Hola amigos aquí tengo lista la actualización del capítulo. Quiero agradecer a mi amigo Zorc el destructor ya que me autorizó incluir en este proyecto a un personaje que quiero mucho. Si para quienes ya lo conozcan ya saben de quién hablo. Si, hablo de Heba Mitsubishi Muto. Personaje que le pertenece a Zorc y que el me permitió incluirlo. Cabe resaltar que no me suelo encariñar con los oc de los demás pero en este caso Heba se ganó mi corazón desde que hizo su debut en el fanfic "Yugitober" de mi amigo.

Heba Mitsubishi Muto le pertenece a Zorc el destructor.

Yu-Gi-Oh le pertenece a Kazuki Takahashi.

Soundtrack recomendando para este capítulo especial: Si Vuelvo a Nacer. De Bia. Año 2019.

Advertencia 1: Lenguaje Vulgar.

Sin más que agregar doy por iniciado el capítulo.

El Conjuro Secreto: Capítulo 16: Contigo Ahí Estaré.

A pesar de las palabras de Bak, Yuriko lo ignoró mientras caminaba con lentitud hacia el lugar donde provenía aquel llanto, no podía explicarse aún porque podía escuchar el llamado de auxilio de las personas en peligro. Ya le había pasado dos veces con anterioridad, la primera vez fue cuando salvó a Mireya, y la segunda vez fue cuando salvó al abuelo Asim.

-Enanita, es una pésima idea. Ven acá, sabes que no puedo estarte cuidando las espaldas a cada momento. Bakura cruzó los brazos sobre su pecho mientras seguía a la tricolor en silencio. Le preocupaba que la atacaran otra vez tal y como le pasó en el pueblo aquella primera vez que se conocieron. No quería que volvieran a agredirla.

No recibió ninguna respuesta, la nombrada princesa de Egipto siguió caminando procurando no hacer ruido, algo le decía que podía asustar a quien pudiera estar llorando, no quería que la persona siguiera sufriendo. Podía recordar los tiempos en los cuales las niñas de la escuela la lastimaban se obligaba a esconderse en los lugares menos visibles para que la dejaran en paz, en aquellos tiempos donde no se defendía de sus agresoras, pero está vez era diferente.

Los pequeños llantos se escuchaban cada vez más claros mientras se acercaba al lugar de donde provenían. Finalmente se dio cuenta que había un niño escondido detrás de lo que parecía ser una manta atrás del camastro del lugar donde se encontraban, tenía su cabello cubierto así que no podía distinguir el color del mismo, por la posición de su cuerpo se podía notar que llevaba algún tiempo sentado, que estaba cansado de tanto llorar, la chica de ojos verdes trató de acercarse lo más que pudo al niño, quien al sentir la presencia de alguien, se cubrió aún más con la manta.

-No voy a hacerte daño.- Exclamó Yuriko manteniendo una distancia prudente, sentía que si se acercaba demasiado el niño saldría corriendo del lugar, no quería perderlo de vista el antiguo Egipto era demasiado amplio, si se iba del lugar quizás no lo encontraría más- Solo quiero ayudarte, queremos ayudarte. Estiró su mano esperando que el pequeño levantara su mirada y la observara, que le permitiera ver sus ojos, que aceptara su ayuda.

-A mi no me incluyas en esto, enanita. No me interesa ayudar al mocoso. Reclamó el moreno de ojos lilas, no confiaba en ese mocoso, conocía las tácticas de una emboscada, sus enemigos usaban niños pequeños para que los ingenuos cayeran en las trampas para robar de ser posible asesinar a quien tuvieran por delante sin importar si era rico o pobre. Aunque el objetivo más importante era llevarse el oro, las mujeres y el ganado. No mostró que en su túnica llevaba una daga si el niño era una distracción le iba a cortar el cuello sin contemplaciones.

Yuriko volteó a ver a Bak viéndolo seriamente, a veces se preguntaba porque quería ser amiga de alguien tan frío. Sabía que el conocía mejor el pueblo, los alrededores del mismo, era alguien experimentado, pero ella no podía darle la espalda a ese pequeño que lloraba sin consuelo, estaba solo. Al igual que una vez lo estuvo ella, recordó que siempre se escondió en el baño de la escuela evitando que la consolaran después de ser golpeada.

-Yo… estoy solo. Mis padres, mis hermanos murieron. Tengo miedo estoy asustado. Fue la respuesta que obtuvo del pequeño.

Sintió su corazón romperse en pedazos, el niño era huérfano. ¿Por qué la gente moría a cada ratos en este lugar? No conocía a nadie que tuviera a su familia completa, en este tiempo compartido no había podido preguntarle a Bak, por su familia.

-Permíteme ayudarte, puedo ayudarte. No estás solo pequeño ¿Dejarás que pueda acercarme a ti? ¿Qué te tome en mis brazos para salir de aquí? Volvió a estirar su mano derecha con la esperanza de que el niño la aceptara.

El pequeño se descubrió permitiendo ver su cabello, sus ojos castaños observaron los ojos verdes de la persona que le hablaba.

