Este es más bien de desamor, no todo puede ser miel sobre hojuelas TuT.

SORPRESA

Bakugo se aseguró de que estaba solo antes de abrir su casillero. Sacó el paquetito rosa con un moño dorado y lo guardó rápidamente en su bolsillo.

De camino al salón no pudo evitar sonreír. A Cara Redonda sin duda le gustaría la sorpresa que le había comprado. Cuando escuchó que ese día Uraraka cumplía años, supuso que podía sorprenderla con un detalle, y aparte de eso se había debatido toda la semana sobre finalmente confesarle sus sentimientos. Era una buena oportunidad para hacerlo, y como sabía que la chica siempre llegaba temprano a clases, esa mañana se había levantado media hora antes para encontrarla y hablar con ella a solas. Pero Bakugo se detuvo al escuchar voces en el salón, más concretamente el insoportable tartamudeo de Midoriya cuando decía algo y estaba nervioso. Bakugo se asomó por la ranura de la puerta y vio que ahí estaba Uraraka, sentada en su butaca y Midoriya frente a ella con expresión consternada y la cara tan roja como un tomate.

–Q-Quiero decir…probablemente ya lo sabes, pero…n-no quiero decir que es algo que debas saber, sino que…me refiero a que…Uraraka, me gustas, y quería saber si…te gustaría salir c-conmigo…o sea, ya que hoy es tu cumpleaños…podríamos ir a celebrar…si no tienes planes…porque si los tienes entonces olvida lo que dije y…sí, yo…

Uraraka se sonrojó levemente y soltó una risita. Puso su mano sobre la de Midoriya y le dio un suave apretón.

–Me encantaría, Deku.

El joven se rió con nerviosismo y se rascó la cabeza.

–B-Bien, entonces…más tarde podemos ver a dónde quieres ir.

–Sí –respondió Uraraka con amabilidad.

Bakugo sintió que algo se rompía dentro de él. De haber sido por otra cosa, no habría dudado en entrar y moler a golpes a Midoriya, armar un escándalo y enseñarle a ese maldito nerd cuál era su lugar. Pero no tenía las fuerzas para hacerlo. Sintió una palmada en la espalda y levantó la vista.

–Bakugo, ¿qué haces aquí afuera? ¿Y por qué llegaste temprano? Usualmente llegas diez o quince minutos después de que empieza la clase.

Era Kirishima. Bakugo no respondió. El pelirrojo entró al salón y se acercó a Uraraka armando un gran estruendo.

–¡Feliz cumpleaños, Ochako!

Después de él entraron Tokoyami, Tenya y Yaoyorozu. Se acercaron a Uraraka y también la felicitaron. Todos estaban muy animados.

Bakugo sacó el regalo de su bolsillo, lo hizo explotar en su mano y luego lo tiró a la basura antes de entrar. Fue directo a su asiento sin siquiera voltear a ver a Uraraka y sin prestarle atención a las miradas curiosas de sus compañeros que habían escuchado la detonación.

Ya nada importaba, había llegado demasiado tarde.