AÑO NUEVO

La fiesta estaba todavía muy animada. La música a todo volumen, las risas, las conversaciones, el ambiente agradable digno de una celebración de fin de año. Kaminari y Kirishima habían bebido demasiado, por lo que una conversación tranquila con ellos a estas alturas sería imposible. Bakugo salió al balcón y se recargó en el barandal viendo hacia el cielo estrellado.

De pronto escuchó que la puerta se deslizaba y giró la cabeza para ver quién era.

Usando un vestido rosa con blanco, un collar de perlas y un adorno floral en el cabello castaño, Uraraka se le quedó viendo con sorpresa, como si no esperara encontrarlo ahí.

–Bakugo –saludó la chica–, creí que te habías ido, no te vi allá adentro.

Uraraka se acercó a él y se recargó a su lado. El silencio era incómodo, no sabía qué decirle.

–Necesitaba un poco de aire fresco –dijo Bakugo.

–Yo también. Me gustan las fiestas, pero me engento muy rápido –explicó con una sonrisa nerviosa.

Bakugo la vio sonrojarse y sonrió mentalmente. ¿Por qué siempre que estaba con Uraraka se sentía tan tranquilo, como si su aura influyera en su estado de ánimo? No se sentía destructivo, ni iracundo, ni siquiera estresado o molesto. Simplemente estaba relajado contemplando el cielo.

–¿Sabes? Dicen que debes pasar el año nuevo con la persona con la que quieres estar para siempre –dijo Uraraka.

Bakugo la miró de reojo. Uraraka pareció darse cuenta de lo que había dicho porque movió las manos apresuradamente para que no hubiera malentendidos.

–¡No digo que deberías pasarlo conmigo! O sea, me refiero a que…como te vi aquí solo –Bakugo levantó una ceja, Uraraka enrojeció por completo– ¡No quiero decir que vine porque estabas solo y quería pasar año nuevo contigo…! Quise decir…

–Uraraka, relájate –la interrumpió Bakugo–, ya sé lo que quisiste decir.

Uraraka soltó un suspiro y se acomodó el vestido, había arruinado el ambiente con sus frases sin sentido. Era mejor que volviera adentro antes de que dijera o hiciera algo de lo que muy probablemente se arrepentiría.

El conteo regresivo empezó. Podían escuchar las voces de sus amigos dentro de la casa: 10, 9…

Uraraka dio un paso hacia la puerta, pero la mano de Bakugo se cerró alrededor de su muñeca y la jaló hacia atrás. Bakugo la abrazó contra su pecho y recargó su cabeza en el hueco entre su hombro y su cuello.

8, 7…

–¿Qué harías si te digo que quiero pasarlo contigo?

6, 5…

Uraraka se giró hacia él, los brazos de Bakugo todavía la envolvían, su mirada fija en sus orbes cafés.

4, 3…

–Te diría que yo también –respondió.

2, 1…

Bakugo le puso la mano en el mentón y la besó. Los gritos de alegría provenientes de la casa no se hicieron esperar, "¡Feliz año nuevo!"; alguien destapó una champaña y los fuegos artificiales empezaron a estallar en el cielo, rojos, verdes, amarillos, azules. Uraraka fue la primera en romper el contacto, Bakugo le sonrió de lado y entrelazó su mano con la suya. Se recargaron en el barandal nuevamente para contemplar el espectáculo y pensar en lo que les deparaba el futuro, juntos.