Yuriko sintió que sus mejillas se sonrojaban, su corazón latió aún más fuerte dentro de su pecho, su respiración se detuvo por un momento, no podía creer a quien tenía frente a ella, pero había tomado una decisión no se iba a ir de ahí si el pequeño no se iba con ella.

-¿Quién eres? Preguntó el pequeño, su cabello era de tres colores, predominaba el negro, fucsia y al igual que la chica que le hablaba tenía un fleco amarillo. Sus ojos castaños estaban rojos de tanto llorar, su voz se escuchó como un pequeño susurro, había llorado demasiado.

-Mi nombre es Yuriko Muto Hawkins. Algunos me llaman la "Princesa de Egipto"

-Enanita, no le digas esas cosas. Podría ser una trampa. Bakura estaba molesto al ver como ella se acercaba cada vez más al niño.

-Yuriko… Las orbes castañas del pequeño se llenaron de lágrimas de nuevo.

-¿Cuál es tu nombre? Yuriko sonrió el pequeño bien podría ser su hermano, era parecido a ella, a su padre, al Faraón pero al mismo tiempo era diferente.

-Soy Heba. El pequeño se lanzó a los brazos de Yuriko escondiendo su cara en el hombro de la tricolor quien al tenerlo en sus brazos lo estrechó con fuerza. El niño estaba asustado. No era una amenaza como creía el hombre de cabellos blancos.

Ella no iba a dejarlo solo. No podía, no pretendía que su corazón fuera flechado ese día, pero al parecer habían otros planes para ellos dos.

Bakura siguió observando al niño, por primera vez en su vida, quería alejarlo de la chica frente a él. Por un momento imaginó que era a él a quien abrazaba con tanto cariño, se sonrojó al darse cuenta de lo que estaba pensando. ¿Era normal sentirse celoso del mocoso? ¿Celoso? El no estaba celoso, solo le desagradaba ver que Yuriko lo estrechaba contra ella con tanto cariño. ¡Ni siquiera conocía al niño! ¡No se merecía tal muestra de afecto! Él si se merecía que la tricolor lo estrechara contra su pecho, escuchando los latidos de su corazón.

Yuriko cargó al pequeño en sus brazos, no entendía porque quería protegerlo a cada momento, se preguntó si ese era el mismo sentimiento que su padre sentía por ella. Se sentía feliz de ver que el pequeño Heba confiaba en su palabra. Debían irse de ahí antes de que el niño se durmiera, quizás tenía hambre o sed. La tricolor había ayudado a sus amigos en ocasiones similares, pero reconocía que era la primera vez que deseaba fervientemente proteger a alguien.

Si alguien le pedía su vida estaba dispuesta a entregarla con tal de cuidar al pequeño que se aferraba a su cuello con fuerza, observó a Bak, quien parecía ignorar al pequeño pero a ella la observaba como si haber tomado a Heba, era una equivocación.

-¡Bak! ¡No me veas así! ¡Idiota! ¡Asustas a Heba!

-No me digas que vas a llevártelo. Bakura trataba de que su tono de voz se escuchara neutral pero la molestia en su tono era palpable.

-Si, él viene conmigo. Su respuesta irritó aún más al moreno de ojos lilas.

-Es la idea más estúpida que has tenido. ¡Sigo creyendo que es una emboscada! ¡Van a matarte y yo no voy a ayudarte si eso pasa! Bakura notó que la chica de ojos verdes lo observó con molestia pero no hizo el ademán de bajar al pequeño.

-Pues mira desde la lejanía como me cortan la cabeza. Comenzó a caminar, no iba a mentir Bak la había asustado pero ella no podía dejar al niño ahí solo. Además no sería la primera vez que intentarían matarla por hacer este tipo de cosas.

-¡Enanita! ¡Yu…! ¡Espérame niña! Bakura corrió detrás de ella, no estaba de acuerdo con esto pero no podía dejarla ahí sola con un niño en brazos, era un blanco fácil para atacar.

La reputación que tenía ahora la Princesa era conocida por todos que era lo más importante que tenía el Faraón. Y lo que otros pronto entenderían sería que también sería lo más valioso que tendría el "Rey de los Ladrones"

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Tadeo desayunaba tranquilo sentado en su cama, Teana observó a su hermano mayor mientras comía como si no hubiese cenado nada el día anterior a veces se preguntaba porque su hermano mayor era así. Desde que tenía uso de razón recordaba que su hermano y Bakura compartían trabajos, sabía que el albino negaba cualquier tipo de relación con ellos dos al llamarlos secuaces pero eran más que solo compañeros de crímenes.

Además había notado que Bakura tenia interés en la joven que llevó a la casa la última vez. Teana se molestó al pensarlo, lo lamentaba mucho por el moreno pero a la tricolor ella la vio primero cuando despertó de lo que sea que le haya pasado. Sus ojos verdes era lo que más le gustaba de aquella señorita, por el color de su piel podía deducir que era extranjera.

