su habitación, tomó el primer vestido que encontró de color verde que hacía resaltar sus ojos. Se colocó una capucha de color azul oscuro, saliendo con cuidado de su habitación atravesó todo el pasillo corriendo, un descuido de Yohei en la puerta del palacio y consiguió salir, aunque solo una vez estuvo ahí presente sabía cómo llegar hasta allá.
Nadie le iba a impedir hablar con Bak. Corrió y corrió sin importarle nada más que llegar ante su amigo, responder sus dudas ante él.
Bakura escuchó los rumores de que una mujer de vestido verde, con capucha azul corría con prisa por los callejones de Egipto, aún estaba confundido por lo que había pasado el día anterior tanto él como el maldito del Faraón quedaron intimidados por el padre de Yuriko, casi gritó creyendo que tocaría la puerta del palacio pidiendo con desesperación que le dejaran ver a la hermosa extranjera. ¿Por qué sentía calidez dentro de su pecho al pensar en ella? ¿Por qué sintió tanto miedo de que el señor Yugi la alejara de su lado? Le agradeció salvar su vida pero no lo quería cerca de ella. El no quería alejarse de Yuriko. Su corazón latió fuerte dentro de su pecho. ¿Qué podía significar aquello? Sintió un fuerte golpe en su espalda mientras escuchaba a alguien caer y maldecir en voz baja.
-Estúpido rompecabezas de… ¿Bak? Se sorprendió al ver los ojos lilas del moreno. Fue demasiado rápido encontrarlo.
-¿Yu…? ¿Enanita? Su corazón latió con fuerza al verla sentada en el suelo.
-No me digas enanita. A pesar de estar molesta agradeció el gesto de que el la ayudara a ponerse de pie.
-¿Qué estás haciendo aquí? Parecía tonto pero por dentro se sentía feliz de verla.
-Vine a buscarte. Sin soltar su mano la apretó junto a la suya, no se iría sin respuestas.
-¿Tu padre te permitió salir del palacio con tus escoltas? No quería delatar su emoción al ver que ella lo había ido a buscar sin pretextos.
-No. Salí sola porque necesito hablar contigo. Tenemos mucho de que tratar. Sin soltarlo lo jaló para que caminaran juntos.
Un pequeño sonrojo adornó el rostro de Bakura y los rumores comenzaron a ser escuchados con fuerza.
-Mírenlo ya consiguió nueva amante.
-Que rápido es para conquistar mujeres.
-¡Jajaja! Solo véanlo parece que está enamorado, da risa verlo así de vulnerable ¡Jajaja!
Bakura notó que la tricolor estaba incómoda con aquellas palabras tan denigrantes, a pesar de eso, se negó a soltarlo ¿Cuándo fue la última vez que alguien había tomado su mano de aquella forma tan cálida y reconfortante? Cierto cuando su madre aún vivía, cuando lo mimaba a él y a su hermano mayor.
Dejó sus pensamientos de lado cuando Yuriko lo soltó, sin entender porque lo hacía la observó con miedo pensando que aquellas palabras la habían herido.
-¿Escuchaste eso? Preguntó la tricolor colocando sus manos cerca de sus sienes como si le doliera la cabeza.
-¡No les hagas caso a esos imbéciles! No quería verla triste por rumores infundados.
-Bak, no es eso. ¿No puedes escucharlo? Escucho un llanto. Es por allá. Caminó sin agregar más palabras ante el albino.
-Enanita, es peligroso que vayas ahí. Ven acá y no te pongas en peligro tonta.
Yuriko lo ignoró en silencio. Debía descubrir que era lo que estaba escuchando, no lo sabía en aquel momento pero sus plegarias habían sido cumplidas. Lo que tanto había pedido desde pequeña estaba a punto de hacerse realidad.
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Queridos lectores hasta aquí llega el capítulo de hoy. Quiero agradecer a mi amigo Zorc El Destructor por leer mi historia.
La escena donde Bakura y Atem se están golpeado con fuerza es una idea de Zorc que tomé prestada para este día, al igual que los golpes accidentales de Seth y Mahad. Nos divertimos mucho imaginando la escena.
Nubia: Es una región situada al sur de Egipto y al norte de Sudán. Su población se asienta a lo largo del valle del valle del Nilo entre la primera y Sexta catarata del río. En la antigüedad era un reino independiente.
Las mercancías que Bakura menciona que exporta son artículos que si se comercializaban en la antigüedad.
Después de casi dos meses pude actualizar por fin espero haya sido de su agrado. Ha pasado un año desde que la historia vio la luz y aunque aún nos faltan muchas aventuras les agradezco su paciencia.
Hay una sorpresa al finalizar el capítulo de hoy.
Gracias por leer.
Atentamente,
Sharlotte Soubirous.