Teana jamás escondió su preferencia, a ella le interesaban las mujeres, eso lo sabían todos los que conocían a la bailarina, que también era una curandera conocida en la región, su hermano lo sabía y lo aprobaba, jamás recibió un rechazo del castaño. El único que se incomodaba un poco era Bakura cuando ella le hacía ojitos a las parejas del albino. Pero como al Rey de los Ladrones las amantes le sobraban sabía que no le importaba realmente si ella le llegaba a arrebatar a alguna de las cientos de mujeres que lo perseguían. Sabía que era parte del ego del albino el tener un harem propio.

La puerta de la casa se abrió de golpe el primero en ingresar a la vivienda fue Bakura, seguido de aquella doncella a la cual Teana se sentía atraída. Teana abrió sus ojos azules con sorpresa al ver que en sus brazos la chica llevaba un niño. Era tan parecido a ella que cualquiera pensaría que era su hijo.

-¡Teana! ¡Sírvele algo al enano, antes de que se muera y apeste el lugar!

Un golpe resonó en el lugar cuando Bakura terminó la frase, Tadeo notó que la tricolor había golpeado en el hombro al mismo Rey de los Ladrones.

-¡Deja de decir estupideces de mi hermanito! ¡La próxima vez te voy a golpear más fuerte!

-¿Hermanito? ¡Ni siquiera lleva una hora contigo y ya lo llamas así! Lo único que el mocoso hizo fue hacerte ojitos y caíste como la gran estúpida que eres!

-¿Cómo te atreves? ¡No me digas así vanidoso! ¡Lo que te molesta es que no eres el centro de atención!

Tadeo no pudo evitar reírse de la situación, definitivamente hoy sería un gran día, iba a gozar como nunca molestar a Bakura, no por algo se conocían desde niños, su camarada estaba celoso podía reconocerlo en sus ojos lilas, esa manera de actuar era una clara señal de que no soportaba al niño cerca de la chica. Lo había notado cuando lo provocó diciéndole si podía besar a la chica que llevó a "casa" con el vestido roto, aún reía al recordar sus ojos llenos de odio, Teana le regaló un vestido que le quedaba muy ceñido del área del pecho.

El albino amenazó con romperle la cabeza si lo hacía, cosa que al castaño no le asustaba ni le afectaba en lo más mínimo. Pero reconocía que había molestado al moreno toda la semana con ese pequeño detalle. El ver que su hermana estaba seria ante la situación le daba más risa que no contuvo.

Hoy sería un día increíble para molestar a todos los presentes posibles.

Heba se quedó dormido después de comer. Recostado en una esquina se hallaba el pequeño sin importarle nada más que conciliar el sueño.

Yuriko lo observaba dormir en silencio. Recordó que hubo una época donde en las navidades cuando era muy pequeña pedía en su carta a Santa Claus que le llevara un hermanito o hermanita. Ser hija única jamás fue fácil en su vida, era lo único que en su escrito era denegado cada año, hasta que creció dejando aquella fantasía de lado, entendiendo finalmente de dónde venían los bebés supo porque jamás apareció su hermanito o hermanita junto al árbol navideño.

Bakura escogió salir un momento, le daban náuseas ver cómo Yuriko miraba al mocoso de una manera tan tierna, necesitaba aire fresco para que esa sensación se alejara de su garganta.

-¿Yuriko? Escuchó la voz de Tadeo que la llamaba. Los dos hermanos le agradaban, ambos eran respetuosos, educados, todo lo contrario al tosco de Bak.

-Dime, Tadeo.

-¿De donde sacaste al niño? El castaño reconocía que le llamaba la atención el increíble parecido que tenían la chica y el niño.

-Estaba solo en una casa vacía. Bak pensó que era una emboscada. A veces le parecía que el moreno era demasiado paranoico.

-¿Por qué le dices Bak, al imbécil que le gusta jugar al héroe? Le parecía gracioso que ella lo llamara con un nombre tan bobo como ese al que ella se dirigía al moreno.

-El me dijo que su nombre es así. Es algo feo debo reconocerlo, pero a él no le gusta mi nombre real, por eso me llama por un sobrenombre, es decir Yuriko es una palabra fácil de decir, pero el vanidoso parece que no puede pronunciarla.

-Espera un momento. ¿El te dijo que se llama así? ¡Increíble! Si siempre fanfarronea sobre su estatus. Definitivamente es un… Antes que Tadeo pudiera mofarse de lo que estaba pasando dejó la oración a medias.

Bakura entró de nuevo, una sola mirada bastó para callar a su secuaz, el castaño sabía que Bakura era un fanfarrón de lo peor. Pero recordó que ante ellos estaba la Princesa, una extranjera a la cual el Faraón había nombrado de aquella manera ante sus súbditos, por eso había fingido que era un mercader para solicitar la mano de la mujer que estaba frente a ellos.

-¡Es hora de irnos! ¡Recuerda que saliste sin supervisión! Debía distraerla y alejarla de Tadeo, si ese idiota le decía la verdad, su entrada al palacio sería negada y su oportunidad de vengarse quedaría estancada.

-Bak, no grites. Vas a despertar a mi hermanito.

-¡Ese niño no es nada tuyo! Explotó finalmente Yuriko tenía que entender que ese mocoso no era nada de ella.

-¡Cállate de una vez Bak! ¡Una palabra más y te juro que jamás volveré a buscarte! La tricolor se acercó demasiado al moreno amenazándolo con fuerza, ya se había enfrentado a otras personas con la misma valentía, pero no sé había enfrentado con un amigo.

Peleó con el Faraón Atem, había enfrentado a mercaderes e incluso a un Sacerdote grosero, pero jamás había intimidado a un amigo hasta el punto de amenazarlo así.

Bakura la observó sintiendo que el agua fría de un jarrón le caía en la espalda. Sus planes estaban en juego, debía callarse o lo echaría todo a perder. ¿Por qué le preocupaba que ella no lo volviera a buscar? No dijo más, le hizo señas a la tricolor que era hora de marcharse.

Tadeo sonrió tomando sus cosas, Teana lo siguió en silencio. El mayor de los hermanos no quería perderse el gran espectáculo que se daría en el palacio en el instante en el cual "La Princesa" llegara con ese niñito en brazos.

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Atem observó a Jono con fastidio. Estaba conteniendo las ganas de golpearlo, de mandarlo al calabozo eran demasiado fuertes en aquel momento. Su escoltas estaban nerviosos porque nadie podía explicar lo que pasó en aquel momento. ¿Cómo era posible que la Princesa hubiese salido sola sin que nadie se diera cuenta de la situación? ¿Sus guardianes estaban de adorno acaso? Vio a Mahad enrollar parte de su túnica en sus manos, de igual manera estaba preocupado por Yuriko.

Nadie había ido con ella, Yugi y Rebecca aún no habían salido de sus aposentos en aquel momento. Mireya y Kisara eran las últimas personas que la habian visto antes de que saliera. Incluso llegó a pensar que el mercader era quien se la había llevado a la fuerza. Atem despreciaba cada vez más a el moreno de ojos lilas, desde que lo vio bailando con la tricolor supo que no lo quería cerca de Yuriko. El problema es que el no podía prohibirle el que se acercara a su Princesa. Pensó en negarle la entrada al Palacio y exiliarlo de su reino. Pero si hacía eso podía ganarse el desprecio de la tricolor de ojos verdes.

Estaba molesto porque el hombre de la cicatriz en el rostro era quien había rescatado a Yuriko del Nilo. Era el forastero que la había sacado de las aguas frías y quién la había protegido en su casa junto a sus aliados el día que desapareció. La chica de ojos verdes estaba profundamente agradecida con el albino y los dos castaños que formaban parte de su séquito.

Tenía miedo que alguien más conquistara el corazón de la hija de Yugi. Las veces que sintió celos infundados con Mahad, Sameh, e incluso Jono su temor se esfumó rápidamente al notar que Yuriko solo tenía ojos de hermandad, de amistad para ellos. Pero con Bak se dio cuenta que tenía competencia y eso no le agradó. Pero no era el momento de pensar en esto, debían encontrar a Yuriko sin que Yugi o Rebecca se enteraran que ella no estaba en el palacio, que estaba sola sin supervisión en las calles de Egipto.

Shimon Muran estaba nervioso por lo que dictaba aquel pergamino, después de tantos meses buscando respuestas ante lo que pasaba ante sus ojos la solución más adecuada apareció frente a ellos, gracias a su viejo amigo Asim. Estaban ante un posible caso de reencarnación, debían confirmar lo que ambos sabían antes de hablar. No podía decirle nada aún a Mahad, hasta que estuviera seguro de lo que habían descubierto, no conocían a la familia del hechicero real, al menos el no sabía si era hijo único o si sus padres estaban vivos.

El silencio reinó cuando observaron que una cabellera rubia y una cabellera tricolor hicieron su respectiva entrada al salón, notaron que el Faraón estaba nervioso al notar que los ojos amatistas de Yugi estaban puestos sobre el Monarca.

-Buenos días, Faraón. ¿Has visto a Yuriko?

-Yugi. Debo decirte algo importante.

Antes que pudiera decirle algo sobre la "desaparición" de la tricolor fueron silenciados por la entrada que ella hizo a la sala del trono. Lo que más llamaba la atención de los presentes era el pequeño bulto que llevaba en sus brazos. Detrás de ella venían Bak el mercader, Tadeo y Teana.

Yuriko estaba nerviosa era la segunda vez donde le pediría personalmente al Faraón que le permitiera conservar a otra persona. Si se ponía a contar cuántas veces había repetido la situación está sería la cuarta vez, quizás se estaba aprovechando del Faraón pero no podía dejar al pequeño niño solo en aquellas condiciones, sabía que todos sus amigos habían pasado por aquellas situaciones, solos después de haber sido vendidos o sus parientes asesinados, la sola idea de que Heba podía quedarse solo en las calles hizo que su estómago le diera una sensación de asco.

Ella había nacido en una época denominada privilegiada, aunque estaba lejos de serlo aún, pero al menos sus amigos cercanos tenían su familia completa, tenían padres, madres, hermanos, abuelos. Los adultos llegaban a morir de vejez tal y como había pasado con Arthur y Solomon respectivamente. Los dos habían tenido una larga vida.

Pero aquí las personas morían a cada momento, no había conocido a nadie con familia: Jono tenía a su padre pero el monstruo lo había vendido por una jarra de cerveza. Kisara perdió a sus padres siendo una niña pequeña. Los padres de Sameh fueron asesinados en su presencia, e incluso Mireya estuvo a punto de ser sacrificada entregada por uno de sus familiares para que fuera parte del ritual a un dios pagano. Y ahora el pequeño Heba lo había perdido todo. No necesitaba preguntarle qué había pasado era más que obvio que una tragedia había lastimado a su ahora hermanito.

Tenía que ser directa ante su doble petición. Necesitaba que el Faraón Atem, se sonrojó al recordar que no podía llamarlo así porque estaba su corte presente, le permitiera tener a su ahora hermano en el palacio. Y la segunda petición era convencer a sus padres que le permitieran quedarse con el pequeño Heba.

Si no conseguía ni uno solo de los objetivos se quitaría el collar que el Faraón le dio, se quitaría sus vestiduras, se iría con el pequeño al pueblo, buscaría la manera de salir adelante con el niño. Aunque le doliera mucho en el alma abandonar a Yugi y a Rebecca.

-Faraón -Se hincó frente a él como si ella fuera un soldado que rendía pleitesía a su Rey- Lamento mucho haberlo preocupado por mi ausencia. No podía ser su petición de otra manera. Sus padres le enseñaron a respetar a los demás pero nunca a ser sumisa.

-Mi Princesa… No es necesario que hagas esto. Levántate, no debes estar frente a mi así. Atem acostumbrado a que los demás se inclinaran ante el, rindiéndole honores, no se sentía bien si Yuriko era quien se inclinaba de aquella forma.

Bakura quiso levantarla del piso al verla de aquella manera, esa no era su Yuriko. Ese maldito mocoso estaba haciendo estragos en su actitud, ella no debía hincarse ante ese Soberbio de Mierda.

-Quería hacerle una petición primero a usted y dependiendo de su respuesta quisiera hacer una a mis progenitores. Yuriko sintió que estaba hablando demasiado formal ante Atem, pero no quería que el la viera frágil, estaba temblando por dentro.

-Levántate. No lo repetiré dos veces. Te escucharé, dependiendo tu petición, analizaré mi respuesta. Atem observó el pequeño bulto en sus brazos, supuso que su princesa, su futura reina había recogido de la calle algún gatito.

Yuriko obedeció en el acto. Se levantó del suelo, preparándose para decir su petición era aún más difícil que la anterior, Sameh era un adulto, pero Heba era un niño pequeño. Tendría si mucho unos seis años aproximadamente.

-Faraón, necesito pedirle que le permita a él… Quedarse… Susurró en un hilo de voz, estaba asustada.

-¿A quién te refieres con él? Si es el mercader que está detrás de ti, no lo aceptaré, tengo mercaderes de sobra. Si esa era su petición no iba a aceptar tener al enemigo en sus dominios.

Atem desde que Bakura atravesó la puerta principal del palacio ya estaba escrito que el fuese tu enemigo por la barbarie cometida en su aldea. El albino buscaba una venganza sanguinaria contra la persona equivocada.

-¡No está hablando de mi, estúpido! Bakura no pudo evitar insultar al Rey, la opinión de los demás lo tenían sin preocupación.

-¿Cómo te atreves a llamar a nuestro Rey de esa manera? Exclamó Mahad conteniendo sus ganas de golpear al mercader.

Yuriko sintió que no podía respirar, Bak estaba insoportable el día de hoy, a pesar de que era muy tosco y agresivo con ella, la tricolor se había acostumbrado a su forma de actuar pero los demás no. Sintió su estómago revolverse al imaginar que lo ejecutaban por insolente.

-¡Bak! ¡No le hables así a Mi Faraón! Y no Rey mío no es de él de quién estoy hablando. Es de él de quién hablo. -Procedió a descubrir a quién aún dormía en sus brazos- Heba, despierta. Debes conocer a alguien.

Estaba nerviosa pensando en como resolver la situación. Si el moreno sobrevivía lo golpearía por idiota. Si reconoció que era el único que la ponía de pésimo humor.

¿Su Faraón? ¿Por qué lo llamaba así? A todo los llamaba con esa sílaba. Mi escolta, mi doncella, mi mago, mi mejor amigo. ¿Cuándo lo llamaría a él de esa manera? Apretó los puños en silencio incluso el mocoso era llamado "Mi hermanito" todos eran algo de ella menos él. ¿Por qué le dolía ese rechazo indirecto? ¿Por qué Yuriko era la única que no podía ser como las demás con él? Ella era la persona a la cual el no había conquistado en un par de días ni la había llevado a la cama con rapidez. Ella quería su amistad y el su cuerpo. ¿De verdad era su cuerpo lo que realmente deseaba?

La corte entera jadeó con incredulidad al ver a ese niño de ojos castaños, de cabello tricolor, cualquiera podría pensar que el pequeño era hijo de la llamada Princesa, del mismo Rey e incluso hermano de la niña. Ella lo abrazaba estrechándolo contra su pecho, temía que el Faraón denegara su petición.

Unos pasos se escucharon en la habitación, Yuriko se sorprendió al ver que era su padre quien se acercaba a ellos dos. Su corazón latió con fuerza al ver al pequeño niñito. ¿Heba dijo que se llamaba? Era tan pequeño e indefenso, se parecía demasiado a él, a su edad aún recordaba los tiempos donde quiso tener algún apoyo en su vida, un hermano y una hermana pero no fue posible cumplir su anhelo.

-¿Papá?

-¿De donde sacaste a este pequeño?

-Estaba solo. Su familia murió. Papá yo quiero que se quede con nosotros, yo le digo hermanito. Por favor papá no rompas mi ilusión de tener alguien a quien estrechar en mis brazos. Por favor. Yo quiero quedarme con Heba. Si no es posible me iré con el. Sus ojos verdes derramaron lágrimas de dolor, no estaba dispuesta a dejar al pequeño solo. No le importaba si debía renunciar a su supuesto estatus.

Tanto padre como hija olvidaron que la corte real estaba presente. En ese momento solo estaban el padre y la hija, Yugi sabía que su Yuriko por muchos años le pidió a Santa Claus un hermanito pero él y Rebecca no habían podido tener otro hijo a pesar de que seguían siendo activos.

Su pequeña lirio se aferraba al niño no quería soltarlo aún se preguntaba de dónde lo habría tomado. Yuriko tendría que haber salido del palacio en algún momento. El tiempo se había detenido en aquel instante, su hija lloraba por el pequeño Heba. Su corazón de padre no podía tolerar tanto dolor a su hija, su niña estaba dispuesta a irse con el niño si no le permitían quedarse. Yugi tomó al pequeño en sus brazos mientras Yuriko lo observaba con aquella petición en su mirada.

Que le permitieran quedarse con el pequeño. Algo había pasado y su hija se había conmovido por la historia que le habría contado. El tricolor menor observó los ojos amatistas del hombre que lo sostenía en brazos. Sus ojos castaños lo observaron con sorpresa porque su parecido físico era similar, con la diferencia del color de la piel, el hombre era de piel blanca al igual que la chica que lo trataba con tanto cariño. La muerte de sus padres y hermanos lo habían dejado vulnerable.

Yugi se sonrojó al ver aquellos ojos castaños que lo veían con súplica, aquellos ojos pedían no abandonarle. Heba se escondió en el pecho de Yugi, realmente no quería volver a la calle.

-Nos quedaremos con el. Escuchó la voz de su esposa colocando su mano en el hombro de Yugi.

-Si, Heba se queda con nosotros. Repitió Yugi sin poder soltar al pequeño que se había robado su corazón tal y como le había pasado a su hija.

Yuriko sonrió mientras limpiaba sus lágrimas, la emoción era evidente en su rostro. Atem fue incapaz de negar aquella petición. No podía negarle nada a su princesa, mucho menos a su "Compañero"

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-Es una lástima que no puedas ver tu rostro. Bakura estabas ardiendo en celos. ¡Jajaja! Se burlaba Tadeo sin importarle si alguien los escuchaba.

-¡Cállate imbécil! ¡Aquí me llaman Bak! ¡Dime así o te cortaré la garganta!

-Eso quisiera verlo. ¿Qué te dolió más que la Princesa está encariñada con el mocoso o que te ha ignorado desde que te gritó por ser grosero con el Faraón? Tadeo sabía que estaba jugando con fuego al decirle aquellas palabras, pero estaba esperando aquel momento para fastidiarlo.

-¡He dicho que te calles!

-¡Oblígame maldito engreído!

-¡Te voy a matar! Le dolía en su orgullo sentirse ignorado por la tricolor de ojos verdes, aunque ya había notado que no era el único.

-¡Cállense los dos! ¡Quiero comer en paz! Estalló finalmente la castaña mientras trataba de separar a su hermano mayor y al albino.

Bakura gruñó por lo bajo al notar que Yuriko tenía sentado en sus piernas a Heba. ¿Por qué ese mocoso se la había ganado con solo verla a los ojos? Quería separarlos con fuerza, ese niño debía aprender que no era el único en el corazón de la Princesa, ¿Acaso era tan difícil entender que la tricolor solo debía mirarlo a él con devoción, con amor, con cariño así como veía al niñito? Notó que el Sacerdote Mahad a quien el llamaba "Imbécil" estaba tenso a pesar de estar cruzado de brazos al lado de su esposa, también observaba con recelo al infante.

Mahad se sentía desconfiado por el pequeño tricolor. A pesar del tiempo transcurrido reconocía que no había visto a Yuriko tan feliz como en aquel momento. Sus ojos verdes brillaban con ilusión mientras el pequeño Heba comía sentado mientras su rostro se manchaba por la comida consumida.

Estaba de mal humor, a él también lo abrazaba de aquella manera, el era su hermano mayor y ahora tenía que compartirla con el enano, se negaba a tener que hacer eso. Isis notó la molestia de su esposo, mientras seguía observando al pequeño. Cualquiera podría pensar que era el hijo de la Princesa. Tan similar a ella pero al mismo tiempo tan diferente.

Yugi sonrió al ver a su pequeña hija tan feliz con Heba, era similar a ellos, los ojos castaños de Heba brillaban con fuerza, volvió a acurrucarse en el regazo de su hija quedándose dormido. Esa fue la señal que la chica de ojos verdes tomó para retirarse del comedor. Debía llevarlo a dormir. Como aún no le asignaban una habitación se quedaría con el pequeño Heba en su cama, la misma era espaciosa así que tener a alguien más en su alcoba no le afectaba en lo más mínimo.

Yugi se levantó junto con ella para acompañarla, sabía que dejaría al pequeño en su camastro, quizás ya no volvería al comedor, notó que su hija no había comido nada de lo que le habían servido. Su plato quedó sin tocar al igual que la copa que le daban para beber. Sabía que su Pequeña Lirio cuando se encariñaba con alguien quería abrazarlo a cada momento. Volteó a ver a Mahad, sonrió con burla al verlo tan molesto, se merecía eso y más por haber jugado con el corazón de su hija.

Incluso con Bakura le pareció divertido notarlo con enojo desde el lugar donde se hallaban los invitados. Yugi no era rencoroso pero no confiaba en el "mercader" no podía informarle a Atem que era el su mas fuerte enemigo, no se le veían dobles intenciones además de haber pedido la mano de su hija en matrimonio. Pero no iba a permitir que esa fachada lo engañara. Algo tramaba el joven, sonrió con burla al observarlo, si trataba de hacerle algo a Yuriko, estaría dispuesto a destrozarlo sin contemplaciones.

Bakura notó aquella mirada fría sobre él, no solía estremecerse cuando se burlaban de él en su cara, pero está vez era diferente. El padre de Yuriko, era alguien a quien debías temerle porque se notaba que no jugaba con las personas. Si el señor Yugi te advertía algo era una amenaza real, tragó en seco al notar que su mirada burlona le daba a entender muchas cosas sin siquiera preguntar. Y aquella sensación no le gustó.

Burla en toda la extensión de la palabra fue lo que leyó el sacerdote en aquellos ojos amatistas, seguía sintiendo que en esos enfrentamientos visuales a quien estaba retando era a su Rey. Pudo notar que al invitado del Faraón le daba gusto que su hija prefiriera la compañía del pequeño a la suya.

Los vieron irse en silencio a los dos. Ninguno volvió al comedor hasta entrada la noche.

Tadeo aprovechó las situación para mofarse de todos los presentes, al único al que evitó por todos los medios posibles molestar con rudeza fue al Faraón, de todas maneras iba a reírse de manera sutil en su cara. Sabía que si lo reconocían, él y Teana serían devueltos a su verdadero lugar de origen.

Se alejó de Bakura y Teana al notar que los dos se retaban con la mirada, algún muy común en ellos dos, tomando aquella copa en sus manos se acercó al Sacerdote que poseía la Argolla Milenaria, tenia entendido que su nombre es Mahad. Sentado junto a su esposa cruzado de brazos estaba observando aún donde se había ido la Princesa y su padre.

-¡Salud sacerdote del Faraón! Tal parece ya alguien conquistó a la Princesa de Egipto, un pequeño bebé reclamó su corazón más rápido que cualquiera de sus pretendientes. ¿No le parece bien que ella esté tan feliz en estos momentos? No hay lugar para nadie más en su vida.

Sonrió con alegría al notar como los ojos celestes del hombre le lanzaba una mirada llena de enojo y frustración. Pero la única respuesta que obtuvo fue que el hombre le diera la espalda sin decirle nada más.

-Es una pena que no respondiera. Me hubiera gustado seguir molestando. Veamos a quien puedo provocar para que se enoje y me reclame como Bakura. Bebió un poco de su copa sonriendo con triunfo al notar que la Sacerdotisa comenzaba a preguntarle a su esposo la razón de su enojo aparentemente sin provocación.

Los demás Sacerdotes no le parecían muy interesantes para reírse en sus caras. Decidió acercarse al Faraón sintiendo adrenalina recorrer su sangre. Sabía cómo hablarle para no hacerle enojar.

Bakura y Teana vieron a la lejanía lo que estaba a punto de hacer Tadeo. Se acercaron tratando de detenerlo, aunque sabían que el castaño tenía la habilidad de no hacerlo enojar no querían exponerse.

Llegaron demasiado tarde para poder evitar que Tadeo molestara al Faraón Atem.

-¡Salud su Majestad! Todos aquí guardan silencio al reconocer que la Princesa nuevamente se ha salido con la suya. Apropiarse de un niño que no es suyo y convencerlo a usted de que el pequeño se quedase sin que pusiera resistencia, me parece interesante la manera en la que le manipula ella con facilidad.

Notó que el Faraón lo escuchaba atentamente.

-¿A que te refieres con eso? La voz del Monarca se escuchó en toda la sala. Tadeo se dio cuenta demasiado tarde que había sobrepasado la línea al decirle que Yuriko lo utilizaba.

Tomó el vino de la copa sin agregar más, hizo una reverencia tratando de alejarse del Faraón, quien se levantó de su trono y se acercó a él.

Tadeo creyó que lo mataría en aquel momento al ver que posaba su mano muy cerca de su cinturón dorado donde descansaba su arma de guerra, una espada con un increíble filo que ya había visto ser utilizada en combates.

-Mi Rei… Mi Princesa no me manipula, solamente cumplo sus deseos para verla feliz a ella. Te exijo que no te refieras a ella como una persona que no es realmente, respétala. No agregó más mientras sus ojos violetas veían con seriedad al hombre que ahora lo veía con temor palpable en su mirada.

Quizás ya era el momento de quedarse callado. Bakura hubiera querido reírse de la situación de Tadeo pero Teana lo evitó al llevarse a su hermano de regreso a la mesa donde anteriormente estaban bebiendo y degustando el festín que la tricolor de ojos verdes ni siquiera probó .

Yugi sonrió al ver a Yuriko mientras acomodaba al pequeño Heba en su cama. Rebecca los observaba a los tres tricolores en silencio, debía reconocer que era la primera vez que veía a su esposo y a su hija tan emocionados con una persona. Sobre todo al ver a su pequeña tricolor acomodar al niño cubriéndolo con las sábanas hechas de lino.

Rebecca se preguntó en aquel momento porque ella y Yugi no habían tenido más hijos.

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-¡Yuriko! ¡Atrápame si puedes!

-¡Heba! ¡Ven aquí!

Los que veían la escena podrían pensar que se trataba de unos hermanos que jugaban alegres en las flores del jardín. Sameh observaba a los dos mientras corrían uno detrás del otro, el chico de cabello morado ya había notado que Mahad, Bak e incluso el Faraón guardaban cierto recelo con Heba, el pequeño era cuidado por Rebecca y por Yugi pero prefería pasar la mayor parte con su hermana mayor.

Kisara sonrió al ver a su mejor amiga divertirse un poco, puesto que había notado que la tricolor estaba triste y cansada, siempre pidiéndole ayuda a Sameh que le tradujera algunos manuscritos que aún le costaba mucho leer, ya podía distinguir algunas letras. A la doncella de ojos azules le sorprendía saber que Yuriko no sabía leer y escribir el idioma predominante, podía hacerlo en otro lenguaje que los demás no entendían con plenitud. Para ellos eran unos símbolos extraños al igual que algunas de sus reverencias ante las demás personas.

-¡Papá ven! ¡Juguemos! ¡Mamá, ven! ¡Juguemos los cuatro mejor! ¡Como una familia! Exclamó el pequeño Heba llamando a Yugi y a Rebecca para que se unieran al juego.

Cuatro figuras fueron vistas por todos a la vez. Dos adultos, una adolescente y un niño eran los protagonistas del pequeño juego.

Incluso Tadeo sonrió con alegría sincera al ver a Heba siendo mimado por Yuriko. Luego le sonrió con burla a tres personas que seguían molestos con un pequeño niño.

Su secuaz Bakura, el Hechicero Real Mahad y El Faraón de Egipto.

Yuriko solo pudo pensar en una cosa, debía buscar la respuesta para salvar a sus amigos, sobre todo prometía proteger la sonrisa de Heba. Sin importar el costo a pagar, si ella llegaba a faltar, Atem podría cuidar de su hermanito.

Jono, Mireya y Kisara estaban enternecidos con el pequeño Heba que era la alegría de su amiga. Los tres reconocían que Yuriko aún se comportaba como una pequeña niña al estar con él. Lo cual era entendible, era realmente una aún. Quince años eran los que tenía haciéndole la persona más joven del palacio, pero al estar el pequeño tricolor presente ahora el niño de ojos castaños era la persona más pequeña del lugar.

Jono pensó que si algún día ella tenía hijos los cuidaría bien. Kisara acarició su rostro imaginando que algún día tendría hijos con Seth, Mireya sonrió observando a Jono, quizás no sería tan malo como padre.

Mana observó la alegría de la Princesa sintiendo una punzada de dolor dentro del pecho, parecía que hasta un desconocido entraba con mayor sutileza en el corazón de Yuriko.

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Queridos lectores hasta llega la doble actualización de hoy. Gracias a todos por leer y sobre todo gracias a ti Zorc por dejarme incluir a Heba en este mundo.

Fue divertido incluirlo. Muchas gracias por darme tu permiso. Como tú sabes quiero mucho a tu OC, y es un gran honor poder escribir sobre el en mis historias.

Espero hayan disfrutado de esta doble actualización.

Atentamente,

Sharlotte Soubirous.